El blog de Antonio Piñero

La figura de Juan Bautista como marco del pensamiento de Jesús. “Jesús y su gente” (VIII)

11.11.08 | 07:26. Archivado en Jesús histórico
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Hoy escribe Antonio Piñero

En el comentario que estamos haciendo a la obra de Paolo Sacchi, Jesús y su gente, me parece interesante destacar algunos puntos en los que hace hincapié este autor en el capítulo dedicado a Juan Bautista.

En primer lugar, la insistencia casi imprescindible en caer plenamente en la cuenta de que el impulso de Jesús hacia una vida de piedad con trascendencia pública tiene su origen en su atracción por la figura del Bautista. Jesús encontraba algo muy importante en la figura de Juan y su predicación como para dejar Nazaret, su familia y su trabajo. Jesús no se dirige hacia un maestro fariseo o a Qumrán, sino al Bautista. Luego permanece con él quizá semanas o meses, hasta fundar su propio grupo, tomando gentes que pertenecen al círculo del Bautista mismo.

Teniendo en cuenta que los evangelistas, en especial Mateo, ponen como primeras palabras públicas de Jesús (Mc 1,15 y sobre todo Mt 4,17) tema y vocablos calcados de la predicación de Juan Bautista, parece razonable pensar que conocer bien la ideología de éste puede ser el mejor e indispensable marco para deducir cómo pensaba Jesús al menos en sus inicios. Al parecer las ideas básicas del Bautista eran capaces de colmar las aspiraciones de muchos en la Judea y Galilea de esos momentos, incluidas las de Jesús.

Una idea importante en Juan Bautista es la distinción entre lo puro e impuro, tema que Sacchi aclara especialmente bien. Lo que distinguía al Bautista de otros posibles predicadores populares del Israel del momento era la convicción de que sólo el arrepentimiento, acompañado naturalmente de una conducta recta en los sucesivo, no era suficiente para reconciliarse con Dios. Para que el subsiguiente bautismo tuviera algún sentido era preciso admitir que el Bautista participaba respecto al pecado de concepciones destacadas por los qumranitas (Manuscritos del Mar Muerto), aunque evidentemente con fundamentos bíblicos: la existencia de una impureza en el ser humano como realidad consecuente al pecado, o con otras palabras: el pecado produce también impureza, que debía ser eliminada con un rito purificatorio. Jesús debía de participar de esta convicción.

La idea del Bautista iba más allá del rito de expiación anual por el pueblo de Levítico 16 (el chivo expiatorio ofrecido al diablo Azazel…). Este rito no presuponía que tras el pecado quedara mancha alguna que hubiera de ser eliminada del ser humano como consecuencia del pecado. El Bautista, por el contrario, sigue más bien la concepción de fondo de Isaías 6,6 (vocación del profeta): el ser humano no puede acercarse a Dios –en este caso al reino de Dios que se avecina- en estado de impureza, y sentía que esta impureza estaba de algún modo en la esfera del pecado: el ángel que toca los labios de Isaías con el carbón ardiente elimina la impureza y –al parecer- cualquier resto de pecado de la vida anterior del profeta, pues particularmente impuras eran las transgresiones de la voluntad divina.

Esta línea de pensamiento de Isaías fue aceptada por los qumranitas para quienes impureza y pecado casi coincidían. En esto, pues, Juan Bautista se hallaba cerca de tal pensamiento y lejos de la idea común del judaísmo del momento que mantenía que la transgresión de la Ley como tal no creaba una impureza en el individuo: seguían aquí más bien el común de las gentes la línea de Jeremías, capítulo 7, para quien bastaba el arrepentimiento y la práctica de las buenas obras para ser salvados.

Una prueba de este aserto –la diferencia de pensamiento de Juan Bautista y el judaísmo más o menos oficial- se trasluce en unas pocas palabras, que suelen pasar desapercibidas, del Cuarto Evangelio (3,25):

“Se suscitó una discusión entre los discípulos del Bautista y cierto judío (¿un fariseo?) acerca de la purificación (= necesidad del bautismo)".

Para el Bautista, como insiste Sacchi con razón, no debía de parecer suficiente el arrepentimiento puesto que éste no eliminaba la impureza, dejada en el cuerpo –como una suerte de resto- por el pecado. Así pues: primero arrepentirse; luego purificarse. Y las purificaciones de restos leves de impureza se hacían en el judaísmo con agua.

Esta vía de salvación fue sentida por las gentes como tan peculiar de Juan que la tradición (confirmada también por Flavio Josefo, Antigüedades de los judíosXVIII 116) añadió a su nombre el calificativo de “Bautista”, cosa al perecer insólita hasta el momento en el judaísmo.

Jesús debía de participar de esta mentalidad, pues cuando al parecer tras iniciar la fundación de su grupo propio -y durante bastante tiempo según el Cuarto Evangelio-, él, o sus discípulos continúan con este rito purificatorio, es decir, bautizaban:

“Así pues que supo el Señor (así el griego: ho kýrios = no necesariamente de la teología posterior, sino un posible tratamiento judío en la época para personas relevantes) que habían oído los fariseos que (él) Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan –aunque Jesús mismo no bautizaba sino sus discípulos- abandonó Judea y partió de nuevo para Galilea”.

Otro testimonio semejante es la continuación del texto del mismo Evangelio, en 3,25 citado más arriba: “Entonces (los discípulos del Bautista) vinieron a Juan y le dijeron: ‘Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos se van a él’”.

Por tanto, Jesús debió de participar de estas concepciones en torno a la impureza como resto del pecado, que había heredado del Bautista en sus semanas/meses (¿?) que había estado a su lado como discípulo.

En principio se hace difícil pensar que el Jesús posterior fuese un enemigo de la distinción entre lo puro e impuro y un quebrantador de la Ley a este respecto, como suelen algunos presentarlo con el fin de destacar las diferencias entre Jesús y el judaísmo de su tiempo.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

12 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Pedro 13.11.08 | 14:56

    José Luís:
    Eso que Vd. tiene, en su cabeza es lo único que pasa.

  • Comentario por Pedro 13.11.08 | 14:55

    José Luís:
    Eso que Vd. tiene en su cabeza es lo único que pasa.

  • Comentario por Pedro 13.11.08 | 14:49

    José Luís:
    Lo que Vd. tiene en su cabeza es suyo. Nada.

  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 13.11.08 | 03:54

    Por lo demás, estoy de acuerdo (en la línea de Neusner y Klawans) que la profundización de la (im)pureza, más allá de lo socialmente sagrado, tenía que manifestarse como una preocupación ética. Pero esa inquietud tiene una expresión distinta en Juan B., en Jesús y en el rabinismo posterior. Para Jesús, cualquier forma de violencia contra el/la prójimo/a es radicalmente impura, comenzando por la violencia doméstica (Mc 9-10). Y no es difícil percibir que Jesús está haciendo autocrítica.

  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 13.11.08 | 03:53

    Cierto que la relación de Jesús con Juan B. se refleja en el relato por medio del dialogismo: la reformulación de frases del Bautista. Pero desde que son empleadas en otro contexto y con un dinamismo distinto, responden a otra intención.
    Lo que me parece más atractivo del relato de Marcos (a diferencia de Juan E.) es la capacidad para representar narrativamente un aprendizaje, es decir, el hecho de que Jesús CAMBIA, por medio de la técnica dialógica: no sólo en el diálogo directo, sino a través de la ironía (ante las autoridades) y la apropiación de actitudes/palabras de los/as alter-protagonistas. Esos/as que no contaban en ningún cuento. De tal manera, el desafío a los códigos de pureza, uno detrás de otro, se hace verosímil: en la mesa común con los pecadores, en el contacto con la mujer con flujos de sangre, en el rechazo de la purificación externa, en la contrafáctica relación con una mujer griega y fenicia.
    Por lo demás, estoy de acuerdo (en la línea de Neusner y Kl...

  • Comentario por José Luís 12.11.08 | 07:26

    ¿Qué le pasa al curita Pedro? ¿Es que no tiene asignada parroquia donde predicar?

  • Comentario por Pedro 12.11.08 | 07:15

    antonio:
    Gracias por recordarme que debo entregar un capítulo de un libro sobre la competencia de comunicación lingüística en las TIC.
    Siga en lo suyo con salud.

  • Comentario por antonio 11.11.08 | 22:12

    Pedro, te podemos recomendar unas páginas web para jubilados muy cachondas, a ver si te das una vuelta

  • Comentario por Pedro 11.11.08 | 13:29

    Antonio:
    Si se hace un análisis interno, el ralato es inconsistente. Si se hace una análisis externo se tiene que plantear la hipótesis de una reescritura que esté obligada a confundir el discurso de Juan Bautista con el de Jesús. Esta forma de escritura que trata de que todos los personajes de la historia se reduzcan a uno sólo se da patentemente en Octaviano Augusto, quien convierte la historia de Pompeyo y la de Julio César en una biografía pro vita sua. Y si además es quien construye la relación divina Padre Hijo a través del "DIVI FILI", que sólo tiene sentido en él, entonces hay consistencia histórica refeljada en el relato.

  • Comentario por Pedro 11.11.08 | 13:18

    Antonio:
    Da la impresión de que se ha cortado el relato de Jesús con Nicodemo y se ha insertado el de Juan Bautista, que acaba hablando como Jesús:
    Jesús: Jn. 3, 5 « En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto". .....
    Juan Bautista:... Jn.3,31 ...El que viene de arriba está por encima de todos...El que viene del cielo,
    32 da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. ... Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.
    35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano".

  • Comentario por Pedro 11.11.08 | 13:10

    Antonio, perdón por la incorrección:
    El problema no es la diferencia entre Jesús y el judaísmo, Jesús y Juan, ni siquiera el problema es la impureza que al final ni se discute. El problema es la inconsistencia del motivo por el que se va a Galilea: por una murmuración de unos fariseos que dicen que bautizaba más que Juan. Si había sido discípulo, y era un mismo bautismo y a Juan le alegraba como maestro que bautizase más que él porque le venía dado desde el cielo, no tenía motivo para irse. Sinceramente, es un relato muy mal construido e inconsistente y no sostiene nada. Además lo que dice Juan a sus discípulos es semejante a lo que dice Jesús a Nicodemo y lo mismo que dirá el propio Jesús capítulos más tarde. Se percibe la reescritura, incluso se puede saber de qué historia se reescriben esos relatos inconsistentes (Juan 3, 27-36). En estos retazos de relatos Juan Bautista se confunde con Jesús. ¿Quién dice: "El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tier...

  • Comentario por Pedro 11.11.08 | 11:34

    Antonio:
    El problema no es la diferencia entre Jesús y el judaísmo, Jesús y Juan, ni siquiera la impureza que al final ni se discute. El problema es la inconsistencia del motivo por el que se va a Galilea: por una murmuración de unos fariseos que dicen que bautizaba más que Juan. Si había sido discípulo, y era un mismo bautismo y a Juan le alegraba como maestro que bautizase más que él porque le venía dado desde el cielo. No tenía motivo para irse. Sinceramente es un relato muy mal construido e inconsistente y no sostiene nada. Además los que dice Juan a sus discípulos es semejante a lo que dice Jesús a Nicodemo y los mismo que dirá dirá el propio Jesús capítulos más tarde. Se percibe la reescritura, incluso se puede saber de qué historia se reescriben esos relatos inconsistentes (Juan 3, 27-36). En estos retazos de re latoJuan Bautista se confunde con Jesús.

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