Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo hoy, como última postal de esta serie dedicada al vocablo “evangelio” aclarar un tanto mi posición tal como la expuse en mi postal anterior paa evitar cualquier posible malentendido. Es mi deseo que este blog sea ante todo argumentativo y respetuoso sobre la base de la utilización de razonamientos; nada de "sacarse cosas de la manga".
Defendía el día pasado que si se define al evangelio como género literario único nos vemos abocados a fijarnos fundamentalmente en su contenido teológico –es decir, en que son escritos que formulan un juicio sobre Dios, sobre Jesucristo y la salvación que aportan- y que nos parece que tal caracterización no es valida dentro del ámbito de la definiciones literarias e históricas. Y decía que si prescindimos del contenido religioso que transmiten, el conjunto de las unidades primero independientes y luego ensambladas y moldeadas por un auténtico autor parecen dar como resultado a un cierto tipo de “biografía de tipo helenístico”. Sosteníamos también que si llegamos por razones objetivas y sin ningún partido previo a caracterizar a los evangelios como un subgénero de esta "biografía" helenística, el historiador puede sentirse más capacitado para someter a crítica los datos transmitidos en esa biografía. Pues parce evidente que el biografista cree sinceramente que está transmitiendo a sus lectores datos objetivos y vitales de su personaje y no meramente una proclamación.
En efecto, el Evangelio de Marcos, no es la pura plasmación del kerigma primitivo sobre Jesús (la proclamación de la salvación que aporta), lo que le daría su carácter único, sino que su autor pretendió conscientemente hacer una historia del año y pico de la vida pública de Jesús y de su muerte… y su resurrección manifestada en la tumba vacía. No me parece que se pueda dudar que formalmente los evangelistas han pretendido ofrecer a sus lectores un relato ordenado cronológica y temáticamente de la vida terrena de Jesús, cada uno en diversa medida según su propia perspectiva. Estimo que Marcos pretendía conscientemente corregir el punto de vista paulino el cual se centraba exclusivamente en la muerte y resurrección de Jesús como los actos reales de salvación. Para Marcos, por el contrario, también la vida de Jesús contenía otros hehcos y dichos que afectaban a la salvación.
Una prueba de este aserto es el hecho de que ya el primer evangelio, y en mayor grado los dos siguientes, son en realidad reelaboraciones de textos anteriores -o de pequeñas colecciones- con la intención de ofrecer una “historia” seguida a partir de escritos o colecciones más antiguas deslavazadas.
En contra de esta observación se ha señalado que el encuadre biográfico de los Evangelios no es el de una biografía real, puesto que le falta el interés por lo propiamente biográfico, por la procedencia de Jesús, su formación y desarrollo interno, por su retrato literario y en definitiva por su personalidad, y que estos defectos son achacables a que el Evangelio es ante todo una “proclamación”.
Podemos estar de acuerdo con la crítica. Pero no con la consecuencia: ¿qué biografía de la Antigüedad reunía estas características? Ninguna en realidad; ninguna biografía helenística resistiría esta crítica: el género utilizaba anécdotas, sentencias y hechos, sobre todo cotidianos, para ilustrar las virtudes y el carácter de la empresa o de las realizaciones del biografiado, o bien se cargaban las tintas en el carácter del individuo biografiado (por ejemplo en las Vidas paralelas de Plutarco) más que en sus hechos.
Recientemente se ha insistido en que los Evangelios pueden parecerse –yo creo que en general superficialmente- a las Vidas de los profetas (editadas en el tomo II de la colección Apócrifos del Antiguo Testamento, de la Editorial Cristiandad) insistiendo en el influjo ejercido, sobre todo en el evangelista Lucas, por el ciclo profético de Elías y Eliseo. J. Montserrat ha señalado en La sinagoga cristiana (citada el día anterior), pp. 182-183 lo siguiente: “Hay sobre todo en algunos pasajes una neta sobreimposición de la figura de de los profetas Elías y Eliseo sobre Juan y Jesús”. Señala los siguientes paralelos 1 Re 17,2 con Lc 3,2 y 4,1; 1 Re 17,21 con Lc 8,55; 1 Re 17,23 con Lc 7,15; 1 Re 19,20 con Lc 9,59; 2 Re 4,29 con Lc 10,4, 2 Re 4,4 con Lc 9,17. Concluye:
“No puede soslayarse, pues, la evidencia de que Lucas tomó parcialmente como modelo narrativo el ciclo de los profetas Elías y Eliseo”.
Helmut Köster (en Ancient Christian Gospels, citado anteriormente, pp. 26ss) señala los siguientes parecidos con las Vidas de los profetas: la vida de Jesús de Marcos comienza con el bautismo porque es como la vocación profética; la vida pública es como el relato del ministerio profético; la pasión y muerte tienen el interés de legitimar el encargo divino con lo que sucede; también el título de hijo de Dios dado por el centurión al lado de la cruz es un caso de legitimación profética ante las multitudes en contra de las autoridades; el rechazo a la veneración de la tumba de Jesús que muestra el Evangelio se corresponde con el carácter oficial de una biografía profética: sólo se venera la tumba de un sabio; no la del que cumple un encargo divino.
Junto con el posible modelo de la vida de los profetas existen entre los Evangelios y la historiografía helenística judía algunos paralelos en concreto con 1 y 2 Macabeos y algunas secciones del Libro de las antigüedades judías del Pseudo Filón (también editado en el vol. II de los Apócrifos del Antiguo Testamento).
Los aspectos singulares de Marcos -por eso argumentamos que su obra puede considrarse un subgénero de la biografía helenística- son debidos a la intención del autor de ser una historia de Jesús y a la vez la proclamación de un mensaje de salvación que exige la aquiescencia del lector. El que Mateo y Lucas tuvieron aún más claro que lo que estaban escribiendo era una “biografía” de Jesús lo demuestra el hecho de ambos añaden al texto de marcos una genealogía y un breve relato del nacimiento e infancia del héroe para acomodarse mejor a las "reglas" del género.
Sobre esto se ha escrito muchísimo -algún amable lector ha ddo nombres de autores importantes- y soy consciente de que aquí no estamos rozando más que los argumentos principales. Pero, para no cansar más a los lectores con el mismo tema, pienso que con esto debemos concluir esta serie dedicada al vocablo “evangelio” y a sus implicaciones más evidentes.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Los comentarios para este post están cerrados.
Oye, que seguía:
"¿Reconoces tú tu subjetividad? Porque si no lo haces, eres menos objetivo que yo"
Y cometiste un desliz con los posesivos de modo que dices "la razón de MI sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra subjetividad. O algo así."
De modo que, según tu cita, la sinrazón es tuya y sólo tú eres culpable de que tu razón enflaquezca, esa es la razón por la que te quejas de mi subjetividad, en vez de reconocer la tuya.
Convéncete de que nuestra "objetividad" nunca puede desprenderse de un cierto subjetivismo.
Y es más objetivo reconocerlo que no reconocerlo. Lo que digo es razonablemente razonable.
Ahora sí que me voy. Era una tentación liar más las cosas. :)
Doña Sophia:
"Aunque tu subjetividad respecto a los creyentes te impida apreciar la objetividad de mi actitud, a pesar de mi subjetividad reconocida."
Inspirado por semejante comentario sólo puedo añadir que: la razón de mi sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra subjetividad. O algo así.
como también podrían influir las vidas de profetas. Pero, en esencia, el evangelio de Marcos es lo que él dice y pretende, no lo que quiera Plutarco.
Aunque tu subjetividad respecto a los creyentes te impida apreciar la objetividad de mi actitud, a pesar de mi subjetividad reconocida. ¿Reconoces tú tu subjetividad? Porque si no lo haces, eres menos objetivo que yo.
No creo que pueda seguir esta conversación por motivos ajenos a mi voluntad.
Despedida cordial
David Mo,
Ni hay trasfondo ni hay dogmatismo. Yo he afirmado siempre que todos somos subjetivos, que no es lo mismo que dogmáticos. Y doy por sentado que mi deseo de objetividad no elimina mi subjetividad. Lo que también afirmo es que la subjetividad no se puede achacar sólo a los creyentes.
Pero no hay dogma, simplemente creo que se puede saber más de Jesús a partir de los que se molestaron en guardar sus recuerdos que no a partir de la especulación que no los tenga en cuenta como fuente principal. La crítica histórica aporta mucha luz para matizar y comprender mejor, pero la luz se convierte en sombra cuando se asumen hipótesis como certezas, pretendiendo una objetividad que nunca existe.
Para estudiar la obra de Marcos, hay que partir de la obra de Marcos, no de la de un biógrafo griego que no tenía la misma intención al escribir la suya.
Las influencias de unos en otros se podrán exponer y, por ejemplo, podrían darse en algunos añadidos de Lucas, como tambié...
Xabier:
Quizás le he confundido con otra persona con la que haya polemizado al respecto y que mantenía lo mismo que Ud. Si es así, mis disculpas. En todo caso creo que he respondido a su intento de justificar el silencio de Pablo.
De nada Sophia. Yo también veo muy bien en qué consiste el transfondo de afirmar una y otra vez dogmáticamente que los evangelios reflejan lo esencial del mensaje de Jesús. En todo caso yo soy yo y no respondo de las intenciones de quienes afirmen lo mismo que yo. Supongo que a ellos les pasará lo mismo.
Gracias a David Mo he conseguido comprender por qué interesa considerar los evangelios como un subgénero de la biografía helenista, pero me temo, que Marcos deja muy claro de qué va su buena noticia, y las distintas tradiciones que recoge no estaban al servicio de la biografía sino de la transmisión del mensaje de Jesucristo y de la fe en él.
Si la atribución de género fuera para desenfocar el estudio de las obras en sí mismas y de la intención de los autores, y proyectar sobre ellas otras intenciones diferentes de las originales, me parecería una evidente muestra de estudio sesgado.
En cuanto al comentario sobre Pablo que me hace Antonio, no tiene nada que ver con lo que he dicho yo. Pero la respuesta de Xabier me parece correcta.
Bueno, este tema está cerrado, parece, así que cierro también.
Saludos cordiales, y hasta otra.
David Mo:
No sé de qué me hablas. ¿En qué hilo dije yo que los papas no citan a Jesús? Quizás lo dije pero, en este caso no lo recuerdo. Y si me respondiste con encíclicas papales está claro que no vi tu respuesta.
Te agradecería que me digas en qué hilo debatimos eso para que lo revise porque, sinceramente, no lo recuerdo
Xabier:
No sé si a Pablo no le interesaba o no conocía los dichos de Jesús. Pero no los cita prácticamente nunca.
Ud. me respondió que esto normal en cartas. Que tampoco los papas actuales citan a Jesús.
Le proporcioné el ejemplo de dos encíclicas que acababa de leer en las que había una cincuentena de citas de Jesús.
No me respondió. Para mí es claro que en un polemista, como es Pablo con frecuencia, no tiene sentido que no se cite al fundador de la iglesia a no ser que se desconozca o no se quiera hacerlo. Sería como una carta de Lenin sobre el marxismo que no citara a Marx. Absurdo.
(sigue)...que no se citaba las palabras de los biografiados sino su “espíritu”, sea lo que esto fuere y con el grado de subjetividad que implica.
(Mención aparte los historiadores “inventario”, como Diógenes Laercio, que lo único que hace es recoger citas de historiadores del pasado, con frecuencia de siglos).
Sólo me queda saber si el género "evangelio" se acercaría más a este tipo de historia o a la de otros autores posteriores al periodo clásico como Polibio que se pretendían más “objetivos”. Yo tengo una respuesta, pero me gustaría conocer otras opiniones.
Con ánimo de polemizar y tratando de buscar un enfoque distinto: Es un error creer que los historiadores helenísticos pretendían hacer un relato tipo “la historia es así y así se la hemos contado”. El paradigma de la objetividad histórica griega, Tucídides, tenía que ser plenamente consciente de que el discurso que ponía en boca de Pericles era suyo, de Tucídides. Igualmente Jenofonte cuando escribe la apología de Sócrates. Parece ser que era práctica habitual de los biógrafos tomar algunos apuntes que luego adornaban a su gusto. Cuánto de ese gusto era el suyo y no el del biografiado es difícil de adivinar, con lo que hoy en día lo que puede decirse que dijo realmente Sócrates se acaba en cuatro líneas. Antonio Tovar, en los años cuarenta, ya advertía de esta característica de la historia griega y de cómo, especialmente en las biografías, deriva de “apologías”, “panegíricos”, “diálogos”, “diatribas”, “sentencias” y otros géneros literarios en los que el público ya sabía que no se cit...
Antonio:
¿Como sabes que a Pablo no le interesa Jesús? Las cartas de Pablo son para lo que son. No son como los evangelios y, seguramente, en su predicación oral Pablo hablaba de los milagros y de la doctrina de Jesús, aunque en sus cartas se centre sobre todo en su muerte y resurrección.
Un ejemplo, los corintios preguntaron a Pablo acerca del matrimonio y el divorcio y, en 1 Corintios 8, Pablo les responde distinguiendo entre lo que dice "el Señor" y lo que "digo yo, no el Señor". También hay cuestiones morales en otros apartados de sus epístolas, pero se ha dicho hasa la saciedad que sus epístolas no son para narrar, sino para responder dudas de sus lectores, alentarles, agradecerles algo o, en ocasiones, reprenderles.
Sra Sofia, lo siento, pero a Pablo no le interesa para nada Jesus.
Pablo solo predica a Cristo, y este cricificado, toda su teologia se basa en lo mismo. El propio Pablo,lo puede decir mas alto pero no mas claro m´´as de 100 veces.
Abra los ojos de una vez, y si le interesa el tema, busque las causas e investigue sobre el mismo, pero no nos cuente milongas.
Se dice: "Estimo que Marcos pretendía conscientemente corregir el punto de vista paulino... Para Marcos, por el contrario, también la vida de Jesús contenía otros hechos y dichos que afectaban a la salvación.".
Con esto, indirectamente, ya se esta afirmando la influencia paulina (kerigmatica)en Marcos. ¿No le parece?
Es una pena que dejemos el tema.
Como nadie comenta el artículo Evangelio y Evangelios de J.Pelaez, citado por Julio, ahí va este párrafo:
"Las diferencias de los evangelios con las biografías de la antigüedad helenística contrastan claramente: la persona de los autores de los evangelios es, en realidad deconocida, y la vida de Jesús, héroe del relato evangélico no es descrita biográficamente... En los evangelios, los acontecimientos de la vida del protagonista se narran desde la fe; de ellos interesa más su obra, enseñanza, pasión, muerte y resurreción que sus coordenadas biográficas."
Sin ánimo de polemizar yo también afirmo que se "saca las cosas de la manga" quien utiliza como prueba de sus afirmaciones una tautología.
Dice hoy: El evangelio de Marcos no es la pura plasmación del Kerigma primitivo sobre Jesús... su autor pretendió conscientemente hacer una historia del año y pico de la vida pública de Jesús. Una prueba de este aserto es el hecho de que el primer evangelio... son... reelaboraciones de textos anteriores... con la intención de ofrecer una historia seguida a partir de..."
¿Es o no una tautología, más que una prueba?
pero si intentaran ser biográficos, pues serían una biografía muy sui géneris que puede que pertenezca al género biográfico, pero no parece que al subgénero helenista.
De todas maneras daría igual que el género fuera único o no. A menos que sirva de pretexto para no estudiar las obras en sí mismas sino bajo la perspectiva de prejuicios ajenos a ella, alegando que es necesario despojarla de los "prejuicios" del autor que decía que estaba proclamando una buena noticia.
Esto es lo que se ve desde la barrera de público lector ávido de compartir la sabiduría ajena.
Saludos cordiales.
El cristianismo no es Pablo.
Marcos no parece surgir para corregir una concepción paulina del cristianismo, sino para reunir los dichos y hechos dispersos que son la buena noticia de Jesús, que pasó a llamarse buena noticia como género.
Si existían esas tradiciones, es porque indudablemente importaban los dichos y hechos de Jesús.
Y eso, independientemente de que a Pablo le importaran más o menos, que no es algo que nos tenga que importar demasiado a nosotros, que ni somos de Pablo ni de Apolo.
Y si la intención del autor era esa proclamación de la buena noticia, eso es lo que define la obra, por mucho que existan elementos comunes con otras.
Si luego Lucas añade datos, comparando con biografías helenistas o con "vidas de profetas", esa es otra cuestión. Es muy posible que entonces Lucas se pueda considerar una biografía, con influencias variadas.
En el caso de Mateo, parece que se trata de otro tipo de relatos, pero si intentaran ser biográficos, p...
Salud para todos. En efecto, se me ha adelantado el profesor Piñero, pero algo que iba a añadir a los comentarios de ayer es que un dato relevante para calificar como biografía -no sólo como tal, obviamente- los evangelios es que Mateo y Lucas amplian los datos sobre la vida de Jesús respecto de Marcos. Y pensemos también en que esta tendencia biográfica aún queda más patente en algunos evangelios apócrifos, como pueden ser los de la infancia. Realmente no podemos negar el valor y la intención biográfica -no exclusiva- de los "evangelistas".
Que pasen todos un buen día.
Sábado, 26 de mayo
Josep Carles Laínez
Angel Moreno
Carmen Guaita
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Religión Digital
Julián Moreno Mestre
Alejandro Córdoba