Muertes paralelas: Juan el Bautista y Jesús de Nazaret
06.02.08 @ 09:21:37. Archivado en Jesús histórico,
Hoy escribe Fernando Bermejo
Retomo hoy el tema de los paralelismos entre los predicadores judíos Juan el Bautista y Jesús de Nazaret, al que dediqué la mayoría de mis posts entre los meses de Febrero y Julio de 2007, con el objeto de finalizarlo y extraer conclusiones. El códice Tchacos, y en especial el Evangelio de Judas, nos han ocupado durante algunos meses, y en su momento volveremos a abordarlo.
A los numerosos paralelismos ya señalados entre estos dos judíos que vivieron a finales de la época del Segundo Templo cabe añadir también el de que ambos fueron suprimidos por las autoridades políticas de su tiempo, y por razones –relacionadas ciertamente con la predicación de ambos– de orden político.
Juan el Bautista fue eliminado por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas. A pesar de que el evangelio de Marcos cuenta una historia determinada, y Flavio Josefo otra sensiblemente distinta –cuyas divergencias son bien conocidas para nuestros lectores–, ambos coinciden en atribuir a Antipas la ejecución de Juan. No hay el menor motivo para dudar de la fiabilidad del dato.
La razón de esa ejecución es claramente señalada por Josefo, y se deriva de lo dicho en su momento sobre la dimensión política del mensaje religioso del Bautista y sobre su figura: el carácter carismático de éste, cuya capacidad de convicción arrastraba a multitudes, hizo temer a Antipas la posibilidad de que el entusiasmo escatológico y la crítica moral contenida en el mensaje de Juan acabara derivando en alguna acción sediciosa (stásis) que pusiera en peligro el orden público y la estabilidad de su gobierno. Teniendo en cuenta que Antipas fue un individuo astuto que se mantuvo durante varias décadas en el poder –y que por tanto debió de sopesar cuidadosamente los pros y los contras de matar a un individuo respetado por el pueblo como era Juan (de hecho, parece haberle tenido preso durante un tiempo antes de matarlo)–, es razonable pensar que sus temores no fueran el producto de una calenturienta mente hipocondríaca. Probablemente, y aunque el Bautista no era en absoluto un revolucionario político, los temores de Antipas tenían cierta base
Por lo que respecta a Jesús de Nazaret, fue eliminado por las autoridades romanas mediante crucifixión, una pena romana. La implicación en su muerte de algunos dirigentes judíos es posible –aunque algunos estudiosos consideran esta idea como el resultado de infundios antijudíos–, pero no hay duda de que la autoridad política que condenó a Jesús fue el poder romano en Judea, representado por Poncio Pilato. Sobre las implicaciones políticas de la predicación de Jesús hemos hablado en su momento, pero para comprender la eliminación del galileo es necesario recordar que la historicidad de la noticia de la algarada provocada por Jesús en el Templo de Jerusalén es altamente probable, y que la noticia relativa a que al menos algunos de los seguidores de Jesús iban armados es virtualmente cierta: el criterio de dificultad se aplica aquí con total contundencia (como José Montserrat nos ha recordado recientemente en su libro El galileo armado). Ahora bien, un incidente que ponía en peligro el orden público en una época como la Pascua (en la que Jerusalén veía multiplicada su población varias veces por la afluencia de peregrinos), llevado a cabo por un individuo con pretensiones mesiánicas y secundado por un grupo (al menos en parte) armado, era, comprensiblemente, motivo más que suficiente para que la autoridad romana considerase la conveniencia de sacarse de en medio a tal individuo (las historietas de los evangelios sobre Poncio Pilato son esencialmente puras ficciones). La necesidad de evitar males mayores (el temor de que en la Pascua se provocaran algaradas y, por tanto, la intervención de las fuerzas romanas con consiguiente baño de sangre, estaba más que fundado en la lógica y la experiencia) llevó a las autoridades a suprimir a Jesús.
Esta reconstrucción de la muerte de Jesús no descarta necesariamente la existencia de otras tensiones y malestar hacia su figura por parte de algunas autoridades religiosas (¿cómo se sentirían muchos de los jerarcas eclesiásticos actuales frente a un predicador que denunciase sin tapujos sus contradicciones, su hipocresía, sus tejemanejes con poderes políticos y su -en ocasiones- miseria moral?), pero no las considera verosímiles como causa principal y determinante de la muerte del Jesús histórico. Además, es consistente con los reveladores rastros que en la tradición sinóptica apuntan a que Herodes Antipas buscó la muerte de Jesús; en efecto, las razones de Antipas no pudieron ser en modo alguno de orden religioso o moral (lo que al tetrarca le importaba bien poco), sino del mismo tipo que las que le llevaron a ejecutar al Bautista, es decir, sociopolíticas.
A la luz de estas consideraciones resulta obvio el paralelismo entre los destinos de Juan el Bautista y Jesús, y se hace visible que ese paralelismo es aún mayor y más significativo de lo que la tradición cristiana y la exégesis confesional moderna parecen estar dispuestas a reconocer: las actividades de ambos carismáticos sembraron inquietud en las autoridades, que las juzgaron potencialmente peligrosas; ambos fueron arrestados y eliminados violentamente, aunque ninguno de los dos fuera necesariamente un revolucionario. Sus muertes tuvieron un significado similar: una y otra parecen haber sido ejecuciones cautelares, por parte de las autoridades, de predicadores religiosos cuyo mensaje tenía implicaciones políticas, con el objeto de preservar el orden público. Siendo así, el dicho de Mt 17, 12, que crea un paralelismo entre los destinos de Juan y de Jesús, resulta coincidir –independientemente de si cabe o no atribuirlo a Jesús– con lo históricamente verosímil, constituyendo una clave para comprender el dramático destino del predicador galileo.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
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El siglo I se comprende perfectamente sin que haya existido nadie en Nazaret o en Jerusalém. Es el siglo de la PAX creada por Octaviano Augusto, durante que Imperó durante 41 años, aunque los cambios comenzó a realizarlos en el primer triunvirato, así que fueron 58 años, de cambio de imaginario como demuestra Paul Zanker.
http://www.uark.edu/ua/metis2/zanker/zanker_txt.html
http://www.uark.edu/ua/metis2/zanker/zanker_txt2.html
Hasta el cambio del imaginario religioso la Gens Julio-Claudia por el de la Gens Flavia, no pasa nada ni en Jerusalén ni en Nazaret, ni en Belén. Y sin embargo la religión continúa reescribiéndose, sufriendo continuas trasposiciones. Se comprende el siglo I, si los exégetas se atreven a descubrir que Pablo es un personaje construido sobre la historia de Octaviano, como el personaje de David es construido sobre la historia de Ciro.
Un Jesús pacífico es posible, pero también lo es violento y guerrero, lo es el ignorante hijo de María de una aldea de mala muerte, cmo también el doctor de la ley Judia que ensena a los falsos sacerdotes y guías del pueblo. Asi es, y posiblemente son personajes distintos que proceden de diferentes tradiciones mezclados con personajes del antiguo testamento, todo ello, por obra de los evangelistas compiladores, tratado convenientemente para formar una única historia.
¿Una algarada en el Templo y forman una algarada para cogerlo en el Huerto?. No funciona. ¿Que el astuto Antipas se cargue a Juan? No funciona en ningún sentido. Ambos personajes están tan envueltos que no hay manera de desentrañar su historia a menos que la busquemos en otros personajes históricos que pudieron estar vinculados a Jerusalén: Pompeyo y Julio César. Aquél invadió el Templo, éste protegió a los Judíos. A aquél le cortaron la cabeza el joven rey egipcio, a éste los judíos cantaron como Mesias en su funeral. ¿Recuerdas qué dijo Flavio Josefo de ambos? Flavio dice que César recompensó a Hircano II por la ayuda que le habla prestado, reconociéndolo como etnarca y sumo sacerdote de los judíos a título hereditario. Las disenciones que surgieron entre los príncipes de la dinastía asmonea (los descendientes de los macabeos) le ofrecieron un pretexto para intervenir en Palestina. El año 64 en Palestina se disputaban el poder Hircano II y su hermano Aristóbulo, hijo...
Sobre la de Jesús hay más dudas. Suponiendo que el personaje existiera, no tenemos constancia de ello como si la tenemos de Juan Bautista, el relato de la pasión es incongruente casi todo él e incompatible con lo que sabemos de sobre los procedimientos legales de la época. Probablemente estemos ante tradiciones distintas superpuestas en elos evangelios a lo largo del tiempo como si fueran capas. Pues que tendrá que ver el Jesús filósofo de las parábolas con el agitador y profeta "mala sombra" que aparece en el relato de la pasión? y el de la Resurrección es claramente un personaje mítico. Varios Jesus en los evangelios?
Respuesta de Fernando Bermejo
Estimado amigo: Si a Vd. le admira lo que llama mi "capacidad de fabulación", a mí no me admiran sus contradicciones. Yo procuro escribir utilizando términos como "posible", "probable", "plausible" o "verosímil", pues cuanto podemos ofrecer es una reconstrucción de los hechos. Pero Vd. afirma por un lado que de Jesús "sólo sabemos que existió", y a renglón seguido dice cosas como que "Jesús a quien en realidad estorbaba era a la clase sacerdotal, etc.". ¿En qué quedamos? Por lo demás, afirma Vd. que "El proyecto de Jesús no era político sino social". Crea Vd. lo que guste, pero yo no creo haber escrito en ningún momento que el proyecto de Jesús fuera político. Un abrazo, F.B.
BAUTISTA ataco a herodes un poder politico y fue eliminado por la guardia de herodes no veo paralelismo
Respuesta de Fernando Bermejo
Estimado amigo:
Dado el interés de sus consideraciones -y de las de otros lectores-, reservo mis comentarios para un próximo post.
Gracias y un muy cordial saludo,
F.B.
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Antonio Piñero
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