El blog de Antonio Piñero

La creación de lo sagrado. A propósito de un libro de Walter Burkert

30.12.09 | 12:19. Archivado en Libros, Religión y Mundo Contemporáneo
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Hoy escribe Antonio Piñero

Ocupo hoy, con un poco de retraso, el hueco de Fernando Bermejo, a quien un pequeño percance no ha permitido escribir hoy. Comento un libro del que he hablado en otro lugar como la Revistadelibros, que dirige Álvaro Delgado Gal con la inestimable colaboración de Amalia Iglesias. Aprovecho esta ocasión para felicitarlos y agradecerles su encomiable labor en pro de la cultura, y en concreto la difusión y crítica de libros.

Hago aquí, hoy un resumen de mis comentarios

La creación de lo sagrado. La huella de la biología en las religiones antiguas (Acantilado, Barcelona, 2009) no es una indagación teórica del origen de la religión sino una investigación -a base de acumulación de paralelos y de ejemplos- que comience por dar razón de las formas más antiguas de religión que encontramos testimoniadas en el arco más cercano a nuestra cultura: desde Egipto a Mesopotamia. De Extremo Oriente o de África, apenas alguna mención. De Egipto prácticamente no presenta nada este libro (cosa extraña, pues hay tema abundante), concentrándose en la religión israelita y sus antecedentes mesopotámicos y cananeos –por un lado- más la parte principal de ejemplos y reflexiones ocupada por los casos de las religiones de Grecia y Roma, que conoce el autor maravillosamente.

Este conjunto de religiones no nos ha dejado testimonios o formas de reflexión u organización sistemática de sus orígenes, pero precisamente a partir de su aparente primitivismo se traslucen numerosas claves sobre la construcción original de las religiones y sobre sus primeras manifestaciones y desarrollos. Tales inferencias podrían luego ser extrapoladas a conclusiones generalistas sobre el origen inmediato de la religión.

Burkert no entra en discutir una definición de la religión, sino que actúa sobre la base de un consenso difuso entre los estudiosos acerca de ella, concentrándose en los elementos que caracterizan la religión en casi todos los casos: aquella se ocupa de lo no obvio, a saber la relación de los humanos con una realidad superior de supremo interés en la que se cree pero que no puede ser verificada empíricamente, en el sistema de símbolos utilizados para “manejarla” y en la interacción entre los humanos que reelaboran su propia realidad mundana por medio de tales símbolos.

Naturalmente, la estructura del libro de Burkert está gobernada subyacentemente por preguntas de ámbito general en torno a la religión: ¿surge ésta naturalmente entre lo seres humanos? ¿En qué sentido es posible considerar la religión como algo natural? ¿Hay quizás una theologia naturalis? ¿Por qué religiones tan diferentes comparten ritos y concepciones religiosas con una unanimidad sorprendente? Y como en todas las ciencias humanísticas, el autor expone una hipótesis previa, cuya prueba o contraste será el objeto de toda la investigación subsiguiente: es posible que haya un fundamento en la biología humana que explique la uniformidad de sorprendentes patrones, es decir, la base puede ser el “paisaje de la vida” –por emplear su metáfora del autor- que presenta unos senderos “naturales” por donde la religión transita. Aunque no pueda verificarse, la coevolución “genes-cultura-religión” es un planteamiento muy verosímil.

Me parece que es éste un punto de partida sólido: la religión debe mucho a la creación cultural –ciertamente-, que va pareja con el desarrollo de la capacidad humana del lenguaje y con la invención de la escritura, pero todo parece apuntar a que no podemos separar la cultura/religión de los condicionantes biológicos. Si es así la subestructura de la religión, como forma cultural que es, se habría ido formando en el curso de la evolución biológica del homo sapiens sapiens.

Estoy de acuerdo con Burkert que con la ayuda de la antropología, y sobre todo de la sociobiología sería posible responder a las cuestiones arriba planteadas, al menos en las religiones que conocemos más de cerca, y que las estructuras religiosas básicas son muy antiguas: se han desarrollado comúnmente entre los descendientes del hombre de Cromagnon bastante antes de que los humanos dieran el salto al continente americano en tiempos súper prehistóricos.

Burkert examina, como ejemplos, la serie de universales antropológicos que estima más importantes: los ritos de sacrificio de algo costoso a la divinidad responde a una suerte de programa genético básico de “peligro y huida” ante un depredador: al igual que una araña sacrifica uno de sus apéndices, un zorro salva su vida sacrificando una de sus patas (cortándola a mordiscos) o la lagartija, su cola, el ser humano ofrece al numen terrible en sacrificio de algo muy costoso (un dedo; su hijo primogénito; parte de su hacienda) con tal de granjearse la amistad benevolente de esa divinidad. El patrón del comportamiento del ser humano ante las desgracias y de la consecuente búsqueda de una causa divina de aquellas por la falta del ser humano es un universal típico de la mente humana que no puede achacarse a ningún logro explicativo tardío, sino que debe estar enraizado en el mismo esquema del comportamiento de un animal perseguido.

La reflexiones sobre la concomitancia entre mitos, ritos religiosos y concepciones teológicas que tienen la misma estructura que los cuentos y con sus mismas funciones (Burkert sigue aquí la conocida tesis de Vladimir Propp) ancladas en las peripecias biológicas del ser humano, son de lo más sugestivo. Igualmente los ritos de sumisión a la divinidad en poco se diferencian en su estructura básica de lo que puede observarse en lo comportamientos preverbales de los primates. Muchos de los ritos de iniciación son reducibles a una secuencia de búsqueda y provisión de alimentos. La cultura religiosa del “don a la divinidad” va unida a otro universal humano de “calcular, pesar y medir” es decir, a la construcción de un mundo mental. No es probablemente algo genético, pero tales estructuras sí corresponden a las profundas tendencias organizativas, neuronales, del cerebro: “el postulado de la reciprocidad encaja en el paisaje biológico”.

La obra de Burkert es riquísima en ejemplos que van apuntando hacia la misma conclusión: la inserción de la religión y del comportamiento religioso en los valles profundos del paisaje de la vida. En mi opinión se justifica la breve conclusión que, por la misma naturaleza del objeto estudiado, no puede más que ser general: el problema de la validación del más allá es variado por esencia; unas veces será cuestión de herencia, otras de actitudes parentales o sociales, y otras, mera transferencia de información. Cierto; pero en muchos casos el autor tiene razón en proponer la existencia de patrones biológicos de acciones, reacciones y sentimientos, provocados por diversas situaciones críticas de la vida. Y a la vez también es verdad que -aunque siga la huella de la biología-, la religión está relacionada con el lenguaje y la cultura, de modo que ante todo busca y pretende dar coherencia al mundo en el que vive.

En síntesis la obra de Burkert, me ha parecido original y me ha hecho pensar y asentir. A veces los árboles no me han dejado ver el bosque y el modo de la argumentación es un tanto críptico, al estilo de la “lógica confusa” tan bien asentada hoy día, pero el contenido es en verdad magnífico. Opino que su modesta propuesta de que la existencia de la religión se debe muchas veces a “patrones biológicos de acciones… con la ansiedad desempeñando un papel de primera magnitud”, sobre todo el miedo por la muerte (en esto de acuerdo con Tylor) está suficientemente probada.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

13 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Darwinito 04.01.10 | 17:16

    Sí tienes razón, lo del temporal podría explicar cierto aprehensión mística con voces, pero no esas visiones.

    Por otra parte, a no ser que se descarte el uso de sustancias alucinógenas en el resto de los apóstoles, tales visiones no son explicables médicamente. Pues si son alucinaciones estas tendrían ir acompañadas de un cuadro psicótico (desorganización del pensamiento) lo que es absurdo observando la fina lógica y capacidad retórica del autor de Romanos.


  • Comentario por Xabier 02.01.10 | 09:33

    Darwinito:

    Yo no soy médico y simplemente dije que un neurólogo que solía intervenir bastante en este blog en 2008 dijo que Pablo no presentaba un cuadro epiléptico.

    Y, por lo que me has dicho, le das la razón, porque Pablo, según lo que has dicho, debía tener alterado también el lóbulo occipital porque, salvo que mienta, afirmaba repetidamente haber visto a Jesús. ¿Y cómo si no iba a decir que tenía un cuerpo glorioso?

  • Comentario por Darwinito 01.01.10 | 21:10

    Saludos, Xabier.

    En el lóbulo temporal las alucinaciones son auditivas. Sólo puede haber impresiones visuales, que no alucinaciones, cuando el lóbulo occipital también resulta estimulado, i.e. la corteza visual primaria. Es decir que se puede padecer una epilepsia en el lóbulo temporal sin tener impresiones visuales causadas por la zona de la corteza visual.

  • Comentario por maría 31.12.09 | 20:50

    Y porqué no empezar por el sentido que tiene la vida misma, y por las preguntas que nunca tienen respuesta..

    Feliz 2010 a todos.

  • Comentario por Antonio Horta Fernandes 31.12.09 | 12:41

    ...No entanto, existe desde logo um estranho lapso lógico: por que razão é o homem dos primórdios eminentemente biológico e depois já não o é tanto? À parte a ideia absurda de que hoje já não sejamos seres biológicos, resta a opção de que a estamos perante duas formas históricas completamente distintas de religião. Mas nesse caso, a mais antiga não explica a que veio depois. No entanto, como existem persistências e dados empíricos que parecem mostrar a complexidade da mente inclusive do homem pré-histórico, quiçá seja melhor descartar o reducionismo biológico.
    Uma tese antropo-biológica muito mais certeira, na minha opinião, parece-me a de René Girard.
    Seja como for, na crítica apurada à sociobiologia também no nosso espaço encontramos notáveis autores, o caso de André Pichot e Maximo Sandín.

    Com as minhas mais elevadas saudações,
    AHF


  • Comentario por Antonio Horta Fernandes 31.12.09 | 12:39

    ...portugueses, apontam o contrário. Aliás, à sociobiologia convém muito essa linha de pensamento, darwinista ortodoxa.
    Se muito justamente Fernando Bermejo tem feito uma desmontagem de várias linhas ideológicas na exegese católica e protestante, convém também chamar a atenção para a mais descabelada ideologização que atravessa a sociobiologia, com repercussões evidentes na compreensão do fenómeno religioso.Lembro apenas uma: desconstruir qualquer pretensão humanista complexa na religião, focando sobretudo as suas matrizes biológicas, segundo o esquema decimonónico da selecção natural, ultimamente cega, e com prevalência dos melhor adaptados, a que serve senão à perpetuação de uma sociedade estritamente competitiva, perfeitamente localizada historicamente, mas que assim parece ter uma legitimidade trans-histórica. Como é mais difícil reduzir a pó biológico as religiões estruturadas da época axial, ataca-se nos primórdios para pôr em causa a base do edifício.

  • Comentario por António Horta Fernandes 31.12.09 | 12:07

    Caro e Estimado Professor

    Conheço o livro em causa de Burket e embora as posições do autor sejam extremamente ponderadas e cuidadosas, nada parecidas com as de Dennett, muito menos com as de Dawkins (vantagens que os os autores continentais dispõem, espanta-me que o Prof. Burket tenha caído no canto da sereia da sociobiologia.
    Ponho desde logo de lado a ideia que a religião é a forma de aproximação do homem à oferta divina, não porque no seu fundo hermenêutico não seja tão válida quanto as outras, mas simplesmente porque não é agora o que está em discussão.
    Na verdade, sem negar a ilustração de padrões biológicos no nosso comportamento religioso, e como negá-los? Aproximar esses padrões especialmente às formas de religiosidade mais arcaica, é voltar a incorrer nas teses de Levi-Bruhl ou em ideias serôdias sobre a primitividade do pensamento ancestral. Quando todos os dados arqueológicos, por exemplo sobre o Neanderthal, de investigadores espanhóis e portuguese...

  • Comentario por Xabier 31.12.09 | 11:38

    Hola Darwinito:

    Hace bastante tiempo, había en este blog un comentarista -creo que se llamaba Víctor- que era neurólogo y, en su opinión, las visiones de Pablo no se corresponden con un cuadro epiléptico porque, en esos casos. suelen verse luces, mientras que lo que Pablo dice ver es algo más completo.

    Yo soy de letras, pero leyendo Hechos y varios extractos de las cartas de Pablo, opino -confieso que no soy el único ni el primero, antes se lo leí a un psiquiatra o psicólogo- que se parece a una experiencia cercana a la muerte.

    Además de la típica luz, algunos que han pasado por ese trance dicen haber visto "seres luminosos" y Pablo dice como desvelando un secreto que tras la muerte se tendrá un cuerpo "glorioso". Si hay por aquí algún médico sería interesante que interviniese.

  • Comentario por Darwinito 31.12.09 | 01:43

    La pregunta entonces no es si una especie de religión universal está programada cerebralmente, que lo está, sino como surgió esto en la evolución, qué ventajas comparativas tenía el cerebro de un homínido con tal mutación que no tuviera uno sin él. Pues yo creo que la explicación parece sencilla: que tal característica es necesario para la supervivencia de una especie cuyos individuos dependen de la cohesión del grupo o tribu.

  • Comentario por Darwinito 31.12.09 | 01:37

    Hay una disciplina científica que se llama Neuroteología, y es que efectivamente en el estudio del cerebro esta en buena parte la clave del asunto. Una estimulación eléctrica repetida de una zona concreta del lóbulo temporal crea alucinaciones de caracter místico religioso: se escuchan voces y se experimenta un estado de conexión cósmica con el todo cósmico, muy próximo a los relatos, por ejemplo, de Pablo cuando habla de algo parecido, producido en él probablemente a través de ataques epilépticos en esa misma zona. La ingestión de ketamina, por ejemplo, un anestésico disociativo, produce alucionaciones vividas de "viaje astral" y experiencias de nuevo místicas.

  • Comentario por W Blanco 30.12.09 | 19:13

    Feliz 2010 y si existe ese ser supremo, que nos bendiga y nos libere del insoportable ZP

  • Comentario por Rawandi 30.12.09 | 18:12

    La religión (creencia en sujetos incorpóreos) es un mero subproducto de la autoconciencia, es decir, la capacidad cerebral de concebir la existencia de la propia mente. Esta capacidad de los homininos tardíos, impulsada por experiencias oníricas y visionarias, les indujo a proyectar mentes ficticias en todo tipo de fenómenos, objetos y seres vivos (proyección animista).

    El animismo primigenio dio paso al politeísmo y este último desembocó en el monoteísmo. En resumen: el antropólogo del siglo XIX E. B. Tylor tenía razón en lo esencial.

  • Comentario por Yo 30.12.09 | 13:43

    Feliz Año 2010.


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