El blog de Antonio Piñero

Crucifijos, aconfesionalidad y disparates

03.12.08 | 01:16. Archivado en , Religión y Mundo Contemporáneo
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Hoy escribe Fernando Bermejo

Hace algunas semanas tuve el placer de participar en Madrid como conferenciante, junto a varios colegas españoles y extranjeros, en unas jornadas académicas sobre “La filiación en la Antigüedad cristiana” organizadas por un Instituto de estudios católico. El ambiente que nos depararon los organizadores fue excelente y cordial, y guardo muy grata memoria de ellos y de esos días. Ahora recuerdo que en algún lugar del salón del Instituto donde se celebraron las jornadas había un crucifijo, aunque me llamó tan poco la atención que hoy no podría asegurar cuál era su tamaño, ni si se encontraba a un lado de la mesa de los ponentes o sobre la pared, presidiendo el salón. En un centro cristiano, la presencia conspicua de un crucifijo es lo esperable. Faltaría más.

Sin embargo, recuerdo muy bien la visita que hube de hacer, hace unos pocos años, a los Juzgados de una ciudad del sur de España. Recuerdo vívidamente la presencia de crucifijos en las salas, así como una vidriera, en la escalinata principal, con una enorme imagen de Jesús con la cabeza adornada con una corona de espinas. También recuerdo nítidamente haber visto, hace varios meses, al nuevo Gobierno de España (Estado aconfesional según el artículo 16.3 de la Constitución) jurar o prometer sus cargos ante una mesa en la que había un gran crucifijo. Recuerdo asimismo haberme preguntado, en ambas ocasiones, cómo se podrían haber sentido en esas dependencias públicas –o al ver el espectáculo de la toma de posesión– los aproximadamente 8 millones de españoles que se declaran agnósticos o ateos o no creyentes o bright, o uno de los aproximadamente 700.000 musulmanes que hay en España, o uno de los ca. 90.000 budistas, o uno de los ca. 30.000 judíos, o algún miembro del resto de minorías religiosas que pueblan nuestro cada vez más heteróclito país, o simplemente cualquier cristiano sensible a la sensibilidad de quienes no comparten sus creencias.

Algunos Juzgados de España o el salón del palacio de la Zarzuela no son, sin embargo, los únicos lugares públicos en los que los crucifijos y otros símbolos religiosos cristianos dominan el panorama. Lo mismo pasa todavía en las aulas de varios colegios públicos, entre ellos en dos de Valladolid: el Macías Picavea y el Isabel la Católica.

Esta situación sorprendió hace tres años a Fernando Pastor, un profesor de Contabilidad, cuando acompañó al colegio Macías Picavea a su hija, que entonces tenía 6 años. La Asociación Cultural Escuela Laica, de la que es portavoz, inició un proceso administrativo, primero, y judicial, después, para acabar con esa situación. Tras más de tres años de esfuerzos –y de enconadas resistencias por parte del consejo escolar del colegio público Macías Picavea–, una sentencia del Juzgado de lo Contencioso nº 2 de Valladolid obliga con su resolución al citado colegio a “retirar los símbolos religiosos de las aulas y espacios comunes”, alegando no sólo la vulneración del principio de confesionalidad, sino también el derecho a no ser discriminado por razón de religión o creencia (art. 14 de la Constitución), arguyendo sensatamente que “la presencia de estos símbolos en las zonas comunes, en el que reciben educación menores de edad en plena fase de formación de su voluntad e intelecto, puede provocar en estos el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión con la que guardan relación los símbolos presentes que a otras confesiones”.

Como cabría esperar en una sociedad, como la española, en la que la normalidad democrática y la aconfesionalidad real del Estado todavía no han podido ser implantadas, la sentencia del Juzgado de Valladolid ha despertado no pocas reacciones disparatadas.

Una de ellas proviene de uno de esos individuos que aprovechan haber medrado en la Iglesia católica para sembrar sin descanso la concordia entre los españoles. De nombre Antonio Cañizares, este funcionario eclesiástico ha interpretado el fallo judicial, en una homilía pronunciada en la catedral de Toledo la semana pasada, como síntoma de “cristofobia”, añadiendo que “este país está muy enfermo”. Tamaña exégesis le delata, sin duda, como una de las mentes más sanas y egregias de este país, si bien, de entrada, cabría preguntar si este funcionario sabía realmente qué quería decir. En efecto, el término “cristofobia” significa “odio al Cristo”; ahora bien, “Cristo” es un término teológico que implica el reconocimiento del carácter mesiánico de un individuo (en este contexto: Jesús). ¿Cómo es posible que alguien odie a quien considera mesías? Absurdo, ¿no? Quizás, sin embargo, este sujeto no sabe expresarse con propiedad y lo que quería decir es que hay gente que siente fobia por Jesús de Nazaret. Ahora bien, se me escapa quién pueda hoy sentir odio por un judío galileo del s. I, y yo de hecho jamás me he encontrado con individuo alguno que sintiese “jesuofobia”. Así pues, nos tememos que la expresión del mentado funcionario no es más que un disparate, acaso encaminado retóricamente a denigrar a quien no piensa como él atribuyéndole un inexistente odio. Con ello, ese individuo sólo muestra su verdadera calaña.

Cabe preguntarse qué relación intelectual y moral guardan individuos como éste con ciertos padres y madres del colegio Macías Picavea que han desplegando su incivismo acosando e increpando al profesor Fernando Pastor –que no había insultado previamente a nadie–, y logrando que algún compañero de su hija la insultase en clase y le reprochase que los niños van a quedarse sin fiestas de Navidad o Reyes por culpa de su perverso papá. Defendamos la presencia del crucifijo crucificando a nuestros semejantes... ¿O no son quizás nuestros semejantes Fernando Pastor y su hija? Al fin y al cabo, el Diablo y su semilla están abocados a la condenación. ¿Y quién, sino el Diablo, puede odiar a Cristo tanto como para exigir a las autoridades que la Ley y la aconfesionalidad del Estado, recogida en la Constitución española, se cumpla para evitar que alguien se sienta discriminado...?

Otra de las eminencias eclesiásticas de nuestro país, de nombre Braulio Rodríguez y de profesión obispo de Valladolid, ha dictaminado en una carta pastoral que el crucifijo no es sólo un símbolo religioso, sino también “de amor y paz”; más aún, “un símbolo idóneo para expresar el elevado fundamento de los valores civiles que delinean la sana laicidad en el actual ordenamiento jurídico español” (sic). Hermosas y enternecedoras palabras, de las que se sigue que, quien en nombre de la Ley y la igualdad prefiera la ausencia de este símbolo, no sólo muestra su “cristofobia”, sino también su incomprensión del elevado fundamento de los valores civiles y la sana laicidad. Si tal es el valor del crucifijo, ¿a qué espera este sabio prohombre para emprender una campaña (mejor dicho: una cruzada) para su implantación, no sólo en las aulas, sino también en los cines, los teatros, los museos, las discotecas, los garajes y las señales de tráfico…? El incremento de la conciencia nacional en torno al fundamento de las virtudes públicas quedaría de este modo sumamente garantizado, y el Amor y la Paz calarían más hondo en nuestros corazones. Claro que a uno podrían caberle dudas acerca de las virtualidades virtuosas del crucifijo, teniendo en cuenta no sólo que en su nombre se ha masacrado a millones de personas a lo largo de los últimos 17 siglos, sino también que en su nombre se ha producido el cobarde acoso a un padre y su hija.

Pero la sensibilidad y la inteligencia no son patrimonio únicamente del alto clero. Así, el consejero de la Presidencia y portavoz de la Junta de Castilla y León –tras haber declarado que no se presentaría recurso de apelación contra la mencionada sentencia del Juzgado nº 2– ha anunciado ahora la presentación de un recurso, exhibiendo fotografías de la toma de posesión del presidente José Luis Rodríguez Zapatero y miembros de su gobierno. Incurriendo en la falacia del tu quoque (“tú también”), en lugar de solicitar la supresión de símbolos religiosos en la toma de posesión de los miembros del Ejecutivo –que ciertamente muestra que el Gobierno de España no está siendo coherente con el principio de aconfesionalidad del Estado–, el político de marras ¡utiliza un caso de vulneración del principio de aconfesionalidad como coartada para justificar que se produzca otro! El Arzobispado de Valladolid y algunos sectores integristas del catolicismo patrio parecen haber instigado el cambio de opinión de la Junta y de la presentación de este recurso.

Aunque en los programas iconográficos de los sarcófagos a partir del s. IV comienzan las representaciones de la pasión de Jesús (como su arresto o la aparición ante Pilato), la crucifixión como tal está conspicuamente ausente en el arte antes del s. V, al parecer porque tal imagen fue considerada inquietante o políticamente incorrecta. Desde el s. V, sin embargo, el uso del crucifijo se extendió en el uso cristiano cada vez más, y desde hace siglos España está plagada de ellos. Hoy en día hay cientos de miles, si no millones, a lo largo de la geografía nacional: en catedrales, iglesias, encrucijadas, valles, cimas de montañas, carreteras, y también en salones de plenos de ayuntamientos, cuadros y esculturas, por no hablar de libros o de joyas... Que sepamos, y a diferencia de lo que ocurrió cuando la facción victoriosa del cristianismo tomó el poder –cuando turbas cristianas guiadas por obispos y monjes destruyeron sin piedad estatuas, templos, libros y personas del “paganismo”–, nadie ha emprendido en los últimos años cruzada alguna en nuestro país para acabar con los crucifijos, y es previsible que nadie en su sano juicio la emprenda.

No obstante, algunos funcionarios eclesiásticos y sus acólitos, acostumbrados como están a pontificar a diestro y siniestro –para algo se consideran Administradores del Misterio–, no se paran en barras. Además de los mencionados disparates, algunos han proclamado que los crucifijos “ni ofenden ni pueden ofender a nadie”; otros han pontificado que los crucifijos sólo molestan “a unos pocos”; otros han especificado que los crucifijos “sólo ofenden a cuantos quieren que el Estado se convierta en un nuevo dios, con poder absoluto sobre las almas” (Juan Manuel de Prada, en L’Osservatore Romano, dixit). Este escritor, cuyo florido verbo no es obviamente garantía ni de la racionalidad de sus creencias ni de la sensatez de sus juicios, parece sugerir que el juez que dictó la sentencia debe de ser uno de estos estatólatras, si es verdad, como ha añadido, que “de un tiempo a esta parte, en España la ola de odio hacia la Casa de Dios se ha enmascarado de judicialidad, sustituyendo el enconamiento cruento de otra época no tan lejana con una apariencia más sibilina y aséptica” (sic).

Es obvio para cualquiera que no desprecie la realidad empírica que hay una parte considerable de la ciudadanía para la cual los crucifijos no son un símbolo de amor y paz, sino de algo diferente –e incluso de todo lo contrario–, y que considera incoherente y negativo su despliegue en un edificio público. Decir que estas personas no existen o son muy pocas es un simple embuste, y decir que son una suerte de adoradores del Estado es una insensatez mayúscula, que sólo una cerril irracionalidad puede generar. Por lo demás, ni Fernando Pastor ni nadie parece haberse molestado por la mera visión de un crucifijo, sino por la presencia de un crucifijo en determinados lugares públicos en que a su juicio (y según los principios de un Estado aconfesional) no debería estar. Claro que tales distingos, para los fanáticos, resultarán en demasía sutiles.

Que algunas personas –molestas o no por la presencia de crucifijos (pero también por la de cualesquiera otros símbolos sectarios, religiosos o no) en lugares públicos– insten a las autoridades a hacer cumplir la Ley no implica en absoluto falta de respeto a esos símbolos, sino sólo la oposición a su imposición; esas iniciativas demuestran simplemente la conciencia cívica de estas personas y su firme interés en que el espacio público, exquisitamente neutral y libre de símbolos partidistas, sea realmente un espacio de todos. No de unos cuantos, ni siquiera de la mayoría, sino de todos. Éste es el objetivo de Fernando Pastor y la Asociación Cultural Escuela Laica, que por ello merecen, como mínimo, el respeto y el reconocimiento de la ciudadanía.

El intento de hacer ver en estas iniciativas una prueba de “odio” o “cristofobia” sería sólo una solemne memez, si no fuera también muestra de un cinismo indecente. Pero este indecente cinismo es instructivo, pues prueba por enésima vez cuál es el verdadero alcance del “respeto” que sienten buena parte de los jerarcas eclesiásticos de este país y sus acólitos por la libertad educativa y por la aconfesionalidad del Estado. De hecho, los herederos institucionales, intelectuales y morales de la Inquisición están teniendo la ridícula desfachatez de intentar dar lecciones a la ciudadanía sobre lo que ellos llaman “una sana laicidad”. Ya sabemos que la laicidad, a secas, es para tales sujetos una cosa muy pero que muy mala. La laicidad tiene que ser “sana”, es decir, lo que ellos, como excelentes médicos de las almas que son, entienden por “sana” (y que incluye, por supuesto, el mantenimiento del control social por parte de las jerarquías eclesiásticas, y de sus seculares privilegios y prebendas). Lástima que haya también en esta sociedad bastantes elementos para los cuales esa “sana laicidad” sea una laicidad ya incurablemente enferma.

Si de lo que se trata –como también dicen– es de no olvidar las raíces cristianas de Europa, nadie debería preocuparse lo más mínimo, pues de crucifijos, iglesias y símbolos cristianos España y el mundo están literalmente plagados y seguirán estándolo (además, pueblos, calles, plazas, colegios y hospitales por doquier llevan el nombre de vírgenes y santos; y, por si fuera poco, los jerarcas católicos salen de vez en cuando en manifestación a recordarnos a todos lo mucho que mandan).

Aunque, si de lo que se trata es de no incurrir en este país en “amnesia” o “necrosis cultural” (De Prada dixit), deberíamos añadir en los lugares públicos también una estrella de David y una menorah, una portada del Corán y una media luna, y desde luego también imágenes, al menos, de Sócrates, Platón y Aristóteles. ¿O quizás el interés de algunos por que los demás no olvidemos las raíces de nuestra cultura no llega tan lejos…?

Extraña sobremanera que, para enfatizar las grandes virtudes del crucifijo y contrarrestar tanto olor a azufre, los Administradores del Misterio y sus más dóciles satélites no hayan traído todavía a colación la conmovedora historia de Marcelino Pan y Vino. Es lo único que nos falta. Qué cruz más grande nos ha caído encima, Señor.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo (y un abrazo para Fernando Pastor, su hija, su mujer, y la ACEL)

31 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Diego 02.05.10 | 00:40

    El crucifijo no es símbolo de Libertad, ni de Democracia y creo que tampoco de Amor. Es el símbolo de que Cristo murió para limpiar el pecado original, sospechosamente cometido por una mujer, que siempre son las peores paradas en esta clase de mitos. Y como el hecho de considerarse pecadores redimidos es una creencia personal y respetable, no veo por qué debe estar en ninguna aula de ningún colegio público pagado con los impuestos de ciudadanos que profesan o no muy variadas creencias y filosofías.d

  • Comentario por alberto 11.02.09 | 18:05

    Encontré un articulo sobre los cultos que se practican en el mundo, algunos podrían parecer absurdos, aunque representan fuertes críticas hacia las religiones establecidas, otros se basan en la admiración desmedida por diversas figuras públicas, si desean verlo entren a http://www.playboy.com.mx/

  • Comentario por Flavia 24.12.08 | 00:03

    He leído en varios periódicos digitales que Fernando Pastor fue corresponsal del diario etarra Egin en Castilla y León. Trabajar para semejantes empleadores es para mí un indicio moral sobre esa persona bastante más concluyente que la historia del crucifijo.

    Si ese particular es cierto y no una calumnia, desde luego yo no le enviaría ningún abrazo. Hay ideas, e idelogías, que persiguen y matan. Y la del Egin es una de ellas.

  • Comentario por sofía 19.12.08 | 00:31

    Bueno, es posible que seamos un poco anarquistas. En cualquier caso, creo que las cosas tienen que ir de abajo arriba y no de arriba abajo.
    Lo que se ponga en una escuela debe decidirlo la comunidad escolar, dentro de los límites normales marcados por la constitución, no la "autoridad estatal" ajena a la comunidad educativa concreta.
    Es absurdo por tanto que otros discutamos si lo deben poner o quitar. Es cosa suya.

  • Comentario por Flavia 18.12.08 | 11:57

    Los símbolos que deberían aparecer en el espacio público (escuelas incluidas) son los símbolos del Estado. Salvo que se tenga una religión identificada con el Estado, como en la Roma pagana (no un Estado identificado con una religión supraestatal, que es justo lo contrario),o salvo que se tenga una religión nacional (como el judaísmo), no se entiende muy bien qué pintan estos o aquellos símbolos religiosos en los espacios públicos de un Estado que verdaderamente sea tal.

    Pero como nuestro Estado, a parte de ser antinacional es antiestatal y con gusto por el suicidio (asistido y no asistido), pues nada, ni tiene símbolos generalmente respetados y normalmente presentes en todos los espacios públicos, ni se espera que los tenga.

    Así que nos dedicamos a discutir por un crucifijo...

  • Comentario por sofía 14.12.08 | 21:57

    Echándole un segundo vistazo a su artículo creo que debo matizar algunas "ideas" vertidas en él:
    "...cabría preguntar si" USTED, P. Bermejo, "sabía realmente qué quería decir. En efecto, el término “cristofobia” significa “odio al Cristo”; ahora bien, “Cristo” es un término teológico que implica el reconocimiento del carácter mesiánico de un individuo (en este contexto: Jesús). ¿Cómo es posible que alguien odie a quien considera mesías? Absurdo, ¿no?" (Por supuesto que es absurdo su planteamiento de usted, Sr. profesor, sin duda) "Quizás, sin embargo, este sujeto ( ) sabe expresarse con propiedad y lo que quería decir es que hay gente que siente fobia" a que a Jesús de Nazaret se le considere Cristo. "Así pues, nos tememos que la expresión del mentado" profesor "no es más que un disparate, acaso encaminado retóricamente a denigrar a quien no piensa como él... Con ello, ese individuo sólo muestra su verdadera calaña."
    Saludos cordiales, y no sea usted cristofóbico.

  • Comentario por sofía 05.12.08 | 22:02

    Pero es cuestión de que los de mente abierta la tengan abierta de verdad para todo y no midan las cosas por distinto rasero según convenga o no.
    Hay que reconocer que se tiene una agenda, igual que se acusa de tener una agenda a los demàs, e intentar ser lo más coherentes y objetivos que sea posible.

  • Comentario por Jordi Morrós 05.12.08 | 19:47

    Felicidades por el post y por el buen nivel de los comentarios.

    Creo que ha quedado muy claro que aquí no hay un problema entre cristianos y no cristianos sino un problema entre personas de mente abierta y personas que ven demonios y supuestos anticristos por todas partes.

  • Comentario por Mikimoss 04.12.08 | 14:38

    Este es el país de las falsas polémicas. En los EEUU, país fundado por protestantes puritanos y nada laico (se menciona a Dios explícitamente en su constitución y hasta en la moneda), no hay crucifijos en las escuelas. Nuestra Constitución, en cambio, es absolutamente laica y además declara explícitamente la aconfesionalidad estatal, pero concede, al mismo tiempo, privilegios fiscales y conciertos especiales a la Iglesia Católica. Somos víctimas de una religión para la que la tradición es parte de su núcleo dogmático, por eso es tan precaria la separación Iglesia-Estado en nuestro país.

  • Comentario por Xabier 04.12.08 | 13:04

    Pedro, que tanto lee, debería leerse las normas de etiqueta, una de las cuales dice: "Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.".

    ¡Ya está bien de que meta rollos que no vienen a cuento con el tema planteado!

  • Comentario por agustin 04.12.08 | 11:58

    Nada mas espacio publico que la calle:asi que en nombre de la laicidad de estado y en una sociedad multicultural ya estan tirando iglesias,etc que pueden molestar a los creyentes de otras religiones....
    Se lo dice alguien que ha vivido tres años en un pais musulman y por desgracia cerca de una mezquita...les aseguro que no necesitaba despertador!!!!! y me tuve que adaptar lo mejor que pude y supe.
    Para cuando esa reciprocidad de cara a construir iglesias en paises musulmanes?

  • Comentario por Ireneo 04.12.08 | 02:25

    ... Y no la tirania de lo que a ud. buenamente le interesa hacer.
    3º.- No me ha ccontestado a lo de laico y laicismo, que actualmente engendra mucha confusión.
    4º.- No se enfade y no pierda los nervios. Sosiegese, que diría Felipe II.
    5º.- Se defiende como puede y con poca lógica y le pasa que "Nemodat quod non habet" ( Boecio).
    Cordiales saludos.

  • Comentario por Ireneo 04.12.08 | 02:24

    1.- Yo no le he insultado en ningún momento, solo discrepo y comento.
    Y usted como resulat evidente y todo el mundo pude comprobrar lo hace permanentemente.
    Decir:"Que sepamos, y a diferencia de lo que ocurrió cuando la facción victoriosa del cristianismo tomó el poder –cuando turbas cristianas guiadas por obispos y monjes destruyeron sin piedad estatuas, templos, libros y personas del “paganismo”–", es un una falsedad, un insulto y una calumnia.
    Indica usted que obispos y monjes " destruyeron" personas paganas ". Es decir las mataron o las asesinaron.
    Eso no es anticlericalisto, mentira y falsedad de la peor calaña ?.
    Solo usted parece tener razón y su razonamiento y comentario es el insulto
    más mentiroso y vulgar.
    2º.- A usted le molesta la libertad. Ha de saber que los consejos escolares están plenamente facultados y elegidos libremente y son plenamente democraticos. Y usted debe aceptar la democracia como sistema de gobierno. Y no la tirani...

  • Comentario por Pedro 04.12.08 | 00:00

    Cuando el sistema de creencias, o la conciencia, sobre “A” tiene un dato nuevo y es necesario cambiar la creencia de “A”. Thomas Bayes (1702-1761), teólogo anglicano y matemático, construyó un teorema que muestra en qué medida se debe cambiar la creencia sobre “A” considerando el nuevo dato “X”, construyendo la consiguiente nueva creencia o conciencia sobre A después de tener en cuenta el dato nuevo. El cerebro, la mente, da la bienvenida a estos datos nuevos, pues le enseñan a percibir mejor, tomar una nueva conciencia. La existencia de estos datos nuevos comunica al cerebro que su modelo del mundo no es lo bastante bueno. La percepción no es el mundo, sino el modelo creado por el cerebro, la mente. El mapa no es el territorio, decía Comenius (1670). La nueva realidad le obliga a cambiar, a tomar una nueva conciencia de ella. (Los que convierten la realidad con sus datos nuevos en maligna, manifiestan su paranoia).

  • Comentario por Pedro 03.12.08 | 23:54

    Fernando:
    No me da tiempo a comentarte más, pero te transcribo dos párrafos que estoy escribiendo y que lo comentan: Mediante el aprendizaje asociativo de experiencias positivas, el cerebro construye un mapa del mundo. Se trata básicamente de un mapa de valores. Mediante el aprendizaje asociativo, el cerebro descubre las cosas valiosas del mundo y qué acciones hemos de realizar para conseguirlas. Este mapa de valores representa nuestro sistema de creencias, nuestra conciencia construida a base de las experiencias cotidianas bien resueltas y otros problemas más complejos superados. Este sistema de creencias necesita ser cambiado y cambia cuando la realidad tiene un dato nuevo.

  • Comentario por Justiniano 03.12.08 | 23:46

    Estimado miembro de la ciudadanía Bermejo, puede usted ahorrarse ese numerito de corrector tipográfico que tan poco bien le hace (aunque como al parecer tiene tanto tiempo libre para esto, déjeme mandarle unas cosillas y me las somete usted al escrutinio del D.R.A.E)

    He debido dar muy cerca de la diana para que se ponga así. Patalear a su edad no deja de resultar simpático :-)

    Cordiales saludos

  • Comentario por antonio 03.12.08 | 22:27

    En la clase de religión, que pongan los símbolos que sea, en el resto no, porque si viene un judío, árabe, o indio habrá que poner estrellas, lunas, chivas ect, y si viene un bético habrá que poner el escudo del Betis, porque para muchos, el Betis, es una religión.
    etc. etc
    Dad a dios lo que es de......

  • Comentario por sofía 03.12.08 | 21:15

    Desde luego yo espero que si se utiliza con fines públicos cualquier edificio que tenga estrellas o medias lunas se queden en donde están, así mismo como las decoraciones hechas con frases del corán.

    Sólo añadir que me ha encantado el post, porque por fin ha empezado a enseñar la agenda el profe.
    Pues, vale. Es una opinión.
    ´
    Yo prefiero el estilo del viejo profesor Tierno Galván.

    De modo que espero que ante cualquier signo todos nos fijemos en lo positivo y no lo demonicemos. Que cada uno jure o prometa con los signos que le parezcan oportunos o con ninguno en absoluto, que las escuelas pongan y quiten lo que decidan los consejos escolares, teniendo en cuenta a todo el mundo, y que no se empeñe nadie en fastidiar a los demás ni en buscar tres pies al gato.
    Menos anti nada y más positividad en las agendas de todos.
    Saludos cordiales.

  • Comentario por Pedro 03.12.08 | 21:05

    Fernando:
    Daría mi vida por tu libertad y tu parresía. Me parece bien que todos hablemos con la misma libertad. Todos estos líos se producen porque no hemos explicado uno de los símbolos que aparecen en los orígenes del cristianismo que es el tropaeum, que es el símbolo de una legión y también el símbolo sagrado del Funus. También sabes que en el concilio quinisexto, (692) la iglesia manda substituir el cordero que está en el crucero del tropaeum (la cruz), por el cuerpo del Cristo encarnado, y que tarda muchos más siglos en establecerse esta orden, y por eso tenemos cristos crucificados con los ojos abiertos y con corona de rey, sin apenas sangre, luego se le ordena colgar y sangrar... y ahora se dice que los demás son los manipuladores, o cristofóbicos. Los que tú has dicho de algunos señores, a alguno de ellos se lo acaban de decir mis paisanos.

  • Comentario por Josep 03.12.08 | 17:53

    Un par de observaciones, con ánimo complementario al magnífico post:

    1. Mayorías. La democracia no consiste sólo en actuar tal como decide la mayoría. Una democracia no permite, p. e., que una mayoría decida que, en el futuro, no sea ya la mayoría la que decida. Para eso se establecieron los denominados derechos de las minorías (entre los cuales, los derechos relativos a las minorías religiosas).

    2. Juramentos. La cuestión no es tan sencilla como multiplicar los símbolos ante los que se jura, porque existe el derecho a no manifestar públicamente la propia creencia, que de aquella manera resultaría infringido.

    Cordialmente,

    J.

  • Comentario por jurar-prometer en conciencia 03.12.08 | 17:07

    Ahí está tu libertad, Xabier. En poder jurar o prometer y utilizar el símbolo o la palabra que tú mismo elijas.
    Hay quien jura "por su conciencia y honor" -no por Dios- pero lo hace ante Dios, ante Cristo o ante su Palabra. Un cristiano todo lo hace en presencia de Dios y si quiere que esa presencia se manifieste en una cruz, ¿quién podrá negárselo?.
    Lo democrático y civilizado es poder elegir.

  • Comentario por Xabier 03.12.08 | 16:56

    Jurar-prometer en conciencia:

    Yo me he confesado varias veces en este blog como cristiano y, sobre los juramentos, cuando he tenido que jurar o prometer (p.e. en juicios) he elegido prometer y, por otra parte, no me gustaría nada jurar sobre una Biblia o sobre un crucifijo.

    ¿Por qué? Porque, como he dicho, soy cristiano y, según el Evangelio de Mateo, Jesús dijo "no juréis en modo alguno" (Mt. 5:34)

  • Comentario por Justiniano 03.12.08 | 14:57

    Estimado camarada Bermejo, no sé exactamente cual es la relación entre el Jesús histórico y el colapso hepático que nos muestra usted con tanta profusión de detalle en este panfletillo, sino es para constatar el grado de “objetividad” e “independencia” que pueden alcanzar sus elucubraciones sobre dicho sujeto. La credibilidad difícilmente puede sustentarse en un, fatalmente llevado y peor escondido, complejo del mal ladrón; con una visceralidad contra todo lo que suene a cristiano que redunda hasta los limites del lenguaje y la socarronería macarra. Los últimos y desafortunados estertores del materialismo histórico que se resiste a desmaterializarse históricamente, confiándose a los estragos de la Logse y la pandereta. Y sobre los crucifijos, pues a ver que dice el constitucional…

    Observación de Fernando Bermejo

    Estimado Sr.:
    1) El término "elucubración" no aparece en el D.R.A.E. (únicamente el Diccionario Manual lo recoge, aunque como barbarismo). El término correcto es "lucubración".
    2) "Sino", en cuanto conjunción, es adversativa. Como conjunción condicional seguida de negación, debe escribirse siempre "si no".
    3) Debe distinguirse asimismo entre "cual" como pronombre relativo, y "cuál" como pronombre interrogativo, el cual ha de escribirse con tilde.
    Sobre lo demás, Vd. mismo.
    Saludos cordiales,
    F.B.

  • Comentario por jurar-prometer en conciencia 03.12.08 | 13:16

    (sigue)
    ¿Es políticamente correcto jurar con la mano sobre la Constitución, que puede cambiar mañana, y no ante un Cristo u otra imagen religiosa?.
    Es complicado, porque hacer de "la conciencia y honor" algo estereotipado, es imposible.
    Cada uno promete por aquello que considera "sagrado", ya sea una ley democrática o unos textos que él/ella consideran revelados.

  • Comentario por jurar-prometer en conciencia 03.12.08 | 13:13

    Tal vez deba hacerse una excepción en cuanto a la presencia de crucifijos en lugares públicos.
    Cuando un representante de los ciudadanos, un cargo público, jura o promete su cargo, puede hacerlo ante la Constitución, la Biblia o ante un símbolo religioso como un crucifijo.
    Este es un acto que atañe a la conciencia y es por tanto resultado de una opción personal.
    Si se trata de un musulmán bien podía jurar o prometer ante el Corán o en otros casos, ante textos de Buda, por ejemplo.
    El asunto es más serio de lo que parece, porque no tenemos derecho a retirar, en todos los casos, los signos religiosos de la vida pública, sino por el contrario, aceptar los signos de todas las confesiones que dan sentido y orientan las vidas de los ciudadanos.
    ¿Quién puede prohibir que yo jure sobre la Biblia o sobre el Corán?. ¿Qué sentido tiene un juramento?. ¿Dónde reside la conciencia?. ¿Cómo expresar esto simbólicamente?. ¿Es políticamente correcto jurar con la mano sobr...

  • Comentario por Cristiano laico 03.12.08 | 12:23

    3. Y sobre Cañizares -para hablar de él me he cambiado el nick habitual-, además de adherirme a lo dicho por F.B., quiero añadir que, si no estoy mal informado (mi fuente es una persona de la Iglesia), Cañizares fue ascendiendo para que no causase problemas. En Granada tuvo problemas con los jesuitas y, para que dejase de causarles problemas, se lo llevaron a Toledo. Por lo visto la lógica de la jerarquía es ascender a los problemáticos.

    Observación de Fernando Bermejo

    Estimado amigo:
    Agradeciéndole su intervención, permítame añadir algo más (que debería, en todo caso, haber quedado claro). La cuestión a la que me he referido no supone -como demuestra su caso- un conflicto entre cristianos y no cristianos; de hecho, entre las muestras de apoyo que ha recibido Fernando Pastor se encuentran las de no pocos cristianos, y específicamente católicos, que comparten su posición. El conflicto es entre personas que respetan la aconfesionalidad real del Estado (y entre ellas hay cristianos y no cristianos) y personas que no la respetan, y buscan colonizar los espacios públicos con símbolos particulares.
    Con un cordial saludo,
    F.B.

  • Comentario por Cristiano laico 03.12.08 | 12:22

    1. Siendo cristiano, estoy 100 % de acuerdo con lo que ha escrito F.B. Al César lo que es del César -si la escuela y los juzgados son estatales son del César- y a Dios lo que es de Dios.

    2. Aunque soy partidario de que se retiren los crucifijos de las escuelas públicas y juzgados, en cambio, no me opongo a que se coloquen los tradicionales belenes. Lo mismo que el 30 de enero las escuelas (o muchas escuelas) conmemoran el asesinato de Gandhi, asumido como "patrimonio" de todos, podría asumirse también a Jesús y otros personajes como "patrimonio" de todos al margen de sus creencias religiosas.

    3. Y sobre Cañizares -para hablar de él me he cambiado el nick habitual-, además de adherirme a lo dicho por F.B., quiero añadir que, si no estoy mal informado (mi fuente es una persona de la Iglesia), Cañizares fue ascendiendo para que no causase problemas. En Granada tuvo problemas con los jesuitas y, para que dejase de causarles problemas, se lo llevaron a Toledo. Por ...

  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 03.12.08 | 11:43

    "Si de lo que se trata es de no incurrir en este país en “amnesia” o “necrosis cultural” (De Prada dixit), deberíamos añadir en los lugares públicos también una estrella de David y una menorah, una portada del Corán y una media luna, y desde luego también imágenes, al menos, de Sócrates, Platón y Aristóteles".
    Estoy de acuerdo. Al margen de lo que diga de Prada, nos hace falta comprender nuestras raíces, Cristo incluido, para reconocer nuestra diversidad interior... y buscar la justicia y la verdad con sentido cooperativo.

  • Comentario por Ireneo 03.12.08 | 10:46

    .... Asociación Cultural Escuela Laicista.
    Y todos tan contentos y menos confundidos.
    2º.- Evidentemente el espacio público puede ser neutro y claramente aconfesional.Actualmente la sentencia judicial se ha recurrido y estamos pendientes de ese resultado. Pero por otra parte en Democracia existe la regla de las mayorías. Y si un consejo escolar decide por mayoría, mantener el crucifijo en las aulas, esto debe ser necesariamente obedecido y respetado.
    En este asunto creo debe aplicarse estrictamente la ley y ejercer los derechos democráticos de los ciudadanos.
    Muchos son en España de mayoría cristiana, para los que un cruficijo es un símbolo sagrado que no ofende a nadie y significa paz y amor y no puede irritar a nadie. Naturalmente por causas diversas personales existen personas que odian al Cristo; pero eso son ya motivaciones religiosas y aquí, como en todo, de lo que se trata es de cumplir rigurosamente con la legalidad democrática. El derecho de la mayoría ...



    Respuesta de Fernando Bermejo:


    Estimado Sr.:

    Aunque el hecho de que Vd. siga repitiendo cosas cuya falsedad he argumentado me hace temer que todo diálogo con Vd. está condenado al fracaso, le contestaré por una vez, para que no crea que quien calla otorga.

    1º) Vd. afirma que trato "con notable desprecio...a la Iglesia misma". Esto es una falsedad calumniosa por su parte, pues en ningún momento me he referido a la Iglesia como tal. De hecho -aunque Vd. no parece leer con atención- he comenzado mi artículo refiriéndome a mis relaciones cordiales con gente de la Iglesia católica, y no voy a hacerle la lista de mis amistades entre católicos y protestantes. No cometa Vd. pecados diciendo falsedades ni calumniando.

    2º) Vd. afirma que trato con notable desprecio a la jerarquía eclesiástica. Esto es también falso. Yo me he referido a parte de esa jerarquía, argumentando en cada caso, y poniendo ejemplos concretos de falsedades y denigración por parte de tales individuos. Denunciar la fragilidad argumentativa y moral de tales individuos no es incurrir en "anticlericalismo trasnochado", sino ejercer la crítica. Entiendo que a Vd. esto no le guste, pero ése es su problema: en ninguna parte he dicho que todos los jerarcas eclesiásticos sean iguales. Deje de mentir y de calumniar, si no es mucho pedir.

    3º) En relación al supuesto espíritu democrático consistente en intentar dejar en manos de los consejos escolares las decisiones respecto a los crucifijos, lo que acaba de dictaminar el juez es precisamente que los consejos escolares no tienen competencia para ello. Ya veremos qué dictaminan ulteriores instancias judiciales, pero ya la sana lógica indica que no son los consejos escolares los que pueden decidir aplicar o no la Constitución en las escuelas.

    Supongamos que en algún colegio de España haya una mayoría de padres de ideología comunista, y su consejo escolar decida poner en todas las clases una imagen de Marx con la hoz y el martillo, y supongamos que Vd. debe llevar a su hijo a ese colegio porque no tiene otro. ¿Respetaría Vd. la decisión del consejo escolar?

    El intento de hacer recaer en los consejos escolares decisiones que pueden atentar contra la aconfesionalidad del Estado es la baza desesperada que están jugando quienes se empeñan en aprovechar una mayoría sociológica cristiana para imponer a todos sus símbolos parciales. A esto le llaman Vds. "democracia". Pero es puro cinismo.

    Pero Vd., en lugar de reconocer la realidad y aprender qué es la aconfesionalidad real del Estado (que ciertamente no es ni debe ser anticonfesionalidad), consuélese -como hacen tantos- creyendo que quienes no nos callamos somos anticlericales, cristófobos y demoníacos.

    Cordialmente, Fernando Bermejo




  • Comentario por Ireneo 03.12.08 | 10:44

    1º.- La palabra laico es un adj.que según la RAE significa: "que no tiene órdenes clericales". Por lo tanto un cristiano creyente es un laico. Yo personalmente soy creyente, no tengo órdenes, y me considero laico y cristiano. Un verdadero laico.
    Existe pues una contradicción al nombrar a la ACEL ( Asociación Cultural Escuela Laica ) pues se puede entender que es una Asociación Laica en el sentido cristiano del término.
    Es cierto que en una segunda acepción del diccionario este dice: "Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica".
    Para acabar con esta contradicción terminológica se utiliza con profusión
    laicismo o laicista: " Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa".
    Sería mejor para evitar confusiones denominar a la actual ACEL: " Asociación Cultural Escuela Laicista.
    Y todos tan conte...

  • Comentario por ángeles 03.12.08 | 04:23

    Gracias por este artículo tan sensato y que contribuye a clarificar el amabiente, un tanto enrarecido, respecto a esta sentencia judicial.
    Pienso que es excelente insistir en que la petición de retirada de símbolos religiosos -otros están ya ausentes por imposición al menos implícita- no significa ningún ataque a esos símbolos, sino sólo respeto por un espacio cívico común que debe ser de todos. Ángeles

Domingo, 19 de febrero

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