El blog de Antonio Piñero

Qué no cambia en la religión judía durante el Helenismo (III)

15.06.08 | 01:27. Archivado en , Judaísmo
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Hoy escribe Antonio Piñero

Antes de pasar a considerar los cambios debemos reseñar brevemente aquellos elementos de la religión judía que no mudaron, que se mantuvieron firmemente durante el Helenismo y que habían cuajado ya sólidamente desde los tiempos del Exilio. En parte serán también aspectos básicos del cristianismo.

Elementos tradicionales de la religión judía que no cambian o apenas

1. El judío piadoso de esta época había recibido de siglos anteriores la firmísima creencia en un Dios único y personal: el monoteísmo era un bien ya sólidamente adquirido, sin las sombras y nubes de antaño, hasta más o menos la época del Exilio de la que hay todavía trazas de un cierto politeísmo en Israel. Durante el Helenismo no hay ya problemas con el politeísmo, tan combatido y denostado por los antiguos profetas, por ejemplo por Elías (1 Reyes 17 hasta 2 Reyes 2).

Este Dios único trasciende el mundo, está mucho más allá del mundo, es inalcanzable, pero tiene con él un contacto continuo. Aunque la divinidad es invisible, Israel la ha conocido suficientemente a través de su manifestación histórica respecto a sí mismo, su pueblo elegido. Este Dios es el creador del mundo y, como tal, señor de él y de los hombres que en él viven. La conciencia del judío de la necesidad de obediencia respecto a ese Dios, del temor respetuoso, de la confianza hacia su gobierno del universo y del agradecimiento por sus dones tampoco cambiaron, ni mucho menos, durante el Helenismo.

La soberanía de Dios respecto a sus criaturas seguía manifestándose para el piadoso judío en una doble vertiente. En primer lugar, Dios se ocupa y preocupa continuamente por el mundo y el hombre. La divinidad ha establecido sobre ambos una mirada providente; el concepto de providencia que atravesaba todo la Biblia hebrea heredada de los padres se mantiene firme en el Helenismo.

2. En segundo lugar, la relación Dios-ser humano sigue concretándose en la Torá o Ley de Moisés. La fe del judaísmo helenístico continúa siendo una religión de la norma, la religión de un libro en el que se manifiesta la voluntad de Dios. De hecho, la primera actividad de la Diáspora grecoparlante fue la traducción de la Torá, cuya influencia es total a lo largo del corpus judío helenístico. Algún día haremos una miniserie sobre esta traducción, mas por ahora baste con afirmar que en el paso del hebreo al griego hubo pocas transformaciones del material hebreo. La traducción de los Setenta en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) es notablemente fiel a sus prototipos, en cuanto alejada de las versiones libres que encontramos en algunos autores judíos helenísticos o de la naturaleza de los “targumim”, que son traducciones desde el hebreo al arameo pero que contienen muchos cambios y perífrasis . El judaísmo de la Diáspora, por tanto, tenía el mismo fundamento canónico –es decir, tenía el mismo corpus legal, La Ley por antonomasia- que su correspondiente palestinense.

La relación entre la divinidad y su pueblo se continúa comprendiendo en términos de Alianza. Y la pertenencia a la alianza se afianza y confirma cumpliendo estrictamente la ley promulgada por boca de Moisés, empezando por ritos religiosos que marcan la identidad del judío respecto a su entorno, como la circuncisión, el sábado y las normas dietéticas.

El judaísmo helenístico, heredero ya de una Biblia prácticamente formada, al menos en cuanto a la Ley y los Profetas, más Salmos y Proverbios, sigue siendo también una religión de la espera. El cumpli¬mien¬to de las promesas de Dios a Abrahán, el reinado pleno de Yahvé y su ejecución aquí en la tierra es la obsesión de la mayoría de los judíos piadosos del Helenismo.

Tampoco cambia la concepción del pecado: el dominio absoluto de Dios sobre su pueblo significa que la insurrección contra ese Dios o contra sus designios es una falta grave. El judío es un pueblo abrumado por la sensación de estar en perpetua rebeldía contra la divinidad. El pecado no es sólo la transgresión de una norma concreta de la ley divina, sino todo acto de desobediencia interna traducido en desconfianza hacia el poder de Dios, hacia su gobierno del pueblo o hacia las exigencias y disposiciones íntimas que comporta la Alianza.

Para esta particular conciencia del judaísmo, según la cual la salvación llega por el hecho de ser miembro de la Alianza, a la par que la obediencia a los mandamientos divinos hace que se conserve el lugar del individuo dentro de la Alianza, se ha acuñado el término “nomismo de la alianza” (en inglés “covenantal nomism”). Esta concepción se extendió por todo el judaísmo palestinense y fue el “tipo básico de religión” en aquella zona en el período 200 a.C. – 200 d.C., y se difundió también por la Diáspora. Por tanto fue en gran medida “la religión del judaísmo” allá donde estuvieren los judíos (E.P. Sanders).

Todo esto y más cosas menudas quedan firmes, inamovibles y sólidas en la religión del Israel de época helenística.

Debemos, sin embargo, hacer una salvedad importante: aunque la Torá canónica supuso una base común para el judaísmo postexílico, no ofreció una norma definitiva en el sentido de prescribir un único camino ortodoxo de ser judío. He aquí un ejemplo claro: entre las concepciones saduceas en torno a la resurrección y a la retribución en la otra vida (negación absoluta de ambas nociones) y la del fariseísmo (aceptación y defensa a ultranza de ambas) media un abismo ideológico, Sin embargo, saduceos y fariseos son y se consideraban judíos auténticos del siglo I de nuestra era.

Para explicar esta diversidad de concepciones teológicas –tan tremendamente dispares- debe considerarse, por una parte, el influjo religioso de un montón de libros que circulaban entre los círculos de piadosos (hoy los denominamos "Apócrifos del Antiguo Testamento", pero en aquel entonces no eran aún apócrifos) y que se creían casi inspirados: sólo a finales del siglo I fueron declarados no canónicos, y por otra la reescritura e interpretación de las tradiciones según los diferentes grupos.

Y atención: esta diversidad de interpretación no se debió siempre al influjo de la filosofía helenística con su variada óptica, o a la influencia de las religión babilónica o persa, etc., como demuestran las peculiaridades exegéticas de los Rollos de Qumrán (es decir cómo entendían la Ley). De hecho, la propia Torá, o Ley, nunca fue un tratado consistente y sistemático, sino una compilación de materiales que abarcaban diversas actitudes, e incluso contradicciones. Un texto tan complejo y a veces contradictorio invitaba por su propia naturaleza a una diversidad interpretativa, si bien es posible que una interpretación particular de la Torá, o un determinado entendimiento del judaísmo destilado de la Torá, pudiera llegar a alcanzar un estatus normativo y otra comprensión quedase como arrumbada: recordemos que en tiempos de Jesús se discutía ásperamente entre los fariseos mismos cómo había que entender ciertos aspectos de la Ley.

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

12 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Xabier 16.06.08 | 15:42

    Es probable que tengas razón en lo de que los Campos Elíseos sea un añadido posterior. Ya te digo que no soy experto en el tema. Quizás el profesor Piñero pueda intervenir o abrir alguna serie sobre el "más allá".

    En cualquier caso, parece que había una creencia de que después de la muerte había "algo", aunque ese algo no fuese placentero.

  • Comentario por Víctor 16.06.08 | 15:32

    (...) tan pronto como la vida abandona los huesos delicados; entonces el alma ligera echa a volar como un sueño."

    Yo también soy aficionado a la ópera. No sé si te refieres a la de Monteverdi o a la de Gluck, pero en cualquier caso el "final feliz" de Orfeo y Euridice al que te refieres es un añadido novelesco muy tardío y no tiene que ver con el mito originario.

  • Comentario por Víctor 16.06.08 | 15:24

    (...) para ellos.
    Es muy revelador el pasaje del encuentro con Hércules. Dice Homero:
    "Después de Sísifo, vi al vigoroso Hércules, o mejor dicho, a su imagen; porque este héroe, entre los inmortales, disfrutaba de la alegría de los festines(...)"
    Es decir: incluso uno de los escasísimos no-dioses a los que Zeus les otorgaba la inmortalidad tenía su "sombra" correspondiente en el Hades y vagaba igual que las demás sombras, "un fantasma, parecido a la noche oscura."
    Ulises no sabe muy bien, como todo griego de su época, qué les pasaba a los humanos cuando morían. Y en un emotivo y bello pasaje la sombra de su madre le responde a él -y a nosotros, de paso- así
    "Hijo mío, el más infortunado de los hombres, Perséfona, la hija de Zeus, no te ha engañado, sino que éste es el destino de los humanos, cuando están muertos; aquí los nervios ya no envuelven las carnes ni los huesos, sino que son destruidos por la poderosa fuerza del fuego devorador, tan pronto como la...

  • Comentario por Víctor 16.06.08 | 15:14

    No soy un entendido en religión griega, pero los añadidos del Tártaro y los Campos Elíseos al conjunto del Hades seguramente son tardíos, de una época en la que ya las religiones mistéricas hablaban de una vida en el más allá von dastigos y recompensas. En un principio, simplemente había mitos con personajes extraordinariamente agraciados por los dioses a los que Zeus les aseguraba una vida eterna y dichosa, similar a la de los dioses, y otros especialmente castigados a los que también Zeus proporcionaba,un castigo eterno y cruel. Hay que hacer notar que unos y otros seguían plenamente vivos. El Hades, por contra, era el lugar común al que iban todos los demás convertidos en meras sombras salvo la docena anterior. En él, los personajes no estaban vivos, sino muertos, eran como espectros.
    Tu recuerdo sobre Odisea XI no es del todo exacto. Ulises habla, en efecto, con Agamenón y ve a Sísifo, pero ambos están el Hades, con todos los demás: no hay "zonas" ni condiciones especiales p...

  • Comentario por Xabier 16.06.08 | 13:02

    De la religión griega no sé mucho, pero en un libro que tengo de mitología griega se habla que en el Hades, tras un juicio, hay tres partes:
    - Una zona de felicidad: los Campos Elíseos
    - Una zona de tormentos: el Tártaro, en dónde estaban Sísifo, Tántalo, Tácito y otros
    - Una zona intermedia, que no era agradable pero tampoco de sufrimiento.

    La Odisea la leí hace muchos años, pero me suena que Ulises habla de la zona de tormentos y de que tiene conversaciones con Agamenón y otros en los Campos Elíseos.
    Y, en las óperas sobre Orfeo y Eurídice (me gusta la ópera) acaban ambos en los Campos Elíseos

  • Comentario por Víctor 16.06.08 | 10:18

    Xabier:
    Lamento ser tan pesado, pero es que de tus palabras deduzco que seguimos sin entendernos. Dices:
    "en ningún momento he pretendido afirmar (...) que estuviesen convencidos de un más allá como los egipcios, cristianos, griegos y la mayoría de las civilizaciones."
    Es cierto que la religión cristiana y la egipcia son religiones similares por la importancia que tiene la fe en el más allá, pero no podemos decir lo mismo de la griega, que en este asunto era muy similar a la judía.
    Tampoco es cierto esto para la "mayoría de civilizaciones". La mayoría de las religiones del entorno geográfico e histórico de los judíos pensaba como ellos y los griegos. Ejemplo: la epopeya de Gilgamesh describe el más allá de manera idéntica a Homero r Isaías: una existencia apàgada en un lugar de tinieblas para todos, justos y pecadores.

  • Comentario por Xabier 16.06.08 | 08:45

    Víctor:

    De acuerdo contigo. De hecho, creo que no he dicho lo contrario y, si he dado esa impresión, es que me he expresado mal.

    Lo que pretendía decir era que no parece que los judíos negasen una vida futura, pero en ningún momento he pretendido afirmar (si he dado esa impresión me he explicado mal) que estuviesen convencidos de un más allá como los egipcios, cristianos, griegos y la mayoría de las civilizaciones.

  • Comentario por Víctor 15.06.08 | 23:47

    Xabier:

    Como ya comenté el otro día, no es lo mismo una inquietud o unas preguntas sobre el más allá, comunes a casi todas las civilizaciones, que una creencia firme en un más allá que se convierte en lo fundamental de la fe y en el fin de las acciones en esta vida.
    En ese sentido, la religión judía no era atípica, sino que sobre este punto no se distinguía mucho de otras religiones del Próximo Oriente. NO negaban la vida futura -ni la afirmaban: simplemente era una cuestión no esencial y no definida en su fe.

  • Comentario por Joaquim 15.06.08 | 14:35

    Gracias por el link. Pero no me negarás que la cosa tiene su miga si comparamos la visión que sobre el Reino pudiera tener Jesús, la que tenían los primeros cristianos (que sería casi la misma) y la del actual cristianismo, que mezcla alegremente parusía, resurrección de los “muertos” y vida después de la muerte.

  • Comentario por Xabier 15.06.08 | 13:50

    Joaquim:

    Te envío un link sobre el tema que planteas. Yo, ni lo comparto ni lo dejo de compartir, pero me parece interesante viniendo de un rabino judío

    http://serjudio.com/rap851_900/rap862.htm

    En la Biblia, parece que no hay una gran preocupación sobre el más allá, pero la ciencia de la Antropología demuestra que esa creencia era común al menos desde el Homo Sapiens en América, Asia, África y Europa. Si había consenso entre los judíos primitivos acerca de que después de la muerte no había nada, serían un caso muy atípico.

  • Comentario por Joaquim 15.06.08 | 10:52

    ¿El pensamiento saduceo no era la manifestación del judaísmo más arcaico que creería que Dios recompensaba o castigaba únicamente aquí en la Tierra, un poco en la línea de la religión Olímpica? ¿La creencia en la vida en el Más Allá no fue fruto de una evolución por el contacto con ideas procedentes de religiones vecinas?

    ¿La concepción de “Reino de Dios”, de Jesús, de qué concepción sería más tributaria, de la saducea o de la farisea?

  • Comentario por Xabier 15.06.08 | 09:52

    Interesante saber que la creencia judía en un único Dios es unos siglos anterior al contacto con el helenismo.

    Tenía mis dudas desde que en el post del 13 de abril de este año (http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2008/04/13/p157530) alguien dijo literalmente que "el monoteísmo... tiene menos de veinte siglos", aunque le solicité que aportase alguna prueba y, como de costumbre, no lo hizo.

Sábado, 26 de mayo

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