Hoy escribe Antonio Piñero
Otro capítulo importante en el ámbito de lo mágico-supranatural en los relatos bíblicos es el de la palabra y su poder, la eficacia del nombre, el círculo de la bendición-maldición y el exorcismo. Todos estos aspectos se hallan bien representados en el Antigo Testamento y debemos aludir a ellos brevemente en nuestra serie.
En Israel no puede comprenderse la estrecha relación entre la esencia de Dios y su nombre ("El que es", si la etimología es correcta) si no se entiende qué suponía para la fe religiosa primitiva la creencia en la fuerza del nombre. No es ésta una palabra cualquiera, sino que estaba ligada a la esencia misma de la persona: era una cualidad del individuo…, o de la divinidad. Pronunciar el nombre de modo solemne era desatar un proceso de reacción, bueno o malo, que afectaba indefectiblemente a las personas.
Hoy escribe Antonio Piñero
• El henoquismo es el que ofrece el primer testimonio de la concepción del alma inmortal y separada del cuerpo, destinada a ser juzgada por Dios según sus obras tras la muerte (1 Hen 9,2-3.10; 22; Jub 23,31):
Clame la tierra con el sonido de sus ayes hasta las puertas del cielo. A vosotros pues santos del cielo (los arcángeles buenos) se quejan ahora las almas de los hombres diciendo: “Llevad al Altísimo nuestro pleito” (1 Henoc 9,2-3).
Hoy escribe Fernando Bermejo
A todos aquellos que pretenden que la denuncia del antijudaísmo cristiano sólo puede ser obra de aviesos sujetos anticristianos, podría recomendárseles la lectura de un texto colgado en la web (quien no es aficionado a la negación o la minimización de verdades elementales no necesita leer textos como éste):
http://www2.uca.edu.ar/esp/sec-fteologia/images/Declaracion.pdf
Este texto constituye la declaración final del Primer Simposio de Teología cristiana sobre “Holocausto y Shoah: Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y en América Latina”, efectuada por teólogos cristianos tanto católicos como protestantes.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy seguimos con las características del movimiento judío del “henoquismo”, según P. Sacchi, que tiene mucha influencia en la teología judeocristiana primitiva. Cuando terminemos de reproducir lo más fielmente que nos sea posible sus características, pasaremos a una crítica respecto a la verosimilitud de la existencia de algunos rasgos de este movimiento.
• En la fase más antigua del henoquismo, que se corresponde con el “Libro de los (ángeles) Vigilantes” (recogido en el Libro 1 Henoc, caps. 6-36: describe la caída de los ángeles, los viajes celestes de Henoc donde contempla muchos misterios; el diluvio; cómo es la morada de Dios; el castigo de las ángeles malos; cómo es el sélo/infierno; el paraíso con el árbol de la vida y el país de los aromas), el mundo se concibe como desordenado por culpa de la rebelión de los ángeles malos (1 Henoc 8 y 18,15), aunque en la introducción a todo el libro 1 Henoc en su conjunto, que es posterior, el redactor corrige esta perspectiva –que deja bastante mal la obra de Dios destrozada por los ángeles- y afirma que en su núcleo el mundo está ordenado: 1 Hen 2,1-3:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Conclusión
Que la carta de Alcuino no consiguió sus propósitos, lo dejó muy claro la respuesta de Elipando. Pero ya hemos dicho reiteradamente que los dos bandos contendientes abordaban el problema desde perspectivas diversas. Atacaban ferozmente lo que sus adversarios no defendían. Afirmaban unos enfáticamente lo que los otros no negaban. A nuestro parecer, al menos en un principio, las diferencias eran de matiz. E, Amann, en la obra citada de Fliche & Martin, pág. 133, cree que con ciertas explicaciones y matizaciones, las fórmulas de Elipando podrían comprenderse dentro de los parámetros de la ortodoxia. Opinión que comparten no pocos tratadistas del tema y que cae dentro de nuestros personales puntos de vista.
Hoy escribe Antonio Piñero
El aceite es portador también de poderes divinos especiales. Es bien sabido que en Israel servía para la unción de los reyes, profetas y otros pesonaje importantes como los sacerdotes (Éxodo 29,7; Levítico 8,12). Los textos principales son 1 Samuel 9,16; 10,1; 16,1.13, etc.; Isaías 11) y profetas (1 Reyes 19,16; Isaías 61,1). El aceite revestía a aquel sobre el que se vertía del carácter intangible de lo santo.
Un texto significativo es el citado en primer lugar, 1 Samuel 9,15:
Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín (se refiere al futuro rey Saúl), lo ungirás como jefe de mi pueblo Israel y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando “Jesús y su gente” y abordamos un tema para algunos totalmente ignorado: "el henoquismo", los que siguen una corriente religiosa que en último término se adscribe a la mistrios afigura del "profeta" Henoc.
Cuando llega la hora para Sacchi de tratar de las sectas principales que existían en el Israel del siglo I (tema obligado en obras del género), prefiere hablar más de “áreas” de ideas que de sectas. Nada que comentar cuando menciona a saduceos y fariseos. Sí puede parecer curiosa una distinción muy del gusto de Sacchi, cuando habla del “área” de los esenios, entre éstos propiamente hablando y los “henóquicos”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como complemento a una postal anterior en el que hablaba de la edición de A. Jülicher -que me perdonen los lectores el despiste de no haber añadido estas notas- menciono las siguientes:
La primera cronológicamente fue la de Johannes Gutemberg en 1456: fue el primer libro producido en la recién inventada imprenta. Pero no era ésta una edición crítica. Gutemberg había impreso la Biblia que circulaba en Maguncia por la época, sin preocuparse de cotejarla y revisarla con otros manuscritos mejores.
La primera edición crítica fue la del humanista Stephanus en 1528 en la que utilizaba 3 buenos manuscritos del grupo francés. Hasta 1551 se fueron sucediendo las ediciones de esta Biblia y mejorándose, pues en cada una de ellas aumentaba Stephanus el número de manuscritos consultados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con el tema, puntos de vista de Paolo Sacchi sobre Jesús, su gente y su tiempo, en concreto:
La biblioteca de los piadosos en el siglo I en Israel
La postura confesional de Paolo Sacchi no le impide, como parece ya natural hoy, una cierta mirada crítica que se manifiesta en la distinción de lo que puede pensarse que proviene de Jesús mismo y lo que es secundario, producto de los evangelistas y de su sistematización e interpretación del material, lo que supone ciertamente poner en duda la fiabilidad absoluta de los Evangelios. Sacchi utiliza naturalmente la crítica interna en el análisis de los textos evangélicos, pero curiosamente sólo una o dos veces en todo el libro hace mención de los criterios, hoy universalmente establecidos, para establecer la autenticidad de un hecho o dicho de Jesús, criterios como el de "dificultad", "múltiple atestiguación", etc. En ello se distingue radiclamente, por ejmplo, de J. P. Meier y su obra "Un judío marginal...".
Hoy escribe Antonio Piñero
En este terreno desearía reducirme al campo del Nuevo Testamento que es donde realmente se considera de más valor la aportación de las versiones latinas en el establecimiento del texto originalgriego del Nuevo Testamento, que no otro es el fin de la llamada "crítica textual".
Pero antes permítaseme decir unas palabras, como a vista de pájaro, sobre los testigos, métodos y estado actual de la crítica textual neotestamentaria. Una visión de conjunto puede encontrarse también en el libro Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta 2007, cap. 4.
Los testigos del Nuevo Testamento en comparación con otras obras de la Antigüedad son extremadamente numerosos. De la mayoría de los autores antiguos, griegos y latinos, aunque sean muy importantes, si llegan a tener siete o diez manuscritos de las obras más señeras, ya son felices los investigadores. De algunos, como por ejemplo de los Anales de Tácito, si no me equivoco, sólo hay un manuscrito… e incompleto.
Hoy escribe Antonio Piñero
Presentación de Paolo Sacchi
Quiero dedicar una serie a comentar algunas perspectivas e interpretaciones sobre el entorno, la vida, dichos y hechos de Jesús que aparecen en un libro del Prof. Paolo Sacchi. El título es Gesù e la sua gente, Edizioni San Paolo, Milano, 2003, 258 pp. El libro no ha sido traducido al español –es una pena-, por lo que ignoro en qué media será accesible al lector en castellano. De cualquier modo intentaré ser lo más fiel posible en la reproducción de sus ideas, que procuraremos sintetizar y discutir en lo que seguirá. Esta serie puede ser el inicio -el tiempo lo dirá, si es que tiene acogida entre los lectores- de otras que comenten la imagen de Jesús presentada por diversos autores, cuya obra ha pasado la criba del tiempo y ha recibido de algún modo el refrendo de la crítica o del público.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Alcuino a Elipando (2)
A lo largo de toda la carta, se nota que Alcuino está realmente obsesionado con Félix. La razón es posiblemente porque conoce su pensamiento de primera mano y, desde luego, mucho mejor que lo que pueda conocer de Elipando. Asegura que podría demostrar la divinidad de Cristo con textos de la Escritura y de los Padres, pero prefiere dejar que sea el propio Elipando quien descubra la verdad, pues el Señor se la manifiesta al que la busca con humildad. Ahora bien, la verdad no puede ser más que una, y está o bien en la Iglesia universal o en Félix y sus pocos seguidores escondidos entre las montañas. Alcuino tiene un pequeño desliz al recordar a Elipando qué grande será el gozo en los cielos por un pecador que hace penitencia (Lc 15, 7; PL 101, col. 239). Pero trata de rectificar diciendo que no es que le llame "pecador, sino predicador; confesor de Cristo, no enemigo de la fe", lámpara para iluminar a los moradores de la casa de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Existe entre muchos lectores la idea de que la Iglesia cristiana, en concreto la Católica -con el Vaticano a la cabeza-, se opone frontalmente a la difusión de los Apócrifos. En especial –se dice y me lo han dicho en persona repetidas veces- no le interesa que se lean los evangelios apócrifos, y menos los gnósticos, porque de ellos se deduciría una imagen muy atractiva de Jesús que “daría al traste” / ”se caerían los palos del sombrajo” con la oficialmente mantenida. Esta idea está unida a otra similar: la Iglesia católica nunca quiso que se publicaran los Manuscritos del Mar Muerto “porque en ellos está contenida, aunque encriptada, la verdadera historia del cristianismo primitivo”.
Estas opiniones no me parecen sensatas, e incluso -¡y lo digo sin el menor ánimo de ofender!- podrían ser calificadas cuanto menos de asombrosas. Piénsese que la Iglesia, y en concreto tampoco el Vaticano, no ha tenido nunca posesión física de los manuscritos del Mar Muerto, ni tampoco de ninguno de los 13 códices que albergan los más o menos cincuenta tratados de la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi. De los otros apócrifos tiene en la Biblioteca Vaticana, y de otras instituciones, algún que otro manuscrito, que es visible y copiable –por microfilm u otro medio- por cualquier investigador con la acreditación suficiente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Un lector actual, ¿puede tener interés en el mensaje que le puedan ofrecer los Apócrifos?
Otra de las cuestiones que se han suscitado en conferencias, clases o publicaciones en torno a los Apócrifos es si hoy día, en pleno siglo XXI y con nuestra mentalidad general -tan poco amante de mitos antiguos, tan orientada y atenta a los resultados de la ciencia, o a veces de la ciencia-ficción- es si los Apócrifos pueden ofrecer algún material de interés para un lector de hoy.
Para responder a la pregunta hay que considerar que la obra que comentamos, “La Biblia rechazada por la Iglesia”, insiste una y otra vez en la necesidad de distinguir claramente qué es lo que ofrecen al lector las dos clases –tan distintas- de apócrifos que conservamos:
A) La primera se refiere a los apócrifos del Antiguo Testamento, que son unas 65 obras judías, la mayoría anteriores al nacimiento del cristianismo y alguna de ellas coetáneas, pero independientes de la teología cristiana.
B) La segunda se refiere a los apócrifos del Nuevo Testamento que son prácticamente todos posteriores a la consolidación del cristianismo hacia la mitad del siglo II (Jesús muere en torno al 33 de nuestra era). Es decir empiezan a escribirse en torno al 150 d.C. En total pueden sumar unas ciento cincuenta obras.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra tema, de postales anteriores en torno a la preguna si se puede responder desde el punto de vista del análisis histórico de los textos recibidos a la cuestión si Jesús se consideró a sí mismo hijo real de Dios en el pleno sentido de la palabra.
2. Textos que sostienen que Jesús es "Hijo de Dios" en los que el lector deduce que se trata no de una filiación metafórica sino real.
Así Mt 11,27:
"Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo...",
O Mc 15,39:
"Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios",

Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometimos en la postal anterior, deseo hoy destacar algunos puntos de relevancia dentro del enorme campo de los Apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento que como dijimos es “una Biblia paralela” a la oficial, que luego resultó “rechazada” por la Iglesia. Y no es la primera ninguna frase de atractivo propagandístico. En primer lugar por la alusiones a las doctrinas de laos apócrifos veterotestamentarios en el Nuevo Testamento, y en segundo porque muchos textos apócrifos del Nuevo pretendieron expresamente suplantar a los textos canónicos.
Algunas cuestiones a la que responde este libro introductorio –entre otras posibles- son varias.La primera es: ¿Por qué fueron rechazados los hoy apócrifos por la Iglesia, si en la postal anterior se ha destacado su importancia teológica e histórica?
Hoy escribe Fernando Bermejo
El antijudaísmo cristiano es un tema tan inagotable como inagotable es el afán de muchos por negar, sea su existencia, sea su relevancia y alcance. En su momento espero poder dedicar a esta cuestión una serie de posts, que –para desesperación de algunos– presumo larguísima. Entretanto –y antes de retornar en breve a la serie en la que andamos embarcados–, me limito hoy, atendiendo a la petición de algunos amables lectores, a un par de observaciones elementales; el próximo día proporcionaré una bibliografia mínima.

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy deseo presentar un libro mío, que ha salido hace una semana, y que quizá pueda tener interés para algunos de los lectores de este blog. Su ficha es la siguiente:
Antonio Piñero, La Biblia rechazada por la Iglesia, Editorial Esquilo, C/ del Acebo 25, 06011 Badajoz (Distribuidor, “Logintegral 2000 S.A.U.”), 215 pp., ISBN 978-989-8092-41-0. En otro ejemplares el ISBN aparece como 978-989-8092-39-7

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Alcuino a Elipando (1)
Recogemos en estas reflexiones la carta que Alcuino escribió al arzobispo de Toledo sobre los términos del debate adopcionista. Con ello pretendemos ilustrar uno de los aspectos de la controversia, el enfrentamiento de dos perspectivas, las particularidades que ofrecía la visión del problema desde allende los Pirineos y la diferencia de carácter de dos personalidades tan definidas. Alcuino escribió la carta en el momento más crítico del debate, probablemente en el 798. Elipando le respondió rápidamente con un talante airado, casi insolente. Daba por supuesto que era él quien tenía la razón y que los demás eran unos pobres descarriados. Alcuino esgrimía el argumento de autoridad desde una perspectiva opuesta. Lo expresa con rotunda claridad en el párrafo 11 de su carta: "La autoridad de los doctores de todo el mundo debe ser mayor que la de unos pocos en España" (Migne, PL 101, col. 242).
Hoy escribe Antonio Piñero
Ya avanzamos en síntesis la respuesta a la primera cuestión formulada en las postales anteriores: ¿Dijo Jesús de sí mismo que era Dios? Y respondimos: según la crítica general, incluso católica, ni uno solo de los pasajes en los que en los tres primeros evangelios se afirma directa o indirectamente que Jesús es Dios, procede con total seguridad del Jesús histórico.
Por tanto, los textos que afirman la divinidad óntica de Jesús proceden de la tarea redaccional, personal, de cada evangelista, o bien son pasajes también secundarios con palabras puestas en boca de Jesús, pero que éste no pronunció, o si los pronunció no exactamente en el sentido con el que luego lo transmiten los evangelistas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Cabellos
En torno a la figura de Sansón (libro de los Jueces, capítulos 13 y siguientes) se tejieron leyendas muy antiguas repletas de hechos maravillosos. La historia de Sansón es semejante en algunos puntos a la de Heracles/Hércules: ambos comienzan sus hazañas estrangulando a un león; ambos mueren por una mujer; ambos escogen su forma de muerte.
En el caso de Sansón el narrador bíblico da rienda suelta a la expresión de toda suerte de creencias populares, por ejemplo la aparición de un ángel que asciende luego a través de las llamas de un holocausto (13,20), el descenso del espíritu divino que se introduce dentro del cuerpo de Sansón y lo transforma, haciendo de él un héroe (14,6), etc. Pero lo más interesante para el propósito de esta serie es el poder, con ribetes mágicos y supranaturales, que el relato atribuye a los cabellos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos afirmado ya que en esta serie no tratamos en sí misma de la teología sobre Jesús de los primeros cristianos, que está bastante clara y que así se manifiesta en el Nuevo Testamento, sino si el Jesús que podemos reconstruir como histórico se tomó a sí mismo como Dios. Ya hemos respondido en parte basándonos en la ausencia de palabras auténticas de Jesús de Nazaret al respecto. Ahora nos toca examinar si las presentaciones de este Jesús por parte de los Evangelistas (escenas, narraciones, palabras puestas en su boca…, etc.) nos llevan o no necesariamente a concluir que el Nazareno –aunque nunca lo dijera expresamente- se consideró, sin embargo, hijo óntico, real, de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dos –casi tres- son principalmente las temas que conciernen a la labor de san Jerónimo como revisor y traductor, ed como productor de la Vulgata a partir de la Vetus Latina:
A) ¿Qué tipo de texto de la Vetus Latina utilizó como base? Y dentro de ella: ¿Podemos identificar los manuscritos o familias de manuscritos griegos que utilizó para su corrección?
B) Dentro específicamente del Nuevo Testamento, ¿cuánto trabajo realizó san Jerónimo directamente?
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para empezar, un mashal (una parábola).
“Dos personas fueron a la Rothko Chapel a rezar. Una era cristiana; la otra, judía. La cristiana se adelantó hasta el primer banco, se quedó allí en pie con los brazos extendidos, y empezó a decir: ‘Señor, gracias te doy porque me has hecho diferente a los demás: a los ateos, los agnósticos y los descreídos que pueblan el mundo salido de tus manos. Y también te doy gracias por haberme hecho distinto a ese judío, que debe vivir su existencia de modo tan sombrío y depauperado: para él, tú no eres más que una sombra vengativa, y la Ley nada sino una espada de Damocles; incapaz de llevar una espiritualidad satisfactoria, se arrastra por el mundo, errante y sin esperanza. Yo, en cambio, medito sin cesar el Nuevo Testamento, colaboro activamente con instituciones caritativas y sé bien qué son el amor y la gracia’. El judío, por su parte, permanecía junto a la entrada y, sin atreverse a levantar los ojos, así oraba: ‘Señor, perdóname, porque soy un pecador’”.
A lo largo de media docena de posts, mi colega y amigo Antonio Piñero ha ido desgranando una miniserie sobre la religión de Jesús. Los contenidos de esta serie no son en absoluto idiosincrásicos, como lo prueban ya las remisiones de su autor a la obra de G. Vermes. En efecto, la serie de Piñero refleja lo que los autores independientes –sean ateos, agnósticos, deístas, judíos o cristianos con una perspectiva seriamente crítica– han concluido sobre la religión de Jesús. Es, pues, un muy sintético compendio de los resultados de dos siglos y medio de la mejor investigación sobre ese judío galileo. Y son un compendio que se hurta, de entrada, a las sospechas de parcialidad ideológica. Por mi parte, comparto la exposición de A. Piñero.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como han surgido algunas dudas entre los lectores, aclaro qué puede entenderse por "cristología". Este vocablo tiene la significción evidente de "ciencia o tratado sobre el christós o ungido". Por tanto en sentido estricto sería la cristología un tratado de "mesianología".
Pero, en sentido amplio, se entiende que el vocablo abarca otros temas relacionados de algún modo con la figura y misión de Jesús como mesías o cristo. Así en el mencionado libro del especialista Roger Haight, "Jesús, símbolo de Dios", que es un tratado de cristología como declara el autor expresa y repetidas veces. Haight trata en diversos capítulos sobre las cinco maneras generales en las que el Nuevo Testamento entiende cómo Jesús es divino. También se ocupa ampliamente de la resurrección, del Jesús histórico (en donde insiste en su humanidad), de la naturaleza de Jesús según los concilios de Nicea y de Calcedonia y finalmente, de la divinidad de Jesús e incluso de la Santísima Trinidad. Por ello, parece claro que no es confusión alguna si afirmo que entra dentro de la "cristología" el tema actual de esta serie: "¿Dijo Jesús de sí mismo que era Dios?"

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Elipando a Félix, recién convertido
El último de los escritos de Elipando recogidos en el CSM (Cuerpo de escritores o escritos mozárabes) del Prof. J. Gil es una carta a Félix, recientemente convertido. Con el carácter un tanto indeciso y hamletiano de Félix de Urgel, al menos, según el punto de vista de sus adversarios, pensamos que la carta de Elipando debió de seguir a alguno de los obligados cambios del urgelitano. Por la edad que Elipando asegura tener -81 años cumplidos-, esta carta pudo ser escrita después del encuentro de Félix con Alcuino en Aquisgrán el año 799 y del concilio celebrado en Roma el mismo año. En consecuencia, Félix se encontraba, según el parecer del Primado, en una fase de fidelidad a la doctrina adopcionista después del concilio y las abjuraciones de Roma (799). Por lo tanto, habían sucedido importantes avatares en la vida de Félix, que ahora se había convertido, pero a la ortodoxia adopcionista y se había alejado nuevamente de la doctrina romana.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en la postal anterior, debemos discutir si Jesús era en los años 50 del siglo I “el máximo exponente de la magia blanca”.
Creo que la mayoría de los lectores sabrán que la tesis de que Jesús fue ante todo un mago fue propuesta por el erudito norteamericano Morton Smith en 1973 aproximadamente. Su libro, Jesús el mago, fue publicado en España por la editorial Martínez Roca (de Planeta) en 1988. No es el momento de volver a discutir los argumentos uno por uno –que ya lo hemos hecho en otro lugar-, pero sí de sostener que Jesús puede ser definido de muchas maneras, pero calificarlo sin más y condensadamente como mago no hace justicia en absoluto a su figura, eminentísimamente religioso-profética, no mágica.

Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos, como prometimos en la postal anterior, con el tema de Jesús el mago, suscitado por la inscripción en griego –diachrestouogoistais (así sin espacio como se solía escibir = dia Chrestou. O goistais)- hallada en Alejandría en una vasija empleada para usos mágicos.
2. Es poco probable la traducción propuesta por algunos estudiosos, en concreto André Vernant, quien lee: “Por Cristo. El mago”.

Hoy escribe Antonio Piñero
De vez en cuando vuelve a aparecer, en periódicos y revistas de gran tirada el tema de Jesús como mago. La tesis es que todos –o la mayor parte- de los milagros realizados por el Nazareno se deben a sus conocimientos de magia. Jesús adquirió sus conocimientos de magia durante su estancia en Egipto; se supone que no sólo durante su más tierna infancia, sino durante su juventud. Se piensa que volvió allí algún tiempo, estudió técnicas mágicas a fondo, volvió a Israel y allí, en su vida pública, las empleó para realizar sus milagros.
Hoy escribe Antonio Piñero
El tema del que vamos a ocuparnos en esta serie, la concepción que tiene de Dios Jesús de Nazaret, presenta una doble vertiente. La primera, más o menos obvia aunq con sorpresas, significa preguntarse qué connotaciones específicas muestra la imagen de Dios que Jesús propalaba en su predicación. La segunda, quizás más interesante, responde a esta pregunta: teniendo en cuenta que algunos pasajes del Nuevo Testamento, aunque sean muy pocos, proclaman a las claras que Jesús es verdadero Dios, ¿podemos afirmar con certeza que el Jesús histórico se consideró a sí mismo hijo físico, ontológico, de Dios, tal como lo enseña hoy el credo?
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como comprobamos en su momento, una de las afirmaciones más asombrosas de la periodización de las “tres búsquedas” consiste en sostener que la primera mitad del s. XX es una época en la que no hubo investigación relevante (o en la que, según algunos, hubo “un declinar general”). Como varios autores norteamericanos y quien firma estas líneas hemos demostrado de manera independiente, esta es una afirmación absurda que es refutada del modo más contundente por la literatura disponible. ¿Puede servir esta idea a los intereses de alguna posición?
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba