Hoy escribe Fernando Bermejo
Finalizamos hoy la serie comenzada hace ya muchos meses, destinada a demostrar que el modelo historiográfico hoy prevaleciente en torno a la investigación sobre Jesús es erróneo.
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Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos el comentario al libro de Graham N. Stanton “Jesús y el evangelio”
Llegados al final de nuestro comentario, vayan también unas palabras sobre la traducción al español, obra de Víctor Morla. En líneas generales parece legible y buena, aunque en ocasiones se percibe fácilmente el subyacente texto inglés –sin necesidad de tenerlo ante los ojos físicamente- y cómo no ha sido correctamente entendido.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Clase social de las mujeres de los Hechos
Ya vimos cómo J. N. Bremmer subrayaba la idea de la predilección de mujeres de alta cuna por el Cristianismo. No era ése, como ya hemos visto, el punto de vista del apóstol Pablo en su primera carta a los corintios. Si nos fijamos en los llamados a la fe, descubrimos que "no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles" (1 Cor 1, 26). Pero los principios del Evangelio tenían precisamente una vertiente de libertad, de manera que la fe estaba abierta para todos. Había pasado por lo menos un siglo entre la fecha del Corpus paulinum y la de los Hechos Apócrifos. En las páginas de estos Hechos aparecen mujeres de las altas esferas de la riqueza y el poder. Pero no son las únicas. Lo que pasa es una realidad incontrastable: Los personajes que poseen mayores cuotas de poder son los que tienen mayor capacidad de influencia en la marcha de los acontecimientos.

Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de Graham N. Stanton “Jesús y el evangelio”
Creo que acierta plenamente Stanton, al caminar tras los pasos de Martín Lutero y sostener que en Gál 6,2 “la ley de Cristo” debe definirse como la Ley de Moisés interpretada –y superada por Cristo añadiría yo- cuya esencia se enraíza en el mandamiento del amor, que consiste no simplemente en amar abstractamente al enemigo, sino en llevar las cargas de los otros. Esta ley fue cumplida por Cristo en su amor de autoentrega.

Hoy escribe Antonio Piñero
Tengo hoy entre mis manos un libro interesante, muy inglés en su modo de contar las cosas, insinuante más que afirmante en ocasiones, en las que las nítidas conclusiones están acompañadas de sugerencias sobre planteamientos y tareas futuras tanto de la filología que afecta al Nuevo Testamento como a la teología cristiana. Su ficha es la siguiente
Graham N. Stanton, Jesús y el ‘Evangelio’, Desclee de Brouwer, Bilbao, 2008, 331 pp., con índice analítico de materias y nombres muy breve. Versión del inglés de Víctor Morla. ISBN: 978-84-330-2277-6.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el tema de los "hermanos de Jesús"
Sobre todo los intérpretes católicos defienden también el dogma de la virginidad perpetua de María con otros argumentos que consideramos a continuación. El primero hace referencia al curioso episodio de la pérdida de Jesús al volver de una peregrinación a Jerusalén durante la Pascua (Lc 2,41-52) y del que tratamos en el capítulo anterior. Se dice a este propósito: la participación de María en esa peregrinación no se explica bien -como dijimos, las mujeres no estaban obligadas a ello en el judaísmo- si hubiera tenido hijos más pequeños que cuidar. Luego sólo tenía uno.
Hoy escribe José Montserrat Torrents
Estoy preparando un regreso al tema del Jesús histórico. Como en mi El galileo armado, en esta nueva entrega me dirigiré exclusivamente al público laico. Me alejo definitivamente de la confrontación con los autores confesionales, incapaces, por más que lo pregonen, de deshacerse de sus prejuicios dogmáticos. Cada cual que labre su campo (con sus propios prejuicios).
La lectura de algunas de las recientes publicaciones laicas me ha suscitado dudas acerca de mi propia metodología, y quiero exponerlas en este blog para intentar aclararlas.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Si hoy en día se necesita seguir repitiendo lo obvio (Jesús = judío) como si fuera un gran descubrimiento, es porque la imagen más verosímil de Jesús se ha revelado inasumible (inasumible con rigor consecuente) para la inmensa mayoría de exegetas. Y esto significa que la naturaleza de la investigación sobre el Jesús histórico es claramente conflictiva.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos analizando la versión española de Mt 1,25.
Para fundamentar la opinión aportan estos intérpretes algunos casos de la misma traducción griega del Antiguo Testamento, los Setenta, por ejemplo Génesis 8,7; 28,15, etc. -que rogamos consulten los lectores- y otros ejemplos del arameo. Aquí nos basta con un ejemplo:
Y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.
Hemos defendido ya que -tratándose del Nuevo Testamento- estamos ante un claro forzamiento de la lengua griega en pro de una hábil traducción que sustenta una opinión dogmática predeterminada. También hemos argumentado ya que el actuial texto del Evangelio de Mateo no es una traducción del hebreo y del arameo y que tampoco está pensado en alguna de esas lenguas, como sí ocurre, por ejemplo, con el Apocalipsis que redactado en griego está pensado a veces en hebreo (ejemplo clásico: el número de la Bestia, 666, de 13,18, que sólo se entiende a partir de un juego de "gematría" [significado de las consonantes de una palabra según el valor que esas consonantes tienen utilizadas no como letras, sino como números] en hebreo, no en griego).

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Conclusiones
Éstas son las mujeres, cuyas gestas o sencillas acciones llenan tantas páginas de los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. Es el momento de revisar los datos y comprobar si, y en qué medida, se cumplen las teorías y las opiniones de los investigadores. Frente a las discutidas teorías de los comentaristas están los textos con toda su descarnada realidad. En los caminos de la investigación existen peligros ciertos que pueden desviar del camino recto las líneas de los acontecimientos. No valen las posturas preconcebidas.

Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos la presentación del libro de Mario Saban, El judaísmo de Jesús.
Creo que en este libro se abordan todos los posibles caras de ese rico y complejo poliedro que es la ética de Jesús: la reflexión sobre la unicidad de Dios, la observancia de la Ley en su conjunto, el amor a los enemigos, Dios como padre y sus consecuencias para la vida, el arrepentimiento, la observancia del sábado, las exigencias éticas de la inminente llegada del Reino de Dios, la escrutación y seguimiento de la voluntad de Dios, cómo y con qué espíritu se cumplen las obras que exige la Ley, la oración y la práctica resumida en la máxima “misericordia quiero y no sacrificios” de Oseas 6,6.

Hoy escribe Antonio Piñero
En la psotal de hoy deseo presentarles a ustedes el libro siguiente:
Mario Javier Saban, El judaísmo de Jesús. Las enseñanzas éticas de la Torá y de la tradición israelita de Yeshúa de Nazaret. Editorial Saban, Buenos Aitres, 2008, 640 pp. ISBN: 978-98723603-4-4.
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Qué pensar de los argumentos de san Jerónimo en defensa de la virginidad perpetua de María?
En primer lugar, se debe aceptar que es verdad lo que se dice de que en los textos de la versión griega de la Biblia, los Setenta, influidos por un ambiente semítico, la palabra griega “hermano” (adelfós) es de uso amplio, y que puede significar también “primo” o “pariente”. Esta posibilidad no puede excluirse en buena ley.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como puede deducirse por lo hasta aquí expuesto en las postales anteriores, llegado el siglo IV había tres posturas respecto a la virginidad perpetua de María, lo que afectaba directamente a la cuestión de si Jesús –de quien no se dudaba su nacimiento milagroso- había tenido hermanas y hermanos en el pleno sentido de la palabra:
1. La posición de Helvidio (aunque cietamente del siglo IV, es un personaje eclesiástico poco conocido anterior a san Jerónimo que lo ataca en sus Adversus Helvidium), que repetía la opinión de Tertuliano: María había concebido ciertamente a Jesús de un modo milagroso. Pero luego había tenido relaciones carnales normales con José, tras el nacimiento extraordinario y prodigioso de Jesús. Éste tenía, pues, cuatro hermanos y al menos dos hermanas en el sentido normal del vocablo, carnales.
Hoy escribe Fernando Bermejo
A lo largo de los últimos posts de esta serie, hemos señalado las ventajas apologéticas que tiene para la visión teológica tradicional un modelo historiográfico cuya insostenibilidad ha sido demostrada. Si en relación al paradigma contemporáneo de las “tres búsquedas” sobre Jesús preguntamos cui prodest?, la respuesta es clara: el beneficiario sistemático de sus aseveraciones es la visión cristiana tradicional.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en una postal anterior, comentamos ahora los textos previamente reunidos sobre la cuestión de los hermanos de Jesús.
Estos pasajes del Nuevo Testamento deben entenderse también a la luz de otros testimonios de la Iglesia antigua. Hegesipo, que escribe hacia el año 160, hace también una referencia a los hermanos de Jesús. Su obra se ha perdido, pero el historiador de la Iglesia Eusebio de Cesarea en su obra Historia Eclesiástica nos ha conservado algunos fragmentos. En III 22 Eusebio recoge un pasaje de Hegesipo en el que se dice:
Igualmente Simeón fue el segundo, tras Santiago, el hermano (adelphós) del Señor, en tener el cargo superior en la iglesia de Jerusalén.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La "función" del castigo del Apóstol responsable
Una de las "funciones" del esquema trazado por V. Burrus a partir del análisis de los cuentos de V. Propp es el final martirial del Apóstol. Los responsables directos de la conversión de mujeres importantes pagaban su dosis de responsabilidad. Como en los casos de Andrés y de Pedro, la muerte de Judas Tomás está motivada claramente por la conducta de Tercia y Migdonia. Ambas estaban en la cima de la pirámide del poder y los honores. Su caso resultaba tanto más sensible, cuanto que tocaba los cimientos más firmes de aquella sociedad. Estaban implicados el mismo rey y su segundo, pariente y ministro. Era de esperar que su reacción guardara proporción con su dignidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Algo muy parecido a lo que notábamos en nuestra postal anterior (XIX), ocurre con el don de la profecía y la clarividencia. Exteriormente tampoco se distinguen en estos ámbitos los servidores proféticos de Baal, por ejemplo, de los de Yahvé.
Lo mismo pasa con los poderes sobrenaturales/mágicos en general. El Antiguo Testamento reconoce tranquilamente la existencia y el poder supranatural de otros magos, como atestigua 1 Samuel 6,1-18, texto en el que se ve que Yahvé se deja aplacar casi mecánicamente (hace cesar la peste que había lanzado sobre los filisteos) cuando se le ofrecen unas imágenes de oro, que complementan la devolución del Arca de la Alianza que los filisteos retenían injustamente. Veamos el texto:
Hoy escribe Antonio Piñero
Ampliamos un poco lo que dijimos en la “postal” del día anterior (79-05) sobre los hermanos de Jesús. También aquí debo aprovechar parte del material recogido y estudiado en mi obra “Jesús y las mujeres” (Aguilar, Madrid, 2008).
Deseo presentar en primer lugar una relación de los pasajes del Nuevo Testamento que afectan al tema y pueden contribuir a una respuesta sobre si fueron o no hermanos reales y auténticos, de sangre, son los siguientes:

Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo presentar hoy el último libro, póstumo, de Juan Mateos, coeditado con Fernando Camacho, el que fue famoso traductor del Nuevo Testamento en la Biblia junto con J. L. Alonso Schökel. Su ficha es la siguiente:
El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético. Volumen III, Ediciones El Almendro/Fundación Épsilon, Córdoba, 2008, 858 pp. ISBN: 978-84-8005-115-6.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema de la reducción a una mera nota rápida, por parte de Pagola, del tema de la credibilidad histórica de los “Evangelios de la infancia”. Para lo que sigue tomo material de mi obra “Jesús y las mujeres” (Aguilar, Madrid, 2008).
Los motivos de duda sobre la fiabilidad histórica del conjunto de estas narraciones sobre la infancia son los siguientes:
1. Los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas contienen detalles legendarios, imposibles de considerar históricos. Fundamentalmente son: el relato sobre la prodigiosa estrella que anuncia el nacimiento de Jesús; la adoración de los magos; el relato de Herodes el Grande y su comportamiento inverosímil respecto a los magos; la matanza de los inocentes.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Cuando, hace algunos años, se me presentó la oportunidad de hablar en La Sorbona sobre los progresos que en el ámbito de las ciencias de las religiones se habían producido en España en las últimas décadas, antes de viajar a París contacté con numerosos especialistas españoles para que me informaran sobre sus últimas contribuciones. La más generosa de todas las respuestas que recibí fue la de Míkel de Epalza, catedrático del área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante , que –sin habérselo solicitado– no sólo me envió un buen número de separatas de sus trabajos, sino también su entonces reciente traducción del Corán al catalán, en una voluminosa edición.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nuestro autor, en este capítulo, no omite el problema teológico general de los “evangelios de la infancia” (Mt 1-2; Lc 1-2). Sostiene Pagola, no en el cuerpo del texto, sino en nota a pie de página, que los procedimientos utilizados por los evangelistas en estos cuatro capítulos
Más que relatos de carácter biográfico son composiciones cristianas elaboradas a la luz de la fe en Cristo resucitado… un midrás hagádico que describe el nacimiento de Jesús a la luz de hechos, personajes o textos del Antiguo Testamento.
Añade también que no fueron redactados para informar sobre los hechos ocurridos (probablemente se sabía poco) sino para proclamar la Buena Noticia de que Jesús era el mesías davídico esperado en Israel y el hijo de Dios venido a la tierra para salvar la humanidad.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Victoria final de las mujeres
Las mujeres de los Hechos Apócrifos, convertidas a la vida de castidad, perseveran siempre en su propósito y nunca vuelven a la vida pasada, que miran más bien con desprecio y con desdén. Misdeo, el rey, y Carisio, su ministro, no lo creían así. En lógica consecuencia, creyeron que, muerto el Apóstol, las aguas seguirían su cauce natural. Como Tercia y Migdonia no cedían, pretendieron emplear la fuerza. Intentaron, en efecto, violentarlas, pero no lograron hacerlas cambiar de opinión. Es el punto de vista de los textos. Mucho menos después de que Judas Tomás se les apareciera para confirmar su voluntad: "No os olvidéis de las cosas pasadas ni os dejéis engañar. Jesús, el santo, el viviente, os enviará rápidamente su ayuda" (HchTom 169, 2).

Hoy escribe Antonio Piñero
El segundo volumen general de la obra que comentamos, el siglo de Oro (ISBN: 978-84-8164-991-8) está coordinado por Rosa Navarro Durán y sus temas son los siguientes:
La Biblia en la poesía lírica y épica de la Edad de Oro; la Biblia en el teatro; la Biblia en la literatura espiritual y más tres apartados dedicados a Cervantes y la novela en la Edad de Oro, la prosa de Quevedo y la Biblia y la prosa culta en general del siglo XVII. Concluyen el volumen dos estudios consagrados a la influencia de la Biblia en la literatura judeoespañola: uno en los Balcanes y otro en los judíos sefardíes de Amsterdam y otras colonias en la Europa occidental.
Hoy escribe Antonio Piñero
El ciclo de Eliseo, que comienza en el 2º capítulo del libro 2º de los Reyes está lleno de milagros realizados por medio de acciones que hoy denominamos mágicas. El primero está conectado con la vocación de Eliseo. 1 Reyes 19,19-21 la relata así:
Partió Elías de allí (el monte Horeb) y encontró a Eliseo, hijo de Shafat, que estaba arando. Pasó Elías y le echó su manto encima; él abandonó los bueyes...y entró a su servicio.
El manto de Elías tenía propiedades milagrosas, como se demostró poco después:
Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas (del Jordán), que se dividieron de un lado y de otro y pasaron ambos (Elías y Eliseo) a pie enjuto (2 Reyes 2,8).
Hoy escribe Antonio Piñero
Es importante para situar a Jesús en sus coordenadas religiosas, hacer –como lo intenta con éxito Pagola- situar a Jesús dentro de la mentalidad religiosa de un campesino en la Galilea del siglo I, porque su religiosidad difería bastante de la del “rabino”, doctor de la Ley o fariseo asentado preferentemente en Jerusalén. Notar la diferencias de acento en intereses y religiosidad ayuda mucho a comprender la postura del Jesús de la historia en ciertas cuestiones legales y en su posición respecto al Templo y los sacerdotes.
A sus observaciones sobre la(s) lengua(s) habladas por Jesús y su posible formación en su pueblo tan pequeño, se puede añadir que teniendo en cuenta que Jesús fue un maestro de éxito en Galilea y Jerusalén, que Lucas (4,16-30) afirma que Jesús leyó y comentó las Escrituras en un oficio religioso, un sábado, en la sinagoga de Nazaret, podemos deducir que el Nazareno no era un campesino analfabeto, como se ha pretendido aún muy recientemente, sino que sabía, al menos, leer y escribir. Y más probablemene que estaba mejor formado en la Biblia heredada que lo que algunos suponen.

Hoy escribe Antonio Piñero
La segunda parte del volumen primero del libro que comentábamos el día anterior lleva como subtítulo “El texto (bíblico): fuente y autoridad” (ISBN: 978-84-8164-934-5). Para presentarlo utilizaré palabras y conceptos de María Isabel Toro Pascua, coordinadora de estas primera y segunda parte, en su “Nota introductoria”, pp. 9-13.
La función de la Biblia como fuente de autoridad es más bien “hiperliteraria” y se basa en la existencia de una sociedad que asume la Biblia sin crítica alguna como palabra divina absoluta. En este sentido es la literatura bíblica un elemento, diría que casi componente esencial, de la lieratura medieval.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Hace algunas semanas tuve el placer de participar en Madrid como conferenciante, junto a varios colegas españoles y extranjeros, en unas jornadas académicas sobre “La filiación en la Antigüedad cristiana” organizadas por un Instituto de estudios católico. El ambiente que nos depararon los organizadores fue excelente y cordial, y guardo muy grata memoria de ellos y de esos días. Ahora recuerdo que en algún lugar del salón del Instituto donde se celebraron las jornadas había un crucifijo, aunque me llamó tan poco la atención que hoy no podría asegurar cuál era su tamaño, ni si se encontraba a un lado de la mesa de los ponentes o sobre la pared, presidiendo el salón. En un centro cristiano, la presencia conspicua de un crucifijo es lo esperable. Faltaría más.

Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero presentar hoy una colección en marcha, en vías de publicación cuyo tema general me parece muy interesante para nuestra cultura: “La Biblia en la literatura española”, colección dirigida por el catedrático de la Universidad de Barcelona, Gregorio del Olmo, del Departamento de Hebreo, y al que muchos lectores quizás conozcan por su libro Mitos y leyendas de Canaán, sobre el trasfondo cananeo de muchos de los relatos básicos del Antiguo Testamento. La ficha del primer libro es la siguiente:
La Biblia en la literatura española. I. Edad Medida. Coordinadora María Isabel Toro Pascua. 1/1 El imaginario y sus géneros. Editorial Trotta/ Fundación San Millán de la Cogolla, Madrid, 2008, pp. 303, ISBN: 978-84-8164-933-8.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Mnesara, la nuera del rey
El papel desempeñado por Mnesara en la narración de los Hechos de Tomás es más bien limitado y discreto. Al contrario de los otros casos de mujeres, es el marido Vazán, hijo del rey, el protagonista de los sucesos en que ella se ve implicada. El Hecho XII lleva incluso el epígrafe "Hecho XII sobre Vazán, hijo de Misdeo"; y el siguiente: "Hecho XIII cuando Vazán recibe el bautismo con los demás". Entre los demás se encontraba también Mnesara. Pero ya tendremos ocasión de comprobar las razones de este protagonismo, basado en la misión pastoral que Tomás encomendará al joven converso.
Sábado, 26 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre