Hoy escribe Fernando Bermejo
Hasta hace poco no había tenido noticia de la aparición del libro (Qué se sabe de… Jesús de Nazaret), escrito por tres exegetas de Deusto (Rafael Aguirre, Carmen Bernabé y Carlos Gil), que Antonio Piñero comentó ayer en este blog. Mi colega y amigo llama la atención sobre unas curiosas referencias en ese libro a algunos estudiosos españoles entre los que me incluyo. Tras consultar las páginas en que tales referencias se contienen, y aunque no me haya sentido realmente sorprendido (ciertos patrones, ay, se repiten sin cesar), no puedo ocultar mi decepción. Por esta razón, he decidido escribir aquí una Carta Abierta a los tres exegetas mencionados (son los tres quienes firman la sección pertinente y por tanto los tres son responsables de las manifestaciones vertidas). En ella efectúo una serie de consideraciones elementales y les formulo públicamente algunas preguntas, cuyo interés los lectores reflexivos podrán rápidamente percibir.
Estimados Carmen, Carlos y Rafa:
Confío, ante todo, en que estéis muy bien. Aunque no he coincidido con algunos de vosotros sino fugazmente, tenemos amigos comunes y las referencias que hasta ahora tenía me inducían a sentir respeto por vosotros. En lo que sigue, sin embargo, quedarán claras las razones de la decepción que he experimentado al leer algunas páginas de vuestro último libro, y os formulo una veintena –más una– de preguntas.
Ninguna de estas preguntas es retórica: todas –aunque desde la alegría y el buen humor– están formuladas con completa seriedad. Así pues, y dado que entrañan cuestiones de honradez intelectual y moral, confío en que tengáis la gentileza, la valentía y la decencia de responder a todas y cada una (entretanto no lo hagáis, me siento obligado a dejar en suspenso la consideración que hasta ahora os tenía).
- Las referencias que hacéis a Josep Montserrat, Gonzalo Puente Ojea y a mí se contienen en las pp. 243-244 de vuestro libro. Los párrafos que enmarcan esas referencias son los siguientes:
“Se percibe un malestar notable en este campo, reflejo de viejos contenciosos no superados y de prejuicios anacrónicos. En efecto, hay quienes consideran que la condición de creyentes y el marco institucional teológico descalifican totalmente la investigación histórica sobre Jesús, porque son condicionamientos que impiden la libertad y el rigor imprescindibles. Esta acusación es muy beligerante y está muy viva en España” (p. 243).
A renglón seguido vienen los breves párrafos dedicados a Josep Montserrat, Gonzalo Puente Ojea y a mí. Luego el texto continúa de esta guisa:
“Pero si hemos citado a estos autores es porque nos parece que sus opiniones reflejan una sospecha muy extendida socialmente sobre las investigaciones procedentes de ambientes confesionales, lo que se traduce en el prestigio actual de una literatura esotérica y fantasiosa sobre Jesús y los orígenes del cristianismo, normalmente de nulo valor. Es instructivo y frecuente el maridaje de increencia y credulidad” (p. 244).
O sea, las referencias a los autores citados se enmarcan entre las expresiones “viejos contenciosos no superados y prejuicios anacrónicos” y “acusación beligerante”, por una parte, y “literatura esotérica y fantasiosa” y “credulidad”, por otra.
1ª pregunta: El marco que habéis elegido y construido para referiros a algunos estudiosos españoles no creyentes ¿posee alguna función retórica, aparte de la de predisponer al lector a considerar que esos autores no merecemos realmente crédito?
2ª pregunta: ¿Os parece intelectualmente serio y moralmente honrado mezclar, sin solución de continuidad, las opiniones críticas mencionadas –de autores que (al margen de sus hondas diferencias de estilo y expresión) han dedicado muchos años de su vida a estudiar el Nuevo Testamento y los orígenes del cristianismo– con los prejuicios populares más burdos y crasos (“prejuicios anacrónicos”, “literatura esotérica y fantasiosa”, “credulidad”?
- Volvamos a vuestro primer texto. La redacción indica con toda claridad que, para vosotros, Montserrat, Puente Ojea y yo mismo estamos entre “quienes consideran que la condición de creyentes y el marco institucional teológico descalifican totalmente la investigación histórica sobre Jesús”. Veamos: “descalifican totalmente”. Lo curioso, sin embargo, es que a renglón seguido decís de J. Montserrat que “por otra parte, reconoce que estudios de creyentes hacen aportaciones de gran valor” (p. 243).
3ª pregunta: ¿Cómo es posible que alguien que reconoce el “gran valor” de las aportaciones de estudiosos creyentes considere al mismo tiempo que la condición de creyente “descalifica totalmente” la investigación? ¿No percibís aquí cierta inconsistencia?
Está claro que, o falla la lógica de Montserrat, o falla la vuestra. Ahora bien, resulta fácil demostrar cuál falla. Una cosa es la erudición y el valor informativo de las mejores obras confesionales –que Montserrat reconoce, como lo hace Puente Ojea, un servidor, y cualquiera que tenga ojos para ver– y otra cosa distinta es que las orientaciones ideológicas acostumbren a lastrar esas obras. En mis artículos de la Revista Catalana de Teología –a los que luego nos referiremos– yo he afirmado que hay obras confesionales (v. gr. la de Johannes Weiss, Die Predigt Jesu vom Reiche Gottes, a la que dediqué cuatro páginas: 2005, pp. 365-368) “el grueso de cuyas conclusiones está perfectamente vigente hoy en día” (2005, p. 369); he citado a autores como Goguel, Meier o Theissen manifestando que hay mucho de válido en ellas (2006, pp. 56ss); en la p. 110 n. 208 afirmo, por ejemplo: “sin duda obras como la de Sanders o Meier aclaran mejor y con más minuciosidad ciertos aspectos”, etc., etc., etc.
Lo que yo afirmo, y no soy el único –os lo repito para que os quede claro, a pesar de haber dedicado decenas de páginas a explicarlo (no hay peor sordo que el que no quiere oír)– es que en muchísimas obras de autores confesionales dedicadas supuestamente a la figura histórica de Jesús se introducen de rondón, con mayor o menor frecuencia, afirmaciones gratuitas e inconsistentes que dependen de presupuestos teológicos (vuestro libro es el enésimo ejemplo, y me da ulteriormente la razón), con lo cual tales autores se autodescalifican parcialmente como historiadores fiables. Una descalificación parcial no es una descalificación total, al igual que una descalificación (gratuita) no es lo mismo que una autodescalificación. Estoy seguro de que estas diferencias no serán demasiado sutiles para vuestra inteligencia.
4ª pregunta: Si al menos tanto Montserrat como yo reconocemos explícitamente el valor de la mejor investigación confesional –que citamos y usamos–, ¿por qué caricaturizáis nuestra posición atribuyéndonos la peregrina idea de que la condición de creyente descalifica totalmente la investigación histórica sobre Jesús?
El párrafo que me atañe comienza así:
“Fernando Bermejo, con una erudición enorme, piensa que la investigación crítica sobre Jesús ha llegado hace tiempo a unas conclusiones incompatibles con la fe cristológica.” (p. 243).
Al margen de la –totalmente inmerecida– mención a mi erudición, el problema de esta afirmación no radica en que no sea verdad, sino en que en aquello a que se refiere no es toda la verdad. En efecto, da a entender que sólo F. B., o a lo sumo un par de increyentes especialmente beligerantes en la piel de toro, sostiene(n) tal cosa. Ahora bien, esto no es así: esa conclusión no es idiosincrásica, pues hay estudiosos reflexivos en y fuera de este país que piensan lo mismo (en los artículos míos que citáis me he referido, por ejemplo, a un arameísta de la talla de Maurice Casey).
5ª pregunta: ¿Por qué dais a entender a los lectores que la idea de que las conclusiones de la investigación crítica sobre Jesús son incompatibles con la fe cristológica es una idea idiosincrásica de uno o dos españoles especialmente beligerantes, cuando sabéis perfectamente que esta idea es compartida no sólo por otros estudiosos españoles sino también por exegetas extranjeros muy bien informados?
Proseguís con las citas de uno de mis artículos:
“La pretensión de servir simultáneamente al Cristo de la fe y al Jesús de la historia es sólo posible si se reintroduce de rondón en éste último a los avatares de aquél […] Al estudiar al Jesús histórico, los exegetas recurren al lenguaje científico, pero muchos no parecen poder liberarse de la necesidad de buscar en aquél la justificación de sus concepciones religiosas, incurriendo así en un discurso criptoteológico. En ello no hay mala fe, pero sí –cabe temer– una falta de genuino interés en la recuperación cabal e incondicional del Jesús histórico”.
Y seguís con la siguiente perla:
“Nos parecen inaceptables estas descalificaciones a priori”, añadiendo: “Es ésta una de las razones que nos han movido a escribir este libro”.
Dejando aparte que la paginación que dais de mi primer artículo es errónea, que no mencionáis la página donde se hallan las citas y que la primera frase va en mi texto después –y no antes– de la segunda, hay cosas más inquietantes y curiosas en este modo de referirse a mí.
En primer lugar, las citas de mi artículo de 2006 corresponden a la p. 98. Ahora bien, ese artículo comienza en la p. 53 y termina en la p. 114. Así pues, mis afirmaciones se efectúan después de 45 páginas de análisis previo. Si a esto le sumamos las 58 páginas (no las 16 que pretendéis) de mi primer artículo (pp. 349-406), no es necesario ser un genio del cálculo para deducir que mi afirmación está hecha después de ¡103 (ciento tres) páginas de análisis! En esas 103 páginas, para decirlo sintéticamente, yo demuestro (no “opino”, sino que demuestro) entre otras cosas:
1) que el paradigma historiográfico actualmente imperante sobre la historia de la investigación sobre Jesús (que, por cierto, seguís reproduciendo en lo esencial en vuestro libro) adolece de gravísimas falsedades e inconsistencias (véase mi artículo de 2005);
2) que la tesis de la irrelevancia de la investigación del Jesús histórico (mantenida por una parte de la exégesis confesional hasta hoy) está caracterizada por trivialidades, falacias, caricaturas y contradicciones (2006, pp. 76-85);
3) que en la exégesis confesional (mayoritaria) que investiga al Jesús histórico perviven hasta hoy una serie de nociones cuya carencia de fundamento ha sido mostrada –por autores confesionales o no– una y otra vez, con lo cual incluso las obras sobre Jesús de los autores intelectualmente más serios (como v. gr. J. P. Meier o J.D.G. Dunn)– son obras sincréticas en las que los prejuicios teológicos se cuelan una y otra vez (2006, pp. 85-95; dicho sea de paso: por lo que dice Piñero y yo mismo he visto, lo mismo ocurre en vuestro último libro).
Esto no son meras opiniones a la ligera, sino conclusiones de análisis minuciosos a lo largo de decenas y decenas de páginas, plagadas de argumentos y de ejemplos extraídos de las obras de los más preclaros exegetas confesionales. Claro que, en el análisis de mis argumentos (algunos de los cuales han sido también expuestos por exegetas como E. P. Sanders, R. J. Miller, M. Casey o D. C. Allison –todos son citados en mis artículos–), vosotros preferís no entrar (¡mientras os atrevéis a decir que mis afirmaciones son una de las razones que os han llevado a escribir vuestro libro…!).
6ª pregunta: ¿Creéis que es intelectualmente serio y moralmente honrado presentar las conclusiones de un autor como si fueran una mera opinión peregrina, sin mencionar –por someramente que sea– los detallados argumentos en que se basa?
La redacción de mis dos artículos mencionados supuso un trabajo de casi dos años en los que hube de leer y analizar gran cantidad de obras desde el s. XVIII hasta comienzos del s. XXI, amén de otra enorme cantidad de bibliografía secundaria.
7ª pregunta: ¿Acaso no es una muestra de confusión mental considerable –pues no me atrevo (al menos por el momento) a achacaros cinismo– presentar como juicios a priori lo que no son evidentemente sino juicios a posteriori?
En segundo lugar, uno de los pasajes que citáis de mi artículo se refiere a “muchos” exegetas, no a todos. “Muchos”, para quien entiende el castellano, no son “todos”, ¿verdad que no? Y se refiere a “muchos” no sólo porque no he leído a todos, sino también porque –lo repito– hay obras de creyentes (como J. Weiss) de las que yo suscribo casi todo. Y se refiere a “muchos”, porque en las decenas de páginas previas yo demuestro inconsistencias, contradicciones y non sequitur en numerosos autores.
8ª pregunta: ¿Hay algo más que afán de ridiculizarme al afirmar que yo efectúo “descalificaciones”, cuando lo que he hecho ha sido demostrar que muchos autores que analizo se descalifican intelectualmente a sí mismos, ellos solos (con sus inconsistencias, sus contradicciones y sus non sequitur)? ¿No es acaso cierto que no es lo mismo una descalificación a priori que una crítica sólidamente argumentada?
9ª pregunta: Publicar en un libro que un autor hace descalificaciones a priori cuando esta afirmación es grave y falsa, ¿no es acaso sino una calumnia, por la que deberíais sentir vergüenza? Y si lo es, ¿no creéis que merezco que entonéis la palinodia y os retractéis públicamente?
10ª pregunta: Si afirmaciones centrales vertidas en mis artículos publicados en 2005 y 2006 son tan inaceptables y tan apriorísticas, ¿cómo se explica que desde entonces ni un solo exegeta o teólogo de este u otro país –los hay a cientos, y producen no poco papel impreso– se haya dado el gusto de publicar un artículo para refutarlas (vosotros mismos no esgrimís ni un solo argumento válido)?
11ª pregunta: Si afirmaciones centrales vertidas en mis artículos publicados en 2005 y 2006 son tan inaceptables y tan apriorísticas ¿cómo se explica que la Facultad de Teología de la Universidad de Lausanne me haya invitado a conferenciar sobre mi posición? ¿Y cómo se explica que un extenso artículo mío en inglés que expone –amén de algunas consideraciones adicionales– esencialmente las mismas ideas que las de mis artículos en español haya sido aceptado para su publicación en el Journal for the Study of the Historical Jesus, una de las revistas más prestigiosas en este ámbito (aparecerá dentro de un mes)?
Si yo pienso –y ciertamente lo pienso– que la investigación crítica sobre Jesús ha llegado hace tiempo a unas conclusiones incompatibles con la fe cristológica, tal pensamiento se sigue pura y simplemente del hecho de que yo extraigo los corolarios (2006, pp. 64-70, y aún más específicamente pp. 68-70) del consenso sobre Jesús expuesto en mi segundo artículo (2006, pp. 54-64).
Cuando he escrito que cabe temer en muchos exegetas “una falta de genuino interés en la recuperación cabal e incondicional del Jesús histórico” (2006, p. 98), obviamente me refiero no sólo a la introducción en sus obras de elementos teológicos, sino también al hecho de que no extraen los corolarios lógicos de sus análisis (vosotros, como señala A. Piñero, tampoco los extraéis).
12ª pregunta: Los corolarios de las pp. 68-70 de mi artículo de 2006 ¿no se siguen realmente de los análisis previos –que, como he argumentado, es el resultado del mayor consenso obtenible? Si creéis que no se siguen, ¿podríais por favor explicarme (uno por uno) por qué creéis que no se siguen, es decir, qué inferencias inválidas he efectuado?
(Esta pregunta es muy importante, no vaya a ser que tengamos ideas diferentes de lo que es un argumento y una consecuencia lógica, en cuyo caso resultaría que cualquier diálogo entre nosotros estaría de antemano condenado al fracaso).
Continuará mañana.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
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Ahora va a resultar que F. Bermejo es cristiano, sin saberlo ("cristiano anónimo", que diría un gran teólogo del S XX). Porque dice tener por "patrón" a Jesús de Nazaret, al menos en su VEHEMENCIA ...
Unos detalles,sin mayor trascendencia:
los artículos a los que Bermejo hace alusion se publicaron en RCatT,siglas que correspondena a
R:Revista
Cat:catalana
T:Teologia
Aunque supongo que el idioma de base de la revista es el catalan(por la nota que aparece en dicha lengua al principio del segundo de los articulos)es costumbre en la revistas cientificas,aceptar articulos redactados tambien en lenguas extranjeras:ingles,francés,español etc
Y lo mas gracioso es que el sr.Bermejo publique sus articulos en una revista de TEOLOGIA,él que parece ser alérgico a la teologia.Hubiera sido más logico hacerlo en la Revista Catalana de Historia (que no se si existe)no?
Resumiendo este post:
Que dice Bermejo que, aunque haya dado siempre esa impresión, no descalifica totalmente a los historiadores creyentes, sino CASI totalmente.
Pues bueno.
Que piensa Bermejo que deberían haber dedicado por lo menos la mitad del libro a hablar de sus artículos porque él está convencido de que tiene toda la razón y además le ha preguntado a unos cuantos conocidos que no eran clones y le han dicho que sí.
Pues vale.
Y que por tanto está muy cabreado con estos tres exegetas que han osado nombrarle sin dedicarle cinco capítulos.
Pues sí.
Y que sus supuestas ¿preguntas abiertas? deben ser ¿contestadas? or else....
Pos eso.
Historia,
El creyente matemático, no tiene ningún problema con que dos más dos sean cuatro, y la cuestión de si existe Dios o si hay otra vida no le competen como matemático.
El creyente historiador no tiene el menor problema con los datos ciertos ni las hipótesis probables, ni entra en su campo probar ninguna resurrección corporal ni espiritual, pues no es tampoco un tema que le competa como historiador.
En cuanto a lo de los jesuses, su hipótesis es que hay dos, otra es que no hay ninguno, otras que hay cinco o uno o tres y medio. O tantas como estudiosos. En todo caso ese Jesús es el que hay, y más que haber dos jesuses habrá dos perspectivas sobre Jesús, que no tienen por qué ser contradictorias aunque a usted se lo parezcan. Y en el caso de que lo fueran, cualquier hipótesis carece de derecho para imponerse como realidad, tanto si es la de un creyente como la de un no creyente. Simplemente no ser creyente no sube el nivel de credibilidad de las hipótesis que se s...
Sin querer entrar en el fondo del tema de
hoy,y mas bien como anecdotico,es una pregunta que llevo haciendome hace muchos años:quien fué "el genio" que nombro a Puente Ojea embajador en el Vaticano?(parece ser que fue Fernandez Ordoñez). Es algo que no llego a explicarme y no es que le quite meritos como diplomático,supongo a priori que los tiene,pero no habia nadie mas indicado para tal funcion? Pondriamos a un elefante de vendedor de piezas finas de ceramica en una tienda? Veremos tal vez algún dia a Ahmadineyad de embajador en Israel?A alguien racista de embajador en un pais de Africa subsahariana? De verdad que no le encuentro respuesta a esto o acaso la razon última era darle una ocasion a ver si el Vaticano lograba convertirle de su ateismo o agnosticismo? Alguien tiene alguna respuesta a esto? se lo agradeceria si pudiera darmela.
Sofía
Creo, por experiencia personal, que es más objetiva la postura del no creyente que la del creyente, a menos que el creyente esté dispuesto a asumir que la mitología en la que se basa su creencia es, justamente, eso: mitología. Y no me refiero a "cuento" o "mentira", sino al modo en el que una cultura (en términos generales) explica la composición del universo, los elementos que lo integran, y el modo en el que éstos se interrelacionan. En el momento en que un creyente pretende ubicar los detalles de su mito como algo objetivo en tiempo y espacio, limita -y a veces hasta anula- la posibilidad de estudiar los datos fríos y neutros.
Para la Sra Miquel:
...un estilo analogo al de sus atacantes".
Pienso que si se refiere a Piñero -pues él es el único que hace últimamente crítica de libros- no sé de dónde saca Usted esto. Jamás le leído en Piñero un insulto, o una "guerra dialéctica" o una descalficación.
Y en Gonzalo del Cerro, menos todavía.
!que es un bendito!
Y si se refiere a Bermejo, al que conozco menos, conteste a sus razones y déjese de pamplinas quejicas.
Además "rallana" que Usted escribe, no se escribe así, sino con y: "rayana" (viene de "raya", no de "rallar").
Saludos, Ángeles
Sra. Miquel: soy lectora antigua de este blog, y soy católica... a veces no estoy de acuerdo con todo lo que se escribe, pero jamás he oído o leído un insulto de la boca del Prof. Piñero. He sido alumna suya en la Complutense, y también en las clases que daba en el Aula de los Agustinos de la calle Fermín Caballero. Jamás he oído una descalificación, o un insulto o un guerra dialéctica salir de su boca.
¿qué quiere Usted decir con esto que copio?
"Probablemente muchos de los autores aludidos en los comentarios de este blog no respondan a ellos, no porque no tengan argumentos con los que defenderse, sino porque no tienen tiempo ni ganas de entrar en este tipo de guerra dialéctica, llena de agresividad y rallana muchas veces en el insulto. Sugiero que los responsables del Blog adopten una serie de criterios de estilo y buena educación que permita a los autores de los libros comentados participar en el debate sin tener que rebajarse a utilizar un estilo analogo al de sus...
corporalmente, ni que la historia del Arca de Noé sea cierta, ni que Jesús tenga que ser como digan los 4 evangelios (entre otras cosas porque hay, como mínimo 2 Jesuses diferentes: 1 el de los sinópticos y otro el de Juan), etc. La fe es una relación personal con la divinidad, así que no pasa nada si la investigación desmiente cosas que la exégesis (más bien diría eiségesis) dicen que son así porque si no, el garito se les derrumba.
Yo no estoy de acuerdo con Montserrat en lo del Galileo armado pero por razones de argumentación, y más gente que no es creyente (apuesto a que Piñero tampoco lo cree) y, por supuesto, quienes lo son (porque eso sería admitir que Jesús mataría o haría apología de la violencia y no es muy cristiano que digamos), que Montserrat no me convenza no quiere decir que no haga un buen trabajo de investigación, porque no desdeña datos, puede que los interprete de manera diferente, pero no desdeña nada, sin embargo, un exégeta o teólogo desdeñará o adaptará datos (a no ser que sea 100% consecuente con el método histórico) para adaptar las conclusiones a la fe, porque si no esta se va al garete. Y un historiador serio no tiene una ideología a la que adaptar sus conclusiones, porque le da igual que se le caigan mitos a la gente debido a su estudio del tema, él busca, analiza y da resultados caiga quien caiga. Y es que se mezclan las churras con merinas, porque la fe no es creerme que Jesús resucitó...
Se te ha explicado que la historia es interpretación de datos, que lo objetivo y científico es considerar datos ciertos los que lo son, e hipótesis más o menos probables lo que no son más que hipótesis. Pasar una idea de la categoría de hipótesis a la de certeza, sin pruebas, no es científico ni objetivo.
Yo no he dicho más que eso. No he insinuado que se pague a nadie por decir nada. Son otros los que insinúan calumniosamente que los creyentes hipotecan su libertad de pensamiento.
Y ya se sabe lo de cree el ladrón.. ;)
Que no, Historia, que no te enteras...
Te he explicado que no da un plus de objetividad científica no ser creyente.
Montserrat sigue sin tener razón en lo del galileo armado. No le da puntos para convertir su hipótesis en dogma.
Creyentes o no creyentes tienen hipótesis históricas igual de convincentes o no convincentes.
La cuestión de si alguien tiene además intereses ocultos o no, no he sido yo quien la ha planteado, simplemente he dicho que es igualmente aplicable a creyentes y a no creyentes.
Que no, Sofía, que no, que esto es Historia, disciplina científica que busca desentrañar la verdad, nada más, que no queremos nada, no tenemos intereses ocultos ni nos pagan por dar una imagen diferente de Jesús de la del Cristo de la fe, que tus presupuestos son equivocados, se te ha explicado en qué consiste la ciencia histórica y no es más que eso, se te han dado argumentos y tú no haces más que patalear y negarte, pues hala, allá tú ;)
Irving,
El hecho de que Montserrat no sea creyente no le da ni un ápice más de credibilidad a su idea sobre Jesús como "un galileo armado" que si fuera creyente.
El hecho de que Crossan sea creyente no le da ni un ápice más de credibilidad a su Jesús como una especie de filósofo cínico que si no lo fuera (suponiendo que lo sea)
El hecho de que Bermejo no sea creyente no le agrega ni un ápice de objetividad a su idea de Jesús como una mala copia del bautista.
Cada cual que lance sus hipótesis pero que no las conviertan en dogmas basándose en la enorme credibilidad que al parecer les otorga el incuestionable mérito de no ser creyentes -o de serlo, que lo mismo me da.
Esther Miquel,
Gracias por tus comentarios. No podemos dejar de leer este libro.
No te extrañes de que haya tantos dispuestos a juzgarlo a priori, es exactamente lo que acabo de decir: la supuesta imparcialidad de los supuestos no confesionales.
Gracias por hacer esas puntualizaciones sobre lo que realmente dicen o no dicen. Leeremos y después juzgaremos.
Igualmente se puede aplicar sus palabras el profesor Bermejo:
Lo que algunos afirman es que en muchísimas obras de autores "NO confesionales" dedicadas supuestamente a la figura histórica de Jesús se introducen de rondón, con mayor o menor frecuencia, afirmaciones gratuitas e inconsistentes que dependen de presupuestos IDEOLÓGICOS (sus artículos son el enésimo ejemplo, y les dan ulteriormente la razón), con lo cual ustedes se autodescalifican parcialmente como historiadores fiables. Una descalificación parcial no es una descalificación total...etc
Me asombra la cantidad de personas que están dispuestas a comentar públicamente un libro sin haberlo leído. Pido a quien se dé por aludido/a que señale las páginas donde se dice que la resurrección de Jesús es un resultado de la investigacion histórica.
Léase, por favor, aunque sólo séan las dos primeras páginas del cap. 10: Orígenes de la fe Pascual.
... es imponer el criterio teológico. No cuestiono esta postura, porque es -a fin de cuentas- la del creyente (y yo también lo soy, aunque desde otra tradición religiosa). Pero me parece imposible la pretensión de que el Jesús Histórico sea idéntico al de la fe. Este último es, en el mejor de los sentidos, un mito, al igual que Moisés, Mahoma o Buda.
A esto me refería cuando, en alguna postal anterior, insistí en que el teólogo aborda el asunto del Jesús Histórico de un modo diferente al biblista, pese a que cada uno haga uso de las herramientas del otro. En el caso del texto de Aguirre, Bernabé y Gil, aflora la perspectiva teológica y por ello se pierde rigor histórico. ¿Por qué es inevitable? Porque el cristianismo, como cualquier otra religión, está construida sobre una mitología, misma que es imposible de verificar históricamente. No se puede demostrar objetivamente que Jesús haya caminado sobre las aguas o que haya multiplicado cinco panes y dos peces, como tampoco que haya resucitado. Eso queda en el plano de la fe, y quien más provecho le saca (y lo digo en buen sentido), es el teólogo. Piñero y Bermejo abordan el asunto desde la otra perspectiva, y por eso sus posturas críticas. Pretender hacer uso de las herramientas de la crítica bíblica, o recurrir a la moderna cristología para finalmente decir "creo en la resurrección" ...
eso no es hacer estudio histórico, es teología. Por lo tanto, si haces un estudio histórico no utilices teología para apoyar tus conclusiones, así de sencillo.
"Lo que yo afirmo, y no soy el único –os lo repito para que os quede claro, a pesar de haber dedicado decenas de páginas a explicarlo (no hay peor sordo que el que no quiere oír)– es que en muchísimas obras de autores confesionales dedicadas supuestamente a la figura histórica de Jesús se introducen de rondón, con mayor o menor frecuencia, afirmaciones gratuitas e inconsistentes que dependen de presupuestos teológicos (vuestro libro es el enésimo ejemplo, y me da ulteriormente la razón), con lo cual tales autores se autodescalifican parcialmente como historiadores fiables."
Creo que aquí, Bermejo lo deja bien clarito: estos autores no son historiadores, son exégetas, teólogos. Si fueran historiadores, las conclusiones a las que llegan no serían válidas desde el punto de vista metodológico, porque un historiador serio, que juzga de igual manera la religión cristiana que la mesopotámica, china o hindú, no puede proyectar sus presupuestos teológicos en un estudios histórico porque ...
Las protestas de A. Piñero y F. Bermejo por la expresión "descalificaciones a priori" que los autores utilizan en la p. 243 son erradas. Los autores no se están refiriendo a una supuesta falta de argumentos por parte de quienes descalifican la investigación creyente sobre el JH, sino al tipo de argumento que utilizan cuando del análisis de unas cuantas obras concluyen la descalificación total de la investigación creyente. Para afirmar la imposibilidad de una investigación creyente y fidedigna sobre el Jesús histórico habría que mostrar que nadie hasta ahora la ha hecho ni nadie nunca la hará, o probar que la fe cristiana es lógicamente incompatible con el uso honesto de la metodología histórica. Esto, que yo sepa, no lo ha hecho F. Bermejo.
Pues yo no veo que Bermejo ataque ni descalifique, al revés, da argumentos, los otros autores no los dan y se quedan tan panchos.
El tono del comentario de F. Bermejo me parece francamente inadecuado para suscitar un debate intelectual mínimamente relevante. Probablemente muchos de los autores aludidos en los comentarios de este blog no respondan a ellos, no porque no tengan argumentos con los que defenderse, sino porque no tienen tiempo ni ganas de entrar en este tipo de guerra dialéctica, llena de agresividad y rallana muchas veces en el insulto. Sugiero que los responsables del Blog adopten una serie de criterios de estilo y buena educación que permita a los autores de los libros comentados participar en el debate sin tener que rebajarse a utilizar un estilo analogo al de sus atacantes.
Esther Miquel
He aquí un ejmeplo más de que si FE y CIENCIA no respetan sus campos esto es un CAOS, QUE TEMINA HASTA EN DESCALIFICACIONES.
No se puede pretender decir que un creyente está "absolutamente" condicionado por su fe sin decir a renglón seguido que un no creyente está "absolutamente" condiconado por su "no-fe". La falacia del lugar neutro del agnóstico o del ateo queda clara en Ágora, por ejemplo, película que deforma hasta el esperpento la realidad histórica so pretexto de neutralidad, y cuya conclusión (véase crítica cinematog. extensa) es que está hecha desde el ateísmo militante y que incluso lleva a decir "qué h. de p. son estos cristianos" (cita literal, perdón por la cita.
Cuidado por donde empezamos, porque, so pretensión de racionalidad y cintificismo, luego acabamos mal... El creyente no es en absoluto acientífico ni el científico increyente. Lo demienten las estadísticas. NO SE OLVIDE QUE LA EXÉGESIS ES UNA CIENCIA ENTRE TANTAS.
que don F.Bermejo es siempre exquisito en sus polémicas (me refiero a sus intervenciones en este blog sobre el Jesús de la historia)y hasta cordial, excepto -como nos pasa a todos- cuando algún argumento, por la razón que sea, le "cabrea". Cordiales saludos.
Para mí, el problema no es que don Fernando Bermejo no sea un verdadero erudito en el tema del Jesús histórico: lo es, y se nota. Pero aún se nota más, me parece, que desconoce, todavía más a fondo, por dónde va hoy la mejor reflexión cristológica. La incompatibilidad que él arguye entre resultados de la investigación histórica y discurso cristológico, es bastante evidente dentro del paradigma cristológico construído precisamente con anterioridad a los estudios histórico-críticos; no así si se refiere a la cristología que se hace teniéndolos ya en cuenta. Este es, a mi juicio,el nudo gordiano de la polémica. Es como cuando otro ilustre Fernando -Savater- se mofa de la religión cristiana atribuyéndole una concepción de la revelación que no se encuentra en ningún teólogo contemporáneo, ni tampoco, si se saben leer bien,en los grandes clásicos de la teología. Así lo veo. Quiero subrayar que don F.Bermejo es siempre exquisito en sus polémicas (me refiero a sus intervenciones en este blog s...
Yo he comprado muchos de tus libros, soy creyente, y los seguiré comprando. Es patente e todos ellos el trato, exquisito y super respetuoso, con el creyente.
No así con Puente Ojea, que se nota un resentimiento general, lo único que le interesa es descalificar la religión católica, por eso el "rigor" pasa a un segundo plano.
Sábado, 26 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn