
Hoy escribe Antonio Piñero
Como indicamos en la postal anterior, la Guerra tuvo una primera versión en arameo. Ésta iba dirigida sobre todo a los judíos del Oriente, y el mensaje o moraleja era probablemente aún más explícito: era estúpido rebelarse contra el poder establecido.
La versión griega fue posterior, y quería extender esta enseñanza entre los otros judíos de lengua griega, sobre todo de Alejandría. Para esta tarea de helenizar un largo texto en arameo Josefo contó con un colaborador, o colaboradores griegos, residentes en Roma, como él. Éstos le ayudaron mucho en un proceso que probablemente fue el más sencillo: Josefo mismo iba dictando la nueva versión, traduciéndola al griego oralmente ante el escriba o escribas, y los pendolistas le ayudaban a pulir, o incluso a dar una bella forma a sus ideas en la lengua de la Hélade.
La nueva versión no debió de ser una mera traducción de la anterior, sino una refundición con añadidos y retoques. Del tenor del texto que poseemos deducimos que la tarea del colaborador(es) fue excelente, pues el estilo de la Guerra, decoroso, correcto, a veces elegante, mostraba que su redactor era buen conocedor de la literatura griega, no sólo de los historiadores, sino también de oradores y poetas. En el lenguaje del colaborador se transparentan alusiones y resonancias a textos históricos y literarios anteriores, que los estudiosos han recogido con precisión en la edición comentado del texto o en artículos específicos.
El modelo estilístico e ideológico de la Guerra debió de ser Tucídides, con su famosa obra la La guerra del Peloponeso, aunque el alumno no llega a las alturas del maestro. También influyó en Josefo la obra de Polibio de Megalópolis, las Historias (siglo II a.C.), aunque éste en lo que respecta a los discursos “inventados” por el autor de la historia se mostraba muy disconforme: había que ofrecer los contenidos, peo no era necesario plasmar un discurso completo (como hacía Tucídides y también, por ejemplo, el autor de los Hechos de los apóstoles). Al igual que el ateniense Tucídides, Josefo no sólo se vale, como reservorio de datos para su obra, de lo que él mismo había visto u oído, sino que se apoya en fuentes externas.
En primer lugar, Josefo debió de tener acceso a los Comentarios o Diarios de campaña que Vespasiano, Tito o el Estado Mayor romano iban redactando para registrar brevemente el curso de la guerra. Además debió de utilizar, para los antecedentes de la guerra y en concreto para describir los reinados de Herodes y sus hijos Arquelao, Filipo y Herodes Antipas, una obra de Historia General de Nicolás de Damasco -nacido en el 64 a.C., antiguo preceptor de los hijos de Cleopatra y Marco Antonio, y amigo personal de Herodes el Grande-, de la que sólo se nos han conservado fragmentos. Finalmente hubo de basarse Josefo en documentos oficiales de los romanos, a los que debió de tener acceso en los archivos de Roma.
Para la composición de los discursos, puestos en boca de los personajes -por ejemplo el rey judío Agripa II, Tito, el mismo Josefo, o ciertos jefes de los judíos-, Josefo sigue, como hemos sostenido, el modelo de Tucídides, y en general de los historiadores de la época: basándose en las ideas generales y ciertas de lo que cada uno de esos personajes debió de decir en su momento, él como autor compone por su cuenta la forma y estructura de las piezas oratorias siguiendo las normas de la retórica.
El valor histórico de la Guerra de los judíos ha de ser estimado de acuerdo con las características de composición de la obra. No hay por qué dudar de la corrección y exactitud general de los hechos narrados, pero en los detalles y en la interpretación global el lector debe ser crítico, teniendo siempre en mente la intención apologética de Josefo que era doble.
El interés por exaltar a sus protectores romanos pudo llevar al historiador a presentar a Vespasiano y a Tito como modelos y dechados de virtudes, y al Imperio como un engranaje casi perfecto con pocos defectos.
Por otro lado, el apego de Josefo por su pueblo y religión pudo también causar una cierta falta de objetividad: parece como si los culpables de los desastres de la guerra hubiesen sido tan sólo unos pocos y exaltados nacionalistas, que no merecían otro calificativo que el de “bandidos” o “tiranos”, mientras que el pueblo en sí fue sólo víctima casi inocente de turbulentos manejos. Mas, a pesar de estas precauciones, el valor como fuente informativa de la Guerra es muy superior al de sus defectos reales.
El pensamiento teológico de Josefo es también un valor a tener en cuenta al reflexionar sobre su probidad histórica. Josefo es un fariseo convencido y cree que la historia está guiada con mano firme por la divinidad. Dios interviene en la historia, no sólo los factores puramente humanos. Por ello, al componer su narración Josefo puede ver el mundo y los hechos históricos a través de unas lentes judías que pudieron causarle alguna distorsión.
Así, Josefo intenta articular conscientemente la historia que está narrando con el mundo de la Biblia. Por ello afirma, por ejemplo, que los antiguos profetas habían predicho ya el fracaso de Israel y su futura dependencia de Roma (Antigüedades X 79; 276). Era algo que debía ocurrir necesariamente por la fuerza del Destino: “Dios, que lleva el poder de un sitio a otro, se encuentra ahora del lado de Italia” (Guerra V 367).
Concluiremos con la “Guerra” en la próxima nota.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
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A Ri was great!
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Flavio Josefo,sin duda una de las fuentes externas al cristianismo y Judaismo,que mas información aporta sobre la situación en ese siglo.
No estaría mal que la editorial Trotta se animara a sacar a la venta todas las obras de este historiador,al igual que esta haciendo ahora sobre Filón de Alejandría....
Sr.Pericles.
Recuerde:- El 10% del "macho" más macho pertenece al mundo de la hembra.
-Hubo una "revista, la más audaz, pero era para los lectores más inteligentes".
- "No hay palabra mal dicha, si no es mal interpretada".
- Nada tengo contra su numerosa y honorable familia ni contra Vd., ni siquiera contra el Bloguer al que no he pretendido ofender, más allá del nexo dialéctico.
-En ningún momento he dicho de Vd que fuera "cocinica".Se lo ha apropiado Vd.
-Lo que sí es cierto es que hasta el Pericles más clásico puede periclitarse.
.... de modo que ahora, le retiro el saludo.
Le ruego sea correcto y se comporte con educación y siguiendo siempre las claras normas de etiqueta del Blog.
Dice: comportamiento grosero
Comentarista Pirulero:
Debe usted reconocer, que su comentario ( Comentario por Antón Pirulero 14.02.10 @ 11:17 ) resulta incorrecto y es bastante prosero con el Blogger y con Pericles.
" Ni yo soy más listo, ni se más que el blogger ". Esa opinión que escribe usted, es una clara, falsa y notable impertinencia y no viene a cuento el decirla.
Y yo, no tengo nada de " cocinica "
espontáneo, ni me llevo un tanto por ciento en ningún " caldo gordo ", ni poseo ninguna cualidad maternal.
Ni tengo la culpa de que sea usted tan necio y vulgar.
Le hago saber sr.Pirulero, que soy un ciudadano respetable, titulado universitario en su más alta calificación posible y padre de numerosa familia.
Y me se hacer respetar.
Sus comentarios posteriores, en vez de pedir públicas disculpas por su incorrecto comportamiento en el Blog, están en la misma linea faltona, ofensiva e irrespetuosa ; de modo que ahora, le ret...
Antonio:
Hay un dato más, Suetonio tampoco cita nunca a Flavio Josefo. Los historiadores romanos no nos dan noticia de que se haya escrito "De Bello Idaico", aunque los historiadores de ahora digan se se hizo entre el 75 y 79 porque habla de cosas que ocurrieron en esas épocas. De Flavio Josefo no se enteró nadie de sus compañeros histoiadores, ni él se enteró bien de lo que ocurrió en su propia tierra como lo demuestra la universidad de Harvard acerca de lo que dijo de Masada y la investigadora israelita Rachel Elior acerca de lo que dijo de los esenios.
Antonio:
Flavio no cita fuentes en su libro, pero en otro, en su autobiografía, las sugiere.
Su cargo, que le da la misma potestad de a Suetonio en época de Trajano, le daba potestad para recopilar, corregir, rescribir o quemar todas las fuentes a su alcance. En tiempo de Tito se quemaron muchos libros, y alguna que otra biblioteca.
Hay algo en lo que nadie repara, Plinio el Joven, que pasó por todos los cargos, hasta el de cónsul en el año 100, y que escribió muchísimas cartas, incluso animando a publicar su obra a Suetonio y a Tácito, que escribió a todos sus amigos, incluso al emperador Trajano... nunca cita a Flavio Josefo, claro que si nos atenemos al panegírico que hizo a Trajano (en el año 100) contra Dominciano, comprenderemos por qué Flavio Josefo se pierde en la memoria de Plinio.
pericles. (iba vd. muy bien, pero de repente se me ha quedado vd. muy pequeño)
Las preguntas que yo hago, tampoco van únicamente dirigidas al ¡Bloguer!... Es una constatación general en esta materia y en otras. ..Por lo demás, no me tiene que decir a mí lo que yo tengo que leer...cuando el que escribe primero, lo hace para que lo lean, y opinen(se supone).
El que pregunta no "pontifica", y el que responde al que antes ha hablado, tampoco se mete en propiedad ajena.
Mientras no retire vd. lo de "intolerancia, necios modales, falta de respeto, sin ninguna educación", guárdese vd. sus "saludos".
Antonio:
Tito entregó a Flavio Josefo la Domus de su padre Vespasiano para que la convirtiera en "editorial", en “biblioteca” del Imperio. Es seguro que la obra de Nicolás Damasceno es reescrita por Flavio Josefo, aunque, según él dice, lo hizo porque alababa en demasía a Herodes. Es seguro que ante el nuevo emperador son seleccionados los mejores y que Flavio es el jefe y quien manda escribir y quien dicta en el Scriptorium. No es seguro saber quién destruyó la obra de Nicolás Damasceno, pero sabiendo que Flavio Josefo tenía acceso a todas las fuentes por tener el encargo de la Biblioteca de la casa de Vespasiano y sabiendo que Domiciano tuvo que gastar muchísimo dinero en reconstruir las bibliotecas que se habían incendiado, podemos hacernos una leve idea.
sr. pericles.
No se ponga vd. nervioso, ni menos insulte, que a Vd. le he respetado por más que se prodigue.
Lo que diga el ¡"Bloguer"!si le afecta a vd. o necesita que se lo digan, es su problema de vd. Yo no necesito que me lo digan, porque siempre procuro respetar a la gente que respeta... Pero, "El que insulta a un insultón, tiene cien años de perdón"... Ni siquiera aplico este refrán que acabo de parafrasear. Sólo hago preguntas públicas, a uno que públicamente se está atribuyendo un título para interpelar a todo el que se ponga por delante... O es que ¿ni siquiera se puede preguntar?
El Blogger ya ha indicado, que no le molestan los comentarios siempre que sean educados, correctos y sobre el tema propuesto.
Su intolerancia, necios modales y falta de respeto hacia los demás, le descalifica plenamente.
Usted, es el que pontifica máximamente, y sin ninguna educación.
No es obligatorio leer los comentarios.
Saludos pirulero.
¿Por qué siempre el comentarista es más listo y demuestra que sabe más que el comentado? ¿Cuántos "cocinicas" espontáneos se empeñan en hacernos digeribles los platos del día que la realidad nos adereza...? ¿Qué tanto por ciento les va en el "caldo gordo" y guisope que nos montan respecto del arte, del teatro, de F. Josefo, de Marcos, Lucas, Pablo o de Jesús? ¿Por qué sentirse tan maternales y providentes que tienen que llevarse la cucharadita primero a su boca y luego a la boquita de sus niños? ¿Por qué no dejarnos probar y comprobar los alimentos limpios, naturales, sin sus espumitas, cocciones, recalentamientos, especias y aderezos añadidos? ¡Salve, Arguiñanus Pontifex Maximus!
....estas tierras, las redujo a su mandato, y su vuelta después a Italia, y luego su triunfo.
Todo esto que he dicho, lo be escrito en siete libros, más por causa de los que desean saber la verdad, que por los que con ello se huelgan, trabajando que no pueda ser vituperado por los que saben cómo pasaron tales cosas, ni por los que en ella se hallaron. Daré Principio a mi historia con el mismo orden que sumariamente lo he contado ".
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Felicidades al Prof. Piñero, por tan completa e interesante información.
Saludos.
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" Daré particular razón y cuenta de las llagas y desdichas de todo el pueblo, y cuántos males sufrieron, unas veces por guerra, otras por sediciones y revueltos, otras por hambre, y cómo a la postre fueron presas. No dejaré de contar las muertes de los que huían, mí el castigo y suplicio que los cautivos recibieron; menos cómo fue quemado, contra la voluntad de César, todo el templo; cuánto tesoro y cuán grandes riquezas con el fuego perecieron, ní la general matanza y destrucción de la principal ciudad, en la cual todo el estado de Judea cargaba.
Contaré las señales y portentos maravillosos que antes de acontecer casos tan horrendos se mostraron; cómo fueron cautivados y presos los tiranos, y quienes fueron los que vinieron en servidumbre, y cuán gran muchedumbre; qué fortuna hubieron finalmente todos. Cómo los romanos prosiguieron su victoria, y derribaron de raíz todos los fuertes y defensas de los judíos, y cómo ganando Tito todas estas tierras, las...
Resulta curioso como el fariseo Flavio Josefo que mantuvo una fuerte relación con la religión hebrea, no es nunca mencionado en la literatura judía rabínica, como comenta L. Feldman, en su libro “Josephus”.
Josefo nombra generalmente en todas sus obras sus datos o fuentes, pero en la Guerra de los Judíos no lo hace.
Para el periodo herodiano (37-4 a.C) ciertamente ( como escribe Piñero ), los escritos de Nicolás de Damasco fueron fuentes muy importantes puesto que Nicolás era filósofo e historiador de la corte.
La escritura de Flavio Josefo tiene estilo, ritmo y belleza, y aunque no llega a la altura del gran historiador Tucides ((antigua Atenas, c. 460 a. C. - Tracia, c. ¿396 a. C.? " Historia de la Guerra del Peloponeso" ) que es el modelo del historiador ideal y antítesis de Heródoto.
Flavio Josefo en su " Guerra de los judíos ", resulta muy ameno, fluido e interesante de leer:
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" Daré particula...
Sábado, 26 de mayo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
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Religión Digital
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