Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el Jesús de David Flusser. Simultáneamente con Vermes, o quizá antes en el tiempo aunque no con tanto sistematismo, Flusser admite la adscripción de la persona de Jesús al ámbito de los “rabinos carismáticos” del siglo I en Israel. Y opina que para saber algo de este tipo de personas lo mejor es acudir “a las propias palabras (del “carismático”) y a la información de los creyentes (en él), siempre que ésta se lea de una manera crítica” (p. 22). Arguye que esta información es superior a la documentación externa incluso en el caso de que sea abundante.
Con otras palabras, Flusser mantiene una postura absolutamente contraria a la de E. P. Sanders, en su obra Jesús y el judaísmo, para quien lo único seguro para alcanzar al Jesús histórico es partir de algunos hechos seguros de su vida. En el capítulo 4 “Los dichos”, dentro del apartado “El Reino de Dios”, expone Sanders largamente las dificultades de la crítica histórica para acceder a las palabras auténticas de Jesús; sobre todo la imposibilidad, según él, de hacer una retroversión fidedigna al arameo -la lengua en la que fueron pronunciados esos dichos- a través de la versión griega de tales palabras –la que nos ha llegado- que no fue quizá ni la primera ni la segunda… con lo que eso supone de pérdida del original.
Sábado, 26 de mayo
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