La función reelaboradora de los profetas cristianos primitivos. El vocablo Evangelio (IX).
20.08.08 @ 07:03:50. Archivado en , CRISTIANISMO
Hoy escribe Antonio Piñero
Para los momentos de paso de la tradición oral a la escrita que estamos considerando me parece necesario mencionar también la labor de reelaboración que de los dichos de Jesús realizaron los profetas cristianos que hablaban inspirados por el mismo espíritu del Maestro.
La tesis fundamental que quiero defender –cuya explicación me exigirá algún que otro rodeo y ciertas aclaraciones breves- es la siguiente: opino junto con muchos otors que ciertas palabras de los profetas cristianos primitivos, pronunciadas en nombre de Jesús resucitado que los inspira con su Espíritu, se introducen dentro de la tradición del Jesús terreno sin ninguna marca distintiva especial, con lo que se confunden con éstas. Por tanto, hay “palabras de Jesús” en los Evangelios que no son propiamente de éste, sino de los profetas primitivos que hablaron en su nombre. La explicación de este proceso es sencilla: Jesús vive en la comunidad; los profetas inspirados participan de su mismo Espíritu. Lo que diga un profeta inspirado es como si lo dijera Jesús.
Con otras palabras en la tradición se introducen “palabras de Jesús” que éste en verdad jamás pronunció no con la fórmula “Un profeta dijo que Jesús dijo”, sino simplemente “Jesús dijo”.
Hablar en nombre de otro porque se poseía parte del espíritu de éste era algo normal en el ambiente profético de Israel y del Oriene en general. La tradición venía desde muy antiguo y formaba parte de un universo mental en el que se consideraba que el espíritu, en concreto el divino, era de algún modo divisible y compartible. Una historia de Moisés relatada en Números 11 explicita claramente esta idea. Estaba Moisés sufriendo mucho por el descontento del pueblo cuando caminaba por el desierto, deseaba comer carne y no la había. Entonces murmuraba contra su dirigente. Moisés clamó a Dios desesperado y en oración le decía: “No puedo soportar solo a este pueblo. Me pesa demasiado” (Núm 11,14).
Entonces Yahvé halló la solución de no hacer recaer la carga de regir al pueblo sólo sobre los hombros de Moisés, sino que escogió para él 70 ancianos que le ayudasen. Pero para cumplir esta función debían de participar del espíritu que poseía Moisés. Prosigue el texto:
Yahvé respondió a Moisés: «Reúneme setenta ancianos de Israel, de los que sabes que son ancianos y escribas del pueblo. Llévalos a la Tienda del Encuentro y que estén allí contigo. Yo bajaré a hablar contigo; tomaré parte del espíritu que hay en ti y lo pondré en ellos, para que lleven contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo” (Nm 11, 16-17).
De Elías se cuenta también en el Antiguo Testamento que dijo a su discípulo Eliseo: “‘Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea apartado de ti’”, y Eliseo de dijo: ‘Que tenga yo dos partes de tu espíritu’” (2 Reyes 2,9). Elías le emplaza para un momento posterior a su marcha a los cielos porque todavía no sabe si puede garantizar la concesión del contenido de esa súplica.
Así ocurre. Cuando Elías es transportado al mundo celestial por un carro de fuego, quedó con Eliseo el manto del maestro según se cuenta un poco antes (1 Re 19,1): "Partió Elías de allí (el monte Horeb) y encontró a Eliseo, hijo de Shafat, que estaba arando. Pasó Elías y le echó su manto encima; él abandonó los bueyes...y entró a su servicio". El manto de Elías tenía propiedades milagrosas, como se demostró poco después. Al caer sobre Eliseo, cambió su mente y designios y, una vez que Elías fue asunto al cielo, pasó junto con la prenda todo el espíritu (2 Re 2,19) de Elías, junto con el poder taumatúrgico, a su discípulo Eliseo.
En tiempos del Nuevo Testamento tenemos aún un caso semejante, el de Simón, denostado como mago por los cristianos. Aun dejando aparte las posibles exageraciones de los Hechos de los apóstoles (8,18ss)- sea verdad o no que el personaje estuviera implicado en un caso de querer comprar con dinero una participación del Espíritu –en este caso relacionado probablemente también con el poder de hacer milagros: véase Hch 8,13- , lo cierto es que el texto da testimonio fehaciente de que en esos momentos todos creían en esa posibilidad de la transmisión "física" del Espíritu. Y es cierto también que al principio las comunidades cristianas no tenían cargo alguno establecido, sino que eran gobernadas por maestros y profetas.
De la existencia de profetas en el cristianismo primitivo dan testimonio los siguientes pasajes del Evangelio de Mateo: 5,12: “Alegraos y regocijaos porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros”; Mt 7,22: “Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor! ¡Señor! ¿no profetizamos en tu nombre?; Mt 10,41: “El que recibe al profeta como profeta tendrá recompensa de profeta…”; Mt 10,34: (habla Jesús como encarnación de la Sabiduría divina) “Por eso os envío yo profetas, sabios y escribas…”.
Sobre la función de los profetas (y maestros) en la vida y “organización” de los primeros cristianos, al menos los paulinos, da testimonio Rom 12,6-7: “Así todos tenemos dones diferentes, según la gracia que nos fue dada, ya sea la profecía según la medida de la fe; ya sea ministerio para servir; el que enseña en la enseñanza…”; igualmente 1 Cor 12,10 (“… a otro [dios le otorga] profecía…) y Ef 4,11 para momentos posteriores: “Y Él constituyó a unos apóstoles, a otros, profetas…”.
Los trances y rasgos extáticos de los profetas cristianos parecen claramente en 1 Cor 12 y 14 de modo que, según el mismo Pablo, vistas desde fuera una reunión de cristianos celebrando exaltadamente sus oficios litúrgicos podría ofrecer la impresión de que los fieles estaban fuera de sí o ebrios. En Hch 11,27 o Ap 10,11 podemos ver a ciertos profetas cristianos en acción (Ágabo vaticinando una hambruna; el vidente que recibe la orden “Es preciso que de nuevo profetices a los pueblos, a las naciones, a las lenguas y a los reyes numerosos…”).
Según Hch 13,1, la tarea de los profetas no se distingue demasiado de los maestros: “Había en la iglesia de Antioquía profetas y doctores…”. No aparece en el Nuevo Testamento la tensión, muy propia del Antiguo Testamento, entre los profetas cristianos y el resto del pueblo fiel; la misión de los profetas es también impartir enseñanza “para que todos aprendan y se animen por la exhortación” (1 Cor 14,31). Por ello corresponde también a este grupo ilustrar a la comunidad en los puntos difíciles y actualizar las enseñanzas de Jesús.
Seguiremos el día próximo con las consecuencias que, del estado de cosas que se derivan de estos textos, podemos extraer para el tema de la reelaboración de los dichos de Jesús.
Saludos cordiales de Antonio Piñero.
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A veces se dan por hecho muchas cosas.
La datación de los evangelios, por ejemplo, la he aceptado siempre, y ahora me encuentro con que parece ser que el único motivo para retrasar Lucas es que piensan que se profetiza sobre la destrucción del templo, así que tuvo que ocurrir después. Cuando de hecho, las profecías no son nada concretas, y podrían fundarse en otras del mismo tipo ya existentes, o ser meramente apocalípticas sin más referencias concretas, o ser sensaciones o premoniciones de las que tantas veces tienen tantas personas.
Así que nada de dogmas, sino teorías abiertas a la discusión.
Contradictorio sería decir que está y no está en plenitud.
Me parece un puro prejuicio por tu parte, David, esa actitud simplista del todo o nada.
Y yo no digo que se tenga que aceptar dogmáticamente que todo lo que se dice que dijo Jesús lo dijera, ni muchísimo menos. Sólo digo que otros pretenden que acepte dogmáticamente que ellos saben que no lo dijo, y pretenden actuar científicamente cuando deciden lo que no pudo decir, y yo afirmo que no dejan de ser especulaciones más o menos plausibles y en algún caso bastante contradictorias.
Se da por supuesto siempre, en una especie de nueva ley de Murphy, que si puede ser falso lo es, cuando lo único que se puede decir es que puede ser así o no. Incluso en los casos menos probables.
A veces se dan por hecho muchas cosas.<...
Nada tiene que ver el idioma empleado por Jesús con el idioma en que fueron escritos los evangelios.
Si Lees el artículo que te indiqué se aclararán tus sutilezas.
Como sutileza me parece ingeniosa la distinción, pero no tenía idea de que Jesús hablara en griego.
Ironías aparte, la idea de la contradicción entre el Reino (o Reinado) presente y por venir, no se me ha ocurrido a mi solito. Es un tema recurrente en la crítica evangélica que, por lo visto no acepta siempre su sutil distinción. (De hecho respondía a una sugerencia en ese sentido en este foro). Pero la tomé como ejemplo. Hay otras contradicciones.
La cuestión se acaba si decidimos más o menos dogmáticamente que lo que está en los evangelios es de Jesús. Pero comienza otro problema (aparte del apriorismo): las incoherencias. No sólo de hechos, sino de dichos.
Entonces solucionamos la cosa diciendo que es posible la paradoja y la contradicción. Que podría ser que Jesús hablara del reino que llegará mañana y ya está aquí. En cuyo caso nos hemos cargado cualquier posibilidad de una discusión racional. Si la contradicción es posible, todo es posible. Incluso los milagros.
Descarto como dije las comunidades paulinas.
En la comunidad de Jerusalen, la actividad profetica puede que se enfocara mas hacia la venida del mesias para la implantacion del Reino,(anunciado por Jesus), sin gran diferencia con la actividad profetica judia. Ademas gracias a la presencia de los apostoles, las mujeres, y otros, la memoria de Jesus y sus dichos, estaria muy fresca. El meollo de la cuestion creo que esta en Antioquia.
Gran articulo y grandes comentarios, enhorabuena.
A ver si me compro el libro de Guijarro.
¿Cual es la novedad?
Es que no entiendo por dónde va ahora el Señor Piñero, valorando muchísimo sus apreciaciones.
El mensaje de Julio es irrespetuoso, arrogante y prepotente, por lo que es normal que no se le responda. Y José lo único que hace es adherirse a Julio.
De modo que aunque el historiador aplique unos criterios que den un núcleo minimalista, eso no significa que lo excluido de ese núcleo sea falso, sino que tiene muchas más probabilidades de ser verdad si confirma el mismo espíritu del núcleo. Pero aún en el caso de que parezca contradictorio, hay que tener en cuenta que puede no serlo, sino un contrapunto necesario. Las verdades profundas parecen paradójicas.
Los Evangelios son fiables, y transmiten l...
Para mí está claro que los famosos cinco criterios que se barajaron en el congreso de El Escorial, que son los habituales, pueden proporcionar indicios sobre que una tradición cristiana es anterior a la segunda mitad del siglo II, no que sea atribuible directamente a su fundador. Y dado que parece haber un consenso generalizado fuera del ámbito del cristianismo oficial, que antes de esa fecha había diversas tendencias cristianas enfrentadas, esto nos sirve de poco en cuanto a la historicidad de la figura de Jesús.
Si en las comunidades "Petrinas",y las derivadas de Jacobo, existio la figura del profeta, si creo que influyeran.
Marcos vivio este desinteres de Pablo y elabora un evangelio valiente, con matices de este, pero con fuentes ajenas a el. Puede que estuviera fuera de la cobertura de este.
(Todo esto se me ocurre echandole imaginacion, no tengo datos, no se si se puede trabajar aqui sin datos)
Gal 4,4; Rom ,4-5; Rom 1,1-4; Rom 15,8; Rom 15,3; 2Cor 8,9; 1ªCor 9,14; 1ª Cor 11,23-26; 1Tes 2,14-15; Gal 1,4; Rom 15,3; 1Cor 2,8; Gal 3,1.13; 1Cor 15,4; 1Cor 5,7
Y quizás el relato premarcano de la Pasión, redactado probablemente en Jerusalén, años 50. [comentado en este blog el día 01.02.2008]
De todas formas a mi no me importa haber recibido una interpretación de los dichos, a mi lo que me joderia, es que los hechos no fueran fiables
Aún no sé qué núcleo histórico de Jesús quedaría quitando todo lo que es elaboración alegórica posterior. Sospecho que quedaría poco más que los datos que aporta el relato premarcano de la Pasión y los datos biográficos que aporta Pablo.
Pero, ¿y los actos?. Me preocupan mucho mas los actos.
Sobre los dichos, ya se encargo nuestro amigo Pablo de cepillarselos.
Víctor, Lima, Perú
Vamos a ver Piñero: ¿No es verdad que todo lo que se pueda decir sobre la investigación de las Ipsissima verba de Jesús (sus palabras exactas) y sobre la absoluta certeza de que se encuentren, es impreciso, limitado e imposible?
¿Eres tú, el único capaz de decirnos qué palabras del N.T. son ipsissima verba de Jesús?
No nos tomes el pelo.
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Antonio Piñero
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