
Hoy escribe Antonio Piñero
Querido lectores:
A causa de la abrumadora tarea de unos recientes compromisos de trabajo, me veo obligado temporalmente a espaciar un tanto mis postales en este blog. De este modo, mis notas aparecerán los martes, jueves y sábados. Como es habitual, los lunes y miércoles contarán con las postales de Gonzalo del Cerro y Fernando Bermejo. Agradezco por adelantado vuestra comprensión.
Y ahora, seguimos con el comentario a la obra de Jerome Murphy O’Connor, “Pablo, su historia”.
Después de la parte crítica del día anterior, deseo añadir que me parece interesante cómo el autor dibuja las circunstancias de la Carta a los gálatas y el ambiente que se respiraba en la ciudad de Pesino de Galacia, que es donde Murphy O’Connor sitúa el emplazamiento de la fundación de aquella comunidad. El autor explica bien la crisis que se vivió en la ciudad cuando llegaron misioneros judeocristianos que predicaban “otro evangelio” y cómo Pablo se hizo de nuevo con el control de esa comunidad por la que sentía mucho aprecio.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Seguimos ofreciendo a los lectores la traducción comentada de la "Plegaria de las Emanaciones" descubierta en Kellis (Egipto) en 1992.

Hoy escribe Antonio Piñero
En nuestra sección de comentario de nuevos libros, al menos en traducción española, desearía hoy presentarles uno de Jerome Murphy-O’Connor, un sacerdote dominico, profesor de Nuevo Testamento en la Escuela Bíblica y arqueológica (“École Biblique”) francesa de Jerusalén. El editor reconoce en la contracubierta que a pesar de la notoriedad del autor –una reconocida autoridad en la materia- no había recibido todavía el honor de alguna traducción al castellano.
Su ficha es la siguiente: Jerome Murphy-O’Connor, “Pablo, su historia”, versión de Eduardo Valls, de un original “Paul, his story”, Editorial San Pablo, Madrid, 2008 (segunda edición) 400 pp. ISBN 978-84-285-3258-7.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Pedro en la aparición de Jesús junto al mar de Galilea
Ya hemos podido comprobar que el evangelio de Juan contiene relatos exclusivos que enriquecen con subidos quilates el conocimiento que tenemos de Pedro por los textos. Uno de ellos es el de la escena del lavatorio de los pies en el contexto de la última cena. Debemos la gracia de aquella escena a la solicitud del cuarto evangelista y a su afición por detalles tan íntimos como la actitud del discípulo amado recostado sobre el seno de Jesús (Jn 13,23). Pero hemos de agradecer al “otro” el regalo exquisito del capítulo 21 de su evangelio. El capítulo sigue a un colofón y remate de la obra que tiene todo el aspecto de un final absoluto. Los dos versículos finales del capítulo 20 hacen referencia a “otros signos” realizados por Jesús, pero que “no están escritos en este libro”. Lo escrito tiene la finalidad explícita y confesa de proporcionar las bases para una fe en la mesianidad de Jesús y su filiación divina, como preludio y presupuesto para “la vida”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos esta breve incursión en textos mesiánicos del entorno espiritual de Jesús con unos pasajes importantes de uno de los libros más impresionantes de los Apócrifos del Antiguo Testamento, del Libro IV de Esdras, quizá el apocalipsis más imponente que se haya escrito jamás dentro de la literatura judía. Su fecha de composición es bastante segura: a finales del siglo I d.C. Es, por tanto, un poco posterior a Jesús, pero refleja muy bien el pensamiento general de la época.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con textos importantes de los Apócrifos del Antiguo Testamento y de los Manuscritos del Mar Muerto que nos ayuden a situar lo que los judíos de tiempos de Jesús opinaban sobre el mesías dentro del Reino de Dios. Hay muchísimos textos, de modo que nos tendremos que contentar con unas pinceladas. Dijimos que al leerlos podremos comprender mejor el ambiente de Jesús y ver las nuevas características que Jesús pudo eventualmente aportar a las ideas de su entorno.
• Los dos pasajes siguientes son de los Testamentos de los XII Patriarcas. Los expertos afirman de esta obra compleja que su teología influyó mucho sobre el naciente cristianismo. Obsérvese que la figura del mesías se desdobla en dos. e realidad se piensa en dos mesías que se complementan en sus funciones.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la descripción de los 14 puntos que formaban como el entramado mental que sostenía las creencias judías en el Reino de Dios
2. Unida a la primera idea estaba la noción de que en el “Reino” habría en Israel y los gentiles incorporados una prosperidad material muy abundante, El texto básico es de nuevo Deuteronomio 30,5.9:
Hoy escribe Antonio Piñero
Dijimos en una postal anterior que Jesús no definió específicamente lo que era en sí el Reino de Dios, sino que procuró aclarar algunas de sus características por medio, sobre todo, de parábolas. Por ello es necesario reconstruir –a base de los textos que tengamos- qué era exactamente Reino por meido de un estudio del ambiente judío en el que se crió y en el que se conformó su mentalidad. Aparte de especificar qué era el Reino, este esfuerzo ayudará a destacar también mejor las aportaciones más personales de Jesús al concepto nuclear del “Reino” que él compartía con sus oyentes.
Completamos el punto primero, iniciado en la postal del día anterior, con la cita de textos pertenecientes al mundo de los llamados "deuterocanónicos" (libros de la Biblia griega-cristiana, aceptados por los católicos como sagrados, pero no por los protestantes y por los judíos, por ejemplo Tobías, Sabiduría, Eclesiástico, 1 2 Macabeos...), al de los "Apócrifos del Antiguo Testamento" –importantes como atmósfera espiritual en la que vivieron Jesús y los primeros cristianos- y de los Manuscritos del mar Muerto.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Continuamos hoy ofreciendo una traducción de la Plegaria de las Emanaciones de Kellis, con algunos breves comentarios que permitan entender mejor el texto.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con las nociones generales en torno al concepto “Reino de Dios” en Jesús. Decíamos en la postal anterior que esa idea se inscribe dentro de una especie de cuadro mental, compuesto de varios elementos que son como las piezas que componen el universo teológico que un judío del siglo I tenía en la mente y en el que encajaban sus ideas acerca del Reino.
La formación y reunión de tales elementos en la mente de un judío del siglo I dc.C. se producía por medio de la lectura del Antiguo Testamento y de los escritos piadosos - que hoy denominamos "apócrifos"- judíos que complementan su ideario religoso entre los que incluimos los Manuscritos del Mr Muerto y obras afines que eran la lectura espiritual específica del grupo de los esenios, bien fuere el general (unos cuatro mil en tiempos de Jesús, pero muy influyentes), o bien el grupito de Qumrán.
Aprovechamos aquí la síntesis realizada ya por James D.G. Dunn, en su obra Jesús recordado, Verbo Divino, 2009, que completamos con otros autores.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Las negaciones. Vaticinio y realidad
Una escena en la que Pedro se manifiesta a corazón abierto es la del vaticinio de las negaciones. Mateo y Marcos la sitúan en el contexto de Getsemaní. Iban de camino cuando Jesús les habló del escándalo que se cernía sobre todos los apóstoles. El ambiente era de pesadumbre, pero Pedro no aceptaba ni siquiera la posibilidad del escándalo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo jamás me escandalizaré”. Como siempre, hablaba más el sentimiento y el deseo que la razón. La respuesta de Jesús agravaba y personalizaba los presagios: “En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces”. El cariño de Pedro hacia su maestro se adelantó al frío funcionamiento de la razón: “Aunque tenga que morir contigo, de ningún modo te negaré” (Mt 26, 30-35 par.). Marcos recoge el detalle de que Pedro insistía más y más en su actitud.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los términos para reino y reinado son en griego basileia, en hebreo clásico mamlaká y en arameo malkut. Todos ellos significan “realeza” de modo general.
• “Reinado”, en español, sería “ejercer la realeza”, el mando, la soberanía. Sería la noción dinámica de Dios que ejerce su soberanía sobre el universo, sobre su pueblo elegido, sobre todos los pueblos, o sobre la historia, etc.
• “Reino” sería el territorio sobre el que se ejerce esa realeza o soberanía. Sería como la realidad concreta que es gobernada por Dios, una realidad espacio-temporal que de algún modo constituya un ámbito en el que Dios ejerza su soberanía.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos hoy con el tema de las generalidades de la predicación de Jesús acerca del “Reino de Dios”.
Otra de las características en la que insisten todos los comentaristas es que el uso abundante de esta expresión -muy típica de Jesús y que es el núcleo de su actividad- contrasta con:
• Lo que sabemos acerca de las iglesias primitivas al respecto, quienes no andaban predicando por lo general que el 'Reino de Dios estaba cerca', sino que proclamaban a Jesús muerto y resucitado. Con ello no afirmo que no esté ausente esta expresión, sino que es muy escasa en comparación con Jesús. La encontramos en los Hechos de los apóstoles (1,3.6; 8,12; 14,22; 19,8, etc.), e incluso también en las epístolas auténticamente paulinas, en donde aparece 7 u 8 veces: 1 Cor 4,20; 6,9-10; 15,24.50; Gál 5,21; 1 Tes 2,12; Rom 14,17. Hay, pues un cambio de perspectiva.
Curiosamente la expresión que más emplea Pablo es “heredar el reino”, que es justamente la que menos aparece en los Evangelios. Así que en esto, como en otros aspectos de su doctrina, la teología de Pablo no coincide con la de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema del interés vital de Jesús por la predicación del reino de Dios, que fue el núcleo de su vida pública (de su vida anterior nada sabemos al respecto), dejando probablemente su trabajo y su familia (¿propia?; estrictamente tampoco lo sabemos).
Nos parece verdad la afirmación de J. A. Pagola que el “objetivo de Jesús no era perfeccionar la religión judía, sino contribuir a la implantación cuanto antes del añorado reino divino” (p. 88)). Pero añadiría que parece también suficientemente claro que tampoco era su objetivo fundar religión nueva alguna.
Hoy escribe Antonio Piñero
Estoy de acuerdo con J. A. Pagola en la idea de que lo normal era que Jesús predicara en las sinagogas los sábados, pues era el espacio común en el que todos los vecinos de un pueblo se reunían. Utilizar la sinagoga por lo general responde a la estrategia de Jesús de diferenciarse del Bautista. Ya no hay que salir al desierto para oír la proclama de Jesús.
También estoy de acuerdo con Pagola y con Senén Vidal (Los tres proyectos de Jesús, Sígueme, Salamanca, 2003) en que Jesús ve a las gentes de los aldeas y pueblos de Galilea, no a los urbanitas, el mejor punto de arranque para proclamar la necesidad de iniciar una renovación del pueblo judío con vistas al reino de Dios que viene y a su juicio.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La “Plegaria de las emanaciones” de Kellis tiene 132 líneas. Comenzamos a ofrecer aquí a los lectores su traducción con algunas notas, aunque a quienes estén interesados en el texto griego y en un comentario mucho más pormenorizado (incluyendo referencias bibliográficas), habrán de acudir a las publicaciones especializadas a las que en su momento nos referimos. Comenzamos hoy con el título y la primera sección
Hoy escribe Antonio Piñero
Vamos a comenzar hoy una serie sobre el concepto y la realidad del “Reino de Dios” en Jesús de Nazaret, tomando como base la línea de tratamiento de los temas sobre Jesús propuesta en el libro de J. A. Pagola, que aceptábamos como indicador de rutas. En efecto, este tema y título constituyen el capítulo 4 del libro citado.
Pagola caracteriza a Jesús como “profeta itinerante”. La caracterización, al menos en su primera parte, me parece muy correcta, pues si hay algo –creo- que puede significar la autocomprensión de Jesús es su conciencia profética, probablemente más que la de mesías. Al parecer, él mismo encontró adecuada y conveniente esta descripción de su actividad. Argumentábamos en una postal anterior que nos parecía auténtico el pasaje de Mt 11,2-5, según el cual existía el recuerdo de palabras de Jesús en las que él mismo declaraba que en sus acciones se estaban cumpliendo las esperanzas proféticas de antaño, sobre todo las expresadas por Isaías.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Pedro en la terna de preferidos
Hemos destacado ya el detalle de que todas las listas de los doce señalan a Pedro en el primer lugar. El texto de Mateo añade incluso la indicación de que es el primero, como si quisiera justificar el hecho y explicar que su posición es más cuestión de jerarquía que de casualidad. Los tres sinópticos saben de los dos nombres Simón y Pedro. Mateo lo explica hablando de Simón, el llamado Pedro. Marcos y Lucas especifican en sus listas que el personaje se llamaba Simón, pero que Jesús le impuso el nuevo nombre de Pedro. Ambos son conscientes y testifican el dato del cambio de nombres, que suele estar siempre cargado de presagios o vaticinios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la presentación del libro “Todos los evangelios” con la posible respuesta a algunas cuestiones usuales acerca de los evangelios, en especial los apócrifos.
La primera es: ¿Por qué la Iglesia rechazó estos evangelios apócrifos? La respuesta no es en absoluto sencilla porque la historia de la formación del canon del Nuevo Testamento está sumida en una obscuridad impenetrable. Parece como si la Iglesia antigua se hubiera empeñado en no proporcionarnos ninguna fuente clara sobre este acontecimiento importantísimo que habría de conformar el cristianismo futuro. Cuando nos encontramos que el canon existe, tampoco sabemos exactamente qué fuerzas y motivos impulsaron a su formación.
Hoy escribe Antonio Piñero
La mayor parte del libro que estamos comentando está dedicada, como es natural, a los evangelios apócrifos, puesto que entre los recibidos enteros, o casi enteros, y los restos y fragmentos de los que quedan suman unos 70.
La importancia de los Evangelios apócrifos para la historia de la Iglesia, del dogma, de las tradiciones cristianas, de la literatura, el arte y la liturgia es inmensa y ha sido señalada múltiples veces. En mi libro sobre “Jesús. La vida oculta” (Esquilo, Badajoz, 2007) he puesto de relieve cuánto debemos a este tipo de evangelios. Refresco algunas de las ideas que he expresado en ese libro.
Hoy escribe Luis Antequera
Una de las cuestiones importantes en lo relativo al juicio y condena de Jesús a morir en la cruz, es la que se refiere a la capacidad de los judíos de ejecutar por sí mismos, a través del sanedrín, una sentencia capital como la que le imponen al profeta de Galilea.
Lo primero que ha de decirse al respecto es que con la dominación romana -a partir del momento en el que Arquelao, hijo de Herodes el Grande y etnarca de Judea desde el año 3 a.C., es depuesto en el año 6 d.C. por el Emperador- su "etnarquía" queda sometida a la administración directa de Roma y la situación política cambia por completo.

Hoy escribe Antonio Piñero
Presentamos en la postal anterior el libro utilizando las palabras del Prólogo. Hoy quisiera añadir algunas consideraciones sobre las carcterísticas de la edición.
El libro Todos los Evangelios no es probablemente para leer de una sentada, pues probablemente también sería o demasiado denso en algunas de sus partes, o bien monotemático al tratar siempre del mismo personaje. Es más bien un libro de referencia, un libro para tener, un libro que conviene guardar a mano para ir leyendo poco a poco y tener como libro de consulta..., pues son muchas las ocasiones en las que se citan los evangelios, sobre todo los apócrifos, fuera de contexto y en pésimas traducciones.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Uno de los aspectos del orfismo tratados en la obra colectiva editada por A. Bernabé y F. Casadesús (Orfeo y la tradición órfica: un reencuentro, Akal, Madrid, 2008) es, naturalmente, el de la música. Dejando ahora de lado la presencia de la música en el ritual y los mitos órficos, abordamos aquí la función musical otorgada al propio Orfeo.
A Orfeo se le atribuye la combinación del canto –o la recitación– con la utilización de un instrumento de cuerda pulsada (normalmente una cítara, una lira o una forminge, un especie de harpa pequeña). Es necesario tener en cuenta que en la música griega anterior a la época clásica no parece haberse dado una separación nítida del canto y la poesía: la palabra –el texto poético– tenía la mayor importancia, mientras que la melodía y el acompañamiento instrumental serían sólo un medio para vehicularla de manera más subyugante.

Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero hoy presentarles un libro que espero sea de su interés. He aquí la ficha:
"Todos los evanglios, canónicos y apócrifos". Traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos. (Edición de Antonio Piñero. Editorial EDAF, Madrid, 2009, 667 pp. ISBN: 978-84-414-2116-5. Traductores: Gonzalo del Cerro, Eugenio Gómez Segura, Fernando Bermejo; Antonio Piñero; Francisco García Bazán; José Montserrat y Antonio Martínez Castro.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Pedro, principe de los apóstoles
Pedro es el apóstol que figura en el primer lugar de todas las listas canónicas. En los tres sinópticos se especifica que su nombre era Simón, pero que recibió de Jesús el sobrenombre de Pedro. El cambio de nombre suele tener algún significado especial en la historia bíblica. Lo tiene también en el caso de Pedro de acuerdo con la exégesis que hizo el mismo Jesús tras la confesión del apóstol sobre la identidad de “Cristo, el hijo de Dios vivo”: “Dichoso eres, Simón hijo de Juan, porque ni la carne ni la sangre te lo han revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no la dominarán” (Mt 16, 17-18). Luego el nombre de Pedro se debe al hecho de que será él quien dará a la iglesia la estabilidad propia de la piedra.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dentro del libro que hemos comentado en postales anteriores, “Reimaginado los orígenes del cristianismo” hay un artículo de Esther Miquel (pp. 143-170: “Aproximación antropológica a la práctica exorcista de Jesús”) que supone una aproximación de las ciencias sociales a la práctica del exorcismo por parte de Jesús, una de las actividades más alejadas culturalmente de nuestro mundo. La tesis del artículo es: la consideración de la posesión de los humanos por espíritus a partir de los estudios de antropología moderna que estudian la posesión vale para comprender mejor el ámbito en el que se mueve esta actividad de Jesús y el propósito de ella.
Comentaré brevemente algunos aspectos de este interesante capítulo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Otra consecuencia de la historicidad del pasaje de Mt 11,2-6 -que considerábamos en la postal de ayer- es para David Flusser la necesidad de tomar también a la letra la frase del v. 5 “Se anuncia [por parte de Jesús] a los pobres la buena nueva (de la inmediata venida del reino de Dios)”. La frase es una cita de Is 61,1-2:
“El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado”.
Para Jesús este pasaje bíblico –comenta nuestro autor- debía entenderse al pie de la letra:
“Era el lazo de unión entre la vocación que había recibido al ser bautizado por Juan Bautista en el Jordán y su misión presente: sabía que el espíritu del Señor había descendido sobre él, porque Aquel lo había ungido para anunciar la salvación a los humildes y a los pobres” (p. 50).
Hoy escribe Antonio Piñero
Comentábamos en la postal anterior la opinión de Flusser sobre Mt 11,2-6. Hoy nos preguntamos qué argumentos hay para aceptar o rechazar estas palabras de Jesús como auténticas / históricas. Transcribo el texto:
Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: 3 «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» 4 Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: 5 los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; 6 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
Hoy escribe Antonio Piñero
Algún lector del blog ha indicado en sus comentarios que debemos dejar de ocuparnos de las opiniones de autores tan antiguos, o quizá sobrepasado, como D. Flusser y otros, y atender más bien a razonamientos y exposiciones modernas sobre Jesús.
Sin negar la necesidad de estar al día –otro amable lector indica, por ejemplo, la necesidad de comentar el “Jesús recordado” de James G. Dunn, y esperamos hacerlo cuando le llegue el turno-, soy bastante contrario a olvidar los grandes autores del pasado sólo porque sus obras estén cargadas ya de años.
Pienso que en la disciplina de la investigación histórica, como en todas, construimos sobre los hallazgos consolidados por los años y la crítica de nuestros antecesores. No debemos olvidarlos porque sean viejos. Ello significaría que ya no consideraríamos las razones, los argumentos básicos, de Hermann Samuel Reimarus, de Johannes Weiss o de Albert Schweitzer… porque sus libros fueron escritos hace muchos años. Pero sobre ellos nos basamos. Procuro, pues, comentar todo aquello que me impresiona de algún modo, ya sea vetusto o nuevo.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Antes de presentar el texto de la “Plegaria de las emanaciones” de Kellis, convendrá decir algunas generalidades sobre la obra, que permita a los lectores efectuar su contextualización.
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba