El blog de Antonio Piñero

¿La apocalíptica judía como matriz de la teología cristiana? Conclusión (110-18)

15.11.09 | 06:35. Archivado en Jesús histórico, Judaísmo
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Hoy escriben Florentino García Martínez y Antonio Piñero

Esta entrega de hoy es la penúltima de las 19 postales que dedicaremos a comentar el tomo VI, “Apocalíptica” de la colección Apócrifos del Antiguo Testamento, de Editorial Cristiandad, Madrid 2009, publicación que reúne un monto notable de textos judíos, los más importantes de la rama apocalíptica, cuya mentalidad me parece importantísima para encuadrar y comprender el pensamiento de Jesús y del cristianismo primitivo.

El último tema de la parte final de este comentario amplio, para el que hemos aprovechado un trabajo de Florentino García Martínez editado por mí en el libro colectivo “Orígenes del cristianismo”, El Almendro, Córdoba, 2ª es decir, 1995, con múltiples reimpresiones, se titula el “presente como el final de los tiempos”

En la predicación de Jesús, como en la tradición apocalíptica, el presente es visto como “el final de los tiempos”, como el comienzo del cumplimiento de todas las promesas, como los preludios al inicio del tiempo mesiánico, que es el definitivo. El tema es de sobra conocido como para necesitar insistir en él, y una buen parte de los textos que Käsemann cita en los dos artículos que hemos resumido y criticado a lo largo de esta serie pueden ser empleados para probarlo.

De todos modos repasemos lo esencial:

• El “Reino de Dios”; las nociones en torno al “Hijo del Hombre”;

• El “Día del juicio”; la lucha definitiva contra el poder de Satanás que comienza con la proclamación definitiva y última –por Jesús- del reino de Dios;

• Los discursos escatológicos de Jesús (núcleo en Mc 13) insisten en que el juicio de Dios e inicio del Reino es inmediato.

• En la persona de Jesús se cumplen los signos premonitorios de este fin. La comunidad de seguidores de Jesús está seguro de ello cuando recoge la tradición de que Jesús es como un Jonás actualizado y superior (Mt 12,25) y un Elías redivivo (Mc 9,11).

• El signo del fin próximo es la derrota ya comenzada de Satán que cae como un rayo en rápida y final derrota (Lc 10,17)… “Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír [el anuncio del inicio del reino mesiánico por Isaías 61,1ss], se ha cumplido hoy….”. No es necesario insistir más.

La idea fundamental al respecto que queremos recalcar especialmente hoy es que esta convicción de Jesús no es simplemente una convicción postpascual, un “invento” o un resultado de la experiencia de la resurrección de Jesús como primicia de la resurrección de los justos (1 Corintios 15), o de la recepción del Espíritu como introducción de los tiempos mesiánicos (Hechos de los apóstoles 2, discurso de Pedro), sino que esta visión del presente como el lugar en el que la batalla final contra las fuerzas del mal ya ha comenzado, del presente como el lugar en el que se cumplen las promesas de los profetas, del presente como el comienzo del “reino de Dios”, etc., es uno de los elementos característicos de la predicación de Jesús, y que esta concepción proviene de la tradición apocalíptica judía y de la visión de la historia que ella introdujo dentro del judaísmo.

Queremos decir con esto que esta noción capital es uno de los elementos que contribuye entre otros a la pintura de un Jesús de Nazaret cuyas coordinadas vitales absolutas son el judaísmo piadoso del siglo I… y no otras, como diremos a continuación.

Por tanto, nos parece que queda claro por todo lo dicho en esta serie que la afirmación de que el influjo de la tradición apocalíptica judía es uno de los elementos constitutivos de la predicación de Jesús de Nazaret está suficientemente probada.

Y si esta tradición apocalíptica judía ha influido profundamente en la formación y en la formulación de este mensaje (en la postal del próximo domingo, que espero sea la final rechazaremos una objeción global –“enmienda a la totalidad”- a la tesis que estamos ahora concluyendo) puede con razón considerársele como la matriz de la teología cristiana, en un sentido distinto al que Ernst Käsemann daba a su tesis, pero no por eso menos real.

De lo dicho hasta aquí en las postales anteriores creemos que se desprende claramente que la figura de Jesús se halla anclada, y bien anclada, en el humus fecundo del judaísmo de su tiempo y que su mensaje recoge e incorpora un buen número de elementos de la tradición apocalíptica. Nuestra presentación de los orígenes del cristianismo naciente como los de una secta apocalíptica judía entre los otros varios grupos que conocemos de la misma época nos parece históricamente correcta.

Pero esto no quiere decir -¡atención!- que estemos defendiendo que el cristianismo, a pesar de esta continuidad histórica con la tradición apocalíptica, se reduzca como fenómeno histórico a la apocalíptica, ni que la teología cristiana sea idéntica a la teología de la apocalíptica. Ni mucho menos. La divinización de Jesús es un fenómeno tan impensable dentro de la tradición apocalíptica como dentro del resto del judaísmo y nos muestra claramente la existencia de un ruptura profunda entre la teología cristiana y las teologías judías.

La insistencia de Ernst Käsemann sobre las diferencias entre la predicación de Jesús y la teología del cristianismo postpascual y la centralidad de la experiencia pascual es una de las maneras posibles de localizar el momento de esa ruptura entre el judaísmo y el cristianismo como nueva religión, que hemos centrado en la divinidad de Jesús. Por tanto,

• Ese momento podría estar ya, implícitamente al menos y de una manera no aún actualizada, en el inicio de la teología sobre Jesús del judeocristianismo mismo de la iglesia madre de Jerusalén

• Muchos han situado esa ruptura en el punto que separa la enseñanza de Jesús de la teología de Pablo.

• Otros, en fin, la ruptura se habría realizado ya a nivel de la autocomprensión del Jesús histórico.

El problema históricamente fascinante y teológicamente fundamental de localizar ese punto de ruptura, a partir del cual el cristianismo se autocomprende como una nueva religión, está ligado sin duda a la divinización de Jesús, como decimos, tema que queda evidentemente fuera de la perspectiva de esta serie…, pero que estamos tratando a largo plazo en uno de los temas del otro blog, “Cristianismo e historia”. Es éste un asunto de amplia reflexión.

Espero que en la próxima entrega podamos concluir con la breve consideración de la “enmienda a la totalidad” a la tesis central expuesta en esta serie.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

11 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Irving 15.11.09 | 21:41

    Josemari

    Aprovechando que esta vez has objetado con ideas claras de por medio, esta vez quiero objetar algo: aunque Piñero asume que Jesús fue un judío piadoso (y muchos teólogos y no teólogos con él), jamás ha sugerido que el cristianismo sea judaísmo. Por lo tanto, la percepción de Pablo que le achacas a Piñero es errónea. El punto es más sutil: el cristianismo está demasiado lejos del judaísmo, y por ello resulta importante investigar cómo se dio ese salto. Pablo puede ser una respuesta (y recalco: puede).
    Respecto a identificar a Jesús como judío piadoso, es el resultado lógico al que han llegado cristianos, judíos y ateos al corroborar que el material más antiguo en los evangelios es de perfil apocalíptico. Y ese tipo de textos eran propios de los judíos piadosos de la época de Jesús.

  • Comentario por Irving 15.11.09 | 21:37

    Pepe

    Florentino García Martínez es un destacado biblista. Sus libros son referentes obligados para los teólogos, debido a su prestigio merecidamente adquirido. Pero dicha reputación no es por sus reflexiones teológicas, sino por su erudición como historiador. No te confundas con el hecho de que se ha dedicado a estudiar la evolución de las teologías judías del período del II Templo, especialmente las vinculadas con los Rollos del Mar Muerto. Por ello, Piñero no sólo lo cita frecuentemente, sino que Florentino García M. frecuentemente aporta al blog de Piñero.

  • Comentario por Irving 15.11.09 | 21:35

    José Luis

    Hans Küng no es biblista, es teólogo, y por ello hay que escucharlo como teólogo. En esa línea, es perfectamente lógico lo que dice: el Jesús presentado en los evangelios no es tan judío.
    Pero ese no es el punto de discusión aquí, porque este no es un blog de teología, sino de Historia.
    Aquí el punto no es la reflexión teológica que se pueda hacer sobre todo lo que se dice que dijo Jesús, sino la reconstrucción del proceso de elaboración de los evangelios (y con ello, de las creencias sobre Jesús).
    Con la pena, pero Küng no es una eminencia en esa materia. Su trabajo ha girado en otra línea, pero el hecho de que lo haya hecho de modo brillante, no lo convierte en el punto de referencia obligado para una materia que no es la suya.

  • Comentario por Irving 15.11.09 | 21:30

    Julio

    Me sorprende tu cita a Jesús Peláez sobre el Reino de Dios, porque -justamente- la definición que da es perfectamente compatible con la de la apocalíptica: el Reino de Dios como sociedad alternativa.
    ¿Te has puesto a estudiar el tema? En realidad, le estás dando la razón a Piñero.

  • Comentario por Pepe 15.11.09 | 12:02

    Tengo una curiosidad ¿Por qué el Sr. Piñero se apoya a veces en teólogos (hoy en Florentino G. M.)para defender sus tésis y otras veces les acusa de falta de objetividad científica?

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 15.11.09 | 10:49

    Nada nuevo bajo el sol del Mediterráneo, destacar como singular el hecho cristiano es solo voluntad dogmática fuera de la ciencia de la historia.

    El atractor que supone un evangelio del emperador para las naciones vencidas se puede rastrear en la Galia, Hispania, Germania e incluso en Egipto durante los siglos I.

    El atractor que el cristianismo supone para los judíos conversos se puede rastrear hasta el siglo XX.

  • Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 15.11.09 | 10:47

    Es propio de la estrategia de un “imperio” redactar las “nuevas alianzas” con las naciones contrarias con la ayuda de destacados miembros de la nación opuesta.

    El evangelio de Paulus, redactado en las oficinas del Palatino en Roma, seguramente contó con destacados miembros de la intelectualidad judía a sueldo del emperador.

    No creo necesario enumerar la lista de obras literarias, de historia, filosofía y teología cuyos autores son judíos romanizados.

    El evangelio de “Paulus” se dirige a las naciones externas a Roma y en especial a esa nueva nación de judíos conversos por decreto-ley que deben renegar de la Ley de Moisés y adoptar como propia la salvación que propone el apóstol del emperador.

    Por ello y aunque el “estrato” evangélico es romano el “substrato” es judío y la apocalíptica judía ofrece soporte teológico a la “nueva alianza” evangélica.

    Nada nuevo bajo el sol del Mediterráneo, destacar como singular el hecho cri...

  • Comentario por Julio 15.11.09 | 10:42

    No todos piensan como Piñero;entre ellos, alguien que él conoce bien, Jesús Pelaez, quien afirma: "La expresión reino-reinado de Dios o de los cielos ha sido malinterpretada identificándola con el reino de Dios en el más allá(reino de los cielos) o con el cielo mismo donde Dios, según los fariseos pondría los puntos sobre las ies del comportamiento humano, pagando a cada uno según sus obras. Una lectura libre de prejuicios de los textos evangélicos muestra cómo éstos inciden directamente en el más acá de la comunidad cristiana inserta en el mundo y presentan lo que podríamos llamar con palabras modernas una alternativa de sociedad..."

  • Comentario por Josemari 15.11.09 | 10:30

    Totalmente de acuerdo con José Luís. El esquema mental en el que se desenvuelve el discurso de Piñero parte de estas tres premisas previas:
    1ª Jesús es un Judío piadoso.
    2ª Luego el cristianismo es Judaismo
    3ª Y lo que no es judaismo,lo inventó Pablo.
    Somos muchos más, teólogos y no teólogos, los que las negamos. Piñero: ¿por qué los titulados univeritarios en Historia, o Filosofía o psicología o Humanidas, etc. dejan de ser objetivos por haber estudiado también Teología?

  • Comentario por José Luís 15.11.09 | 08:34

    Como se ve, sigue Piñero intentando demostrar su tesis de que Jesús fue un Judío Piadoso. Esta tesis es la piedra fundamental en la que apoya toda su interpretación del Jesús histótico.Sin ella se derrumba todo su discurso en torno a Jesús. A partir de ella selecciona los textos y los interpreta. Yo no veo la objtividad por ninguna parte. La afirmación de que Jesús fue un Judío piadoso no es una conclusión, es una premisa.
    Sobre esta cuestión estoy con lo que afirma Hans Küng en SER CRISTIANO: "Jesús fue Judío, pero no tanto".

  • Comentario por Irving 15.11.09 | 08:31

    Hay dos puntos cruciales que me parecen exactos en la exposición de Piñero:
    1. La importancia fundamental de la apocalíptica en el Jesús histórico.
    2. El distanciamiento del cristianismo de la apocalíptica.
    Justo ese es el gran reto para la historiografía del Nuevo Testamento en general, pero de los evangelios en particular: la versión final es cristiana-paulina (no hay dudas de que esa fue la tendencia que se impuso), pero las fuentes más antiguas (las más relacionadas con Jesús) son apocalípticas. Y ambos universos son antagónicos.

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