Comer y ser comido en el Egipto antiguo. Osiris y la resurrección (Historia de la Pasión II)

Permalink 11.03.08 @ 07:00:11. Archivado en CRISTIANISMO

Hoy escribe Antonio Piñero:

En esta segunda entrega de la miniserie dedicada a dar a conocer el libro “La verdadera historia de la Pasión”, Madrid, Edaf, 2007, quiero hoy centrarme en ofrecer una visión de conjunto de los temas del primer capítulo “Comer y ser comido. La muerte del dios en el Egipto antiguo”, que inaugura la primera arte del libro consagrada al “marco mediterráneo de la Pasión de Jesús”. Este capítulo ha sido escrito por José-R. Pérez-Accino, del Birkbeck College, Universidad de Londres (es éste uno de nuestros científicos exiliados, que ahora está volviendo a España, y del que espero encuentre un hueco en la Universidad española).


Sostiene Pérez Accino que la cultura egipcia antigua parece muy alejada en el tiempo y en el contenido de los aspectos que se tratan en los trabajos reunidos en el presente volumen. Con todo, un simple vistazo a un mapa de la zona geográfica en la que los acontecimientos que rodean a la narración tradicional sobre la muerte de Jesús de Nazaret nos revela que la distancia entre los escenarios es realmente pequeña. Una noche de automóvil separa Jerusalén de El Cairo, la antigua Menfis. Otra vertiente de este distanciamiento es la mayor antigüedad de la cultura egipcia en relación con los eventos tratados.

La distancia cronológica que nos separa hoy de la muerte de Jesús de Nazaret es aproximadamente la misma que separó a éste de los tiempos de las Pirámides. Sin embargo, los nexos y conexiones entre ambas historias, la que se desarrolla a orillas el Nilo y a la sombra de las Pirámides y aquella otra cuya acción se ubica tradicionalmente un viernes de primavera sobre una colina pelada a extramuros de Jerusalén dos mil años después son profundos y superan las meras formas externas de manifestación religiosa.

El sacrificio cruento del cuerpo del hijo de Dios, Jesús de Nazaret, y los elementos simbólicos y dogmáticos anejos a la narración que de la misma ha hecho la tradición posterior, su resurrección y ascensión a un plano de realidad diferente en el cual se une con su Padre, y la conmemoración posterior de este hecho que los fieles realizan en forma de consumición del cuerpo de ese hijo (la eucaristía) a fin de participar de su santidad y materializar la esperanza de salvación tras la muerte, es la fuente y culminación de la vida religiosa del cristiano.

Esta noción de ingesta física del cuerpo del dios para poder así participar de su esencia divina, unida a la esperanza de resurrección y victoria sobre la muerte por parte del adepto que la desea para sí, es bastante extraña y primitiva para quienes no se les ha inculcado desde su infancia en la educación religiosa como algo natural y lógico. Es decir, es extraña para tres cuartas paretes de la hmanidad actual, aunque sea una de las bases de la espiritualidad de una parte también numerosa de la humanidad hoy día.

Ahora bien, el origen de esta idea puede en parte rastrearse hasta las orillas del Nilo. Y esto pudo tener su influencia porque el prestigio de la cultura egipcia y sus manifestaciones en la antigüedad era muy grande, y no es extraño observar sus efectos en las culturas vecinas. Con todo, no se trataba de una cultura monolítica, a pesar que sus manifestaciones culturales más perdurables así lo parezcan, sino una cultura en diálogo con su propio entorno. La cultura egipcia era en la antigüedad tan atractiva como lo es hoy, y no debiera sorprendernos -a la vista de lo exitoso de sus manifestaciones mediáticas en nuestro mundo- que nuestros antepasados cayeran también ante la fascinación de lo nilótico.

El autor de este capítulo del libro que comentamos efectúa luego una breve síntesis de cómo nace la religión egipcia, aclarando cómo el medio geográfico en el que se desarrolla –las peculiares características físicas del país, Egipto, articulado como un gran desierto, partido en dos por una estrecha franja de tierra cultivable dependiente de las crecidas periódicas de un río inmenso- condicionan y explican las características generales de esta religión.

En particular se centra Pérez Accino en el surgimiento de la adoración a dos divinidades peculiares, Isis y Osiris, dentro de la “enéada” (“nueve” dioses) o panteón básico de los egipcios. La "enéada" es desarrollo de la divinidad básica, Ra/Atón, asimilada al Sol. La peripecia vital de Isis y Osiris influye en dos nociones teológicas importantes: la comida, y en concreto, comer al dios por parte de los humanos, como elemento central en el culto de Osiris, y –segunda- cómo deben entenderse la muerte y resurrección de esta divinidad, con la vista puesta, como antes dijimos, en si estas nociones hubieran influido en la correspondientes cristianas, en concreto en la idea de cómo el fiel cristiano se hace partícipe de la resurrección de Jesús y cómo se interpreta la eucaristía como ingesta del cuerpo y sangre de éste.

En mi opinión, es éste un tema tan importante que cuando termine -en una serie de posts siguientes a éste- de presentar unos cuantos libros que aguardan su turno, quisiera dedicar una miniserie a la novela judeo-egipcia, probablemente del siglo I de nuestra era, llamada “La novela de José y Asenet”, que contiene interesantes paralelos a la eucaristía cristiana. Adelanto la hipótesis de que en esa novela judía tales paralelos han podido surgir no como imagen, o respuesta, a concepciones cristianas (o a la inversa), sino como un posicionamiento judío frente a las nociones egipcias de la ingestión de la divinidad por parte de los humanos, ingestión que se llevaba a cabo en una suerte de banquete en los que estaba siempre presente el dios Anubis. Lo veremos.

Pérez-Accino concluye así su interesante contribución al libro: “En ocasiones, cuando leemos u observamos alguna información sobre los dinosaurios uno se sorprende preguntándose el porqué de la desaparición de formas de vida tan magníficas e impresionantes. Uno se maravilla de que algo tan sustancial y evolucionado haya desaparecido de nuestro planeta sin dejar rastro. Es tal la sensación de diferencia y pérdida, que nada a nuestro alrededor nos conecta con unos seres que bien podrían haber sido habitantes de otro planeta, por lo distintos y ajenos a nosotros mismos y a nuestro mundo".

Sin embargo, los biólogos nos dicen que los dinosaurios aún viven entre nosotros, aunque no lo supiésemos hasta que se nos ha aclarado. Sus descendientes más directos son las aves que, cargadas de gracia y simbolismo, configuran gran parte del significado de nuestra experiencia vital. Pequeños, ligeros y libres para moverse como nosotros no somos capaces de hacerlo, cuando observamos a los pájaros en un parque estamos mirando directamente a los dinosaurios que nos maravillan en reconstrucciones más o menos acertadas, aunque la diferencia entre ambos haga casi increíble la idea. El Egipto antiguo es un dinosaurio, magnífico y elaborado, extraño y desaparecido aparentemente sin dejar rastro en el mundo moderno que nos rodea. Quienes pertenecemos a culturas marcadas por el cristianismo y sus prácticas y ritos quizá hemos estado mirando al dinosaurio sin saberlo y sin darnos cuenta del papel central que desempeña en un conjunto de ideas tan cercanas a la identidad cultural y religiosa de nuestro mundo.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

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continuación: hechos que también omite el autor del capítulo que comenta el Sr. Piñero. Es verad que las actitudes seleccionan los hechos y les dan significado; a paertir de ahí nacen las opiniones y para apoyarlas aportamos justificaciones. Sr. Piñero, lo de Osiris es sólo una justificación.
Enlace permanente Comentario por J.L. 12.03.08 @ 11:55
Esta segunda entrega refuerza la verdad del principio de Peter Drucker: díme qué actitudes tienes y te diré qué hechos necesitas. Aquí queda claro que las actitudes seleccionan unos hechos, (el de Osisiris) pero olvidan otros más cercanos a la cena del señor. Olvidan el ceremonial, aún vigente en algunas familias hebreas, de un banquete festivo judío donde el cabeza de familia, a continuación de la bendición de la mesa, antes de la comida principal, pronuncia la fórmula de alabanza sobre el único pan y luego lo parte y lo distribuye entre los comensales; y después de la comida, el cabeza de familia hacía circular el cáliz, lleno de vino invitando a cada uno a beber de él.
Como dice H,Küng, Jesús no necesitaba inventar un nuevo rito; le bastaba con asociar al rito tradicional un nuevo anuncio y una nueva interpretación. Y esto es lo que siguieron haciendo los seguidores de Jesús, como cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles y Pablo en su carta a los corintios, hechos que...
Enlace permanente Comentario por J.L. 12.03.08 @ 11:50
sino que, por el contrario, la entorpece dispersando saberes y provocando hipótesis erráticas que conducen a pocos puertos. Un cordial saludo.
Enlace permanente Comentario por pacomio 12.03.08 @ 00:12
La teología y exégesis liberal del XIX se empeñó en la empresa de "relativizar" el cristianismo poniendo de relieve, de forma tan desequilibrada como dogmática, la influencia de las religiones mistéricas en la formación de la religión cristiana. Un trabajo perseverante y muy árduo de investigadores que no se resignaron a las presuntas evidencias de aquellos que pretendían decir la última palabra, permitió ir poniendo en su sitio -es decir, rebajando seriamente- unos descubrimientos sensacionales que parecían provocar terremotos confesionales irreversibles.
Ahora le toca el turno a la influencia egipcia, aunque no es nada nuevo el enfoque; en mi modesta opinión, todo lo que sea pretender sacar a Jesús y al cristianismo del marco del judaísmo -aceptando, como es natural, influencias más o menos lejanas y hasta llamativas en puntos concretos- es un error craso que no hace avanzar la investigación y los conocimientos, sino que, por el contrario, la entorpece dispersando saberes y pro...
Enlace permanente Comentario por pacomio 12.03.08 @ 00:11
A estas alturas ya nadie debería escandalizarse si reconocemos que el cristianismo es como cualquier otra religión (o cultura religiosa), que nace y se desarrolla en interacción con el medio cultural en el que conviven sus integrantes. Encontrar posibles influencias del antiguo Egipto, los misterios helénicos o los cultos mitraicos es normal porque el cristianismo es, simplemente, una religión normal.
Enlace permanente Comentario por Jaume 11.03.08 @ 21:21
Decir que "El sacrificio cruento del cuerpo de Cristo....es la fuente y culminación de la vida religiosa del cristiano", es retrotraer el cristianismo al siglo XIII, ya que el concepto que se vierte de la eucaristía en este comentario corresponde a la Teología eucarística que surge en ese siglo como respuesta a los problemas de aquella época. Sólo la teología escolástica que sigue defendiendo el vaticano mantiene aquella tésis
Los cristianos primitivos llamaban a la eucaristía, "Repartición del pan"; y en Pablo I Cor. 11, 26 ss. se explica que la participación correcta en la cena del señor dependía de cómo los cristianos de Corinto trataban
a los pobres, que cuando llegaban a la cena no encontraban ya nada de comer.
En la teología actual hablar de "ingesta física" del cuerpo del dios, es un verdadero disparate.
N.B. Para más información: Hans Küng, ser Cristiano, pags. 341-344.
Enlace permanente Comentario por P.L. 11.03.08 @ 20:19
Creo que en este sentido difuso es en el que cabe aceptar la a menudo denostada exposición de los paralelismos entre filosofía cínica y ciertas vetas de la primitiva cristología y quizá del propio Jesús.
Parece clarísimo el carácter tremendamente sincrético del cristianismo primitivo. Tan sincrético que fueron necesarios dos siglos de criba de elementos y dos milenios de ardua tarea teológica para intentar reconciliar elementos tan dispares. Para mi gusto eso es lo que hace a esta religión una de las más apasionantes como objeto de estudio.
Enlace permanente Comentario por Víctor 11.03.08 @ 16:44
Creo que puede ser ilustrativa esta anécdota personal. Conocí a alguien que afirmaba cosas como que "hay personas que tienen una chispa divina". A estas personas especiales las denominaba "seres de luz." Y otras afirmaciones de similar filiación. Le pregunté entonces si es que se consideraba gnóstico y aseguró que ¡no había oído hablar en su vida del gnosticismo! No puede seguir indagando en el origen de su credo, pero aquella persona, sin saberlo, mantenía no solo las creencias básicas sino también la terminología de los gnósticos del siglo II, con las pertinentes adaptaciones al siglo XXI -básicamente un menor rechazo a la sexualidad y un mayor optimismo ante el cosmos.
Enlace permanente Comentario por Víctor 11.03.08 @ 16:35
Me parece importante señalar, para anticiparse a posibles críticas, que Pérez-Accino no pretende demostrar en su artículo que haya una influencia directa de la religión egipcia en la cristología -al estilo de las teorías acerca de supuestas estancias de Jesús en Egipto, etc.- sino sólo señalar el paralelismo de ciertas creencias y hacer ver que "(...)su viaje desde las orillas del Nilo hasta las colinas desiertas de Judea o los puertos bulliciosos de Asia Menor no supone ningún salto en el vacío." (pág. 42)
Esto creo que equivale a decir que ese tipo de ideas "flotaban" en el ambiente del Mediterráneo oriental del s. I sin que quizá sus propios receptores y difusores supieran muy bien de dónde habían venido.
Enlace permanente Comentario por Víctor 11.03.08 @ 16:20

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