Hoy escribe Antonio Piñero
La idea directriz de la postal anterior era que los “narradores bíblicos presentan la acciones mágicas de los adversarios vencida por la potencia procedente del Dios único, Yahvé, que actúa a favor de los héroes israelitas. Esos textos, sin embargo, mirados con ojos de hoy nos revelan un no menor proceder mágico al servicio de aquellos que se proclaman heraldos del Dios único”. Y presentábamos sobre todo el caso de José, el patriarca, hijo de Jacob.
Igualmente ocurre con Moisés. Se ha formulado la pertinente observación que este personaje, el fundador de la religión israelita, opone a la magia de los hechiceros de Egipto la contramagia procedente de Yahvé. Moisés recibe de Dios una vara mágica o cayado (Éxodo 4, 17)79, que actúa como la de un prestidigitador taumatúrgico:
Hoy escribe Antonio Piñero
Me ha gustado en conjunto la suerte de “carta programática” sobre sus intenciones que escribe J. A. Pagola en su “Presentación” (paginas 5-9) “¿Quién fue Jesús?”. Sin embargo, veo que el entusiasmo del biógrafo por el biografiado le lleva a exagerar un tanto, pues escribe:
Probablemente nadie ha tenido un poder tan grande sobre los corazones; nadie ha expresado como él las inquietudes e interrogantes del ser humano; nadie ha despertado tantas esperanzas… pues su persona y su mensaje siguen alimentando la fe de tantos millones de hombres y de mujeres…
Hoy escribe Antonio Piñero
Otro aspecto que me gustaría aclarar -quizá en primer lugar a mí mismo- es la perspectiva de J. A. Pagola en su libro tal como la interpreta Xabier Pikaza en su blog (siento no recordar el día exacto, porque tomé notas sólo del contenido; creo que cualquier lector del blog averiguará ese extremo).
Opina nuestro amigo Xabier que el libro de Pagola:
“Está escrito como aproximación histórica, en la línea de la primera tradición del evangelio. Trata, por tanto, de la vida de Jesús, desde una perspectiva kerigmática (de anuncio cristiano del evangelio), en la línea de Marcos (y Pablo)”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Ahora que ha pasado ya un cierto tiempo y que se han calmado las aguas y el revuelo levantado por el libro de José Antonio Pagola sobre Jesús, es cuando me parece conveniente hacer un comentario sobre este volumen, puesto que aborda una serie de cuestiones muy actuales sobre Jesús y que inciden directamente en los temas que sobre el Nazareno hemos ido tratando en este blog. De paso anunciamos también que es mi propósito comentar algunos otros libros sobre Jesús que ya han adquirido el aura de “clásicos”, al menos relativamente y que son pertinentes para dibujar la imagen del Jesús histórico.
Hoy escribe Fernando Bermejo
El último postulado que cabe detectar en la actual periodización de las "tres búsquedas sobre el Jesús histórico" reza que no es posible emitir todavía un juicio suficientemente fundado acerca de la investigación realizada sobre el personaje, en parte en virtud de la consideración de que hoy en día hay una multiplicidad de imágenes de Jesús.

Hoy escribe Antonio Piñero
Ha aparecido por fin el mercado, en forma de libro autónomo, la anunciada ampliación del capítulo 7 del volumen “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”. Siempre he pensado –y así lo he manifestado en este blog y en público- que este capítulo de Puente Ojea es probablemente el más importante del volumen que recoge las conferencias del Curso de Verano, que presentamos en postales anteriores, puesto que expone argumentos de crítica interna, es decir, surgidos del análisis de los documentos cristianos mismos recogido en el Nuevo Testamento que me parecen que son los más probativos de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, tan discutida por algunos hoy día. Por ello es una alegría que este capítulo de unas 30 páginas aparezca ahora ampliado considerablemente en un libro de 160 páginas, aunque de cuerpo un poco menor.
He aquí la ficha del libro:
Gonzalo Puente Ojea, La existencia histórica de Jesús. Las fuentes cristianas y su contexto judío. Siglo XXI de España Editores S. A., Madrid, 2008, 160 pp. ISBN: 978-84-323-1362-2.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Marcia. La servidora fiel y generosa
Al lado de Migdonia, como servidora y hasta cierto punto cómplice de sus proyectos, aparece una sencilla mujer de nombre Marcia, que tanto la versión siríaca como la versión latina denominada Miracula latina la denominan Narcia o Narchia. Es la dama de compañía y confianza de su señora con una conducta que recuerda la de Ifidama con respecto a Maximila en los Hechos de Andrés. En los momentos más comprometidos de la conversión de Migdonia, en las circunstancias de su bautismo, Marcia actúa como confidente y encargada de los más delicados recados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Este tema -lo "puro e impuro" desde el punto de vista de la magia- lo voy a tratar muy someramente porque sobre estos dos conceptos en el Antiguo Testamento y al inmenso número de prescripciones sobre animales lícitos e ilícitos, y respecto a las normas que jalonan sobre todo el libro del Levítico y los ritos para recuperar la pureza perdida o para alcanzar un determinado grado de santidad, creo que basta tan sólo con decir que en los manuales de Historia de las Religiones puede encontrar cualquiera un amplísimo material comparativo, lo suficiente como para asignar a estas prescripciones y ritos veterotestamentarios un claro origen en creencias tabuísticas y mágicas primitivas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sosteníamos el día anterior que tampoco la opinión de Sacchi (la frase "Hijo del hombre" era un título msiánico corriente en el judaísmo del siglo I) me parece correcta, pues en mi opinión no puede resistir la crítica, como hemos expuesto ya largamente en una serie anterior sobre el Hijo del Hombre.
Jesús –dice Sacchi en p. 84- confirmó claramente su título de Hijo del Hombre y sus funciones refiriéndose a las palabras de Daniel 7. Para sustentar su opinión aduce Sacchi un texto del Cuarto Evangelio que recoge esta tradición: Jn 5,22-27 cuyo centro es
Hoy escribe Antonio Piñero
Hasta este momento hemos caminado de consuno, e acuerdo, el autor al que comento y yo -las exposiciones de P. Sacchi acerca de las relaciones entre Jesús y Juan Bautista- salvo en el caso de nuestro juicio divergente acerca del “henoquismo” o movimeinto de seguidores del profeta Henoc, sobre todo respecto a la función que podían desempeñar en este grupo de pensamiento apocalíptico, y la importancia de la ley de Moisés (tal como expuse en postales anteriores).
De nuevo hoy, no nos parece posible seguir el discurso de Paolo Sacchi sobre Jesús cuando, guiado por su confesionalidad, acepta sin discusión la historicidad de la teofanía del bautismo del Nazareno tal como lo narra Mc 1,11 y paralelos, historicidad en extremo problemática, pues toda la escena de la voz divina parece claramente teología posterior de la Iglesia, es decir parece un añadido teológico al hehco simple del bautismo de Jesús por Juan Bautista, y un modo de explicarlo y deducir de ese hehco problemático para el cristianismo (Jesús, ser sin pecado, acepta un bautismo para la remisión de los pecados) consecuencias teológicas buenas
Hoy escribe Antonio Piñero
La concepción de la impureza como fuerza maléfica, sustancialmente coincidente con el pecado y el mal, llegó a su más extrema radicalización en el esenismo. Impureza y pecado coinciden y forman parte de la naturaleza misma del hombre. La liberación del pecado es liberación de la impureza, es purificación.
Según los qumranitas, el ser humano es ya pecador desde el seno de su madre porque la impureza está en toda la naturaleza; por tanto es connatural con el ser humano. El único modo de liberarse es apartarse del mundo, entrar en la secta y dejarse purificar por el Espíritu de Dios que habita en ella:
Hoy escribe Fernando Bermejo
El quinto postulado del actual modelo historiográfico que en su momento identificamos mantiene que en la investigación sobre Jesús no sólo ha habido un progreso sustancial, sino que éste tiene lugar genuinamente en la actualidad. Sin embargo, esta idea parece responder no sólo a cierto egocentrismo académico, sino una vez más a intereses teológicos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos el día anterior que hacia el fin de la dominación persa y a comienzos de la época helenística (siglo IV y III a.C.) se da una verdadera inversión en la concepciones de lo puro e impuro. Cedo la palabra a Paolo Sacchi, quien explica estupendamente este cambio en su libro Historia de Israel en tiempos del Segundo Templo, Trotta, pp. 483ss Madrid:
El primer escrito canónico que pone en crisis la categoría “sagrado-profano/impuro-puro” es el libro de Job. Hasta los inicios del periodo persa el hombre era una típica realidad profana, por tanto exenta de impureza por sí misma, si bien inmersa en un mundo en el cual la contaminación siempre era posible. Pero ser impuro no dependía en ningún caso del hecho mismo de ser hombre. Job por el contrario contempla la debilidad propia del hombre –“una paja seca, una hoja llevada por el viento” (13,25)— y la interpreta como indicio y prueba de su impureza natural:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Tercia, la mujer del rey
El conflicto inevitable
Tercia pretendió interceder en nombre de su marido para liberar a su amiga Migdonia de la influencia del apóstol Tomás. Pero el contacto con el personaje produjo en ella un efecto contraproducente. Oyó la predicación sobre la vida de castidad y se convirtió con decisión y entusiasmo a la vida practicada por su amiga. Como esposa del rey, su conducta produjo en la corte una especie de cataclismo. El caso es que de su "embajada" regresó a su casa exultante. Tanto que su alegría llamó la atención de su marido, sorprendido de que hubiera regresado a pie, actitud impropia de su dignidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos mencionado ya lo sacrosanto y numinoso del nombre divino, como dotado de un poder especial. Si el nombre de Dios es tan santo que no debe ni ser pronunciado, podría pensarse que en el Antiguo Testamento aparecerían huellas al menos de una tendencia previsible: la utilización del Nombre para aprovecharse de su virtud oculta, que se desencadenaría por si sola con tal que se observaran ciertas reglas.
Ahora bien, tal tendencia apenas aparece en el Antiguo Testamento. Apenas encontramos en él un uso estrictamente mágico del nombre divino, salvo en algunos pocos casos: el nombre de Yahvé se usaba como amuleto tatuado en la propia carne, al estilo de lo que sabemos en otros pueblos semitas como los cananeos, y más lejanos como el testimoniado en el Código de Hammurabi (parágrafo 226).
Hoy escribe Antonio Piñero
Comentábamos en la última entrega que en el caso de personas importantes, o de Dios mismo, cuando se pronuncia una maldición o bendición se pone en marcha una virtud autónoma, imparable, incluso en casos –como el de Jacob respecto a su hermano Esaú- de más que dudosa moralidad.
Tenemos también otro ejemplo interesante: el del rey de Moab, Balaq, que llamó al adivino Balaán para maldecir al pueblo de Yahvé. A toda costa, y con pingües promesas, pretendió arrancar el rey moabita de la boca del hombre sagrado la maldición apetecida, ya que sabía que una vez proferida habría de actuar sin remedio contra Israel. Pero Balaán pronunció justamente lo contrario, una bendición, por lo que el rey de Moab no se atrevió ya a atacar a su enemigo israelita. La historia completa puede leerse en Números 22-24.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro comentario al libro de Paolo Sacchi sobre “Jesús su gente”. Abordamos ahora el tema de Juan Bautista y la concepción de lo puro e impuro.
La idea de Juan Bautista de que el pecado dejaba como una mancha o traza en el ser humano tenía una larga historia en la Biblia fundada sobre la distinción puro e impuro. En tiempos de Jesús las discusiones se orientaban a dilucidar la esencia de lo impuro o la influencia que podía ejercer sobre los humanos: si era una fuerza de la naturaleza, o bien una indicación de parte de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Señala Sacchi cómo para los judíos del tiempo de Jesús era lo mismo decir “el que ha de venir” que decir “mesías”. Que es así lo sabemos ya, pues hemos leído muchas veces el pasaje de Mt 11,3 y paralelos en el que aparecen los discípulos del Bautista preguntando a éste –en vista de su predicación y de las acciones portentosas de sanación y expulsión de demonios que Jesús efectuaba- si es “el que ha venir” o “esperamos a otro”. “El que ha de venir” es por tanto una frase entendible por todos los judíos de la época y con contenido mesiánico.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La identificación de la investigación realizada desde 1980 bajo la etiqueta “Tercera búsqueda” (“Third Quest”), así como el establecimiento de una distinción nítida entre ésta y la supuesta (inexistente) “New Quest” presentan también considerable utilidad para los sectores confesionales.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el comentario que estamos haciendo a la obra de Paolo Sacchi, Jesús y su gente, me parece interesante destacar algunos puntos en los que hace hincapié este autor en el capítulo dedicado a Juan Bautista.
En primer lugar, la insistencia casi imprescindible en caer plenamente en la cuenta de que el impulso de Jesús hacia una vida de piedad con trascendencia pública tiene su origen en su atracción por la figura del Bautista. Jesús encontraba algo muy importante en la figura de Juan y su predicación como para dejar Nazaret, su familia y su trabajo. Jesús no se dirige hacia un maestro fariseo o a Qumrán, sino al Bautista. Luego permanece con él quizá semanas o meses, hasta fundar su propio grupo, tomando gentes que pertenecen al círculo del Bautista mismo.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Tercia, la esposa del rey Misdeo (Hecho XI: HchTom 134-138)
La mediadora entre los esposos separados
Otra mujer en la que se cumplen los rasgos de las grandes protagonistas de los Hechos Apócrifos: mujer importante como esposa del rey, escucha la doctrina del Apóstol, se convierte a la vida de castidad, provoca el conflicto con su marido, que encuentra un motivo más para acabar con la vida del culpable. Los pasos se van cumpliendo ante la sorpresa del rey que puso a su mujer en el ojo del torbellino. Todo ocurrió cuando Carisio expuso al rey los detalles del problema. Misdeo no tuvo otra ocurrencia mejor que enviar a su mujer para que actuara de intercesora entre los esposos separados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos hoy con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente? con un comentario muy sucinto a las conclusiones. Más bien, un apunte, pues creo que es el lector el que debe obtener sus propias conclusiones. Deseo poner de relieve -como se verá- que el libro presente no se limita a plantear cuestiones, a lanzar interrogantes, para luego dejarlas sin solución o en la semioscuridad. Al contrario: hemos procurado que no sea así y que exista en lo posible una respuesta clara.
El Epílogo del libro aborda:
1. El testimonio de las fuentes antiguas extracristianas.
En él se discuten qué valen los muy famosos textos de Flavio Josefo (Ant. XVIII 63-64 y XX 200) , de Tácito (Anales XV 44) y de Mara bar Serapión.
Como novedad se apuntan nuevas perspectivas sobre el pasaje de Josefo tomados del texto reconstruido por R. Esissler en su obra de 1931 The Messiah Jesús, y se discute si según Josefo, en realidad Jesús agitó con su predicación a las masas judías y fue un eslabón más de los que la condujo a la catástrofe del 66-70 d.C. Por tanto, la mención de Jesús podría no ser una interpolación.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos hoy con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente?
Hay un cuarto ámbito de análisis en este Curso y en este libro: el de la admisión de la mera existencia histórica del personaje, pero su presentación a los lectores en una línea de distorsión o desfiguración consciente o semiconsciente, producida por el emplazamiento mental de sus autores dentro de una confesión religiosa determinada, ya sea en tiempo antiguo o en moderno. Dos ámbitos consideraremos:
1. El de la investigación literaria e histórica de tono científico, en donde como muestra fehaciente de la distorsión se estudian las posiciones de Martin Kähler y Timothy L. Johnson que argumentan en pro de la inutilidad de le búsqueda del Jesús histórico.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente?
Naturalmente aquí debemos plantear cuántas son estas fuentes y en qué grado son discutibles: los textos del estoico sirio Mara bar Sarapión, del historiador judío Flavio Josefo, en su obra Antigüedades de los judíos XVIII 63-64 y XX 200 (obra compuesta hacia el año 93 d.C.), y el del historiador romano Tácito, que en su obra Anales 15,44,3 (compuesta hacia el 116-117). También se examinan los testimonios de otros autores menos relevantes. El análisis es breve y sintético, porque el tema está naturalmente tratado en muchas ocasiones por otros tratadistas.
El tercer ámbito de este libro, es el análisis de los documentos cristianos que dan fe de la existencia histórica del personaje Jesús. Hay que preguntarse si puede uno fiarse de los testimonios directamente cristianos, y en concreto de los más cercanos cronológicamente a la existencia presunta del personaje, recogidos en el corpus que llamamos Nuevo Testamento.

Hoy escribe Antonio Piñero
Comento un poco más el libro escrito por varios autores ¿Existió Jesús realmente? (2)
Hace ya un cierto tiempo, en un programa de televisión en el Canal 4, “Cuarto Milenio”, a propósito del Evangelio de Judas, el presentador Iker Jiménez me formuló una vez más la pregunta: ¿Hay argumentos y pruebas para demostrar la existencia de Jesús? Respondí: “Hay pocos argumentos, ciertamente”. Al momento las líneas de teléfono del programa comenzaron a trepidar con gente que protestaba a propósito de mi afirmación “pocos”. Son pocos los argumentos, aunque algunos muy sólidos. Y como los hay, o puede haberlos, deben discutirse para que lleguen al mayor número de personas posible.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como vimos en su momento, un repaso a la literatura disponible sobre la figura histórica de Jesús en el tercer cuarto del s. XX (v. gr. Sandmel, Vermes, Hiers, Brandon, Finkel, Flusser, etc.) basta por sí solo para refutar la validez de la categoría "New Quest" (en lo que sigue: NQ) cuyos rasgos definitorios serían, entre otros, el carácter protestante de sus autores, el uso primario del criterio de desemejanza y el énfasis en la distinción entre Jesús y el judaísmo (para detalles, v. en este blog "La distorsión... IV).

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy me toca presentarles un libro que acaba de salir y que , creo, está distribuido ya. Antes que nada les doy su ficha:
Antonio Piñero (editor), “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”, Editorial Raíces, Madrid 2008, 350 pp. ISBN: 978-84-86115-64-7. Capítulos de Fernando Bermejo, Lautaro Roig Lanzillota, Jaime Alvar, Jesús Peláez, Gonzalo Puente Ojea, Francesco Carotta, Llogari Pujol, Gonzalo del Cerro, Víctor Mora, Pablo C. Díaz.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Las mujeres en los Hechos Apócrifos
Dejamos el Adopcionismo en los anaqueles de la historia de la teología como uno de los “Cristianismos Derrotados” en expresión de Antonio Piñero. La mano de Roma y el apoyo del poder político pudieron más que la fuerza de las razones de los contendientes. Y volvemos al tema que dejamos aparcado sobre las Mujeres en los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. El hiato que ha pasado impone la necesidad de actualizar algunas nociones y justificaciones. Me refiero al concepto de Hechos Apócrifos y su valores históricos y literarios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy la crítica iniciada en la postal de ayer.
Respecto al “Libro de las parábolas del profeta Henoc” (1 Henoc capítulo 37-71), si se mantiene una datación entre finales del siglo I a.C. o del siglo I d.C., vale el mismo argumento: tampoco parece posible que se haya conservado como escrito de alto valor espiritual en época de Jesús un texto que “ignorara la Ley”. Habría sido condenado a la hoguera al instante, pues es casi imposible imaginar un judaísmo del siglo I en el que se discutiera el valor de la Ley para negarlo. Entre los piadosos no se hablaba de ella si no era para cumplirla más y mejor.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometimos, quiero expresar mi opinión respecto a la existencia como grupo compacto de seguidores del profeta Henoc, del “henoquismo” y de la delimitación de su teología, tal como pone de relieve Paolo Sacchi en la obra que comentamos.
1. Como visión general quiero decir que no me cabe duda de que probablemente hubo un círculo de piadosos que tenía como figura importante al “profeta” Henoc, como tantos otros entre los llamados en general apocalípticos en torno a otras figuras, Set por ejemplo, que tiene una importancia enorme entre ciertos judíos marginales del siglo I que probblemente son los padres primeros de la gnosis que luego se desarrollará en el gnosticismo "setiano", en el siglo II d.C. Es probable también que hubiera un cierto grupo en concreto detrás de la tradición que recoge el último redactor del Libro 1 de Henoc.
Sábado, 26 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre