El blog de Antonio Piñero

Sobre el evangelio como género literario único (XII)

27.08.08 | 07:33. Archivado en Biblia/Evangelios,
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Hoy escribe Antonio Piñero

Es bastante usual considerar los evangelios canónicos como un género literario único dentro de la literatura griega antigua. Esta opinión es sostenida por comentaristas y críticos de cualquier tipo y sesgo, ya conservador o incluso radical. La conocida Historia de la literatura cristiana primitiva de Philip Vielhauer (versión española de Editorial Sígueme, Salamanca, de 1990) tratadista poco conservador afirma:

Los pasajes aislados de la tradición sobre Jesús fueron configurados y transmitidos según los géneros de la época, pero la exposición conjunta de la actividad de Jesús no tiene precedente en la historia de la literatura. Como afirma Martín Dibelius, “Los evangelios como género constituyen algo nuevo y autónomo en la historia literaria; su material sólo tiene paralelos en la tradición religiosa de diversas épocas y lugares, en los que se han agrupado y conservado las palabras y acciones de hombres santos dentro del círculo de sus seguidores (p. 372).

Siempre me ha parecido que esta posición no está carente de dificultades, y no es fácil formarse una opinión precisa.

En primer lugar: en mi opinión, las teorías propuestas para explicar el porqué de la forma “evangelio”, considerada implícitamente como única, no son muy satisfactorias:

· Ni la teoría del puro “desarrollo inmanente de la tradición sinóptica” (es decir: por sí misma, necesariamente, esta tradición habría de acabar siendo una biografía),

· Ni la teoría de la existencia de un “marco previo” (es decir: como existía un encuadre cronológico y geográfico para el material sobre Jesús, éste debía acabar también en una suerte de “vida” del personaje),

· Ni la teoría del influjo de las biografías de los “hombres divinos” (sencillamente porque no había muchas, como género),

· Ni simplemente la voluntad de una autor determinado (en nuestro caso, Marcos) decidido a redactar un “evangelio”.

Segundo: También deja un poco confuso la constatación de que es cierto que en la literatura antigua no poseemos obras que puedan parecerse estrictamente a lo que es el primer evangelio llegado hasta nosotros, el de Marcos. La comparación con las “biografías” realizadas por autores antiguos, como las “Vidas paralelas de Plutarco”, la de Luciano cuando narra las peripecias de Peregrino Proteo, Las “Vidas de los Césares” de Suetonio, tampoco deja satisfecho al investigador porque las diferencias son muy notables.

Comenta José Montserrat -en La sinagoga cristiana. El gran conflicto religiosos del siglo I, Muchnik –luego reeditado por Trotta recientemente- Barcelona 1989, p. 181- que

“Dos características determinan la diferencia de los evangelios en el seno del tipo general (al que podrían pertenecer, el género de “hechos y dichos” de un personaje notorio dentro de la literatura griega): el contexto semítico y la singularidad del personaje, divino o casi divino. La literatura griega antigua ofrece prácticamente un único ejemplo de “vida y dichos de un hombre histórico semidivinizado, aparte de los Evangelios: la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato, escrita en el siglo III. Pero esta obra presenta claras influencias de los evangelios cristianos. Para encontrar un paralelo exacto a los Evangelios hay que remitirse a las Vidas de Buda de la antigua tradición pali, que ofrecen una sucesión de hechos, milagros y dichos de estructura muy parecida a la de los Sinópticos”.

Mas, por otro lado, si hacemos hincapié en el hecho enunciado al principio, a saber que los evangelios están basados en bloques previos o colecciones anteriores de dichos, milagros, narraciones de hechos portentosos de un héroe, Jesús, y que cada bloque fue compuesto de acuerdo con los géneros y normas de la época, ello nos haga matizar, reduciéndola a un tono menor, la afirmación de que los evangelios son un género literario singular. Y me da la impresión de que cuando se insiste demasiado en esa “singularidad” de los evangelios se procede un tanto apriorísticamente: se la enfatiza porque ya previamente, por la fe, tiene un carácter sacro.

En tercer lugar, hablar de “género literario único” parece redundante, pues por definición todo género literario es en sí único ya que se agrupa en un “género literario” a obras que muestran una cierta peculiaridad formal y material que las distinguen de las demás. Por ello bastaría decir que los Evangelios pueden quizá constituir “un género literario”.

En cuarto, cuando se intenta definir formal y materialmente ese género singular, creo que no se puede reprimir una cierta insatisfacción metodológica. ¿Cómo puede definirse este género singular? Pues obviamente buscando su singularidad. Entonces se sostiene comúnmente que un evangelio formalmente–como género literario específico- es un relato que se ocupa de la vida pública de un personaje o persona significativa, compuesto a base de unidades separadas de tradición que sitúan a ese personaje dentro de las Sagradas Escrituras de los judíos; y materialmente el género “evangelio” consistiría en el mensaje de que Dios actuaba en la vida, muerte y resurrección de Jesús cumpliendo las promesas divinas que se hallan en esas Escrituras judías. Con otras palabras: se definiría el género ‘evangelio’ como el escrito que nos presenta las actuaciones de Dios y de Jesucristo como su agente para la salvación de los humanos.

Pues bien, no me convence cualquier tipo de definición formal y material de “evangelio” que camine por estos derroteros… y me parece difícil que pueda caminar por otros, si se insiste en la singularidad del evangelio. Sólo es singular el “evangelio” porque formula un juicio sobre Dios, sobre Jesucristo y su actuación respecto a la salvación de la humanidad. Ahora bien, ¿se atrevería un historiador profano de la literatura griega helenística en hacer hincapié de este modo en la forma y la materia del “evangelio”? ¿No sonaría esta especificación a algo parecido a definir la épica griega como la “intervención de los dioses en la vida de los hombres”?

Y si lo definimos de otro modo vendremos a incidir tarde o temprano en lo que deseo defender, a saber que –prescindiendo del mensaje religioso, que puede ser variado- el evangelio es simplemente un subgénero de la antigua biografía de época helenística. O para emplear la terminología de José Montserrat: se trata del “subgénero biográfico de hechos y dichos de un personaje ilustre”.

Y si no insistimos demasiado en que los evangelios son un género literario “singular” y los incluimos, como historia que pretendían ser, en el género global de las biografías de época helenística (aunque, como subgénero, algunos deseen hablar del tipo de “vida de los profetas”), esta simple acción tendrá su trascendencia psicológica para el historiador: si se trata de una biografía de algún modo, es legítimo cuestionarse sobre la historicidad de los relatos que contienen.

Seguiremos. Saludos cordiales Antonio Piñero

11 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por MIGUEL 28.08.08 | 22:45

    No creo que ningun historiador que se precie, se deje unfluir por esta mal llamada singularidad de los Evangelios como genero.
    Por cierto, siempre me he hecho la siguiente pregunta: Cuando se habla del evangelio de S.Marcos por ejemplo. ¿Se quiere decir que el tal S.Marcos (sea quien fuere el personaje) es el que escribe de puño y letra?. O bien es el "productor", es decir el que da instrucciones para su escrito, se responzabiliza ect, y no necesariamente el que lo redacta.
    No es lo mismo dictar (o escribir), que exponer un tema.

  • Comentario por sofía 28.08.08 | 16:58

    Alfonso, creo que la cuestión no es que participen del género de la biografía en cierto sentido, sino que sólo participan en cierto sentido. Tanto de las helenistas como de las "biografías de los profetas", por lo visto.
    Evidentemente los evangelios son distintos.
    Antonio,
    No estoy de acuerdo con lo que dice. Evidentemente si en quien creen es en Jesús, guardan sus palabras y sus recuerdos. Además se añaden cosas, vale. Pero se conservan con todo cuidado también. Pablo es Pablo, y Jesús es Jesús. Y no hay más que leer a uno y al otro. No hay color. A mí no me ha gustado nunca Pablo, hasta que me lo han empezado a explicar, y siempre me ha caído bien el Jesús de los Evangelios. Es la misma persona vista desde unas cuantas perspectivas, para que tú puedas formar la tuya. Contradicciones siempre hay en la vida. De eso se trata.

  • Comentario por Antonio 28.08.08 | 16:46

    De ahí el silencio de San Pablo sobre el Jesús histórico. No interesa , estamos en “otro nivel”.
    Nada es literal, ojo, ni siquiera la Resurrección (entendida con la obtusa mente del siglo 21).
    Esto se puede avalar en cantidad de versículos del N.T.

    El Documento Q, está completamente inspirado por el E.S., no tiene ningún valor histórico, y las Evangelios con más motivo.


  • Comentario por Antonio 28.08.08 | 16:45

    Llevo varios días leyendo los distintos artículos de éste blog, relacionados con Los Evangelios, y sus comentarios, y creo que perdemos un poco el norte, y “los arboles no nos dejan ver el bosque”.
    Por supuesto que todo los escritos NO son reales, y nadie pretende que lo sean, y ni falta que hacen.
    Recordad, en Pentecostés quedan investidos con el Espíritu Santo. Desde ese momento, todo queda bajo la interpretación del E.S.. Es el triunfo de lo espiritual sobre lo material. La carne, y sus obras queda superada, ya no tienen validez. Por tanto todo se reinterpreta bajo el espíritu. Los dichos y hechos de Jesús, son un instrumento para conocer su Espíritu, un medio para llegar a un fin. Si éstos son ciertos o figurados, da igual. El poder del E.S. es tan grande que para los escritores y sus lectores, no tiene importancia la veracidad de los relatos. (no nos extrañemos, esto pasa muchas religiones orientales, y hasta en el movimiento hipie.
    De ahí el silencio de San Pa...

  • Comentario por Alfonso 28.08.08 | 13:22

    Estimada Sofía, yo no encuentro que en el artículo se diga que los Evangelios son un subgénero de la biografía helenística "con la intención" de hacer destacar sus defectos, sino que sencillamente es la conclusión -con la que se puede no estar de acuerdo- a la que se llega. Es decir, los evangelios cristianos se integran dentro de las biografías. Por otro lado, en uno de los artículos que cita Julio, el de Miralles, no se niega ni se afirma que se trate de un subgénero de las biografías, sino que sencillamente se expone como la expresión "evangelio" no se identifica con la "biografía" de un personaje hasta el cristianismo, con lo que, realmente, parece inclinarse por incluir los evangelios dentro de tales biografías; el artículo de la profesora Miralles, por tanto, no entra en el fondo de si se trata de una biografía al uso helenístico o no, sino sencillamente en la denominación de "evangelio" a ese género o subgénero de las biografías.
    Un saludo.

  • Comentario por sofía 28.08.08 | 00:56

    Gracias por la bibliografía. Aunque como representante de esa línea ¿qué mejor que Piñero?, y por ahora no me convence lo que ha dicho.
    Aunque la verdad, es que me daría igual que fueran un subgénero del género biografía helenística. Sólo que no sé en qué se parecen a qué cosa que no sea ellos mismos. Desde luego eso no los hace ni más ni menos "sacros"
    Pero espero con interés ver cómo sigue el asunto.

  • Comentario por Alberto 28.08.08 | 00:20

    No recuerdo dónde, pero hace tiempo encontré una línea de investigación que consideraba que los evangelios cumplen criterios para ser considerados biografías, al estilo helenístico del siglo I. Anoté los siguientes autores (por si es útil a alguien):
    *Clyde Weber Votaw
    *Peter Georgi
    *David Laurence Barr
    *Judith L. Wentling
    *Gilbert G. Bilezikian
    *Graham N. Stanton
    *Charles H. Talbert
    *Philip L. Schuler
    *Klauss Berger
    *Richard A. Burridge

  • Comentario por sofía 27.08.08 | 15:17


    2.- Resulta que se parte del prejuicio de que su singularidad es un prejuicio "sacro" que hay que contrarrestar. Eso debe ser "objetividad", supongo.
    Saludos cordiales.

  • Comentario por sofía 27.08.08 | 15:16

    La conclusión que he sacado de este artículo es que aunque los evangelios son un género literario en sí, distinto de cualquier otro, conviene considerarlo un subgénero de la biografía helenística para así cuestionar sus defectos históricos como biografía helenística.
    Más claro agua.
    Añado que cuando dice el profesor:
    "que cada bloque fue compuesto de acuerdo con los géneros y normas de la época, ello nos haga matizar, reduciéndola a un tono menor, la afirmación de que los evangelios son un género literario singular. Y me da la impresión de que cuando se insiste demasiado en esa “singularidad” de los evangelios se procede un tanto apriorísticamente: se la enfatiza porque ya previamente, por la fe, tiene un carácter sacro"
    En dónde veo dos problemas:
    1.- Los bloques de los que se componen no parecen los propios de la biografía helenística, si es así, rogaría una aportación de pruebas consistentes, pues a los legos en la materia no nos lo parece en absoluto.<...

  • Comentario por sofía 27.08.08 | 14:24

    Gracias por la pista de Peláez y koinonía, Julio.

  • Comentario por Julio 27.08.08 | 12:42

    La afirmación: "El evangelio es simplemente un subgénero de la antigua biografía de época helenista", es sencillamante otra de tantas como este señor suele sacarse de la manga; sin fundamento "in re", que dicen los escolásticos.
    Vean lo que sobre el tema dice: Jesús Pelaez en Evangelio y evangelios, publicado en Koinonía. RElat.303
    Y Lorena Miralles Macía,profesora de la Universidad de Granada, en Euaggelion y BeSOAH en la Literatura Judía Pagana. (WWW.ugr.es)


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