Los sacerdotes de Jerusalén y la capacidad de fabulación

Permalink 20.02.08 @ 10:16:51. Archivado en Jesús histórico

Hoy escribe Fernando Bermejo:

El intento de explicar la muerte del predicador galileo Jesús de Nazaret como debida a razones de tipo político –conservación del orden público por parte de las autoridades– suscita enormes resistencias por parte de muchas personas. Las de algunos de nuestros amables lectores no son sino las mismas que han mostrado legiones antes que ellos, y las que multitudes seguirán esgrimiendo. Me permito hoy algunos comentarios sobre un comentario de un lector, emitido la semana pasada, acerca de la responsabilidad directa de los sacerdotes de Jerusalén en la muerte de Jesús.

La psicología sacerdotal es un tema que debe ser abordado por una ciencia integral de las religiones, y que necesita un extenso estudio. Aquí me limito a un par de líneas, enteramente elementales. No siento mayor simpatía retrospectiva por el sacerdocio jerusalemita que por los sacerdotes y hechiceros de toda índole que pueblan la historia de las religiones, y que seguirán poblándola previsiblemente hasta el final de los tiempos. Muchos de estos individuos no habrán sido –no son– sino personajes que eligieron la carrera sacerdotal con el objeto de obtener de manera fácil un reconocimiento social que de otro modo les resultaría francamente complicado lograr. Muchos, no todos. Habrá habido –hay– entre ellos personas honestas, movidas por una genuina sensibilidad ética y religiosa, con hermosos ideales, y que creían –creen– lo que predican. Un examen de un conjunto de eclesiásticos actuales elegidos al azar probaría enseguida la verdad de este aserto: no hay probablemente un solo modelo psicológico válido para el análisis de la casta sacerdotal.

Es de creer, pues, que entre los sacerdotes de Jerusalén y entre sus dirigentes haya habido sujetos de todo tipo: sujetos moralmente deleznables, sujetos tibios y acomodaticios, también sujetos buenos y piadosos. Jerarcas religiosos sin escrúpulos y sin el menor sentido ético los hay en todas las religiones, y sin duda también los había en Jerusalén. Pero también los hay con escrúpulos, y es muy verosímil que los hubiera también en el Templo y en el sanedrín. Sin embargo, en el imaginario cristiano los sacerdotes judíos y sus dirigentes son concebidos inmediatamente y sin ulterior reflexión, de modo genérico, como individuos espiritualmente ineptos y carentes de escrúpulos. La semana pasada, uno de nuestros amables lectores, tras decir enfáticamente que de Jesús apenas sabemos nada, a renglón seguido escribía que fueron estos sacerdotes los que, deseando eliminar a Jesús pero no pudiendo hacerlo ellos mismos, lo entregaron a los romanos. Se supone que si deseaban eliminar a Jesús es por temor, odio o envidia (al menos el último de estos móviles aparece en el Nuevo Testamento y en la literatura cristiana posterior). En fin, que los (sacerdotes) judíos eran, como tales, individuos de lo más pérfido que quepa imaginar, dispuestos a hacer matar a alguien por un quítame allá esas pajas –una perversión que se ha reflejado en buena parte de la pintura occidental dedicada al tema, y que dibuja a los sacerdotes judíos, cuando no a los judíos en general, como sujetos feos y siniestros–. La misma “perfidia de los judíos” reiterada durante siglos por la liturgia cristiana, y que ahora se revisa para favorecer el diálogo cristiano-judío…

Decir que el sacerdocio de Jerusalén temía u odiaba realmente a Jesús de Nazaret es, mutatis mutandis, como decir que los monseñores del Vaticano temerían u odiarían a un exaltado que se pusiera a vociferar contra la corrupción del Vaticano en la plaza de san Pedro o en la Via della Conciliazione. Claramente, un individuo así no despertaría seguramente sentimientos muy benévolos entre los cristianos vaticanos ni le harían muy querido por ellos, pero pretender que los monseñores del Vaticano, bien protegidos por varios tipos de policía, gruesos muros, por sus conexiones políticas y por el temor reverencial de multitudes temerían a un desharrapado hasta el punto de entregarlo a la policía italiana para que lo torturara y lo matara me parece un poco excesivo. (Ya sé que algún jerarca católico ha llegado a decir que la tortura que dura sólo unos minutos no es pecado, pero aun así…). Este exceso y esta distorsión son, sin embargo –entre otros muchos– los que emiten muchos exegetas y teólogos, y los que millones de individuos han creído, creen y seguirán creyendo a pies juntillas.

Ya he señalado que algunos autores han argumentado que la participación de autoridades judías en la detención de Jesús es inverosímil. Por mi parte, creo que históricamente esta posibilidad no puede desecharse. La visibilización del exaltado predicador escatológico Jesús en Jerusalén en la delicada época de la Pascua acompañado de un grupo de individuos al menos algunos de los cuales estaban armados (haya o no participado en un incidente al entrar en la ciudad santa, y/o en uno en el Templo) ha podido y debido suscitar la preocupación de quien era el responsable del orden público en Jerusalén, el Sumo Sacerdote. Esto no es pura fabulación: una parte de lo narrado en Jn 11, 47-53 (un texto que debería ser cuidadosamente meditado) tiene visos de ser históricamente verosímil. Lo que este texto deja entrever es que entre los responsables político-religiosos se produjo un debate, que en ese debate hubo voces discordantes, que una de las voces presentó la eliminación cautelar de Jesús como un mal menor (con la alternativa de un problema de orden público y una intervención sangrienta de los romanos) y que al final esa voz prevaleció.

Fabulo que si hubo una participación de las autoridades judías en el proceso de decisión de la eliminación de Jesús,
a) esa intervención debió de ser indirecta y albergar propósitos preventivos;

b) debió de ser adoptada tras una fuerte polémica y superado muchos escrúpulos, pues habría habido elementos fuertemente contrarios a una intervención (“Vosotros no sabéis nada…”: Jn 11, 49);

c) debió de ser muy dolorosa para algunos miembros del sacerdocio de Jerusalén. ¿Cuántas personas han reflexionado alguna vez sobre los problemas de conciencia que pudo causar a algunos sacerdotes de Jerusalén la pasión y crucifixión de un correligionario suyo, intensamente religioso…?

Es posible que Jesús no hubiera sido detenido sin la colaboración de algunas autoridades religiosas, pero esto no implica aún que las razones fueran de tipo religioso, porque se da la casualidad de que la autoridad religiosa tenía la responsabilidad de mantener el orden público en Jerusalén. La explicación de la muerte de Jesús por razones de tipo político (en el sentido señalado) es la más sencilla, la más consistente con lo que sabemos de las circunstancias históricas, y, además, encaja bien con diversas informaciones contenidas en los propios evangelios canónicos. Personalmente, creo que la razón de las resistencias de muchas personas a aceptar que la muerte de Jesús se debió a razones de tipo político se debe en última instancia al hecho de que esta explicación cortocircuita la verosimilitud del mito cristiano –el héroe incomparable matado por las asechanzas del Mal– y muestra su fragilidad. Éste es el mismo mito, moralmente perverso, que ha engendrado antijudaísmo y antisemitismo a lo largo de los siglos, y que ha propiciado –entre otras causas– la humillación, expolio, expulsión y/o eliminación brutal de millones de correligionarios de Jesús a lo largo de la historia a manos de piadosos cristianos.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo.

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Hay dos errores tipicos de los investigadores noveles. El primero dar por hecho, sin poner en duda los sucesos que se relatan, el segundo pasar de la navaja de occam e ir a por la hipotesis mas complicada. En estos dos errores cae el autor de este post.
Enlace permanente Comentario por Darwin 25.02.08 @ 13:14
El relato de la pasión tiene un guión torpísimo en su itinerario, en sus personajes, en sus hechos. No hay nada de sicología en los personajes, sino que lo único que aparece es es el evangelista que trata de que no le pillen en sus explicaciones. Se le pilla en todas. Si pones todos en escena y tratas de que no se vean, se ven y se entrecruzan caóticamente por todos los lados. Si pusiéramos cámaras para grabarlo en directo no habría realizador que puediera ocultar toda la tramoya y truco que las escenas tiene.
No hay nadie que tenga tanta capacidad de confabulación que pueda reducir la realidad a la mínima expresión. La Pasión es un guión muy malo.
Enlace permanente Comentario por Pedro 22.02.08 @ 00:41
Fernando:
La sicología sacerdotal que tú describes "personajes que eligieron la carrera sacerdotal con el objeto de obtener de manera fácil un reconocimiento social" sólo puede darse en ámbito Romano (además de que en Jerusalén no pasó nada). No hay nada que describa la carrera sacerdotal de un judío, y tienes muchísimos textos que describen la carrera sacerdotal y social de un romano.
La doble autoridad sacerdotal y romana sólo se podía dar en Roma, y sólo en Roma podía darse que un sacerdote fuera magistrado, consul etc. No funciona diegéticamente que unos sacerdotes judíos como no puede matarle lo ponen ne manos romanas. Aunque esté en el evangelio, es un guión muy malo, no es creíble.
Enlace permanente Comentario por Pedro 22.02.08 @ 00:36
El comentario del Sr.Bermejo me hace recordar la catarsis o desahogo emocional que se debe dar en la primera fase de toda psicoterapia. Sobre la clase sacerdotal judía prefiero las reflexiones que hace el Sr. Piñero, más serias, objetivas y fundadas.
Enlace permanente Comentario por José Luís 21.02.08 @ 19:52
Apasionante el tema de la "psicología sacerdotal", un tema que ha conseguido mantenerse invisible a pesar de condicionar muchísimo la visión que tendrán de lo religioso los fieles que les sigan.
Enlace permanente Comentario por joakinen 21.02.08 @ 16:20
Yo no soy creyente -ni antisemita- y creo que la explicación que, p. ej., ofrece J. Montserrat de la muerte de Jesús sería más convincente si no se empeñase en descartar totalmente los motivos religiosos y la responsabilidad de los mandatarios judíos. El argumento de que la mors agravata no encajaría con un delito religioso, presupone un funcionamiento perfectamente ceñido a la legalidad de la justicia romana en una provincia como Judea y bajo un prefecto como Pilato.
Si en nuestro estado tan occidental y democrático la justicia nos sorprende día a día con condenas extraordinariamente suaves o terriblemente duras en función de intereses políticos no me parece buen método establecer cuál sería el delito si solo tenemos como dato la condena.
Enlace permanente Comentario por Víctor 21.02.08 @ 14:23
el remate de su intervención roza lo ridículo con una referencia al antisemitismo y sus causas que no extrañaría en boca de algunos de esos cerebros a los que suelen dar cancha algunas tertulias tan laicas y progresistas como carentes de solvencia intelectual. Siento tener que decírselo con la misma crudeza pero no menos libertad de la que Ud. utiliza. Un saludo.


Respuesta de Fernando Bermejo:

Estimado amigo:

Valoro la parresía donde la encuentro, y también en Vd, pero permítame que le diga que suscribo cuanto he escrito. En particular

1) Debería quedar claro que mi post -esta vez, ciertamente, más circunstancial que académico- está dedicado a dar qué pensar sobre los prejuicios cristianos ante el judaísmo y su sacerdocio, basándome para ello no sólo en el sentido común sino también en algún texto evangélico como Jn 11, 47ss. Si a Vd. le parece que otro es mi objetivo, ésa es sólo su impresión.

2) En su momento dedicaré una serie completa de posts a la historia del antijudaísmo cristiano, desde los escritos neotestamentarios hasta el s. XX, y a sus vinculaciones con el antisemitismo. Entretanto, me permito aconsejar la lectura de los siguientes libros: R. R. Ruether, Faith and Fratricide. The theological Roots of Antisemitism, Wipf and Stock, Eugene, 1997 (orig. 1974); M. S. Taylor, Antijudaism & Early Christian Identity. A Critique of the Scholarly Consensus, Brill, Leiden, 1995.

Un saludo cordial,Fernando Bermejo


Enlace permanente Comentario por Pacomio 21.02.08 @ 11:04
A mi juicio, este es su post más desafortunado, D.Fernando. Y no porque haga afirmaciones discutibles pero perfectamente asumibles, y de hecho, asumidas por numerosos estudiosos cristianos, sino porque, en una escalada de visceralidad, impropia de un investigador, termina Ud. por perder respetabilidad al dar la impresión de que su objetivo último no es defender una postura exegética legítima, sino atacar y descalificar demagógicamente lo que Ud. llama el mito cristiano, manipulando la afirmación central del cristianismo que, como Ud. sabe de sobras, o debe saber, no ve en Jesús a ningún héroe, sino al siervo de Dios fracasado y humillado, sólo reivindicado por Dios después de padecer una muerte ignominiosa en la más absoluta soledad, con todos sus discípulos huídos y avergonzados (¡vaya héroe!).Fuera ya de todo control intelectual, que creo aconseja sobriedad y mesura en los análisis -sobre todo de asuntos muy complejos- el remate de su intervención roza lo ridículo con una referencia...
Enlace permanente Comentario por Pacomio 21.02.08 @ 11:02
Una última cuestión. Son muchos los teólogos que afirman sin rubor que en la muerte de Jesús hubo motivos políticos. Y en cuanto a las persecuciones a los judíos, me parece una ironía desafortunada hablar de "piadosos" cristianos en vez de fanáticos. Aunque hay y ha habido pseudo-cristianos antisemitas, como un ilustre lector de este blog que suele gritar, el antisemintismo es una manipulación del verdadero cristianismo.

Enlace permanente Comentario por Xabier 21.02.08 @ 09:33
Sobre la participación de los sacerdotes, QUIZÁS la explicación más sencilla sea la del Testimonio Flaviano limpiado de interpolaciones: a Jesús lo mataron los romanos y fue denunciado por los sumos sacerdotes.

Los romanos podían creer que un autoproclamado Mesías (antes de Jesús habían crucificado a 22 falsos cristos, según Josefo) era un peligro de orden público, pero los sacerdotes (o unos cuántos sacerdotes) podían tener también motivos religiosos.

Yo no lo compararía con alguien que vociferase en el Vaticano contra sus riquezas, sino quizás sería más apropiado compararlo con lo que supuso en su día Lutero, Erasmo u otros que criticaban al Papado.

Otra cuestión. En los evangelios sinópticos se habla de un juicio, mientras que en el de Juan parece más bien un interrogatorio de Caifás y Anás al que siguió un traslado de Jesús a Pilato. ¿No es más verosímil esta última versión, que responsabilizaría sólo a algunos sacerdotes y no a todos?
...
Enlace permanente Comentario por Xabier 21.02.08 @ 09:23
Vemos en el desarrollo de los evangelios canónicos, como Jesús es acechado por la clase sacerdotal que envia emisarios e incluso en ocasiones hace preguntas maliciosas para que Jesús caiga. observamos también que Jesús tenía admiradores dentro de esta casta pero que eran menos.
No veo que ver la historia como sucedió pueda crear en este caso antisemitismo los errores que se cometen dejan consecuencias y se deben asumir.
Enlace permanente Comentario por Lucia Matiz 21.02.08 @ 01:21
A lo largo de la historia antigua existen varios ejemplos de cómo la casta sacerdotal se deshace de individuos emergentes que presentan mensajes opuestos a la “doctrina” imperante. Son eliminados igualmente reyes, sacerdotes, y doctores.
La situación política en el Israel del siglo I, gira alrededor del segundo Templo, y de la lucha de facciones contrarias, con opiniones contrarias sobre el culto verdadero. Todos autodenominados como “guardianes del Templo”.
La sangre corre en Israel, desde la propia familia del rey Herodes hasta la propia familia de Jesús, Juan Bautista. Episodios que dejan entrever la virulencia que la legitimación levanta.
La política en el Israel del siglo I gira alrededor de la religión, de la legitimación religiosa, pues Israel es un estado teocrático. El discurso de Jesús es religioso. Él es el Mesías, el legitimador del culto verdadero. Razón suficiente para su muerte.
Enlace permanente Comentario por Carlos Sánchez-Montaña 20.02.08 @ 13:59

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