Hoy escribe Fernando Bermejo
[Sigue aquí mi Carta Abierta a R. Aguirre, C. Bernabé y C. Gil].
Volvamos por un momento a la descalificación a priori que –vosotros sí– realizáis de mí al afirmar, sin pruebas, que yo hago descalificaciones a priori. Pues bien: antes de publicar mis dos artículos mencionados, y tal y como hice constar en sendas notas a pie de página (2005, p. 350, nota 1; 2006, p. 54, nota 1, que supongo habréis leído), sometí sus contenidos a la revisión crítica de numerosos colegas y amigos. Entre ellos había varios exegetas y teólogos católicos de este país (a los cuales, dicho sea de paso, conocéis bien); por ejemplo, seis de los cuatro nombres que cito en mi primer artículo son de exegetas o teólogos creyentes. Hice esto porque, no habiendo caído todavía en lo que Hegel llamó “el delirio de la presunción”, soy consciente de mis precomprensiones. En ambos casos recibí observaciones críticas de algunos de ellos, que tuve en cuenta en la redacción final de mis artículos.
13ª pregunta: El procedimiento consistente en someter lo que uno va a publicar al juicio de otros, y en especial al de quienes están ideológicamente muy lejos (y aun en los antípodas) de uno, ¿puede ser considerado razonablemente un indicio de apriorismo, o más bien de respeto, de prudencia y de amor por la verdad? Y yo ¿sometería al juicio de estudiosos creyentes mis escritos, si considerara que su carácter de tales les “descalifica totalmente”…?
14ª pregunta: Cuando vosotros habéis escrito vuestros artículos y libros sobre Jesús ¿los habéis sometido regularmente, antes de su publicación, al juicio de estudiosos no confesionales?
15ª pregunta: ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué cuando en este país se han organizado conferencias o discusiones sobre la figura histórica de Jesús o los orígenes del cristianismo que se han caracterizado por una verdadera pluralidad ideológica (participación de católicos, protestantes, judíos, agnósticos, ateos…) ha sido un estudioso no creyente (A. Piñero) quien las ha organizado, mientras que en los coloquios y publicaciones organizados por creyentes e instituciones eclesiásticas sobre estos temas los no creyentes brillan por su ausencia? Si os lo habéis preguntado, ¿qué interpretación dais a este fenómeno?
En la p. 244 os referís a mis afirmaciones diciendo: “Nos parecen inaceptables…”. Estupendo. Con la misma desenvoltura yo podría responder: “Y a mí me parece inaceptable que a vosotros os parezca inaceptable”. Y así, ad infinitum. Está claro que lo que a uno le “parezca” es algo simplemente subjetivo, mientras no se detallen argumentos. Sin embargo, la única “razón” de vuestro parecer es lo que escribís a renglón seguido: “Nadie está libre de presupuestos y condicionamientos cuando aborda el estudio histórico de Jesús”.
Ahora bien, hay que decir que esto no es un argumento válido, sino un mero pretexto (aunque será, cabe temer, el que se seguirá escuchando hasta el Día del Juicio), y ello por las siguientes razones:
1ª) porque es una falacia, a saber, la del tu quoque o “tú también” (como, dicho sea de paso, yo mismo denuncio con claridad en mi artículo de 2006, p. 111), y una falacia es un pseudo-argumento.
2ª) porque yo –como argumenté anteriormente– ni creo que ser creyente descalifique necesaria y fatalmente a alguien para emprender investigación histórica, ni jamás he abrigado la pretensión de que la ausencia de confesionalidad sea garantía de nada. Os recuerdo lo que escribí en la nota 203 de la p. 107 de mi artículo de 2006: “Los análisis efectuados no implican, obviamente, que la independencia con respecto a una posición de fe sea eo ipso garantía de imparcialidad, en especial allí donde a priori se adopta una postura hostil frente al cristianismo, como es el caso de…”. Se puede decir más alto, pero no más claro. Pero da igual: seguirá habiendo gente dentro y fuera de este blog que seguirán achacándome calumniosamente estupideces que jamás he mantenido.
3) porque vuestra frase es una trivialidad que, de nuevo, no dice toda la verdad: por supuesto que nadie está libre de presupuestos y condicionamientos –eso es capaz de captarlo incluso una mente tan limitada como la mía–, pero (como ya expuse detalladamente en su momento en este blog):
a) no todos los prejuicios son iguales: las precomprensiones con las que se manejan los sujetos no son equivalentes en intensidad ni en el grado de adhesión que suscitan.
b) Los prejuicios pueden condicionar o determinar una aproximación, pero b.1) el condicionamiento puede no ser significativo en lo que respecta a los resultados obtenidos; y b.2) una cosa es que los prejuicios condicionen los resultados, y otra cosa distinta es que los determinen. Si los prejuicios ni determinan ni condicionan de manera significativa un análisis, el hecho de tenerlos no constituye un baldón ni una especial deficiencia, y por tanto la frase "todos tenemos prejuicios" pierde del todo su capacidad de convicción. Dicho de otro modo: el hecho de tener prejuicios no iguala necesariamente de la misma manera a todas las perspectivas ni a todos los sujetos.
16ª pregunta: ¿Os parece intelectualmente serio responder a las afirmaciones contenidas en mis artículos con lo que –como acabo de argumentar– no es más, en el mejor de los casos, que una perogrullada, y, en el peor, una falaz escapatoria apologética?
17ª pregunta: ¿Podríais, por favor, señalarme no sólo cuáles son exactamente mis prejuicios, sino, sobre todo, cómo tales prejuicios afectan a los corolarios que extraigo en las pp. 64-70 –y más específicamente aún en las pp. 68-70– de mi artículo de 2006?
La búsqueda de la verdad –la genuina, no la de boquilla– exige confrontarse permanentemente con posiciones contrarias a las de uno mismo. En la bibliografía de vuestro libro –en la que no aparecen mencionados ni mis artículos (a pesar de que contienen la única crítica aparecida en castellano al modelo historiográfico imperante, y la más extensa, sistemática y razonada aparecida en cualquier lengua hasta la fecha), ni las obras de A. Piñero en las que hay extensas secciones dedicadas a la figura histórica de Jesús (v. gr. la Guía para entender el Nuevo Testamento tiene 50 apretadas páginas, pero también otras) ni las de Puente Ojea– mencionáis, si no me equivoco, 45 obras. 5 de ellas corresponden a autores judíos, 3 a protestantes liberales o post-liberales (Ehrman y Sanders), y, salvo error, sólo una a un estudioso ateo: J. Montserrat. Todas las demás (36 obras) corresponden a autores cristianos.
18ª pregunta: ¿Os parece que esta proporción resulta suficientemente imparcial y equilibrada, para que vuestros lectores se formen un juicio independiente de la investigación sobre Jesús? ¿Es ésta la imparcialidad de supuestos historiadores?
Que haya no pocos estudiosos competentes –al menos desde Reimarus y Strauss– que, escrutando las Escrituras, hayan llegado a la conclusión de que las pretensiones cristianas sobre Jesús carecen de capacidad de convicción, debería hacer pensar a cualquier creyente, tanto más cuanto que de tal conclusión podría depender, según dicen las Iglesias, la salvación eterna de sus almas.
19ª pregunta: ¿Creéis que esos estudiosos han llegado a esas conclusiones buscando honradamente la verdad, o creéis más bien que es alguna otra cosa –tal vez su ineptitud intelectual, tal vez problemas psicológicos no resueltos, tal vez alguna influencia diabólica– lo que ha determinado sus conclusiones? Si creéis que esos estudiosos no han alcanzado sus conclusiones enfrentándose a la cuestión honradamente, ¿podríais decirnos cuáles son, en vuestra opinión, los factores u oscuros intereses que les –nos– mueven?
20ª pregunta: Si pensáis, por el contrario, que son personas que han obtenido sus conclusiones tras una investigación intelectualmente honrada(yo quiero pensar de vosotros que sois honrados, y en la cita que hacéis de mí afirmo explícitamente que en los análisis de los exegetas confesionales no hay mala fe), ¿por qué os cuesta tanto –a vosotros y a vuestros colegas– exponer sus posiciones de manera imparcial, y por qué buscáis siempre desprestigiarles de una manera tan sibilina y burda (la eterna historia desde Reimarus y Strauss)?
Sabéis que lo que dice J. Montserrat en el prólogo de El galileo armado es bien cierto: Los creyentes tenéis universidades propias, titulaciones propias, revistas propias, editoriales propias, y hasta librerías propias. Pues bien, vosotros, que supuestamente nada sabéis de apriorismos; vosotros, que amáis la verdad; vosotros, que tenéis la infraestructura necesaria,
21ª pregunta: ¿Estáis dispuestos a organizar un coloquio sobre Jesús, abierto al público y cuyas actas se publiquen, en las que de modo equilibrado discutan creyentes con los no creyentes informados de este país (o de otros) y se analice no sólo qué sabemos verosímilmente de Jesús de Nazaret, sino también -y sobre todo- cuáles son los corolarios que cabe extraer de lo que sabemos para realizar un juicio sobre la credibilidad de las pretensiones cristianas sobre el personaje?
Repito que ninguna de estas preguntas tiene un carácter retórico: todas y cada una de ellas han sido formuladas con jovialidad, pero con la máxima seriedad, y aguardan una respuesta seria. Dada la gravedad de las cuestiones expuestas, os rogaría encarecidamente que no difiriérais vuestras respuestas ad calendas graecas.
Varios amigos y colegas que sabían que os estaba escribiendo este texto me han dicho que soy un ingenuo si espero realmente que vayáis a responderme (alguno ha añadido: “Porque éstos nunca responden…”). Yo les he dicho que puedo entender que personas como Rafael Aguirre y sus colaboradores abusen del lenguaje o hagan algún juicio temerario, pero que me costaría mucho creer que fueran intelectualmente lo bastante incapaces y moralmente lo bastante cobardes como para no afrontar preguntas legítimas que tienen que ver con la honorabilidad (en el ámbito intelectual, rigor es honorabilidad) de las personas a las que citan y con otras cuestiones graves. Elucidemos, pues, coram populo, dónde están y qué son los apriorismos.
Podéis enviar vuestras respuestas a mi mail o al de A. Piñero. Por supuesto, serán reproducidas íntegramente y sin dilación en este mismo blog. Me reservo el derecho de réplica y a vosotros el de contrarréplica cuantas veces sea necesario.
Recibid los tres mis mejores deseos y un saludo decepcionado pero todavía cordial,
Fernando Bermejo
Addendum. Respuesta a Esther Miquel
[Esther Miquel intervino ayer varias veces con comentarios en este blog. La primera vez que lo hizo calificó mi intervención de “guerra dialéctica, llena de agresividad (sic) y rayana muchas veces en el insulto” (sic), y sugirió a los responsables del Blog que adoptasen “una serie de criterios de estilo y buena educación que permita a los autores de los libros comentados participar en el debate sin tener que rebajarse (sic) a utilizar un estilo análogo al de sus atacantes (sic)”.
Esther Miquel es, entre otras cosas, una estudiosa del cristianismo antiguo. Es amiga y colaboradora de Rafael Aguirre, Carlos Gil y Carmen Bernabé. Es una persona preparada, inteligente y amable. Hasta ayer la consideraba mi amiga y me gustaría seguir considerándola así, aunque me resultan profundamente tristes y desconcertantes los juicios que ayer emitió en su primer comentario, y que he reseñado arriba. En lo que sigue, le contesto brevemente].
Querida Esther:
Como en esos textos antiguos en los que el hombre piadoso pide perdón a los dioses por los pecados que ha podido cometer inconscientemente, comienzo pidiéndote sinceramente disculpas si algo de lo que he escrito ha herido de algún modo tu sensibilidad. Debo de haber tocado, por supuesto sin quererlo, alguna fibra sensible para que tú, una persona reflexiva, que me conoces, que has hablado a menudo conmigo, que has comido en la misma mesa y sabes de mi cordialidad, hayas reaccionado del modo en que lo has hecho. Así pues, te ruego me disculpes si, inadvertidamente –aunque sigo preguntándome cómo y en qué– te he ofendido.
Yo soy una persona vehemente –y lo sabes–, pero la vehemencia no es un baldón (dicho sea de paso, Jesús de Nazaret parece haber sido también alguien bastante vehemente). Ahora bien, yo no he insultado a nadie (ni sido rayano en el insulto), y desde luego a ninguno de tus amigos de Deusto. No es sólo que no haya llamado a nadie “raza de víboras” o “sepulcros blanqueados”, es que no he faltado en ningún momento a las reglas de la cortesía académica y de la buena educación. En ningún momento.
Igualmente calificas mi intervención como caracterizada por la “agresividad”. Ignoro por completo de dónde sale este juicio, pero me temo que depende enteramente de tu hipersensibilidad (una hipersensibilidad que otras personas, por cierto, parecen compartir). Si, a tu modo de ver, escribir una larga carta y formular preguntas te parece desproporcionado, llámame “excesivo”, llámame “desmesurado”, llámame “apasionado”, llámame “gargantuesco”. Pero ¿”agresivo”…?
Dices de mi “tono” que te parece “inadecuado”, pero los juicios acerca del “tono” en ocasiones son francamente subjetivos. Yo me responsabilizo de cuanto escribo, porque pienso cuidadosamente cuanto escribo. Mucha gente –creyentes y no, amigos y no– han leído mi post y les ha parecido enteramente correcto. Para mí no hay duda de que lo es. Tengo todo el derecho del mundo a pedir públicamente explicaciones, y con la vehemencia que me parezca oportuna, a quienes públicamente han sido injustos conmigo (y con otros).
Ahora bien, Esther: incluso si yo no hubiera sido correcto, para cualquiera que ama la verdad es obvio que en una discusión intelectual lo primario deben ser los argumentos, no el tono en que se emiten (aunque, por supuesto, si el tono es cordial, miel sobre hojuelas). Escudarse en el presunto tono de una intervención para rehuir el fondo de las cuestiones planteadas es indigno de un intelectual que se precie.
Por lo demás, comprende que no quiera entrar ahora en una discusión contigo acerca del significado de afirmaciones hechas por otros: son ellos quienes deben responder, y supongo que se bastan solos para hacerlo. Una vez lo hayan hecho, y si deseas alguna discusión sobre algún aspecto, tendrás este blog a tu disposición, y a mí también.
Respecto a si los exegetas de Deusto responden o no, allá ellos si no lo hacen. Para mí está claro que dirigirme a ellos significa –aun tras haber sido objeto de juicios temerarios por su parte– reconocerles como interlocutores válidos y personas capaces de responder a preguntas sensatamente formuladas. Pero si optan por no responder, para mí –y para cualquier persona reflexiva– estará meridianamente claro qué deberé pensar de ellos, de su ética y de su calidad humana.
Con toda sinceridad, me resulta profundamente inquietante que R. Aguirre, C. Bernabé y C. Gil me hayan acusado de descalificar a priori cuando hay razones para pensar que son sólo ellos quienes me descalifican –y no sólo a mí–a priori. Y también que tú me acuses de agresividad rayana en el insulto, cuando hay razones para pensar que eres sólo tú quien resulta agresiva y casi insultante.
De todos modos –y a menos que insistas–, no te lo tomaré en cuenta (aunque te agradeceré me expliques a qué viene lo ocurrido). Yo acabo de pedirte disculpas públicas, por si de algún modo inadvertido te he ofendido. A mí me bastará con que –si te interesa conservar mi amistad– lo hagas en privado.
Deseándote de corazón todo lo mejor, recibe un abrazo.
Fernando
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
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No estoy al tanto de la polémica pero observo y lo digo que a primera vista
el continente del mismo adolece de un mucho de pedanteria y nodernismo tipo LOGSE, por que: eso de nombrar aESPAÑA
com PAIS no huele bien
Gracias, Julia. No se puede expresar mejor.
En cuanto al libro, ya he podido comprobar que es más que bueno, buenísimo.
Elessar,
Nadie ha criticado la obra de Bermejo sin dar datos. Simplemente han citado su idea de que los creyentes no pueden hacer historia, diciendo que no les parece aceptable esa descalificación a priori.
Bermejo dice que no es a priori, sino que ha leído muchísimo antes de descalificar a los historiadores creyentes. Pero es que resulta que esa falsa generalización será siempre un apriorismo por mucho que haya leído.
Que demuestre científicamente la imposibilidad de que una persona creyente (por cierto ¿de qué creencias concretas?) pueda aplicar los métodos propios de cualquier ciencia.
Y que demuestre su "independencia" ¿de qué? y el plus que le aporta como historiador.
Por lo demás sus hipótesis seguramente estarán muy bien fundamentadas y serán muy válidas, como tantas otras, compatibles con las suyas o no. La realidad, ...
Creo que reducir la función de la investigación histórica de Jesús a apoyar o rechazar la fe cristiana es mirar un campo muy amplio de estudio desde una perspectiva demasiado limitada. Así como la figura de Buda interesa a muchas personas que no se han planteado convertirse al budismo, así Jesús interesa a muchas como innovador moral y religioso, o como un modelo humano en el que inspirarse.
La investigación sobre el Jesús histórico no tiene siempre como objeto apoyar indirectamente la fe o la no fe. Sirve, entre otras cosas interesantes, para conocer su propuesta ética, su forma de reaccionar ante determinados problemas sociales, políticos y religiosos de su entorno social, el tipo de personas que le siguieron, el tipo de esperanzas y recelos que suscitó etc.
El interés concreto por el que alguien decide investigar sobre el Jesús histórico siempre condiciona de algún modo. Por otra parte, nadie (creyente o no creyente) dedica tiempo y esfuerzo a estudiar a un personaje de hace 2000 sin un interés específico. Por eso creo que sólo se puede juzgar sin prejuicios a un investigador por sus resultados. Es decir, por la manera como fundamenta sus interpretaciones.
Blasco, porque es un buen libro, no te quepa duda alguna. El problema, otro distinto y que viene de lejos, es que "los especialistas" discuten hasta qué punto "la creencia" y "la increencia" condiciona o no, y de qué modo, el conocimiento crítico de los fundamentos históricos de la fe. Como no lo abordan directamente, y en régimen de debate interdisciplinar riguroso, estallan estos "rifi-rafes". Por lo general los profesores suelen ser (solemos) bastante engreídos y algo dados a pataletas infantiles si nos critican. En los conflictos sobre "publicaciones" es cuando más se nos nota que la humildad intelectual es una "pose". No nos crea nada, cuando alguna frase se refiere a esa humildad. Así que concluyo, el libro en cuestión es bueno. Discutible en puntos, por supuesto, pero es bueno. Saludos.
¿Por qué parece que todo el mundo habla bien del libro - vésase el nada sospechoso Jaime Vázquez en V N (http://www.vidanueva.es/secciones/cultura/libros/que-se-sabe-de%e2%80%a6-jesus-de-nazaret/)- y aquí no?
Salvador,
Depende.
En este punto estoy de acuerdo con lo que acaba de decir Julia.
Muy bien, Julia, ya vamos poniendo un poco de orden en las condiciones del estudio "crítico" sobre Jesús y sobre "la fe en él". Saludos.
Evidentemente hay exegetas creyentes buenos y malos, como tanbién hay exegetas no creyentes buenos y malos o biógrafos de Julio Cesar buenos y malos. Para juzgar el trabajo de un exegeta hay que leer sus investigaciones y señalar aquellos textos que ha valorado o interpretado mal, o los presupuestos no justificados que haya podido utilizar. Para eso están los colegas.
Los presupuestos existenciales de los creyentes pueden influir inconscientemente en su predisposición a considerar tal o cual texto histórico o no histórico, o al interpretarlo en su contexto sociocultural. Recuerden que la historia no es una ciencia exacta. Pero en definitiva todo tiene que argumentarse utilizando criterios de historicidad y lo que no quede apoyado por los mismos se deja simplemente como "enunciado más o menos probable".
La investigación histórica tiene una metodología muy concreta que limita su objeto de estudio. No se puede investigar cualquier cosa con la metodología histórica. Los contenidos de los dogmas de fe y el objeto de la fe pascual no pertenecen al objeto de estudio de la historia. Los autores del libro no son los únicos creyentes que saben dónde están los límites de su investigación histórica sobre Jesús. Miren en su bibliografía.
Si leyeran el libro comentado, verían cómo es posible que un creyente haga historia sobre Jesús. En su investigación histórica, los autores no pretenden probar dogmas, tampoco que Jesús sea hijo "ontológico" de Dios o que haya resucitado. Estudian, entre otras cosas, el significado de la imagen de Dios como padre en Jesús y el tipo de experiencia humana que pudo llevar a la fe en la resurrección.
Pero ¿usted cree que se puede decir lo mismo cuando el objetivo de la investigación científica sea la vida de Mahoma?
Y por último, vayamos al núcleo del problema. Comencé mi comentario con una generalidad que, así expuesta en su máxima amplitud, no deja de ser sino una tauología. Usted lleva razón al responder que una creencia determinada, pongamos por caso la creencia en Alá, no tiene porqué condicionar la investigación de la filoxera. Tiene usted razón en este caso particular, y así sucederá igualmente en muchos otros casos particulares. Entonces, ¿lleva usted razón en todos los casos? no. ¿Cuando no puede acompañarle la razón? o dicho en positivo, ¿hay algún caso particular en el que sí hay un condicionamiento o, -dicho en otros términos- una incompatibilidad entre la investigación científica y las creencias? si, precisamente cuando la investigación científica tenga como objetivo el mismo objeto (valga la redundancia) que se tiene asumido como creencia personal. Pongamos de nuevo un ejemplo. La fe en Alá de un creyente musulman no condicionarán su investigación de la filoxera, de acuerdo. Pero ¿us...
Sofía.
En primer lugar agradecerle su interés por mi comentario. En segundo lugar tengo que censurarle su prejuicio (precisamente en un post de denuncia de juicios subjetivos) cuando me califica de "simplista" sin ningún argumento. Creáme que la que "supone mucho" es usted cuando incluso se atreve a imaginar cuál puede ser mi propio pensamiento acerca de los "creyentes".
Y por último, vayamos al núcleo del problema.
Fernando:
Es muy difícil dialogar con la audiencia imaginaria. Los investigadores creyentes tienen una poderosa audiencia imaginaria. Saben que si esa audiencia imaginaria les oye pueden ser destituidos o elevados. Ni escriben ni hablan heurísticamente. Nunca podrán decir "he encontrado esto y aquí está para quien quiera seguir buscando". Los investigadores creyentes que tienen una poderosa audiencia imaginaria si han encontrado algo que la contradiga nunca lo dirán, así que lo que dicen sólo tiene significado para la audiencia imaginaria, por eso se copian unos a otros y se citan con retórica manida diciendo en forma perifrástica lo que para el resto de los cristianos es insignificante.
Y desde luego estoy totalmente de acuerdo con el comentarista que dice:
"Resulta grotesco que el Sr. Bermejo se erija en juez del valor y calidad moral de las personas a quienes interpela en función si le contestan o no a la sarta de preguntas que a él le viene en gana hacer."
ojos verdes.
Dividir a los estudiosos en "creyentes" ¿de qué? e "independientes" ¿de qué?, como he visto hacer en este blog con frecuencia, es una falsedad sin fundamento.
Y si Bermejo no encuentra aceptable que estos exegetas no encuentren aceptable sus prejuicios contra los creyentes, pues estupendo.
El seguirá diciendo que no son prejuicios, y algunos releeremos los artículos escritos por él en el blog y comprobaremos una vez más que sí lo son.
no por ser "creyente" tienen por qué interesarte esas cuestiones.
Es absolutamente irrelevante que alguien crea en Dios o no a la hora de estudiar la persona de Jesús.
Más cuenta la simpatía o la antipatía por ese personaje que se descubre en los textos, incluso en el caso de que no fuera más que un personaje literario.
Los estudiosos se inventan distintos Jesuses, a partir de los textos, con ayuda de su imaginación y su lógica, y lo hace cada uno a su gusto, según su personalidad, reuniendo los datos que le vienen bien y colocando en algún cesto de los papeles, adecuado para ello, los otros. No se trata de oscuros intereses, sino de afinidades psicológicas e ideológicas.
Aunque honestamente intenten ser objetivos y por tanto hagan un esfuerzo por reprimir sus manías personales y escuchar algún argumento que contradiga los suyos.
Pero descalificar a alguien como historiador porque sea creyente no es más disparatado que descalificarle por tener los ojos ve...
Salvador,
Da la casualidad de que el método científico se aplica a las ciencias, y para aplicarlo importa muy poco que alguien sea "creyente" o no lo sea (aunque cualquiera sabe lo que entiende usted por "creyente")
Todo el mundo tiene creencias, usted también. Da lo mismo que tenga fe en que la vida tiene sentido o que se incline a pensar que no lo tiene, usted puede investigar igualmente la filoxera o demostrar el teorema de Pitágoras, es decir utilizar los métodos de inducción-deducción como cualquier otro hijo de vecino.
Seguramente ustedes, los simplistas, llaman "creyentes" a los que suponen que creen en el "dios" que ustedes no creen, o algo por el estilo.
Pues es mucho suponer por su parte.
Cada ciencia tiene su método, y los "creyentes" pueden aplicarlo sin ningún problema.
Ningún historiador quiere probar ningún dogma, eso lo harán los teólogos dogmáticos y les interesará a quienes les interese, que no por ser "creyente" tienen por qué in...
Resulta grotesco que el Sr. Bermejo se erija en juez del valor y calidad moral de las personas a quienes interpela en función si le contestan o no a la sarta de preguntas que a él le viene en gana hacer. Y que, por cierto, sólo parecen pretender que se hable de él y no del libro o del Jesús Histórico. No sé quién se ha creído que es. Se diría que Dios en el juicio final.
¿Lograremos ver en este blog un debate basado en argumentos evitando las descalificaciones y los juicios de intención? ¡A ver si hay suerte!
Sólo con las respuestas a las preguntas planteadas podremos apreciar la talla intelectual y humana de los interpelados, mientras permiten que nos quedemos con fundadas dudas de su saber quehacer.
El siguiente texto de Ortega, que trata sobre la elegancia, expresa mucho mejor lo que pretendo decir.
"A ese acto y hábito del recto elegir [al ser un hábito, sería una virtud en el sentido aristotélico] llamaban los latinos primero eligentia y luego elegantia. Es, tal vez, de este vocablo del que viene nuestra palabra inteligentia. De todas suertes, Elegancia debía ser el nombre que diéramos a lo que torpemente llamamos Ética, ya que es ésta el arte de elegir la mejor conducta, la ciencia del quehacer. El hecho de que la voz Elegancia sea una de las que más irritan hoy en el planeta es su mejor recomendación. Elegante es el hombre que ni hace ni dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir.” (Ortega y Gasset, "Origen y epílogo de l...
Enhorabuena a J. Ignacio Calleja por sus sabios comentarios.
Cuando alguien adopta el método científico como herramienta de descubrimiento de la verdad no puede aceptar como certezas afirmaciones no demostradas. En cambio, los creyentes hacen justo lo contrario, por eso se les llama creyentes. Su fe les lleva a admitir certezas no demostradas ni demostrables. Como es obvio esas dos posiciones son incompatibles. En ciencia no caben certezas sin demostración. Esto casi es de perogrullo pero al parecer, a algunos Católicos les cuesta entenderlo.
¿A qué viene este comentario? Pues a que me temo que D. Fernando B. se va a quedar sin las respuestas demandadas a sus interlocutores. ¿Cómo va a renunciar un Católico a la convicción de que Jesús es hijo ontológico de Dios, que resucitó de entre los muertos..., sin renunciar a su propia fe? ¿Y cómo van a hacer ciencia histórica con todas sus consecuencias sosteniendo al mismo tiempo certezas que no pueden demostrar? Una de dos o ciencia o dogma.
Enhorabuena a J. Ignacio Calleja p...
A mí me ha encantado este doble post del profesor Bermejo, ha sido claro, directo y objetivo, aunque se le ha subido un poco el cabreo, cosa que es normal.
Parece que no puede haber diálogo entre creyentes e increyentes, o crédulos e incrédulos.
Es una pena porque es la única forma de no quedarse en el oscurantismo.
Creo que el señor Bermejo tiene derecho a pedir públicamente explicaciones a quienes públicamente critican o censuran su trabajo sin aportar datos.
Resumiendo este post:
Que dice Bermejo que, aunque haya dado siempre esa impresión, no descalifica totalmente a los historiadores creyentes, sino CASI totalmente.
Pues bueno.
Que piensa Bermejo que deberían haber dedicado por lo menos la mitad del libro a hablar de sus artículos porque él está convencido de que tiene toda la razón y además le ha preguntado a unos cuantos conocidos que no eran clones y le han dicho que sí.
Pues vale.
Y que por tanto está muy cabreado con estos tres exegetas que han osado nombrarle sin dedicarle cinco capítulos.
Pues sí.
Y que sus supuestas ¿preguntas abiertas? deben ser ¿contestadas? or else....
Pos eso.
Añade aquí algunas preguntas incomprensibles como que por qué Piñero organiza coloquios (porque se le da muy bien) o por qué ellos no lo organizan (y para qué, si ya lo hace el profesor Piñero)
Bueno, pues eso es todo, parece ser.
Todo el mundo que haya leído los artículos del profesor Bermejo en este blog ha podido comprobar cómo efectivamente descalifica a priori a los historiadores creyentes.
No sé qué cita han elegido en ese libro, pero tenían donde elegir.
El tono general de sus 21 ¿preguntas abiertas? no se distingue gran cosa de su talante descalificador de siempre.
Y desde luego no creo que nadie con dos dedos de frente se preste a contestar a un artículo escrito en un tono bastante insultante que más que preguntar nada lo que hace es increpar.
Habría que preguntarle a Bermejo:
1.- ¿La cita de su artículo es correcta?
2.- ¿Piensa que está fuera de contexto y le gustaría explicarse mejor y matizar?
Si 1.- corríjala
Si 2.- explíquela
Pero el cabreo no se sabe a qué viene. Y desde luego, no creo que nadie tenga la menor intención de dialogar con quien le habla en ese tono tan insultante.
Escuchar la voz de Kant: "Ilustrado es el que piensa por sí mismo, sin depender de nadie ni plegarse a la dirección de otro. Enemigo principal de la Ilustración son las iglesias, que predican: no razonéis, sino creed en la palabra de Dios tal como os la comunico. Así no os perseguirán como herejes. Del evangelio surge una religión no ordenancista, sino moral. Jesús superó la ley para proclamar, como única categoría moral, el amor."
Pero la tropa romana mete a Erasmo en el Index Librorum Prohibitorum y luego declara que el cristianismo es un humanismo. Absurdo.
No obstante, gracias por casi todas las preguntas y el apunte de sus respuestas; si las libra de su condición de juez y parte, mejor. Los argumentos a un lado, y que el lector decida.
También en las preguntas se puede ver, yo así lo veo, que D. Fernando está irritadísimo, ¡mal consejero al pensar!, pues de responder los interpelados a la 12ª, y hacerlo con pruebas, no serían necesarias la 7ª y la 9ª, que suponen ya probado lo contrario.
Como trabajo el mundo académico, y visto lo visto, por muy importante que sea la cuestión, que lo es, y además de mil condicionamientos "eclesiales", no creo que con las advertencias de qué consecuencias se derivarán de no responder a sus preguntas, vaya a conseguir ni una sola palabra de sus interpelados. Podrían decir, y dirán, que en lo de los aprioris hay mucho que decir de todos y diferenciar en cada caso, pero más allá no creo que vayan. La experiencia me enseña que quien interpela "sobreactuado" de razón científica y moral, recibe la callada por respuesta. Los diálogos de Platón en esto del método son imperecederos. En la universidad, también.
No obstante, gracias por casi todas las pregunta...
Y esta otra, "Respecto a si los exegetas de Deusto responden o no, allá ellos si no lo hacen. Para mí está claro que dirigirme a ellos significa –aun tras haber sido objeto de juicios temerarios por su parte– reconocerles como interlocutores válidos y personas capaces de responder a preguntas sensatamente formuladas. Pero si optan por no responder, para mí –y para cualquier persona reflexiva– estará meridianamente claro qué deberé pensar de ellos, de su ética y de su calidad humana".
Yo creo que todo esto, lo de las valoraciones morales sobre los interpelados, una vez dicho por D. Fernando que no hay tales aprioris, y por qué, mejor dejarlo para después del debate y si no le convencieran en términos argumentativos; pero advertirlo antes, y suponer lo que debe pensar cualquier persona reflexiva de no suceder lo que él reclama, me parece presuntuoso por demás. No creo que un enfado deba evitarnos verlo.
También en las preguntas se puede ver que D. Fernan...
se derivará la prueba de quién incurre en aprioris, o quién en más, o quién en más decisivos. Decidan los lectores.
Ahora bien, acompañar la legítima interpelación académica, en sus preguntas concretas, con una convicción moral de fondo, la que reproduzco, y hacerla pública antes de conocer la respuesta de los interpelados, no sólo en el libro, sino directamente, y si responden adecuadamente, me parece como mínimo impropio de un diálogo. "Yo les he dicho que puedo entender que personas como Rafael Aguirre y sus colaboradores abusen del lenguaje o hagan algún juicio temerario, pero que me costaría mucho creer que fueran intelectualmente lo bastante incapaces y moralmente lo bastante cobardes como para no afrontar preguntas legítimas que tienen que ver con la honorabilidad (en el ámbito intelectual, rigor es honorabilidad) de las personas a las que citan y con otras cuestiones graves. Elucidemos, pues, coram populo, dónde están y qué son los apriorismos". Y esta otra...
Leo los dos post de D. Fernando Bermejo, y a fuer de sincero, los considero extraordinariamente interesantes. Reproducen preguntas fundamentales en la materia. Las fundamentales las he visto planteadas "muchas" veces dentro de "la teología", pero a duras apenas respondidas de forma que me satisfaga; me conformo en cuanto a esto con una satisfacción "histórica y teológica" razonable, no necesariamente completa y definitiva. No voy a ir más allá en cuanto al fondo del asunto. Respeto a "los especialistas", me gozo con sus precisiones, también con D. Fernando, y confío, intelectual y moralmente, en quienes han sido interpelados.
Si me permiten una palabra, más por viejo que por sabio, creo que D. Fernando podía expresar su indignación intelectual al comienzo de todo, advirtiendo que los aprioris hay que probarlos y no sólo suponerlos. Mostrar su hartazgo en esto, y seguir. A tal fin, ahí van las preguntas fundamentales que, de responderlas bien o mal, se derivará la p...
Estimados Fernando y Miquel:
Creo que el límite entre la agresividad y la asertividad es muy fino y, por otra parte, la agresividad no está de moda.
Pero quien se siente ofendido sin razón, tiene todo el derecho del mundo a quejarse y a pedir explicaciones.
Si estas aclaraciones ayudan a avanzar el conocimiento, bienvenidas sean. Si son solamente una guerra dialéctica entre intelectualidades, tal vez podrían moverse en espacios más privados.
Sra Miquel:
Ayer le escribí un comentario a sus palabras.
Hoy, desde mi ignorancia, pero leyendo la carta que le ha escrito el Sr. Bermejo al final de este post, me he sentido emocionada por la caballerosidad de este señor.
Me resulta difícil pensar que quien escribe eso, sea un monstruo del insulto.
¿Por qué no coge sus razones, las analiza y responde de una manera concreta?
Creo que yo aprendería mucho, que por eso leo este blog.
Con saludos, Ángeles
Sábado, 11 de febrero
Ana Bou
Carmen Guaita
Pedro Tarquis
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Salvador García Bardón
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo