El blog de Antonio Piñero

Mantenimiento de la identidad judía durante el Helenismo. La religión judía en época helenística (XI)

10.07.08 | 06:51. Archivado en , Judaísmo
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Hoy escribe Antonio Piñero

El judaísmo helenístico se mantuvo en tensión por el deseo de mantener la identidad judía dentro de la cultura helenística. Este impulso explica incluso el intento de presentar el judaísmo en ropaje helenístico.

El universalismo mencionado no fue uniforme, sino que hubo diversos grados en función de la diversidad geográfica. Además, tal universalismo se combinó con el mantenimiento de la identidad judía del pueblo. A lo largo de la historia de Israel dicha identidad había quedado moldeada por una serie de factores (por ejemplo, territorio común, continuidad étnica, lengua, observancia religiosa y tradición comunes), pero la dispersión geográfica del pueblo judío tras el Exilio, sometido a diversas autoridades políticas y sin una lengua común, hizo que la tradición y observancia religiosas asumieron un papel todavía mayor a la hora de mantener una identidad distintiva.

Con otros representativos investigadores, sostiene mi colega Luís Vegas que la identidad de cualquier individuo se construye en interacción con otros, y debe ser confirmada por éstos para no caer en la mera idiosincrasia o el solipsismo. La sociedad debe ofrecer el marco dentro del cual los individuos puedan compartir una visión común de la realidad y confirmarse mutuamente en sus convicciones respecto a su misión y destino históricos.

En el mundo antiguo en general, y en Israel en particular, las creencias e instituciones dominantes eran explícitamente religiosas y estaban incorporadas a tradiciones que pasaban de generación en generación. El poder de tales tradiciones a la hora de conformar la identidad de pueblo radica en el hecho de que son comúnmente tomadas como realidad objetiva dentro de una sociedad determinada. Tales tradiciones deben resultar suficientemente aceptables (o “plausibles” en terminología sociológica) para que los miembros de la sociedad conserven su fe.

Esta aceptabilidad depende en gran medida del apoyo social y cultural, dado que son pocos los que cuestionan aquello que todos los demás dan por descontado. Por el contrario, cualquier grupo que asuma opiniones inusuales se ve impelido a probar su aceptabilidad, no sólo para ganarse el respeto de los foráneos, sino principalmente para mantener la alianza y cohesión de sus propios miembros.

El problema principal en la Diáspora judía tanto en época helenística como en tiempos anteriores, era cómo mantener la tradición judía en un entorno dominado por gentiles. Dejando aparte las persecuciones reales, que fueron muy raras antes de la época helenística, la mera yuxtaposición de creencias diversas supuso un reto para la plausibilidad de las opiniones minoritarias. La identidad judía había de modificarse indefectiblemente por la interacción con los pueblos que constituían la mayoría en Babilonia y otros centros de la Diáspora. Por ello, y en contra de lo que ha manifestado algún lector de este blog, el Helenismo ejerció una presión tremenda sobre el judaísmo, lo que condujo a cambios sustanciales en su religión y en su religiosidad.

La literatura de la Diáspora demuestra que los judíos estaban educados, de una forma u otra, en la literatura y filosofía griegas, y la actitud abierta de estos judíos respecto a su entorno helenístico queda demostrada por su extenso uso de nombres propios y su recurso a la jurisdicción helenística (lo cual es particularmente notable si tenemos en cuenta que había un tribunal autónomo judío en Alejandría). La lucha de los judíos de Alejandría por obtener igualdad de derechos que los ciudadanos griegos tipifica las aspiraciones de la Diáspora helenística. Los judíos helenísticos no se sentían exiliados, sino atraídos por la cultura helenística, ansiosos por ganarse el respeto de los griegos y por adaptarse a sus costumbres.

Pese a todo, los judíos eran un pueblo distinto, con sus propias tradiciones peculiares, lo que produjo una tensión por ambas partes. El judaísmo, ciertamente, se mostraba a los ojos del mundo helenístico y romano como un fenómeno extraño, con ritos poco familiares, lo que le hacía susceptible de caricatura y ridiculización, e incluso a veces de franca hostilidad. La percepción negativa de los judíos se basaba en la ignorancia, pero también en las tensiones sociales, sobre todo en Egipto, donde se exacerbaron por la naturaleza de la propia religión judía. La propaganda hostil se centraba sobre todo en lo extraños que resultaban los judíos, en su rechazo a dar culto a los dioses del país y su supuesta hostilidad respecto a otros pueblos, lo que les hacía vivir apartados.

De hecho, la tradición judía insistía en que Yahvé es un Dios celoso: “Serás santo para mí porque Yo, el Señor, soy santo, y te he separado de los pueblos para que seas mío” (Lv 20,26). El ideal de santidad por separación de los gentiles era especialmente destacado en el judaísmo postexílico, pues la insistencia en fronteras claramente delimitadas y observancias religiosas específicas es típico de una comunidad que lucha por mantener su identidad en un entorno hostil. Las leyes sacerdotales del Levítico recibieron su forma final probablemente durante el exilio y el programa de restauración de Ezequiel 40-48 ofrecía claras líneas de demarcación para conservar la pureza del templo y evitar los errores del pasado: “Ningún extranjero, incircunciso de corazón y carne, de todos los extranjeros que están en medio del pueblo de Israel entrará en mi santuario” (Ez 44,9).

Un siglo después Esdras se indignaba al ver que “la raza santa se ha mezclado con los pueblos del país” (Esd 9,2), e instituyó una reforma que incluía el divorcio de las esposas extranjeras. Mandamientos específicos como la observancia del sábado, la circuncisión y las leyes dietéticas eran el sello distintivo del judaísmo que más llamaron la atención a los gentiles en los siglos siguientes. El hecho de que la identidad judía estuviese tan estrechamente ligada a estas prácticas creó obvios obstáculos a quienes se sentían atraídos por la cultura helenística, como queda claramente ilustrado por los acontecimientos que condujeron a la rebelión macabea.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Mike van Treek Nilsson 16.01.09 | 21:41

    Me parece que falta un trabajo crítico con las fuentes. Datar Esdras un siglo más tarde de la vuelta del exilio es algo bastante cuestionado hoy. Esdras es un personaje literario que encarna una reforma impulsada no antes de mediados del siglo II a.C. Hablar de presentar el judaísmo bajo ropaje helenístico supone pensar que el judaísmo existía como tal antes del helenismo (y que las religiones pueden "vestirse" de diferentes culturas; y no que son parte de la cultura). En fin... creo que se lee la Biblia con la ingenuidad o ideología de los historiadores y apologétas cristianos del siglo pasado y antepasado.

  • Comentario por Alberto 10.07.08 | 17:15

    Muy interesante.
    Aunque da la impresión de generalizar en exceso. Se sabe que el judaísmo del siglo I era plural. Ya dentro de Judea no era uniforme y es de suponer que tampoco lo era el judaísmo helenístico, mucho más diferenciado aún del judaísmo tradicional. Ni siquiera hoy se puede hablar de un judaísmo uniforme, ni siquiera la es suficiente diferenciar entre judaísmo tradicional y otros más aperturistas, a riesgo de simplificar demasiado.

  • Comentario por Xabier 10.07.08 | 14:54

    Muy interesante el post. Mucho ánimo, profesor. Somos muchos los que nos gusta aprender de este blog.

  • Comentario por José 10.07.08 | 09:10

    Tengo que confesar que, a veces, me encanta ver cómo Piñero divaga sobre los temas. Divagar es hablar de algo sin decir nada. Hoy se ha superado a sí mismo hablando de identidad, idiosincrasia, solipsismo y helenismo.

  • Comentario por Alfonso 10.07.08 | 08:58

    ....¿no pudo el cambio en la concepción judía de la retribución en el más allá provenir de esa vía y no de la griega, al igual que lo pudo hacer el dualismo persa? No es que yo mantenga esta idea, sino que me gustaría saber si hay algún motivo para descartarla a favor de la influencia helenística.Un saludo.

  • Comentario por Alfonso 10.07.08 | 08:57

    Buenos días a todos. Ciertamente resulta indudable que el helenismo tuvo un gran peso en la cultura de la época,y que los judíos cultos sufieron un proceso de helenización, en especial los de la Diáspora. Sin embargo, sigo sin ver claro cómo incide esto en el cambio de concepción de la vida de ultratumba de los judíos. El Hades griego viene a resultar semejante al Sheol hebreo –en cuanto al estado de los que allí moran-; ¿cómo puede la concepción griega de la vida tras la muerte modificar ese mismo concepto en el ámbito judío? Si apelamos a la incidencia de las religiones mistéricas, éstas tampoco son especialmente diáfanas con una vida de alegría tras la muerte. Por otra parte, ya la antigua religión egipcia gozaba de una vida aceptable en el más allá, en los Campos de Iaru, ¿por qué no fue esto lo que influyó? O bien, ¿no proceden muchas relgiones mistéricas del ámbito próximo-oriental?¿no pudo el cambio en la concepción judía de la retribución en el más allá provenir de esa vía y n...

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