Hoy escribe Antonio Piñero
Aun admitiendo ciertas nociones de los “espirituales”, Pablo no participa en absoluto de la mayoría de sus ideas y les opone las siguientes afirmaciones:
• Los que se creen espirituales no son tan perfectos en realidad, ya que él, Pablo, no pudo impartirles una doctrina profunda y sabia (simbolizada como “alimento sólido”), sino que debió darles algo más ligero (simbolizada como “leche”), como a los pequeñuelos:
“1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales; sino como a carnales; es a saber , como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no podíais, ni aún podéis ahora ; 3 porque todavía sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y divisiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 4 Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolo; ¿no sois carnales?” (3,1-4).
Hoy escribe (supuestamente) Fernando Bermejo
Marcial Maciel Degollado es, ay, el más claro chivo expiatorio de nuestro tiempo. Ahora, cuando está de moda hablar de pederastia –como si no hubiera otros temas–, Marcial Maciel es la comidilla de todos los corrillos. “El depredador eclesiástico”, lo llaman calumniosamente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como apuntábamos, quizás sea un tanto exagerado etiquetar a los de este grupo como “gnósticos”. Pero es, sin embargo, verdad que a lo que más se parecen sus ideas es a las de los gnósticos. Puede decirse al menos que su ideología religiosa tiene resabios de corte “gnosticizante”, es decir que se adelantaron a algunas nociones que pocos años después serán patrimonio de la gnosis y del gnosticismo.
Sin duda alguna, estos cristianos se creían especiales, por lo que Pablo tuvo que dirigir contra ellos buena parte de su carta (no sólo los capítulos 1-4). A ellos parece dedicarles más tiempo que a cualquier otro grupo de la comunidad.
Por el tenor de sus respuestas y argumentos Pablo parece admitir en principio algunos puntos de vista de los “espirituales”. Aunque también es posible que se trate de la utilización del mismo vocabulario que el de sus adversarios para darle la vuelta a sus argumentos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Además de este ataque global a la formación de facciones dentro del cristianismo del que hablamos en la nota anterior, Pablo dirige su batería de argumentos contra el grupo que se creía “más de Cristo que los demás”. Antes de considerar las razones en contra del Apóstol veamos qué pintura de estos “espirituales” se puede deducir de una lectura atenta de 1 Cor.
Pablo parece dibujar a los “espirituales” en su carta del siguiente modo:
• Se denominaban “perfectos” o “espirituales”, y pensaban que su sabiduría religiosa era superior a la del resto del grupo: “6 Con los hombres perfectos, sin embargo, exponemos un saber, pero no un saber del mundo este ni de los jefes pasajeros del mundo presente; 7 no, exponemos un saber divino y secreto, el saber escondido; 8 ese que, conforme al decreto de Dios antes de los siglos, había de ser nuestra gloria, ese que ninguno de los jefes del mundo presente ha llegado a conocer” (2,6-8)
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Historia de Drusiana (2 parte)
Juan estaba perplejo y no acababa de comprender los elementos extraños del acontecimiento. Pero cuando Andrónico observó los detalles del espectáculo que tenían ante sus ojos, hizo una interpretación exacta del suceso y de sus orígenes y motivos. Calímaco se había enamorado de Drusiana, a la que trató de seducir en vida. Al no haber logrado sus perversos fines, compró con dinero la complicidad del administrador, con la intención de realizar en el cadáver de la difunta lo que no había conseguido cuando ella vivía.
Hoy escribe Antonio Piñero
Para que el lector de este blog no se desoriente en la explicación que seguirá de 1 Corintios A y B, adelanto que organizaremos las líneas principales del pensamiento de 1 Corintios en general según el siguiente esquema que reúne noticias de todos los capítulos de la carta:
1. Ataque de Pablo a la idea misma de formar “partidos”.
2. Crítica especial a los “espirituales”:
2.1 Descripción en particular de este grupo.
2.2 Nociones que comparte Pablo con los de este grupo.
2.3 Argumentos que opone el Apóstol a las concepciones de los “espirituales”.
3. Otros temas o cuestiones que afectan a la comunidad en general.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como hemos afirmado ya, el problema auténtico al que se enfrenta Pablo es la existencia de facciones, “partidos” o banderías religiosas entre los corintios. En los capítulos 1 al 4 el Apóstol nombra cuatro grupos entre los cristianos de la ciudad:
A) “Los que son de Pablo”;
B “Los de Apolo”;
C) “Los de Cefas/Pedro”;
D) “Los de Cristo” (1,12).
El Apóstol no repite siempre el mismo orden, ni nombra siempre a todos los grupos (3,4: omite al “partido de Cefas” y “a los de Cristo”).
En realidad Pablo no da explicación alguna sobre las ideas peculiares de cada uno de estas facciones. Por consiguiente, tenemos que deducirlas leyendo entre líneas, examinando la (doble) carta en su conjunto y reflexionando sobre las respuestas o críticas del Apóstol.
Hoy escribe Antonio Piñero
El hilo conductor del que hablamos en la nota anterior podría ser el siguiente: Pablo, aunque no lo diga expresamente, está respondiendo una y otra vez a los problemas que plantea uno de los grupos mencionados al principio de su carta “los de Cristo” (1,12), en su opinión el más significativo –y peligroso— de todos. Ese grupo está formado –lo veremos- por un grupito de cristianos, probablemente de procedencia pagana, que se creen superiores porque han recibido “de Cristo” (por eso son de su “partido”) una revelación especial y superior a la de los demás.
Pablo no acepta eso y el núcleo de su respuesta es: esos “espirituales” no son de verdad tales porque no saben en verdad la importancia absolutamente fundamental de la cruz o sacrificio de Cristo y su consideración como sabiduría divina destinada a la salvación. Este núcleo se repite con variaciones y digresiones a temas relacionados según la cuestión concreta que esté tratando.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Hoy seremos muy breves. La próxima semana interrumpiremos momentáneamente la discusión de los temas de los que veníamos ocupándonos, para abordar durante algún tiempo un tema cuya gravedad merece, creo, una cierta atención.
En cierto modo como propedéutica, propongo a nuestros lectores una meditación sobre uno de los aforismos que Kafka escribió en Zürau:
“Las cornejas afirman que una sola corneja podría destruir el cielo. Esto es indudable, pero no prueba nada contra el cielo, pues “cielo” significa precisamente: imposibilidad de cornejas.”
Feliz Navidad para unos, feliz solsticio de invierno para todos.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Hoy escribe Antonio Piñero
En octubre del año 2009 y en serie especial para “Cristianismo e historia” hice una larga serie en la que comenté algunas generalidades de 1ª Corintios, como la fundación de la comunidad y ciertos rasgos generales de ella condicionados por el emplazamiento geográfico de la comunidad en esa ciudad portuaria; luego comenté también la división que suele hacer la moderna crítica de 1 Corintios en dos cartas, distintas “Corintios A” y “Corintios B” escritas una detrás de otra.
La primera fue fruto probable de información oral acerca del grupo cristiano de Corinto de un cierto personaje de esa comunidad llamado Estéfanas (quizás acompañado por otros dos, llamados Fortunato y Acaico; digo quizás porque los manuscritos mejores omiten esos nombres). Esa carta podría reconstruirse (según Senén Vidal) en los siguientes pasajes
Hoy escribe Antonio Piñero
Respondemos a la pregunta formulada ayer: ¿Sería posible que el núcleo del relato de Zaqueo se remontara aún más arriba, a un nivel más antiguo? Según Bovon, no parece lógico postular que la comunidad o el autor del Material propio se lo hubieran inventado entero. Por tanto, hay que pensar que lo han recibido por tradición.
El argumento no es contundente porque tenemos escenas muy importantes de la tradición evangélica de Lucas que parecen que carecen de todo fundamento histórico, por tanto son un invento de la comunidad la que él pertenece, a él mismo o al autor del Material propio. El ejemplo más palpable está en los dos capítulos que inician el Evangelio: los relatos de la infancia. Y dentro de este bloque, el episodio de los pastores, por ejemplo, parece totalmente legendario. Igualmente, el episodio del niño Jesús perdido y hallado en el Templo, del que hay otros casos iguales de historias rabínicas. Y yéndonos al final del Evangelio, el episodio de los dos caminantes a Emaús es –en opinión casi unánime de los comentaristas- una invención didáctica del Evangelista.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Historia del joven recomendado por Juan (VJ c. 3)
La obra del Pseudo Abdías recoge ejemplos de la actividad de Juan hallados en fuentes muy dispares y presentadas con una conmovedora riqueza de detalles. Ya hemos visto las páginas tomadas de los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. El c. 3 de las VJ es una copia prácticamente literal de la historia narrada por Clemente de Alejandría en su Quis diues saluetur y reproducida por Eusebio de Cesarea (Clemente de Alejandría, Quis diues saluetur 42; Eusebio, H. E., III 23, 6-19), calificada así por los autores que la transmiten. “Toma una historia, dice Clemente, luego no una leyenda, sino una historia real”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Respondemos a la pregunta planteada ayer al final de la nota. El evangelista parece no inventar la historia, sino que parece heredarla de la comunidad y del autor del “Material propio”. Se llama así a un escrito, perdido, que contenía material evangélico que no se halla en Marcos, Mateo o Juan y que en algunos lugares de su Evangelio sigue Lucas. Fr. Bovon, a base de muchos análisis a lo largo de su Comentario cree que se puede objetivar hasta los rasgos del vocabulario, etilo y teología peculiar de ese desconocido autor de un preevangelio o fe páginas sueltas (“hojas volantes”) sobre Jesús.
¿Cuál es la razón? La calidad de la intriga y el nivel de lenguaje son indicios de ello, es decir, muy probablemente de ese autor desconocido del Material propio. En este nivel la polémica (v. 7) parece haber sido importante y el intérprete moderno intuye Al leer el pasaje que debió de manifestarse en el seno del pueblo cristiano aludidos implícitamente por los vocablos la “muchedumbre” del v. 3 y “todos” del v. 7. La razón es que en las secciones redaccionales del Evangelio de Lucas y en otros evangelios los personajes representan, o suelen representar casi siempre, actitudes del interior de la comunidad cristiana.
Hoy escribe Antonio Piñero
2. El “análisis diacrónico” ("a través del tiempo") del texto (véase postal 200-52), una vez precisada la estructura del relato y su significado, intenta definir el género literario. Ello -dijimos ya- no es banal; es importante porque en la Antigüedad los géneros literarios tenían ciertas normas fijas a las que se sometían con gusto los autores. Conocer estas normas ayuda a conocer el significado del texto estudiado.
A este respecto, sobre nuestra perícopa hay variedad de opiniones. Escribe Bovon:
“Cuando los exegetas consideran a Zaqueo como el protagonista principal, comprenden unas veces el episodio como
Hoy escribe Antonio Piñero
Recordemos el texto que estamos analizando (Lc 19,1-10) leyéndolo en la postal anterior. Terminamos el análisis sincrónico. Una vez entendida bien la escena, conforme al esquema doble de la acción del texto propuesto anteriormente (A. y B. de la postal del día anterior) buscamos qué puede deberse en esta perícopa al trabajo expreso de la redacción lucana.
Aquí se parte de un conocimiento previo conseguido a base de dar vueltas y mil vueltas al Evangelio y a los Hechos, y de tener otros trabajos a mano, de diversos investigadores, sobre el estilo, el vocabulario y la teología de Lucas.
Seguimos guiándonos de la mano de François Bovon, y descubrimos que la tarea redaccional de Lucas se percibe si se sigue ahondando en cuán bien organizado está el relato. Por ejemplo:
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para Gabino, Enrique, Víctor, Ángel, Pepe, Manolo y Alejandro,
que andan desperdigados por el mundo
En el período Neocarbono-B (correspondiente, según una de las antiguas cronologías, al s. XL), se han encontrado, en excavaciones arqueológicas de Eurasia, algunos testimonios fragmentarios relativos a dos varones cristianos en un estrato del s. XXI. Uno de ellos, el franciscano Juan Y.; otro, el misionero comboniano Jesús Z.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos insistido en que el modo de proceder práctico para acercarse al Jesús de la historia puede verse con gran claridad en los grandes comentarios actuales de los Evangelios. Tengamos en cuenta que la imagen que gane el estudioso del conjunto de la vida hechos, dichos, figura y significado de Jesús de Nazaret proviene del análisis y estudio de los cuatro evangelios divididos a trozos o perícopas, y luego ensamblando el conjunto de los datos utilizando una serie de criterios bien conocidos que volveremos a recordar en su momento.
El caso que tratamos hoy está en el Evangelio de Lucas (19,1-10). He aquí el texto:
Hoy escribe Antonio Piñero
El estudio del estilo particular de los diversos autores del Nuevo Testamento es un campo bien roturado por investigadores de tiempos pasados. Observaciones breves pueden hallarse en el capítulo dedicado a la "estilística" de la obra El idioma del Nuevo Testamento. Gramática, estilística y diccionario estadístico del Griego Bíblico, de Manuel Guerra Gómez, Burgos, 3º ed. 1981: cuyo contenido es: principales recursos estilísticos, estructura de la frase, prosa rítmica y artística.
No es preciso insistir demasiado en el complemento que supone un buen conocimiento del estilo de cada autor para los trabajos de establecimiento del texto del Nuevo Testamento y para caer en la cuenta de los lugares y contenidos en los que el autor pone mayor o menor énfasis.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Estructura y contenido de las Uirtutes Ioannis
El suceso de la caldera de aceite hirviente (c. 1)
El primer capítulo de las VJ recoge la tradición de la prueba que hubo de soportar Juan cuando fue arrojado en una caldera de aceite hirviente. El texto de las VJ parece suponer que el episodio tuvo lugar en Éfeso. El procónsul quiso obligar a Juan a que renegara de Cristo y cesara de predicar. Juan repitió la respuesta que dio Pedro al Sumo Sacerdote en similares circunstancias: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29). El procónsul consideró tal actitud como un acto de rebeldía contra el emperador.
Hoy escribe Antonio Piñero
Este es el último paso tras los análisis precedentes, y presupone en el lector un conocimiento de textos semejantes con los que se pueda comparar el pasaje u obra que en concreto se analiza.
La clasificación de un texto neotes¬tamentario por su tipo, género o subgénero literario no es tampoco tarea vana, ya que los antiguos se atenían con gusto a las normas de los géneros literarios que empleaban, es decir se acomodaban o se regían por las normas del género que empleaban.
Averiguar con seguridad a qué género pertenece un texto del Nuevo Testamento ayuda teóricamente para su recta comprensión, ya que se conocen así los mecanismos literario-retóricos que el autor puede emplear conforme al género que utiliza.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el orden lógico, y si el texto es muy complicado, sobre todo en el ámbito de la narración, el paso siguiente en la aproximación al texto es el "análisis narrativo". Éste estudia un pasaje determinado, o la obra entera, teniendo en cuenta
• el perfil de las acciones y de la secuencia de actos narrados en él,
• de los “actantes” (personajes con una participación activa en la acción) que aparecen en ella y
• de las relaciones que entre ellos se establecen.
Hoy escribe Antonio Piñero
El análisis semántico se muestra en este momento de la comprensión del texto de excelente utilidad, aunque su manejo especializado supera las fronteras del principiante: la indagación del contenido semántico de cada palabra o frase importante ha de estar guiada por un método o sistema, ya sea personal o apropiado de alguno bien experimentado. En castellano tenemos el siguiente: J. Mateos, Método de análisis semántico aplicado al griego del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba, 1989.
Este método es el que se emplea en el Diccionario griego-español del Nuevo Testamento, que está realizando el equipo del Prof. Jesús Peláez en la Universidad de Córdoba (Grupo “GASCO”), y que ya ha publicado varios fascículos que hemos comentado en este blog.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Agradezco cordialmente a mi colega-y-sin-embargo-amigo Antonio Piñero la amplia atención dedicada a mi artículo recientemente publicado en ILU. Tiene razón, sin embargo, quien ha comentado que lo que se dice en ese artículo es anticipado y/o suscrito por varios estudiosos (y lectores) razonables. Lo que se dice en ese artículo no es idiosincrásico, aunque pueda ser ciertamente minoritario en el ámbito de la exégesis, básicamente por dos razones: 1º) porque intenta ser una aproximación histórica, mientras que lo que encuentra habitualmente en la exégesis es un híbrido de historia y de teología; 2º) porque extrae los corolarios del análisis, algo que en la exégesis muchos prefieren no hacer.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos sostenido siempre –y lo he recalcado en la Introducción a la “Guía para entender el Nuevo Testamento” (por cierto que están ya imprimiendo la 4ª edición en papel desde 2006, además de la edic. electrónica; anunciaré cuando esté lista)- que cuando se desea entender bien una obra de este corpus hay que comenzar por leerla detenidamente toda entera.
Si el lector del Nuevo Testamento no sabe griego he dicho también que debe tener una buena versión del Nuevo Testamento, o mejor varias, para contrastarlas entre sí. Ahora bien, si se pretende no sólo entender, sino estudiar realmente un texto del Nuevo Testamento ha y que ir por partes. Y es conveniente en primer lugar delimitar por uno mismo con la mayor precisión posible el texto en cuestión.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos hoy con nuestra pausada exposición de los métodos de estudio y aproximación al Nuevo Testamento. Es absolutamente necesario, por no obtener deducciones apresuradas e incluso erróneas caer en la cuenta de que existe una metodología de estudio que la historia antigua y la filología han ido puliendo y perfilando durante un par de siglos, y que hoy es aceptado en líneas generales por todos los investigadores, sean cuales fueren sus creencias personales, internas, religiosas respecto al contenido teológico del Nuevo Testamento
En las postales anteriores, algunas ya lejanas en el tiempo, hemos tenido ocasión de echar una ojeada al progreso en la investigación y hemos considerado los métodos llamados “histórico-críticos” que analizan el Nuevo Testamento desde el punto de vista llamado “diacrónico”, es decir, en su formación a través del tiempo.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Las Uirtutes Iohannis (VJ), relación con la Passio Iohannis y características literarias
El texto de las Uirtutes Iohannis (VJ) guarda un estrecho paralelismo con la denominada Passio Johannis (PJ) del Pseudo Melitón. El texto de esta Pasión, que lleva el título de Actus uel miracula sancti Iohannis apostoli et euangelistae (“Hechos o milagros de san Juan, apóstol y evangelista”) tiene un prólogo dirigido a los lectores en forma de advertencia sobre la actividad de un cierto Leucio (Leutio quodam), y afirma que se trata de un personaje que escribió Hechos de Juan, Andrés y Tomás. Hablando de los milagros que el Señor realizó por medio de ellos, dijo cosas verídicas. Pero, en cambio, mintió cuando habló de su doctrina. Afirma, por ejemplo, que los apóstoles defendieron la existencia de dos principios, uno del bien y otro del mal.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos ahora analizando el escollo c): problemas de reduccionismo.
Creo, por último, que el estudio sociológico del Nuevo Testamento puede presentar serios problemas de “reduccionismo”, es decir, puede darse el peligro de interpretar todos los datos según un “sistema de aproximación” único, a base de un modelo previo.
Pongo un ejemplo: la consideración de Jesús como un predicador totalmente al estilo de los cínicos, que al parecer eran más abundantes de lo que creemos en la Decápolis y el entorno pagano inmediato del Israel del siglo I.
Una vez que se han descubierto ciertas analogías, sin duda entre el pensamiento y el modo de vida de Jesús con los filósofos cínicos, el esquema de investigación reduce su foco, su objetivo, y acomoda todos los datos, forzándolos, al esquema previo (es decir al descubrimiento del parecido entre Jesús y los cínicos). Entonces, se dejan de lado en la práctica otros datos sociológicos, históricos, teológicos e ideológicos (el también –me parece, casi- evidente enraizamiento de Jesús en la apocalíptica de su tiempo, y se obtiene una imagen de un Jesús imposible, algo dijimos en la postal de ayer, en la que apenas tiene cabida la tradición judía.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos en esta postal con el tema: "Los métodos histórico-críticos aplicados al Nuevo Testamento. Sobre el tema de los estudios de antropología y sociología aplicados al Nuevo Testamento deseo explayar un tanto un texto que en sustancia apareció ya en la “Guía para entender el Nuevo Testamento”.
Desde que el corpus del Nuevo Testamento fue elevado a categoría de Escritura sagrada (hacia mediados del s. II), se introdujo la tendencia, al menos subconsciente, de apartarlo como algo divino de todos los condicionantes sociológicos e históricos.
Hasta bien entrado el s. XX los textos sagrados fueron considerados en sí mismos, como portadores de una revelación atemporal prescindiendo de su contexto histórico y olvidando su relación con la vida concreta de las comunidades en los que se engendraron. Y en concreto sobre Jesús, se consideraba en él su doctrina, como un fenómeno ideológico dentro del judaísmo (para unos derivado de éste y sin romper sus marcos; para otros, con una función rompedora del judaísmo condenado a claudicar ante el cristianismo naciente representado por el mismo Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Opino que las conclusiones de F. Bermejo son importantes. Todo el conjunto de la tesis –paralelismos Juan Bautista/Jesús de Nazaret creo que ha sido fundamentado convenientemente. En mi opinión, y en la de muchísimos, ha habido varias inversiones en la relación entre Jesús y Juan Bautista.
Ante todo no se ha destacado suficientemente que Jesús fue ante todo un discípulo y un seguidor del Bautista; no a la inversa, por supuesto; que la prelación precursor / “el más fuerte” que viene después es ante todo una interpretación teológica cristiana que depende esencialmente en su fe en Jesús como resucitado, como redentor universal. Juan Bautista es en cierto modo precursor porque históricamente apareció antes, pero no porque entre Jesús y el Bautista hubiera una diferencia esencial en la doctrina. No la hubo. El éxito de Jesús vino después de su muerte y por otras circunstancias.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Continuamos hoy con el elenco de algunas medidas tomadas por las Iglesias cristianas respecto a los judíos, en la Antigüedad y la Edad Media, y que hallaron su continuidad en medidas adoptadas por los nazis.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos exponiendo los argumentos de F. Bermejo sobre las pretendidas diferencias entre Juan Bautista y Jesús que se concretan, en realidad, en sólo dos:
a)Juan Bautista predicador de la condenación frente a un Jesús predicador de la salvación, de la gracia y de la alegría
b) Juan Bautista asceta frente a un Jesús “comedor y bebedor”
Continuamos ahora con el razonamiento de la postal anterior:
Hay un tercer argumento muy poderoso para no pensar, ni mucho menos en un Jesús que se dedicaba a la buena vida: la tendencia ascética en el estilo de vida de Jesús es perceptible en relación con las posesiones, cuya renuncia parece haber exigido y practicado. Textos que deben tenerse en cuenta son Mt 6,24-34 (No se puede servir a dos señores; no acongojarse por la comida y el vestido) y Mc 10, 17-22 (“ Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da a los pobres…”), entre otros.
Hoy escribe Antonio Piñero
Abordamos en las postales que siguen, dos o tres, las conclusiones importantes de F. Bermejo a propósito de las similitudes y diferencias entre Juan Bautista y Jesús de Nazaret.
Lo primero en lo que insiste Bermejo en este apartado es
“La arbitrariedad en el tratamiento habitual de la relación entre Juan y Jesús no se limita al silenciamiento o minimización de las semejanzas expuestas, sino también al establecimiento de diferencias radicales en algunos aspectos en los que los datos disponibles difícilmente permiten deducirlas”.
1. Uno de los clichés más habituales en la exégesis neotestamentaria es la dicotomía entre un Jesús anunciador de un mensaje alegre y salvífico, contrapuesto a un Bautista predicador de la condenación. Los más conocidos entre nosotros son J. P. Meier, Theissen – Merz; J. D. G. Dunn y J. Becker.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Los Hechos de Juan (HchJn) y las Uirtutes Ioannis (VJ)Los HchJn están presentes en las “Virtudes de Juan” en dos largos apartados de la obra. El texto de las VJ sigue minuciosamente en su c. 4 la historia de la muerte y resurrección de Drusiana tal como aparece en los capítulos 63-86 de los HchJn. El apóstol predicaba en Éfeso y realizaba curaciones en un ambiente de pacífica convivencia con una creciente comunidad. Pero un extraño suceso vino a turbar (interturbare) la situación de los fieles. Un joven de nombre Calímaco, personaje importante en la ciudad, se enamoró de Drusiana, la esposa del gobernador de Éfeso, Andrónico.
Hoy escribe Antonio Piñero
Recojo hoy los comentarios del propio autor de estos paralelismos reseñados en Juan Bautista y Jesús, Fernando Bermejo. Éste comenta así las similitudes y las diferencias (como dije, utilizo sus palabras, aunque a veces las modifico un tanto, pp. 47-49 del artículo ya citado en postales anteriores):
I. “El número e importancia de estos paralelismos dan qué pensar: en las creencias y el mensaje, la percepción de la gente, su expresión y su destino las similitudes son elocuentes y permiten presentar conjuntamente a Juan el Bautista y a Jesús como un subtipo (de las modalidades proféticas y apocalípticas) del judaísmo del Segundo Templo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy con los paralelismos ineludibles entre Juan el Bautista y Jesús recopilados y comentados por F. Bermejo en su artículo de la revista ’Ilu.
12. Ambos a trajeron a elementos social y religiosamente marginales de la población. Diversos pasajes evangélicos –Lc 3, 12-14; Lc 7, 29-30 y Mt 21, 31-32, cuya historicidad resulta plausible- sitúan a recaudadores y prostitutas en conexión con Juan. Que esto también se daba en Jesús es muy conocido.
13. Ambos anunciaron una intervención decisiva de Dios en un futuro muy próximo. Que la idea de una intervención final de Dios en un futuro muy próximo formó parte del kerigma de Juan el Bautista no puede entreverse con facilidad en la noticia que le dedica Josefo. Con respecto a Jesús, que el galileo esperó un desenlace escatológico en un futuro próximo puede considerarse uno de los resultados más seguros de la investigación desde la demostración ejemplar que en el s. XIX hizo Johannes Weiss (La predicación de Jesús acerca del Reino de Dios, de 1892, aun no traducida al castellano).
Hoy escribe Antonio Piñero
El artículo que comentamos lleva como subtítulo, “Paralelismos fenomenológicos y diferencias implausibles” (pp. 27-56, ’Ilu 15 (2010), lo que ilustra bien el interés del autor por poner de relieve ambos aspectos. La relación entre los dos predicadores judíos escribe F. Bermejo en su síntesis- es definida por la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento e historiadores del cristianismo en términos de “contraste” o “diferencia radical”.
Pero esta perspectiva, según Bermejo –y yo estoy absoluta y radicalmente de acuerdo con él- no es defendible desde el punto de vista aséptico de la mera historiografía. Por ello la mejor manera de proceder es primero exponer de modo detallado los paralelismos –que me parece que no se pueden negar- entre los dos personajes, y por otro considerar las diferencias que creen observar los investigadores, que obligaría supuestamente –en el caso de probarse en el análisis de los textos de los que disponemos- a establecer un contraste entre estos dos predicadores del judaísmo del tiempo del Segundo Templo.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Dado que la historia del antijudaísmo cristiano es muy larga y se correrá el riesgo de perder de vista lo que motivó esta serie de posts, vale la pena llamar la atención desde ahora acerca de muchas medidas tomadas contra los judíos a lo largo de los siglos por la Iglesia cristiana –más concretamente, por sus clérigos y obispos– que hallaron su reflejo en la Alemania nazi. En su momento analizaremos la situación de los judíos en el ghetto de Roma, y las reveladoras políticas papales concomitantes. Baste, por el momento, con la enumeración de algunas de esas medidas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy, siguiendo la línea de ayer, sigo comentando algunos artículos del número 15 de la revista. “Los ciclos cósmicos y la imagen del continuo renacer en los Vedas”, es el tema del trabajo de Madayo Kahle, doctorando ya avanzado de la Complutense.
Su artículo estudia los ciclos de la naturaleza han marcado profundamente tanto la cosmovisión reflejada en los himnos védicos como el desarrollo del ritualismo brahmánico. Es decir, el “comportamiento” cíclico del sol, la luna, la aurora, el cambio de la luz a las tinieblas cada día, los meses y las estaciones del año, el tiempo divinizado.
Hoy escribe Antonio Piñero
En esta semana, en tres o cuatro postales, deseo presentarles la revista de nuestra Facultad de Filología y del Instituto de Ciencias de las religiones de la Universidad Complutense de Madrid. Es en verdad una buena revista, muy buena diría, pero un tanto desconocida, en parte por el sistema de distribución de los productos universitarios. El modo de presentarla será indicar brevemente su finalidad, comentar el contenido del último número y, sobre todo, presentar un artículo, muy interesante y muy documentado, de Fernando Bermejo sobre el debatido tema de las relaciones entre Juan Bautista y Jesús.
’Ilu es una revista de periodicidad anual, con formato 17x24 cm., fundada en 1995. Recoge en sus páginas artículos científicos sobre historia de las religiones, y sobre fenomenología, sociología, antropología y psicología de la religión. Dedica especial atención a trabajos relacionados con el ámbito hispano en general y con el cristianismo, judaísmo, islam en la península ibérica, en particular.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan en las Virtutes Johannis o milagros de Juan
El tercero de los grandes escritos apócrifos, que contienen básicamente toda la tradición sobre el apóstol Juan de Zebedeo, es el que lleva como título el de Virtutes Joannis, Virtudes o Milagros de Juan. Opto por la palabra “Milagros” para traducir la palabra del original Uirtutes. En este sentido debemos interpretar cualquier uso de la palabra Virtudes referida como título de la obra. Respetando el título tradicional latino, señalaré la obra como VJ.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el breve tema iniciado hace un par de días.
Aunque –como hemos dicho- La Historia de la redacción se concentró en un primer momento en las narraciones evangélicas, debe insistirse en que sus principios se aplican también al resto de escritores y obras del Nuevo Testamento, por ejemplo Pablo: qué tradiciones maneja y cómo las conserva o reelabora (cf. Rom 1,1-3). Sólo que la tarea no es tan fácil en cuanto que no existe un material comparativo triple, como ocurre con los evangelios sinópticos.
La Historia de la redacción no discute que los evangelistas hayan elaborado por su cuenta una tradición anónima, pero esa reelaboración – opinan— es personal, ya no es impersonal y mecánica como ocurre con las leyes de la tradición oral transmitida en grupos. No es así: la reelaboración es peculiar y característica de cada evangelista.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los métodos de la Historia de las formas tras 1945 habían dado ya sus frutos principales y la investigación estaba un tanto estancada. La Historia de las formas había considerado a los escritores del Nuevo Testamento, especialmente los evangelistas, como meros “coleccionistas, compiladores y transmisores de tradiciones”, descuidando el conjunto del evangelio. Pensaba la Historia de las formas que la totalidad de la obra era un producto secundario respecto a las unidades de base que la formaban y, por tanto, de menor importancia.
Se opinaba que –para llegar a los productos más originales y primarios del movimiento cristiano sólo interesaban las tradiciones orales, pues ellas nos reflejaban la mentalidad de la Iglesia o comunidad primitiva. Entonces, se paraban normalmente ahí los críticos y deducían las consecuencias: como sabemos, en general muy negativas en cuanto la historicidad de esas tradiciones, y se pensaba que escribir una “biografía” de Jesús era imposible.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hace ya meses que detuvimos una serie sobre el método que utilizan los investigadores para enfrentarse con los textos del Nuevo Testamento y publicamos una serie de postales/notas sobre “Qué es eso de la Historia de las formas” y “¿Qué piensa la Historia de las formas sobre la formación y el valor de los Evangelios como fuente histórica.
Hoy -en unas dos o tres postales y antes de poner un ejemplo de crítica global de un pasaje del Nuevo Testamento- vamos a explicar brevemente (al menos tal como la entiendo yo) el método llamado de la “Historia de la redacción” que se aplica sobre todo a los Evangelios.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Ofrecemos hoy a los lectores interesados en la historia del maniqueísmo la bibliografía existente acerca del más extenso texto griego maniqueo encontrado en 1992 en la antigua Kellis (P. Kellis Gr. 98), así como sobre los fragmentos partos paralelos hallados a comienzos del siglo XX en Turfán. Salvo error, es la bibliografía completa publicada hasta el momento.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos el tema iniciado en la postal de ayer
Sabemos que Santiago el Mayor fue uno de los doce apóstoles (Mt 10,2 y Hch 1,13); que era hijo de un tal Zebedeo (Mt 4,21) y de un seguidora de Jesús, de nombre Salomé, de los que apenas conocemos nada seguro (Mt 25,56 y Mc 15,40). Sabemos que era hermano mayor de Juan (¿distinto al discípulo amado?), con quien compartió el sobrenombre de “hijos del trueno” o “tonantes” (arameo Boanergés, nombre muy dudoso), apodo otorgado por Jesús mismo (Mc 3,17) debido al carácter un tanto violento de ambos, o quizá por su relación con el “celotismo”, no en cuanto partido político –que no existía aún por aquella época- sino por el “celo” de ambos por la observancia de la ley de Moisés que los hacía ser muy duros con los transgresores.
Sabemos también que, aunque Santiago pertenecía al grupo de los Doce (Mc 3,17), el Evangelio de Juan jamás lo nombra, salvo en un apéndice a su escrito, el capítulo 21,2 y de una manera genérica (“los hijos del Zebedeo). Sabemos que era pescador, con su padre y hermano en el lago Genesaret (Mt 4,21). Santiago el Mayor pertenecía al grupo de preferidos de Jesús y asistió a la escena de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), a la transfiguración de Jesús (Mc 9,2ss) y al momento de las angustias de Jesús en el huerto de Getsemaní (Mc 14,33ss).
Hoy escribe Antonio Piñero
Como amigo que soy del arte, vengo siguiendo hace tiempo la revista “Románico. Revista de arte de amigos del románico” (AdR), que dirige admirablemente Mario Agudo Villanueva. Esta revista me parece de una calidad enorme. Pues bien, uno de sus últimos números, junio 2010, estaba dedicado al “Románico y Camino de Santiago”, y su lectura me inspiró un breve artículo sobre la verosimilitud histórica, o no, de que uno de los apóstoles de Jesús viniera a España. El trabajo salió hace meses en la revista “Aventura de la historia”, que dirige con maestría Asunción Domenech. Pues bien, resumo aquí, con su permiso, lo esencial de este trabajo que quizás sea de interés.
En el Nuevo Testamento hay cinco personajes que portan el nombre de Santiago (hebreo Jacob; griego Jákobos; latín Jacobus; español, con varios derivados: Jacobo; Yago; (san)Yago da Santiago y Diego):
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Regreso a Éfeso. Muerte y sepultura de Juan
Se reunieron todos los hermanos, tanto los de origen griego como los de origen judío y Juan los instruía. Les recomendaba guardar las tradiciones recibidas y observar los mandamientos transmitidos por el evangelio. Cuando supieron que Juan se disponía a marchar a Éfeso, se sintieron desconsolados, lo que obligó al santo apóstol a reanimarlos y pedirles que estuvieran contentos con las gracias concedidas por el Señor.
Hoy escribe Antonio Piñero
Aplicamos lo dicho sobre la gnosis a la posición de la mujer en los grupos gnósticos cristianos.
Es claro que un sistema como el gnóstico, para el cual la materia es el último escalón, y degradado del ser, no se ocupa ni se interesa para nada de ella. Por ello, el gnóstico se desentiende del universo, no se preocupa de realizarse en este mundo, no quiere saber nada de la política ni de las relaciones humanas. Sólo espera el momento de la huída definitiva de acá abajo y llegar a fundirse con su contrapartida celeste, su espíritu masculino en el Pleroma y allí, ambos, formando un andrógino perfecto, contemplar a la divinidad por siempre.
Está claro también que si los gnósticos piensan, con Aristóteles, que la mujer es un ser humano imperfecto, no llegado a su plenitud de desarrollo; si –como dijimos- es la representación de la materialidad y del sexo (menstruación; capacidad de traer hijos al mundo, el dominio del Demiurgo), es lógico que su consideración sea ambivalente:
Hoy escribe Antonio Piñero
Este conjunto de concepciones religiosas del gnosticismo puede reducirse en síntesis a diez principios fundamen¬tales que pueden formularse así:
1. Existe un Dios Trascendente, al que se puede denominar Uno, Bien, Padre.
2. Esta divinidad es “compleja” y se proyecta hacia fuera. Esta proyección constituye el Pleroma o Plenitud de la divinidad.
3. Dentro del Pleroma uno de los eones divinos, denominado normalmente Sabiduría, cae en una suerte de un lapso o pecado.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy con el tema de las ideas básicas de la gnosis y mañana intentaremos resumirlas mas aún en una serie de principios fundamentales.
18. Y ¿qué ocurre con las tres clases de hombres, especialmente con los no espirituales?
La primera, la puramente material (los hílicos, asimilada con los paganos), no es capaz de ninguna salvación. Serán totalmente destruidos por Dios una vez muertos. De ellos no quedará nada.
La segunda clase, la de los psíquicos, asimilada a los cristianos vulgares afectos a la Iglesia mayoritaria, si prestan atención a los preceptos del Salvador y llevan una vida recta, obtendrán una salvación intermedia: a su muerte se despojarán de la materia (del cuerpo, que no resucita) y sus almas ascenderán a un cielo inferior, es decir a una región superior del universo -separada del Pleroma - y llevarán allí junto con el Demiurgo y sus ángeles buenos, que al final se convierten, una vida bienaventurada.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Al Gran Jefe de los hechiceros, como en general a los hechiceros, le gusta hacerse notar y atraer todas las miradas. Por ello, y a pesar de que los tambores y las señales de humo no dejan de llevar ininterrumpidamente sus mensajes por las extensas llanuras por donde cabalgan los bisontes, siempre que le parece oportuno, el Gran Jefe de los hechiceros abandona el recinto de la Montaña Sagrada, se mete en el vientre del Gran Pájaro Blanco y sale a recorrer el mundo que el Gran Espíritu creó, en su infinita sabiduría.
Hoy escribe Antonio Piñero
Anímense los lectores que ya queda poco.
15. La división de la humanidad en estas tres clases tendrá su importancia a la hora de la venida del Salvador, encargado de redimir al “espíritu”, de igual modo que antes había redimido a Sabiduría de su “pecado”. La carne –pura materia- está condenada a volver a la nada. Pero el espíritu del hombre debe ser salvado de la carne y del universo material. De eso se encarga el Salvador enviado por Dios para rescatarlo.
Aquí entra en juego un tercer mito: el de la salvación o soteriológico. La divinidad al completo, el “Pleroma” se apiada del ser humano. Le da pena que su parte superior, el espíritu, esté aherrojado en el mundo, prisionero del cuerpo y de la materia. Para liberarlo y hacer que el espíritu vuelva a las alturas de donde procede, todo el Pleroma divino envía a la tierra al Salvador.
Hoy escribe Antonio Piñero
Estamos ya en la recta final de nuestra explicación de las ideas elementales de la gnosis judía y cristiana.
13. El Demiurgo intenta hacer que ese espíritu, “chispa” o “centella” divina -que tiene el ser humano- no les toque en herencia a todos los seres humanos futuros, o bien que se vaya difuminando entre muchos poseedores (una idea del espíritu muy materialista, divisible, pero que era común en la Antigüedad) y quede definitivamente encerrado en la materia y, en consecuencia, que no aspire a volver al cielo junto al Padre trascendente. Para lograr este propósito, el Demiurgo crea a Eva (sigue la exégesis gnóstica del Génesis) y con ella el deseo sexual y la procreación.
La humanidad se irá multiplicando, se irán creando con el tiempo más hombres que tienen esa “centella”, o espíritu”, cada vez más disminuida, más pequeña, prisionera de la materia, dentro del cuerpo. La mayoría de los humanos se irá olvidando, adormecidos por la materia que los rodea, de que portan en sí esa “chispa divina”, el “espíritu”. La ignorancia de que su espíritu es igual al de Dios, de la unidad sustancial del espíritu humano con lo divino, hace que el hombre completo quede preso de lo inferior, de lo material.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Liberación del destierro de Juan. Composición y lectura del evangelio
Al final de su estancia en Patmos el apóstol Juan había conseguido la conversión de todos los habitantes de la isla a la fe cristiana. Entretanto había muerto el emperador que desterrara a Juan y había sido nombrado uno nuevo que permitía sin problemas la práctica de la nueva fe. La versión latina de L especifica que había muerto Domiciano, que era quien había enviado a Juan al destierro. Le sucedió el emperador Nerva, que tuvo un corto reinado del año 96 al 98. Parece la versión más aceptable. Informado el emperador sobre la situación de Juan y su exquisita conducta personal, emitió un decreto que lo libraba de la pesadumbre del destierro.
Hoy escribe Antonio Piñero
11. Al mito de la creación que intenta explicar la procedencia del universo en último término de Dios y –a la vez- la dualidad o abismo insalvable entre Dios y la materia, sigue un segundo mito, el de la creación del hombre. Por tanto un "mito antropogónico"
Esta creación, en cuanto a su cuerpo material, es efectuada por el Demiurgo asistido por una serie de ángeles ayudantes, creados previamente por él y que se hallan ya a cargo del sistema de los planetas, en particular y de todoso los astros en general. ÇEl Demiurgo controla el univeros todo en cuanto material.
Todos juntos, ángeles y Demiurgo, para completar el universo material, forman al primer ser humano, Adán, a imagen del Dios supremo, y a semejanza del dios secundario, o Demiurgo (capítulo 1 del Génesis). Obsérvese que la actuación del Demiurgo (platónico) se acomoda a lo que dice el Génesis. Así se ve claro cómo la gnosis occidental es por un lado judía y por otro también griega. Esto no excluye que a su vez los griegos, y los mismos judíos, no tengan influjos de la religión y mitología irania a la que tienen en alta estima.
Hoy escribe Antonio Piñero
9. La gradación de los seres -escala de los seres- según la gnosis queda, pues, así:
• El Uno / Bien, Padre trascendente, al expandirse, lleva al Pleroma que contiene a Sabiduría;
• La existencia del Pleroma lleva al Lapso o caída de Sabiduría, y este lapso, caída o pedaco, lleva a la creación de la materia primordial y del Demiurgo;
• El Demiurgo plasma el universo concreto utilizando la materia primordial originada por su Madre y con las formas o “ideas” que toma del Pleroma. Mira hacia arriba, copia una idea divina y la plasma en la materia.
De este modo, el universo/la materia procede de Dios, pero Éste no interviene directamente en la creación del mundo.
Hoy escribe Antonio Piñero
6. Volvamos, pues, hacia atrás, tras este inciso publicado en la nota anterior, al momento en el que Sabiduría ha “pecado”, y concentrémonos de nuevo en este escenario. La “caída” tiene dos resultados, ya mencionados. Recapitulemos:
A) El primero es que Sabiduría resulta expulsada del Pleroma: queda fuera de él, como se ha dicho en 5.
B) El segundo es lo que hemos mencionado al final de la nota anterior: la creación de la materia como una sustancia espesa e informe, la materia primordial, que no tiene "forma" aún. Aquí se nota el influjo de Aristóteles en la gnosis: la división entre “materia” y “forma”. La primera materia sin forma alguna es mera materia, por así decirlo simple “materia inteligible”.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La historia del antijudaísmo cristiano en la que nos disponemos a adentrarnos es una historia poblada de odio, de prejuicios, de estupidez, de abyección, de violencia y de bajeza. No está de más, pues, para compensar de algún modo tantas sombras, comenzar situándonos momentáneamente en la Alemania nazi y recordar algunos episodios luminosos, de personas –y en este caso de eclesiásticos cristianos – que se comportaron como luz en un tiempo sombrío, como valientes en un tiempo de cobardes, como personas decentes en una época y un espacio marcados por una especial indecencia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dejábamos la explicación en la cuestión del “lapso”, “error” o pecado del eón Sabiduría.
Y ahora, como dijimos, un inciso necesario: en principio parece increíble que un ente divino pueda “pecar”, pero los gnósticos lo creen así. Y con razón, pues sin una suerte de pecado, o lapso, de algo que sea divino es imposible que llegue a existir el universo material. Para ello se requerirán algunas condiciones:
a) El universo material tiene que proceder de Dios de alguna manera
b) Dios debe –a la vez- estar libre o incontaminado del proceso de creación de la materia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos retomando ideas sobre una posible y brevísima introducción a la gnosis de modo que podamos entender al menos en sus líneas generales los textos gnósticos, que estamos continuando citando, en especial los Evangelios gnósticos, como el de Tomas, María y Felipe.
Al final, podemos volver a considerar algunas perspectivas básicas de estos evangelios gnósticos y entender por qué consideran y tratan, bien y mal, a la mujer.
5. Todo lo descrito hasta ahora (números 1-4 de notas anteriores) ocurre antes del tiempo, es decir, antes de que exista el mundo, y es una situación estable respecto a la Divinidad. Hasta aquí, Dios supertrascendente se ha “expandido” dentro de sí mismo “completando” lo que es Él en sí. La Divinidad nunca estuvo sola; con el Pleroma lo está aún menos (manera humana de hablar)
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Historia de Procliana y su hijo Sosípatro
Cuenta luego el relator de los sucesos una historia que tiene ecos ciertos en otras obras literarias. Es la de Procliana, madre de un hijo joven, Sosípatro, del que estaba locamente enamorada, hasta el punto de pretender hacer con su propio hijo vida marital y convivir con él como si fueran marido y esposa. Un caso que trae a la memoria sucesos como el acoso de la esposa de Putifar a José (Gén 39,7-20) y de Fedra, esposa de Teseo, a su hijastro Hipólito, según la tragedia homónima de Eurípides.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la materia de la nota de ayer.
4. La especie de trinidad de la que hablamos en la nota anterior (nº 3) emana o genera (“emanación” o “generación” se contrapone a “creación”: es como si de un ser a modo de fuente, como fluye el agua se generaran otros seres, es decir, al igual que el agua brota espontáneamente) otras entidades divinas: su deseo de comunicarse engendra por emanación una serie de “eones” que forman una proyección más completa aún de la divinidad hacia fuera.
¿Por qué genera? Recordemos lo que dijimos ya. Simplemente porque todo lo perfecto tiende tarde o temprano a difundirse. Pero por ley natural lo emanado o generado será siempre algo inferior a sí mismo. En el proceso de emanación se produce una especie de movimiento descendente de calidad. Esta noción es importante, porque explicará al final del proceso emanativo el surgimiento del universo como procedente en último término de la divinidad, pero como algo inferior a ella.
Esta proyección de la divinidad hacia fuera de sí misma se llama “Pleroma”, Plenitud, o conjunto total de la divinidad, y estos eones van siempre en parejas (¡fuera de la pareja nada es perfecto!).
Hoy escribe Antonio Piñero
He aquí las principales ideas de la gnosis que son necesarias para comprender el transfondo de lo que hemos explicado de la situación de la mujer en los textos gnósticos. Tomo material de mi libro Los cristianismos derrotados, que resumiré o ampliaré donde convenga. Los que lo hayan leído discúlpenme si se aburren un poco porque ya conocen bien lo que ahora intento explicar.
1. Dios existe y no es necesario probarlo.
2. La divinidad no es simple, sino compleja: está acompañada por una como proyección de sí mismo. Este “ser” -que en el mundo divino recibe la denominación técnica de ‘eón’- se puede denominar su “Pensamiento”, también llamado “Silencio”.
Este Pensamiento, aunque sea la proyección del sí mismo de la Divinidad, actúa a la vez como si fuera su “Pareja”.
Para los gnósticos sólo la pareja es lo perfecto. Esto se deduce por mera observación de lo que pasa acá abajo, en el mundo, donde prácticamente todo actúa por parejas. Luego en la divinidad la pareja existirá en grado excelso.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hay otros textos de los siglos II y III que presentan un cristianismo que concede una gran importancia a las mujeres, como hemos mencionado ya al hablar del encratismo: son los ya mencionados Hechos apócrifos de los apóstoles (véase la edición Piñero-del Cerro mencionada en notas anteriores: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2004-2005).
Aunque nacidos en el seno de la Gran Iglesia, presentan estas obras una novedad respecto a lo que era la tendencia dominante en el grupo cristiano, tendencia que conducirá –como hemos apuntado- a una eliminación casi absoluta de la “visibilidad” de la mujer en cualquier ámbito público o de poder sobre todo desde el siglo III en adelante.
En un ambiente dominado por las culturas hebrea y griega, poco propicias al reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres, los Hechos Apócrifos de los Apóstoles representan un fuerte golpe de timón en contra de la corriente dominante. La mujer no es ya la “artesana del mal”, como decía el griego Eurípides; ni es “inferior en todo al varón”, como creía Flavio Josefo (Contra Apión II 4), ni es sólo la responsable –al ceder a la tentación de la Serpiente- del pecado y de la muerte (Eclesiástico 25, 33), sino que es en muchos casos encarnación del tipo paradigmático de mujer fuerte alabada en el libro bíblico de los Proverbios.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La cuestión planteada en el post anterior –la de la relación de la doctrina y la predicación de las Iglesias cristianas con el virtual exterminio de los judíos europeos a mediados del s. XX – es manifiestamente compleja y requiere una respuesta no menos compleja (aunque, ciertamente, no menos clara). Una manera esperable de abordarla sería limitarse a analizar las manifestaciones (o ausencia de ellas) de las autoridades eclesiásticas en relación con el Tercer Reich durante unos pocos años.
No obstante, una respuesta consistente a la pregunta exige, nos tememos, remontarse mucho más atrás. De hecho, es menester aclarar ya que la cuestión que planteábamos como posibilidad –“el cuasi-bimilenario antijudaísmo cristiano sentó realmente las bases de un antisemitismo racial y genocida, al estigmatizar no solo al judaísmo sino a los propios judíos, haciéndolos objeto de oprobio y de desprecio, y abonando con ello el terreno para el genocidio nazi” no proviene de ningún oscuro libelo anticristiano, sino que está tomada literalmente –donde aparece en sentido afirmativo– de un documento tan poco sospechoso de anticlericalismo como “Catholic Teaching on the Shoah: Implementing the Holy See’s We Remember” (2001), escrito proveniente de la Conferencia de obispos católicos de Estados Unidos.
Hoy escribe Antonio Piñero
El dicho 114 del Evangelio de Tomás reza así:
“Simón Pedro les dijo: “Que María salga de entre nosotros, pues las mujeres no son dignas de la vida”.
Jesús dijo: “He aquí que yo la empujaré a que se haga varón, para que llegue a ser también un espíritu viviente semejante a nosotros, los varones; pues toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los cielos” (Trad. De Fernando Bermejo, Todos los Evangelios).
La primera parte del dicho puede reflejar un ambiente parecido al del Evangelio de María que comentábamos en notas anteriores: una lucha por el poder dentro de la Iglesia. Pero también algo más profundo: la idea de que el espíritu de la mujer es incapaz de alcanzar la plenitud de la revelación porque no es tan “espiritual” como el de los varones.
A ello responde el Jesús de este logion aceptando en principio esta distinción. A saber, los espíritus de los pneumáticos, gnósticos o “espirituales” –como quieran llamarse-, mientras estén la tierra son “deficientes”, incluso aunque hayan alcanzado el grado máximo de conocimiento procedente de la revelación.
Hoy escribe Antonio Piñero
La interpretación de los dos pasajes claves del Evangelio de Felipe respecto a María Magdalena ha de hacerse a la luz de un contraste con Mc 3, 35 + Mt 12, 50. He aquí los textos:
“…Jesús respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí a mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mc 3, 33-35).
“Pero respondiendo El al que se lo decía, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12,48-50).
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Continúa el ministerio de Juan en Patmos
Dos jóvenes resucitados
Cuenta después Prócoro un suceso que tiene ya un paralelo en estos mismos Hechos. A saber, había unos baños a los que entró un hijo de un sacerdote de Zeus para bañarse. Y sucedió que un demonio malvado lo ahogó. Se trataba del mismo demonio que había ahogado en Éfeso a Domno, el hijo de Dioscórides. El padre del ahogado, enterado de la triste noticia, corrió al lugar donde yacía muerto su hijo.
Hoy escribe Antonio Piñero
El Evangelio de Felipe es el más explícito en el tema del afecto de Jesús por María Magdalena y por tanto –en nuestra perspectiva actual- el que más impulsa el valor de las discípulas perfectas de Jesús que son Jesús mujeres.
Naturalmente, como saben los lectores de Jesús y las mujeres, es el texto que más ha sido manipulado por Dan Brown (El Código Da Vinci) y sus seguidores en pro del matrimonio de Jesús y en defensa de las curiosísimas deducciones –por no calificarlas de otro modo- que el autor obtiene en su novela presentándolas dentro de la trama novelesca como si fueran verdades reales de la tradición cristiana.
Hoy escribe Antonio Piñero
De todos los textos gnósticos que mencionamos en la nota de ayer, sobre todo el Evangelio de María, puede entresacarse una enseñanza común respecto a la independencia y valía de las mujeres en la Iglesia: éstas tienen tanto derecho como los varones a enseñar dentro de la comunidad. La capacidad de predicar el evangelio no depende de cuestiones de sexo, sino de lealtad a Jesús, de la atención atenta a sus doctrinas, y de la potencialidad de recibir de Él revelaciones especiales.
Para valorar esta posibilidad de las mujeres de enseñar a varones en el siglo II, piénsese que hasta el siglo XX (y me imagino que también en el XXI) dentro del judaísmo ortodoxo está prohibida a las mujeres la participación activa en las escuelas (Bet-ha-Midrash) donde se enseña la Torá y se preparan los futuros rabinos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Diversos textos apócrifos, gnósticos en líneas generales, enfatizan la sabiduría de la Magdalena, en ocasiones junto con otras mujeres.
1. En el denominado Diálogo del Salvador, aparece María mencionada doce veces como interlocutora de Jesús, formulándole preguntas diversas. La más interesante es la cuestión 60:
“Dime, Señor, ¿para qué he venido a este lugar?… Dijo el Señor: Tú manifiestas la abundancia del Revelador” (A. Piñero Biblioteca de Nag Hammadi, II 183).
La respuesta es enigmática, pero se refiere sin duda a la excelencia de la discípula perfecta, María, que todo lo entiende bien, y que se encarga de transmitir la doctrina.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Los intentos recientes de Joseph Ratzinger de dar a entender la existencia de una conexión directa entre el laicismo y el ateísmo y la Shoah ("Holocausto"), y de ese modo negar o minimizar la posible conexión entre las Iglesias cristianas y el virtual exterminio de los judíos europeos en la cristiana Europa (y quizás también alejar momentáneamente la atención de los delitos y escándalos de que son protagonistas constantes sus colegas y subordinados eclesiásticos, y -en calidad de encubridor- quizás hasta él mismo) no son algo nuevo.
En 1987, el papa Juan Pablo II pidió a la Comisión Vaticana para las Relaciones Religiosas con los judíos determinar qué responsabilidad tenía la Iglesia –si alguna– en el asesinato de millones de judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Un cuarto de siglo antes (1963), la obra de Rolf Hochhuth, Der Stellvertreter (El vicario), había planteado públicamente la acusación de la complicidad papal en el Holocausto, suscitando el malestar católico por doquier.
Hoy escribe Antonio Piñero
Este escrito, El Evangelio de los egipcios, judeocristiano -perdido como obra completa, es citado fragmentariamente por Clemente de Alejandría antes del 215 d.C. (más un texto posterior, de Epifanio de Salamina)- es también importante, a mi parecer, para aclarar la función de la mujer en los grupos gnósticos. Por lo que nos ha transmitido Clemente citando este Evangelio, la actuación de Jesús es, cuanto poco, absolutamente chocante respecto al sexo y la generación de hijos.
Atención no se confunda este “Evangelio de los egipcios” con otro titulado igual de la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi, editado tanto en la edición de Trotta, vol. II, como en Todos los evangelios, de EDAF.
Hoy escribe Antonio Piñero
Después de publicar mi nota, numerada como 164-23, sobre “Un cristianismo que promocionaba una cierta independencia de las mujeres”, recibí una nota personal de mi amigo Ariel, a quien muchos de los lectores conocen, discrepando cortésmente del fondo de algunos aspectos de mi nota.
Al parecer di a entender que para el autor del Cuarto Evangelio María Magdalena ocupaba un papel muy importante. En verdad no es exactamente esa la idea que yo quería poner de relieve, sino –como indicaba la continuación del título de mi postal- que del Evangelio de Juan y su actitud con Magdalena podía deducirse la existencia de un rama del cristianismo que concedía una cierta importancia e independencia a las mujeres.
Ariel argumenta del modo siguiente:
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El ministerio de Juan en Patmos
El Apóstol continuaba su ministerio en la isla de Patmos predicando, catequizando y administrando el bautismo a los conversos. “Al día siguiente” después de los sucesos relacionados con Cínope, Juan salió de la casa de Mirón. Iba acompañado por Prócoro y por los treinta iluminados; con ellos se dirigió al hipódromo. Un judío, llamado Filón, experto en el conocimiento de la Ley, se puso a discutir con Juan acerca de los libros de Moisés y de los Profetas. Juan y Filón disentían en amplios espacios, ya que Filón insistía en la letra mientras que Juan interpretaba la Escritura según el espíritu. De acuerdo con sus criterios, Juan recordaba a Filón que la interpretación de la Biblia no tenía necesidad de vana palabrería, sino de un corazón puro.
Hoy escribe Antonio Piñero
Vamos a tratar en primer lugar casos difíciles en los que se alude a un discipulado perfecto de Jesús de las mujeres con metáforas sexuales.
1. El Evangelio de Tomás
Este escrito apócrifo fue compuesto en griego probablemente a mediados del siglo II; su autor es desconocido puesto que en su forma actual, gnóstica, no pudo haber sido redactado por (Judas) Tomás, “el mellizo” mencionado en Jn 11,16 y 20,24 que debió morir quizá un centenar de años antes de esta obra viera la luz.
Este evangelio tan bien considerado entre los investigadores presenta al lector, al menos aparentemente, como esposa de Jesús no a María Magdalena, sino a Salomé. Este personaje nos es conocido por el texto de Lc 8,1-3 que conviene citar de nuevo (es el único texto evangélico que habla de acompañantes femeninos de Jesús durante su ministerio público en Israel, es decir, fuera de la pasión:
Hoy escribe Antonio Piñero
Dijimos en la nota anterior que el fundamento de la apreciación de la mujer dentro de la Iglesia cristiana comienza sobre todo con el Evangelio de Juan. No niego aquí el valor del Evangelio de Lucas, que se ocupa de la mujer más que cualquier otro (quizás la perícopa de la mujer adúltera perteneciera a una de las excrecencias primeras de este evangelio y no al de Juan; la unción en casa de Simón el leproso y la alabanza de Jesús, cap. 7, etc.), pero que no destaca de modo tan especial el papel de Magdalena.
La primera noticia importante sobre María aparece en Jn 19, 25, en el ámbito de la Pasión:
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Clopás, y María Magdalena”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Poco a poco se impuso la reacción de las autoridades eclesiásticas, es decir, fundamentalmente los obispos, contra el exceso de disciplina y contra sus doctrinas afiladas y exigentes. También era notable que el fundador Montano se apoyara sobre todo en profecías concedidas por Dios a mujeres precisamente.
Así, los montanistas fueron condenados en Lyon antes de finalizar el siglo II, por promover la “división interna” en la Iglesia. En Asia Menor, los obispos, por ejemplo en el Sínodo de Hierápolis, cerca de la patria de Montano, tacharon de heterodoxos a los montanistas, de modo que hacia el 200 comenzó a expandirse por la Gran Iglesia la idea de que este movimiento era la “herejía de los frigios”.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En un Postscriptum a la serie de textos dedicados a la “Plegaria de las Emanaciones”, la oración griega encontrada en las excavaciones de Kellis en 1992 (P. Kell. Gr. 98), hace ya algunos meses comuniqué a los lectores que el año pasado Iain Gardner señaló la existencia de paralelos entre esa Plegaria (escrita en una tablilla escrita en Egipto y proveniente del siglo IV), una fuente en árabe (transmitida en el Fihrist o “Catálogo” del bagdadí an-Nadim) del siglo X, y varios textos fragmentarios en lenguas iranias encontrados en Turfán (Asia Central) provenientes de época medieval.
Este año, dos iranistas especialistas en maniqueísmo, el alemán Desmond Durkin-Meisterernst y el italiano Enrico Morano, han publicado finalmente el esperado volumen que contiene, entre otras muchas fuentes, el texto –transcrito– de los fragmentos partos (y un pequeño fragmento sogdiano) a los que se refirió Gardner: D. Durkin-Meisterernst – E. Morano (eds.), Mani’s Psalms. Middle Persian, Parthian and Sogdian Texts in the Turfan Collection ("Salmos de Mani. Textos en persa medio, parto y sogdiano de la Colección Turfan"), Brepols, Turnhout, 2010 (Berliner Turfantexte XXVII). Los fragmentos partos han sido catalogados como M 194, M 790, M 7352, M 8050 y M 8531.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como se dijo en la nota anterior, se percibe en este grupo, luego “herejes”, de los montanistas, las llamas del fervor espiritual y la gobernanza por el Espíritu que era muy propio de los inicios de la Iglesia judeocristiana y paulina
En efecto, el Señor Jesús no había revelado todo a sus fieles durante su vida antes y después de la resurrección; quedaban muchas cosas por aprender y esas las enseñaría el Paráclito, el Espíritu enviado por el Salvador, por medio de sus bocas.
Montano sostenía que se cumplía con sus propios oráculos y el de las dos profetisas mencionadas lo afirmado por Jesús en el evangelio de Juan:
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra tema acerca de la posición de la mujer en la Iglesia primitiva. Concluyo con un pequeño párrafo acerca de las viudas que complementa lo dicho anteriormente sobre estas matronas, como una especie de “cargo” dentro de la organización de la Iglesia primitiva.
En líneas generales el estatus de las viudas con cambia en la “época postapostólica” y sigue las líneas de actuación que señalábamos anteriormente en la nota 164-16. Resta sólo indicar que el estatuto de las viudas queda separado expresamente del orden menor del diaconado tanto en la Didaskalía siríaca como en las Constituciones apostólicas. Tenían cometidos especiales en las iglesias, como orar y recibir avisos divinos (¿revelaciones?) y hacer visitas domiciliarias a compañeras de fe necesitadas de consuelo u orientación espiritual.
A los miembros del estamento de las viudas no se les otorgaba una ordenación clerical expresa (por imposición de manos), como sí tenían la diaconisas.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Enfrentamiento con Cínope, el mago
Sigue a continuación un largo apartado consagrado al enfrentamiento de Juan con Cínope, mago que gozaba en Patmos de una alta consideración. Algunos lo consideraban nada menos que como a un dios. Vivía en una gruta solitaria a cuarenta millas de la ciudad, donde practicaba su magia con el apoyo de los demonios. A él recurrieron los sacerdotes de Apolo solicitando su ayuda en el contencioso con Juan, a quien había dejado libre el gobernador por la mediación de Mirón y Apolónidas, a pesar de haber causado la ruina del templo del dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Aunque el ámbito público y externo, el de los cargos eclesiásticos, no era precisamente el más propicio para la práctica de la virtud especialmente femenina, el pudor, y para el ejercicio de las cualidades propias de las mujeres, el control de lo doméstico, persistió en la Iglesia el rango del diaconado femenino. Tal institución no se perdió nunca, sobre todo en Oriente, mientras que en Occidente languideció, a tenor de la falta de fuentes durante mucho tiempo para acabar por resurgir con cierta pujanza en el siglo V.
Con toda claridad tenemos algunos textos de la Iglesia Oriental que vuelven a hablar del diaconado femenino a principios del siglo III (¿?) y a recordar las normas por las que debía regirse que son –como adelantamos- prácticamente las mismas que las que aparecen en las Epístolas Pastorales.
Hoy escribe Antonio Piñero
Es absolutamente necesario señalar en el momento en el que estamos en esta miniserie que lo que algunos comentaristas llaman hoy la Gran Iglesia es ni más ni menos que la iglesia fundamentalmente paulina que va poco a poco aglutinando en torno a sus ideas a otros grupos que en principio podían tener afinidades, fuertes en algunos casos, con otras corrientes, como el judeocristianismo: el Evangelio de Mateo; Epístolas de Judas y de Santiago; Apocalipsis, o con un cierto protognosticismo como el Evangelio de Juan.
De este modo, cuando en la segunda mitad del siglo II se llegue a un consenso entre las diversas iglesias de cuño paulino y se determine la lista de libros sagrados propios del cristianismo, ya separado del judaísmo, es decir el Nuevo Testamento, entonces y sólo entonces es cuando puede decirse que comienza la andadura del cristianismo como movimiento plenamente separado y autónomo respecto al judaísmo.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el haber de lo positivo dentro de los seguidores de Pablo han de señalarse dos logros respecto a la consideración de la mujer.
A. En primer lugar -y dentro de la tendencia antes indicada de una Iglesia que va acomodando su ética a un fin del mundo ya no inminente sino cada vez más lejano-, el que el autor de 1ª Timoteo diga ya de modo expreso:
“Quiero que las jóvenes se casen, que tengan hijos y que gobiernen la propia casa, no dando al Adversario ningún motivo para hablar mal” (5,14)
y que el autor de Hebreos honre la institución marital (13,4):
Hoy escribe Fernando Bermejo
Desde un punto de vista ético, tal vez no sea lo más preocupante el que diversas investigaciones recientes hayan mostrado que existen pruebas de que varios altos dignatarios vaticanos (según algunas, también Joseph Ratzinger en su época como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) han sido cómplices de numerosos casos de pederastia, al menos en la modalidad de encubridores, y que deberían comparecer por ello ante los tribunales de justicia. Al fin y al cabo, el corporativismo eclesiástico ha existido siempre y va a seguir existiendo.
Tal vez no sea lo más preocupante que las actuales alharacas del Vaticano y de las jerarquías eclesiásticas sobre la “intolerancia” con la pederastia no estén, por tanto, obviamente expresando una profunda convicción moral ni la sensibilidad moral de muchos (no todos, por supuesto, pero sí muchos) dignatarios eclesiásticos –cómplices (cuando no algo peor), junto con el pontífice, del encubrimiento de sus colegas pederastas–, sino solo el intento hipócrita y cínico de lavar la cara a una institución en un momento en el que resulta ya imposible ocultar la existencia de múltiples escándalos a la opinión pública. Al fin y al cabo, el cinismo de tantos dignatarios eclesiásticos no es nada nuevo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Preguntábamos: ¿de dónde se obtenía el dinero para pagar las prestaciones a diáconos, presbíteros y para las ayudas sociales?
Para una época unos cien años posterior a la que estamos considerando, Tertuliano (hacia el 210) nos informa del cómo…, y podemos suponer que cien años antes existía algo parecido, pues el sistema era ya usual en el judaísmo del que procedían en último término los cristianos. Éstos, una vez al mes, daban lo que podían de sus emolumentos o salarios al tesoro de la Iglesia:
Hoy escribe Antonio Piñero
En estas comunidades postpaulinas, cuya atmósfera social hemos intentado dibujar en las notas que han antecedido, sigue existiendo el diaconado en el que participan las mujeres, al parecer en pie de igualdad con los varones. Leemos en 1 Tim 3,8-13:
De la misma manera (griego hosaútos; se sobreentiende que los “obispos”: vv. 1ss), también los diáconos deben ser dignos, deben tener una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, 9 sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. 11 De igual manera (griego hosaútos), las mujeres (diáconos) deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. 12 Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. 13 Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Nuevos prodigios de Juan en Patmos
Había otro hombre rico en la ciudad de Forá que se llamaba Basilio y era el tribuno. Tenía una pena particular porque su esposa, Caris de nombre, era estéril por lo que no podría nunca dar a luz un hijo. Basilio tuvo noticia de que algo importante sucedía en casa de Mirón. Se dirigió a un sobrino de Mirón para informarse. Y supo de Juan, hombre que nunca se equivocaba cuando hacía alguna afirmación y que era capaz de hacer todo cuanto quería. El tribuno se acordó de su problema y se encaminó a casa de Mirón para encontrarse con Juan.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los sucesores de Pablo (los autores de las Epístolas falsamente atribuidas a Pablo= 2 Tes; 1 2 Tim Tito Col Ef) enmarcan su parenesis, es decir, su exhortación ética, acerca de la posición de las mujeres (e indirectamente sobre su función meramente doméstica en relación con su sexo, el amor y el matrimonio) en dos coordenadas:
1. En la doble realidad –ya señalada- de la imperiosa necesidad de acomodación de la estructura organizativa y de gobierno de las comunidades cristiana dentro del Imperio a las estructuras de éste, y a la realidad de la salvación en una iglesia más asentada en este mundo, puesto que el fin y la esperada venida del Mesías Jesús (parusía) no tenía lugar. En época postapostólica lo carismático, tan paulino (1 Cor 12 y 13) va perdiendo terreno. Por ello la actuación libre de la mujer en el nuevo ámbito o desaparece; o pierde terreno (una profetisa como Jezabel, antes mencionada, puede ser declarada ya hereje o “hija de Satánas”); o bien se acomoda a una comunidad ya regulada de otro modo no carismático ni doméstico.
2. En el orden de la creación, según las pautas de Gn 2,18:
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en la postal anterior hay probablemente un aspecto positivo en todo ellos en lo que respecta a la consideración de la mujer. Ocurriría con Pablo en este ámbito lo que pasa también cuando se considera la Epístola a Filemón. En ella el Apóstol no discute la situación y estado de la esclavitud, y la acepta sin más como existente en su propio sistema socio-económico implícito. Pero, en su comportamiento real con el esclavo Onésimo, es Pablo de una cordialidad y humanismo de tal calibre, que puso para el futuro las semillas en el suelo del cristianismo para que otros, con el tiempo, pudieran superar sus propias posturas, condicionadas por su época.
No puede afirmarse ni siquiera –de acuerdo con los textos conservados- que el hecho de que las comunidades paulinas estuvieran de facto regidas por mujeres garantizara que esas mismas féminas fueran conscientes de unas posibles exigencias sociales de emancipación, ni tampoco de la revolución que podría suponer en el mundo grecorromano su liderazgo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Naturalmente el cuadro paulino parcialmente igualitario en la intimidad del matrimonio no lo es, ni mucho menos, en la valoración social de la mujer, por el hecho de que Pablo postula como norma de convivencia social el que la mujer quede subordinada al varón. En este misma Primera carta a los Corintios escribe el Apóstol (11,3-10):
Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios. 4 Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza. 5 Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. 6 Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra.
Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos en la nota anterior que ahondaríamos en la idea de que para Pablo la soltería o el matrimonio no tienen en sí y por sí mismos ninguna importancia salvífica
Entre los primeros cristianos se daban –entre otras dos posturas extremas y contradictorias respecto al sexo, bien representadas entre los pertenecientes a esa comunidad griega de Corinto, fundada por Pablo: unos, totalmente contrarios al sexo; otros, los llamados “gnósticos libertinos”, para quienes el sexo era materia sólo corpórea y por tanto indiferente: podía practicarse, incluso con prostitutas, sin consecuencias para el espíritu (1 Corintios 6,13-16).
Estos cristianos, que se consideraban superiores gracias a haber resucitado ya espiritualmente y al don de su especial sabiduría (conocimiento o “gnosis”) recibida de Dios, pensaban que se había trastocado la esencia de su persona, que ésta se hallaba por encima de la “carne”, por lo que cualquier acto de sexo era en sí inocuo, indiferente, no afectaba al “espíritu”, su parte superior, ya unida con la divinidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos hoy explicando someramente qué es “cuerpo” en el pensamiento de Pablo. Nos apoyamos en la obra de Günther Bornkamm, citada en la postal anterior) que nos parece tener un resumen ideal sobre el tema.
B. “Cuerpo” es utilizado por Pablo muchas veces en un sentido que llamaríamos normal o directo: la presencia corporal del ser humano (1 Cor 5,3), los dolores y sufrimientos unidos a lo corpóreo (Gál 6,17 1 Cor 9,27), las relaciones sexuales (1 Cor 6,17; 7,14); abundancia o falta de fuerza física (Rom 4,19).
• También es familiar a Pablo la idea, común en la Antigüedad y elemental, de la unidad del cuerpo a pesar de la enrome diversidad de sus miembros y sentidos (Rom 12,4; 1 Cor 12,12).
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribimos y comentamos brevemente 1 Corintios 7, dejándonos, como es natural, otras perspectivas que ahora no nos ocupan.
29 Mas esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran; 30 y los que lloran, como si no lloraran; y los que se regocijan, como si no se regocijaran; y los que compran, como si no tuvieran nada; 31 y los que aprovechan el mundo, como si no lo aprovecharan plenamente; porque la apariencia de este mundo es pasajera.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Testamento de Augusto. Monumentum Ancyranum
Dejo esta jornada el tema habitual sobre los Apócrifos para presentar a mis benévolos lectores un trabajo mío recientemente venido a la luz. El título es Testamento de Augusto. Monumentum Ancyranum. Ha sido publicado por Ediciones Clásicas. Se trata de la inscripción descubierta en el siglo XVI en lo que fuera templo de Roma y Augusto en Ancira de Galacia, la actual Ankara. Una inscripción calificada por Th. Mommsen como “la reina de las antiguas inscripciones”, la más larga de las conocidas. Y aunque ya ha sido publicada en otras ediciones, estimo que ciertos aspectos no han sido suficientemente destacados, por lo que he creído oportuno hacer una nueva edición con un amplio comentario.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”
Hoy se piensa comúnmente que la gnosis no era una religión específica en el siglo I de nuestra era, sino una “atmósfera espiritual”, como un conjunto de ideas religiosas que circulaban por todo el Mediterráneo oriental ya incluso –es muy posible- antes de la era cristiana. Esta atmósfera conceptual, aun sin constituirse en religión, influyó como ideología subyacente en diversas religiones.
En el sistema de la gnosis es esencial un dualismo óntico y ético -de fuerte componente órfico y platónico por un lado e iranio, por otro-, según el cual el mundo del espíritu, de arriba, o de las ideas, o la luz, es el único bueno y verdadero, mientras que el ámbito de las tinieblas, de la materia, de abajo, lo corpóreo, es malo: es una degradación de la divinidad o último escalón del ser.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”
La innegable participación e influencia de las mujeres en las comunidades paulinas no tuvo en la ideología de Pablo una fundamentación teórica clara; más bien lo contrario. A pesar de la declaración fundamental, cristonómica, escatológica, de Gál 3,28 (transcrita completa más arriba: “…no hay varón, ni mujer: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”), Pablo mantiene una postura más bien contemporizante con las ideas sociales-jurídicas normales sobre la mujer de su entorno judeocristiano y el mundo helenístico-romano.
Cuando Pablo habla de la creación de la mujer por la divinidad en el inicio de los tiempos no cita el texto, más bien igualitario, de Gn 1,27 + 5,2 (“Y dijo Dios: hagamos al hombre a imagen nuestra… Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”), como sí lo hizo Jesús sintéticamente según Mt 19,4-6 = Gn 1,27 + 2,24.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”. Nos preguntamos ¿Sacerdotisas?
No existía en los principios del cristianismo ninguna figura parecida al “sacerdote” (del latín “sacerdos”, el que administra lo sacro) de hoy día, sino que los “presbíteros” o ancianos eran gente provecta que formaba el consejo que regía la comunidad, o bien que presidía la “fracción de pan” (aún no un sacramento).
La introducción al libro de Karen Jo Torjesen, Cuando las mujeres eran sacerdotes, El Almendro 2005, p. 15) es de una gran imprecisión a este respecto:
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”
D. Mujeres como maestras
En una organización tan laxa e incipiente como la de las iglesias domésticas paulinas, del hecho de que las mujeres fueran profetas parece deducirse que podrían actuar también como “maestras”. “Maestros y profetas” son los dirigentes espirituales máximos del grupo paulino como tal, a excepción de alguna comunidad, como la de Filipos, que adopta la forma de “asociación cultual” de tipo grecorromano normal, que tenía un “inspector” / “intendente” (o varios), diversos servidores (ministros o diáconos), un “tesorero”, etc.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro tema general, “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”
B. Mujeres como ministras o diaconisas (funciones a veces difícilmente distinguibles de las evangelizadoras):
• Rom 16,1: Febe (texto citado en la postal anterior).
• Rom 16,6: “Saludad a María que ha trabajado (griego kopiáo) mucho por vosotros”.
• Rom 16,12: “Saludad a Trifena y a Trifosa, trabajadoras (griego. en participio: kopiósas) del Señor. Saludad a la querida (hermana) Pérsida, que ha trabajado mucho (griego: ekopíasen ) en el Señor”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: “Viudas, mártires, diaconisas, sacerdotisas. Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas”
Más noticias tenemos sobre la participación de las mujeres en la actividad comunitaria, en diversas funciones, en los grupos de cristianos fundados por Pablo, o bien en los que él o sus cartas ejercieron alguna influencia (¿comunidad de Roma?).
El grupo paulino se caracteriza –según Gálatas 1 y 2- por tener “otro evangelio”, diferente por tanto del judeocristiano, basado fundamentalmente en revelaciones directas y exclusivas a Pablo, hechas por Dios naturalmente no sobre un suelo yermo y vacío, sino sobre la base de los previos conocimientos del judeocristianismo que tenía Pablo, pues había ido su perseguidor (Gál 1,13).
Las diferencias teológicas entre las comunidades paulinas y las judeocristianas hubieron de ser grandes; de lo contrario no se explica la necesidad de haber convocado un “concilio” en Jerusalén para llegar a un convenio (muy diferentemente narrado en Hch 15 y Gál 2).
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan en su destierro de Patmos
Era el lugar elegido para el destierro de Juan, un lugar poco propicio para una vida agradable. Desembarcaron, pues, en la ciudad de Forá, posiblemente la más importante de la isla. Allí fueron recibidos en hospitalidad por un rico ciudadano, de nombre Mirón. Tenía una abundante servidumbre y una situación social de prestigio, entre otras razones, porque era suegro del gobernador de la isla. El Apócrifo dedica todo el largo capítulo 20 a la extraña historia de Mirón y su familia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con la segunda entrega de la miniserie “Viudas, mártires, diáconos, sacerdotes… Panorama de las mujeres en las primeras comunidades cristianas"
La tradición primitiva judeocristiana sobre la resurrección de Jesús recuerda que -aunque las mujeres no fueran en el judaísmo circundante capaces de dar testimonio judicial por sí mismas- fueron de hecho los primeros testigos de ella (Mc 16,1-8, aunque se callan por miedo; Jn 20: María Magdalena es la primera testigo de la resurrección y transmite el mensaje).
Hoy escribe Antonio Piñero
El tema que vamos a tratar en esta miniserie lleva el título de esta primera postal. Ante esta tarea lo primero que creo debemos hacer es definir qué entendemos por “primeras comunidades”, puesto que en el cristianismo primitivo había varias y muy diversas dentro de él. Así:
1. La comunidad o “familia espiritual” constituida en torno al discipulado de Jesús;
2. Las comunidades judeocristianas de los inicios, por ejemplo, la de Galilea (de la que apenas tenemos noticias), la de Samaría (que quizás se refleje detrás del IV Evangelio), y sobre todo la de Jerusalén, dibujada directamente en los Hechos de los Apóstoles, en los evangelios judeocristianos tardíos, de finales del siglo II, conservados sólo fragmentariamente;
3. Las comunidades paulinas de los primeros momentos (hasta la muerte de Pablo: en torno al 60/62/64?);
4. Las comunidades deuteropaulinas formadas por los discípulos de Pablo (tal como se reflejan en las Epístolas Pastorales; en la 1ª Carta de Clemente, en el Pastor, de Hermas);
Hoy escribe Antonio Piñero
Después de reflexionar, pienso que la terminación de la postal de ayer fue demasiado sintética. No quiero que pueda surgir una mala interpretación de lo que escribí ayer. Me permito citar mi pensamiento de un modo más extenso, tomándolo de la Guía para entender el Nuevo Testamento:
• Pablo interpreta la figura del Jesús histórico de una manera distinta al modo como él se consideraba a sí mismo. Jesús se veía a sí mismo como un ser humano normal, aunque con una relación especialísima con Dios; Pablo, por el contrario, hace de Jesús un ser divino, preexistente.
• Modifica las ideas sobre un mesías judío con su liberación religiosa, social y política reservada fundamentalmente a Israel, proclamando un salvador universal, de todos sin excepción.
• Afirma que el acto de reconciliación con Dios no será cosa del futuro, sino que ocurrió ya en el pasado, en la cruz.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy con la transcripción y comentario de “Los cristianos” (Alianza Editorial 2010) de Jesús Mosterín.
“Se ha visto ya que en el judaísmo del siglo I había una gran variedad de tendencias o sectas, entremezcladas todas bajo el amparo legal de la sinagoga. Además de las corrientes más ortodoxas y centrales (como la de los saduceos –hasta su desaparición en la guerra judía-, la de los fariseos y la posterior rabínica), que insistían en la aceptación y cumplimiento íntegros de la Ley, había también en Palestina y en las sinagogas de la diáspora otras tendencias judías más o menos heterodoxas: los judíos helenizantes y universalistas (como Filón), los ascéticos apocalípticos (como los esenios y los bautistas), los cristianos, y los nacionalistas furibundos antirromanos (como los celotas y los sicarios).
“En el siglo I el cristianismo no era un movimiento doctrinalmente unificado, sino una pluralidad de tendencias distintas, que entendían el mensaje de Jesús sobre el próximo reino de Dios y la propia figura de Jesús de modos distintos. La unificación solo llegaría tres siglos más tarde, impuesta por la autoridad política. No sería ningún profeta, apóstol ni teólogo el que unificaría el cristianismo, sino el emperador Constantino.
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribo y comento a Jesús Mosterín ("Los cristianos", Alianza Editorial 2010) en sus últimos párrafos sobre Pablo de Tarso.
“Las historias de la muerte y posterior resurrección de los dioses, relacionadas con los ritos agrícolas y con las religiones mistéricas, eran frecuentes en la Antigüedad. Los jesusitas de Jerusalén debían de haber quedado muy decepcionados por la muerte de Jesús.
"Es posible que Pedro, el más fogoso de los discípulos, tuviera una alucinación o un sueño del difunto Jesús, y que se lo contase a otros. La habladuría habría llegado hasta Antioquía, donde con el tiempo se transformó en la leyenda de la resurrección de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Comenzamos por la apostilla a la postal del último día, que hemos dejado para hoy por su extensión.
No me cabe duda personalmente que desde el punto de vista del análisis lógico, hoy, en el siglo XXI, la lógica discursiva del apóstol Pablo respecto a la “justificación por la fe”, tanto en Gálatas como en Romanos es, en apariencia y de facto, no defendible lógicamente. El punto de partida, un contenido hoy considerado mítico, a partir de “hechos” “incontrovertibles” de la Escritura, y el modo discursivo paulino, que no resiste las leyes elementales del silogismo -puesto que en ocasiones de premisas insuficientes se obtienen conclusiones más allá de lo permitido en las premisas- no resiste un análisis lógico
Otra cosa es que Pablo sintiera que estaba actuando irracionalmente y que lo admitiera, que aceptara por mor de su fe en Cristo una irracionalidad. No era así. Para Pablo y para otros hombres del siglo I, el ámbito de las “realidades religiosas” en el que vivían era rigurosamente real, no mítico, y hasta cierto punto perceptible, por medio de ensueños y visiones, de las que no se dudaba de que procedían, sin duda, de la divinidad. Por tanto, “razonar” a partir de esas premisas no era para ellos, que no eran tontos, algo irracional.
"
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Juan de Zebedeo en los Hechos de Juan de Prócoro
Travesía de Éfeso a Patmos
Cuenta luego el autor el viaje marino camino del destierro en la isla de Patmos. Y da detalles nimios sobre los alimentos de que disponían. A saber, seis onzas de pan para los dos, medio litro de agua y un vaso de vinagre. Juan tomaba dos onzas de pan y la octava parte del agua; el resto se lo dejaba a Prócoro. A los tres días de navegación, se entretenían los soldados y los pasajeros después de comer cuando un joven cayó al mar.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos transcribiendo y comentando el cap. 3º sobre Pablo de Tarso, de J. Mosterín
“Incluso aceptando las novedades paulinas, uno podría pensar que el Cristo, como redentor universal, inmolándose por todos, habría librado a todos del pecado hereditario, y punto. Pero no, Pablo complicó las cosas con su nueva doctrina de la salvación por la fe (pístis), que luego sería adoptada por Agustín y Lutero. Ya no sería la Ley, la Torá, ni las buenas obras, ni la virtud y ni siquiera la obediencia lo que salva, sino solo y exclusivamente la fe en el Cristo redentor Jesús.
Apostilla:
Opino que Pablo pretendió simplificar en extremo el acto de la salvación de los gentiles. Para un judío normal, la salvación viene sólo de la “ortopraxia”, traducida en un cumplimiento leal y puntilloso de la Ley. Para Pablo el acto de fe, impulsado y ayudado por la gracia concomitante de Dios (formulación posterior) sustituye a la ortopraxia. Es una comodidad enorme y mucho más sencillo. La salvación por la fe sólo puede entenderse y sólo pudo surgir en un ámbito intelectualista helénico, no puramente judío.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos transcribiendo y comentando el cap. 3º sobre Pablo de J. Mosterín.
“Jesús había predicado la inminente llegada del reino de Dios, pero el cristianismo primitivo cambió de óptica, fijándose no tanto en el mensaje como en el mensajero. En la famosa frase de Rudolf Bultmann (1884-1976), “el proclamador se transformó en el proclamado”.
“Pablo inventó la figura del Cristo redentor y el drama cósmico de la redención de la humanidad. Pablo transformó la noción judía del mesías liberador militar de su pueblo en una figura divina y sacrificial llamada a liberar a todos los pueblos del pecado y de la muerte.
“Según Pablo, Dios, no como juez, sino como soberano, puede indultar a los hombres pecadores, a base de ofrecerse a sí mismo un sacrificio expiatorio que aplaque su ira divina y lo haga indultar a los hombres. En efecto, los hombres son incapaces de purgar su culpa por sí mismos, de ofrecer un sacrificio de la suficiente importancia y valor. Dios se ofrece a sí mismo el sacrificio de sus propio hijo, Jesús, que, él sí, tiene bastante enjundia para aplacar al Padre. El efecto de ese sacrificio es el indulto de los pecadores, la salvación de los hombres, pero solo a condición de tener fe en el mesías Jesús, el “cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos transcribiendo y comentando el cap. 3º sobre Pablo del libro “Los cristianos”, Edit. Alianza, Madrid, 2010, de J. Mosterín
“En Pablo se encuentran los primeros indicios de la noción de pecado hereditario, ancestral u original, aunque la expresión misma ‘pecado original’ y el desarrollo de la correspondiente doctrina solo aparecen con Agustín de Hipona, tres siglos más tarde.
“Enlazando con el mito hebreo de Adán, Pablo considera no solo que Adán cometió el más grave de los pecados al comer el fruto prohibido (cosa a todas luces sacada de quicio), sino que incluso todos sus descendientes, la humanidad entera, por el mero hecho de serlo, han heredado la culpa y son reos de muerte (cosa tan absurda que nunca se había planteado siquiera en el judaísmo, ni se plantearía luego en el islam).
Hoy escribe Antonio Piñero
• Circuncisión y caducidad de la Torá
“El miedo y el rechazo que producía entre los gentiles la exigencia de la circuncisión mantenía a los temerosos de Dios en la periferia de la sinagoga; no se animaban a circuncidarse y adoptar toda la Ley judía, con su pesada casuística, convirtiéndose así en prosélitos.
Apostilla:
La no necesidad de la circuncisión hizo que las damas se “convirtieran” más fácilmente que los varones. Pero aceptar la ley ritual y alimentaria era también una pesada carga
Hoy escribe Antonio Piñero
Sigo con la transcripción –con reordenación, en ciertos casos- de los párrafos de Mosterín, cap. 3º de su obra “Los cristianos” de Alianza Editorial.
• Adaptación de los cristianos al Imperio romano
“Una vez convencido de sus nuevas ideas judeocristianas, la principal preocupación de Pablo era el marketing del cristianismo, el asegurar a cualquier precio la extensión del mensaje cristiano paulino entre los gentiles del Imperio romano.
“La primera dificultad con que se enfrentaba era la fama de subversivos y peligrosos que los cristianos tenían entre las autoridades establecidas, debido a las circunstancias de la muerte de Jesús, ajusticiado por rebeldía. Pablo trató de borrar la huella del carácter antiautoritario y socialmente conflictivo de Jesús; por ello aconsejó a los cristianos tener la conducta menos provocativa posible, presentándose siempre como pacíficos, obedientes a la autoridad establecida, socialmente conformistas, sumisos y leales al Imperio.
Sométase todo individuo a las autoridades constituidas; no existe autoridad sin que lo disponga Dios y, por tanto, las actuales autoridades han sido establecidas por él. En consecuencia, el insumiso a la autoridad se opone a la disposición de Dios y los que se le oponen se ganarán su sentencia. [...] Si no eres honesto, teme, que por algo lleva [la autoridad] la espada: es agente de Dios, ejecutor de su reprobación contra el delincuente. [...] Y por la misma razón pagáis impuestos, porque son funcionarios de Dios dedicados en concreto a esa misión (Romanos 13).
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribo –reordenando un tanto- la síntesis sobre el pensamiento del Apóstol, confeccionada por el filósofo e historiador de las ideas, J. Mosterín. Se trata de una síntesis, a modo de fogonazos. Es interesante, estimo, para los creyentes ver cómo se ven las cosas desde fuera.
• Pablo y el monoteísmo frente al politeísmo gentil
“Pablo se dirigía en sus cartas a conversos, prosélitos y temerosos de Dios, que ya creían en el monoteísmo, por lo que no necesitaba argumentar a su favor.
• Pablo admite la existencia de démones/espíritus/ mal llamados dioses:
“Además del dios único de Israel, Pablo admitía una variada demonología, demonios y espíritus maléficos diversos.
“Pues aunque hay los llamados dioses, ya sea en el cielo, ya en la tierra –y de hecho hay numerosos dioses y numerosos señores—, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre" (1 Cor 8, 5-6).
“Conforme a la concepción helenística popular, los demonios influyen constantemente en nuestras vidas. El mismo Satanás se interfiere en la de Pablo: “nos propusimos haceros una visita, ... pero Satanás nos cortó el paso” (1 Tesalonicenses, 2: 18).
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan arrojado en una caldera de aceite hirviente
Los capítulos 8-11 de los Hechos de Juan escritos por Prócoro se han conservado solamente en su versión latina. Tratan del viaje de Juan a Roma para ser juzgado por orden del emperador Domiciano. Si Juan persistía en sus errores, sería justamente castigado. Pero Juan manifestaba su disposición a morir antes que traicionar a su Maestro, lo que disgustó al procónsul hasta el paroxismo porque consideraba la postura de Juan como delito de lesa majestad.
Hoy escribe Antonio Piñero
La descripción por Mosterín de la vida misionera de Pablo sigue más o menos la pauta de los Hechos y la reconstrucción hoy dominante entre los investigadores de las cartas auténticas de Pablo. Por ello admite como auténticas las siguientes:
“Las cartas o epístolas (en griego, epistolaí) de Pablo conservadas y consideradas genuinas son (como es conocido y admnitido en general):
• Carta 1 a los Tesalonicenses, escrita en Corinto hacia 50. Es el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, y el escrito cristiano más antiguo conservado.
• Carta a los Gálatas, escrita hacia 56.
• Carta 1 a los Corintios, escrita hacia 56.
• Carta a los Romanos, escrita en Corinto hacia 57.
• Carta a los Filipenses, escrita en la cárcel en Éfeso, hacia 54-57.
• Carta a Filemón, escrita entre 54 y 62.
• Carta 2 a los Corintios, mezcla de escritos de varias épocas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribiré en extracto y apostillaré donde parezca oportuno el capítulo 3º, dedicado a Pablo de Tarso. Omito el inicio del capítulo, donde trata Mosterín los datos básicos y elemntales de su vida, conocidos por Hechos de los apóstoles o por él mismo. Inicio el tema con la educación de Pablo:
“A diferencia de Filón de Alejandría, que asimiló la filosofía griega y trató de incorporarla al acervo cultural judío, mostrando que coincidía con la Torá bien interpretada, Pablo se mostraba ignorante y despreciativo de la filosofía, a la que rechazaba de plano. Aunque influido por la cultura popular helenística de las clases bajas, ignoraba cualquier sutileza filosófica. Cita con aprobación al profeta Isaías (29,14):
“Oráculo de Yahvé: Destruiré la sabiduría de los sabios, reduciré a la nada el entendimiento de los prudentes”.
Y añade de su cosecha:
¿Acaso no hizo Dios estúpida la sabiduría de este mundo? Mirad: cuando Dios mostró su saber, el mundo no lo reconoció; por eso Dios tuvo a bien salvar a los que creen en esa locura que predicamos. Pues mientras los judíos piden señales y los griegos buscan saber, nosotros predicamos un Cristo crucificado, para los judíos un escándalo, para los paganos una locura [...] Pero la locura de Dios es más sabia que los hombres [...] Y si no, hermanos, fijaros a quiénes os llamó Dios: no a muchos intelectuales ...; todo lo contrario: lo necio del mundo se lo escogió Dios para humillar a los sabios (1 Corintios 1, 20-27).
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribimos y comentamos el final del capítulo sobre los primeros cristianos del libro de J. Mosterín, “Los cristianos”.
“Durante las épocas de Julio César y de Octavio César Augusto, la población judía aumentó no solo por su crecimiento demográfico, sino también como resultado de un activo y exitoso proselitismo entre los gentiles del ancho mundo helenístico.
“En el acercamiento de los gentiles al judaísmo había dos grados. El prosélito (prosélytos) propiamente dicho era un gentil que había abrazado el judaísmo completamente, habiéndose sometido a la circuncisión, y aceptando todas las reglas rituales de la Ley judaica, con lo que pasaba a ser un miembro a parte entera de la sinagoga.
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribimos y comentamos el capítulo sobre los cristianos primitivos del libro “Los cristianos”, Alianza, Madrid, 2010.
“Algunos jesusitas emigraron a Antioquía y Damasco, donde constituyeron comunidades cristianas, en las que tuvo lugar un proceso de glorificación de la figura de Jesús. Allí se forjó la creencia de que Jesús habría sido nombrado por Dios el mesías que habría de venir a juzgar a todos los humanos, lo cual iba mucho más lejos de lo que él mismo había predicado. Jesús nunca dijo que fuera el mesías; mucho menos Dios, desde luego.
“Jesús Nazareno resultó ser un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. Lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron, cuando nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel” (Lc 24, 19-21).
“En Antioquía los jesusitas fueron llamados por primera vez cristianos, khristianoí, artificioso vocablo grecolatino procedente de khristós, traducción griega del hebreo mashíaj, mesías, ungido. Los cristianos serían los partidarios del mesías Jesús, del Cristo Jesús, de Cristo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos transcribiendo y comentando el capítulo sobre los primeros cristianos del volumen de Jesús Mosterín. Como hemos dicho ya, este libro expone los puntos de vista por lo general suficientemente desapasionados, externos, asépticos, de un historiador moderno del pensamiento.. Me parecen interesantes como dignos de contraste con la creencia general no digo ya de las masas, sino de las personas cultas, de nivel medio, no especializadas en temas religiosos, pero que han vivido en una atmósfera tradicionalmente católica.
“Los discípulos de Jesús, galileos, una vez repuestos de la noticia de su muerte, esperaban que algo sucedería, que resucitaría o que se produciría algún signo de la llegada del reino de Dios. Por eso se movieron desde Galilea, que era mera provincia, a Jerusalén, donde seguramente tendrían lugar los prodigios importantes.
“La expectación milenarista, apocalíptica, escatológica, estaba en el ambiente judío palestino desde hacía tiempo y era común a los jesusitas y a otros grupos. Los primeros cristianos (jesusitas o paulinos) esperaban la inminente parousía, es decir, la vuelta (o segunda venida) de Jesús y la restauración del reino de Dios, en Jerusalén. El mismo Jesús (según Marcos) había animado esa febril expectación: “Os aseguro que antes que pase esta generación todo esto sucederá”. (Mc 13, 30). El Evangelio de Mateo incluso le atribuye este portentoso anuncio, que incluye la misma frase:
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribo la opinión de J. Mosterín al respecto:
“En la época de la muerte de Jesús, Jerusalén era a la vez una ciudad judía y helenística. Más del 20 por ciento de los habitantes de Jerusalén tenían el griego como lengua materna. Entre los primeros cristianos había gentes de lengua aramea y lengua griega. Los dos grupos se reunían por separado y celebraban ceremonias religiosas en sus respectivas lenguas.
“Los judíos helenizados de la diáspora y los temerosos de Dios que giraban en torno a sus sinagogas entraron en contacto con los primeros cristianos durante sus peregrinaciones a Jerusalén, y por la predicación de Pablo y sus amigos. Mientras la comunidad jerosolimitana persistió (hasta la destrucción de la ciudad en 70), esta constituyó el centro neurálgico del cristianismo primitivo y frenó las tendencias paulinistas y helenizantes. Algunos de los judíos y temerosos que hablaban griego y peregrinaban a Jerusalén se quedaron allí y se convirtieron al cristianismo, constituyendo así una nueva fracción helenizante del cristianismo, junto a la hebrea jerosolimitana.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Juan en los HchJnPr
La fiesta de Ártemis
No debemos olvidar que nos encontramos en Éfeso, la gran capital de Asia, donde se encontraba el inmenso Artemision o templo de la diosa Ártemis o Diana. Por los Hechos de los Apóstoles conocemos los problemas con que tropezó Pablo cuando predicó en la ciudad. El grito de guerra de sus opositores aludía a la “Gran Artemisa de los efesios” (Hch 19). Prócoro cuenta igualmente de la devoción de los efesios y de las circunstancias de su fiesta.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sobre los discípulos de Jesús escribe nuestro autor:
“Eran hombres de temperamento calenturiento y predispuestos a todo tipo de milagros. Es posible que Simón, apodado “piedra” o Pedro (Pétros, en griego; Kefas, en arameo) tuviera una alucinación o visión de Jesús, que acabaría por contagiarse a otros. Pedro, pescador galileo que había seguido a Jesús, tenía un temperamento especialmente ardiente. Según el Evangelio de Juan, defendió a Jesús a espadazos durante su prendimiento, aunque luego renegó de él, negando haberlo conocido, por miedo a ser arrestado. Fue uno de los tres dirigentes de la comunidad jesusita de Jerusalén, junto a Jacobo y Juan. Murió hacia 64. Las presuntas epístolas de Pedro del Nuevo Testamento fue escritas después de su muerte, y reflejan más las ideas de Pablo que las suyas.
“La Iglesia Católica ha mantenido la tradición de que Pedro en algún momento se trasladó a Roma, donde fue crucificado, tradición fundamental para toda la ideología del papado. De todos modos, no sabemos si Pedro fue a Roma o no. En 1968, el papa Pablo VI anunció que los huesos de un hombre adulto del siglo I encontrados en una excavación en el Vaticano eran los de Pedro, como si no hubiera habido otros hombres adultos en la Roma del siglo I. Es cierto que el nombre ‘Simón’ aparece en algunas lápidas, pero también aparecen otros nombres judaicos frecuentes en la época, como los de Jesús, María y Jacobo, sin que nadie pretenda que esos personajes bíblicos estén enterrados allí.
Hoy escribe Antonio Pîñero
Me permito copiar aquí, a modo de excepción mi respuesta a la pregunta del comentarista "Socho" (véanse los primeros comentarios, cronológicamente a la postal del día 26-08-2010, hacia las 12,53), porque no es la primera vez que me lo preguntan, y considero que, si no la repito aquí, mi respuesta pasará desapercibida para los que no lean los comentarios a la nota anterior.
Comentario; (respeto su sintaxis y ortografía)
Cúal es su postura profesor, y argumento, sobre el por qué del "triunfo" e influencia doctrinal de Jesús respecto a los demás personajes mesiánicos? -- Cuáles y por qué son los aspectos que Usted valora que hicieron "funcionar" y quedar para la posteridad las doctrinas y enseñanzas de Jesús? (incluyo ya la influencia Paulina y la misión de los apóstoles en los futuros adeptos, ya dando por sentado que estos actuaron y fueron arraigadamente influenciados directamente por la actividad de Jesús, -excepto Pablo que fue por revelación, pero suponiéndola cierta, igualmente viene de Jesús)
-Espero dejar mi cuestión bien aclarada. Saludos cordiales.
Hoy escribe Antonio Piñero
Inicio hoy la segunda parte del comentario a “Los cristianos” de Jesús Mosterín. Transcribiré lo más importante, aunque introduciré algunas pequeñas correcciones y efectuaré pequeñas apostillas o comentarios. Algunas ideas de Mosterín han salido ya en postales anteriores, pero ahora se mostrarán en su contexto.
La comunidad jesusita
“A la muerte de Jesús, muchos de sus discípulos, atemorizados, huyeron a Galilea, pero luego algunos regresaron a Jerusalén y se reincorporaron al culto del templo: “se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. Y se pasaban el día en el templo bendiciendo a Dios” (Lc 24, 52).
“Mantenían vivo el recuerdo del santón nazareno, aunque seguían integrados en las instituciones judías, en el culto del templo y en el respeto a la ley judaica. Algunos jesusitas pensaban que Jesús había sido en realidad el profeta o mesías que los judíos esperaban, y que había anunciado la próxima llegada escatológica del reino de Dios. Todo ello los convertía en una secta judía más, perfectamente compatible con el judaísmo de la época, lleno de expectativas escatológicas y mesiánicas. Nadie pretendía que Jesús mismo fuera Dios, ni que hubiera resucitado, ni que fuera otra cosa que el hijo de José y María.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometí, expresaré brevemente mi punto de vista sobre el capítulo acerca de Jesús en el libro “Los cristianos” (Alianza Editorial, Filosofía, Bolsillo), que hemos extractado usando las propias palabras del autor.
Para juzgar este libro hay que tener en cuenta, en primer lugar, lo que pretende. Se trata de un volumen breve de una historia general del pensamiento, hecho por un filósofo e historiador de las ideas, con un formato limitado y para un público generalista. Por ello, el autor detiene su atención sobre todo en las ideas maestras de los personajes que trata y en su impacto general en la historia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el tema sobre Jesús según Mosterín. De la muerte de Jesús escribe:
“La Palestina de la época era un país en efervescencia religiosa y política. El año 6 había habido una revuelta contra los tributos imperiales, que los romanos habían aplastado implacablemente. Quizás Jesús se acordaba de ello. Predicadores apocalípticos y carismáticos recorrían los campos o se retiraban al desierto. Los esenios seguían a un “maestro de la justicia” de ideas escatológicas no muy distintas de las de los jesusitas. Muchas ideas y frases - como “la lucha entre la luz y las tinieblas”- estaban en el aire y aparecen tanto en los textos esenios como en los evangelios e incluso en los gnósticos.
“Cuando finalmente Jesús se decidió a subir a Jerusalén, su presencia y la de sus seguidores armados resultó lo suficientemente conflictiva como para que las autoridades judías estuvieran asustadas, temiendo una alteración del orden público que provocara la represión romana. Los sacerdotes saduceos que gobernaban el templo y el país se curaron en salud, denunciando ellas mismas a Jesús por rebelión ante el procurador romano, antes de que este interviniese de oficio.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sobre los momentos finales de Jesús, en concreto lo que él denomina "El conato de rebelión" escribe el Prof. Mosterín:
"La predicación de Jesús en Galilea se saldó en un fracaso. Rechazado en su tierra (“a ningún profeta lo aceptan en su tierra” –Lucas 4, 24), incomprendido por su propia familia, Jesús decidió dar un gran salto hacia delante, y llevar su predicación al corazón mismo del judaísmo, a la ciudad sagrada de Jerusalén. Allí confrontaría directamente al establishment y en el mismo templo inauguraría el reino de Dios.
"Los discípulos de Jesús se embarcaban en una peligrosa aventura que implicaba confrontación con la autoridad establecida y quizás incluso rebelión armada. Tenían que estar dispuestos a sacrificarlo todo: la propia familia, los bienes, incluso la vida, como con frecuencia ocurre en las sectas absorbentes y los grupos guerrilleros:
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Juan en los Hechos escritos por Prócoro (HchJnPr)
Es el segundo de los grandes apócrifos que contienen la narración relativamente completa del ministerio del apóstol Juan de Zebedeo. Una obra que ofrece abundantes novedades de tipo informativo. Una de ellas es la presentación de los personajes protagonistas y el contexto de sus respectivas misiones. Como debieron empezar todos los Hechos Apócrifos en opinión de R. A. Lipsius, la narración se inicia con la escena del reparto de las zonas de misión. Con ello tenemos una versión de las circunstancias que llevaron a Juan a la evangelización de Asia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos ofreciendo la perspectiva de Jesús Mosterín sobre Jesús de Nazaret:
"Como Juan el Bautista, Jesús parece haber sido de tendencia igualitaria y pobrista en asuntos sociales. Jesús tenía una manera poco convencional de mezclarse con los pobres, los recaudadores de impuestos, las prostitutas y otros personajes de dudosa reputación. Su predicación escatológica se dirigía a los desheredados de la fortuna, a los que prometía la inversión de su suerte, la vuelta de la tortilla, en la ya próxima instauración del Reino de Dios en Israel.
Dichosos vosotros los pobres, porque tenéis a Dios por Rey. Dichosos los que ahora pasáis hambre, porque os van a saciar. Dichosos los que ahora lloráis, porque vais a reír (Lc 6, 20-21)
Hoy escribe Antonio Piñero
Como dijimos, transcribo, en su mayor parte, lo que de Jesús de Nazaret piensa el filósofo e historiador de las ideas Jesús Mosterín
Sobre la vida pública de Jesús escribe:
"Cuando Juan Bautista fue arrestado, hacia 28, Jesús dejó de bautizar, y se dedicó durante los dos años de vida que le quedaban a la predicación en las aldeas de Galilea. Actuaba como santón de tendencia apocalíptica, que esperaba el fin del mundo presente y la llegada del reino de Dios de un momento a otro.
Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, ya llega el reino de Dios. Enmendaos y creed la buena noticia (Mc 1, 14-15).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema que teníamos la semana pasada. El tratamiento sobre Jesús en el libro de Mosterín (de formato bolsillo: caja pequeña) ocupa pocas páginas, unas 13. Como el tema es importante y considero que el punto de vista del filósofo y estudioso de las ideas es importante, voy a dejarle en este tema prácticamente la palabra. Transcribo casi todo, pero al final de esta miniserie emitiré mi crítica o mis apostillas.
Escribe Mosterín sobre el ambiente religioso en el que nació Jesús y que contribuyó precisamente a su fama y a la difusión de su doctrina:
Hoy escribe Antonio Piñero
En la postal de hoy transcribo el epílogo del libro, el Juicio Final:
Cuando el lector llegue a esta página es de esperar que le quede, al menos, una idea clara e importante: ninguna de las concepciones del cristianismo primitivo en torno al Juicio Final, sus antecedentes y preparativos –como el Reino de Dios y las nociones en torno a la muerte y resurrección de los futuros encausados-, el acto del proceso divino a la humanidad, y sus consecuencias de premios y castigos –cielo e infierno- es original. El conjunto formado por las nociones cristianas respecto al Juicio puede formar una representación pictórico-conceptual imponente, pero no tiene nada de peculiar.
En el caso del Juicio final se demuestra con claridad cómo se sitúa el cristianismo entre las religiones de su tiempo, como un gran lago al que fluyen aguas de muy diversa procedencia, en donde reposan y se mezclan. Luego esas aguas siguen su imponente curso como un gran río que a lo largo de la historia avanza, progresa, perfila su cauce y el contenido de sus aguas y forma como un cauce ya propio. Pero sus orígenes son claros y vienen tanto de la religiosidad egipcia, como de la irania, como de ciertos gérmenes que se incoan con fuerza en la misma religión judía antigua desde tiempos posteriores al exilio en Babilonia…
Hoy escriben Antonio Piñero y Javier Alonso
En la postal de hoy ofrecemos el prólogo del libro, El juicio final:
Este libro es el segundo de una serie que tiene como origen un curso en la Universidad Popular de Logroño, celebrado en la Semana Santa del 2008. El curso anterior, plasmado también en forma de libro con el título La verdadera historia de la Pasión (Edaf 2008), fue la primera entrega de una serie que esperamos sea duradera.
En este volumen como en el anterior, la intención de los editores ha sido respetar escrupulosamente el pensamiento y la letra del autor de cada una de las conferencias originales y su posterior reelaboración en forma de capítulo. La tarea de edición apenas ha sido más que la unificación de criterios para la imprenta, sin retoques de fondo. Por tanto, cada autor es el responsable único de las ideas vertidas en cada uno de los capítulos. La continuidad con el volumen precedente radica en la misma idea directriz: un tema tan importante en el cristianismo antiguo como el del gran Juicio Final, y del posterior destinos de los mortales no podía ser entendido bien hoy día sin una exposición del contexto adecuado, mediato e inmediato en el que se sitúan las ideas cristianas: el del judaísmo de su tiempo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero presentar hoy un libro, mío en parte, del “Grupo Laurus” (el mismo que escribió El verdadero relato de la Pasión, de Editorial Edaf) que ha salido hace una tres semanas. Desgraciadamente, con el cambio de sistema de la página web de Flickr (ligado al redactor de esta página de Religiondigital, desde el principio) no podemos –o no puedo- ya mostrar la imagen de la cubierta. Esperemos que el “Webmaster”, o los responsables de la Página lo arreglen. He aquí los datos del libro:
Antonio Piñero y Eugenio Gómez Segura (editores), El Juicio final en el cristianismo primitivo y las religiones de su entorno. Editorial EDAF, Madrid 2010, 330 pp. ISBN: 978-84-414-2505-7.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Metástasis de Juan
Es la última unidad literaria de los HchJn, en la que se cuentan sus últimos momentos y su sepultura. En primer lugar, recoge el discurso de despedida, dirigido a los hermanos, en el que Juan les recordaba los dones que habían recibido de Dios así como la garantía de su piedad y su misericordia. Luego, elevaba una plegaria a Jesús como sembrador de la palabra buena, defensor, bienhechor, salvador misericorde para solicitar su ayuda.
Hoy escribe Antonio Piñero
Queda la cuarta y última característica de la consideración de los Evangelios desde el punto de vista crítico de la Historia de las formas (Heinrich Zimmermann, pp. 143s), con algunas aclaraciones y ampliaciones.
Si la finalidad intencionada de los Evangelios es el anuncio/proclamación de Cristo, entonces hay que admitir como necesaria la actualización de esta predicación. La predicación se hace en el momento presente, lo que lleva consigo a tener siempre en cuenta la existencia y las necesidades de una comunidad determinada, o porción de la Iglesia, en una situación o contexto vital determinado (recordemos: “Sitz im Leben”).
Hoy escribe Antonio Piñero
Quedamos el día anterior en explicar las dos últimas fundamentales de los Evangelios según el método de la historia de las formas. Seguimos a Heinrich Zimmemann, Los métodos histórico críticos en el Nuevo Testamento, B.A.C., Madrid, 1966, p. 142s, con pequeñas variaciones expansivas.
3. “El tercer rasgo de la interpretación de la tradición por el método de la historia de las formas es el siguiente: La predicación primitiva se hacía en forma de relato o exposición ‘histórica’. Esta frase significaría -formulado en su lado negativo- que los Evangelio no son lo que a primera vista pudiera parecer, lo que cree la gente comúnmente y lo que hemos criticado ya en ocasiones: no son exposiciones de una vida de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Prometimos en la nota anterior enumerar las características fundamentales del género literario “evangelio”, que son cuatro e importantes, según Heinrich Zimmermann (p. 142s), al que seguimos con pequeñas variaciones.
1. “La primera es la indudable proximidad a la tradición sobre Jesús, que se manifiesta en la conexión con la tradición ya formada y el estado en el que se conserva ulteriormente. Los evangelistas son en realidad ‘compiladores’ –aunque no exclusivamente-, transmisores, redactores.
“Este hecho se advierte en el modo como yuxtaponen, de una manera más o menos suelta las perícopas, cada una de ellas unidad ‘conclusa’, que cuenta con su correspondiente historial antes de haberlas situado el evangelista en el marco de su Evangelio. Al fijar esta característica queda dicho que no se trata, en los Evangelios, de una literatura ‘hecha’, elaborada, sino que se ha ido haciendo; pero por lo mismo no es una mera creación subjetiva, sino una cuidada redacción que tiene por fondo una tradición elaborada por muchas bocas y manos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Escribe Heinrich Zimmemann en los Métodos histórico-críticos en el Nuevo Testamento, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, nº 285, 1969, p. 141 (en conjunto –creo- la mejor introducción a los métodos histórico críticos que conozco a pesar de sus años):
“Según la historia de las formas, los evangelios desde el punto de vista histórico de los géneros no se pueden catalogar entre las obras de la antigüedad que se dedicaban a escribir historia. Imposible tomarlos ni como “vidas” en el sentido de la biografía helenística, ni como colección de ‘historias’ en el sentido de los memoriales de la literatura antigua. En realidad los evangelios no muestra ningún interés por el desarrollo exterior o interno de Jesús, su origen, su formación o su carácter humano.
“Falta en los evangelios el ‘retrato literario’ de Jesús como falta el de los discípulos, el de los enemigos y el del pueblo. Tampoco se atienen los evangelistas escrupulosamente a una cronología de la vida de Jesús. La descripción de las situaciones son la mayoría de las veces buhidas y generales (“Después de esto”, “En aquel tiempo”, “en la casa”, “en el monte”, “junto al mar”, etc.).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el comentario y crítica de este libro. Lo que haremos será un largo resumen de él; luego –intercaladamente- procederemos a hacer nuestras apostillas o críticas. Como creo que el libro es importante por lo que supone de síntesis crítica de muchos años de investigación y lecturas por parte del autor, y porque creo que la materia abordada es muy sensible iremos despacio y a ser posible emplearemos las propias palabras del autor.
Lo primero que se plantea Mosterín (= M.) es la existencia real de Jesús. Pensaba -¡ingenuo de mí- que era ésta una cuestión ya solventada entre los investigadores, pero veo que no.
“¿Existió realmente Jesús, o es una figura inventada por los cristianos posteriores? No lo sabemos. Desde luego, Jesús, si existió, pasó bastante desapercibido, no siendo registrado en los anales de su época ni en los escritos de sus coetáneos. De hecho, ninguna fuente (griega, romana o judía) contemporánea lo menciona siquiera.
Hoy escribe Antonio Piñero
Voy a comentar –interrumpiendo un poco nuestro paso por la historia y método de la investigación del Nuevo Testamento, que retomaremos en su momento- un libro muy reciente del filósofo Jesús Mosterín que nos afecta directamente. Sus datos son:
Los cristianos (serie “Historia del pensamiento”, sección Humanidades) El libro de bolsillo (Filosofía), de Alianza Editorial, Madrid 2010, 554 pp. ISBN: 978-84-206-4979-5.
El libro presente se encuadra en una Historia del pensamiento, integrada por libros monográficos autónomos, que se caracterizan a mi parecer por una notable agudeza y frescura de la mirada, por un enfoque interdisciplinar, por la lucidez del análisis y por la claridad de la exposición.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Historia de Drusiana
La historia de esta mujer, esposa del que fuera general de Éfeso, ocupa un lugar destacado entre las tradiciones sobre Juan y concretamente en el contexto de este Apócrifo. Una vez que llegaron a Éfeso Juan y sus compañeros, se alojaron en casa de Andrónico, a donde acudieron los hermanos de la ciudad. Mientras todos gozaban de la presencia del apóstol, un cierto personaje, emisario de Satanás, se enamoró perdidamente de Drusiana aun sabiendo que era mujer casada.
Hoy escribe Antonio Piñero
Según dijimos en la nota anterior, pasamos a hora a describir en sus líneas esenciales cuál es la imagen o cuadro histórico de cómo ha actuado la tradición cristiana primitiva que ha tenido una importancia absolutamente decisiva para comprender el Nuevo Testamento. Este cuadro es el siguiente:
1. Tras el aparente fracaso de la misión de Jesús (la muerte en cruz), sus discípulos creen firmemente que ha resucitado y esperan su inmediata venida como mesías, es decir su parusía. Debido a la creencia en la resurrección de su maestro comienzan a investigar en las Escrituras diversos pasajes que justifiquen el fracaso de la cruz y los eventos de la Pascua (la resurrección sobre todo).
Al principio no hay ningún interés, o muy poco, en poner por escrito lo que se recuerda y dice sobre Jesús. Este recuerdo se produce sobre todo en las reuniones comunes litúrgicas donde se evocan sus hechos y palabras.
Hoy escribe Antonio Piñero
En lo que sigue haremos un resumen de lo que pretende este método y qué imagen del proceso de composición del Nuevo Testamento, sobre todo de los evangelios, se deduce de la aplicación sistemática de estos sistemas de investigación, que están basados sobre todo en la última sistematización de Rudolf Bultmann.
Los pasos del método son los siguientes (concentrándonos en los Evangelios)
I. La crítica o historia de las formas empieza por estudiar los géneros literarios del Nuevo Testamento, en especial los de los Evangelios y hace de los un catálogo descriptivo: ordena por grupos las unidades literario-lingüísticas de acuerdo con su estructura formal y según las peculiaridades de cada una de ellas.
Recordemos que hemos afirmado ya que en realidad, la Historia de las formas no hace aquí otra cosa que partir de los resultados de la crítica literaria y que lo que desea es completarlos. La crítica literaria ha determinado primero, gracias al análisis, la existencia de diversos géneros literarios dentro del Nuevo Testamento y cómo cada uno de ellos está compuesto de formas más primitivas que el género mismo.
Hoy escribe Antonio Piñero
El gran representante de este método, o quizá su gran divulgador y último sistematizador, fue Rudolf Bultmann con su obra “Historia de la tradición sinóptica” (Geschichte der synoptischen Tradition) Gotinga 1921. Su influencia hasta hoy día ha sido decisiva y tremenda.
Partiendo de las conclusiones de Schmidt y Dibelius, Bultmann aplicó sistemáticamente en esta obra el método de la historia de las formas. A diferencia de las posturas más “conservadoras” (¡todo es relativo!) de Dibelius, Bultmann no se quedó en la clasificación literaria de las pequeñas unidades, sino que enjuició la historicidad y autenticidad de las mismas. Sus dudas sobre la historicidad de los textos evangélicos fueron más radicales y lo llevaron a identificar gran parte de este material como producto de la imaginación creativa de la iglesia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con las ideas básicas de este método iluminándolas por medio de unas breves nociones de la historia de la investigación.
De los presupuestos que demos desarrollado en la nota anterior, Dibelius confirma la conclusión que ya había formulado Schmidt, a saber que los evangelios no son obras de historia, sino testimonios de fe de la comunidad primitiva al servicio de la primitiva predicación cristiana. No podemos, por tanto, basarnos en ellos para determinar ni siquiera la duración del ministerio público de Jesús. Hastatal extremo llega, según Dibelius su falta de interés por la historia real.
>
Antonio Piñero
Me ha llamado la atención en este libro la frescura de mente con la que se tratan temas que hasta hace pocos años podían ser casi tabú entre los judíos incluso ilustrados. Por ejemplo, aceptar con claridad y sin tapujo alguno, la conducta, muy reprobable desde el punto de vista de hoy, de Abrahán en Egipto, cuando ofreció su propia mujer, Sara, como concubina, para librarse de problemas (Gn 12,15ss), o si Josué, figura tan señera es un personaje histórico o una construcción literaria…, y no digamos la pregunta sobre si Pinjás, el héroe modélico del celotismo –en el sentido de defensa a ultranza de la ley divina hasta el derramamiento de sangre- era de verdad un héroe o más bien un asesino fanático.
Me parece extraordinario que desde mentes creyentes se impulse una lectura crítica de la Biblia desde el punto de vista histórico-literario para construir una teología sobre bases concordes con el adelanto de la investigación (con todas las consecuencias al principio muy molestas), y no otra teología que, como la avestruz, se empeña en negar lo que es evidente desde el punta de vista histórico. Así preguntarse si el “éxodo de Egipto” (¡tan crucial para la teología judía y judeocristiana!) fue de hecho un mito o si la historia de la exploración de Canaán (Nm 13,17-20).

Hoy escribe Antonio Piñero
Quero presentar hoy un libro de Adolfo Roitman, director del “Santuario del Libro”, del Museo de Israel en Jerusalén, en donde entre otros tesoros se hallan, bien custodiados los originales de los manuscritos del Mar Muerto. Su ficha completa es la siguiente:
Adolfo D. Roitman, Biblia, exégesis y religión. Una lectura crítico-histórica del judaísmo. Editorial Verbo Divino, Estella 2010, 305 pp., con ilustraciones. ISBN 978-84-9945-1008.
Desde el siglo XIX hasta nuestros días las ciencias bíblicas se han ido perfeccionando, convirtiéndose en una especialidad enormemente elaborada. Si en sus comienzos los especialistas se centraron en los textos analizándolos exclusivamenye desde una perspectiva filológica, teológica o histórica, con el tiempo las metodologías científicas se transformaron en mucho más elaboradas y complicadas, incluyendo ahora nuevas aproximaciones como la literatura, la arqueología, la antropología, la psicología y algunas otras más. Estos avances permitieron acceder así a nuevos niveles de comprensión del texto, descubriendo en ellos significados profundos y ocultos. Nuevas perspectivas que enriquecen el pensamiento propio del lector que –creo- se siente satisfecho al percibir más cosas aún en el texto que lo que ofrece a primera vista.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Episodio de la destrucción de la Víbora en los HchFlp
Un amable lector de nuestras notas tiene interés por conocer los detalles del episodio, en el que Juan y Felipe castigan a la Víbora, madre de las serpientes, según el relato del suceso en los Hechos Apócrifos de Felipe. Lo hago con gusto en este “post”, y muy honrado con que me confunda con Fernando Bermejo. Lo primero que tengo que aclarar es que los HchFlp no hablan de ninfa, sino de la Víbora (Ekhidna), titular de un templo idolátrico en la ciudad de Hierápolis.
Hoy escribe Antonio Piñero
El que asentó y defendió el nuevo método de crítica histórica fue, sin embargo, Martin Dibelius (1883-1947), cuyo libro “La historia de las formas del Evangelio" (Die Formgeschichte des Evangeliums, Tubinga 1919) vino a ser como el escrito programático de la nueva escuela.
El nombre del método se debe al título de esta obra, aunque el mismo Dibelius se dejó influir por el filólogo clásico Eduard Norden, quien en 1913 dio a su libro Agnostos Theos (“El Dios desconocido”) el subtítulo de "Investigaciones sobre la historia de las formas de la locución religiosa”. Dibelius había de aplicar luego este método también a los Hechos de los Apóstoles en su colección de artículos Aufsätze zur Apostelgeschichte (“Artículos sobre los Hechos de los apóstoles, Gotinga 3ª ed.) 1957.
Hoy escribe Antonio Piñero
La “Historia de las formas” es una parte de la crítica literaria del Nuevo Testamento. Hay que detenerse un momento en definir, o en precisar, los objetivos de esta disciplina de estudio en sus líneas generales.
En principio, la crítica literaria tiene una intención clara: explicar el proceso de nacimiento de cualquier tipo de escritos investigando cuantos datos, hechos o circunstancias que ayuden a esta tarea. En concreto, en el Nuevo Testamento se ocupa de saber:
• Cómo se produjo la actividad literaria de los primeros cristianos,
• De qué modo sus libros reflejan la peculiaridad de sus autores, de sus comunidades, etc.
• Qué condicionamientos circunstanciales afectaron a su composición.
Hoy escribe Antonio Piñero
Me parece adecuado abordar brevemente este tema después de las notas dedicadas al libro de S. Guijarro, pues el método histórico crítico en general ha dominado la investigación de los Evangelios durante unos doscientos años.
Pero antes una cuestión preliminar. Se me ha preguntado muchas veces –y últimamente lo ha escrito un amable comentarista aludiendo a un caso concreto-: “¿Cómo funciona la crítica? ¿Cómo es posible que usted sepa qué dicho o hecho pertenece al Jesús histórico y el lector normal no caiga en la cuenta de ello?” Y en concreto: “¿Cómo sabe Usted que tales o cuáles palabras transmitidas por la tradición son del Jesús histórico, pero otras no, sino que son producto de un profeta cristiano? ¿Por qué los demás no lo sabemos?” Naturalmente se pregunta con un cierto toque irónico como dando a entender que elegimos lo que nos interesa para defender posiciones ya tomadas a priori.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hablábamos en la nota anterior sobre la incompatibilidad de puntos de vista entre los Sinópticos y el Evangelio de Juan..., que puede extenderse a otros puntos de vista del Nuevo Testamento en su conjunto.
La razón sustancial la expone el mismo Guijarro, en la p. 538, aunque, naturalmente, sin obtener las consecuencias. Y es: la cristología del IV Evangelio es incompatible con la Marcos y con la de Mateo/Lucas y con la que Lucas dibuja en el Discurso de Pedro en Pentecostés en Hechos de los apóstoles 2 (recogida también por Pablo en Rom 1, 3-5).
Son cuatro cristologías diferentes, no complementarias, que conviene sintetizar de nuevo aunque sus ideas sean ya conocidas, a saber:
Hoy escribe Antonio Piñero
Continúo con la valoración del capítulo 7 de la obra de S. Guijarro. Me pregunto ahora por una razón que pueda explicar las profundas divergencias entre el Evangelio de Juan y los Sinópticos.
A. Pienso, como S. Guijarro, que el desconocido autor del IV Evangelio conoce el Evangelio de Marcos y posiblemente también el de Lucas, aunque haya muchos autores que nieguen este extremo.
A modo de hipótesis puede argumentarse, para partir desde la posición más condescendiente con los defensores de la independencia del autor del Cuarto Evangelio: Juan conoce ciertamente si no los evangelios anteriores, sí al menos la tradición sinóptica que está detrás de ellos y forma su base; pero no la utiliza tal cual, sino que la repiensa, la reinterpreta, la reelabora y la reescribe. Si no se admite este mínimo, no puede entenderse el Cuarto Evangelio, cuyo "lector implícito" -como luego diremos- se supone que sabe ya de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
• Estoy profundamente de acuerdo con Santiago Guijarro en que Clemente de Alejandría ofrece la pista certera para entender el propósito del Evangelio de Juan. He aquí el texto:
“Juan, el último [de los evangelistas], viendo que en los [otros] evangelios se mostraba [sólo la interpretación] corpórea de Jesús, impulsado por algunos conocidos e inspirado por el Espíritu [Santo], compuso un evangelio espiritual” (citado por Eusebio en su Historia Eclesiástica VI 14,7).
Desde hace muchos años vengo defendiendo esta interpretación por escrito.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Nueva estancia del apóstol Juan en Éfeso
En virtud de los análisis de los fragmentos conservados y las conjeturas sobre el contenido de las lagunas, continúa el relato de los Hechos con la actividad de Juan en Éfeso. Llama la atención la presencia de Andrónico como actor de los sucesos al lado de Juan. Pretendía el apóstol marchar a la vecina ciudad de Esmirna, pero quiso antes acercarse al templo de Ártemis, donde se celebraba el día de su aniversario. Y era el caso que todos los fieles de la diosa iban vestidos de blanco, mientras que Juan vestía de negro.
Hoy escribe Antonio Piñero
El resto sustancial del libro de Guijarro, más de la mitad, es un breve comentario, claro, ordenado, sintético, para entender qué dicen en verdad los evangelistas sobre Jesús. Creo que está bien hecho y que es muy útil, pues desgraciadamente los lectores de hoy necesitan bastantes explicaciones para entender qué dicen realmente los evangelistas, autores muchos más alambicados y sutiles que lo que se cree. Así que bienvenida esta parte.
Me ha interesado especialmente la relación del Evangelio de Juan con los otros tres, los Sinópticos, porque he trabajado y publicado sobre ello. Dicho sea también, la sección dedicada al problema sinóptico es muy buena en este libro de Guijarro: sintética, clara, pedagógica y completa, con abundantes ejemplos. Recomendable.
Hoy escribe Antonio Piñero
Gran parte de la sección introductoria del libro de S. Guijarro está dedicada a la tradición oral. Y con razón, puesto que ello atiende a una percepción que hasta no hace muchos años se había descuidado un poco y que en los tiempos recientes ha pasado a un plano mucho más prominente.
Guijarro presenta un pequeño estado de la cuestión destacando cómo hace un siglo la crítica de fuentes de los Evangelios, que trataba de determinar las relaciones de dependencia entre estos escritos, partía de un supuesto erróneo: pensaba prácticamente sólo en el carácter literario de la tradición sobre Jesús y se imaginaba que la composición de los evangelios era sólo el resultado de un proceso de copia y corrección/edición de documentos escritos.
Luego vino la época del dominio omnímodo en la exégesis técnica de la escuela alemana de la “Historia de las formas”. Esta técnica de análisis suponía ciertamente que al principio de todo existía sólo la tradición oral sobre Jesús ¡, pero que muy pronto, en tres contextos vitales, centrados en la vida de las iglesias primitivas, la predicación, el culto litúrgico y la catequesis, pasaron a repetirse primero y luego a ser puestas por escrito como pequeñas unidades literarias independientes. Luego vinieron los evangelistas, quienes como meros coleccionistas o compiladores, y luego transmisores de tales unidades las ensamblaron sin más en un marco narrativo creado por ellos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sigo explicando lo que creo que fue el inicio formal del proceso de formación del canon del Nuevo Testamento en lo que se ha denominado la Gran Iglesia o grupo mayoritario de cristianos del siglo II y III, proceso que terminó de cristalizar mucho más tarde. En el caso de alguna obra, como el Apocalipsis, tardó siglos. Hubo de ser un pacto expreso porque:
• Se escogieron 4 evangelios, ni más ni menos, porque representaban los cuatro puntos cardinales de la tierra, la representación de toda la humanidad. Y Adám/n, en griego, es un acróstico –pretendido por Dios según los creyentes en la época- de los cuatro puntos cardinales:
- Arkton: “Osa”; mayor, = norte;
- Dýsis: poniente, occidente, oeste;
- Anatolé: naciente, oriente, este;
- Mesembría: mediodía, sur
= A-D-A-M.
Hoy escribe Antonio Piñero
En la primera parte del libro de Santiago Guijarro se expone convenientemente el entorno del nacimiento de los evangelios por medio de una catálogo –muy buen sistema, para empezar el tratamiento- bastante completo de los Evangelios, o fragmentos, conservados hasta hoy, cuya composición puede considerarse en torno aproximadamente al 150 d.C., con los testigos que nos transmiten el texto (papiros) y los autores cristianos primitivos que dan testimonio de esos escritos evangélicos.
La observación minuciosa de este catálogo revela rápidamente que ya hacia el 180/200 los evangelios mejor atestiguados son los atribuidos a un apóstol (incluidos el Evangelio de Pedro y el de Tomás, aunque mucho más débilmente), y revela también la “variedad de formas en las que cristalizó la tradición sobre Jesús”.

Hoy escribe Antonio Piñero
Sobre el “Prólogo” y la “Conclusión”:
Voy a adelantar como base a mi comentario sobre la obra de Santiago Guijarro que desde mi punto de vista -que intenta por todos los medios ser objetivo y atenerse a las normas, a veces no escritas, de lo que es un estudio histórico-, el Prólogo del libro me parece que apunta a una intención loable, pero que tal intención es ya más bien irénica (en el sentido de difuminadora de contrastes y diferencias) y concordista.
Está bien señalar que la disociación que en ocasiones se establece entre unos y otro evangelios (Sinópticos/Juan), por lo cual se tratan por separado “no tiene en cuenta la importancia de los rasgos y elementos que poseen en común” (por ejemplo, incluyen la tradición sobre Jesús en un relato de carácter biográfico que concluye con un extenso relato de la pasión; o que Marcos y Juan tienen una actitud muy parecida hacia las palabras de Jesús, pues ambos insisten de diversas formas en la necesidad de interpretarlas)…, pero no me resulta evidente que se trate simplemente de dos formas distintas de conservar y transmitir la memoria de Jesús” (p. 11). Así dicho me parece impreciso.

Hoy escribe Antonio Piñero
Comentaremos esta semana el último libro, creo, del conocido biblista Santiago Guijarro Oporto, profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, publicado por Ediciones Sígueme, también de Salamanca (colección “Biblioteca de estudios bíblicos, 130), 2010, 575 pp. PVP: 34 €. ISBN: 978-84-301-1730-7.
En conjunto, y lo adelanto ya, me parece un libro totalmente oportuno y necesario, aunque tiene sus limitaciones debidas sobre todo, como veremos, a que el autor -que es un buen historiador, y filólogo, inteligente y mesurado- no puede sobrepasar ciertos límites que impone su aceptación de las fronteras del círculo confesional.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El episodio de la perdiz de los HchJn
En atención a un amable lector de nuestras notas adelanto lo que tendría que ir en un apéndice según mi proyecto original. En la edición de los HchJn, incluida en los Hechos Apócrifos de los Apóstoles (Acta Apostolorum Apocrypha) de R. A. Lipsius y M. Bonnet, aparece el episodio como capítulos 56-57 del texto (vol II 1, pág. 178-179). Un asterisco delante de los números de los dos capítulos y las referencias a ellos en la Introducción al volumen II 1, pág. XXIX, es una prueba de las dudas que fomenta el fragmento sobre su posibilidad de pertenecer a los primitivos HchJn.

Hoy escribe Antonio Piñero
Llegamos al final de nuestro comentario sobre el libro de C. J. Heyer, publicado por El Almendro en 2003 y sintetizamos lo que creemos que son ideas válidas del autor en su visión global de la figura y pensamiento de Pablo.
Ante todo Pablo fue un judío muy judío, pero profundamente marcado por su cultura básica helenística. Fue un hombre de dos mundos: el judío y el grecorromano (no hay que suponerle, por tanto, influencias importantes del pensamiento egipcio o del la india lejana, budismo, etc.).
Pablo esperaba la pronta destrucción de este mundo pecador. Su pensamiento estaba muy influido por la teología de los grupos judíos que llamamos apocalípticos. (A propósito, el modo de estudiar el pensamiento de estos grupos: aparte de escritos más bien tardíos del Antiguo Testamento como Malaquías, Daniel Is 26-29, etc., sobre todo a base de los Apócrifos del Antiguo Testamento y de los mss. de Qumrán).
Hoy escribe Antonio Piñero
La segunda parte del libro de C. J. den Heyer –que estamos comentando esta semana- está consagrada, hasta el final, a aclarar a los lectores en orden cronológico, el motivo, la estructura y la teología principal de Pablo tal como se va mostrando en sus cartas.
VALORACIÓN
En principio estoy muy de acuerdo con la división de las siete cartas genuinas de Pablo que se hace en este volumen, y con la explicación de las ideas paulinas. Aunque no con el orden cronológico de composición, como recalcaré más abajo: no pondría tan cerca Gálatas de Romanos; sin que dejaría más tiempo a Pablo para matizar y cambiar sus ideas sobre la validez de la Ley.
En todo caso añadiría algo a la valoración general de esta segunda parte del libro: cuando se dispone de un cierto número de páginas, fijo, a disposición del autor, y el libro va dirigido, como éste, a un público general, no precisamente a especialistas, daría menos espacio a contar con detalle minucioso las andanzas de Pablo, a saber que si en este momento estaba aquí y allí, que tomó tal o cual dirección y daría más espacio a la dilucidación de las ideas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de C. J. den Heyer, Pablo, un hombre de dos mundos (El Almendro 2003).
Nuestro autor se pregunta qué pensaba Pablo de la ley de Moisés en sus “años obscuros”, es decir, de “formación”, a la vez que hacía algunos escarceos misioneros, como predicador dependiente de la iglesia de Antioquía. Probablemente, nada –responde- ya que mientras se dedicó Pablo a predicar a los judíos no debió de tocar el tema de la Ley, y ni era necesario.
Pero cuando se decidió a predicar plenamente a los gentiles, y esto fue más tarde, el judío helenístico que era Pablo, un hombre pragmático y más flexible que sus colegas fariseos de Palestina/Israel, debió de caer en la cuenta de que Dios tenía otros planes acerca de la salvación de los seres humanos: no podía llegar el fin del mundo y que al menos ciertos paganos buenos no participaran del mundo futuro. No se podían condenar en masa los paganos.
Hoy escribe Fernando Bermejo
El libro de Karen Armstrong En defensa de Dios. El sentido de la religión, Paidós, Barcelona, 2009 (The Case for God. What Religion Really Means, Random House, London, 2009), cuyas tesis principales expuse brevemente en el post anterior está, lamentablemente, plagado no solo de interpretaciones muy discutibles de algunos datos históricos, sino también de simplificaciones y de errores manifiestos. En lo que sigue me limitaré solo a algunos de los límites que creo percibir en esta obra.

Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos comentando el libro de C. J. den Heyer, Pablo un hombre de dos mundos, de Editorial El Almendro.
Heyer opina que Pablo es como un modelo de cuantos han experimentado un cambio radical en sus vidas. Opina –correctamente- que no se debe llamar “conversión” el cambio de Pablo (el Apóstol nunca lo hace), sino “llamada”.
Cuando era perseguidor de los cristianos, Pablo los había asediado con saña porque –aunque vivían dentro de los límites del judaísmo- no eran cumplidores exactos de la Ley de Moisés, y además, como compañeros que eran de Esteban, ponían en duda la ley de Moisés y la eficacia del Templo (p. 72).

Hoy escribe Antonio Piñero
El penúltimo libro, por ahora, que deseo comentar de la serie “En los orígenes del cristianismo” de la benemérita Editorial El Almendro, de Córdoba, España, es de un profesor holandés, C. J. den Heyer (atención: en los créditos de la traducción se escribe H. C. den Heyer, por despiste del editor), que escribe referentemente en inglés, y cuyo título es igual al que encabeza esta postal (original inglés de 2000: Paul. A Man of Two Worlds, SCM Press, Londres). El libro ha sido traducido por Jesús Valiente Malla con su habitual maestría. Es un libro que me ha interesado mucho, porque es una visión bastante personal a la vez que es una destilación condensada de lo mejor que se ha escrito sobre Pablo en la inmensa bibliografía moderna sobre él. Complemento su ficha: 312 pp. ISBN: 84-8001-061-6.
El autor parte de la idea obvia, pero no siempre tenida en cuenta de que Pablo es un autor de cartas, no de tratados de teología, y de cartas contextuales, condicionadas por los problemas de sus lectores. Además, escribió hace 2000 años, en un mundo tan diferente al nuestro que no es fácil entenderlo, ni sentir por qué se preocupaba de ciertos problemas omitiendo otros más candentes hoy día. Por tanto, para comprenderlo bien, hay que contextualizarlo: describir su época, su educación, su modo de vida y las circunstancias en las que vivió. De lo contrario, no se entenderá nada en profundidad.., sino sólo la superficie de las palabras, que en muchas ocasiones significan otra cosa de lo que parece hoy.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La polimorfía del Señor en los HchJn
Una mención ocasional de la que será heroína de estos Hechos, Drusiana, da ocasión para el desarrollo variado de la idea de la polimorfía del Señor (c. 87,1). Todo parte del hecho de la grandeza y multiplicidad de Dios. Ser omnipotente, lo es todo y todo lo posee. Después de una de las lagunas en el texto de estos Hechos, la narración continúa mencionando la perplejidad de “los presentes” ante la afirmación de Drusiana, a la que el Señor se le había aparecido en la tumba como Juan y como un jovencito (neanískos).

Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos esta miniserie con algunas apostillas a la obra de G. Vermes, La resurrección (“Ares y Mares” 2008).
En conjunto estoy de acuerdo con la argumentación de Geza Vermes en sus líneas generales. Sigo pensando que los judíos, expertos en cristianismo y que a la vez conocen desde pequeños todo el corpus, inmenso, de literatura rabínica o prerrabínica: apócrifos del Antiguo Testamento, Qumrán, targumim, midrahism, Misná más aledaños (Tosefta, Sifra, Sifre), junto con los dos Talmudes, tienen una inmensa ventaja sobre los cristianos, no formados convenientemente en ese inmenso corpus (como mínimo varios centenares de veces más amplio que el Nuevo Testamento) desde pequeñitos.
Esas lecturas, y su conocimiento a fondo del siglo I, hacen que tengan los eruditos judíos un “ojo” especial para interpretar el Nuevo Testamento, al fin y al cabo un producto netamente judío de la primera centuria, incluido Lucas (fuera o no converso… ni importa para el argumento). Quizá E. P. Sanders es el único entre los cristianos que puede igualarse a ellos hasta cierto punto en conocimiento, aparte del famoso Billerbeck (y su poco ético socio Strack, que sólo corrigió la obra y se puso el primero en el título), quien hizo un comentario al Nuevo Testamento en seis volúmenes aportando todos los textos paralelos del Talmud y de los midrasim .
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con resumen y comentario al libro de G. Vermes sobre la Resurrección (Col. “Ares y Mares” de Editorial Crítica, Barcelona 2008).
Respecto a los anuncios de Jesús acerca de su muerte y resurrección futura, repetidos seis veces en los Sinópticos (además de otras indicaciones breves como Mt 12,40: el Hijo del Hombre estará en seno de la tierra tres días y tres noches como Jonás en el vientre del monstruo marino) se extraña Vermes de que los evangelistas afirmen una y otra vez que los discípulos no comprendieran el anuncio de Jesús (Mc 9,10; 9,32; Lc 9,44 y 18,34) a pesar de tantísimas y claras predicciones. Algo falla aquí, sobre todo porque la última predicción directa de Jesús fue dos días antes de su crucifixión según Mateo:
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en la nota de ayer, Vermes sostiene que el peso, en número de personas, de los que creían en la “resurrección de la carne” era escaso en el Israel del siglo I.
En efecto, afirma, si tenemos en consideración que a los saduceos, negadores de la resurrección, hay que añadirle la mayoría de los sacerdotes de Jerusalén= más de 20.000; si se duda de que los esenios abrazaron todos la creencia en la resurrección (véase la nota anterior); si se piensa que sólo los fariseos sostenían esta doctrina con toda seguridad, pero que eran poco más de seis o siete mil en toda Judea, y que había muy pocos en Galilea; si se piensa también que los judíos de la Diáspora sólo aceptaban la inmortalidad del alma –al modo griego- y no la resurrección del cuerpo, se llega claramente a la conclusión de que no eran muchos en Israel (que contaba en el siglo I con unas 600.000 personas) los que creían en la resurrección de la carne en tiempos de Jesús.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Hoy comienzo a comentar brevemente un libro reciente de Karen Armstrong, En defensa de Dios. El sentido de la religión, Paidós, Barcelona, 2009 (The Case for God. What Religion Really Means, Random House, London, 2009).

Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el comentario al libro de Geza Vermes, La resurrección, de 2008.
La noción de la inmortalidad del alma aparece tardíamente en escritos del Antiguo Testamento y muy probablemente -casi seguro- por influjo directo de la religiosidad y filosofía helénicas en tierras israelitas, a partir de la época tras la muerte de Alejandro Magno, 323 a.C. Sólo de modo esporádico, y durante y después del Exilio de Babilonia siglo VI a.C.) se inician tímidamente algunos tanteos. En realidad lo que aparece primero en la Biblia hebrea es la necesidad de una cierta vida de ultratumba de modo que la justicia divina equilibre las injusticias de la vida en la tierra. No se habla estrictamente de inmortalidad del alma ni mucho menos de resurrección de los cuerpos. Vermes cita en apoyo los textos clásicos de Sal 73,23-24.26; Is 26,13-14.
La estricta noción de la “resurrección de la carne” no se hace clara en el pensamiento judío hasta los años de la revolución macabea, hacia el 165 a.C., época de composición del Libro de Daniel (12,2: “Muchos de los que duermen en el polvo se despertarán…”).

Hoy escribe Antonio Piñero
Es archisabido que la resurrección de Jesús es la piedra angular de la fe que fundamenta el cristianismo. Sin embargo, la cuestión de “¿En qué pruebas se basa uno de los fenómenos más milagrosos de las religiones actuales?” suscita interminables debates.
Por ello me ha interesado la respuesta de Geza Vermes, el famoso autor judío que con sus libros fundamentales sobre Jesús (tres sobre todo), sobre su judaísmo y su religión, ha dejado una impronta notable en la invesigación de hoy: la caracterización de Jesús de Geza Vermes como un rabino galileo, carismático, sanador, experto en la Ley, muy religioso, muy judío, al estilo de otras figuras galileas de época similar, como Haniná ben Dosa y Honí el trazador de círculos ha tenido un fuerte impacto en la investigación. El libro que comentamos esta semana trata precisamente sobre la resurrección dentro de una miniserie de obras pequeñas que abordan el nacimiento, la pasión y la resurrección de Jesús:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El retrato de Juan
El episodio del retrato de Juan fue objeto de análisis y condena en el Concilio II de Nicea, en el que se trató el tema de los iconoclastas. Las palabras de Juan, en las que reprendía el gesto de Licomedes de hacerle un retrato y venerarlo, fueron interpretadas por los Padres Conciliares como contrarias al culto de las imágenes. En casa de Licomedes se reunía una gran muchedumbre para oír la palabra de Juan.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometimos, procedemos a la valoración de conjunto de esta obra, pues una estimación más precisa sería inabarcable en este blog.
En primer lugar: la exégesis de Senén Vidal me parece muy inteligente y bien informada, y un intento notable de explicar en términos históricos un panorama de la misión y figura de Jesús que a la postre cuadra bastante bien con la exégesis más o menos tradicional, de siglos. Pero para ello ha de insistir en algunos aspectos de la misión del Nazareno, olvidando o dejando en la sombra otros.
Por ejemplo, hay que dejar un tanto de lado la dilucidación de varias espinosas cuestiones de la autocomprensión de Jesús: ¿qué relación tuvo con la divinidad? ¿En qué sentido pudo sentirse hijo de Dios? ¿Es el sintagma “Hijo de(l) Hombre” un título cristológico? ¿Lo “inventó” Jesús o lo diseñaron los evangelistas? ¿Predicó Jesús sólo la imagen de un Dios misericordioso, o se mostró intransigente y duro con aquellos que no aceptaban su predicación del Reino? Son cuestiones que quedan sin respuesta adecuada en mi opinión. Es cierto que el libro es admirablemente breve, pero siempre debería haber algunos párrafos claros para dilucidar estos temas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Según S. Vidal, el origen de la etapa final de la misión de Jesús fue precisamente la crisis provocada por el rechazo de su misión galilea. La situación aparentemente desesperanzadora del fracaso en aquella región llevó a Jesús al convencimiento de que ello era la señal de que Dios apresuraba la etapa definitiva de la renovación del pueblo entero de Israel. En vez de ser una ola desde Galilea que inundaría también a Jerusalén, el reino de Dios comenzaría en la capital y desde allí se extendería más rápidamente por toda la tierra sagrada. Pero esta etapa estaba sujeta también a dos posibilidades antagónicas. Su realización dependía de la acogida o no del pueblo y las autoridades.
A. Si la acogida era positiva, sobre todo por parte de las autoridades, tendría lugar la instauración definitiva del reino mesiánico en Israel, antesala inmediata del reino de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
La misión autónoma de Jesús surgió de las cenizas del fracaso de Juan Bautista, su mentor durante cierto tiempo. La violenta muerte de éste, lejos de provocar el desaliento, encendió en Jesús una nueva esperanza. Al parecer, el encarcelamiento de Juan provocó en Jesús la idea de que Dios actuaría enérgicamente en esos momentos de desesperanza. El Nazareno sintió que Dios había decidido adelantar al momento presente su intervención definitiva, esperada por Juan Bautista para un futuro, aunque inmediato.
Según Vidal, Jesús hubo de tener en esos momentos una suerte de revelación fundante, que equivalía a su vocación como agente mesiánico de Dios. Pero no debe imaginarse esa revelación como un éxtasis o una visión, sino quizás como una iluminación interior que daba un nuevo sentido a su misión anterior. Lógicamente, según el proyecto de Juan, Jesús debió de sentirse como “el más poderoso”, esperado por el Bautista; es decir, tenía que asumir la función de agente mesiánico de la liberación definitiva de Dios, más podertoso ya que Juan Bautista. Consiguientemente también, fue entonces cuando Jesús comenzó a proclamar y a escenificar como ya presente el futuro anunciado por su maestro.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En un post anterior, me permití realizar algunas consideraciones elementales acerca de las disputas entre (funcionarios religiosos) cristianos, encaminadas a resaltar un punto principal que es obvio para el historiador, pero que –como todo lo obvio– acostumbra a dejarse pasar en silencio, entre otras razones porque no es precisamente agradable para muchos oídos. Me refiero, por supuesto, al hecho de que los discursos cristianos habituales sobre la “fidelidad a Jesús” carecen de justificación racional y de todo fundamento histórico.
Como sabe cualquiera que haya leído los Evangelios, hay en sus presentaciones de la figura de Jesús aspectos profundos y admirables. Baste recordar la parábola del buen samaritano o la anécdota de la mujer adúltera, con el inolvidable “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Reitero aquí un juicio que escribí en un extenso artículo académico: “ciertos dichos y actitudes de Jesús resultan tan lúcidos como conmovedores y merecen formar parte del patrimonio espiritual de todo sujeto”.

Hoy escribe Antonio Piñero
Explicamos hoy la primera parte del libro de Senén Vidal cuya estructura general describimos en la nota de ayer, parte que trata de la misión de Jesús bajo la égida o protectorado de Juan Bautista. Para muchos cristianos, la perspectiva de un Jesús que pasó un cierto tiempo, amplio, de meses probablemente, con Juan Bautista sigue siendo bastante sorprendente. Pero la historicidad de este hecho parece indudable porque está testificada unánimemente por toda la tradición evangélica antigua. Además la iglesia posterior nunca se sintió cómoda con algunas consecuencias, sobre todo el bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista, pues los lectores podrían obtener de ello ideas equivoicadas sobre la naturaleza de j y de su misión, por lo que intentó por todos los medios que esta etapa quedara difuminada, o resultara acomodada y en algunos casos, camuflada cuando la leyeran los cristianos. Es bien sabido el caso de la inversión "maestro-discípulo" (sea como se explique) que pasa a "precursor - persona de rango superior".

Hoy escribe Antonio Piñero
Quisiera comentar a lo largo de esta semana, como creo que anuncié, este libro, que me parece muy interesante y que los lectores del blog conocen en parte si recuerdan las postales dedicadas a otro volumen del mismo autor: Los tres proyectos de Jesús, de Editorial Sígueme (Salamanca 2003). He aquí sus datos:
Senén Vidal, Jesús el galileo (Colección “Presencia teológica” 148). Editorial Sal Terrae, Santander, 2006, 255 pp, ISBN: 84-693- 1640-X.
El libro ofrece un planteamiento personal y relativamente nuevo del autor sobre la misión de Jesús, sobre la base de que ésta fue un acontecimiento histórico, transmitido por los evangelistas, aunque no de una manera directa y ordenada, sino conforme a las necesidades de la teología de la comunidad o del autor o de los requerimientos de la predicación cristiana, pero al fin y al cabo con datos históricos suficientes para conocer la verdad sobre Jesús. Haré primero, como otras veces, un resumen lo más fiel posible del pensamiento del autor y luego apostillaré con algunos comentarios sus ideas.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan de Zebedeo en sus primitivos Hechos Apócrifos (HchJn)
Uno de los cinco Hechos Apócrifos de los Apóstoles, considerados como primitivos y originales, es el de Juan. Su importancia reviste perfiles de obra señera por la trascendencia de su contenido y el influjo de sus tradiciones en obras posteriores. Como tendremos ocasión de comprobar, estos Hechos son la base y raíz de las tradiciones que trazan la figura del Apóstol que ha pasado a los anales de la historia cristiana.

Hoy escribe Antonio Piñero
Los autores importantes de la literatura griega y latina se nos han transmitido normalmente por medio de manuscritos medievales, pero las más importantes de sus obras fueron tan copiadas que entre los restos de papiros encontrados en las secas arenas de Egipto siempre hay algunos fragmentos de ellas.
Un hallazgo de esta clase significa que el texto allí copiado se acerca en siglos a la época en la que se compuso la obra de un autor grecorromano determinado. Como saben los lectores, del Nuevo Testamento, por ejemplo, conservamos unos 125 papiros, algunos de ellos muy amplios y muy antiguos. Josefo no tiene esa suerte, pues de él sólo se nos ha conservado en papiro (Vindobonense 29810, de finales del siglo III) que trae un par de fragmentos de la Guerra (II 576-579; 582-584).

Hoy escribe Antonio Piñero
Por azares de la fortuna, nos detuvimos el domingo 18-04-2010 en la entrega nº 15 de la serie Vida y obras de Flavio Josefo. La interrumpimos porque, recordarán, se iba a estrenar la película “El discípulo” y acababa de salir en Ediciones B el guión del film transformado en novela junto con un largo ensayo mío, “Jesús y la política de su tiempo”, del que comentamos la postura del S. G. F Brandon en esa cuestión. Ya pasaron esos momentos y deseo en dos notas, o “postales” consecutivas dar fin a la serie sobre Flavio Josefo, escritor importante para conocer el ambiente e ideas de la época de Jesús y de la composición del Nuevo Testamento. Aquí va la penúltima entrega.
Los escritores romanos y griegos posteriores que conocieron a Josefo, apenas lo citan, quizás porque sus temas, tan judíos, no les interesaban, o porque no vieron en él cualidades literarias especialmente sobresalientes.
Hoy escribe Antonio Piñero
Alguna vez me han preguntado sobre el sentido del siguiente texto del Apocalipsis del Nuevo Testamento y en concreto sobre su uso en él del vocablo "ajenjo". El texto es el siguiente:
Tocó la trompeta el tercer Ángel... Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas, que se habían vuelto amargas (Apocalipsis 8,11).
El ajenjo (griego ápsinthos) sólo aparece en el Nuevo Testamento en esta obra que cierra el canon. Para entender su significado dentro de este libro, creo que es importante ir primero al contexto en el que aparece y luego preguntarse el porqué de haber elegido este vocablo.
Hoy escribe Fernando Bermejo
El espectáculo de cristianos –a menudo pertenecientes a esa casta de hechiceros y funcionarios religiosos que son los sacerdotes y obispos– recriminándose mutuamente bajezas, insultándose sin la menor caridad, expulsándose unos a otros de sus particulares foros y acusándose recíprocamente de herejías se repite una y otra vez. En esta misma web ha habido varios casos recientes del obispo X versus el teólogo Y (y viceversa). Nada asombroso: tan antiguo como el propio cristianismo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Según lo prometido en la nota de ayer, concluimos nuestra reflexión-resumen de este capítulo de la obra de J.P Meier, Un judío marginal, Vol. IV.
Otra observación interesante de Meier es que para Jesús –y tal como parece en los Evangelios- la Ley no parece nunca como una carga opresiva, ni como un instrumento, o pedagogo, provisional hasta su llegada a la tierra, ni como un instrumento extraño pero providencial para que se multiplicara el pecado, al no poder cumplirla, de modo que la gracia de Dios en Cristo se multiplicara y fuera el remedio para esa situación pecaminosa (Gálatas 3,10-25 y Rom 3,19-20; 5,12-21; 7,7-8,4). Jesús no siente ni piensa en nada de eso, sino que siempre contempla la Torá como la palabra de Dios revelada a su pueblo Israel. Por consiguiente y respecto a la Ley media un abismo entre el pensamiento de Pablo y el de Jesús.
Hay más puntos de vista importantes en este capítulo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dijimos hace unos días que mi intención sería comentar más detenidamente el vol. IV de “Un judío marginal” de J. P. Meier. Hoy vamos con el cap. 31 de la obra completa, que es el primero de este tomo.
Afirma Meier que para conocer mejor al Jesús histórico, en su aspecto tan importante de “maestro de la Ley”, es elemental en primer lugar preguntarse por el significado de este vocablo en tiempos de Jesús. Como en la investigación histórica andamos siempre razonando “en círculo” (pero no el típico “círculo vicioso”, sino en otro tipo de círculo, el de la adquisición de datos, la construcción de hipótesis explicativas, la vuelta a los datos, la vuelta a las hipótesis pare refinarlas, o rechazarlas porque no encajan, etc.), ocurre que con este tema pasa lo mismo: si conocemos bien el concepto de Ley, nos ayudaremos para refinar nuestra imagen de Jesús, y como éste trató tanto de la Ley, también a la inversa. En palabras de J. P. Meier: “gallina-huevo-gallina”, etc.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Introducción
Son muchas las razones que explican la presencia de Juan en las tradiciones populares. Según los relatos evangélicos, formaba parte del grupo de los preferidos por Jesús. En efecto, Pedro, Santiago y Juan fueron testigos de algunos momentos de especial intimidad con el Maestro. El Tabor y Getsemaní fueron, entre otros, el marco de tales preferencias.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluyo hoy, como prometí el día anterior, este largo análisis de “crítica de fuentes” de una sola perícopa del Evangelio de Lucas.
La cuestión del género literario de esta perícopa se plantea de dos maneras.
• Primera: como parte de un conjunto más vasto, nuestra perícopa pertenece al subgénero literario cristiano de “relato de la Pasión”, puesto que cuando escribe Lucas ya la habían hecho Marcos –probablemente también Mateo. Y el autor desconocido de un “relato previo de la Pasión” en el que se apoya el Evangelio de Marcos.
Este subgénero ha sido definido como la larga historia del final trágico de una vida, compuesto a base de proceso, hostigamientos y agonía que desemboca en una mañana triunfal, la mañana de Pascua. Concebido como memorial litúrgico para ser recitado en el marco de una celebración semanal o anual, este relato -centrado en el accidentado pero providencial destino de Jesús- tiene como función reunir a la comunidad, recordar la base histórica de su nueva fe, subrayar el cumplimiento dentro de la economía de la salvación de la vida de Jesús por su conformidad con las Escrituras de Israel, e incitar a los fieles a que recorran en su vida un itinerario análogo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Interrumpo un momento la conclusión (la presentaremos mañana, definitivamente) para comentar un versículo ya mencionado, también de la mano de Fr. Bovon, como complemento a lo dicho en postales anteriores. Este versículo reza así:
“Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Luego, se repartieron sus vestidos, y los sortearon” (Lc 23,34).
Dijimos que este versículo plantea uno de los mayores problemas textuales del evangelio de Lucas. ¿Formaba parte del texto original de Lucas la oración de Jesús que imploraba a su Padre que perdonara a sus verdugos (v. 34a), o fue añadida más tarde?
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos entre hoy y mañana el tema con algunas observaciones que hace François Bovon al conjunto del texto que hemos analizado Lc 23,26-43. Espero que así podamos ver todos que la tarea de hacer exégesis no es una cuestión de leer simplemente el texto y sacar nuestras conclusiones en el siglo XXI. Es bastante más complicada para hacerla bien.
En su Diálogo con Trifón, 101, 3s, Justino Mártir manifiesta su conocimiento de Lucas o del Material propio de este evangelista cuando recurre al verbo griego theorô, “contemplar”, y a una forma claramente emparentada con el vocablo raro ekmykterízo (“reírse burlonamente” propio solo de Lucas) de Lc 23, 35 para hablar de la pasión de Jesús. Aquí menciona Justino los “Recuerdos de los apóstoles”, es decir, los que más tarde se llamarán Evangelios.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Si los logros de S.G.F. Brandon en el ámbito de la historia de las religiones –y también en su labor en la International Association for the History of Religions, de la que fue secretario general– es ya digna de ser tenida en cuenta, sus obras sobre los orígenes del cristianismo constituyen hitos muy relevantes, en particular The Fall of Jerusalem and the Christian Church (1951) y Jesus and the Zealots: A Study of the Political Factor in Primitive Christianity (1967). La tercera obra de la trilogía –The Trial of Jesus of Nazareth (1968)– es ciertamente valiosa, pero es hasta cierto punto más divulgativa y puede encontrarse en ella mucho material de las obras anteriores.

Hoy escribe Antonio Piñero
Como suelo hacer, en la segunda parte de las presentaciones ofrezco alguna opinión personal al comentario básico del contenido ofrecido anteriormente.
En líneas generales estoy bastante de acuerdo con las opiniones de Joel Marcus, que considero están bien expuestas, atienden a las razones de los adversarios, son breves y equilibradas. En muchos caso me han hecho reflexionar sobre mis posiciones anteriores.
Como el comentario es amplísimo, me fijo en algunos apartados concretos como muestras. Además de un par de notas, debo concentrarme ante todo en la introducción, que interesará muchísimo a los lectores del blog, y que consta de las secciones usuales:

Hoy escribe Antonio Piñero
Les presento hoy una nueva traducción, análisis y comentario al primer evangelio, cronológicamente hablando, el de Marcos, obra de un conocido especialista en los textos evangélicos, cuyo nombre es Joel Marcus. Este novedoso comentario se titula sencillamente “El Evangelio según Marcos” (Mc 1-8) y consta de dos gruesos volúmenes. El primero hasta Mc 8,22; el segundo desde Mc 8,22 a 16,8. He aquí sus datos completos:
Joel Marcus, El Evangelio según Marcos, 1, 1-8, 21. Nueva traducción con introducción y comentario (Colección “Biblioteca de estudios bíblicos, 130). Ediciones Sígueme, Salamanca 2010, 638 pp. ISBN: 978-74-301-1735-2. PVP: 45,00 €. Traducción de Xabier Pikaza

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Otras referencias a Juan en el Nuevo Testamento
Como era lógico suponer, Juan aparece en otras ocasiones con nuevos aspectos de su personalidad, que ayudan a conocer más a fondo su nueva identidad. Un detalle importante es el de la carta de Pablo a los fieles de Galacia, por la trascendencia de su contexto. El título de la carta tiene una intención deliberada de solemnidad. El escrito, dirigido a todas las iglesias de Galacia, delata claramente el deseo de Pablo de justificar o garantizar su categoría de apóstol. Una dignidad que no le ha venido de hombre ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios, el que lo resucitó de entre los muertos. Cristo se entregó a sí mismo por los pecados de los hombres. El prólogo termina con una no menos solemne doxología.
Hoy escribe Antonio Piñero
VI Comparación Lc 23,26-43 / Evangelio de Pedro 10-20
He aquí mi breve introducción a este escrito en Todos los Evangelios (Edaf, Madrid 2009), en pp. 320-321:
El Evangelio de Pedro fue descubierto el año 1887 en la tumba de un monje egipcio de la antigua Panópolis (hoy Akhmîm, Alto Egipto). Formaba parte de un conjunto de escritos que contenían restos del Apocalip¬sis de Pedro y del Libro 1º de Henoc. Anteriormente sabíamos de la existencia de este evangelio por un par de textos de Orígenes (Algunos, partiendo de la tradición recogida en el evangelio denominado Evangelio según Pedro o libro de Santiago, afirman que los hermanos de Jesús son hijos de José, habidos de una primera mujer, que convivió con él antes que María (Orígenes, Comentario al evangelio de Mateo, 10, 17; PG 13, 876C-877A) y de Eusebio de Cesarea:
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos la comparación sinóptica y seguimos con otras fuentes. Comenzaremos en VI. con el Evangelio de Juan.
V. Comparación de Lc 23, 39-43 con Marcos y Mateo
Lucas:
39 Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: ¿No eres tú el mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros contigo! 40 Y el otro le respondió reprendiéndolo con estas palabras: ¿No temes ni a Dios? Porque estás sometido a la misma condena. 41 Porque nosotros recibimos con razón un castigo que corresponde a lo que cometimos; pero éste nada malo hizo. 42 Luego decía: Jesús, acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino. 43 Jesús le dijo: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Marcos 15,32b:
“Y los que estaban crucificados con él le injuriaban”.
Mateo 27,44:
“En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con El”.
Hoy escribe Antonio Piñero
IV. Comparación de Lc 23,35-38 con Marcos y Mateo
Lucas:
“35 Y el pueblo estaba allí de pie y contemplaba. Pero las autoridades mascullaban diciendo: Ha salvado a otros, sálvese a sí mismo, si es el mesías de Dios, el elegido. 36 Los soldados se burlaban también de él acercándose, ofreciéndole vinagre y diciendo: 37 Si eres tú el rey de judíos, sálvate a ti mismo. 38 Y había también un epígrafe encima de él: “Éste es el rey de judíos”.
Marcos: 15,28-32a + 15,26 + 15,36:
Hoy escribe Fernando Bermejo
Nan-in, un maestro japonés de la era Meiji, recibió la visita de una persona que se tenía por docta, y que había ido a verle para interrogarle sobre el Zen.
Nan-in sirvió el té. Llenó hasta el borde la taza de su huésped, y luego continuó vertiendo.
La persona que se consideraba docta vio cómo el té se salía de la taza, y tras unos instantes no pudo contenerse: "Pero, maestro, la taza está colmada. ¡Ya no entra más!".
"Al igual que esta taza -dijo Nan-in-, tú estás colmado de tus opiniones y conjeturas. ¿Cómo puedo explicarte el Zen, si antes no vacías tu taza?".
Saludos cordiales de Fernando Bermejo

Hoy escribe Antonio Piñero
3. La tercera distinción que hace J. P. Meier es entre teología moral más ética cristiana por un lado y enseñanza de Jesús sobre la ley judía, por otro. Es un grave error, sostiene nuestro autor, que
“La mayor parte de los artículos y libros sobre ‘Jesús y la Ley’… (tengan el interés) de presentar la enseñanza legal y ética de Jesús como orientada en último término a los intereses cristianos o, la menos, como compatible con las perspectivas del cristianismo […] y así como la mayor parte de las búsquedas del Jesús histórico han sido cristología disfrazada de historia […] se podría decir que la cristianización del Jesús histórico culmina con la cuestión de ‘Jesús y la ley’, donde regularmente el judío Jesús pasa a ser el cristiano Pablo , Agustín, Lutero, Karl Barth, por no hablar de esos teólogos cristianos de la Ley a los que llamamos Mateo, Marcos, Lucas y Juan” (p. 36).
No puedo estar más de acuerdo con estas palabras de Meier. Añadiría que el estado de los textos evangélicos, donde hay una mezcla inextricable, astutísima, maravillosamente bien hecha, de historia y de teología, hace que a los ojos de la mayoría de los lectores, incluso de hoy día, la labor crítica parezca una tarea ridícula porque a veces esta crítica proclama como resultado verdadero aquello que va exacta y directamente contra lo que se obtiene de una lectura lisa y llana de ese mismo texto evangélico. Naturalmente el no habituado a la crítica, el que lo entiende casi al pie de la letra, piensa que quien hace esa labor crítica del texto evangélico está realmente obsesionado por destruir “ese error llamado cristianismo” (éstas son palabras de miembros del ‘Jesus Seminar’), cosa que no es verdad en absoluto, entre otras razones porque quien es de verdad historiador no debe tener ningún objetivo previo.

Hoy escribe Antonio Piñero
Dedicaremos una pequeña serie de comentarios, probablemente uno por capítulo (salvo que sea necesario dividirlo por la abundancia de la materia) a este libro imponente de John P. Meier, jesuita, catedrático de Nuevo Testamento y estudios religiosos de la Universidad norteamericana de Notre Dame, que es el volumen IV, pero el tomo V de una obra que el autor anuncia tendrá un volumen más (probablemente con subdivisiones en tomos), y tratará de los temas que faltan: parábolas de Jesús; títulos cristológicos de Jesús propios o atribuidos, y su condena y muerte (sólo éste tema tiene dos densos tomos en el comentario de R. E. Brown, La muerte del mesías, también de Verbo divino).
John P. Meier, Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo IV: Ley y amor, Editorial Verbo Divino, Estella, 2010, ISBN: 978-84- 9945-02-5. 732 pp.
Los temas generales tratados en este volumen son: el "Jesús histórico es el Jesús haláquico" (es decir, el Jesús que está totalmente implicado en las discusiones de su tiempo sobre la Ley, y que la interpretación de ésta es parte importante de su quehacer ministerial); determinación del concepto de “Ley” en el judaísmo de época de Jesús y en la mente de éste; enseñanza de Jesús sobre el divorcio; la prohibición de los juramentos por parte de Jesús; Jesús y la observancia del sábado; Jesús y las leyes de la pureza; y finalmente, los mandamientos del amor. Como se ve tema abundante para un tomo denso.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Los sucesos de Samaría. Simón Mago
El capítulo octavo del libro canónico de los Hechos de los Apóstoles aporta unos datos de elevado interés en la historia de los inicios del cristianismo. Cuenta, en efecto, de una persecución surgida en Jerusalén contra los cristianos. El relato cita a Esteban como objeto de la hostilidad de hombres celosos de la ley de Moisés. Entre ellos se encontraba Saulo, quien atormentaba a la Iglesia y entraba por las casas para detener a hombres y mujeres (Hch 8,1-3).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el ejemplo de "crítica de fuentes"
III. Comparación de Lc 26,32-34 con otros textos
Lucas:
32 Y llevaron otros dos malhechores por ser ejecutados con él. 33 Y cuando llegaron al lugar llamado “Cráneo”, lo crucificaron allí y a los malhechores, uno a su derecha, el otro a su izquierda. 34 Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Luego, se repartieron sus vestidos, y los sortearon.
Marcos 15,27:
“Y crucifican con él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda de él (Jesús)”.
Mateo 27,38:
“Entonces crucifican con él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda”
Mientras que Marcos y Mateo proporcionan la información en otros términos, más breves (se ve claro que Mateo sigue a Marcos literalmente), y en un lugar posterior (es decir, después del ofrecimiento del brebaje, la crucifixión en sí, el sorteo de los vestidos y la mención del titulus o inscripción colocada encima de la cruz de Jesús), por el contrario, Lucas, o más bien quizás la posible fuente que hemos detectado ya por el pasaje único en Lucas de las mujeres de Jerusalén, señala aquí la compañía de los bandidos y con un lenguaje diferente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Aparte de la crítica interna al texto evangélico que como dije se aplica a todos los autores de la antigüedad (ejemplo crítica a la construcción de Marcos del secreto mesiánico con sólidas razones; crítica a Tito Livio por el partidismo de presentar siempre o casi siempre la expansión de Roma a costa de sus vecinos como si fuera “legítima defensa”, hay otros modos de análisis que son interesantes también.
Hace tiempo que escribí (postales de los días 16 y 17 de mayo del 2010) sobre lo que se llama “crítica de fuentes de los evangelios”, a saber ¿es posible saber por medio del análisis y la comparación si lo que estamos leyendo, por ejemplo un pasaje de Lucas, se basa en una fuente previa y de qué estilo? Teóricamente al menos tiene su importancia. Ahora quiero retomar el tema brevemente. Alguna cosa he de repetir, ya que por las circunstancias hemos perdido el hilo.
Hoy escribe José Montserrat Torrents
Tres autores latinos y uno griego tardío sitúan la muerte de Jesús en el año 29, sin confusión alguna, pues mencionan los consulados:
1. Tertuliano, Adversus Iudaeos 8:
Huius (sc. Tiberii) quinto decimo anno imperii passus est Christus, annos habens quasi 30 cum pateretur. ("En el año decimoquinto del imperio (de Tiberio) sufrió pasión Cristo; tenía alrededor de treinta años cuando sufrió pasión"). (...) Quae passio... perfecta est sub Tiberio Caesare, coss. Rubellio Gemino et Fufio Gemino, mense martio, temporibus Paschae, die VIII Kalendarum Aprilium, die prima Azymorum.
("Esta pasión tuvo lugar bajo Tiberio César, siendo cónsules Rubelio Gémino y Fufio Gémino, en el mes de marzo, en el día octavo de las calendas de abril, el primer día de los ázimos").
Hoy escribe Fernando Bermejo
El intento de desacreditar, con insidia y sin argumentos, a autores incómodos en el ámbito del estudio de los orígenes del cristianismo, es un procedimiento denunciado con cierta frecuencia por el autor de estas líneas, y al que los lectores de este blog han tenido (y tienen) ocasión de asistir incluso de manera directa.
Pues bien, en este contexto, resulta francamente divertido leer algunos juicios temerarios vertidos por algunas personas acerca de la escasa fiabilidad de la obra de Samuel G. F. Brandon, o sobre la “ideología” de este. Así que dedicaremos algún post a decir algo al respecto, pues, a diferencia de lo que ocurre con otras epidemias, es bueno que la risa se nos contagie a todos.

Hoy escribe Antonio Piñero
Realmente me siento en una situación embarazosa al criticar este libro porque las conclusiones son correctas, independientemente de que se basen en premisas erróneas en mi opinión en cuanto a la interpretación del cristianismo primitivo. Ello hace la tarea de la crítica aún más difícil.
Me ha interesado el libro no por la parte que contiene de análisis del primitivo cristianismo (luego diré), sino sobre todo por los análisis históricos y antropológicos en torno a la organización familiar y la autoridad de las mujeres en el mundo antiguo;
· Por el análisis de las relaciones en la sociedad del siglo I y siguientes entre patrón y cliente; por la descripción del contraste entre las mujeres que se atrevían a aparecer en público y las virtudes que se les exigían por naturaleza (castidad, silencio y obediencia);
· Porque hay interesantes análisis del pensamiento de Aristóteles y de Platón);
· Por el estudio del concepto del “pudor” como propio de las féminas;
· Por la visión de conjunto, muy interesante en verdad, de cómo la Iglesia fue asimilando cada vez más las formas externas de las corporaciones políticas del mundo antiguo;
· Por la descripción sociológica del tema de “penetrar y ser penetrado” (sexualidad masculina como obligatoriamente agresiva y superior, y la femenina como subordinada y como un peligro), y finalmente,
· Por el estudio histórico, sobre todo de la teología de Tertuliano y de Agustín de Hipona, sobre las ideas en torno al pecado como una “enfermedad de transmisión sexual”.

Hoy escribe Antonio Piñero
El título del libro que vamos a comentar esta semana, Cuando las mujeres eran sacerdotes, es un tanto provocativo y hasta cierto punto exagerado en el sentido de que el hablante normal en español del siglo XXI entiende por “sacerdote” algo distinto a lo que era en la época a la que se refiere el libro. De todos modos, este volumen en sí es muy interesante en verdad y digno de ser leído. He aquí su ficha:
Karen J. Torjesen, Cuando las mujeres eran sacerdotes. El liderazgo de las mujeres en la Iglesia primitiva y el escándalo de su subordinación con el auge del cristianismo (Serie “En los orígenes del cristianismo 10”). Editorial El Almendro, Córdoba 1993, 248 pp. ISBN: 84-8005-032-2.
Haré, en primer lugar un resumen que procuraré fidedigno utilizando, si es posible, las mismas palabras y frases que la autora.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Juan en los libros canónicos
Un detalle notable en la vida de Jesús es el de su fidelidad a las observancias mosaicas, especialmente a la celebración de la Pascua, la festividad más solemne e importante del calendario judío. La pascua, en hebreo Péshakh, conmemoraba el suceso incluido en el relato de la salida de Israel de Egipto. Después de las variadas plagas con que Dios castigó al pueblo opresor, representado por el Faraón, eligió la más dura y más insoportable de las pruebas, como era la muerte de sus primogénitos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Aparte de la crítica interna al texto evangélico que como dije se aplica a todos los autores de la antigüedad (ejemplo crítica a la construcción de Marcos del secreto mesiánico con sólidas razones; crítica a Tito Livio por el partidismo de presentar siempre o casi siempre la expansión de Roma a costa de sus vecinos como si fuera sólo “legítima defensa”, hay otros modos de análisis que son interesantes también .
Hace tiempo que he escrito sobre lo que se llama “crítica de fuentes de los evangelios”, a saber ¿es posible saber por medio del análisis y la comparación si lo que estamos leyendo, por ejemplo un pasaje de Lucas, se basa en una fuente previa y de qué estilo? Teóricamente al menos tiene su importancia. Ahora quiero retomar el tema brevemente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy expongo mi punto de vista sintético sobre la cuestión. Me ha preguntado mucha gente si estoy totalmente de acuerdo con el guión de la película. Y he respondido que “no”. El director mismo ha expresado claramente en diversas entrevistas que el guión es al fin al cabo una obra de ficción, que él asume la responsabilidad total de la perspectiva que presenta de Jesús. Pero, que sí le parece científico es la perspectiva que él adoptado como eje narrativo de la película, y que es idea mía, de la contraposición entre lo que vio sobre Jesús un discípulo directo de éste y lo que Lucas, cincuenta años más tarde escribió sobre Jesús.
Lo que escribe Lucas es pura interpretación de unos hechos y unos dichos (respetados total y literalmente en la película) cuyo transfondo real pudo ser muy otro. Más cerca de mi pensamiento están, pues, las escenas en las que el evangelista Lucas dialoga y a veces discute agriamente con el discípulo directo de Jesús sobre la interpretación correcta del personaje desde su punto de vista, que es contraria a la evangélica, escenas que yo escribí y que el director ha convenientemente retocado, pulido y adaptado.
Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero concluir ya de una vez todas las postales a propósito de una reflexión sobre la imagen presentada en la película “El discípulo” con las reflexiones de S. G. F. Brandon a propósito de los posibles contactos de Jesús con el celotismo. No tengo el menor deseo de ser acusado de “pesado”.
Y en la postal de mañana volveré a aclarar mi postura sobre Jesús y las armas, que en verdad no ha variado, sino que sólo ha acentuado un punto. Mi intención ha sido y es presentar ciertos pasajes evangélicos de la mano de Brandon, poco conocido en España y muy odiado, que simplemente demuestran que hay materia de reflexión y que no están tan “locos” los que defienden una postura brandoniana.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Tras las muchas obras escritas sobre este tema, y en especial tras las recientes de José Montserrat, Jesús, el galileo armado (Edaf, Madrid, 2007) y el ensayo de Antonio Piñero -"Jesús y la política de su tiempo"- en el libro de triple autoría El discípulo (Ediciones B, Barcelona, 2010), sería una pretensión vana la de querer decir algo nuevo acerca de este tema. Mi modesta pretensión hoy es simplemente expresar de un modo especialmente claro y conciso el argumento central de la hipótesis de un Jesús nada ajeno a la violencia y a las armas.

Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometí, expresaré mi opinión sobre el libro cuyo resumen fidedigno procuramos presentar en la postal anterior. Mi primera idea es: me parece que en líneas generales el trabajo filológico de interpretación del pensamiento del evangelista Marcos es correcto. Está bien realizado metodológicamente, los análisis de vocabulario y estructuras literarias, la comparación con el pensamiento del evangelista en el resto de su obra y el contraste con Mateo y Lucas van en la dirección correcta según el método ya bien desarrollado. En líneas generales creo que el lector puede estar seguro de que Biguzzi ha sabido entender bien a Marcos y exponérselo.
Segunda observación: como caerá en la cuenta el lector, el análisis de Biguzzi demuestra cuán paulina es la teología de Marcos. De modo indirecto queda reflejado en este estudio la verdad de nuestra idea desde siempre: los evangelios reflejan el pensamiento del apóstol Pablo sobre todo y no el del judeocristianismo jerusalemita de la Iglesia madre.

Hoy escribe Antonio Piñero
Comentamos hoy el libro siguiente de la colección de “El Almendro”:
Giancarlo Biguzzi, “Yo destruiré este Templo”. El Templo y el judaísmo en el Evangelio de Marcos (Colección “Grandes temas del Nuevo Testamento 1), El Almendro, Córdoba, 1992, 200 pp. ISBN: 84-86077-94-X. Traducción de J. Peláez (¿?).
Este libro es un ejemplo perfecto de la aplicación del método de la “Historia de la redacción”, es decir, su autor acepta el texto tal como se ofrece hoy al lector y procura analizar y presentar el pensamiento del Evangelista. Para ello analiza filológicamente el uso del vocabulario sobre el “templo” (Marcos usa dos palabras distintas para referirse a él: griego hierón o “recinto sagrado” y griego naós, o “zona interior del edificio donde está el santo de los santos”), en el Evangelio, la estructura de las perícopas en las que aparece mencionado el Templo de algún modo, desde la subida de Jesús a Jerusalén y la entrada mesiánica (cap. 11) hasta la muerte en cruz y la rotura del velo –interior- del Templo (15,38).

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Nuevas menciones de Juan en los evangelios
En la relación de la lista de los Doce, cuenta Marcos que “a Santiago, el de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago les dio Jesús el hombre de Boanergues, esto es, hijos del trueno” (Mc 3,17). La denominación parece significar de alguna manera el carácter impetuoso de los aludidos. Lo que cuenta el evangelio de Juan acerca del discípulo a quien amaba Jesús, del que se recostó amorosamente sobre el pecho del Maestro durante la cena de Pascua, no parece compadecerse con el apelativo de “hijo del trueno”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoya con el tema el “secreto mesiánico” es un puro artificio literario-teológico.
En realidad, la crítica interna del texto evangélico (crítica que se aplica en la filología e historia antigua a cualquier documento histórico de la antigüedad, ya sea Tucídides, Polibio o Tito Livio, no sólo a los Evangelios; lo que pasa es que aquí es más llamativa) percibe que Marcos intenta transferir a la vida real de Jesús lo que de él pensaron sus discípulos después de haber creído firmemente que él –el Maestro- había resucitado, y después de haber forjado con la ayuda de un nuevo examen de las Escrituras diversas explicaciones de lo que desgraciadamente había ocurrido: su aparente fracaso y muerte… más la resurrección, más el encargo por parte de Dios de que él sea el Juez final del Gran Juicio.
Más en concreto, ¿por qué se demuestra que el “secreto mesiánico” es artificioso, apologético, explicativo de una realidad dura, la muerte de Jesús a manos de los romanos impulsados por las autoridades judías, pero una explicación no histórica en una palabra?
Hoy escribe Antonio Piñero
Creo que puede ser conveniente que explicitemos nuestra posición acerca del denominado “secreto mesiánico” porque es fundamental -opino- para entender la cuestión del mesianismo de Jesús en cuanto “Hijo de David”. Aceptar que Jesús admitió este título no significa que él no introdujera algunas matizaciones en él. Pero ninguna que destrozara su esencia ni que hubiese de ser explicada a la gentes y que por lo tanto fuera propia de él sólo y no del judaísmo de su época.
El examen pausado y crítico del Evangelio marcano -el más antiguo cronológicamente de los cuatro, compuesto en su versión actual después del año 70, entre el 70-75- dentro del contexto en el que se escribió, intentando precisar su pensamiento, no entendiéndolo simple y llanamente como un lector sólo del siglo XXI que ignora normalmente cómo era el judaísmo de ese momento de Jesús y su época, lleva a la conclusión razonada de que bajo éste se trasluce el verdadero carácter de Jesús, que podría resultar ser mesiánico en sentido tradicional judío según el testimonio fidedigno de sus discípulos como veremos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometíamos, hacemos ahora un breve comentario al texto conclusivo de la investigación (fue su tesis doctoral) de Miguel Pérez Fernández, catedrático emérito de lengua y literatura hebreas de la Universidad de Granada. Además, como dijimos, el autor es sacerdote y sigue ejerciendo como tal en su ciudad Murcia natal (creo que en San Pedro del Pinatar y alrededores). Su obra: Tradiciones mesiánicas en el Targum palestinense, Jerusalén- Valencia (Instituo San Jerónimo) 1981.
Ordeno simplemente los apartados, procurando utilizar los mismos vocablos que Pérez Fernández. El mesías,
1. Tiene acusados rasgos guerreros:
• Rey, de la casa de Judá
• Es enviado por Dios
• Es libertador del pueblo. Su liberación está legitimada por Yahvé
• Es dominador de las naciones = vencedor de Gog y de Magog
• Es justiciero y vengador de Israel
• Es juez mortal de sus enemigos.

Hoy escribe Fernando Bermejo
"Jesús, el hombre que nunca fue Dios" es el lema que lleva en su portada un libro que acaba de aparecer y que hoy comentamos: Emilio Ruiz Barrachina (y otros), El discípulo, Ediciones B, Barcelona, 2010.
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribo hoy las opiniones conclusivas de Miguel Pérez Fernández, sacerdote católico, sobre el retrato o imagen del mesías en el Targum palestinense que refleja el pensamiento del judaísmo del siglo I de nuestra era:
“En el Targum palestinense el mesías tiene un rasgo primero y decisivo: es rey, y rey de la casa de Judá, y es libertador del pueblo, congregador de todos los cautivos de Israel y de todos los judíos de la Diáspora, líder con Moisés de un nuevo y definitivo éxodo, dominador de las naciones, restaurador del reino de Israel, guerrero y justiciero, vengador de Israel, vencedor de Gog y Magog [dos reyes míticos que simbolizaban a todos los enemigos de Israel desde Ezequiel 38 y 39 y Apocalipsis 20,8].
Hoy escribe Antonio Piñero
La lectura del libro El Secreto, gran éxito de ventas por cierto es decepcionante desde muchos puntos de vista y es interesante para reflexionar sobre la estupidez humana. “Hay dos cosas que son infinitas” –se dice que dijo una vez A. Einstein- el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy totalmente seguro”.
El tema y mensaje del libro se resumen en los siguientes principios: Lo semejante atrae a los semejante. Es una ley universal. Aplicada al mundo de los pensamientos humanos se formularia: los pensamientos positivos son realidades positivas y atraen a objetos positivos. Si pienso positivamente atraigo sobre mí el objeto de mi deseo, que será bueno. Si pienso negativamente, atraigo sobre mí el objeto de mi rechazo (temeroso), que será malo. Los pensamientos se convierten en realidad. Piensa positivamente y tendrás todo lo bueno: salud, riqueza y amor. Por ejemplo: el mundo es de un potencial infinito y hay riquezas para todos. Lo que pasa es que este principio elemental no lo conoce en la práctica nadie. Es un secreto. Sólo lo “conocen” y practican algunos sabios. El libro es una exposición pública del “secreto” de modo que la gente lo conozca y lo practique.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan en el grupo de los íntimos de Jesús (2)
Uno de los acontecimientos de la vida de Jesús, paradójico como todo el cristianismo, es el de la transfiguración (Mt 17,1-13 par.). En él se funden la solemne glorificación de Jesús con el augurio de sus sufrimientos y su muerte. El relato es común a los tres sinópticos, básicamente uniformes. Mateo y Marcos subrayan positivamente el detalle de que Jesús toma a Pedro, Santiago y Juan, se los llevó aparte, a solas, sobre un monte alto y apartado, y se transfiguró ante ellos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Transcribimos hoy otro ejemplo de literatura de la época en torno a los años que vivió Jesús: los Salmos de Salomón. La crítica está más menos de acuerdo de que se trata de un producto de uno o varios autores, de ideología parecida al fariseísmo (por tanto, similar a la de Jesús de Nazaret), compuestos en torno a los años 60-50 a.C., después de que Israel pasara de facto a depender de la tutela de Roma, aunque de hecho estuviera gobernada por un rey macabeo/asmoneo, Hircano II.
El salmo 17 explica muy claramente las bases teológicas del “celota” o “celoso de la Ley” en cuanto a la soberanía de Yahvé en la tierra de Israel, al deseo de que tal soberanía fuera efectiva y real –es decir, que se implantara en la tierra de Israel el reino de Dios- y del medio humano que Dios utilizaría para instaurar su reinado, el mesías-rey. Como el salmo es muy largo, resumo sólo lo que procede más a esta descripción (el texto completo vuede verse en A. Díez Macho-A. Piñero [eds.], Apócrifos del Antiguo Testamento, vol. III, 2ª edición, Cristiandad, Madrid 2002, pp. 13-77 [Trad. de A. Piñero]).
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Qué idea tenían las masas sobre lo que era ser "Hijo de David" en el Israel del siglo I? La respuesta es: pues lo que se leía en las sinagogas en el siglo I. Y lo que se leía lo sabemos con toda precisión por los “targumim” ( o “targumes”).
Un targum era la traducción litúrgica, del hebreo al arameo, para lectura pública en las sinagogas en el Israel del siglo I. La gente hablaba arameo y no entendía el hebreo, y había que traducirles el texto bíblico sagrado que estaba en esa lengua (una situación muy parecida a la de hoy en Grecia: la gente que habla demotikí, o lengua popular, en las iglesias escucha una traducción del griego koiné, antiguo de los Evangelios al griego moderno. Sin embargo, los cultos, los estudiosos de la Biblia en Grecia entienden sin más el griego “más clásico” de los Evangelios). Igual ocurría en le Israel del siglo I con el hebreo: sólo se utilizaba para discusiones científicas entre rabinos y escribas. Otro ejemplo: en los siglos XII al XVII, o incluso más tarde: la gente hablaba en casa romance o un lengua vernácula (por ejemplo inglés antiguo), pero las discusiones científicas se hacían en latín.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dijimos en una de las notas anteriores que Brandon insiste en que Jesús, en el episodio de la entrada a Jerusalén (Mc 11,7-10), no corrige a las masas que le aclaman como “El que viene, El rey en nombre del Señor” (literalmente: “Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del señor; Bendito el reino de nuestro padre David que viene; ¡Hosanna en las alturas”).
Estas frases tienen unas connotaciones plenamente judías y se entienden muy bien en la época de Jesús. Es notable, por otro lado, que Lucas en su pasaje paralelo, omita el título “Hijo de David”. En mi opinión no es un olvido, sino una eliminación voluntaria, una muestra de su “tendencia”, es decir, su deseo de presentar ante todo un Jesús “pacífico”. Lucas inserta además algo en la escena que es típicamente suyo, la frase “Paz en el cielo y gloria en las alturas”, que recuerda demasiado al lenguaje angélico de Lc 2,14. En mi opinión, y en la de prácticamente todos los comentaristas, esta frase es un añadido de Lucas para contrarrestar la posible imagen belicosa de un “Hijo de David” y potenciar la figura del “Cristo pacífico”.

Hoy escribe Fernando Bermejo
Hace algunas semanas comenzamos a presentar el Diccionario de las tres religiones: Judaísmo, Cristianismo, Islam, Verbo Divino, Estella, 2009, obra de cuatro autores.
En su momento señalamos el carácter marcadamente teológico de esta obra, y por tanto las reservas con las que debería ser consultada por quienes pretenden abordar el fenómeno religioso de modo científico y con una perspectiva histórico-crítica. Estas reservas son tanto más necesarias, cuanto que el diccionario se presenta con pretensiones de rigor académico (p. 14).

Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy la presentación y breve comentario al libro de Pheme Perkins sobre la enseñanza de Jesús que iniciamos en la nota anterior.
Mi opinión sobre el libro es en líneas generales positiva: pero me ha gustado más la parte general del principio, el enmarque de Jesús como maestro en el Israel de su tiempo, que el tratamiento de algunos temas concretos.
Un primer ejemplo: cuando la autora trata de que el mensaje de Jesús es para todas las gentes (de Israel) intenta por todos los medios probar que los relatos de las relaciones de Jesús con las mujeres demuestran que éstas no fueron sólo oyentes, sino verdaderas discípulas. Una aportación más, en este caso de Perkins, a uno de los mitos “fundacionales” del cristianismo construidos en el siglo XX (Kathleen Corley dixit: Women and the historical Jesus. Feminist Myths of Christian Origins ("Las mujeres y el Jesús histórico. Mitos feministas den los orígenes cristianos"; Santa Rosa, Polebridge Press, 2003 y A. Piñero, Jesús y las mujeres, Aguilar, Madrid 2008).

Hoy escribe Antonio Piñero
Pheme Perkins es conocida entre los estudiosos del Nuevo Testamento como una buena especialista con capacidad de exposición clara y atractiva. El libro que comentamos esta semana –dentro de estudios sobre el Nuevo Testamento publicados por El Almendro que deben destacarse- es un buen ejemplo de ellos, al menos en su primera parte. He aquí su ficha:
Pheme Perkins, Jesús como maestro. La enseñanza de Jesús en el contexto de su época. Editorial El Almendro (colección: “Grandes temas del Nuevo Testamento”), Córdoba 2001, 155 pp., con índice analítico de materias y de citas bíblicas. ISBN: 84-8005-031-4.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Juan en los textos canónicos
3. Juan en las listas de los Doce
El colegio de los Apóstoles está formado por el grupo de los Doce que siguieron a Jesús. El guarismo exacto, tanto desde el punto de vista matemático como desde la perspectiva simbólica, es el argumento definitivo que ayuda en cierta manera a su identidad. Eran doce como las tribus del pueblo de Israel.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la argumentación de Samuel G.F. Brandon
Jesús recomendó no pagar el tributo al César. El inicio de esta interpretación de la famosa perícopa marcana aparece en la obra de Brandon. El núcleo de este pasaje fundamental -en el que fariseos y herodianos tienden una trampa dialéctica a Jesús-, que describe la famosa y críptica escena, reza así en la versión del evangelista Marcos:
“‘¿Está permitido pagar tributo al César o no? ¿Lo pagamos o no lo pagamos?’ Jesús, consciente de su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué queréis tentarme? Traedme una moneda que yo la vea’. Se la llevaron, y él les preguntó: ‘¿De quién son esta efigie y esta leyenda?’. Le contestaron: ‘Del César’. Jesús les dijo: ‘Lo que es del César, devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios’. Y quedaron maravillados” (Mc 12,14-17).
Brandon señala que el sentido de esta escena, voluntariamente pretendido por el evangelista Marcos, es que Jesús afirmó de una manera sutil que los judíos debían pagar el tributo al Emperador.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el punto de vista de Samuel Samuel G. F. Brandon.
Quiero -antes de seguir exponiendo su punto de vista, tan poco conocido- aclarar que el autor que comentamos, Brandon –lector que conocía a Flavio Josefo de memoria- sabía perfectamente que el celotismo, como organización política estructurada, hoy diríamos como “partido” político, no surgió hasta poco antes de la guerra contra Roma en el 66-70. Pero este hecho no es argumento alguno, a pesar de haber sido exhibido, desde Martin Hengel sobre todo, como si fuera definitivo.
Brandon se refiere al celotismo como teología político-religiosa vigente entre el pueblo desde el intento de levantamiento de Judas el Galileo, o Judas de Gamala (Gamala no está en Galilea; aquí hay una confusión en las fuentes nunca aclarada del todo) y el fariseo Sadoc en el año 6 d.C., teología que jamás dejó de estar vigente entre el pueblo judío desde ese momento. Tal teología une a su idea central del señorío absoluto de Yahvé sobre la tierra de Israel, la espera firme de un mesías del tipo “Hijo de David” y la concepción de que "a Dios rogando y con e mazo dando": el ser humano ha de poner de su parte mucho para que Dios se decida a intervenir. El grado de participación y qué tipo de acción es lo que varía entre los diversos "celotas".
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el punto de vista de Samuel G. F. Brandon al respecto.
· El Evangelio de Lucas trae también un pasaje que, según Brandon, debe interpretarse como una velada alusión a dos episodios, cuyo exacto contenido no es posible saber, pero en los que estaban involucrados muy probablemente celotas:
"En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo»" (Lc 13,1-5).
Hoy escribe Fernando Bermejo
Un monje portador de un documento muy importante, que debía entregar en mano a su destinatario, se dirigía a la ciudad. Para llegar a ella debía atravesar un puente, sobre el cual se hallaba un samurai experto en el arte del sable que para probar su fuerza y demostrar su valentía había prometido provocar a duelo a los cien primeros hombres que atravesaran el puente. Había matado ya a noventa y nueve. El monje hacía el número cien.

Hoy escribe Antonio Piñero
Terminamos hoy con la reseña del reciente libro del Prof. Gregorio del Olmo Lete, cuyo título es el mismo de esta postal.
He disfrutado leyendo la panorámica ofrecida por el Prof. del Olmo sobre la génesis de la idea de nación y de “diáspora” (o “dispersión”: de los judíos que viven fuera de Israel, entre gentiles); la génesis de la Biblia hebrea en el contexto persa-aqueménida inmediatamente antes y después del exilio babilónico; el contenido religioso y literario esencial de lo que hoy llamamos el Antiguo Testamento; y la confrontación con el mundo del helenismo que consigue influir de tal modo, a pesar del rechazo final, en la religión judía que ésta queda profundamente transformada.

Hoy escribe Antonio Piñero
El libro que hoy comentamos es un producto de absoluta madurez de su autor. Como ocurre a menudo, después de muchos años –décadas- de estudio de una disciplina académica, en la semitranquilidad de un retiro muchas veces impuesto, un profesor universitario escribe un libro de perspectiva general sobre los temas que domina, un libro que es como el destilado de un pensamiento de comprensión global sobre ese tema tan largamente estudiado y madurado.
Este es el caso de Gregorio del Olmo Lete, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona, cuyo ámbito de trabajo ha sido toda la vida la semitística y la literatura comparada. De su amplia producción previa deseo destacar tres conjuntos de obras que me parecen muy importantes: Mitos y leyendas de Canaán, junto con La religión cananea, 1981-1992; el Diccionario de la lengua ugarítica, en dos volúmenes que tiene una versión inglesa (1996-2007), y la dirección de la magna obra de colaboración que ofrece una primera perspectiva de La Biblia en la literatura española, en 3 volúmenes, de la que nos hemos hecho eco varias veces en este blog.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Juan en los textos canónicos. La llamada
Aunque mi intención es trazar la vida del apóstol Juan en los Hechos Apócrifos de los Apóstoles, es obligado conocer y definir la identidad del personaje según los textos canónicos. En ellos encontramos los datos necesarios para poder saber de quién estamos hablando. Pero lo mismo que sucede en el caso de los demás miembros del colegio apostólico, esos datos apenas proporcionan elementos suficientes para delinear su figura histórica.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos exponiendo el punto de vista de Brandon al respecto, muy silenciado en España, salvo pocas excepciones.
5. Jesús se mostró expresamente como un hombre violento. Este hecho aparece indicado en diversos pasajes de los Evangelios.
A. Así el citado texto de Lc 22,35-37, donde Jes