Hoy escribe Fernando Bermejo
Como comprobamos en su momento, una de las afirmaciones más asombrosas de la periodización de las “tres búsquedas” consiste en sostener que la primera mitad del s. XX es una época en la que no hubo investigación relevante (o en la que, según algunos, hubo “un declinar general”). Como varios autores norteamericanos y quien firma estas líneas hemos demostrado de manera independiente, esta es una afirmación absurda que es refutada del modo más contundente por la literatura disponible. ¿Puede servir esta idea a los intereses de alguna posición?
Pues bien, resulta que el postulado de la existencia de una fase de escepticismo o “No Quest” en la primera mitad del s. XX podría presentar también considerables ventajas apologéticas en determinados sectores (mayoritarios), pues permite ahorrarse afrontar el examen de un período en el que mucho de lo acontecido resulta molesto para la visión tradicional, y ello en varios sentidos.
En primer lugar, conviene recordar que una parte de la exégesis confesional alemana de esta época (G. Kittel, J. Leipoldt, W. Grundmann, E. Hirsch...) estuvo comprometida con posturas muy próximas al nazismo. Aunque quizás a algunos de nuestros lectores los nombres reseñados no les digan nada, a otros seguramente les sonarán. Algunas obras de Leipoldt y Grundmann, convenientemente traducidas, siguen siendo utilizadas por los estudiantes de teología de muchos países, incluido España. El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, dirigido por G. Kittel, sigue siendo para muchos una obra de referencia. Walter Grundmann, por lo demás, fue el director académico del Instituto para la Investigación y Erradicación de la influencia judía en la vida eclesial alemana (sic), creado en Alemania en 1939, y en el que participaron varios discípulos y colaboradores de Kittel.
Algunas de estas eminencias en el campo de la exégesis y la teología llegaron, en la línea de P. de Lagarde y H. S. Chamberlain, a presentar a Jesús como no judío y enemigo de los judíos. Así, en su libro “Jesús el galileo y el Judaísmo”, publicado en Leipzig en 1940, Grundmann escribió que “con toda probabilidad Jesús no fue judío” (p. 175). También el título de su conferencia de Weimar de 1939, “La desjudaización de la vida religiosa como tarea de la teología y la Iglesia alemanas” (sic), de la que se hicieron 6.000 copias, es elocuente.
Uno se pregunta si el comprensible malestar que el recuerdo de este tipo de cosas puede generar en algunos exegetas y teólogos cristianos no habrá contribuido a correr un tupido velo sobre este período, y por ello a formar la curiosa idea de una “No quest”. Así lo ha propuesto al menos un estudioso norteamericano, Clive Marsh: el diseño de una época de “No Quest” estaría relacionado con el intento (¿inconsciente?) de silenciar las conexiones de la exégesis con el nazismo. Esto es posible, pero probablemente no es todo.
En efecto, la exégesis pro-nazi no agota lo que en la primera mitad del s. XX resulta difícil de digerir para la teología contemporánea. En el mismo período, una parte considerable de la investigación realizada arroja resultados que no corroboran la imagen confesional sobre Jesús de Nazaret. Esto es perceptible, por ejemplo, en la investigación francesa, en particular en la obra de Alfred Loisy –principal blanco del juramento antimodernista que todo sacerdote católico debió pronunciar entre 1910 y 1967– y de Charles Guignebert –historiador al margen de toda confesión cuyas obras están escritas con un espíritu nítidamente desmitificador–. Problemas similares presenta la investigación judía de la época (como la de C. Montefiore o J. Klausner). Como se ha escrito en la conocida Revue théologique de Louvain “estas obras no podían evidentemente satisfacer enteramente a la teología católica en puntos en que la fe se ve afectada [...] Esta nueva forma de presentar a Jesús y su evangelio tenía a menudo como corolario el poner en evidencia diferencias entre Jesús de un lado, y Pablo y la Iglesia de otro” (P.-M. Bogaert).
Siendo así, hay razones muy serias para sospechar que la creación de la idea de “No Quest”, por inverosímil que resulte, puede servir (todo lo inconscientemente que se quiera) a intereses teológicos de un establishment al que ciertos resultados resultan francamente turbadores, sea porque a estas alturas ya no pueden sino avergonzarle (caso de la exégesis pro-nazi), sea porque no pueden sino poner en cuestión la imagen tradicional de Jesús. Postular que la primera mitad del s. XX fue un período irrelevante en lo que respecta a la investigación de la figura histórica de Jesús comporta automáticamente la damnatio memoriae de muchos de sus autores.
P.D. Algunos comentarios a la última serie de A. Piñero en este blog son realmente muy instructivos. La próxima semana interrumpiré momentáneamente mi propia serie para comentar algo al respecto.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Los comentarios para este post están cerrados.
Pues a mi entender aquí tira usted piedras contra su propio tejado. La exclusión de gente como Grundman y su Jesús nibelungo no hace sino justificar y cargar de razones a cualquier revisión historiográfica , que aplicando el más mínimo control de calidad e higiene, decide no incluir la morralla racista en la investigación seria. Para lo único que pueden servir autores como el mencionado es para precisamente constatar un franco retroceso a todos los niveles, y definir en términos reales un periodo de recesión
Cambie el ”no Quest” por “pathetic Quest” si se siente mas cómodo.
Cordiales saludos
Al tiempo se verá. Aunque ya se ha visto.
Fernando:
Aristóteles en la Poética indica que una cosa son los hechos y otra la composición de los hechos, por lo que conviene distinguir entre el suceso y la fábula o el mythos. Barthes, Genette etc. dicen que entre los hechos y la fábula está el narrador y su modo de relatar las investigaciones que puede aparecer como "heterodiegético", con apariencia de objetividad narrativa o descriptiva (omnisciente), y "homediegético" con absoluto protagonismo, implicación y subjetividad. El problema es que los investigadores pudieron investigar los datos, los hechos y, por otros motivos, pudieron comprometerse con posturas nazis, y si sus investigaciones no concluyeron que Jesús era Judío tampoco sus conslusiones ni ellos son antisemitas. Hay que separar el autor de sus investigaciones. Y hay que volver a leerlas.
Sofía
Los creyentes somos tan objetivos como lo fueron los Evangelistas.
(mas o menos un 30%)
sofía:
Dice Vd. que "entre los creyentes hay tanta objetividad y seriedad en el estudio histórico como entre los ateos"
Estoy de acuerdo, porque son actividades distintas. Porque no es lo mismo Autor que Narrador-Investigador. El Autor puede ser creyente o Ateo, pero el que narra o describre la investigación es otro. Es más, cada creyente o cada ateo lo es o lo deja de ser a muchísimos niveles, todos ellos respetables. Pero el autor de este post, Fernando, está describiendo hechos de investigación y de historia que se han dado y sus posibles explicaciones. No está hablando de la fe o el ateísmo. ni de malos y buenos.
no entieno nada.
ésto es peor que cálculo de 2º
siempre que sean tan respetuosos con los comentaristas y bloggers como éstos deben serlo con ellos.
Saludos cordiales.
Resulta normal que nadie conozca ni tenga en cuenta a esos que usted llama pro-nazis que no consideraban judío a Jesús, desde luego usted corrobora que no existía una investigación digna de ese nombre en esa época.
Pero no veo en qué le puede afectar a Meier o a Crossman que existieran esos señores. No más de lo que le afecten a usted, profesor, puesto que ninguno de ustedes les toma en serio.
En cuanto a las diferencias entre Jesús y Pablo, no veo el problema.
Por cierto, si no quiere que opinemos en sus posts las personas que nos confesamos creyentes, no tiene más que decirlo, pero entre los creyentes hay tanta objetividad y seriedad en el estudio histórico como entre los ateos.
Otra cosa es que le moleste la opinión de los que además de creyentes no somos historiadores ni filólogos, pero también puede expresarlo libremente. Aunque se supone que un blog está abierto a toda clase de comentarios de personas corrientes que hablan desde su sentido común, siempre ...
Fernando:
Claro que cuando Bruno Bauer publica
Christus und die Cäsaren, 1877 ya se había vuelto antisemita, dicen algunos. Aquí está su texto:
http://www.radikalkritik.de/Abschluss_nt.htm
Fernando:
Ethelbert Stauffer no pudo publicar el libro en alemán. Era un libro que daba continuidad y discontinuidad con el libro de Bruno Bauer "Christus und die Caesaren" (1877)
Mi portal está cerrado, pero el libro lo puedes encontrar en una página que ha quedado suelta On-line:
http://www.atriumlibertatis.org/staufferchristandthecaesars.htm
Y también hay otra página que contine Jerusalem und Rom im Zeitalter Jesu Christi, Bern 1957:
http://www.atriumlibertatis.org/StaufferJerusalemundRom.htm
(la letra griega está sin aplicar)
Fernando:
Es muy interesante esta descripción de la "No_Quest" por eludir la exégesis vinculada al nazismo.
En la lista hay que incluir al teólogo protestante Ethelbert Stauffer.
Ethelbert Stauffer: Jesus, Gestalt und Geschichte; Dalp-Taschenbuch, Francke Verlag Bern und München 1957;
Ethelbert Stauffer: Jerusalem und Rom; Dalp-Taschenbuch, Francke Verlag Bern und München, 1957;
"Christ and the caesars" The Westminister Press, 1955,
que tuviste en tus manos hace tres años.
Algunos dicen que era nazi y otros dicen que le echaron de la cátedra por sus declaraciones antifascistas.
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba