Hoy escribe Antonio Piñero
Tema: Diferencias entre un Jesús divinizado y la figura judía de Henoc-Metatrón, una especie de ser humano convertido en ángel.
A la lista de diferencias de concepción entre un Jesús divinizado y el “ángel” Henoc Metatrón que hemos señalado ya, añadiríamos una observación de Julio Trebolle: "la idea de un mesías sufriente –que ejecuta el acto supremo de la redención por su muerte- no aparece en Qumrán":
“Los textos de Qumrán aplican con frecuencia el título de ‘siervo’ a Moisés, a David y a los profetas. En los textos oracionales la expresión ‘tu siervo’ equivale a la simple referencia pronominal ‘yo’. Ningún texto de Qumrán ofrece, sin embargo, la expresión ‘siervo de Yahvé’ típica de las profecías bíblicas sobre el Siervo sufriente (Isaías 40-53).
No puede decirse que el motivo de un mesías sufriente sea en modo alguno característico del Antiguo Testamento, ni es probable tampoco que aparezca en texto alguno de Qumrán. Este motivo -concretizado en la idea del ‘siervo sufriente’- se encuentra por el contrario en el Nuevo Testamento y sólo en pasajes de la obra lucana, sea en el evangelio o en los Hechos de los Apóstoles, Lc 24,26; Hch 3,18; 26,23” (“Los Textos de Qumrán y el Nuevo Testamento”, en Los hombres de Qumrán, Trotta, Madrid, 1993, p. 246).
Así pues, una conclusión razonable de todo lo dicho hasta aquí -sobre la aparición en la teología cristiana y simultáneamente o un poco posterior en la judía de la idea de un mesías/redentor que empieza a tener rasgos divinos- sería aceptar que el judaísmo helenístico, a pesar de la riqueza comparativa contenida en los llamados “Apócrifos del Antiguo Testamento” o en los Manuscritos del Mar Muerto, “no nos aclara directamente el misterio cristiano”, en palabras de Florentino García Martínez (“Los manuscritos del Mar Muerto y el mesianismo cristiano”, en Piñero-Galiano (eds.), Los manuscritos del Mar Muerto, El Almendro, Córdoba, 1994, 206).
Los escasos “precedentes” judíos se quedan en el ámbito de la analogía y no valen para aclarar totalmente el salto teológico que supone el paso de un “hijo de hombre” puramente humano, de un “mesías” terrenal como debió de ser el Jesús de la historia, a un “hijo de Dios” óntico o real, y la novedosa noción dentro del judaísmo de "un mesías humano y celeste a la vez", que es lo que se piensa de Jesús.
Por ello, para la historia de las ideas cristianas, la cuestión del origen y nuevo significado de los títulos cristológicos (mesías divino; hijo de Dios en pleno sentido; Hijo del Hombre juez universal y escatológico, por tanto con funciones divinas) no se resuelve satisfactoriamente señalando tan sólo ciertos paralelos seminales o verbales en el Antiguo Testamento o en Qumrán (por otra parte bien escasos, como ya hemos insistido, dentro de la pléyade de textos mesiánicos o semimesiánicos judíos).
El profundo cambio de contenido teológico de los títulos cristológicos cristianos pudo verse ayudado por el ensanchamiento de conceptos judíos, pero exige otra explicación en cuanto al origen de tal cambio. Los paralelos con Qumrán no bastan, porque se quedan cortos, porque la idea de la filiación física divina de Jesús impregna todos los títulos cristológicos y les otorga un contenido distinto y muy profundo.
En mi opinión, y en la de otros, este paso sólo se da en el cristianismo paulino -no en el de Jerusalén, los primeros seguidores de Jesús-, y el impulso primero lo dio Pablo de Tarso, el judío profundamente helenizado, en cuyo pensamiento desde pequeño, en su ciudad de nacimiento, Tarso de Cilicia, se daba la existencia simultánea de la cultura judía -representada por la comunidad hebrea de la ciudad- y una potente religiosidad pagana, muy orientada hacia los cultos de salvación. En mi opinión, Pablo asimila desde joven, consciente o semiconscientemente, estos dos ámbitos religiosos. Esta asimilación se traducirá -en una crisis dentro de su judaísmo- en un encuentro visionario con el Jesús resucitado, de donde le vendrá su interpretación peculiar de ese mismo Jesús, interpretación que él transmitirá luego a sus comunidades de conversos.
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
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• En el otro blog, “Cristianismo e Historia” (en la revista electrónica “Tendencias21”, el tema de hoy es:
“El mesianismo de Jesús según el episodio de la entrada en Jerusalén”
• Magíster de "Ciencias de las Religiones" Universidad PABLO DE OLAVIDE, Sevilla (Véase postal de 26-06-2009)
Para obtener más información:
http://www.upo.es/historia_antigua/master_religiones/index.jsp
Saludos de nuevo.
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Además el cristianismo no es sólo de Pablo, sino de Pedro y de Pablo. Y la base no son las epístolas paulinas, sino los evangelios. Las epístolas están todas a otro nivel.
¿Por què tienen una idea preconcebida de Dios? Es ese Dios el que no les cuadra que sea uno con el hombre Jesús, porque lo dejan en hipotética trascendencia omnipotente, incapaz sin embargo de autolimitarse manifestándose plenamente en un ser humano.
En ese Dios separado del hombre y del mundo por un abismo insalvable sí que es imposible creer porque carece totalmente de sentido.
El Dios trinitario es más imposible dentro del helenismo que del judaísmo, por mucho que pueda haber influencias.
Y la lectura plenamente anselminiana que hacen de la redención está obsoleta.
El Jesuita norteamericano Haight, en su obra "Jesús, símbolo de Dios", condenada por el vaticano, trata de demostrar que la cuestión de la unidad de Jesús con Dios no fue claramente establecida en el Nuevo testamento. Haight habla de cristologías neotestamentarias, distintas. ronización" La Cristología de Pablo es una cristología, llamada por algunos de "Entronización", (Rm 1, 3-4) que entiende la filiación divina de Jesús no en la línea de su generación física o metafísica sino en la línea de su exaltación por el poder del espíritu.
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
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Religión Digital
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