
Hoy escribe Antonio Piñero
El título de esta postal corresponde al título del libro que comentamos esta semana. Su ficha es
Rafael Aguirre – Carmen Bernabé – Carlos Gil, Qué se sabe… de Jesús de Nazaret, Editorial Verbo Divino, Estella (España),2009, 271 pp. ISBN: 978-84-8169-922-7
Los autores son profesores de Nuevo Testamento en la Universidad de Deusto y combinan el estudio, la docencia y la divulgación de cuestiones en torno a Jesús, el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo. Recordarán los lectores que dediqué un notable número de postales a comentar su libro Reimaginando los orígenes del cristianismo, 2008, de la misma editorial.
Afirman los autores que Jesús “no es patrimonio de ningún grupo ni iglesia” –lo cual encaja bien dentro de la postura, nueva, cristiana, de negación del “exclusivismo”-. “Es legítimo y necesario socializar su historia desde aquellos presupuestos y bases compartidas por cualquier persona que se interese por él”.
Aceptan que este estudio histórico de Jesús, “tal como se lleva haciendo desde hace dos siglos (un poco más, desde 1778, preciso) plantea interrogantes a la tradición cultural de Occidente, a las formulaciones dogmáticas y a la coherencia vital de quienes se confiesan seguidores de Jesús” (contracubierta).
Me parecen oportunas estas observaciones. Sin embargo, no estoy totalmente de acuerdo con su siguiente formulación:
“La persona de Jesús, su vida y su mensaje son inagotables: en realidad es imposible presentar ‘lo que se sabe de Jesús de Nazaret’, pero sólo con evocarlo ya resulta fascinante”.
Y no lo estoy, porque estas líneas ya sobrepasan claramente el ámbito de la historia y entran de lleno en el de la fe. Pienso modestamente que sí, que es posible -aunque el libro resultante llegue a ser muy grueso- exponer todo lo que se sabe de Jesús…, si se acepta que lo “que se sabe” es el consenso medio de los investigadores, aquello en los que están de acuerdo la mayoría de los estudiosos de Jesús, sobre todo los independientes. Las líneas básicas y fundamentales sobre la misión y figura de Jesús no son ningún misterio. Son bien conocidas hoy. Parte de ellas las aceptan los autores del presente libro y las exponen en el último capítulo.
El libro aborda casi todos los temas importantes en torno a la vida, mensaje, misión de Jesús:
• Una breve historia de la investigación hasta el presente (desgraciadamente la autora, Carmen Bernabé, sigue con el viejo esquema de las “Tres búsquedas de Jesús”, y aunque lo somete a leve crítica (p. 24) acepta la etapa de “No Quest” (= “No hubo búsqueda del Jesús durante un cierto tiempo”). Con ello se ignora o se elimina de la historia medio siglo de investigación.
No se mencionan las importantes obra sobre Jesús de C. Guignebert, de M. Goguel, otras en lengua inglesa, menos conocidas, pero reseñadas por W. P. Weaver en The Historical Jesus in the Twentieth Century 1900-1950, Harrisburg, Trinity Press Int., 1999, como C. G. Montefiore, o R. Eisler (en alemán), aunque sí parecen mencionadas por Carmen Bernabé las obras de A. Loisy y del P. Lagrange.
• El contexto de la vida de Jesús: sus orígenes familiares, su educación, relación con Juan Bautista. Aquí resulta interesante ver cómo se abre la posibilidad de que los hermanos de Jesús fueran realmente hermanos carnales = p. 55: “Desde un punto de vista histórico, esta opinión no podría ser descalificada” (lo que va contra el dogma de la perpetua virginidad de María: la consecuencia no se obtiene). Aquí criticaría a C. Gil el que no cite bibliografía española, seria, sobre el tema (sobre la vida “oculta” de Jesús, y sobre Jesús y las mujeres, por ejemplo).
• La enseñanza de Jesús. El capítulo sobre el reino de Dios de R. Aguirre es bueno. Pero no se puede afirmar que para Jesús Dios “no es rey, sino padre” (p. 194), sino ambas cosas; sólo que hace más insistencia en los segundo. Tampoco aparece –casi ni se menciona- algo fundamental: el reino de Dios predicado por Jesús iba a cumplirse –al menos en una primera fase- aquí en la tierra. Y en concreto en la tierra de Israel. Además de los bienes espirituales, el reino de Dios predicado por Jesús tiene claras connotaciones materiales. R. Aguirre no expone esto.
• Los hechos de Jesús, sanaciones y exorcismos. Nada se dice de los milagros contra las leyes de la naturaleza (por ejemplo, caminar sobre las aguas, tempestad calmada, resurrecciones). Tácitamente se acepta que no son históricos, sino legendarios, pero el tema se elude y por ello no se obtiene las consecuencias pertinentes sobre la fiabilidad de los evangelios.
• Las relaciones de Jesús: destinatarios del Reino, discípulos en general, el grupo de los Doce, las mujeres (en calidad de qué “seguían” a Jesús y la posibilidad de que en el siglo I un rabino pudiera tener por discípulas a mujeres, los adversarios de Jesús…
• La experiencia religiosa de Jesús: el Dios de Jesús (no se plantea con la claridad deseable si Jesús se creyó a sí mismo realmente Dios). No se obtienen las consecuencias de esta realidad.
• El conflicto final de Jesús, condena y muerte (se acepta como “algo sumamente probable” (p. 183) que “”Jesús fue condenado por el poder romano… con el castigo que se daba a los criminales, por considerarlo culpable de un delito político que tenía que ver con la seguridad del estado… en ella tuvieron parte las autoridades religiosas judías… que no tenían poder de dictar pena de muerte (¡ojo a la errata ius gladiis, por ius gladii! p. 180; igualmente no debe decirse “ad usum Delphinis”, sino Delphini”: p. 243), pero prendieron a Jesús y lo presentaron ante Pilato de forma que resaltara la peligrosidad de las consecuencias políticas de su persona y su mensaje” (p. 184). Excelente síntesis, en la que –muy afortunadamente- no hay mención ninguna a una acusación interna por “blasfemia”.
• La personalidad de Jesús “¿Quién es Jesús?”: maestro, carismático, profeta escatológico, mesías, hijo del hombre, hijo de Dios. Pero, de nuevo, se escamotea la pregunta candente sobre si el sentido de filiación de Jesús incluye o no una paternidad real que vaya más allá de la “paternidad” de Dios, admitida por el Antiguo Testamento, para personajes especiales (rey, profeta, mesías) que siguen siendo sólo humanos.
• El debate moderno sobre la resurrección. La discusión no es tan clara como de Roger Haight, por ejemplo. De nuevo me hubiera encantado que la autora, Carmen Bernabé, hubiera comentado bibliografía española sobre el tema que responde de modo directo y claro a la cuestión del surgimiento histórico de la fe pascual, cómo esta fe reinterpreta la figura del Jesús terreno, lo que da lugar a diversos cristianismos, de entre los cuales unos vencen y otros son derrotados. No hay mención.
Quiero señalar que en estas páginas abundan ciertos clichés que hemos señalado repetidas veces en estas páginas y de los que se ha ocupado en sus postales del año pasado sobre Jesús Fernando Bermejo. Así: los mismos clichés sobre Juan Bautista y Jesús (p. 149), las mismas generalidades sobre el Dios amoroso de Jesús y la prédica edificante al respecto (pp. 150-151), citas sólo de teólogos católicos (pp. 155-157); la misma ambigüedad respecto a los responsables de la crucifixión: el poder romano (p. 183) y el poder judío (p. 184).
Lo último que deseo comentar de este libro recomendable –a veces valiente, a veces timorato- es la Cuarta parte, "Para profundizar” obra de los tres autores al alimón, que trata de la “relevancia actual de la historia de Jesús”. En este apartado los tres autores reflexionan –entre otras cosas- sobre:
• Los consensos actuales en los estudios sobre el Jesús histórico. En el punto 7 se destaca “Jesús se mantuvo siempre fiel al judaísmo”. La pregunta resulta evidente: Si Jesús se mantuvo siempre fiel al judaísmo… (observarán los lectores que esta idea no es un "a priori" mío ni tampoco un empeño personal), nunca intentó fundar una religión nueva. Entonces, ¿cómo surgió el cristianismo? ¿Quién es el, o los, fundador(es) del cristianismo? El tema, candente, no se plantea.
• Sobre el problema razón-fe: ¿es posible que un fiel creyente se halle incapacitado para hacer auténtica historia sobre Jesús?
Aguirre – Bernabé - Gil responden que “no”, que la condición de creyente no descalifica para la investigación plena e histórica sobre el Nazareno. Critican entonces la obra de José Montserrat (“El Galileo armado”, Edaf, 2008, Gonzalo Puente Ojea (obras diversas, sobre todo “Fe cristiana, Iglesia, poder”, Siglo XXI, 1991) y Fernando Bermejo (su largo artículo doble sobre “historiografía, exégesis e ideología. La ficción contemporánea de las ‘tres búsquedas’ del Jesús histórico”, de la Revista Catalana de Teología 30 [2005] 349-406 [los datos de la p. 244 del libro que comentamos están equivocados] y 31 [2006] 53-114).
Me fijo en la crítica más incongruente, a mi parecer. De F. Bermejo dicen Gil-Bernabé-Aguirre que “con una erudición enorme” (p. 243) piensa que la
“investigación crítica sobre Jesús ha llegado desde hace tiempo a unas conclusiones incompatibles con la fe cristológica”…, para luego a continuación afirmar solemnemente los mismos autores que “nos parecen inaceptables estas descalificaciones a priori, y es ésta una de las razones que nos han movido a escribir este libro. Nadie está libre de presupuestos…” (p. 244).
Me pregunto: personajes como J. Montserrat –estudioso consagrado de estos temas desde hace muchos años-; G. Puente Ojea, cuya biblioteca sobre Jesús de Nazaret es majestuosa, absolutamente espléndida, y que compra todo lo que de importante aparece en el mercado-, y F. Bermejo, de “enorme erudición”, ¿llegan a conclusiones a priori después de larguísimos años de estudio…? Sencillamente no lo veo. ¿Cómo se puede tener una enorme erudición y al cabo de tanto tiempo de reflexión y de estudio formular descalificaciones a priori?
Pienso, en primer lugar, que cuando un investigador pertenece a una iglesia, tiene ciertos límites que no puede traspasar. Si no, que se lo pregunten a Juan José Pagola y a Roger Haight…, personajes comentados en este blog.
Segundo: ser independiente no supone tener inquina cierta contra la religión. Quizá en algunos casos. En el del que esto escribe: puedo asegurar en mi caso, pues soy el que redacta esta presentación y crítica, que mi sesgo no impide ser amigo verdadero de muchos creyentes, y que no es óbice para respetar profundamente la opción religiosa. Es más: soy un decidido defensor de la religión, para quien lo crea y sienta (con tal de que no sea fundamentalista y esté dispuesto a matar, o a insultar, por ello), y opino que la religión es útil para muchos, para quienes ofrece apoyo y consuelo.
Pero a la vez pienso que la pertenencia a una organización estructurada impone límites ciertos al pensamiento. La afirmación de Aguirre - Bernabé - Gil de que
“nos parece adecuada la expresión ‘Jesús real’ para referirse al Jesús de la fe, el presentado por los evangelios canónicos” (p. 248)
me parece profundamente inadecuada para una obra de talante histórico como es la que ellos editan.
Igualmente: “La fe cristiana pretende captar lo más real de Jesús y, en su obra y vida histórica, descubre su realidad divina, su especial vinculación con el Padre y el sentido profundo de su existencia y misión” (p. 248) me parece también un desenfoque absoluto desde la perspectiva de la historia y la investigación. Esta formulación me convence más aún de que Fernando Bermejo –en el punto criticado por este libro- tiene toda la razón. De todos modos, es un honor que contra personajes como él, y como ellos, se escriba este libro.
Mi conclusión es: a pesar de las pegas que honestamente he formulado, me vuelve a parecer que el libro presente, Qué se sabe de Jesús de Nazaret, merece la pena ser leído, a veces más que por lo que dice, por lo que apunta. Van calando poco a poco aun en la investigación católica los resultados de los métodos histórico-críticos. Se van aceptando interpretaciones y resultados que hace unos treinta años, o incluso menos, no eran ni nombrables. Y como está firmado por autores católicos, y muy católicos, tendrá interés para muchos, y es un cierto consuelo para quienes hemos defendido esas posturas que hoy admiten desde otros puntos de vista. El libro ilustra mucho, además, sobre las líneas de investigación actuales sobre Jesús, aunque tenga poco en cuenta, a veces, la línea independiente.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
………..
• Hoy en el otro blog “Cristianismo e historia” se trata del mismo tema.
El día anterior: "Diversas cartas paulinas dentro de la actual 1 Corintios. el primer gran fragmento"
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Ya ves que "lo que se sabe" es realmente inagotable. Simplemente hay que saber distinguirlo de LO QUE SE SABE.
Pero no es obligatorio interesarse en el tema: que nadie se traumatice...
Pues para saberse tan poco de Jesús no parais de hablar y escribir...algunos se ganan la vida publicando libros enteros sobre esto.Tiene su arte.Manda h....!!!
Lo mismo que Piñero piensa toda la gerontocracia patriarcal católica de toda la vida. Deben ser "independientes"
Sin embargo, tan elocuente puede ser lo que omites como lo que dices, y Jesús omitió la cita "mala" y citó la "buena". Si lo tienes en mente y no lo consideras adecuado para explicar la relación del hombre y la mujer, por algo será.
Esto es un ejemplo de lo que "sabemos" unos y otros.
Otro ejemplo:
Montserrat del episodio del arma en el huerto, ha sacado un libro entero. Pero por muy "independiente" que sea, lo que nos cuenta en su "Galileo armado" no lo SABE, sólo "lo sabe"
Todo sin necesidad de entrar para nada en el terreno de la fe.
Me explico mejor.
Los autores dejan claro que lo que se sabe desde el punto de vista histórico crítico es muy poco. Por eso en la introducción establecen la diferencia entre ese "lo que se sabe" inagotable en toda realidad y lo que se sabe desde el punto de vista de la historia.
Cuatro cosas.
La mayoría son meras probabilidades. Por ejemplo, Piñero "sabe" que Jesús como buen judío tenía la visión de Eva como la costilla de Adán, simplemente porque no existe constancia de que lo criticara.
Yo sólo "sé" que cuando le preguntaron por la relación del hombre y la mujer, él no aprovechó para soltar ese rollo, sino recurrió a la cita más evolucionada, la de Gen 1, 27-28, la que hoy sabemos que es posterior, y no a Gen 2,3. Deja clarísimo que varón y mujer fueron creados desde el principio a imagen de Dios. Aunque no se dedique a hablar de lo contradictorio que resulta con la otra cita.
Lo mismo que Piñero piensa toda la gerontocracia patriarcal católica de toda l...
"independientes", es decir, a la minoría que comparten sus hipótesis, que se convierten en mayoría cuando elimina del estudio serio histórico a quienes no sean ateos o agnósticos. Esta falsa generalización se constituye en apriorismo por mucho que ustedes digan que se basa en lo que han leído anteriormente. Demuestren y formulen, de forma convincente y científica, esa imposibilidad del creyente para hacer crítica histórica, o no dejará de ser un "a priori", un prejuicio de ustedes, con inquina o sin inquina, pero igualmente prejuicioso.
Antes ha comentado que no está de acuerdo con la contraportada:
"“La persona de Jesús, su vida y su mensaje son inagotables: en realidad es imposible presentar ‘lo que se sabe de Jesús de Nazaret’, pero sólo con evocarlo ya resulta fascinante”.
"Y no lo estoy, porque estas líneas ya sobrepasan claramente el ámbito de la historia y entran de lleno en el de la fe..."
Deberíamos fijarnos en que "lo que se sabe de J de N" está entrecomillado, y queda explicado en el interior del libro. No se refiere estrictamente a lo que se sabe según el método histórico-crítico.
Ahora bien, si nos referimos a lo que se puede saber con este método, no estoy de acuerdo con usted cuando dice que daría para un libro gordo, pues lo que se sabe estrictamente son cuatro cosas.
Distinto es "lo que se sabe", cuando usted dice "parece probable", eso no pasa a ser cierto ni aunque le parezca probable a la mayoría de "independientes", es decir, a la minoría que comparten sus...
Coloqué el comentario anterior en otro post por equivocación.
Tras mi crítica al primer punto, tampoco estoy de acuerdo con lo que dice Piñero en el segundo punto, pues pide que se excedan de lo que es un trabajo histórico, lo que resultaría totalmente inadecuado. En un tratado de cristología y dogmática se podría hablar sobre esto, sobre como lo concilian los ortodoxos etc. Ellos se limitan a dar constancia de un hecho del que se pueden deducir diferentes consecuencias.
Respecto al asunto de Jesús y las mujeres, el enfoque de Bernabé es cien mil veces más correcto que el de usted, que coincide bastante con la exegesis más rancia de toda la vida (¿aquí el plus de "independencia" lo aporta que ustedes no son mujeres, tal vez?)
Quiero dar las gracias al profesor por recomendarnos el libro "qué se sabe de J de N"
Sin embargo, creo que el P.Piñero no es del todo exacto en su comentario, pues veo que C. Bernabé no propugna el esquema de las 3 quests:
"Hasta hace poco se ha admitido casi con total unanimidad..la división...en 3 grandes periodos (o 5 si...)...Sin embargo actualmente se pone en cuestión cada vez con mayor frecuencia la ideonidad desemejante división...."
"...a pesar de que se ha dicho que esta época de finales del siglo XIX y principios del XX fue un momento de "no búsqueda"...la verdad es que hubo estudiosos que siguieron investigando sobre el Jesús histórico...etc"
Por cierto, procestoc...
Ese es el fallo de los que no valoran el cine, ni lo conocen:
Pensar que en él no se hace FILOSOFÍA...
A mí me enseañaron que FOLOSOFÍA hacemos todos, casi sin darnos cuenta, desde pequeñitos...
También TEOLOGÍA, mal que le pese a algunos...
Estimado procestoc:
Dice F. Bermejo, cosa que comparto,
"Nadie está libre de presupuestos y condicionamientos cuando aborda el estudio histórico de Jesús”.
ni que tenga nada que ver con la historia. Se podrá estudiar desde el punto de vista de la historia si determinados grupos de personas creen en la otra vida o no, no si realmente existe la vida eterna, eso no es objeto del estudio de la crítica histórica.
Imparcial es quien reconoce los límites objetivos de una hipótesis.
No es imparcial quien fuerza la realidad en favor de su hipótesis al darle la categoría de certeza objetiva, sin serlo en realidad.
Está al alcance de cualquiera ser parcial o imparcial, al margen de su ideología, religiosa o no.
Fidelio,
El libro no va más lejos porque se extralimitaría, se saldría de los límites fijados en un libro de esas características. Los dogmas no pintan nada aquí ni falta que hacen.
Por otro lado no creo que deba identificar creyente con confesional. Y sobre todo, alguien que cree, en conciencia, busca la verdad, no está en venta (podríamos hablar de otros "confesionales" no creyentes que sí están en venta)
Me han gustado las interrogaciones de Emerito ¿imparcial? (para todos, creyentes o no creyentes)
Procestoc parece pensar que un creyente se ve en la obligación de probar lo que es dogma. Para nada. Si alguien cree algo, ni lo cree simplemente porque sea dogma, ni pretende probarlo, ni falta que le hace, ni tiene nada que ver con la crítica histórica, ni necesita mezclarlo para nada con este tipo de cuestiones.
Por mucho que tú creas en la resurrección, ni se te pasará por la imaginación pensar que eso es algo que se pueda probar ni que tenga nada que v...
Quiero llamar la atención sobre el error que he constatado en el comentario que el profesor Piñero hace al apartado escrito por Carmen Bernabé: A la búsqueda del Jesús de la historia (pp. 23-31)en el que la autora revisa la historia de la investigación sobr el Jesús histórico. Cualquiera que lea las páginas indicadas podrá comprobar que, contrariamente a lo que afirma el Profesor Piñero, la autora no adopta el esquema el esquema de las tres búsquedas, sino que hace un recorrido de la historia de la investigación indicando los jalones más relevantes de la misma. Menciona el esquema de las tres búsquedas simplemente para decir que ha sido adoptado por muchos autores, pero también criticado por otros. Carmen Bernabé tampoco asume la existencia de una etapa de "no búsqueda", sino que simplemente explica, con mucha claridad, las dificultades teóricas que teólogos como Wrede, Bultman y otros plantearon a la empresa de reconstruir la figura histórica de Jesús.
Quienes acudimos con frecu...
Estimado Sr. Blasco:
No creo que nadie pretenda que todo NO creyente está libre de prejuicios.
Tampoco creo, a título personal, que un creyente está "absolutamente" condicionado, aunque sí puntualmente.
Respecto a Agora no creo que represente a ningún sector de investigación, ni ateo, ni agnóstico, ni religioso. Es simplemente una película que busca un éxito comercial y no duda en forzar los hechos para satisfacer al máximo número de espectadores. Yo no compararía al Sr. Rafael Aguirre con Mel Gibson.
Por curiosidad ¿que respondería a mi pregunta?
Muchas gracias.
Quiero llamar la atención sobre el error que he constatado en el comentario que el profesor Piñero hace al apartado escrito por Carmen Bernabé: A la búsqueda del Jesús de la historia (pp. 23-31)en el que la autora revisa la historia de la investigación sobr el Jesús histórico. Cualquiera que lea las páginas indicadas podrá comprobar que, contrariamente a lo que afirma el Profesor Piñero, la autora no adopta el esquema el esquema de las tres búsquedas, sino que hace un recorrido de la historia de la investigación indicando los jalones más relevantes de la misma. Menciona el esquema de las tres búsquedas simplemente para decir que ha sido adoptado por muchos autores, pero también criticado por otros. Carmen Bernabé tampoco asume la existencia de una etapa de "no búsqueda", sino que simplemente explica, con mucha claridad, las dificultades teóricas que teólogos como Wrede, Bultman y otros plantearon a la empresa de reconstruir la figura histórica de Jesús. Fue la necesidad de superar esta...
He aquí un ejmeplo más de que si FE y CIENCIA no respetan sus campos esto es un CAOS, QUE TEMINA HASTA EN DESCALIFICACIONES.
No se puede pretender decir que un creyente está "absolutamente" condicionado por su fe sin decir a renglón seguido que un no creyente está "absolutamente" condiconado por su "no-fe". La falacia del lugar neutro del agnóstico o del ateo queda clara en Ágora, por ejemplo, película que deforma hasta el esperpento la realidad histórica so pretexto de neutralidad, y cuya conclusión (véase crítica cinematog. extensa) es que está hecha desde el ateísmo militante y que incluso lleva a decir "qué h. de p. son estos cristianos" (cita literal, perdón por la cita.
Cuidado por donde empezamos, porque, so pretensión de racionalidad y cintificismo, luego acabamos mal... El creyente no es en absoluto acientífico ni el científico increyente. Lo demienten las estadísticas. NO SE OLVIDE QUE LA EXÉGESIS ES UNA CIENCIA ENTRE TANTAS.
He aquí un ejmeplo más de que si FE y CIENCIA no respetan sus campos esto es un CAOS, QUE TEMINA HASTA EN DESCALIFICACIONES.
No se puede pretender decir que un creyente está "absolutamente" condicionado por su fe sin decir a renglón seguido que un no creyente está "absolutamente" condiconado por su "no-fe". La falacia del lugar neutro del agnóstico o del ateo queda clara en Ágora, por ejemplo, película que deforma hasta el esperpento la realidad histórica so pretexto de neutralidad, y cuya conclusión (véase crítica cinematog. extensa) es que está hecha desde el ateísmo militante y que incluso lleva a decir "qué h. de p. son estos cristianos" (cita literal, perdón por la cita.
Cuidado por donde empezamos, porque, so pretensión de racionalidad y cintificismo, luego acabamos mal... El creyente no es en absoluto acientífico ni el científico increyente. Lo demienten las estadísticas. NO SE OLVIDE QUE LA EXÉGESIS ES UNA CIENCIA ENTRE TANTAS.
¿Si escribo una biografía de Apolonio de Tiana en la que defiendo la verdad de su resurrección, hecho que para mi supone la base de mi fe en él, se me consideraría imparcial?
Los investigadores confesionales están sujetos por el dogma y la disciplina eclesiástica, y saben perfectamente que si hablan claro y alto sobre cuestiones que contravienen el dogma pueden recibir sanción, e incluso perder su puesto de trabajo en las universidades e instituciones católicas en que enseñan. No son por ello independientes, por lo cual tienden a expresar sus tesis con cierta ambiguedad y silencios calculados. El libro comentado sin duda es un claro ejemplo, no va mas lejos porque ello podría ocasionar problemas a sus autores.
Yo animo al profesor Piñero a que escriba un libro amplio y especifico que recoja todo lo que la critia moderna sabe sobre Jesús de Nazaret. Sería basicamente un desarrollo amplio de la pate II de su esplendido libro "Guía para entender el Nuevo Testamento". Debería ser un libro de alta divulgación, riguroso pero a la vez ameno y asequible al lector interesado. No me cabe duda que sería la gran aportación española a la investigación sobre el tema, y que superaria a muchos de los libros sobre el Jesús histórico del mercado anglosajón. ·
¿Puede un creyente hacer “verdadera” exégesis? Yo pienso que sí.
Ahora bien, opino que toda aproximación histórica a la figura del personaje Jesús de Nazaret debe partir de la realidad “nacido de mujer y sometido a la Ley”. A partir de aquí, habrá que intentar depurar y filtrar los dichos y hechos narrados en los evangelios. Y descubrir al Jesús HOMBRE, predicador y rabino, acosado, juzgado y condenado a muerte.Claro que, a fuer de historiador “imparcial”, deberá tratar la vida de Jesús con el mismo criterio que trataría las vidas de Buda y de Mahoma, o sea, sin prejuicio alguno.
El historiador no creyente (¿imparcial?) deberá admitir que los evangelios contienen datos históricos, pero que deben ser “rebuscados” e interpretados en el contexto evangélico. Y los historiadores confesionales (¿imparciales?) deberán reconocen que los relatos evangélicos contienen narraciones legendarias o mitológicas que deberán también ser interpretadas en el contexto cultural en que fue...
Para UNO DEL BACHILLER MUY ANTIGUO, (como yo). Los lapsus son patrimonio de la Humanidad. Por eso también los tienes tú. El término “alimón” SÍ está recogido en el DRAE.
Es más, parece defender la teoría de que es un recorte de la expresión “alalimón”. Puesto que, y esto lo añado yo, algunos lingüistas opinan que “alalimón” pertenece a esas expresiones nacidas de la espontaneidad, incorporadas a las canciones populares o infantiles sin ningún significado concreto, como ese trabalenguas famoso de “supercalifragilísticoespiralidoso”.
El sentido de “cooperación o colaboración” que hoy se le da viene del juego de niños en el que cantaban al “unísono” cogidos de la mano.
Solamente es una precisión a tu precisión.
pacomio:
Salvador Centeno tiene un estudio de la reótirica de la carta a los Romanos:El argumento de la fuerza de la fe frente a la falta de fe en los argumentos
http://www.revistadefilosofia.com/16-02.pdf
pacomio:
Para cualquier persona la fe es una actitud de confianza hacia otras personas o ideas. No es nada más. La retórica y la teología ha convertido a la fe en la esencia de la religión y no lo es. Y mucho menos tal como hoy se está codificando por parte de algunos teólogos que la convierten en un signo de pertenencia a su Iglesia. Tener una fe en la Iglesia como expresión del Cristianismo es sólo una actitud. Hay muchas más actitudes que configuran una opción fundamental hacia el cristianismo y todas sus iglesias. En definitiva, la fe, la esperanza y el amor son actitudes, que por cierto el Sr. Puente Ojea las tiene respecto del cristianismo y a veces utiliza una retórica en forma de diatriba frente a los que convierten una actitud humana en código de pertenencia divina. Desde aquí mi mayor respeto al Sr. Puente Ojea.
interesante lo que se puede saber de Jesús. Pero no debe separarse de lo que dice la fe acerca de ese mismo Jesús.
porque descalifica al creyente al que se pasa a considerar como un farsante, o, en el mejor de los casos, un ingenuo ignorantón. Dejé de polemizar con Bermejo el año pasado porque sus post iban en aumento en lo que a verdadero sectarismo se refiere: sólo el no contaminado por el virus de la fe puede investigar con honradez y llegar a conclusiones plausibles. Pues va a ser que no. Lo siento. Saludos.
Un par de cosas nada más sobre este largo y, como siempre, interesante post.El carácter legendario de los milagos contra las leyes de la naturaleza es un lugar común en la investigación católica desde hace muchísimos años: ya W.Kasper lo afirma rotundamente en su cristología (años 70). A ud., prf.Piñero, parece sorprenderle y, por si acaso,añade que no se saca de ello consecuencias dogmáticas. No hay ninguna consecuencia que sacar: la leyenda es un genero literario tan digno y válido como el relato histórico, capaz de transmitir convicciones de fondo. En cuanto a la erudición y los a priori: no es incompatible ser un gran erudito y tener un a priori: como su nombre indica, el a priori es anterior a la erudición, y lo malo es que la vicia. Y eso es lo que, también a mi juicio, ocurre con el Sr. F.Bermejo. Todo lo que sabe -que es mucho- aparece teñido por un a priori, es decir, un prejuicio indiscutible: la fe incapacita para la investigación, lo cual es, además de falso,ofensivo porque...
Tiene razon Antonio en lo de las erratas
-ius gladii y no ius gladiis
-ad usum Delphini y no ad usum Delphinis.
Comete él tambien un error (o es solo una errata?)cuando usa la expresion :
"a la limón"
que no es correcta,siendo la correcta "al alimón",que aunque la palabra alimón no aparece en el diccionario de la RAE,si en otros como:Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:
alimón (al)
1. m. Juego de niños que se hacía bailando en grupos y cantando unos versos que empezaban con este estribillo.
2. loc. adv. col. Hecho entre dos personas conjuntamente o en colaboración:
suelen trabajar al alimón. Se refiere especialmente al modo de torear simultáneamente dos lidiadores, cogiendo cada uno un extremo del mismo capote:
capear al alimón.
Respuesta de Antonio Piñero:
Mil gracias por su correcta obserevación. El error ya está corregido.
No se trató de un lapsus calami, sino verdadereamente de un lapsus intellectus, de esos que se producen por inadvertencia cuando se escribe de prisa. Por eso, sabiendo perfectamente cómo se escribe, produce horror que uno mismo pueda cometerlos.
De nuevo, gracias.
Sábado, 26 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jose Gallardo Alberni
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn