Hoy escribe Fernando Bermejo
Al intentar comprender cómo es posible que haya surgido y pervivido durante décadas el insostenible modelo historiográfico de las “tres búsquedas”, hemos considerado ante todo la posibilidad de que ello se debiera a ignorancia o errores de apreciación por parte de los autores que han creado y mantenido tal modelo. Sin embargo, he argumentado que esta explicación in bonam partem resulta contraintuitiva, lo cual lleva a considerar la posibilidad de que tras el paradigma imperante se halle en juego alguna agenda ideológica, dependiente de determinados prejuicios y/o intereses. Más concretamente, hoy argumentaré que esta agenda podría ser teológica.
Esta sospecha no es gratuita. En efecto, para la existencia en este caso de una agenda teológica cabe aducir, de entrada, varios indicios. El primero surge del examen de otros fenómenos de la Leben-Jesu-Forschung, los cuales sirven a propósitos teológicos. He analizado en su momento el carácter insostenible de ideas tales como la existencia de un abismo fenomenológico entre Juan el Bautista y Jesús, que –como muchas otras en la exégesis neotestamentaria– están dictadas no por el material disponible, sino por la necesidad religiosa de convertir a Jesús en un hapax incomparable. En otros lugares (v. gr. en algunos de los artículos citados en este blog, o en un curso de verano de la Univ. Complutense reseñado en este blog por Antonio Piñero, de próxima aparición en libro) he demostrado asimismo que los presuntos argumentos a favor de la tesis de la irrelevancia de la investigación sobre la figura histórica de Jesús (que se encuentra en obras confesionales como la de M. Kähler o L. T. Johnson, entre otros) carecen de consistencia, y que la tesis misma no es más que el producto de la necesidad de ciertos intelectuales cristianos. Otros autores, más competentes que quien firma estas líneas, han demostrado sobradamente la presencia de enfoques teológicos en la investigación presuntamente histórica.
Un segundo indicio lo constituye el carácter de las obras que, como comprobamos en su momento en este blog, son descartadas o infravaloradas en la periodización al uso: provenientes de autores deístas (Reimarus), excristianos (Strauss, Loisy), agnósticos, ateos o liberales (Guignebert, Brandon), judíos (Klausner, Vermes), o cristianos con una visión histórico-crítica (Weiss), esas obras son decididamente incómodas para la visión tradicional.
Un tercer indicio es la identidad de los autores y propagadores de la periodización trifásica, que parecen ser mayoritariamente, si no en su totalidad, creyentes; la categoría “New Quest” fue excogitada por el protestante James M. Robinson, y la categoría “Third Quest” fue acuñada por el canónigo anglicano (ahora obispo) N. T. Wright. Además, quienes hoy en día acostumbran a suscribir el modelo de las supuestas “tres búsquedas” son exegetas cristianos.
A la luz de estos datos, no resulta en absoluto descabellado conjeturar que también la historiografía al uso pueda estar sirviendo a una agenda teológica confesional. Pero esto es, por ahora, una simple hipótesis que es menester poner a prueba. Así pues, en este y los siguientes posts examinemos uno por uno los enunciados que integran el paradigma historiográfico dominante.
1) El postulado de una indiferenciación global en la investigación de los ss. XVIII y XIX y de su carácter obsoleto podría ser útil como coartada para no afrontar sus resultados más convincentes. Ante todo, podría servir para deshacerse de Reimarus y de Strauss, cuya obra contradice sin ambages la visión tradicional. Por ejemplo, que Jesús fue religiosamente un judío cabal implica que no fue el fundador del cristanismo; que Jesús fue bautizado por el Bautista significa con toda probabilidad que fue al bautismo como pecador; que tomó muchas ideas de Juan implica que no es tan absolutamente original como se suele decir; que limitó su predicación a Israel implica que no fue un pensador universalista; que creyera en la venida inminente del Reino de Dios implica que se equivocó; que no contradijera la Ley implica que no “superó” el judaísmo en ningún sentido comprensible; que su idea del Reino tuviera implicaciones políticas hace comprensible su muerte, y convierte su destino en algo comparable al de muchas otras figuras en la historia, etc.
Con respecto a J. Weiss y su obra La predicación de Jesús sobre el Reino de Dios, aunque este autor fue un protestante sincero, sus análisis de la escatología causaron una gran conmoción en su momento y no han dejado de ser una piedra de tropiezo para la exégesis confesional y la teología, que desde entonces han intentando neutralizarlos pergeñando para ello los más diversos expedientes. Como creo haber señalado ya, en su prólogo a la edición de 1964 de la obra de Weiss, R. Bultmann escribió estas reveladoras palabras: “Entonces el mundo teológico fue atravesado por una conmoción, y todavía me acuerdo que Julius Kaftan dijo: ‘Si el Reino de Dios es una magnitud escatológica, entonces en un concepto inútil para la Dogmática'”.
La construcción de la categoría “Old Quest”, al negar automáticamente la vigencia de esas obras, sirve para relegarlas al baúl de los recuerdos y prescindir de ellas en el examen del Jesús histórico. Esto parece tener un interés teológico bastante claro. Pero si este interés es un factor o no a tener en cuenta, es una cuestión que podrá ser mejor aquilatada cuando hayamos revisado a esta luz el resto de los postulados del paradigma.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
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Especular es gratis, y si a alguien le estorba Jesús por motivos ideológicos, puede hacer una cuestión de cosas intranscendentes como el hecho de que fuera discípulo de Juan bautista en una época de su vida. ¿Y qué? Es normal. Lo raro sería que no hubiera aprendido cosas de los demás como todos hacemos. No veo el problema.
El personaje Jesús de los evangelios es de una hondura insuperable. Es un judío cabal, pero supera la ley judía, con la ley del amor universal. Predica a los judíos pero porque es desde ahí desde donde debe surgir la universalidad (en realidad así fue, aunque de otra manera) Predica que el Reino es inminente y más que inminente, todo lo que dice sobre el Reino muestra la idea de que está "ya, pero todavía no", como una semilla de mostaza que crece". Por alguna razón ideológica, algunos son incapaces de comprender estas parábolas del reino, e insisten en que se equivocó. La cuestión de que la plenitud del Reino llegase antes o después es irrelevante y no quita nada de verdad a ese "ya pero todavía no". Por supuesto es el fundador del cristianismo, en tanto en cuanto ser cristiano significa seguir a Jesucristo, creer en su mensaje. Naturalmente lo que se llama "cristianismo" no es lo que debiera ser, y los cristianos tienen que estar convirtiéndose continuamente al Evangelio.
Espe...
Los evangelios traen una visión nueva al judaísmo, naturalmente, partiendo del judaísmo, no renegando de él. Pretender que las ideas innovadoras no son de Jesús sino de otros -es traspasar el problema a otros, también judíos, haciendo más incomprensible que se produjera esa innovación a partir de personas intranscendentes y sin relieve.
Índudablemente hay agendas. Algunos de los que lo dicen demuestran tenerlas también. Pero la figura de Jesús emerge de los Evangelios inconfundible y diferente, dando un toque nuevo a lo de siempre. Claro que era judío, y desde el judaísmo nos mostró una nueva visión de Dios y la religión, que cada persona tiene que redescubrir en sus propias coordenadas espacio-temporales y culturales.
El mensaje está ahí. Y es cosa de Jesús. Cojan los Evangelios y lean, y comparen con todo ese blablablá.
Saludos cordiales.
Fernando:
Hace falta leer la historia a demasiados niveles para entender que haya podido existir históricamente un ser humano judío, bautizado, nada original, nada universalista, equívoco, judaizado, de comprensible muerte al mismo tiempo político-histórica y escatológico-transcendente.
El problema está cuando la verdad emocional provocada por el sistema de creencias se adelanta a la verdad histórica y nos dice que es preferible porque veinte siglos de cristianismo no se pueden revisar. Hoy me decía una gran persona del Vaticano que la corriente que viene es demostrar que la Biblia no es más que un "papel escrito" como otros más. Yo le respondía que en ese "papel escrito" hay tanta verdad histórica que no cabe ni en "Jerusalén" ni en "Roma", sino que a ambas las trasciende. Los "textos sagrados" aludidos en la Biblia están en el reverso de la historia.
Si no hay criterios metodológicos comunes en la exégesis bíblica que establezcan con seriedad lo que se considera o no una prueba, aquí nadie puede decir que los de la Leben-Jesu-Forschung acertaron o que se equivocaron radicalmente, no hay manera de comprobarlo.
Nos seguimos guiando por el principio de autoridad, muy mal asunto, tenemos tantos Jesús como autores, y autores son libritos sobre los que se construyen carreras académicas.
Lo que si digo, en favor del Dr Fernando Bermejo, es que la erudición, el dominio de las lenguas y literatura antiguas que había en los del XIX convierte en indigentes intelectuales a la generación actual: más ideólogos que científicos. Sí, claro que hay agendas.
He descubierto este blog recientemente, y no puedo sino felicitar a sus autores. Hoy en particular quisiera felicitar al prof. Fernando Bermejo por su ensayo sobre el maniqueísmo. Esta religión me parece fascinante desde que leí algunas obras de Puech (¡es mucho más que un dualismo!), pero no había encontrado hasta ahora ningún estudio tan completo y tan claro como éste.
Me parece un gran acierto la estructuración del libro, que permite ir profundizando paulatinamente y en el que he visto respondidas prácticamente todas las preguntas que me habían asaltado sobre esta religión tan peculiar. ¡Y además la portada es preciosa! El color recuerda las frutas que tanto gustaban a los maniqueos. Muchas gracias y un saludo afectuoso
Clara Zurita
Sábado, 26 de mayo
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