El blog de Antonio Piñero

El ritual de los sacrificios (II). La magia en el Antiguo Testamento (VI).

23.08.08 | 07:31. Archivado en Biblia en general,
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Hoy escribe Antonio Piñero

En el libro deuterocanónico de Tobías (cap. 6) encontramos una historia semejante de remedios mágicos contra las enfermedades, pera esta vez dictados por un ángel. Tobías, en compañía de un espíritu celeste, se pone en camino para encontrarse con la que había de ser su esposa. Al lavarse los pies en un río durante el trayecto, saltó del agua un gran pez con la intención de devorar una de sus extremidades. Pero el muchacho logró apoderarse del pez y lo arrastró a tierra. La atmósfera del texto da a entender que la pesca es milagrosa. El ángel le instruyó entonces así:

"Abre el pez, sácale la hiel, el corazón y el hígado porque son remedios útiles".

Un poco más tarde, preguntó el joven al ángel, su compañero de viaje:

"¿Qué remedios hay en el hígado, el corazón y la hiel de este pez?"

El espíritu le respondió:

"Si se quema el corazón o el hígado de este pez ante un hombre o una mujer atormentados por un demonio o un espíritu malo[la Vulgata lee aquí omne genus daemoniorum, es decir cualquier tipo de espíritu malo], el humo ahuyentará todo mal y lo hará desaparecer para siempre. En cuanto a la hiel, untando con ella los ojos de un hombre atacado por manchas blancas, y soplando sobre ellas, queda curado" (6,8-10).

El pasaje transcrito no hace otra cosa que recoger un rito mágico también conocido en el entorno (por ejemplo, en el mundo grecorromano la hiel tenía cualidades medicinales como testimonian Plinio, Historia Natural 32,24 y Galeno, Sobre las potencialidades de los remedios sencillos X 2,13) y sancionarlo con la aprobación divina por medio del ángel Azarías (= Rafael).

Al final del mismo capítulo del Libro de Tobías, el corazón y el hígado del pez habrán de servir de hecho -convirtiéndose en humo arrojados a las brasas de un incensario- para ahuyentar al demonio que, enamorado de la joven Sarra, había matado a sus siete maridos anteriores (6,17-18). Todo ocurre tal cual predice el ángel. El olor del pez expulsa al demonio, que escapa por los aires a Egipto. El ángel Rafael lo persigue, le da alcance, lo ata de pies y manos en un instante y lo encadena (8,1-3).

La versión de la Vulgata cae en la cuenta del sesgo mágico de la acción e intenta evitarlo atribuyendo la acción a Rafael directamente: Tunc Raphael angelus apprehendit daemonium = Entonces el ángel Rafael se apoderó del demonio.

Pero, partiendo del supuesto que lo corpóreo no puede ejercer poder sobre lo espiritual, tenemos aquí un caso claro de magia. Los comentaristas sienten notable embarazo ante el texto y buscan alguna explicación en la alegoría: el hígado simboliza el poder de Dios; el acto es una especie de rito sacramental, pero el verdadero operante es Dios. Los exegetas protestantes aceptan con mayor naturalidad que este pasaje representa un acto de magia. Bien es verdad, sin embargo, que en el cap. 12, en el discurso de Rafael, el autor afirma que toda la acción es obra de Dios y que poner de relieve esta acción divina es la intención primaria del libro. Pero el autor cree sin duda en la magia, que la divinidad utiliza para sus fines.

Hay otros textos judíos que reflejan un remedio parecido. Así Pesiqta 40a: para expulsar al demonio, hay que tomar ciertas raíces, se queman y el humo producido más una aspersión de agua expelen al diablo. Flavio Josefo dice en Antigüedades 8,2-5 y Guerra de los judíos 7,6,3 que existe cierta raíz que expulsa a los espíritus. Las fumigaciones con fórmulas mágicas eran corrientes entre los babilonios; véase un artículo del biblista Maximiliano García Cordero, "Los espíritus malignos según las creencias judías del tiempo de Jesús", Ciencia Tomista 80, tomo 116 (1989), p. 430.

Otros ritos expiatorios propiamente israelitas, que prolongan antiguos usos de aguas lustrales se adscriben en el ámbito de la fe en la potencia de ciertas materias dotadas de una especial eficacia mágica. Así, la preparación del agua y sangre lustrales para la purificación del leproso tal como lo prescribe el Código Sacerdotal (Lv 14,4ss): el sacerdote mandará traer, dice el texto:

"Dos pájaros vivos y puros, madera de cedro, púrpura escarlata e hisopo. Después mandará inmolar a uno de los pájaros sobre una vasija de barro con agua pura. Tomará luego el pájaro vivo, la madera de cedro, la púrpura escarlata y el hisopo y lo mojará, junto con el pájaro vivo, en la sangre del ave inmolada sobre el agua pu¬ra. Luego rociará siete veces al que ha de ser purificado de la lepra. Y, tras declararle puro, soltará en el campo el pájaro vivo".

Otro uso claro de esta especie de magia es la preparación -para limpiar los pecados y la impureza ritual causada por el roce con un cadáver- del agua lustral a base de las cenizas de una vaca roja, tal como se prescribe en Nm 19. En la disposición interviene también la madera de cedro, el hisopo y la grana; todo ello, mezclado con las cenizas de la vaca roja ofrecida previamente en sacrificio, servía para preparar un agua lustral con la que se purificaba al que había tenido contacto, por ejemplo, con un cadáver.

Véanse en especial los vv. 20-22:

"Pero el hombre que quedó impuro y no se purificó, ese será exterminado de la asamblea, pues ha manchado el santuario de Yahvé. Las
aguas lustrales no han corrido sobre él: es un impuro".

El texto destaca el poder del agua lustral por sí. Esta creencia debía ser muy antigua y fue regulada por el Código Sacerdotal (P), al igual que otras instituciones hoy curiosas: las campanillas del vestido del sumo sacerdote (Ex 28,33s), el agua amarga de la ordalía de Números 5 y el chivo expiatorio (Lv 16).

Este rito tiene muchísimos paralelos en la historia de las religiones de otros pueblos muy diversos (navajos, basutos, tibetanos, etc., según recoge Frazer, The Golden Bough (“La rama dorada”) I 322-325. Para el mundo clásico, véase por ejemplo Virgilio, Eneida 6,228-231; Ovidio, Fastos 4,639.725.733 (también cenizas de una ternera mezclada con aguas lustrales). El contacto con un muerto también hace impuro: Eurípides, Ifigenia en Táuride, 380-383; Helena, 1430. Hay un paralelo avéstico para la mezcla de agua con algún producto de la vaca en el Vendîdâd 5,51; 7, 73-75 (orín de vaca más tierra y agua).

Por último en la Antigüedad se decía también que de la grana y las maderas de cedro e hisopo (quizás el origanum marjoranum) se obtenía un producto que tenía propiedades medicinales.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

8 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:15

    (VII) tú ocultas algo ante otros. Paneaj no tiene traducción alternativa). Las palabras pueden esconder ideas; estas, simbolismos más amplios. A un paso muy corto queda el doble sentido de la alegoría, la metáfora o la parábola, pero no siempre hay que calificarlos como magias ni como milagros ya que dependen del paralelismo que quiso reflejar su autor. Toda metáfora proviene de una realidad: la que su originador tenía en mente, aunque quede provisionalmente oculta para la mayoría. También podría definirse como un engaño transitorio (mientras no se descubra) con el que el autor dice una verdad: su verdad, la que tenía en mente, que sólo puede descubrirse a base de acumular las pruebas que delaten su pensamiento original a través de las pistas clavadas por el camino. La cumbre sería el apocalipsis (la revelación) y ciertos apócrifos. El cómo se utilizó todo eso posteriormente, sin demostración, fue otra historia.

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:14

    (VII) siervas y siervos, camellos y asnos.”
    El autor enlaza ciertas sugestiones e inducciones misteriosas, pero el lector no se las explica; sólo le queda seguir el relato y olvidar mayores preocupaciones de entendimiento soterrado, el cual sólo podría llegar a alcanzarlo en hebreo. La función clave de las varas así utilizadas es el meollo para dar continuidad a una situación literaria que implica dejar perplejo al lector pero sin complementar los motivos ni los procesos que ejercen las varas. El lector se queda con la magia como única solución, pero sin explicación directa. Si el autor intentara razonarlo, no podría ya que se pillaría los dedos en las explicaciones. Físicamente le sería imposible, salvo que argumentara que hay un doble sentido hacia algo “escondido”. Eso ya no lo va a hacer, excepto si se descubre con las pistas que ha dejado plantadas. De hecho, posteriormente en Ge 41, 45, Faraón le llama a su hijo José “Safnat Paneaj” (Safnat = tú escondes, tú guardas, tú res...

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:12

    (VI) Ge 30, 37-43: “Entonces Jacob procuró unas varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y labró en ellas unas muescas blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas. Luego hincó las varas así labradas en las pilas o abrevaderos a donde venían las reses a beber, justo delante de las reses, con lo que estas se calentaban al acercarse a beber. O sea que se calentaban a la vista de las varas y así parían crías listadas, pintas o manchadas. Luego separó Jacob los machos, echándolos a lo listado y negro que ahora había en el rebaño de Labán, y así se fue formando unos hatajos propios, que no mezclaba con el rebaño de Labán. Además, siempre que se calentaban las reses vigorosas, les ponía Jacob las varas ante los ojos en las pilas, para que se calentaran bajo el influjo de las varas. Pero cuando el ganado estaba débil no las ponía, de modo que las crías débiles eran para Labán y las vigorosas para Jacob. Así que éste medró muchísimo y llegó a tener numerosos rebaños,

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:10

    (V) Se puede considerar como magia o no, dentro del abanico que cada cual crea pertinente, aunque puede estar siendo el puro reflejo del proceso que el autor tiene en mente y cuyas pistas ―para poder adivinar lo que el texto lleva “dentro”― ha ido “sembrando” y “añadiendo” por el camino. Es la perícopa de la Prosperidad de Jacob (Ge 30, 25). Tras el nacimiento de José (su significado es precisamente: añadido, ampliado, continuado, incrementado, acumulado, prolongado, reiterado, recalcado, vuelto a hacer, etc.), Jacob prevee independizarse astutamente y a la larga (a tenor del resultado) de su suegro Labán quien le dice que fije su paga. Jacob sólo le pide “toda oveja negra y las cabras pintas y manchadas”; Labán se quedaría con las ovejas blancas y las cabras de un solo color. No se especifican los porcentajes existentes, se abstraen; eso no es lo importante.

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:08

    (IV) metáforas o parábolas que conduzcan a alguna adivinación o “REVELACIÓN”. Esa revelación es el “quid” de la cuestión. El profesor Piñero sitúa en sus primeros párrafos textualmente: “Todo ocurre tal cual predice el ángel”. En realidad quien lo está prediciendo, físicamente, ―mientras no se demuestre lo contrario― es el propio autor, quien es dueño de manejar los hilos de lo que narra. Interfiere con algunas situaciones de la vida real que conoce, como protocolos rituales y fórmulas, para combatir supuestas entidades maléficas como los demonios, que los sitúa en un contrapunto narrativo para dilucidar sus propias situaciones literarias que ha ido creando. Nunca expresa que crea en ellos o deje de creer; sólo los utiliza de igual modo que las narraciones de otras culturas.
    Existe en Ge 30 un pequeño pasaje, no muy “publicitado” precisamente por falta de aparente dislocación lógica y coherente, que es muy significativo de lo anteriormente expuesto.

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:07

    (III)Usa la artesanía de las palabras y los conceptos como cree conveniente, hasta el límite que considera necesario. El hecho de cómo el receptor los asuma ya no depende del autor. Muchas veces se ha expresado que los relatos bíblicos están redactados como lo escueto de un infome, debido a que el futuro receptor desea hilvanar todos los porqués, que pocas veces se dan, cuando no aparecen con sucesivas nebulosas de misterio. Si ciertos pasajes fuesen tan determinantes para extrapolar consecuencias de cierta envergadura, deberían de tener una “explicación lógica AÑADIDA” y eso es precisamente lo que anhela y busca el analista. Caso de la creación, el diluvio, el paso del “mar de las algas o de las cañas” (nunca está escrito mar Rojo) donde también hay cierta magia, etc. Analizando ciertas cosas con asepsia equilibrada se percibe que es el autor quien dirige lo que le interesa, pero tienen que existir determinadas razones para emplear ciertas narraciones con sus simbolismos, alegorías, ...

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:03

    (II)...entendido como la única posibilidad atávica y favorable de resolver determinadas situaciones que en un momento parecen que son o van a ser adversas. Incluso se aprendió a usarlas de forma preventiva antes de que lo supuestamente indeseable sucediera, constituyendo uno de los mecanismos más antiguos en todas las religiones para fomentarlas a cambio de esa supuesta seguridad que no siempre funciona estadísticamente. Es un hecho social asumido. La cuestión puede ir bien o ir mal, aleatoriamente, aunque al menos se intenta como recurso fácil y único ante la falta de soluciones más precisas con tácticas de conocimiento para dominar una situación. Entra en juego la sicología individual o social aplicada sobre lo que se desee, aunque sin seguridades absolutas.
    Pero curiosamente existe un campo donde esos resultados sí se pueden teledirigir o doblegar a voluntad: la propia literatura, donde el autor es dueño de lo que va a relatar y sus consecuencias.

  • Comentario por Agnosticus 25.08.08 | 06:02

    (I) El pensamiento del autor/es de los primeros libros bíblicos, considerado en parte como existencial, también está imprescindiblemente ínmerso en la supervivencia grupal y es acorde a los exiguos medios con que disponían para mantenerla. Posteriormente ese hecho se mezcla con lo ético y luego con lo jurídico como avance de cualquier sosciedad emergente. Por el camino se sitúan tres escalones ―al principio es difícil asegurar que se hace de forma consciente, aunque cada autor posterior adopta y continúa lo ya iniciado―: las deidades (Elohim, Yavhé; Sadai, etc.), los ángeles (figura literaria que aparece en “trabajos secundarios”) y determinados mortales (protagonistas) cuyas acciones exitosas, o no, son fáciles de trasladar por el lector o el oyente, a nivel ético o educacional. Hablamos siempre de los sentidos literarios de los textos.
    En medio se sitúa ese elemento universal aún vigente que es la magia y los rituales, en su sentido más amplio,...

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