Hoy escribe Antonio Piñero
Al final del tratamiento sobre el tema “Juan Bautista y Jesús” –que como observarán los lectores es en extremo importante, y da para mucho para encuadrar la teología de Jesús, al menos del Jesús en sus comienzos- Paolo Sacchi, en su obra Gesù e la sua gente hace una suerte de excursus que titula “Leyendo los Evangelios” (pp. 88-99). Me parece que podría ser interesante hacer un resumen para los lectores de sus puntos de vista, que -creo, recordarán- se hallan en una obra inédita en español.
Sacchi tiene la habilidad de mezclar una cierta crítica histórica con una postura fundamentalmente creyente. Acepta que las etapas de la predicación de Jesús, desde que abandona el grupo del Bautista, no son reconstruibles a partir de los Evangelios, más por falata de datos que por cualquier otra cosa, pues sostiene: “Éstos son documentos históricos en cuanto que narran hechos”.
El problema de fondo para reconstruir la vida de Jesús radica en que la tradición cristiana –de la cual nunca se sabrá si, incluso en los inicios, utilizando documentos escritos o puramente orales- transmitió al principio los episodios de la vida de Jesús uno por uno, aisladamente, como entidades separadas, que luego fueron dispuestas y retocadas por cada evangelista. El resultado es que cada evangelio, que ensambla esas unidades sueltas, representa sólo el punto de vista del Evangelista. Cuando un Evangelista comienza a escribir tiene ya una idea propia de lo que era Jesús y del valor que ésta tenía para su propia vida.
Como observará rápidamente el lector, esta concepción no significa otra cosa que aceptar puntos de vista fundamentales y ya adquiridos como bienes seguros por parte de los métodos crítico-históricos llamados “Historia de las formas” e “Historia de la redacción”. Aquí nada especial que comentar.
Mas, por otro lado, me admiran a veces ciertos puntos de vista que podría denominar en exceso “oxidados”, en el sentido de ya definitivamente respondidos por la investigación histórico-crítica incluso la asumida por los católicos. Pongo un ejemplo: pienso que hoy día no se puede ya ni siquiera dudar de que el “Juan” evangelista y el Juan –un personaje real del que sólo sabemos el nombre, autor del Apocalipsis- no son la misma persona.
Por ello, plantear en el libro Jesús y su gente la pregunta “¿Juan evangelista es el mismo que Juan el autor del Apocalipsis?” (p. 89) e indicar que dejemos las “hipótesis mantenerse como tales” es ser demasiado condescendiente con una tradición que se forma en torno a la mitad del siglo II, y q ya en Antigüedad misma fue refutada ampliamente.
En efecto, fue Justino Mártir -en su Diálogo 81,4 con referencia a Apocalipsis 20,4- el que afirma por vez primera (si no me equivoco) que el autor del Apocalipsis es el hijo del Zebedeo, Juan, hermano de Santiago el Mayor, ambos discípulos de Jesús. en esos momentos, quizá un poco antes, se forma también la tradición que adscribe a éste la autoría del Cuarto Evangelio.
Pues bien, algunos autores antiguos, como Marción, los llamados “álogos” (los que estaban también en contra de la doctrina de la doctrina cristiana acerca del Logos), el presbítero romano Gayo, una antimontanista furibundo y anónimo (contrario a los seguidores del profeta frigio Montano, que defendía una iglesia gobernada por el Espíritu, no por la jerarquía y que escribe contra éstos), más Dionisio de Alejandría, combatieron ardorosamente la tesis de que fuera el mismo autor el que compuso el Apocalipsis y el Cuarto Evangelio.
Opino que sería mucho mejor no dejar ni siquiera la duda entre los lectores de hoy. En efecto, Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica VII 25, 1ss nos cuenta cómo el obispo de Alejandría, Dionisio, en el contexto de una polémica contra las doctrinas del “milenio” (los que defendían que habría un reino de Cristo en la tierra durante mil años, véase Apocalipsis 20), afirmaba que el autor de esta última obra no podía ser Juan el hijo del Zebedeo, ya que había entre el Cuarto Evangelio y el Apocalipsis enormes diferencias de lengua (vocabulario y sintaxis), de estilo y de teología… Y desde estas críticas tempranas… hasta hoy. Por tanto, creo que es un bien adquirido que no debe plantearse.
Sigue opinando Sacchi, con razón, que no importa que no sepamos el nombre –y consecuentemente la personalidad auténtica de los evangelistas-; basta con saber que en ellos se refleja nuestra tradición. sostiene que en los cuatro evangelios se percibe una “comprensión unitaria de Jesús”, que se refleja en el orden y la disposición de los materiales bastante parecido entre ellos.
Yo añadiría que la razón profunda de este parecido se halla en que todos los evangelistas son “discípulos" de Pablo, o si esto parece mucho, todos siguen un esquema paulino fundamental a la hora de interpetarla muerte de Jesús; todos aceptan el punto el vista paulino de que el centro de la historia es la crucifixión de Jesús y que ésta fue el acto por el cual Dios se reconcilió con los mortales
Esta tesis no implica que cada evangelista tenga además sus tesis propias. Por ejemplo en el Cuarto Evangelio, la muerte de Jesús desempeña en la salvación quizá un papel menor que la recepción sincera de las doctrinas del Revelador Jesús. Es decir en el Cuarto Evangelio se hace un hincapié especial en la relación entre salvación y revelación / conocimiento…, impartido por Jesus (aunque la palabra "gnosis" no aparece en el Evangelio, pero sí el concepto).
Sé que es materia de mucha discusión, pero opino que en conjunto, el Nuevo Testamento -y en concreto los Evangelios- es el legado sólo de la Iglesia vencedora de otros variados “cristianismos que resultaron derrotados”, la paulina. Aunque en ese corpus se refleje el resultado de un proceso de pacto entre las diversas iglesias del siglo II que seguían la estela de Pablo, cada una a su manera, es el Nuevo Testamento en conjunto un producto paulino. Para estudiar la teología de "otros cristianismos" debemos recurrir a los apócrifos o otros fragmentos históricos o novelescos (por ejemplo, las Pseudo Clementinas o los Hechos apócrifos de los apóstoles).
Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
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Una nota informativa:
En el otro blog que escribo, titulado “Cristianismo e historia”, estoy haciendo ahora una breve explicación, pasaje por pasaje, de las cartas auténticas de Pablo. Los temas de uno y otro blog no se solapan. No sé si a alguno de los lectores del presente blog le interesará echar una ojeada.
Manera de entrar en “Cristianismo e historia”:
· Pinchando en el enlace que, arriba a la izquierda, como “link”, presenta esta página que lee el lector del presente blog.
· O bien escribiendo: http://www.tendencias21.net/crist/
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Más información:
Apuntes para una cristología en tiempos difíciles--: El tiempo ser de Jesucristo en el pensamiento de Hans Urs Von Balthasar
Escrito por Pedro V. Escobar Illanes
Publicado por Universidad Iberoamericana, 1997
ISBN 9688593044, 9789688593042
627 páginas
Antonio:
"El punto de vista de que el centro de la historia es la crucifixión de Jesús y que ésta fue el acto por el cual Dios se reconcilió con los mortales" es, con todos los respetos, un concepto bajomedieval, del siglo octavo y noveno. Desde que la Iglesia manda substituir el símbolo del cristianismo, el cordero, en el concilio quinisexto (692), por la cruz y el cuerpo, se empieza a desarrollar una teología con este imaginario, porque los santos padres hablan de "sangre derramada", la del cordero, y no hablan de la cruz, sino del tropaeum. Es curioso, cuando los cristianos abandonan el cordero, lo retoman los judíos como su símbolo, pero no les funciona históricamente porque en Judea había más cabritos que corderos.
Los evangelios no creo que sean libros de autor, sino de comunidades. Recogen lo que se ha transmitido previamente en las catequesis y las celebraciones litúrgicas, naturalmente también se nota la mano del que ordena los hechos y los selecciona, pero eso es secundario al mensaje principal que es el mismo en todos, a pesar de la diferencia de matices. Y es lo que se conserva de Jesús desde el principio. No hay otra cosa, y si la hubiera habido lo sabríamos.
Saludos cordiales
con lo que se sabía de Jesús.
Y respecto al papel de la muerte y resurrección de Jesucristo, es cierto que podría ser influencia exclusiva de Pablo, pero lo veo difícil.
En todo caso, ya desde el punto de vista de la fe cristiana, no creo que la idea sea que Dios se reconcilió con nosotros sino que nosotros nos reconciliamos con Dios que hace triunfar el Amor sobre la muerte, resucitando a Jesucristo, y a los que compartan la vida en Dios de Jesucristo. Es decir Dios se hace Dios-con-nosotros, se solidariza con la humanidad se hace hombre para hacernos compartir su propia vida.
Pero esta cuestión teológica es compatible con cualquier hipótesis histórica sobre Jesús. Simplemente se puede creer en Dios y en la resurrección o no. Esto no tiene nada que ver con la historia. Es un paréntesis, porque me revienta el anselmianismo que caricaturiza el cristianismo.
Los evangelios no creo que sean libros de autor, sino de comunidades. Recogen lo que se ha transmitido prev...
Los apócrifos sin duda, serán muy interesantes, pero tengo entendido que son todos posteriores a los canónicos, excepto quizás Tomás, según Crossan, creo. Algo que niegan otros como Meier. En todo caso, Tomás, tiene en común con los sinópticos el supuesto documento Q, que es más antiguo.
El resto de los llamados apócrifos nos pueden ilustrar sobre las ideas de algunos grupos de cristianos del siglo II, pero no sobre los cristianos del siglo I. Los canónicos no se impusieron por la fuerza, sino por el sentido común y la tradición que conservó el espíritu del cristianismo de sus orígenes.
No creo que Pablo tenga nada que ver con lo que los evangelios nos transmiten sobre el mensaje de Jesús que está en sus parábolas y en sus dichos.
En cuanto al papel mesiánico de Jesús, podía haber divergencias en la forma de entenderlo, pero más que los cristianismos derrotados serían los cristianismos extinguidos, por falta de seguidores, y probablemente de coherencia con lo que se...
Carlos Sánchez-Montaña
Gracias por su información.
Mesías. Vs. Cristo. La Rebelión Dimensional. José Cortés Rolón. P. Puertorriqueñas 2006
www.publicacionespr.com/librospdf/0934369801.pdf
Sobre la fiabilidad histórica de los Evangelios de la Infancia (79-05- A).Antonio Piñero y comentarios. 11.12.08
http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2008/12/11/p207235
Jesús Tekton. Carlos Sánchez-Montaña. 2008
http://jesustekton.blogspot.com/
Mis comentarios son una reflexión personal sobre la sincronía entre la actividad de Pablo de Tarso y la política del imperio durante el gobierno de Claudio.
Y a modo de pregunta hacía el autor del blog.
He consultado entre otros:
Cronología Pablo de Tarso
http://www.proyectosalonhogar.com/Historia_Universal/Imperio_Romano/SigloId.html
Cronología emperador Caludio
http://www.proyectosalonhogar.com/Historia_Universal/Imperio_Romano/SigloIe.html
Los doce Césares, Cayo Suetonio Tranquilo.
http://www.cayocesarcaligula.com.ar/grecolatinos/doce_cesares/index.htm
Césares. Roldán, José Manuel. La Esfera de los Libros. Madrid, 2008.
Con biografías en inglés reseñadas por el autor.
http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/Resenas/ensayos/resena.asp?id=319
Diccionario de religiones comparadas. S. G. F. Brandon, S. Brandon. Ediciones Cristiandad, 1975
http://books.google.es/book...
Carlos Sánchez-Montaña
Le agradecería que comunicara dónde se puede encontrar lo que ha expuesto en sus comentarios.
Los Evangelios de Mateo y Lucas que describen la infancia de Jesús, y que coinciden con los pasajes del texto de Suetonio sobre la infancia de Augusto tienen una fuente común: La biografía sobre Augusto escrita por Claudio.
Y que en tiempos de Pablo y los evangelistas era la hagiografía modelo en el mundo romano.
Claudio es la "fuente romana" príncipal de los evangelios. (Fuente R).
Sería interesante un libro sobre Claudio y Pablo, y ver como el segundo actúa dentro de un marco general determinado por las directrices del primero para el territorio de Israel.
Que sorpresa sería comprobar que la caída del caballo camino de Damasco fue provocada por una misiva del emperador. Y que la fuente romana que inspira los cuatro evangelios son los textos de Claudio.
La biografía de Pablo adquiere una gran fortaleza como agente romano.
Por cierto, Claudio ya había utilizado esta figura de infiltrados en la religión nativa en la Galia, para modificar hacía los intereses de Roma la religión de los druidas y Lugh.
Claudio es la clave.
Entonces D. Antonio,
Quizás exista una fuente Q sin influencia Paulina que impregna una parte los evangelios escritos por autores Paulinos. Una fuente sobre el Jesús nazareno.
Pero me parece también que en las cartas de Pablo, como en los cuatro evangelios, existe otra fuente de origen romano, y que es la fuente de los pasajes de la infancia de Jesús, de muchos de los dichos de Jesús, y de la liturgia de la muerte y resurrección.
No le parece interesante comprobar la cronología coincidente entre la biografía de Pablo de Tarso y el emperador Claudio.
La figura de Claudio está modificada por la novela de R. Graves, pero su influencia en la religión del imperio, en la religión de Israel y en la literatura religiosa católica es muy poderosa.
¿Leyendo los evangelios o... "leyenda" los evangelios?
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba