Hoy escribe Antonio Piñero
Escribe nuestro autor -en el libro que comentamos "Imágenes y palabra de un silencio", que el “camino de los textos literarios, y en particular de los bíblicos, conduce del símbolo y de la imagen a la metáfora, y seguidamente, a la narración” (p. 185). Es éste un capítulo “aluvión”, muy rico en datos, -y como todo terreno de aluvión-, también muy fecundo. Creo que su mejor comentario es probablemente el señalamiento de su rico contenido.
Comienza con el estudio de la imagen divina en la Biblia hebrea, en el que se constata que la imaginería de los textos del antiguo Oriente ilumina de modo extraordinario los pasajes bíblicos: las metáforas antromopomorfas del rostro divino (que tiene nariz, ojos, oídos, brazos y manos, etc.) son similares a las que se encuentran por doquier en los pasajes paralelos de la literatura mesopotámica. Así, la imago Dei, la imagen de Dios, es en definitiva el hombre mismo, varón y mujer: el “Génesis democratiza así una figura propia de la ideología monárquica” (p. 198) ya que en las otras culturas orientales suele ser sólo el rey el trasunto de la divinidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro comentario al libro de J. Trebolle, Imagen y palabra de un silencio, esta vez sobre el capítulo 3 “Literaturas del Antiguo Oriente”. Este capítulo es un conjunto de noticias y reflexiones en torno al tema “relaciones de la Biblia con Oriente” o mejor “la Biblia es un libro oriental", como tuvimos ocasión ya de escribir en una postal anterior. Es éste un capítulo de recogida y presentación de muchos datos objetivos en los que apenas cabe discrepancia alguna, puesto que se trata casi todo de hechos. Haré un elenco de modo que el lector interesado sepa qué va a encontrar en él.
Hasta comienzos de la modernidad la Biblia aparecía como un documento único y aislado. Hoy día el panorama es totalmente diferente. Sin contar las inscripciones, muy numerosas, hoy día, después de un notable número de excavaciones y descubrimientos, tenemos a nuestra disposición textos que proceden de 128 “bibliotecas”, 198 “archivos” y 27 colecciones de textos de otro tipo del Medio Oriente, datadas entre el 3000 y el 1500 a.C. La cifra es imponente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro comentario de lo que nos parece más interesante del libro de Trebolle para nuestros lectores.
El autor explica cómo la religión de Israel, en lo que respecta a los símbolos e iconos, debe considerarse en el entorno de las religiones de su alrededor y de su evolución desde el neolítico hasta el primer milenio a.C., que es donde aparecen los fenicios y arameos entre los que se insertan los hebreos.
Cuando Israel entra en la historia (hacia 1200-1000 a.C.) había una tendencia general en las religiones de su entorno a simbolizar a la divinidad por medios abstractos, anicónicos, es decir, sin imágenes (por ejemplo por cipos o estelas, decoración geométrica, etc.). La decoración del templo salomónico (sea como fuere su grado de historicidad) estaba al parecer desprovista de imágenes de animales que representaran gráficamente a la divinidad; lo que había era, probablemente, sólo motivos florales al modo geométrico.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Las preguntas cuya respuesta se difiere corren el riesgo de quedar permanentemente suspendidas. Así pues, respondo ahora in extenso a una cuestión planteada por uno de los amables lectores del blog, relativa a la debatida inscripción “ORPHEOS BAKKIKOS”, al que contesté de manera harto breve en una anterior ocasión.

Hoy escribe Antonio Piñero
El primer capítulo, del libro que comentamos, lleva el título de “Imagen y palabra”. El autor recalca cómo la Biblia, en especial los oráculos proféticos y las oraciones de los salmos, presuponen una vivencia religiosa cuya intención es sentir de tal modo la palabra divina que “ésta se ve”. Es tal la insistencia en que esta palabra es "vista" que cuando se hace ley –la ley mosaica- “acaba prohibiendo las representaciones visuales de Dios, no así las acústicas y lingüísticas”.
El judaísmo acentuó a lo largo de su historia la aniconía, es decir, la representación de Dios sin imágenes, pero el cristianismo, cuyo arte empezó de este mismo modo, acabó siendo muy amigo de representar a Dios por medio de toda suerte de pinturas y esculturas:
“Respondía así al sentido teológico de la encarnación, que no podía menos de mostrarse sensible a la representación mediante imágenes. Por ello no es acertado atribuir la difusión de las imágenes en el cristianismo a su paganización o helenización” (p. 37).

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Cambio en la apreciación de la mujer en los HchAp
La tradición social griega siempre había mirado la figura de la mujer desde perspectivas negativas, al menos, en sus épocas más características. Debemos reconocer, no obstante, que la mujer ocupa un lugar destacado en las obras de Homero. Comentando el dato Leenna Goodwater llega a considerar con agrado la opinión de que la Odisea pudiera ser obra de una mujer. Nausícaa, Calipso, Circe, Helena y, por supuesto, Penélope, desempeñan funciones decisivas en la estructura del relato. Cree L. Goodwater que entre el ambiente reflejado por los escritos de Homero y los datos siguientes de la literatura griega existe un espacio de siglos a través de los cuales la posición de la mujer sufrió un drástico declive.

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy voy a presentarles un libro que me ha parecido extraordinario, de rica complejidad por su contenido y erudición, por la gran amplitud de pistas bibliográficas por donde seguir los temas que a veces casi sólo se apuntan…, un libro en fin que comienza tratando del mundo de la Biblia desde el punto de vista de la literatura, pero que toca otros muchos temas de interés, como veremos.
En este volumen el autor intenta presentar los resultados de dos disciplinas, la literatura comparada y la historia de las religiones, procurando conjugar un estudio histórico, absolutamente serio y solvente, del fenómeno religioso sin olvidar la estética de lo poético y la esencia de la religión.
Desde luego es éste un libro que parte del punto de vista, que no necesita demostrar, de la existencia de Dios, de su deseo de comunicación con el ser humano, por tanto de la posibilidad de la revelación concreta, judeocristiana, y de cómo ésta se lleva a cabo por medio de un lenguaje concreto con un rico simbolismo poético, pero que no olvida tampoco el valor del silencio.
Hoy escriben Antonio Piñero / Fernando Bermejo
El capítulo 3 del libro de J. A. Pagola sobre Jesús se titula “Buscador de Dios”. En esta sección aborda nuestro autor el complejo y delicado tema de las relaciones entre Jesús y Juan Bautista, que ha sido trato ya extensa y espléndidamente, hace tiempo, en diversas entregas, por nuestro colega Fernando Bermejo. Por ello aquí, para no repetirnos, en muchos casos aludiremos simplemente, o en otros casos citaremos con amplitud, o bien resumiremos con brevedad lo ya expuesto, puesto que creo que nuestro colega dejó bien asentado el tema en sus líneas generales en sus anteriores postales.
Hoy escribe José Montserrat
Tanto porfiaron órficos y platónicos en la inmortalidad del alma que al final la gente se lo creyó. El mundo helenístico-romano vivía preocupado por el destino del alma individual. De acuerdo con las ideas cosmológicas vigentes, el alma ya desencarnada tenía que atravesar los círculos planetarios para alcanzar su destino último: salvación, reposo, deificación... Según las creencias religiosas preponderantes, cada órbita planetaria estaba custodiada por un démon (daimon) o arconte, no necesariamente malo pero si intratable. Este ángel tenía el encargo de verificar los títulos o méritos de cada alma ascendente, para dilucidar si estaba autorizada a viajar hasta el último cielo, la ogdóada (círculo de las estrellas fijas) o más allá (empíreo). Por esto tales vigilantes son denominados ocasionalmente telones, aduaneros.
Hoy escriben Antonio Piñero / Fernando Bermejo
Una nota previa: voy a citar tanto a mi colega Fernando, que me ha parecido bien poner en este encabezamiento el nombre de los dos.
Sigo (A. P.) con mi comentario a largo plazo al Jesús de Pagola. En el capítulo 2 “Vecino de Nazaret” hay también algunas otras afirmaciones que voy a comentar, aunque de algún modo han sido aludidas ya en postales anteriores. En la presente ocasión sí merecen de nuevo, opino, al menos una apostilla.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Podría creerse que “orfismo” es un substantivo que designa una realidad unitaria y sistemática, como si hubiera existido una autoridad central que hubiera dispuesto las piezas de que se compone en un sistema coherente. Sin embargo, no debe entenderse el término “orfismo” del modo en que entendemos, por ejemplo, el término “maniqueísmo”. En este último caso hablamos de una religión con un fundador histórico, un canon preciso y delimitado de Escrituras, una doctrina y unas prácticas suficientemente coherentes a lo largo del tiempo y el espacio, y una autoridad central.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sigo con el comentario al libro de J.A. Pagola
Tampoco parecen históricas en estricto sentido las afirmaciones de las pp. 58 y 60 respectivamente del libro de J.A. Pagola de que “Jesús vive despreocupado por la impureza ritual”, y “Jesús se deja abrazar por prostitutas”. La primera porque una cosa es darle menos importancia a la pureza ritual, como buen galileo que vive lejos del Templo y otra bien distinta, “vivir despreocupado”.
El siguiente texto tomado del Evangelio de Mateo (5,23-24) ilustra lo dicho:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La castidad como virtud cristiana
La conversión a la fe llevaba consigo un cambio de actitud frente a determinadas conductas paganas. No en vano la penitencia significaba en su término griego (metánoia) un cambio de mentalidad. Pero considerar la práctica de la castidad como un intento de liberación de la autoridad o tiranía de los maridos no tiene, a mi parecer, ninguna base en los datos documentados por los escritores de la época. Había tendencias contra el matrimonio, de las que dan testimonio las cartas mismas del epistolario paulino. En la 1 Tim 4, 3 se habla de los que prohíben las bodas y se abstienen de los alimentos creados por Dios. El autor de la carta trata de corregir esas desviaciones de la recta doctrina.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como puede deducirse de los muchos textos que a lo largo de estas postales hemos ido ofreciendo, el Dios del Antiguo Testamento pretende siempre acentuar su absoluto dominio y su independencia soberana respecto a los manejos del ser humano, simbolizados en los ritos mágicos de las naciones vecinas a Israel. Es un Dios celoso que no se deja manipular.
Pero Él induce a sus servidores la práctica y realización de actos que hoy día no dudaríamos en calificar de mágicos, pero no tolera que se practique la misma magia en nombre de otras divinidades, pues por esencia el ritual mágico pretendería controlarle a Él.
Hoy escribe Antonio Piñero
Cómo pudo ser la auténtica situación familiar
Si esta hipótesis es correcta, hay que modificar la exagerada pintura de los evangelistas en el tema que nos ocupa, la oposición familia carnal/familia espiritual en Jesús, y obtener algunas consecuencias de esta corrección. La verdadera situación pudo quizá desarrollarse así:
1. Al principio, cuando Jesús dejó todo y se lanzó a predicar el Reino, hubo cierta oposición entre él y su familia, que lo consideró un exaltado, un “fuera de sí”.
Hoy escribe Antonio Piñero
La mejor explicación parece la suposición de que aquí –como en otros casos- los evangelistas exageran y pintan con trazos demasiado gruesos, negativos y sesgados una situación vital que pudo ser distinta, más suave, en el caso de Jesús.
Al igual que los Evangelios, sobre todo el de Mateo, dibujan exageradamente una oposición a muerte entre Jesús y los fariseos, siendo así que el Nazareno –como se deduce por su teología, por su modo de usar la Biblia y cómo discute sobre ella- era al menos muy profariseo o filofariseo, y que las disputas entre maestros dentro de la secta eran fuertes y comunes aunque “sin que la sangre llegara al río”, semejantemente se puede suponer aquí que los evangelistas han exagerado una situación vital –las relaciones entre Jesús y su familia- que pudo ser mucho más suave.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro comentario al tema de la ruptura de Jesús con su familia carnal.
El Cuarto Evangelio se hace eco de otras dos breves noticias negativas en 4,44 y 7,5. Veamos cada una de ellas.
En 4,44 el evangelista afirma que Jesús dijo: “Ningún profeta goza de estima en su tierra”. Aparentemente tenemos aquí una confirmación del ambiente negativo que, según los Sinópticos (véase el comentario más arriba a Mc 3,20 y 6,1-6), tenía Jesús en su patria, Galilea. Este pasaje johánico debería complementarse en teoría con Jn 4,43 y 45, donde, sin embargo, leemos:
Hoy escribe Fernando Bermejo
Nuestra comprensión del fenómeno órfico se basa en testimonios que abarcan más de un milenio, desde el s. VI a.e.c. (antes de la era común) hasta el período de la Antigüedad Tardía (ss. V-VI e.c.).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el comentario a los temas evangélicos que se refieren al tema de la ruptura con la fmailia.
A la dureza concreta del pasaje de Q/Lucas que hemos transcrito y comentado brevemente en la postal anterior (Lc 14,26) hay que añadir una observación sobre un hecho un tanto extraño en este contexto: aunque sabemos con certeza por muchos testimonios que uno de los jefes, el primero en algún momento, de la comunidad cristiana de Jerusalén era Santiago (véase Hch 15), el “hermano del Señor”, Lucas alude a él siempre sin apelativo alguno. Jamás dice que fuera hermano de Jesús, como si se la nombra en otros dos pasajes del Nuevo Testamento (Mc 6,3; Gál 1,19). Da la impresión como si con ello el tercer evangelista intentara distanciar a Jesús de su familia carnal -no nombrando a Santiago como hermano suyo- o bien presentar a Jesús como muy alejado de su familia real.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La conversión a la castidad (2)
La hija de Pedro vivió castamente como gracia especial conseguida por su padre para evitar la ruina de muchos por su belleza. El caso de la hija del jardinero era otro ejemplo de que la muerte era sencillamente lo que más le convenía. La muerte de la joven fue efecto de la plegaria de Pedro. El buen jardinero no entendió las razones y volvió a pedir a Pedro que la resucitara. Fue el principio de la supuesta ruina espiritual de la joven.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la presentación de los pasajes evangélicos referidos al tema “Jesús y su familia”.
3. Marcos 6,1-6. Es la última mención de la familia en el Evangelio de Marcos, pasaje que conviene ser citado entero:
Salió de allí y vino a su patria [Nazaret], y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: “¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?”
Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sobre las relaciones de Jesús con su familia escribe Pagola en dos ocasiones solamente –si no me equivoco, si fuere así rectificaré cuando llegue a ello en mi repaso de su libro- y con brevedad: en la p. 44 donde afirma “La ruptura con su familia marcó su vida de profeta itinerante” y en el apartado “Una familia nueva” en donde afirma que en el movimiento de Jesús desaparece toda autoridad patriarcal” (p. 290).
Creo que esta afirmación no puede ser tan rotunda: la relación de Jesús con su familia y el término “ruptura” (donde se deja traslucir que fue casi definitiva) pueden merecer un comentario para precisar el término. Para lo que sigue utilizo material de mi obra Jesús y las mujeres, Editorial Aguilar, Madrid, 2008, “Jesús y su familia”, pp. 85-99.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el comentario a la afirmación de la p. 57 del libro de J.A. Pagola: “Jesús no se casó” y que ha dado para varias postales.
Me parece que el argumento más fuerte en el sentido de favorecer un posible celibato de Jesús puede ser la extraña sentencia recogida en Mt 19,12:
Hay otros que se hicieron a sí mismos eunucos por amor al Reino de los cielos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Existen un par de argumentos más a favor de esta probable situación célibe de Jesús durante su vida pública, aunque debe insistirse en que ello no excluye que el Nazareno hubiera dejado a su familia, como Pedro, por mor de la predicación, o que fuera viudo:
A) El ambiente relativamente ascético de la vida itinerante de Jesús durante su ministerio,
B) El pasaje de Mt 19,12: “Hay otros que se hicieron a sí mismos eunucos por amor al Reino de los Cielos".
Examinamos a continuación estos argumentos.
Hoy escribe Fernando Bermejo
A diferencia de lo ocurrido en otros países europeos -como, por
ejemplo, Francia o Italia (donde los estudios histórico-religiosos fueron introducidos en la universidad de Roma La Sapienza por R. Pettazzoni en 1923 al ocupar la primera cátedra de “Historia de las religiones”)-, y salvo alguna excepción aislada, durante mucho tiempo España apenas ha participado en la marcha de las corrientes intelectuales que cristalizaron en la creación de cátedras, departamentos e institutos en las universidades europeas y americana (otro día analizaremos las causas de este hecho).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema ¿Celibato de Jesús?
El segundo argumento esgrimido a favor del matrimonio de Jesús, El silencio del Nuevo Testamento, no es una prueba contundente a favor de que el Nazareno estuviera necesariamente casado, porque este corpus de escritos no mantiene precisamente un pudoroso recato al hablar de temas análogos, como son la madre y padre de Jesús, sus hermanos y hermanas, su familia en general. Explica también cómo algunos de los discípulos del Nazareno, Pedro sobre todo, eran casados, habla de la existencia de mujeres que seguían a Jesús, en especial de María Magdalena, etc. Por tanto es en principio extraño que calle sobre el estado civil del héroe de la historia cristiana.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La conversión y la castidad (1)
En la enumeración de las "funciones" que componen las "historias de castidad", una de las fundamentales es la conversión de las mujeres a la continencia en virtud de la predicación del Apóstol. Ya hemos constatado que los Hechos Apócrifos tienden al rigorismo en materia de conducta sexual. Es una de las características comunes a todos los cinco grandes Hechos Apócrifos primitivos. Pero podemos conceder que se trata de una actitud propia de otros escritos cristianos, y representa posiblemente una reacción a las conductas paganas. El punto de partida lo tenemos en la intervención de Santiago en el Concilio de Jerusalén. "No hay que sobrecargar, decía, a los gentiles que se han convertido a Dios. Pero deben abstenerse de la contaminación de los ídolos, de la fornicación (porneia), de lo ahogado y de la sangre" (Hch 15, 19-20).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema de las posibilidades del celibato entre los judíos del siglo I
Aunque afirmamos en una postal anterior que no podemos probar una relación entre la “llamada” de Jesús para ser heraldo del Reino de Dios y formar su propio grupo de discípulos y el pasaje de Jeremías 15,17 (citado por Pagola en nota a p. 57), igualmente debe decirse que los judíos de época de Jesús no veían en absoluto mal la tradición que afirmaba de Jeremías que era célibe. No conocemos protestas al respecto. Esta tradición nace probablemente del profeta mismo: “La palabra de Yahvé me fue dirigida en estos términos: No tomes mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar”, leemos en Jr 16,1-2.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos analizando la cuestión del celibato entre los judíos del siglo I de nuestra era. Ello nos valdrá para aplicar lo conseguido a Jesús.
Otro pasaje de Flavio Josefo afirma además que entre los esenios existía expresamente la opción de casarse, o no:
Hay otra orden esenia que está de acuerdo con la anterior en su género de vida, sus costumbres y sus reglas, pero se distingue de ella por su concepción del matrimonio: piensan que el no casarse es privar a la vida de su fin más importante, la procreación. Más aún, si todos hicieran lo mismo, pronto se extinguiría el género humano. Pero someten a sus mujeres a tres años de prueba, y se casan con ellas sólo después de que, durante tres períodos de purificación ritual, han dado pruebas de fertilidad. No tienen relaciones con ella durante el embarazo, mostrando con ello que su propósito en el matrimonio no es otro que asegurar la descendencia (Guerra de los judíos II, 160-161).
Hoy escribe Antonio Piñero
Ante todo deseo reiterar lo que dije en mi postal anterior sobre este tema de ningún modo excluimos a priori la posibilidad de que Jesús estuviera casado antes de su vida pública, o que fuera viudo, o incluso que hubiera dejado a su familia, como Pedro o los hijos del Zebedeo para dedicarse de lleno a la predicación. Pero una vez admitidas estas posibilidades, examinaré los dos argumentos expuestos, ponderando su valor.
En el judaísmo del siglo I no existía para los varones la obligación de casarse
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el capítulo 2 “Vecino de Nazaret” del libro de J.A. Pagola, “Jesús. Aproximación histórica”
En la p. 57 afirma Pagola en el ladillo que introduce una nueva sección de ese capítulo “Sin esposa ni hijos”; y unas líneas más tarde afirma taxativamente “Jesús no se casó”.
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba