Hoy escribe Antonio Piñero
El evangelio de Marcos, el primero de todos en orden cronológico, tuvo una notable, inmensa importancia diría, porque al ser una de las bases en las que se inspiraron Mateo y Lucas –de notable éxito editorial también- condicionaría para siempre la imagen que de Jesús, su familia, los apóstoles, el pueblo judío, sus dirigentes, Poncio Pilato, etc. iban a tener los cristianos en adelante. El punto de vista de Marcos, y por tanto su “tendencia” (recordemos, en sentido técnico) se impuso con algunas correcciones, naturalmente, obra de los otros evangelistas que lo siguieron.
Este primer evangelio, compuesto en Roma y poco después de la gran Guerra judía, tuvo entre sus propósitos aclarar el por qué de la ejecución de Jesús como aparente revolucionario por los romanos y su oprobios amuerte en cruz. La explicación de Marcos era en este punto un tanto distinta de la que podía ofrecer un judeocristiano de Jerusalén. Éste, sin duda, hablaría de un plan divino en la muerte de Jesús, pero no ocultaría un cierto sentimiento aprobatorio de que Jesús mesías precisamente por este título había muerto por Israel, por la implantación del reino de Dios en la tierra de Israel y que los romanos, al fin y al cabo, habían impedido ese bello propósito que, además, era el designio de Dios.
Sábado, 26 de mayo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Josemari Lorenzo Amelibia
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn