Hoy escribe Fernando Bermejo
Finalizamos hoy la serie comenzada hace ya muchos meses, destinada a demostrar que el modelo historiográfico hoy prevaleciente en torno a la investigación sobre Jesús es erróneo.
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Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos el comentario al libro de Graham N. Stanton “Jesús y el evangelio”
Llegados al final de nuestro comentario, vayan también unas palabras sobre la traducción al español, obra de Víctor Morla. En líneas generales parece legible y buena, aunque en ocasiones se percibe fácilmente el subyacente texto inglés –sin necesidad de tenerlo ante los ojos físicamente- y cómo no ha sido correctamente entendido.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Clase social de las mujeres de los Hechos
Ya vimos cómo J. N. Bremmer subrayaba la idea de la predilección de mujeres de alta cuna por el Cristianismo. No era ése, como ya hemos visto, el punto de vista del apóstol Pablo en su primera carta a los corintios. Si nos fijamos en los llamados a la fe, descubrimos que "no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles" (1 Cor 1, 26). Pero los principios del Evangelio tenían precisamente una vertiente de libertad, de manera que la fe estaba abierta para todos. Había pasado por lo menos un siglo entre la fecha del Corpus paulinum y la de los Hechos Apócrifos. En las páginas de estos Hechos aparecen mujeres de las altas esferas de la riqueza y el poder. Pero no son las únicas. Lo que pasa es una realidad incontrastable: Los personajes que poseen mayores cuotas de poder son los que tienen mayor capacidad de influencia en la marcha de los acontecimientos.

Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de Graham N. Stanton “Jesús y el evangelio”
Creo que acierta plenamente Stanton, al caminar tras los pasos de Martín Lutero y sostener que en Gál 6,2 “la ley de Cristo” debe definirse como la Ley de Moisés interpretada –y superada por Cristo añadiría yo- cuya esencia se enraíza en el mandamiento del amor, que consiste no simplemente en amar abstractamente al enemigo, sino en llevar las cargas de los otros. Esta ley fue cumplida por Cristo en su amor de autoentrega.

Hoy escribe Antonio Piñero
Tengo hoy entre mis manos un libro interesante, muy inglés en su modo de contar las cosas, insinuante más que afirmante en ocasiones, en las que las nítidas conclusiones están acompañadas de sugerencias sobre planteamientos y tareas futuras tanto de la filología que afecta al Nuevo Testamento como a la teología cristiana. Su ficha es la siguiente
Graham N. Stanton, Jesús y el ‘Evangelio’, Desclee de Brouwer, Bilbao, 2008, 331 pp., con índice analítico de materias y nombres muy breve. Versión del inglés de Víctor Morla. ISBN: 978-84-330-2277-6.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el tema de los "hermanos de Jesús"
Sobre todo los intérpretes católicos defienden también el dogma de la virginidad perpetua de María con otros argumentos que consideramos a continuación. El primero hace referencia al curioso episodio de la pérdida de Jesús al volver de una peregrinación a Jerusalén durante la Pascua (Lc 2,41-52) y del que tratamos en el capítulo anterior. Se dice a este propósito: la participación de María en esa peregrinación no se explica bien -como dijimos, las mujeres no estaban obligadas a ello en el judaísmo- si hubiera tenido hijos más pequeños que cuidar. Luego sólo tenía uno.
Hoy escribe José Montserrat Torrents
Estoy preparando un regreso al tema del Jesús histórico. Como en mi El galileo armado, en esta nueva entrega me dirigiré exclusivamente al público laico. Me alejo definitivamente de la confrontación con los autores confesionales, incapaces, por más que lo pregonen, de deshacerse de sus prejuicios dogmáticos. Cada cual que labre su campo (con sus propios prejuicios).
La lectura de algunas de las recientes publicaciones laicas me ha suscitado dudas acerca de mi propia metodología, y quiero exponerlas en este blog para intentar aclararlas.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Si hoy en día se necesita seguir repitiendo lo obvio (Jesús = judío) como si fuera un gran descubrimiento, es porque la imagen más verosímil de Jesús se ha revelado inasumible (inasumible con rigor consecuente) para la inmensa mayoría de exegetas. Y esto significa que la naturaleza de la investigación sobre el Jesús histórico es claramente conflictiva.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos analizando la versión española de Mt 1,25.
Para fundamentar la opinión aportan estos intérpretes algunos casos de la misma traducción griega del Antiguo Testamento, los Setenta, por ejemplo Génesis 8,7; 28,15, etc. -que rogamos consulten los lectores- y otros ejemplos del arameo. Aquí nos basta con un ejemplo:
Y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.
Hemos defendido ya que -tratándose del Nuevo Testamento- estamos ante un claro forzamiento de la lengua griega en pro de una hábil traducción que sustenta una opinión dogmática predeterminada. También hemos argumentado ya que el actuial texto del Evangelio de Mateo no es una traducción del hebreo y del arameo y que tampoco está pensado en alguna de esas lenguas, como sí ocurre, por ejemplo, con el Apocalipsis que redactado en griego está pensado a veces en hebreo (ejemplo clásico: el número de la Bestia, 666, de 13,18, que sólo se entiende a partir de un juego de "gematría" [significado de las consonantes de una palabra según el valor que esas consonantes tienen utilizadas no como letras, sino como números] en hebreo, no en griego).

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Conclusiones
Éstas son las mujeres, cuyas gestas o sencillas acciones llenan tantas páginas de los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. Es el momento de revisar los datos y comprobar si, y en qué medida, se cumplen las teorías y las opiniones de los investigadores. Frente a las discutidas teorías de los comentaristas están los textos con toda su descarnada realidad. En los caminos de la investigación existen peligros ciertos que pueden desviar del camino recto las líneas de los acontecimientos. No valen las posturas preconcebidas.

Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos la presentación del libro de Mario Saban, El judaísmo de Jesús.
Creo que en este libro se abordan todos los posibles caras de ese rico y complejo poliedro que es la ética de Jesús: la reflexión sobre la unicidad de Dios, la observancia de la Ley en su conjunto, el amor a los enemigos, Dios como padre y sus consecuencias para la vida, el arrepentimiento, la observancia del sábado, las exigencias éticas de la inminente llegada del Reino de Dios, la escrutación y seguimiento de la voluntad de Dios, cómo y con qué espíritu se cumplen las obras que exige la Ley, la oración y la práctica resumida en la máxima “misericordia quiero y no sacrificios” de Oseas 6,6.

Hoy escribe Antonio Piñero
En la psotal de hoy deseo presentarles a ustedes el libro siguiente:
Mario Javier Saban, El judaísmo de Jesús. Las enseñanzas éticas de la Torá y de la tradición israelita de Yeshúa de Nazaret. Editorial Saban, Buenos Aitres, 2008, 640 pp. ISBN: 978-98723603-4-4.
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Qué pensar de los argumentos de san Jerónimo en defensa de la virginidad perpetua de María?
En primer lugar, se debe aceptar que es verdad lo que se dice de que en los textos de la versión griega de la Biblia, los Setenta, influidos por un ambiente semítico, la palabra griega “hermano” (adelfós) es de uso amplio, y que puede significar también “primo” o “pariente”. Esta posibilidad no puede excluirse en buena ley.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como puede deducirse por lo hasta aquí expuesto en las postales anteriores, llegado el siglo IV había tres posturas respecto a la virginidad perpetua de María, lo que afectaba directamente a la cuestión de si Jesús –de quien no se dudaba su nacimiento milagroso- había tenido hermanas y hermanos en el pleno sentido de la palabra:
1. La posición de Helvidio (aunque cietamente del siglo IV, es un personaje eclesiástico poco conocido anterior a san Jerónimo que lo ataca en sus Adversus Helvidium), que repetía la opinión de Tertuliano: María había concebido ciertamente a Jesús de un modo milagroso. Pero luego había tenido relaciones carnales normales con José, tras el nacimiento extraordinario y prodigioso de Jesús. Éste tenía, pues, cuatro hermanos y al menos dos hermanas en el sentido normal del vocablo, carnales.
Hoy escribe Fernando Bermejo
A lo largo de los últimos posts de esta serie, hemos señalado las ventajas apologéticas que tiene para la visión teológica tradicional un modelo historiográfico cuya insostenibilidad ha sido demostrada. Si en relación al paradigma contemporáneo de las “tres búsquedas” sobre Jesús preguntamos cui prodest?, la respuesta es clara: el beneficiario sistemático de sus aseveraciones es la visión cristiana tradicional.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en una postal anterior, comentamos ahora los textos previamente reunidos sobre la cuestión de los hermanos de Jesús.
Estos pasajes del Nuevo Testamento deben entenderse también a la luz de otros testimonios de la Iglesia antigua. Hegesipo, que escribe hacia el año 160, hace también una referencia a los hermanos de Jesús. Su obra se ha perdido, pero el historiador de la Iglesia Eusebio de Cesarea en su obra Historia Eclesiástica nos ha conservado algunos fragmentos. En III 22 Eusebio recoge un pasaje de Hegesipo en el que se dice:
Igualmente Simeón fue el segundo, tras Santiago, el hermano (adelphós) del Señor, en tener el cargo superior en la iglesia de Jerusalén.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La "función" del castigo del Apóstol responsable
Una de las "funciones" del esquema trazado por V. Burrus a partir del análisis de los cuentos de V. Propp es el final martirial del Apóstol. Los responsables directos de la conversión de mujeres importantes pagaban su dosis de responsabilidad. Como en los casos de Andrés y de Pedro, la muerte de Judas Tomás está motivada claramente por la conducta de Tercia y Migdonia. Ambas estaban en la cima de la pirámide del poder y los honores. Su caso resultaba tanto más sensible, cuanto que tocaba los cimientos más firmes de aquella sociedad. Estaban implicados el mismo rey y su segundo, pariente y ministro. Era de esperar que su reacción guardara proporción con su dignidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Algo muy parecido a lo que notábamos en nuestra postal anterior (XIX), ocurre con el don de la profecía y la clarividencia. Exteriormente tampoco se distinguen en estos ámbitos los servidores proféticos de Baal, por ejemplo, de los de Yahvé.
Lo mismo pasa con los poderes sobrenaturales/mágicos en general. El Antiguo Testamento reconoce tranquilamente la existencia y el poder supranatural de otros magos, como atestigua 1 Samuel 6,1-18, texto en el que se ve que Yahvé se deja aplacar casi mecánicamente (hace cesar la peste que había lanzado sobre los filisteos) cuando se le ofrecen unas imágenes de oro, que complementan la devolución del Arca de la Alianza que los filisteos retenían injustamente. Veamos el texto:
Hoy escribe Antonio Piñero
Ampliamos un poco lo que dijimos en la “postal” del día anterior (79-05) sobre los hermanos de Jesús. También aquí debo aprovechar parte del material recogido y estudiado en mi obra “Jesús y las mujeres” (Aguilar, Madrid, 2008).
Deseo presentar en primer lugar una relación de los pasajes del Nuevo Testamento que afectan al tema y pueden contribuir a una respuesta sobre si fueron o no hermanos reales y auténticos, de sangre, son los siguientes:

Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo presentar hoy el último libro, póstumo, de Juan Mateos, coeditado con Fernando Camacho, el que fue famoso traductor del Nuevo Testamento en la Biblia junto con J. L. Alonso Schökel. Su ficha es la siguiente:
El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético. Volumen III, Ediciones El Almendro/Fundación Épsilon, Córdoba, 2008, 858 pp. ISBN: 978-84-8005-115-6.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema de la reducción a una mera nota rápida, por parte de Pagola, del tema de la credibilidad histórica de los “Evangelios de la infancia”. Para lo que sigue tomo material de mi obra “Jesús y las mujeres” (Aguilar, Madrid, 2008).
Los motivos de duda sobre la fiabilidad histórica del conjunto de estas narraciones sobre la infancia son los siguientes:
1. Los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas contienen detalles legendarios, imposibles de considerar históricos. Fundamentalmente son: el relato sobre la prodigiosa estrella que anuncia el nacimiento de Jesús; la adoración de los magos; el relato de Herodes el Grande y su comportamiento inverosímil respecto a los magos; la matanza de los inocentes.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Cuando, hace algunos años, se me presentó la oportunidad de hablar en La Sorbona sobre los progresos que en el ámbito de las ciencias de las religiones se habían producido en España en las últimas décadas, antes de viajar a París contacté con numerosos especialistas españoles para que me informaran sobre sus últimas contribuciones. La más generosa de todas las respuestas que recibí fue la de Míkel de Epalza, catedrático del área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante , que –sin habérselo solicitado– no sólo me envió un buen número de separatas de sus trabajos, sino también su entonces reciente traducción del Corán al catalán, en una voluminosa edición.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nuestro autor, en este capítulo, no omite el problema teológico general de los “evangelios de la infancia” (Mt 1-2; Lc 1-2). Sostiene Pagola, no en el cuerpo del texto, sino en nota a pie de página, que los procedimientos utilizados por los evangelistas en estos cuatro capítulos
Más que relatos de carácter biográfico son composiciones cristianas elaboradas a la luz de la fe en Cristo resucitado… un midrás hagádico que describe el nacimiento de Jesús a la luz de hechos, personajes o textos del Antiguo Testamento.
Añade también que no fueron redactados para informar sobre los hechos ocurridos (probablemente se sabía poco) sino para proclamar la Buena Noticia de que Jesús era el mesías davídico esperado en Israel y el hijo de Dios venido a la tierra para salvar la humanidad.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Victoria final de las mujeres
Las mujeres de los Hechos Apócrifos, convertidas a la vida de castidad, perseveran siempre en su propósito y nunca vuelven a la vida pasada, que miran más bien con desprecio y con desdén. Misdeo, el rey, y Carisio, su ministro, no lo creían así. En lógica consecuencia, creyeron que, muerto el Apóstol, las aguas seguirían su cauce natural. Como Tercia y Migdonia no cedían, pretendieron emplear la fuerza. Intentaron, en efecto, violentarlas, pero no lograron hacerlas cambiar de opinión. Es el punto de vista de los textos. Mucho menos después de que Judas Tomás se les apareciera para confirmar su voluntad: "No os olvidéis de las cosas pasadas ni os dejéis engañar. Jesús, el santo, el viviente, os enviará rápidamente su ayuda" (HchTom 169, 2).

Hoy escribe Antonio Piñero
El segundo volumen general de la obra que comentamos, el siglo de Oro (ISBN: 978-84-8164-991-8) está coordinado por Rosa Navarro Durán y sus temas son los siguientes:
La Biblia en la poesía lírica y épica de la Edad de Oro; la Biblia en el teatro; la Biblia en la literatura espiritual y más tres apartados dedicados a Cervantes y la novela en la Edad de Oro, la prosa de Quevedo y la Biblia y la prosa culta en general del siglo XVII. Concluyen el volumen dos estudios consagrados a la influencia de la Biblia en la literatura judeoespañola: uno en los Balcanes y otro en los judíos sefardíes de Amsterdam y otras colonias en la Europa occidental.
Hoy escribe Antonio Piñero
El ciclo de Eliseo, que comienza en el 2º capítulo del libro 2º de los Reyes está lleno de milagros realizados por medio de acciones que hoy denominamos mágicas. El primero está conectado con la vocación de Eliseo. 1 Reyes 19,19-21 la relata así:
Partió Elías de allí (el monte Horeb) y encontró a Eliseo, hijo de Shafat, que estaba arando. Pasó Elías y le echó su manto encima; él abandonó los bueyes...y entró a su servicio.
El manto de Elías tenía propiedades milagrosas, como se demostró poco después:
Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas (del Jordán), que se dividieron de un lado y de otro y pasaron ambos (Elías y Eliseo) a pie enjuto (2 Reyes 2,8).
Hoy escribe Antonio Piñero
Es importante para situar a Jesús en sus coordenadas religiosas, hacer –como lo intenta con éxito Pagola- situar a Jesús dentro de la mentalidad religiosa de un campesino en la Galilea del siglo I, porque su religiosidad difería bastante de la del “rabino”, doctor de la Ley o fariseo asentado preferentemente en Jerusalén. Notar la diferencias de acento en intereses y religiosidad ayuda mucho a comprender la postura del Jesús de la historia en ciertas cuestiones legales y en su posición respecto al Templo y los sacerdotes.
A sus observaciones sobre la(s) lengua(s) habladas por Jesús y su posible formación en su pueblo tan pequeño, se puede añadir que teniendo en cuenta que Jesús fue un maestro de éxito en Galilea y Jerusalén, que Lucas (4,16-30) afirma que Jesús leyó y comentó las Escrituras en un oficio religioso, un sábado, en la sinagoga de Nazaret, podemos deducir que el Nazareno no era un campesino analfabeto, como se ha pretendido aún muy recientemente, sino que sabía, al menos, leer y escribir. Y más probablemene que estaba mejor formado en la Biblia heredada que lo que algunos suponen.

Hoy escribe Antonio Piñero
La segunda parte del volumen primero del libro que comentábamos el día anterior lleva como subtítulo “El texto (bíblico): fuente y autoridad” (ISBN: 978-84-8164-934-5). Para presentarlo utilizaré palabras y conceptos de María Isabel Toro Pascua, coordinadora de estas primera y segunda parte, en su “Nota introductoria”, pp. 9-13.
La función de la Biblia como fuente de autoridad es más bien “hiperliteraria” y se basa en la existencia de una sociedad que asume la Biblia sin crítica alguna como palabra divina absoluta. En este sentido es la literatura bíblica un elemento, diría que casi componente esencial, de la lieratura medieval.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Hace algunas semanas tuve el placer de participar en Madrid como conferenciante, junto a varios colegas españoles y extranjeros, en unas jornadas académicas sobre “La filiación en la Antigüedad cristiana” organizadas por un Instituto de estudios católico. El ambiente que nos depararon los organizadores fue excelente y cordial, y guardo muy grata memoria de ellos y de esos días. Ahora recuerdo que en algún lugar del salón del Instituto donde se celebraron las jornadas había un crucifijo, aunque me llamó tan poco la atención que hoy no podría asegurar cuál era su tamaño, ni si se encontraba a un lado de la mesa de los ponentes o sobre la pared, presidiendo el salón. En un centro cristiano, la presencia conspicua de un crucifijo es lo esperable. Faltaría más.

Hoy escribe Antonio Piñero
Quiero presentar hoy una colección en marcha, en vías de publicación cuyo tema general me parece muy interesante para nuestra cultura: “La Biblia en la literatura española”, colección dirigida por el catedrático de la Universidad de Barcelona, Gregorio del Olmo, del Departamento de Hebreo, y al que muchos lectores quizás conozcan por su libro Mitos y leyendas de Canaán, sobre el trasfondo cananeo de muchos de los relatos básicos del Antiguo Testamento. La ficha del primer libro es la siguiente:
La Biblia en la literatura española. I. Edad Medida. Coordinadora María Isabel Toro Pascua. 1/1 El imaginario y sus géneros. Editorial Trotta/ Fundación San Millán de la Cogolla, Madrid, 2008, pp. 303, ISBN: 978-84-8164-933-8.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Mnesara, la nuera del rey
El papel desempeñado por Mnesara en la narración de los Hechos de Tomás es más bien limitado y discreto. Al contrario de los otros casos de mujeres, es el marido Vazán, hijo del rey, el protagonista de los sucesos en que ella se ve implicada. El Hecho XII lleva incluso el epígrafe "Hecho XII sobre Vazán, hijo de Misdeo"; y el siguiente: "Hecho XIII cuando Vazán recibe el bautismo con los demás". Entre los demás se encontraba también Mnesara. Pero ya tendremos ocasión de comprobar las razones de este protagonismo, basado en la misión pastoral que Tomás encomendará al joven converso.
Hoy escribe Antonio Piñero
La idea directriz de la postal anterior era que los “narradores bíblicos presentan la acciones mágicas de los adversarios vencida por la potencia procedente del Dios único, Yahvé, que actúa a favor de los héroes israelitas. Esos textos, sin embargo, mirados con ojos de hoy nos revelan un no menor proceder mágico al servicio de aquellos que se proclaman heraldos del Dios único”. Y presentábamos sobre todo el caso de José, el patriarca, hijo de Jacob.
Igualmente ocurre con Moisés. Se ha formulado la pertinente observación que este personaje, el fundador de la religión israelita, opone a la magia de los hechiceros de Egipto la contramagia procedente de Yahvé. Moisés recibe de Dios una vara mágica o cayado (Éxodo 4, 17)79, que actúa como la de un prestidigitador taumatúrgico:
Hoy escribe Antonio Piñero
Me ha gustado en conjunto la suerte de “carta programática” sobre sus intenciones que escribe J. A. Pagola en su “Presentación” (paginas 5-9) “¿Quién fue Jesús?”. Sin embargo, veo que el entusiasmo del biógrafo por el biografiado le lleva a exagerar un tanto, pues escribe:
Probablemente nadie ha tenido un poder tan grande sobre los corazones; nadie ha expresado como él las inquietudes e interrogantes del ser humano; nadie ha despertado tantas esperanzas… pues su persona y su mensaje siguen alimentando la fe de tantos millones de hombres y de mujeres…
Hoy escribe Antonio Piñero
Otro aspecto que me gustaría aclarar -quizá en primer lugar a mí mismo- es la perspectiva de J. A. Pagola en su libro tal como la interpreta Xabier Pikaza en su blog (siento no recordar el día exacto, porque tomé notas sólo del contenido; creo que cualquier lector del blog averiguará ese extremo).
Opina nuestro amigo Xabier que el libro de Pagola:
“Está escrito como aproximación histórica, en la línea de la primera tradición del evangelio. Trata, por tanto, de la vida de Jesús, desde una perspectiva kerigmática (de anuncio cristiano del evangelio), en la línea de Marcos (y Pablo)”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Ahora que ha pasado ya un cierto tiempo y que se han calmado las aguas y el revuelo levantado por el libro de José Antonio Pagola sobre Jesús, es cuando me parece conveniente hacer un comentario sobre este volumen, puesto que aborda una serie de cuestiones muy actuales sobre Jesús y que inciden directamente en los temas que sobre el Nazareno hemos ido tratando en este blog. De paso anunciamos también que es mi propósito comentar algunos otros libros sobre Jesús que ya han adquirido el aura de “clásicos”, al menos relativamente y que son pertinentes para dibujar la imagen del Jesús histórico.
Hoy escribe Fernando Bermejo
El último postulado que cabe detectar en la actual periodización de las "tres búsquedas sobre el Jesús histórico" reza que no es posible emitir todavía un juicio suficientemente fundado acerca de la investigación realizada sobre el personaje, en parte en virtud de la consideración de que hoy en día hay una multiplicidad de imágenes de Jesús.

Hoy escribe Antonio Piñero
Ha aparecido por fin el mercado, en forma de libro autónomo, la anunciada ampliación del capítulo 7 del volumen “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”. Siempre he pensado –y así lo he manifestado en este blog y en público- que este capítulo de Puente Ojea es probablemente el más importante del volumen que recoge las conferencias del Curso de Verano, que presentamos en postales anteriores, puesto que expone argumentos de crítica interna, es decir, surgidos del análisis de los documentos cristianos mismos recogido en el Nuevo Testamento que me parecen que son los más probativos de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, tan discutida por algunos hoy día. Por ello es una alegría que este capítulo de unas 30 páginas aparezca ahora ampliado considerablemente en un libro de 160 páginas, aunque de cuerpo un poco menor.
He aquí la ficha del libro:
Gonzalo Puente Ojea, La existencia histórica de Jesús. Las fuentes cristianas y su contexto judío. Siglo XXI de España Editores S. A., Madrid, 2008, 160 pp. ISBN: 978-84-323-1362-2.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Marcia. La servidora fiel y generosa
Al lado de Migdonia, como servidora y hasta cierto punto cómplice de sus proyectos, aparece una sencilla mujer de nombre Marcia, que tanto la versión siríaca como la versión latina denominada Miracula latina la denominan Narcia o Narchia. Es la dama de compañía y confianza de su señora con una conducta que recuerda la de Ifidama con respecto a Maximila en los Hechos de Andrés. En los momentos más comprometidos de la conversión de Migdonia, en las circunstancias de su bautismo, Marcia actúa como confidente y encargada de los más delicados recados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Este tema -lo "puro e impuro" desde el punto de vista de la magia- lo voy a tratar muy someramente porque sobre estos dos conceptos en el Antiguo Testamento y al inmenso número de prescripciones sobre animales lícitos e ilícitos, y respecto a las normas que jalonan sobre todo el libro del Levítico y los ritos para recuperar la pureza perdida o para alcanzar un determinado grado de santidad, creo que basta tan sólo con decir que en los manuales de Historia de las Religiones puede encontrar cualquiera un amplísimo material comparativo, lo suficiente como para asignar a estas prescripciones y ritos veterotestamentarios un claro origen en creencias tabuísticas y mágicas primitivas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sosteníamos el día anterior que tampoco la opinión de Sacchi (la frase "Hijo del hombre" era un título msiánico corriente en el judaísmo del siglo I) me parece correcta, pues en mi opinión no puede resistir la crítica, como hemos expuesto ya largamente en una serie anterior sobre el Hijo del Hombre.
Jesús –dice Sacchi en p. 84- confirmó claramente su título de Hijo del Hombre y sus funciones refiriéndose a las palabras de Daniel 7. Para sustentar su opinión aduce Sacchi un texto del Cuarto Evangelio que recoge esta tradición: Jn 5,22-27 cuyo centro es
Hoy escribe Antonio Piñero
Hasta este momento hemos caminado de consuno, e acuerdo, el autor al que comento y yo -las exposiciones de P. Sacchi acerca de las relaciones entre Jesús y Juan Bautista- salvo en el caso de nuestro juicio divergente acerca del “henoquismo” o movimeinto de seguidores del profeta Henoc, sobre todo respecto a la función que podían desempeñar en este grupo de pensamiento apocalíptico, y la importancia de la ley de Moisés (tal como expuse en postales anteriores).
De nuevo hoy, no nos parece posible seguir el discurso de Paolo Sacchi sobre Jesús cuando, guiado por su confesionalidad, acepta sin discusión la historicidad de la teofanía del bautismo del Nazareno tal como lo narra Mc 1,11 y paralelos, historicidad en extremo problemática, pues toda la escena de la voz divina parece claramente teología posterior de la Iglesia, es decir parece un añadido teológico al hehco simple del bautismo de Jesús por Juan Bautista, y un modo de explicarlo y deducir de ese hehco problemático para el cristianismo (Jesús, ser sin pecado, acepta un bautismo para la remisión de los pecados) consecuencias teológicas buenas
Hoy escribe Antonio Piñero
La concepción de la impureza como fuerza maléfica, sustancialmente coincidente con el pecado y el mal, llegó a su más extrema radicalización en el esenismo. Impureza y pecado coinciden y forman parte de la naturaleza misma del hombre. La liberación del pecado es liberación de la impureza, es purificación.
Según los qumranitas, el ser humano es ya pecador desde el seno de su madre porque la impureza está en toda la naturaleza; por tanto es connatural con el ser humano. El único modo de liberarse es apartarse del mundo, entrar en la secta y dejarse purificar por el Espíritu de Dios que habita en ella:
Hoy escribe Fernando Bermejo
El quinto postulado del actual modelo historiográfico que en su momento identificamos mantiene que en la investigación sobre Jesús no sólo ha habido un progreso sustancial, sino que éste tiene lugar genuinamente en la actualidad. Sin embargo, esta idea parece responder no sólo a cierto egocentrismo académico, sino una vez más a intereses teológicos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos el día anterior que hacia el fin de la dominación persa y a comienzos de la época helenística (siglo IV y III a.C.) se da una verdadera inversión en la concepciones de lo puro e impuro. Cedo la palabra a Paolo Sacchi, quien explica estupendamente este cambio en su libro Historia de Israel en tiempos del Segundo Templo, Trotta, pp. 483ss Madrid:
El primer escrito canónico que pone en crisis la categoría “sagrado-profano/impuro-puro” es el libro de Job. Hasta los inicios del periodo persa el hombre era una típica realidad profana, por tanto exenta de impureza por sí misma, si bien inmersa en un mundo en el cual la contaminación siempre era posible. Pero ser impuro no dependía en ningún caso del hecho mismo de ser hombre. Job por el contrario contempla la debilidad propia del hombre –“una paja seca, una hoja llevada por el viento” (13,25)— y la interpreta como indicio y prueba de su impureza natural:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Tercia, la mujer del rey
El conflicto inevitable
Tercia pretendió interceder en nombre de su marido para liberar a su amiga Migdonia de la influencia del apóstol Tomás. Pero el contacto con el personaje produjo en ella un efecto contraproducente. Oyó la predicación sobre la vida de castidad y se convirtió con decisión y entusiasmo a la vida practicada por su amiga. Como esposa del rey, su conducta produjo en la corte una especie de cataclismo. El caso es que de su "embajada" regresó a su casa exultante. Tanto que su alegría llamó la atención de su marido, sorprendido de que hubiera regresado a pie, actitud impropia de su dignidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos mencionado ya lo sacrosanto y numinoso del nombre divino, como dotado de un poder especial. Si el nombre de Dios es tan santo que no debe ni ser pronunciado, podría pensarse que en el Antiguo Testamento aparecerían huellas al menos de una tendencia previsible: la utilización del Nombre para aprovecharse de su virtud oculta, que se desencadenaría por si sola con tal que se observaran ciertas reglas.
Ahora bien, tal tendencia apenas aparece en el Antiguo Testamento. Apenas encontramos en él un uso estrictamente mágico del nombre divino, salvo en algunos pocos casos: el nombre de Yahvé se usaba como amuleto tatuado en la propia carne, al estilo de lo que sabemos en otros pueblos semitas como los cananeos, y más lejanos como el testimoniado en el Código de Hammurabi (parágrafo 226).
Hoy escribe Antonio Piñero
Comentábamos en la última entrega que en el caso de personas importantes, o de Dios mismo, cuando se pronuncia una maldición o bendición se pone en marcha una virtud autónoma, imparable, incluso en casos –como el de Jacob respecto a su hermano Esaú- de más que dudosa moralidad.
Tenemos también otro ejemplo interesante: el del rey de Moab, Balaq, que llamó al adivino Balaán para maldecir al pueblo de Yahvé. A toda costa, y con pingües promesas, pretendió arrancar el rey moabita de la boca del hombre sagrado la maldición apetecida, ya que sabía que una vez proferida habría de actuar sin remedio contra Israel. Pero Balaán pronunció justamente lo contrario, una bendición, por lo que el rey de Moab no se atrevió ya a atacar a su enemigo israelita. La historia completa puede leerse en Números 22-24.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestro comentario al libro de Paolo Sacchi sobre “Jesús su gente”. Abordamos ahora el tema de Juan Bautista y la concepción de lo puro e impuro.
La idea de Juan Bautista de que el pecado dejaba como una mancha o traza en el ser humano tenía una larga historia en la Biblia fundada sobre la distinción puro e impuro. En tiempos de Jesús las discusiones se orientaban a dilucidar la esencia de lo impuro o la influencia que podía ejercer sobre los humanos: si era una fuerza de la naturaleza, o bien una indicación de parte de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Señala Sacchi cómo para los judíos del tiempo de Jesús era lo mismo decir “el que ha de venir” que decir “mesías”. Que es así lo sabemos ya, pues hemos leído muchas veces el pasaje de Mt 11,3 y paralelos en el que aparecen los discípulos del Bautista preguntando a éste –en vista de su predicación y de las acciones portentosas de sanación y expulsión de demonios que Jesús efectuaba- si es “el que ha venir” o “esperamos a otro”. “El que ha de venir” es por tanto una frase entendible por todos los judíos de la época y con contenido mesiánico.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La identificación de la investigación realizada desde 1980 bajo la etiqueta “Tercera búsqueda” (“Third Quest”), así como el establecimiento de una distinción nítida entre ésta y la supuesta (inexistente) “New Quest” presentan también considerable utilidad para los sectores confesionales.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el comentario que estamos haciendo a la obra de Paolo Sacchi, Jesús y su gente, me parece interesante destacar algunos puntos en los que hace hincapié este autor en el capítulo dedicado a Juan Bautista.
En primer lugar, la insistencia casi imprescindible en caer plenamente en la cuenta de que el impulso de Jesús hacia una vida de piedad con trascendencia pública tiene su origen en su atracción por la figura del Bautista. Jesús encontraba algo muy importante en la figura de Juan y su predicación como para dejar Nazaret, su familia y su trabajo. Jesús no se dirige hacia un maestro fariseo o a Qumrán, sino al Bautista. Luego permanece con él quizá semanas o meses, hasta fundar su propio grupo, tomando gentes que pertenecen al círculo del Bautista mismo.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Tercia, la esposa del rey Misdeo (Hecho XI: HchTom 134-138)
La mediadora entre los esposos separados
Otra mujer en la que se cumplen los rasgos de las grandes protagonistas de los Hechos Apócrifos: mujer importante como esposa del rey, escucha la doctrina del Apóstol, se convierte a la vida de castidad, provoca el conflicto con su marido, que encuentra un motivo más para acabar con la vida del culpable. Los pasos se van cumpliendo ante la sorpresa del rey que puso a su mujer en el ojo del torbellino. Todo ocurrió cuando Carisio expuso al rey los detalles del problema. Misdeo no tuvo otra ocurrencia mejor que enviar a su mujer para que actuara de intercesora entre los esposos separados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos hoy con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente? con un comentario muy sucinto a las conclusiones. Más bien, un apunte, pues creo que es el lector el que debe obtener sus propias conclusiones. Deseo poner de relieve -como se verá- que el libro presente no se limita a plantear cuestiones, a lanzar interrogantes, para luego dejarlas sin solución o en la semioscuridad. Al contrario: hemos procurado que no sea así y que exista en lo posible una respuesta clara.
El Epílogo del libro aborda:
1. El testimonio de las fuentes antiguas extracristianas.
En él se discuten qué valen los muy famosos textos de Flavio Josefo (Ant. XVIII 63-64 y XX 200) , de Tácito (Anales XV 44) y de Mara bar Serapión.
Como novedad se apuntan nuevas perspectivas sobre el pasaje de Josefo tomados del texto reconstruido por R. Esissler en su obra de 1931 The Messiah Jesús, y se discute si según Josefo, en realidad Jesús agitó con su predicación a las masas judías y fue un eslabón más de los que la condujo a la catástrofe del 66-70 d.C. Por tanto, la mención de Jesús podría no ser una interpolación.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos hoy con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente?
Hay un cuarto ámbito de análisis en este Curso y en este libro: el de la admisión de la mera existencia histórica del personaje, pero su presentación a los lectores en una línea de distorsión o desfiguración consciente o semiconsciente, producida por el emplazamiento mental de sus autores dentro de una confesión religiosa determinada, ya sea en tiempo antiguo o en moderno. Dos ámbitos consideraremos:
1. El de la investigación literaria e histórica de tono científico, en donde como muestra fehaciente de la distorsión se estudian las posiciones de Martin Kähler y Timothy L. Johnson que argumentan en pro de la inutilidad de le búsqueda del Jesús histórico.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la presentación del libro ¿Existió Jesús realmente?
Naturalmente aquí debemos plantear cuántas son estas fuentes y en qué grado son discutibles: los textos del estoico sirio Mara bar Sarapión, del historiador judío Flavio Josefo, en su obra Antigüedades de los judíos XVIII 63-64 y XX 200 (obra compuesta hacia el año 93 d.C.), y el del historiador romano Tácito, que en su obra Anales 15,44,3 (compuesta hacia el 116-117). También se examinan los testimonios de otros autores menos relevantes. El análisis es breve y sintético, porque el tema está naturalmente tratado en muchas ocasiones por otros tratadistas.
El tercer ámbito de este libro, es el análisis de los documentos cristianos que dan fe de la existencia histórica del personaje Jesús. Hay que preguntarse si puede uno fiarse de los testimonios directamente cristianos, y en concreto de los más cercanos cronológicamente a la existencia presunta del personaje, recogidos en el corpus que llamamos Nuevo Testamento.

Hoy escribe Antonio Piñero
Comento un poco más el libro escrito por varios autores ¿Existió Jesús realmente? (2)
Hace ya un cierto tiempo, en un programa de televisión en el Canal 4, “Cuarto Milenio”, a propósito del Evangelio de Judas, el presentador Iker Jiménez me formuló una vez más la pregunta: ¿Hay argumentos y pruebas para demostrar la existencia de Jesús? Respondí: “Hay pocos argumentos, ciertamente”. Al momento las líneas de teléfono del programa comenzaron a trepidar con gente que protestaba a propósito de mi afirmación “pocos”. Son pocos los argumentos, aunque algunos muy sólidos. Y como los hay, o puede haberlos, deben discutirse para que lleguen al mayor número de personas posible.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como vimos en su momento, un repaso a la literatura disponible sobre la figura histórica de Jesús en el tercer cuarto del s. XX (v. gr. Sandmel, Vermes, Hiers, Brandon, Finkel, Flusser, etc.) basta por sí solo para refutar la validez de la categoría "New Quest" (en lo que sigue: NQ) cuyos rasgos definitorios serían, entre otros, el carácter protestante de sus autores, el uso primario del criterio de desemejanza y el énfasis en la distinción entre Jesús y el judaísmo (para detalles, v. en este blog "La distorsión... IV).

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy me toca presentarles un libro que acaba de salir y que , creo, está distribuido ya. Antes que nada les doy su ficha:
Antonio Piñero (editor), “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”, Editorial Raíces, Madrid 2008, 350 pp. ISBN: 978-84-86115-64-7. Capítulos de Fernando Bermejo, Lautaro Roig Lanzillota, Jaime Alvar, Jesús Peláez, Gonzalo Puente Ojea, Francesco Carotta, Llogari Pujol, Gonzalo del Cerro, Víctor Mora, Pablo C. Díaz.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Las mujeres en los Hechos Apócrifos
Dejamos el Adopcionismo en los anaqueles de la historia de la teología como uno de los “Cristianismos Derrotados” en expresión de Antonio Piñero. La mano de Roma y el apoyo del poder político pudieron más que la fuerza de las razones de los contendientes. Y volvemos al tema que dejamos aparcado sobre las Mujeres en los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. El hiato que ha pasado impone la necesidad de actualizar algunas nociones y justificaciones. Me refiero al concepto de Hechos Apócrifos y su valores históricos y literarios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy la crítica iniciada en la postal de ayer.
Respecto al “Libro de las parábolas del profeta Henoc” (1 Henoc capítulo 37-71), si se mantiene una datación entre finales del siglo I a.C. o del siglo I d.C., vale el mismo argumento: tampoco parece posible que se haya conservado como escrito de alto valor espiritual en época de Jesús un texto que “ignorara la Ley”. Habría sido condenado a la hoguera al instante, pues es casi imposible imaginar un judaísmo del siglo I en el que se discutiera el valor de la Ley para negarlo. Entre los piadosos no se hablaba de ella si no era para cumplirla más y mejor.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometimos, quiero expresar mi opinión respecto a la existencia como grupo compacto de seguidores del profeta Henoc, del “henoquismo” y de la delimitación de su teología, tal como pone de relieve Paolo Sacchi en la obra que comentamos.
1. Como visión general quiero decir que no me cabe duda de que probablemente hubo un círculo de piadosos que tenía como figura importante al “profeta” Henoc, como tantos otros entre los llamados en general apocalípticos en torno a otras figuras, Set por ejemplo, que tiene una importancia enorme entre ciertos judíos marginales del siglo I que probblemente son los padres primeros de la gnosis que luego se desarrollará en el gnosticismo "setiano", en el siglo II d.C. Es probable también que hubiera un cierto grupo en concreto detrás de la tradición que recoge el último redactor del Libro 1 de Henoc.
Hoy escribe Antonio Piñero
Otro capítulo importante en el ámbito de lo mágico-supranatural en los relatos bíblicos es el de la palabra y su poder, la eficacia del nombre, el círculo de la bendición-maldición y el exorcismo. Todos estos aspectos se hallan bien representados en el Antigo Testamento y debemos aludir a ellos brevemente en nuestra serie.
En Israel no puede comprenderse la estrecha relación entre la esencia de Dios y su nombre ("El que es", si la etimología es correcta) si no se entiende qué suponía para la fe religiosa primitiva la creencia en la fuerza del nombre. No es ésta una palabra cualquiera, sino que estaba ligada a la esencia misma de la persona: era una cualidad del individuo…, o de la divinidad. Pronunciar el nombre de modo solemne era desatar un proceso de reacción, bueno o malo, que afectaba indefectiblemente a las personas.
Hoy escribe Antonio Piñero
• El henoquismo es el que ofrece el primer testimonio de la concepción del alma inmortal y separada del cuerpo, destinada a ser juzgada por Dios según sus obras tras la muerte (1 Hen 9,2-3.10; 22; Jub 23,31):
Clame la tierra con el sonido de sus ayes hasta las puertas del cielo. A vosotros pues santos del cielo (los arcángeles buenos) se quejan ahora las almas de los hombres diciendo: “Llevad al Altísimo nuestro pleito” (1 Henoc 9,2-3).
Hoy escribe Fernando Bermejo
A todos aquellos que pretenden que la denuncia del antijudaísmo cristiano sólo puede ser obra de aviesos sujetos anticristianos, podría recomendárseles la lectura de un texto colgado en la web (quien no es aficionado a la negación o la minimización de verdades elementales no necesita leer textos como éste):
http://www2.uca.edu.ar/esp/sec-fteologia/images/Declaracion.pdf
Este texto constituye la declaración final del Primer Simposio de Teología cristiana sobre “Holocausto y Shoah: Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y en América Latina”, efectuada por teólogos cristianos tanto católicos como protestantes.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy seguimos con las características del movimiento judío del “henoquismo”, según P. Sacchi, que tiene mucha influencia en la teología judeocristiana primitiva. Cuando terminemos de reproducir lo más fielmente que nos sea posible sus características, pasaremos a una crítica respecto a la verosimilitud de la existencia de algunos rasgos de este movimiento.
• En la fase más antigua del henoquismo, que se corresponde con el “Libro de los (ángeles) Vigilantes” (recogido en el Libro 1 Henoc, caps. 6-36: describe la caída de los ángeles, los viajes celestes de Henoc donde contempla muchos misterios; el diluvio; cómo es la morada de Dios; el castigo de las ángeles malos; cómo es el sélo/infierno; el paraíso con el árbol de la vida y el país de los aromas), el mundo se concibe como desordenado por culpa de la rebelión de los ángeles malos (1 Henoc 8 y 18,15), aunque en la introducción a todo el libro 1 Henoc en su conjunto, que es posterior, el redactor corrige esta perspectiva –que deja bastante mal la obra de Dios destrozada por los ángeles- y afirma que en su núcleo el mundo está ordenado: 1 Hen 2,1-3:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Conclusión
Que la carta de Alcuino no consiguió sus propósitos, lo dejó muy claro la respuesta de Elipando. Pero ya hemos dicho reiteradamente que los dos bandos contendientes abordaban el problema desde perspectivas diversas. Atacaban ferozmente lo que sus adversarios no defendían. Afirmaban unos enfáticamente lo que los otros no negaban. A nuestro parecer, al menos en un principio, las diferencias eran de matiz. E, Amann, en la obra citada de Fliche & Martin, pág. 133, cree que con ciertas explicaciones y matizaciones, las fórmulas de Elipando podrían comprenderse dentro de los parámetros de la ortodoxia. Opinión que comparten no pocos tratadistas del tema y que cae dentro de nuestros personales puntos de vista.
Hoy escribe Antonio Piñero
El aceite es portador también de poderes divinos especiales. Es bien sabido que en Israel servía para la unción de los reyes, profetas y otros pesonaje importantes como los sacerdotes (Éxodo 29,7; Levítico 8,12). Los textos principales son 1 Samuel 9,16; 10,1; 16,1.13, etc.; Isaías 11) y profetas (1 Reyes 19,16; Isaías 61,1). El aceite revestía a aquel sobre el que se vertía del carácter intangible de lo santo.
Un texto significativo es el citado en primer lugar, 1 Samuel 9,15:
Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín (se refiere al futuro rey Saúl), lo ungirás como jefe de mi pueblo Israel y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando “Jesús y su gente” y abordamos un tema para algunos totalmente ignorado: "el henoquismo", los que siguen una corriente religiosa que en último término se adscribe a la mistrios afigura del "profeta" Henoc.
Cuando llega la hora para Sacchi de tratar de las sectas principales que existían en el Israel del siglo I (tema obligado en obras del género), prefiere hablar más de “áreas” de ideas que de sectas. Nada que comentar cuando menciona a saduceos y fariseos. Sí puede parecer curiosa una distinción muy del gusto de Sacchi, cuando habla del “área” de los esenios, entre éstos propiamente hablando y los “henóquicos”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como complemento a una postal anterior en el que hablaba de la edición de A. Jülicher -que me perdonen los lectores el despiste de no haber añadido estas notas- menciono las siguientes:
La primera cronológicamente fue la de Johannes Gutemberg en 1456: fue el primer libro producido en la recién inventada imprenta. Pero no era ésta una edición crítica. Gutemberg había impreso la Biblia que circulaba en Maguncia por la época, sin preocuparse de cotejarla y revisarla con otros manuscritos mejores.
La primera edición crítica fue la del humanista Stephanus en 1528 en la que utilizaba 3 buenos manuscritos del grupo francés. Hasta 1551 se fueron sucediendo las ediciones de esta Biblia y mejorándose, pues en cada una de ellas aumentaba Stephanus el número de manuscritos consultados.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con el tema, puntos de vista de Paolo Sacchi sobre Jesús, su gente y su tiempo, en concreto:
La biblioteca de los piadosos en el siglo I en Israel
La postura confesional de Paolo Sacchi no le impide, como parece ya natural hoy, una cierta mirada crítica que se manifiesta en la distinción de lo que puede pensarse que proviene de Jesús mismo y lo que es secundario, producto de los evangelistas y de su sistematización e interpretación del material, lo que supone ciertamente poner en duda la fiabilidad absoluta de los Evangelios. Sacchi utiliza naturalmente la crítica interna en el análisis de los textos evangélicos, pero curiosamente sólo una o dos veces en todo el libro hace mención de los criterios, hoy universalmente establecidos, para establecer la autenticidad de un hecho o dicho de Jesús, criterios como el de "dificultad", "múltiple atestiguación", etc. En ello se distingue radiclamente, por ejmplo, de J. P. Meier y su obra "Un judío marginal...".
Hoy escribe Antonio Piñero
En este terreno desearía reducirme al campo del Nuevo Testamento que es donde realmente se considera de más valor la aportación de las versiones latinas en el establecimiento del texto originalgriego del Nuevo Testamento, que no otro es el fin de la llamada "crítica textual".
Pero antes permítaseme decir unas palabras, como a vista de pájaro, sobre los testigos, métodos y estado actual de la crítica textual neotestamentaria. Una visión de conjunto puede encontrarse también en el libro Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta 2007, cap. 4.
Los testigos del Nuevo Testamento en comparación con otras obras de la Antigüedad son extremadamente numerosos. De la mayoría de los autores antiguos, griegos y latinos, aunque sean muy importantes, si llegan a tener siete o diez manuscritos de las obras más señeras, ya son felices los investigadores. De algunos, como por ejemplo de los Anales de Tácito, si no me equivoco, sólo hay un manuscrito… e incompleto.
Hoy escribe Antonio Piñero
Presentación de Paolo Sacchi
Quiero dedicar una serie a comentar algunas perspectivas e interpretaciones sobre el entorno, la vida, dichos y hechos de Jesús que aparecen en un libro del Prof. Paolo Sacchi. El título es Gesù e la sua gente, Edizioni San Paolo, Milano, 2003, 258 pp. El libro no ha sido traducido al español –es una pena-, por lo que ignoro en qué media será accesible al lector en castellano. De cualquier modo intentaré ser lo más fiel posible en la reproducción de sus ideas, que procuraremos sintetizar y discutir en lo que seguirá. Esta serie puede ser el inicio -el tiempo lo dirá, si es que tiene acogida entre los lectores- de otras que comenten la imagen de Jesús presentada por diversos autores, cuya obra ha pasado la criba del tiempo y ha recibido de algún modo el refrendo de la crítica o del público.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Alcuino a Elipando (2)
A lo largo de toda la carta, se nota que Alcuino está realmente obsesionado con Félix. La razón es posiblemente porque conoce su pensamiento de primera mano y, desde luego, mucho mejor que lo que pueda conocer de Elipando. Asegura que podría demostrar la divinidad de Cristo con textos de la Escritura y de los Padres, pero prefiere dejar que sea el propio Elipando quien descubra la verdad, pues el Señor se la manifiesta al que la busca con humildad. Ahora bien, la verdad no puede ser más que una, y está o bien en la Iglesia universal o en Félix y sus pocos seguidores escondidos entre las montañas. Alcuino tiene un pequeño desliz al recordar a Elipando qué grande será el gozo en los cielos por un pecador que hace penitencia (Lc 15, 7; PL 101, col. 239). Pero trata de rectificar diciendo que no es que le llame "pecador, sino predicador; confesor de Cristo, no enemigo de la fe", lámpara para iluminar a los moradores de la casa de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Existe entre muchos lectores la idea de que la Iglesia cristiana, en concreto la Católica -con el Vaticano a la cabeza-, se opone frontalmente a la difusión de los Apócrifos. En especial –se dice y me lo han dicho en persona repetidas veces- no le interesa que se lean los evangelios apócrifos, y menos los gnósticos, porque de ellos se deduciría una imagen muy atractiva de Jesús que “daría al traste” / ”se caerían los palos del sombrajo” con la oficialmente mantenida. Esta idea está unida a otra similar: la Iglesia católica nunca quiso que se publicaran los Manuscritos del Mar Muerto “porque en ellos está contenida, aunque encriptada, la verdadera historia del cristianismo primitivo”.
Estas opiniones no me parecen sensatas, e incluso -¡y lo digo sin el menor ánimo de ofender!- podrían ser calificadas cuanto menos de asombrosas. Piénsese que la Iglesia, y en concreto tampoco el Vaticano, no ha tenido nunca posesión física de los manuscritos del Mar Muerto, ni tampoco de ninguno de los 13 códices que albergan los más o menos cincuenta tratados de la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi. De los otros apócrifos tiene en la Biblioteca Vaticana, y de otras instituciones, algún que otro manuscrito, que es visible y copiable –por microfilm u otro medio- por cualquier investigador con la acreditación suficiente.
Hoy escribe Antonio Piñero
Un lector actual, ¿puede tener interés en el mensaje que le puedan ofrecer los Apócrifos?
Otra de las cuestiones que se han suscitado en conferencias, clases o publicaciones en torno a los Apócrifos es si hoy día, en pleno siglo XXI y con nuestra mentalidad general -tan poco amante de mitos antiguos, tan orientada y atenta a los resultados de la ciencia, o a veces de la ciencia-ficción- es si los Apócrifos pueden ofrecer algún material de interés para un lector de hoy.
Para responder a la pregunta hay que considerar que la obra que comentamos, “La Biblia rechazada por la Iglesia”, insiste una y otra vez en la necesidad de distinguir claramente qué es lo que ofrecen al lector las dos clases –tan distintas- de apócrifos que conservamos:
A) La primera se refiere a los apócrifos del Antiguo Testamento, que son unas 65 obras judías, la mayoría anteriores al nacimiento del cristianismo y alguna de ellas coetáneas, pero independientes de la teología cristiana.
B) La segunda se refiere a los apócrifos del Nuevo Testamento que son prácticamente todos posteriores a la consolidación del cristianismo hacia la mitad del siglo II (Jesús muere en torno al 33 de nuestra era). Es decir empiezan a escribirse en torno al 150 d.C. En total pueden sumar unas ciento cincuenta obras.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra tema, de postales anteriores en torno a la preguna si se puede responder desde el punto de vista del análisis histórico de los textos recibidos a la cuestión si Jesús se consideró a sí mismo hijo real de Dios en el pleno sentido de la palabra.
2. Textos que sostienen que Jesús es "Hijo de Dios" en los que el lector deduce que se trata no de una filiación metafórica sino real.
Así Mt 11,27:
"Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo...",
O Mc 15,39:
"Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios",

Hoy escribe Antonio Piñero
Como prometimos en la postal anterior, deseo hoy destacar algunos puntos de relevancia dentro del enorme campo de los Apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento que como dijimos es “una Biblia paralela” a la oficial, que luego resultó “rechazada” por la Iglesia. Y no es la primera ninguna frase de atractivo propagandístico. En primer lugar por la alusiones a las doctrinas de laos apócrifos veterotestamentarios en el Nuevo Testamento, y en segundo porque muchos textos apócrifos del Nuevo pretendieron expresamente suplantar a los textos canónicos.
Algunas cuestiones a la que responde este libro introductorio –entre otras posibles- son varias.La primera es: ¿Por qué fueron rechazados los hoy apócrifos por la Iglesia, si en la postal anterior se ha destacado su importancia teológica e histórica?
Hoy escribe Fernando Bermejo
El antijudaísmo cristiano es un tema tan inagotable como inagotable es el afán de muchos por negar, sea su existencia, sea su relevancia y alcance. En su momento espero poder dedicar a esta cuestión una serie de posts, que –para desesperación de algunos– presumo larguísima. Entretanto –y antes de retornar en breve a la serie en la que andamos embarcados–, me limito hoy, atendiendo a la petición de algunos amables lectores, a un par de observaciones elementales; el próximo día proporcionaré una bibliografia mínima.

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy deseo presentar un libro mío, que ha salido hace una semana, y que quizá pueda tener interés para algunos de los lectores de este blog. Su ficha es la siguiente:
Antonio Piñero, La Biblia rechazada por la Iglesia, Editorial Esquilo, C/ del Acebo 25, 06011 Badajoz (Distribuidor, “Logintegral 2000 S.A.U.”), 215 pp., ISBN 978-989-8092-41-0. En otro ejemplares el ISBN aparece como 978-989-8092-39-7

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Alcuino a Elipando (1)
Recogemos en estas reflexiones la carta que Alcuino escribió al arzobispo de Toledo sobre los términos del debate adopcionista. Con ello pretendemos ilustrar uno de los aspectos de la controversia, el enfrentamiento de dos perspectivas, las particularidades que ofrecía la visión del problema desde allende los Pirineos y la diferencia de carácter de dos personalidades tan definidas. Alcuino escribió la carta en el momento más crítico del debate, probablemente en el 798. Elipando le respondió rápidamente con un talante airado, casi insolente. Daba por supuesto que era él quien tenía la razón y que los demás eran unos pobres descarriados. Alcuino esgrimía el argumento de autoridad desde una perspectiva opuesta. Lo expresa con rotunda claridad en el párrafo 11 de su carta: "La autoridad de los doctores de todo el mundo debe ser mayor que la de unos pocos en España" (Migne, PL 101, col. 242).
Hoy escribe Antonio Piñero
Ya avanzamos en síntesis la respuesta a la primera cuestión formulada en las postales anteriores: ¿Dijo Jesús de sí mismo que era Dios? Y respondimos: según la crítica general, incluso católica, ni uno solo de los pasajes en los que en los tres primeros evangelios se afirma directa o indirectamente que Jesús es Dios, procede con total seguridad del Jesús histórico.
Por tanto, los textos que afirman la divinidad óntica de Jesús proceden de la tarea redaccional, personal, de cada evangelista, o bien son pasajes también secundarios con palabras puestas en boca de Jesús, pero que éste no pronunció, o si los pronunció no exactamente en el sentido con el que luego lo transmiten los evangelistas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Cabellos
En torno a la figura de Sansón (libro de los Jueces, capítulos 13 y siguientes) se tejieron leyendas muy antiguas repletas de hechos maravillosos. La historia de Sansón es semejante en algunos puntos a la de Heracles/Hércules: ambos comienzan sus hazañas estrangulando a un león; ambos mueren por una mujer; ambos escogen su forma de muerte.
En el caso de Sansón el narrador bíblico da rienda suelta a la expresión de toda suerte de creencias populares, por ejemplo la aparición de un ángel que asciende luego a través de las llamas de un holocausto (13,20), el descenso del espíritu divino que se introduce dentro del cuerpo de Sansón y lo transforma, haciendo de él un héroe (14,6), etc. Pero lo más interesante para el propósito de esta serie es el poder, con ribetes mágicos y supranaturales, que el relato atribuye a los cabellos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hemos afirmado ya que en esta serie no tratamos en sí misma de la teología sobre Jesús de los primeros cristianos, que está bastante clara y que así se manifiesta en el Nuevo Testamento, sino si el Jesús que podemos reconstruir como histórico se tomó a sí mismo como Dios. Ya hemos respondido en parte basándonos en la ausencia de palabras auténticas de Jesús de Nazaret al respecto. Ahora nos toca examinar si las presentaciones de este Jesús por parte de los Evangelistas (escenas, narraciones, palabras puestas en su boca…, etc.) nos llevan o no necesariamente a concluir que el Nazareno –aunque nunca lo dijera expresamente- se consideró, sin embargo, hijo óntico, real, de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Dos –casi tres- son principalmente las temas que conciernen a la labor de san Jerónimo como revisor y traductor, ed como productor de la Vulgata a partir de la Vetus Latina:
A) ¿Qué tipo de texto de la Vetus Latina utilizó como base? Y dentro de ella: ¿Podemos identificar los manuscritos o familias de manuscritos griegos que utilizó para su corrección?
B) Dentro específicamente del Nuevo Testamento, ¿cuánto trabajo realizó san Jerónimo directamente?
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para empezar, un mashal (una parábola).
“Dos personas fueron a la Rothko Chapel a rezar. Una era cristiana; la otra, judía. La cristiana se adelantó hasta el primer banco, se quedó allí en pie con los brazos extendidos, y empezó a decir: ‘Señor, gracias te doy porque me has hecho diferente a los demás: a los ateos, los agnósticos y los descreídos que pueblan el mundo salido de tus manos. Y también te doy gracias por haberme hecho distinto a ese judío, que debe vivir su existencia de modo tan sombrío y depauperado: para él, tú no eres más que una sombra vengativa, y la Ley nada sino una espada de Damocles; incapaz de llevar una espiritualidad satisfactoria, se arrastra por el mundo, errante y sin esperanza. Yo, en cambio, medito sin cesar el Nuevo Testamento, colaboro activamente con instituciones caritativas y sé bien qué son el amor y la gracia’. El judío, por su parte, permanecía junto a la entrada y, sin atreverse a levantar los ojos, así oraba: ‘Señor, perdóname, porque soy un pecador’”.
A lo largo de media docena de posts, mi colega y amigo Antonio Piñero ha ido desgranando una miniserie sobre la religión de Jesús. Los contenidos de esta serie no son en absoluto idiosincrásicos, como lo prueban ya las remisiones de su autor a la obra de G. Vermes. En efecto, la serie de Piñero refleja lo que los autores independientes –sean ateos, agnósticos, deístas, judíos o cristianos con una perspectiva seriamente crítica– han concluido sobre la religión de Jesús. Es, pues, un muy sintético compendio de los resultados de dos siglos y medio de la mejor investigación sobre ese judío galileo. Y son un compendio que se hurta, de entrada, a las sospechas de parcialidad ideológica. Por mi parte, comparto la exposición de A. Piñero.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como han surgido algunas dudas entre los lectores, aclaro qué puede entenderse por "cristología". Este vocablo tiene la significción evidente de "ciencia o tratado sobre el christós o ungido". Por tanto en sentido estricto sería la cristología un tratado de "mesianología".
Pero, en sentido amplio, se entiende que el vocablo abarca otros temas relacionados de algún modo con la figura y misión de Jesús como mesías o cristo. Así en el mencionado libro del especialista Roger Haight, "Jesús, símbolo de Dios", que es un tratado de cristología como declara el autor expresa y repetidas veces. Haight trata en diversos capítulos sobre las cinco maneras generales en las que el Nuevo Testamento entiende cómo Jesús es divino. También se ocupa ampliamente de la resurrección, del Jesús histórico (en donde insiste en su humanidad), de la naturaleza de Jesús según los concilios de Nicea y de Calcedonia y finalmente, de la divinidad de Jesús e incluso de la Santísima Trinidad. Por ello, parece claro que no es confusión alguna si afirmo que entra dentro de la "cristología" el tema actual de esta serie: "¿Dijo Jesús de sí mismo que era Dios?"

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Elipando a Félix, recién convertido
El último de los escritos de Elipando recogidos en el CSM (Cuerpo de escritores o escritos mozárabes) del Prof. J. Gil es una carta a Félix, recientemente convertido. Con el carácter un tanto indeciso y hamletiano de Félix de Urgel, al menos, según el punto de vista de sus adversarios, pensamos que la carta de Elipando debió de seguir a alguno de los obligados cambios del urgelitano. Por la edad que Elipando asegura tener -81 años cumplidos-, esta carta pudo ser escrita después del encuentro de Félix con Alcuino en Aquisgrán el año 799 y del concilio celebrado en Roma el mismo año. En consecuencia, Félix se encontraba, según el parecer del Primado, en una fase de fidelidad a la doctrina adopcionista después del concilio y las abjuraciones de Roma (799). Por lo tanto, habían sucedido importantes avatares en la vida de Félix, que ahora se había convertido, pero a la ortodoxia adopcionista y se había alejado nuevamente de la doctrina romana.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos en la postal anterior, debemos discutir si Jesús era en los años 50 del siglo I “el máximo exponente de la magia blanca”.
Creo que la mayoría de los lectores sabrán que la tesis de que Jesús fue ante todo un mago fue propuesta por el erudito norteamericano Morton Smith en 1973 aproximadamente. Su libro, Jesús el mago, fue publicado en España por la editorial Martínez Roca (de Planeta) en 1988. No es el momento de volver a discutir los argumentos uno por uno –que ya lo hemos hecho en otro lugar-, pero sí de sostener que Jesús puede ser definido de muchas maneras, pero calificarlo sin más y condensadamente como mago no hace justicia en absoluto a su figura, eminentísimamente religioso-profética, no mágica.

Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos, como prometimos en la postal anterior, con el tema de Jesús el mago, suscitado por la inscripción en griego –diachrestouogoistais (así sin espacio como se solía escibir = dia Chrestou. O goistais)- hallada en Alejandría en una vasija empleada para usos mágicos.
2. Es poco probable la traducción propuesta por algunos estudiosos, en concreto André Vernant, quien lee: “Por Cristo. El mago”.

Hoy escribe Antonio Piñero
De vez en cuando vuelve a aparecer, en periódicos y revistas de gran tirada el tema de Jesús como mago. La tesis es que todos –o la mayor parte- de los milagros realizados por el Nazareno se deben a sus conocimientos de magia. Jesús adquirió sus conocimientos de magia durante su estancia en Egipto; se supone que no sólo durante su más tierna infancia, sino durante su juventud. Se piensa que volvió allí algún tiempo, estudió técnicas mágicas a fondo, volvió a Israel y allí, en su vida pública, las empleó para realizar sus milagros.
Hoy escribe Antonio Piñero
El tema del que vamos a ocuparnos en esta serie, la concepción que tiene de Dios Jesús de Nazaret, presenta una doble vertiente. La primera, más o menos obvia aunq con sorpresas, significa preguntarse qué connotaciones específicas muestra la imagen de Dios que Jesús propalaba en su predicación. La segunda, quizás más interesante, responde a esta pregunta: teniendo en cuenta que algunos pasajes del Nuevo Testamento, aunque sean muy pocos, proclaman a las claras que Jesús es verdadero Dios, ¿podemos afirmar con certeza que el Jesús histórico se consideró a sí mismo hijo físico, ontológico, de Dios, tal como lo enseña hoy el credo?
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como comprobamos en su momento, una de las afirmaciones más asombrosas de la periodización de las “tres búsquedas” consiste en sostener que la primera mitad del s. XX es una época en la que no hubo investigación relevante (o en la que, según algunos, hubo “un declinar general”). Como varios autores norteamericanos y quien firma estas líneas hemos demostrado de manera independiente, esta es una afirmación absurda que es refutada del modo más contundente por la literatura disponible. ¿Puede servir esta idea a los intereses de alguna posición?
Hoy escribe Antonio Piñero
La invocación a los muertos, o nigromancia (deformación popular a partir del griego necrós, "muerto" y mantía "adivinación" = necromancía), era una práctica también habitual en Israel. Véanse los siguientes pasajes (citados ya en otras “postales” bajo otras rúbricas)
· 2 Reyes 21,6: El rey Manasés “se dio a la observación de nubes y de las serpientes para obtener pronósticos e instituyó evocadores de los espíritus (de los muertos) y adivinadores del provenir…”
· Isaías 8,19: “Y todavía os dirán -ciertas gentes de Israel-: Consultad a los evocadores (de espíritus) y adivinos”
· Isaías 29,4: “Tu voz será como espectro de la tierra…”
· Isaías 65,4: “Pueblo... que va a sentarse en tumbas y en los antros hacen noche”.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta a Alcuino (2)
Elipando, olvidándose de que affirmantis est probare, reta a Alcuino para que le presente pruebas de Santos Padres "de que no hubo en el Hijo de Dios adopción alguna de la carne ni humanidad verdadera" (J. Gil, CSM, pág. 98). Una vez más insistimos en que una cosa es que Cristo fuera en cuanto hombre hijo adoptivo, y otra muy distinta que no tuviera humanidad verdadera. Los Santos Padres, sin excepción, creen y enseñan que Cristo fue hombre verdadero y perfecto (excepto en el pecado), pero algo totalmente diferente es creer que ese hombre engendrado en el vientre de María fuera hijo adoptivo o Hijo propio de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy, como dijimos el día anterior, nuestra serie sopbre la religión de Jesús dejando dos temas importantes que serán tratados en series aparte (Jesús como "hijo de Dios" y "el Dios de Jesús").
Otro rasgo que define la religión de Jesús es que éste se muestra como un piadoso judío al utilizar los libros sagrados como instrumento y medio de su predicación. En las prédicas del Nazareno encontramos prácticamente todas las formas didácticas a base de la Escritura que practicaba el judaísmo antiguo. Éstas eran:
Hoy escribe Antonio Piñero
Al continuar –y concluir en la próxima postal - con el tema de la “religión de Jesús”, podríamos preguntarnos si no deberíamos seguir con otros temas importantes como los siguientes: ¿cómo concebía Jesús el Reino de Dios? ¿Es la ética de Jesús de un estilo que rompe las normas de la religión judía?, y sobre todo ¿cuál es el Dios de Jesús?
Como estos asuntos son complejos y pueden ser objeto –en este blog- de una serie específica en el futuro, me contento ahora con una breve síntesis de los dos primeros y otros temas de rango menor. Las dos cuestiones que me parecen que afecta muy directamente a la religión de Jesús, a saber
1. ¿Se creyó a sí mismo Jesús hijo ontológico de Dios? ¿Lo hizo al menos de una manera implícita?
2. ¿Cuál es la imagen de Dios que Jesús tenía?
Estos dos temas serán abordados en dos series que seguirán a la presente. Del resto, como he afirmado ya, haré por ahora sólo un resumen.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como creo haber escrito anteriormente, los manuscritos de la Vulgata suman más de diez mil… un número inmenso, imposible de manejar, es decir, de darle un uso crítico para reconstruir el texto original que salió de la pluma de san Jerónimo. Por consiguiente, una pléyade de estudiosos ha intentado poner orden en este cúmulo abrumador y ha intentado agruparlo por familias, pues a la hora de ayudarse de estos manuscritos para la crítica textual del Nuevo Testamento –como también dijimos-, esta agrupación es muy importante para no perderse en un laberinto.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos hoy con el tema "Jesús y la ley de Moisés"
Tratamos ahora la espinosa cuestióntema de las famosas y supuestas antítesis del Evangelio de Mateo (“Habéis oído que se ha dicho…; pero yo os digo...": ): 5,21-48. En apariencia presentan estas sentencias a un Jesús que corrige tanto la ley mosaica que parece casi abrogarla. De hecho, a lo largo de la historia de la investigación, muchos exegetas han opinado que estas antítesis suponen a un Jesús que está -como Dios que es- por encima de la Ley, a un Jesús en trance de proclamar una alianza y ley nuevas, para lo cual, como paso previo, debe restar toda importancia al valor de la ley vigente en el judaísmo de su timepo, la ley de Moisés. ¿Es esta perspectiva correcta? En mi opinión no lo es.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Al intentar comprender cómo es posible que haya surgido y pervivido durante décadas el insostenible modelo historiográfico de las “tres búsquedas”, hemos considerado ante todo la posibilidad de que ello se debiera a ignorancia o errores de apreciación por parte de los autores que han creado y mantenido tal modelo. Sin embargo, he argumentado que esta explicación in bonam partem resulta contraintuitiva, lo cual lleva a considerar la posibilidad de que tras el paradigma imperante se halle en juego alguna agenda ideológica, dependiente de determinados prejuicios y/o intereses. Más concretamente, hoy argumentaré que esta agenda podría ser teológica.
Hoy escribe Antonio Piñero
La versión latina por excelencia, la que ha marcado profundísimamente el pensamiento teológico y literario-artístico de Occidente ha sido, sin duda alguna, la revisión comenzada por san Jerónimo, denominada Vulgata (participio pasivo del verbo vulgo, con el significado de “habitual”, “común”, la (más) “divulgada”).
Como dijimos en una postal anterior, en varios lugares y tiempos, diversos traductores –muy probablemente-, con más o menos fortuna, emprendieron la tarea de traducir al latín las Escrituras. El resultado fue un cierto caos, pues apenas se encontraban dos manuscritos coincidentes entre sí. Tot sunt exemplaria paene quot codices ("Hay tantas formas de texto cuantos manuscritos"), escribiría san Jerónimo en el Prefacio a su revisión de los cuatro Evangelios. El papa san Dámaso (366-286) pretendió poner remedio a esta situación lamentable y encargó a un erudito de su confianza, llamado Sofronio Eusebio Jerónimo, más tarde Jerónimo a secas o san Jerónimo, la tarea remediarla.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta a Carlomagno
Elipando sabía y reconocía que Carlomagno era el príncipe más importante de la cristiandad. Aunque la sede toledana quedaba fuera de la jurisdicción de Carlomagno, estaba convencido de que con su palabra o su poder podía inclinar cualquier balanza. Lo denomina "ínclito Señor y glorioso príncipe" e inicia la carta con un saludo literariamente florido con augurios de prosperidad y promesa de oraciones. Esta carta tiene escaso valor doctrinal en el contexto de la controversia. Consciente quizá de que no se dirige a un teólogo sino a un político, usa más la fibra sentimental que las razones teológicas y el método dialéctico.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema "Jesús y la ley de Moisés".
Hoy tocamos la cuestión del divorcio porque muchos suponen que Jesús, al “negarlo” (cosa que tampoco es verdad puesto que permite el divorcio al menos en un caso: véase Mt 5,31-32 y 19,9, donde se consigna que Jesús permitió el divorcio/repudio en caso de “fornicación” o indecencia sexual por parte de la mujer) estaba “superando” la ley mosaica.
Me parece que la cuestión del divorcio es bastante apto para apuntlar con razones la idea de un Jesús como piadoso judío y observante de la Ley. He tratado el tema in extenso en Jesús y las mujeres, Aguilar, Madrid 2008. Sintetizo aquí mi posición: lla posición de Jesús debe entenderse como otro caso de una discusión intrajudía, incluso intrapartidaria (entre dos bandos de los fariseos) sobre cómo habría de entenderse el uso excesivo que de la permisión del divorcio hace la ley mosaica. A los que participan en tal discusión ni se les pasa por la cabeza infringir la ley divina otorgada a través de Moisés, sino interpretarla lo mejor posible conforme a lo que se cree la voluntad de Dios.
Hoy escribe Antonio Piñero
El afán de literalidad de los traductores
Otro rasgo característico de la Vetus Latina, pero que es compartido con la mayoría de las otras versiones antiguas de la Biblia es en líneas generales –aludiremos a excepciones- la literalidad extrema de la traducción, lo que conduce a un latín duro, falto de elegancia y, a veces, hasta dudoso. Si el proceso primitivo de versión de la Vetus Latina fue la traducción interlineal del griego, como antes dijimos, esta literalidad se explica bastante.
Desde luego no parece que todos los traductores fueran incompetentes, como se postuló en el s. IV (Arnobio llegó a escribir: "La versión latina fue obra de hombres ignorantes, faltos de cultura": Adversus Gentes 1,58), sino más bien que el respeto por el texto sacro y un concepto erróneo de la traducción como fidelidad a ultranza a la letra llevaron a una escrupulosidad excesiva y a un respeto por el tenor literal abusivo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Manifestaba en mi post anterior mi extrañeza de que diversos autores cristianos afirmen que Jesús quebrantó explícitamente la ley de Moisés como anunciando su derogación. “No puede haber ninguna duda de que Jesús en su conducta transgredió ostentosamente una y otra vez el mandamiento del Antiguo Testamento sobre el sábado y la pureza ritual”, escribe Edward (¡Atención! no el famoso Albert) Schweitzer en su obra Jesus, de 1971, p. 32.
Si esto fuera así, habría que comenzar 1. por declarar como falsas las sentencias de Jesús que comentábamos en el post anterior (Lc 16,17 y Mt 5,17-18) que al menos reflejan el pensamiento global de Jesús al respecto.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Retomamos aquí el discurso interrumpido el 30-VII-08 en torno a las distorsiones y mistificaciones detectables en la historiografía sobre el judío galileo Jesús de Nazaret. Como hemos argumentado pormenorizadamente en anteriores posts, la actual periodización tripartita (“tres búsquedas”) de la historia de la investigación sobre la figura histórica de Jesús, compartida por la gran mayoría de exegetas y teólogos, revela que ésta es insostenible, pues ni uno solo de sus presupuestos resiste el escrutinio. Cabe entonces preguntar: ¿cómo pudo surgir esta periodización? Y, sobre todo ¿cómo ha podido mantenerse en el candelero durante veinte años? El hecho de que un paradigma historiográfico sea casi universalmente mantenido a pesar de carecer a tal punto de fundamento está pidiendo a gritos una explicación: también en este punto, la credibilidad de muchos exegetas y teólogos está en juego.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nuestra pregunta en esta nueva serie es en pariencia sencilla: ¿cuál fue la religión de Jesús?
La cuestión es importante -nos parece- para responder luego, en lo posible, al tema fundamental: ¿se creyó Jesús a sí mismo hijo de Dios en el sentido total de la palabra, es decir, hijo ontológico, “físico” de Dios?
Para ayudarnos a responder esta pregunta previa contamos con un magnífico y creo que conocido libro del profesor de Oxford Geza Vermes, que se titula justamente The religion of Jesus (“La religión de Jesús el judío”), Anaya & Mario Muchnik, Madrid 1996. Deseo en esta serie hacer algunos comentarios en torno a las ideas del Prof. Vermes.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Argumentos de la liturgia toledana. (Carta a los obispos de Francia)
Recordamos que la liturgia mozárabe se celebra a diario en la capilla del Corpus Christi de la catedral de Toledo, reformada por Cisneros en el año 1500. Es la que se encuentra debajo de la cúpula edificada por el hijo del Greco en el rincón paralelo de la majestuosa y única torre de la catedral Primada. Los textos de la liturgia se consideraban como representantes genuinos de la creencia del pueblo. Por esa razón es lógico el recurso de Elipando a esa liturgia. Tanto más cuanto que algunos textos podían dar pie, por lo menos, a un debate quizá más de palabras que de ideas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nuestra postal anterior sobre el tema de hace unos días contenía unas breves explicaciones sobre los diversos “tipos textuales”. Una vez aclarado este extremo, volvemos a afirmar que las afinidades textuales de las antiguas versiones latinas se sitúan con bastante claridad al lado del tipo de texto mal llamado "occidental".
Pongamos algunos ejemplos: En Mt 16,2-3 aparece un pasaje que los editores modernos consideran sospechoso y que a veces se imprime entre corchetes. Reza así:

Hoy escribe Antonio Piñero
Como indicábamos ayer, presentamos hoy el importante volumen de textos maniqueos, por primera vez editados en España. He aquí su ficha:
El maniqueísmo. Textos y fuentes. Edición de Fernando Bermejo Rubio y José Montserrat Torrents, Editorial Trotta, Madrid, 2008, 563 pp. Índices. ISBN: 978-84-8164-990-1
Por primera vez, en castellano, podemos leer una traducción fidedigna, realizada desde las lenguas originales -griego, latín, copto, siríaco, árabe, persa medio, chino (y no copiada del francés o del inglés, muchas veces en pésima e incoherente versión)- de algunos textos que salieron, muy probablemente, de la pluma del mismo Mani o que proceden de personas cercanas a él. Además, otras obras de críticos, comentaristas y doxólogos (“quien reúne “dóxai”, opiniones y doctrinas, de personajes famosos) antiguos en torno al maniqueísmo. Todas las fuentes se acompañan de introducciones y notas, con el fin de facilitar al lector la comprensión del maniqueísmo, un complejo y apasionante dentro del mundo de las religiones.

Hoy escribe Antonio Piñero
Fernando Bermejo ha sido muy modesto a la hora de presentar su nuevo libro El maniqueísmo. Estudio introductorio, por lo que deseo añadir unas palabras que den a este volumen la importancia que se merece. En dos palabras diría que, en mi opinión, es la mejor introducción al muy difícil tema de los maniqueos y el maniqueísmo que existe en el mercado. Y no sólo en lengua española, sino en la literatura universal sobre el tema.
Doy la ficha completa del libro:
André Torres Queiruga me envía esta réplica a mi reseña sobre su libro Repensar la resurrección. Agradezco su envío y con gusto le cedo el espacio de hoy. Saludos de A.P.
Antonio Piñero ha dedicado tres amplias secciones de su excelente blog a exponer y criticar, con simpatía y a la vez con claridad crítica, mi libro sobre la resurrección. Aparte de hecha con su reconocida competencia, no es corriente encontrar una crítica tan fundada en la lectura cuidadosa y detallada de una obra que, por lo menos en cuanto a su amplitud, requiere tiempo y esfuerzo.
Mi agradecimiento es, pues, lo primero. Y no ya sólo por cortesía y por amistad —breve ha sido hasta ahora el encuentro, por desgracia—, sino por elemental justicia, es normal que yo trate de contestar con idéntica cordialidad, aceptando un diálogo que a todos nos puede ayudar. De hecho, mi segundo y fundamental motivo de agradecimiento es la ocasión que me ofrece de aclarar unos puntos que creo decisivos y que, por lo que se ve, no he logrado aclarar debidamente.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Antes de retomar el hilo del discurso que dejamos en julio, me complace saludar de nuevo a los lectores, así como comunicarles la aparición de la primera edición en castellano de los Textos maniqueos, que hace ya tiempo había sido anunciada en este blog.
Traducción de la carta abierta de António Horta Fernandes
Estimado Profesor Piñero:
Soy lector asiduo de su blog y de su obra, pero esta vez deseo manifestar que disiento de su postura a propósito de la recensión que acaba de publicar de la obra del Prof. Torres Queiruga, Repensar la resurrección.
Si interpreté bien su argumentación me parece que lee la defensa de la resurrección por parte de Torres Queiruga de manera algo subjetivista y psicológica, aparentemente en consonancia con un caso de postura de fe, cuando en verdad Torres Queiruga pretende, a mi entender, objetivar la revelación como un caer en la cuenta mayéutico, que no es individual sino fruto de una autorrevelación histórica dado que el hombre es un ser-con-los-otros.

Escribe Gonzalo del Cerro
Los argumentos patrísticos
Algo de lo que más presume Elipando es de que su doctrina coincide plenamente con la de los Padres y de que no se desvía ni un ápice de la enseñanza tradicional de la Iglesia. Por eso salpica sus escritos con citas patrísticas. Es cosa conocida que muchos textos de los Santos Padres, al presentar el misterio de la Encarnación, rozan imperceptiblemente la línea sutil de la ortodoxia.
Hoy escribe Antonio Piñero
La ediciones de la Vetus Latina
El famoso sacerdote oratoriano Richard Simon, en su Historia crítica de las versiones del Nuevo Testamento, publicada en Rotterdam en 1690, llamó ya la atención sobre la importancia de las lecturas antiguas que había en ciertos manuscritos anteriores a la Vulgata de san Jerónimo, pero hasta mediados del siglo siguiente no apareció una edición de los restos más importantes, titulada Bibliorum sacrorum latine versiones antiquae seu Vetus Italica (“Versiones antiguas en latín de los libros sagrados o [Versión] itálica antigua”) en 3 volúmenes.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los amuletos gozaban de gran aceptación entre el pueblo sencillo del Israel antiguo. Éste admitía sin más discusión -a pesar de su monoteísmo oficial (¿?)- la existencia de otros dioses de menor poder, al lado de Yahvé. Este hecho parece confirmarse por el tenor de diversoslos textos.
· Jueces 11,23-24: Dice Jefté a Sijón, rey de Jesbón (que no quería dejar pasar por su territorio a las tropas de Israel, plantó batalla y fue derrotado):
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el comentario al libro de Andrés Torres Queiruga sobre la resurrección.
Si repasamos –y si es correcta la cadena lógica de pensamiento que mueve el libro que comentamos, cuyo resumen ofrecimos el día anterior- debo confesar que hay un momento en el que mi sentido lógico queda superado (algún lector dirá con razón que ello ocurre porque me falta el sentido de la fe para captar más plenamente la realidad). Y es el siguiente: una vez aniquilada la fe histórica en los testimonios de la resurrección de Jesús tal como se nos han transmitido en el Nuevo Testamento, tal como fueron interpretados y creídos por sus autores y por cientos y cientos de generaciones hasta ahora…, debo sin embargo creer en la realidad de la resurrección de Jesús porque de ello da fe la experiencia viva y real de los primeros testigos ¡Jesús vive entre nosotros! (pero cuyo testimonio literal es demolido críticamente).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el comentario al libro de Andrés Torres Queiruga sobre la resurrección.
La crítica de los textos evangélicos de la resurrección por parte del autor es consistente:
“No es exageración optimista –sostiene en la p. 316- hablar del enorme cambio ya acontecido. Entre un manual preconciliar y un tratamiento actual (del tema de la resurrección) incluso los más conservadores, la distancia es astronómica, tanto en lo cuantitativo del espacio dedicado, como en lo cualitativo del modo de ver la resurrección”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Lo que sigue es una breve reflexión sobre un libro que –como otros anteriores del autor- he leído con profundo respeto y admiración por la notable valentía con la que el autor se enfrenta a problemas difíciles de la fe cristiana hoy, y a la cuestión de su comprensión y modo de vivirla por parte de los creyentes. Como indica el título, el libro trata de un tema que, por un lado, es absolutamente crucial para el cristianismo, pues es su base: la resurrección de Jesús; pero, por otro, un tema que es muy problemático, ya que los textos evangélicos que le sirven de sustento están expuestos en extremo a la crítica de los métodos históricos modernos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Sobre el lugar de nacimiento de las primeras traducciones al latín de la Biblia existen opiniones diversas. Por los contactos entre las variantes o lecturas peculiares de la Vetus Latina con la antigua versión siríaca y por el influjo que el apologeta Taciano el Sirio pudo ejercer con su armonía de los cuatro evangelios (denominada Diatessaron: griego [Evangelio único] “por medio de los cuatro”) sobre la más primitiva traducción latina del Nuevo Testamento se ha pensado que la primera versión al latín fue del Nuevo Testamento y que pudo producirse en Antioquía de Siria.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carta de Elipando a los obispos de Francia (2)
Después de variadas referencias a la Biblia y a los Padres, vuelve a expresar Elipando su voluntad firme de no desviarse de sus huellas sino de seguir con diligencia sus preceptos. En consecuencia, "en el único y mismo Hijo de Dios y del hombre, hay una sola persona y dos naturalezas plenas y perfectas de Dios y del hombre, del Señor y del siervo, visible e invisible" (J. Gil, CSM, pág. 86). Como vemos, pues, a pesar de lo que sus adversarios juzgan ilógico e inconsecuente, Elipando considera básica su fe en una sola persona de Cristo: "En el Verbo entendemos al Hijo verdadero de Dios; en la carne reconocemos al hijo verdadero del hombre, y al conjunto de ambos como una sola persona, Hijo de Dios y del hombre, unidos por el don de una gracia inefable" (J. Gil, CSM, pág. 87). Glosando después la frase del principio del evangelio de Juan 1, 1 ("Y el Verbo era Dios"), dice: "Al ser, por lo tanto, el Hijo único de Dios no adoptivo por generación, no por gracia sino por naturaleza, para ser también pleno en la forma de siervo, fue hecho también por adopción y por gracia hijo del hombre" (J. Gil, CSM, págs. 87-88).
Hoy escribe Antonio Piñero
Los ritos apotropaicos son acciones sagradas con las que el ser humano busca procurarse una defensa efectiva ante el mal. Entre ellos destaca la utilización mágica del poder de la sangre. Aunque los textos bíblicos no lo dicen expresamente, queda claro para cualquier lector avisado que la manipulación cuidadosa de este elemento vital supone la utilización por parte del sacrificador de unas potencialidades supranaturales admirables.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los lectores un tanto “mayores” de este blog y que hayan frecuentado el contacto con miembros del clero habrán observado hasta hoy día cómo muchos de ellos siguen citando la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, en latín, no en español. La razón de este uso es sencilla: hasta hace relativamente poco tiempo tanto la filosofía como la teología se estudiaba, en seminarios diocesanos y universidades pontificias, en latín. La Biblia que utilizaban los clérigos no era, pues, la original en hebreo/arameo para el Antiguo Testamento y en griego para el Nuevo, sino la Biblia latina. Por tanto, como su influencia en el clero ha sido enorme, también indirectamente lo ha sido en el pueblo cristiano.
Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo hoy, como última postal de esta serie dedicada al vocablo “evangelio” aclarar un tanto mi posición tal como la expuse en mi postal anterior paa evitar cualquier posible malentendido. Es mi deseo que este blog sea ante todo argumentativo y respetuoso sobre la base de la utilización de razonamientos; nada de "sacarse cosas de la manga".
Defendía el día pasado que si se define al evangelio como género literario único nos vemos abocados a fijarnos fundamentalmente en su contenido teológico –es decir, en que son escritos que formulan un juicio sobre Dios, sobre Jesucristo y la salvación que aportan- y que nos parece que tal caracterización no es valida dentro del ámbito de la definiciones literarias e históricas. Y decía que si prescindimos del contenido religioso que transmiten, el conjunto de las unidades primero independientes y luego ensambladas y moldeadas por un auténtico autor parecen dar como resultado a un cierto tipo de “biografía de tipo helenístico”. Sosteníamos también que si llegamos por razones objetivas y sin ningún partido previo a caracterizar a los evangelios como un subgénero de esta "biografía" helenística, el historiador puede sentirse más capacitado para someter a crítica los datos transmitidos en esa biografía. Pues parce evidente que el biografista cree sinceramente que está transmitiendo a sus lectores datos objetivos y vitales de su personaje y no meramente una proclamación.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy el tema de los sacrificios humanos
Un poco más tarde, en el siglo IX a.C., en época del rey Ajab, y con toda claridad también, encontramos el mismo bárbaro ritual. Un personaje de Betel, Jiel, reedificó Jericó. Dice el texto de 1 Reyes 16,34:
"Al precio de Abirón, su primogénito, (es decir, sacrificándolo) puso los fundamentos de la ciudad, y al precio de su hijo menor, Segub, puso las puertas, según las palabras que dijo Yahvé por boca de Josué, hijo de Nun".
Hoy escribe Antonio Piñero
Es bastante usual considerar los evangelios canónicos como un género literario único dentro de la literatura griega antigua. Esta opinión es sostenida por comentaristas y críticos de cualquier tipo y sesgo, ya conservador o incluso radical. La conocida Historia de la literatura cristiana primitiva de Philip Vielhauer (versión española de Editorial Sígueme, Salamanca, de 1990) tratadista poco conservador afirma:
Hoy escribe Antonio Piñero
Otro caso típico del poder del agua, ciertamente mágico, es el de la ordalía por celos descrita en Números 5,11-31. En este caso también el agua actúa mezclada con otro elemento:
"Cualquier hombre cuya mujer se haya desviado y le haya engañado... pero no hay ningún testigo y no ha sido sorprendida... ese hombre llevará a su mujer al sacerdote... y éste la pondrá delante de Yahvé. Tomará luego agua santa en un vaso de barro y cogiendo polvo del pavimento de la Morada (de Yahvé = el Templo), lo esparcirá sobre el agua..."

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
III. Carta a Fidel
El tercero de los documentos editados por J. Gil es la Carta al Abad Fidel, una carta claramente incompleta que no tiene ni saludos ni despedidas. Empieza con un simple "Elipando dice", y termina con un finit ("fin"), que no es el remate de una larga oración, sino de un deseo de que el espíritu mendaz que habla en el Anticristo "nos haga solícitos". Conocemos la fecha de la carta por el tratado de Eterio y Beato. Elipando la escribió "en el mes de octubre de la era 823", o sea, en octubre del 785. De ella tuvieron noticia directa Beato y Eterio un mes después con motivo de la profesión religiosa de la reina Adosinda, viuda del rey Silo, el 26 de noviembre. Conmovidos profundamente por la autoridad del Primado y porque la carta había recorrido los rincones de Asturias ganando adeptos para su causa, Eterio y Beato compusieron su Tratado Apologético.
Hoy escribe Antonio Piñero
Otra cuestión suscitada por el método de la Historia de las formas es el de la creación colectiva de dichos o hechos por Jesús atribuida a la “comunidad” sin más especificaciones. Creo que han sido criticada con razón exageraciones ciertas; por ejemplo, cuando se dice que la “comunidad” formó la llamada purificación del Templo para justificar la postura de los helenistas, acaudillados por Esteban, respecto a su crítica al Templo. Estoy de acuerdo en que es absolutamente necesario precisar más, y que en muchas ocasiones se ha abusado del término, en concreto de la frase "Esto es una creación comunitaria", para desembarazarse de perícopas evangélicas que contradicen una teoría determinada.
Hoy escribe Antonio Piñero
En el libro deuterocanónico de Tobías (cap. 6) encontramos una historia semejante de remedios mágicos contra las enfermedades, pera esta vez dictados por un ángel. Tobías, en compañía de un espíritu celeste, se pone en camino para encontrarse con la que había de ser su esposa. Al lavarse los pies en un río durante el trayecto, saltó del agua un gran pez con la intención de devorar una de sus extremidades. Pero el muchacho logró apoderarse del pez y lo arrastró a tierra. La atmósfera del texto da a entender que la pesca es milagrosa. El ángel le instruyó entonces así:
Hoy escribe Antonio Piñero
Como decíamos el día anterior, extraemos algunas consecuencias que de los textos presentados hasta ahora pueden deducirse para el tema de la reelaboración de los dichos de Jesús.
A pesar de la abundante crítica hoy día contra el método de la Historia de las formas por su posible exceso al realzar la figura de los profetas como creadores verdaderos de dichos de Jesús luego atribuidos a él, opino que aún se debe admitir que los profetas gozaban de la función de transportar a la realidad presente las sentencias del Maestro, bien poco comprensibles, bien necesitadas de acomodación a las nuevas circunstancias de incorporación de paganos a la Iglesia.
Hoy escribe Antonio Piñero
El ritual de los sacrificios
El antiguo ritual de los sacrificios y acciones conexas parece contener interesantes elementos mágicos. Los sacrificios se basan, por una parte, en una creencia general en el ámbito de las religiones mediterráneas -de la que participaban, cómo no, los israelitas- en cierta virtud de la víctima como atracción de la divinidad, es decir el acto sacrificial es un cierto modo de presión para que aquella otorgue sus dones; y, por otro, se fundamenta también en la idea de que ingerir las carnes -tras el sacrificio-al lado de la divinidad equivale a participar en una misma fuente de vida: al entrar Dios y el hombre en una misma esfera vital, representada por la sangre de la víctima, se asocian ambos de algún modo, por lo que la divinidad adquiere un tono amistoso.
Esta idea se ejemplifica en el texto de Ex 24, 5-8:
Hoy escribe Antonio Piñero
Para los momentos de paso de la tradición oral a la escrita que estamos considerando me parece necesario mencionar también la labor de reelaboración que de los dichos de Jesús realizaron los profetas cristianos que hablaban inspirados por el mismo espíritu del Maestro.
La tesis fundamental que quiero defender –cuya explicación me exigirá algún que otro rodeo y ciertas aclaraciones breves- es la siguiente: opino junto con muchos otors que ciertas palabras de los profetas cristianos primitivos, pronunciadas en nombre de Jesús resucitado que los inspira con su Espíritu, se introducen dentro de la tradición del Jesús terreno sin ninguna marca distintiva especial, con lo que se confunden con éstas. Por tanto, hay “palabras de Jesús” en los Evangelios que no son propiamente de éste, sino de los profetas primitivos que hablaron en su nombre. La explicación de este proceso es sencilla: Jesús vive en la comunidad; los profetas inspirados participan de su mismo Espíritu. Lo que diga un profeta inspirado es como si lo dijera Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Lugares sagrados
En la religión oficial antigua de Israel quedan restos palpables de la creencia que la divinidad está ligada a ciertos lugares. Dios sólo se revela en ciertos parajes, y su adoración debe practicarse en ellos. Estos lugares quedan como impregnados de la presencia divina y la gente se siente segura al poseerlos físicamente.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
I. Carta de Elipando a Migecio
Vamos a intentar ahora rastrear los elementos de la controversia en los textos de su principal mentor y patrono, el primado de Toledo, Elipando. Prescindimos del tema de las fuentes en las que pudo beber el toledano sus teorías y pasamos seguidamente a los datos comprobados por los textos.
Empezamos por la carta que Elipando dirigió a Migecio y que sólo tangencialmente roza el problema adopcionista. Las doctrinas del heresiarca Migecio, que estaba apoyado por Egila, el obispo itinerante enviado desde Francia con las bendiciones de Roma, habían sido condenadas en un concilio celebrado en Sevilla hacia el año 784.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy con el tema de los "catalizadores" del material evangélico.
Respecto a la reunión de “diálogos polémicos” o controversias (por ejemplo, con los fariseos o escribas de la Ley) no parece inverosímil que las disputas de los primeros judeocristianos con sus “colegas” de las sinagogas condujeran a la reunión de diálogos polémicos del Maestro, en los en circunstancias análogas palabras de Jesús habían servido para zanjar una disputa con saduceos o doctores de la Ley. Un ejemplo de colección primitiva (unida a milagros) puede ser Mc 2,1-3,6; Mc 11,27-33 (la cuestión de los poderes de Jesús); Mc 12,13-37 (tributo del César; cuestión de la resurrección).
Hoy escribe Antonio Piñero
Restos de magia en el Antiguo Testamento
Describimos ahora los actos y ritos en los que se trasluce una firme creencia en poderes naturales que actúan por su propia virtud afectando al mundo sobrenatural. Trataremos así, sucintamente, diversos aspectos de la religión israelita antigua como la oración, los sacrificios, los ritos apotropaicos, es decir de rechazo o defensa de peligros (en griego apó = "de" y tropé = "vuelta": acción de hcer dar la espalda al enemigo), la invocación de los muertos, las virtudes de los cabellos y vestidos, el poder de la palabra, de la bendición y maldición, el profetismo, la contraposición entre lo santo y lo profano, y ciertos tipos de milagros.
Hoy escribe Antonio Piñero
Es muy plausible que el estadio de pura tradición oral durara bien poco a tenor del panorama que hemos dibujado, pues tanto la posible prehistoria de la Fuente Q -que debió de formarse a base de colecciones previas de sentencias de Jesús como hemos ido diciendo- como los escritos hallados en Qumrán nos demuestran que una espera ansiosa de un fin inmediato del mundo no estaba reñida con la consignación por escrito de los documentos espirituales que se consideraban necesarios.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con este tema de los restos de magia que se percieben ene le Antiguo Testamento
Indirectamente también se deduce la abundante existencia de prácticas mágicas de las mismas sentencias del Antiguo Testamento que las prohíben. Dice Jeremías: "Vosotros, pues, no oigáis a vuestros profetas, adivinos, augures, hechiceros... porque cosa falsa os anuncian" (27,9). "Seguro que la gente os dirá" -afirma Isaías a sus discípulos, ya que era algo natural en el pueblo- "consultad a los nigromantes y a los adivinos que bisbisean y musitan... ¿es que no consulta un pueblo a los muertos por los vivos?" (8,19).
Hoy escribe Antonio Piñero
Se ha señalado múltiples veces que la vida de la comunidad primitiva iba proporcionando diversos ejes cardinales y catalizadores que posibilitaban la lenta cristalización, por escrito, de las palabras de Jesús: la predicación, los actos litúrgicos, las controversias con judíos o, más raro, con paganos, las peripecias de la misión.
Se ha observado también que del marco geográfico de determinadas perícopas ofrecido por los Evangelios mismos puede deducirse qué localidades determinadas se hallan en el origen de algunas tradiciones. Así, por ejemplo, de Mc 1,16-3,4 puede deducirse que la actividad de Jesús extendida por toda Galilea fue recogida de especial modo en Cafarnaún, donde se le dio cuerpo por escrito.
Hoy escribe Antonio Piñero
Iniciamos hoy una nueva serie que, espero interese a los lectores, utilizando material del libro En la frontera de lo imposible. Magos, médicos y taumaturgos en tiempos del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba, de 2001. En este libro se abordan muchos temas, incluido el de la magia en el Nuevo Testamento –a mi parecer hay poca, cuando se compara con otro material religioso de la época, a pesar de libros que afirman lo contrario- que pueden ofrecer interesantes motivos para la reflexión.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El problema teológico del Adopcionismo
De la hipótesis que piensa en la controversia adopcionista como producto de la "evolución lógica de una teología hispana atrasada" y obsoleta, ya hemos hecho alusión en otro contexto. Es la tesis expuesta y defendida por E. Amann en la obra citada de A Fliche y V. Martin. El desarrollo de los debates demuestra justamente lo contrario por lo que a la teología "atrasada" y "obsoleta" se refiere. Los fautores del Adopcionismo, como Elipando y Félix de Urgel, lo mismo que sus debeladores españoles, Beato y Eterio, son teólogos que rayan a gran altura. Alcuino reconocía en Félix un adversario temible. Otros teólogos implicados en controversias similares, como Teodoro de Mopsuestia, el mismo Nestorio y los medievales Abelardo o Gilberto Porretano dejaron profunda huella en la historia de la Teología.
Hoy escribe Antonio Piñero
En una postal anterior, hace ya tiempo, dedicada al libro de S. Guijarro, Jesús y sus primeros discípulos, Salamanca, 2008, en el primer capítulo dedicado a “La tradición oral sobre Jesús”, expone este investigador las teorías principales de los estudiosos acerca de las formas de tradición oral en el cristianismo naciente (teorías unidas a cuatro nombres: R. Bultmann; B. Gerhardsson; V. Kelber; K. Bailey).
El Prof. Guijarro distingue entre a) tradición oral incontrolada; b) tradición oral informalmente controlada, y c) tradición oral formalmente controlada, a la que otorga un alto grado de fiabilidad histórica: transmite dichos y hechos de Jesús absolutamente fiables desde el punto de vista de la autenticidad. La que más nos interesa para nuestro propósito es esta última. Cito a Guijarro:
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy nuestra serie. El modo de mi razonamiento en torno a la cuestión si Jesús se atribuyó a sí mismo -o estaba pensando en otro personaje- el título “Hijo del Hombre” en el sentido de “juez final escatológico de todas las naciones” se ha presado a interesantes comentarios por parte de los lectores de este blog en todos los sentidos, y también sobre el modo cómo progresa el argumento y de qué puntos parte.
Gracias a esos comentarios, caigo en la cuenta de que a veces el punto de partida, o algún que otro paso de la línea lógica de pensamiento a lo largo de esta serie pudiera no quedar tan claro como hubiera deseado. Por ello, quiero en esta última “postal” abordar el tema del modo de razonar.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nuestra serie sobre Jesús como Hijo del Hombre va llegando a su fin.
Seguimos con los dos últimos pasos de nuestra reconstrucción hipotética de cómo la comunidad cristiana fue formando estas nociones cristológicas en torno a Jesús como Hijo del Hombre.
8. La confusión que actualmente percibimos en los Evangelios en torno a los significados de "El Hijo del Hombre" se origina cuando los evangelistas, bastantes años después de la muerte de Jesús, aplican a éste todos los dichos sobre el “Hijo del hombre” que circulan en los grupos cristianos –muchos de ellos proferidos por profetas cristianos en su nombre- como si hubieran sido pronunciados por Jesús acerca de sí mismo. El razonamiento era bastante sencillo: si Jesús, tras su resurrección es el "Hijo de hombre" que está al lado de Dios, también hubo de serlo en vida.
Hoy escribe Antonio Piñero
La comunidad primitiva y el uso de "evangelio"
Sí parece probable es que la comunidad palestinense, en general, empezara ya a utilizar el vocablo “evangelio” para designar la proclamación de la inmediata venida del Reino de Dios y de la llegada de Éste en juicio, como quizás pueda deducirse de Mt 24,14:
Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin,
que es un texto redaccional, sin duda alguna, por tanto del estrato del Evangelista y su comunidad. Pero en los Evangelios de Lucas y Juan no aparece el sustantivo “evangelio”, aunque sí el verbo “evangelizar” unas diez veces (Lc 1,19; 2,10, 3,18; 4,18.43; 7,22; 8,1; 9,6; 16,16; 20,1) lo que indica quizás que en sus comunidades se utilizaba menos como término absoluto (¿?).
Hoy escribe Antonio Piñero
Desde Adolf von Harnack, el famoso erudito y estudioso de la teología, historia y literatura del cristianismo primitivo, de finales del siglo XIX y comienzos del XX, existen pocas dudas de que los cristianos han tomado en préstamo el vocablo “evangelio” del culto al Emperador para designar con él la buena nueva del mensaje de Jesús. Pero hemos precisado ya que más que tomarlo en simple préstamo, lo que hicieron los cristianos aceptar el reto de utilizar un vocabulario conocido y consagrado para exponer con él lo contrario. El mensaje era simple y contundente: todo lo que se oferta de salvación con tales palabras lo ofrece mejor, con mayor seguridad y facilidad el cristianismo.
Hoy escribe Antonio Piñero
Los pasos hipotéticos de este proceso de aplicación a Jesús de dichos en los que él se refería a un personaje celeste pudieron ser los siguientes:
1. Probablemente se partió de una premisa clara y comprobablemente histórica: Jesús empleó esta enigmática frase para autodenominarse, para aludir modestamente a sí mismo: “este hombre que está aquí y os habla”. Dijimos que esto es algo de lo que no cabe duda pues aparece atestiguado múltiplemente en los Evangelios y porque era un uso de la lengua aramea de su época, aunque no frecuente en verdad. Ejemplo mencionado, Mc 2,28: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado”.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El problema teológico del Adopcionismo (III)
Significado de la controversia en la historia de la Teología
Algunos investigadores han acusado a Menéndez Pelayo de ver la controversia adopcionista con una cierta estrechez de miras, como si el Adopcionismo hubiera aparecido en España por generación espontánea. (Abadal y Vinyals, La batalla del adopcionismo..., Barcelona, 1949, pág. 61). La controversia no ha surgido solamente como fruto de una reflexión teológica sobre la Cristología, por más que ésta sea una de las posibles hipótesis sobre su origen. Pero se nos antoja harto difícil admitir que fuera un capítulo independiente del debate cristológico. La unión de la divinidad con la humanidad en Cristo fue siempre fuente de serios problemas.
Hoy escribe Antonio Piñero
Abordamos hoy el tema del uso del término “evangelio” en ámbito pagano de lengua griega en torno a la época de Jesús.
Se ha señalado repetidas veces por los estudiosos que el vocablo “evangelio” -en plural- aparece con un significado muy similar al del Nuevo Testamento en algunos textos que se refieren al culto del soberano, del emperador normalmente, como “salvador”. No es extraño cuando se tiene en cuenta que, sobre todo en Oriente, el emperador era considerado divino sobre todo por su función benefactora.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con nuestra hipótesis sobre cómo debe entenderse que el Jesús histórico utilizó la expresión "Hijo del hombre".Una vez establecido el planteamiento de base del post anterior, el razonamiento continúa del siguiente modo:
Parece claro que toda la teología cristiana primitiva, a partir de la firme creencia de que el Maestro había sido resucitado por Dios, reinterpretó la figura del Jesús terreno, idealizándola, sublimándola y en último término divinizándola. Este proceso se denomina técnicamente creencia en una “exaltación” de Jesús: éste es pensado como elevado a la categoría de divino porque ha sido Dios mismo, comenzando por el hecho de resucitarlo, el que lo ha exaltado a esa categoría.
Hoy escribe Antonio Piñero
Lo que para nosotros es hoy tan normal, designar a los cuatro escritos canónicos, y a otros muchos apócrifos, con el término globalizante de “evangelio” no es de por sí evidente y tiene un origen oscuro.
No puede construirse una historia de la tradición respecto al concepto “evangelio” ni el campo bíblico, ni en el ámbito lingüístico griego sin aceptar que tenemos cieras lagunas. En el Nuevo Testamento no se halla el concepto de “evangelio” como libro que contiene la vida de Jesús. En todo caso, hay una posible excepción y es muy discutida: es el inicio del Evangelio de Marcos:
Hoy escribe Antonio Piñero
Como anunciamos, en este post nos preguntamos si es evidente que Jesús se refiriera a sí mismo cuando hablaba de un juez universal y futuro que a la vez habría de morir y resucitar.
A mi parece que no es en absoluto evidente. Si se analizan con cuidado tales dichos, surgen dudas. Pongamos como ejemplo la sentencia recogida en Lucas 12,8: “Yo os digo: todo aquel que se declare por mí ante los hombres (es decir, todo aquel que acepte el mensaje sobre el Reino de Dios y la necesidad de entrar en él), también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios”. La sentencia se entiende perfectamente, e incluso mejor, separando a un Jesús humano, que predica el Reino de Dios en la tierra, de la figura celestial de un Hijo del Hombre que en los momentos del juicio final hace de abogado del ser humano (“se declara por él”) que ha hecho caso al mensaje de Jesús como agente de Dios en la tierra.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Las consideraciones efectuadas a lo largo de los últimos meses permiten extraer con suficiente seguridad una conclusión a primera vista sorprendente: el análisis de los postulados y/o presupuestos de la actual periodización tripartita de la historia de la investigación sobre el llamado "Jesús histórico", compartida por la gran mayoría de exegetas y teólogos, revela que ésta es insostenible: ni uno solo de tales presupuestos resiste el escrutinio.
Hoy escribe Antonio Piñero
En este úlñtimo post de la serie ofrecemos una breve síntesis y valoración de los cambios
Hemos dibujado en apretada síntesis lo que creemos más notable en la evolución de la religión judía en época helenística. Resumo sus rasgos principales:
Hoy escribe Antonio Piñero
La cuestión que ahora nos ocupa, como comentario a los textos, es: ¿se pensó a sí mismo el Jesús histórico como el “Hijo del Hombre” de este final de los tiempos?
A pesar de la claridad de las expresiones plasmadas en los pasajes que transcribimos en el post anterior, la investigación crítica del Nuevo Testamento se ha preguntado con razón si el Jesús histórico se consideró a sí mismo realmente como el “Hijo del Hombre” de los tiempos postreros. Creo que a pesar de las apariencias surge una duda razonable.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El enigma y la paradoja del Dios-hombre(b)
El Adopcionismo es una reflexión teológica que trata de huir de ambos peligros, del nestorianismo y del monofisitismo. Si bien su perfil lo acerca más a los confines de la doctrina de Nestorio, como muy bien sospechó Adriano I en su Institutio Uniuersalis. Pues considerar a Cristo como Hijo adoptivo de Dios está evidentemente más cerca de las tesis de Nestorio y su teoría de las dos personas o los dos hijos, uno humano, hijo de María, y otro divino, Hijo natural de Dios Padre. Aunque, repetimos, los adopcionistas nunca llegaron a esta última conclusión. Incluso en la frase determinante de Elipando en su carta a Migecio se habla de persona en singular, si bien el toledano empieza a oponer la generación eterna del Verbo en el seno del Padre a la del hombre Jesús en el tiempo en las entrañas de María.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos el tema de la Formación de sectas en el interior del judaísmo en época helenística con una descripción somera de ellsa, porque el tema es muy conocido.
El pueblo de la tierra
Poco hay que hablar de este grupo, porque en general la historia no se detiene a considerar la simple masa del pueblo, sino que habla de los destacados por algún motivo. Sólo insistir en que esta gran masa practicaba intensa y cordialmente su religión. Como resume E. P. Sanders en el epílogo de su importante libro sobre el judaísmo en torno al siglo I, esas gentes judías trabajaban duramente, creían en las Escrituras otorgadas por Dios, practicaban la rutina diaria de su religión y sus festividades, rezaban cada día varias veces, daban gracias a Dios por sus dones y por ser el pueblo elegido, iban el sábado a la sinagoga, preguntaban lo que creían deber preguntar a sus maestros y los escuchaban atentamente. Procuraban pagar sus diezmos, circuncidar a sus hijos, guardar el sábado, ofrecer regularmente sus sacrificios y asistir al Templo al menos una vez al año en donde celebraban sus festividades con gozo y alegría (p. 494).
Hoy escribe Antonio Piñero
No podemos dejar de mencionar en estos posts, aunque sea brevemente, la mutación, o más bien progreso, que experimenta la vida ética del judaísmo helenístico. Esto ocurre en parte por un profundo movimiento de reflexión interna, en parte también por la absorción de ideas de la ética helenística, estoica sobre todo, que había difundido por medio de sus filósofos “predicadores” callejeros unos códigos o normas de buen comportamiento en todos los ámbitos: sociales y familiares, que se difundieron por todas las regiones durante el Helenismo y que aceptaron los judíos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con los textos principales del Nuevo Testamento en los que se relaciona la venida ("segunda") del Hijo del Hombre con Jesús, como prometimos en el post anterior.
El evangelista Marcos describe así la escena de la venida del Hijo del Hombre:
Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo (13,24-27).
Hoy escribe Fernando Bermejo
En nuestro post anterior veíamos cómo la pretensión, mantenida hoy por no pocos exegetas metidos a historiógrafos, de que es demasiado pronto para hacer un balance sobre la historia de la investigación sobre Jesús, depende en buena parte de que las presentaciones habituales crean a menudo la impresión de que la multiplicidad de imágenes de Jesús es mayor de lo que en realidad es.

Escribe Gonzalo del Cerro
El Adopcionismo. El problema teológico
No deja de ser sorprendente que en un mundo aquejado de tantos males y atormentado por tantas pesadumbres, en una España rota por la invasión árabe, y en una Europa sacudida por guerras y ambiciones, un simple problema teológico lograra suscitar tantas pasiones. Por ello, no han faltado quienes han visto en la controversia adopcionista otras motivaciones que iban más allá de los desnudos datos de la teología. Algunos, como hemos visto en otro contexto, han pensado en la posibilidad de que los adopcionistas, guiados por Elipando, fueran una valla ideológica que frenara los ímpetus expansionistas de Carlomagno. Lo que los Pirineos significaban en el aspecto geográfico, lo representaba el Adopcionismo en lenguaje ideológico.
Hoy escribe Antonio Piñero
Iniciamos hoy otro apartado importante dentro de lo que pudo ser la conciencia que Jesús tenía de sí mismo como mesías.
Dentro del marco de unas concepciones muy judías, aunque con las precisiones que hemos señalado debidas al genio de Jesús, quedó respondida ya, laboriosamente, una de las preguntas anteriores "¿Qué tipo de mesianismo era el de Jesús?". Y hemos sostenido que, al menos al final de su vida, Jesús tuvo una conciencia mesiánica, pero que la concepción de ese mesianismo se correspondía no con nociones cristianas, sino más bien con las tradicionales en Israel.
Nos preguntamos ahora si Jesús se consideró a sí mismo mesías con el título mesiánico preciso de “Hijo del hombre”. La respuesta positiva a esta cuestión es lo que parece deducirse de una lectura rápida, no pausada y no crítica, de los Evangelios. Estos escritos y el resto del Nuevo Testamento, en especial los Hechos de los apóstoles, nos dicen claramente que Jesús de Nazaret es el mesías (Hch 2,36), muerto y resucitado (Hch 2,32), que se tituló a sí mismo “el Hijo del Hombre” en múltiples momentos, que predijo por lo menos en tres ocasiones su muerte y resurrección (Mc 8,31-33/9,30-32/10,32-34 y par.), y que habrá de venir al final de los tiempos como juez supremo de vivos y muertos (Hch 10,42).
Hoy escribe Antonio Piñero
Retomamos hoy la continuación del tema “religión judía en época helenística” que habíamos empezado días atrás. Esta serie tiene como finalidad mostrar a los lectores del blog cómo la religión judía de la época de Jesús es el producto de unos cambios bastante notables que sufre la religión judía desde la época del exilio en Babilonia. El motivo, o la ocasión, para esos cambios es triple:
A) Impulsos internos del judaísmo mismo que desea completar teológicamente lagunas que tiene su religión. Ejemplo: concepciones en torno a la resurrección.
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Qué pensar de las tesis de Israel Knohl? Brevemente expongo mi parecer.
1. Respecto al texto escrito con tinta de la piedra caliza del siglo I d.C. que comentamos el primer día: sigo pensando lo que manifesté al principio: todo depende de que la lectura sea confirmada por otros expertos. Segundo: aunque se confirme la lectura, las consecuencias respecto al concepto de mesías en el judaísmo del siglo I que de ella se puedan extraer dependen también de lo que se opine del conjunto de otros textos presentado por Knohl.
2. Respecto a los himnos 4QHe, 4QHa fr. 7, y 1QHa col. 26, he consultado voces más autorizadas y competentes que yo en los textos de Qumrán. Éstas sostienen algo parecido a lo que ocurre con las palabras escritas sobre la piedra caliza: que las lecturas no son del todo seguras, como sostiene Knohl, y que la discusión continúa. Por tanto no es sensato pronunciarse de una manera definitiva.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy es el último post que presenta los textos aducido por Israel Knohl para probar su tesis de la copia o “inspiración” por parte de Jesús de Nazaret de las concepciones de un mesianismo novedoso ya presente en Qumrán. El cristianismo no sería, por tanto, original. En el siguiente y último haremos una breve valoración.
D. El mesías como “Hijo de Dios”:
Hoy escribe Antonio Piñero
Paso ahora a exponer, con palabras del mismo Knohl, las conclusiones que obtiene del análisis de los textos ofrecidos en el post anterior, más los complementos que indicaremos en los apartados correspondientes que van a continuación:
“¿Cómo puede resolverse el enigma de la personalidad de Jesús y de su autoconciencia mesiánica? ¿Se consideró a sí mismo mesías? Si fue así, ¿por qué no lo dijo llanamente? ¿Por qué prohibió a sus discípulos que dieran a conocer al público esta identidad mesiánica, creando así el “secreto mesiánico”? ¿Previó Jesús realmente su pasión, muerte y resurrección? Y si lo hizo, ¿por qué no se refirió a sí mismo directamente en este contexto, sino sólo de modo indirecto como “hijo del hombre”? ¿Se vio Jesús a sí mismo como un redentor divino? Y si fue así, ¿por qué no queda esto reflejado en los evangelios sinópticos?”
Hoy escribe Fernando Bermejo
Los lectores recordarán que el sexto y último punto que identifiqué como típico de la actual periodización de las “3 Quests” afirma que no es posible emitir en la actualidad un juicio consistente acerca de lo que la investigación ha realizado. La multiplicidad de imágenes de Jesús en el presente, así como la falta de perspectiva histórica en relación a una presunta “Third Quest” comenzada hace sólo dos décadas, convertirían todo juicio en apresurado e imprudente.
Hoy escribe Antonio Piñero
La ya conocida tesis de Israel Knohl sobre el mesianismo judío –en el libro cuya ficha transcribimos el otro día, El mesías antes de Jesús- afirma los siguiente: algunos textos de los manuscritos del Mar Muerto y obras judías conexas, que pueden retrotraerse hasta el siglo I d.C., incluyen ideas que hasta el momento se han considerado típica y exclusivamente cristianas –y que por tanto no lo son-, a saber:
1. El denominado “secreto mesiánico” –la orden de Jesús de que no se dijera a nadie que él era el mesías hasta después de su resurrección- que hasta ahora se creía una invención literaria del evangelista Marcos, según la tesis de Wilhem Wrede del mismo nombre, para explicar por qué Jesús no había sido aceptado como mesías por el pueblo judío y por qué había sido condenado a morir en la cruz, existió en realidad. Está en un texto de Qumrán y es algo que pertenecía a cierto tipo de mesianismo judío. Jesús no hizo más que seguir una tradición ya fija.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Carlomagno
Uno de los personajes más significativos de la Edad Media cristiana fue sin duda ninguna Carlomagno, rey de los francos, a quien el papa León III, en reconocimiento por sus servicios a la Iglesia, coronó como emperador en la fiesta de Navidad del año 800. Tuvo como meta ideal la restauración del Imperio Romano bajo el signo de la cruz y las bendiciones del Papa. Tomó a su cargo la promoción de la cultura y la defensa de la fe católica. Para ello, puso exquisito cuidado en rodearse de consejeros que realizaban para él la tarea cultural. Carlomagno bastante tenía con las frecuentes campañas con las que consiguió unir extensos territorios bajo su corona. Había nacido hacia el 742 en la zona denominada Neustria, entre los ríos Loira y Mosa, región noroccidental del reino de los francos.
Hoy escribe Antonio Piñero
He leído en “El País”, jueves 10 de julio 2008, p. 34 (sección vida&artes; noticia que ha aparecido también en “El Mundo”, según me comunican = http://www.elmundo.es/elmundo/2008/07/08/orienteproximo/1215552188.html ) la reseña de una conferencia en Jerusalén en la que un profesor de estudios hebreos de la Universidad Hebrea de la misma ciudad, Israel Knhol, ha conseguido leer unas palabras, hasta ahora indescifrables, escritas con tinta en una losa caliza de unos 90 cms. de altura, que por el tipo de escritura y las características del objeto en sí ha sido datada por algunos arqueólogos en el siglo I a.C. En es conferencia pronunciada ante muchos colegas y público en general, había hecho público lo que él pensaba era un gran hallazgo que afecta a la historia más íntima del cristianismo.

Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el comentario al libro de Enrique Mena Salas, “También a los griegos” (Hch 11,20). Factores del inicio de la misión a los gentiles en Antioquía de Siria.
Uno vez que hemos ofrecido en el post anterior una visión general del libro en sus secciones principales deseamos destacar algunos puntos que nos parecen interesantes.
Mena destaca cómo la religiosidad pagana de los “temerosos de Dios” que escuchaban a los misioneros judeocristianos participaba de la ideología religiosa que se había gestado en torno a las religiones de misterio, a saber de la necesidad de una salvación real y actual garantizada por la divinidad. Les importaba también mucho la búsqueda de un contacto directo con dios, de una unión que podía llegar incluso a sentir la posesión divina de ciertos trances espirituales. Era esta mentalidad un excelente terreno para que prendieran las ideas en torno a la figura y misión de Jesús que predicaban los misioneros. Este punto de vista sobre el terreno abonado de los adeptos a los misterios me parece muy acertado.

Hoy escribe Antonio Piñero
Comento hoy un libro interesante porque trata dos problemas candentes de la historia del cristianismo primitivo: 1. El porqué del paso –dado por misioneros judíos convertidos a la fe en Jesús mesías- a predicar también a los gentiles, y 2. Cómo pudo ser el mecanismo de la divinización de Jesús en el ámbito de un judaísmo helenizado y cómo afecta este paso a la noción teológica de “Hijo del Hombre”. Su ficha es la siguiente:
Enrique Mena Salas, “También a los griegos” (Hch 11,20). Factores del inicio de la misión a los gentiles en Antioquía de Siria. Colección Plenitudo Temporis, Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, 2007, 432 pp. ISBN: 978-84-7299-735-6
Hoy escribe Antonio Piñero
El judaísmo helenístico se mantuvo en tensión por el deseo de mantener la identidad judía dentro de la cultura helenística. Este impulso explica incluso el intento de presentar el judaísmo en ropaje helenístico.
El universalismo mencionado no fue uniforme, sino que hubo diversos grados en función de la diversidad geográfica. Además, tal universalismo se combinó con el mantenimiento de la identidad judía del pueblo. A lo largo de la historia de Israel dicha identidad había quedado moldeada por una serie de factores (por ejemplo, territorio común, continuidad étnica, lengua, observancia religiosa y tradición comunes), pero la dispersión geográfica del pueblo judío tras el Exilio, sometido a diversas autoridades políticas y sin una lengua común, hizo que la tradición y observancia religiosas asumieron un papel todavía mayor a la hora de mantener una identidad distintiva.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En mi post anterior ofrecí varias objeciones de peso a la afirmación según la cual en tiempos recientes se ha producido un progreso significativo en la investigación sobre Jesús. De hecho, se podría argumentar incluso que en algunos casos se ha producido cierto retroceso.
Hoy escribe Antonio Piñero
Después de los argumentos expuestos en los post anteriores creo que podemos concluir que Jesús no se presentó como un mesías estrictamente político-guerrero, como lo fueron otros agentes mesiánicos de la época y de los que nos habla Flavio Josefo en sus Antigüedades, sino ante todo como un mesías religioso. Me parece suficientemente claro que no se desprende de los textos evangélicos que la acción directa y violenta para poner en marcha el Reino de Dios fuera nuclear en la predicación central de Jesús. La atmósfera que destilan los Sinópticos es muy distinta a la que se percibe en los dos poemas mesiánicos de los Salmos de Salomón (17 y 18, parte de cuyos textos expusimos al principio de este tema), y del sangriento mesías del Targum a Gn 49,11-12, o del que aparece en el manuscrito Neófiti 1 del Targum palestinense (Ex 12, 42) en el canto de las Cuatro Noches, que en parte también transcribimos.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Beato de Liébana y Eterio de Osma
La figura de Beato de Liébana se nos presenta desde dos egregios pedestales: el de su santidad oficial, reconocida por la Iglesia, y el de la fama inmortal que le granjeó su archifamoso Comentario al Apocalipsis. Las viñetas que sirven de ilustración a estas páginas están tomadas de esta obra de Beato. Son los famosos "beatos". Este Comentario es una de sus obras señeras. La otra es la que escribió en colaboración con Eterio de Osma bajo el título de Apologeticum aduersus Elipandum. Figuran como autores el monje Beato y su discípulo el obispo Eterio, que se había refugiado en el monasterio de Liébana huyendo del avance de las tropas musulmanas. Con toda probabilidad, el abad Fidel les había dado noticias de la carta que había recibido de Elipando y que representaba un ataque furibundo y despiadado contra Beato y Eterio. Sabía el toledano que en Asturias existían dos bandos frontalmente encontrados en temas cristológicos. Beato y Eterio eran los corifeos de uno de ellos, el que de acuerdo con la enseñanza oficial de la Iglesia de Roma, predicaba que Cristo en cuanto hombre era Hijo natural del Padre. En efecto, en Cristo se daba la unidad de persona, y
esa persona era el Hijo del Padre, Dios como él y digno de adoración.
Hoy escribe Antonio Piñero
Algunos de los impulsos del Helenismo sobre la religión judía no llegaron a buen término. Hoy hablamos de uno de ellos.
Lo que hemos mencionado en el post anterior, la constitución del judaísmo como una religión de la sinagoga más que del Templo, es una tendencia que se constata muy pronto en la época helenística. En los siglos anteriores a la destrucción del Templo se percibe en la religión de Israel una cierta apertura hacia valores menos particularistas y más universales, es decir una cierta propensión a liberar la religión de las ligaduras tribales de una fe asociada desde antaño a lazos puramente nacionales, de terruño, una fe, por tanto, sólo practicable en plenitud en Israel.
Hoy escribe Antonio Piñero
Finalizamos hoy con las razones en contra de la concepción del mesianismo de Jesús como guerrero/político
9. Si el incidente del prendimiento de Jesús y de la "refriega" en el Monte de los Olivios hubiera sido sonado, es decir con notable participación de tropas romanas y con herdios y prisioneros (¿los dos ladrones curcuficados junto a Jesús pertenecían a su grupo? es una buena hipótesis), lo habría recogido probablemente Flavio Josefo, quien calla totalmente al respecto.
10. Parece poco probable que la existencia de un grupo armado galileo (dijoms ya antes que José Montserrat señala en su obra, El galileo armado, que serían unos doscientos) no fuera descubierto por la policía de Pilato (y la herodiana) ya antes en el transcurso de la vida de Jesús en Galilea y en Judea, al menos al final. Parece extraño que de existir un grupo armado serio hubieran de esperar para detectarlo a la entrada mesiánica en Jerusalén y sobre todo a la concentración en la noche del jueves al viernes de la “semana de pasión”.
Hoy escribe Antonio Piñero
El pensamiento escatológico, es decir, referente a los acontecimientos del fin del mundo, del judaísmo helenístico produce también otro cambio sensible en la religión del Israel antiguo: el paso de una concepción religiosa corporativista (el pueblo cuenta más que el individuo; éste se halla como inmerso en el pueblo; su “salvación”, o bienaventuranza, conexa con el destino del pueblo) a otra más individualista.
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos hoy con la exposición de los argumentos contrarios a la consideración del mesianismo de Jesús como fautor de un grupo armado
4. El punto de vista principal de la predicación de Jesús se concentra preferentemente en los individuos, no en los grupos sociales. Me parece que el texto ya citado de Lc 11,20 (“Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que llega (en presente, no en pasado) a vosotros el dedo de Dios”) indica Que Jesús se concentraba sobre todo en el destino de los individuos más que en los efectos sociales generales de la venida del Reino de Dios. La victoria de la divinidad sobre el poder de los demonios, por mano de Jesús, se aplicaba preferentemente a los individuos particulares. Jesús habló muy poco, o casi nada, dándolo todo por supuesto, del resultado final de la acción de Dios -es decir de la restauración político-religiosa-social del pueblo- y más de la salvación de cada uno. Salvo improbable censura posterior en bloque la lectura de los Evangelios señala que hay en Jesús un cierto desinterés por la política directa.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Como he señalado, en la periodización trifásica de los sedicentes historiógrafos contemporáneos funciona como un presupuesto el postulado de la existencia de un progreso en la investigación sobre la figura de Jesús: obsoleta la supuesta “Old Quest”, y superada la supuesta “New Quest”, los rasgos característicos de la supuesta “Third Quest” representarían un singular avance en la investigación sobre Jesús.
Pues bien, a pesar de que este postulado parece verse respaldado tanto por el sentido común –¿acaso no avanza necesariamente la ciencia, incluida la histórica, mediante la acumulación del saber adquirido?– como por la agradable sensación de la autocomplacencia –somos mejores y sabemos más que nuestros antepasados–, a continuación argumentaré que la investigación reciente sobre la figura de Jesús no ha experimentado un progreso sustancial, no ya con respecto a la investigación realizada entre 1950 y 1980, sino ni siquiera en relación a la realizada hasta mediados del siglo XX. Dado que para el lector resultaría en exceso tedioso asistir a la deconstrucción de todos y cada uno de los supuestos avances, me limitaré a las que acostumbran a ser consideradas las pruebas más claras del progreso, a saber, la inserción de Jesús en el judaísmo, y la contemplación respetuosa de esta religión como una realidad plural.
Hoy escribe Antonio Piñero
El juicio divino
Es cierto que ya en la fe antigua de Israel se perciben síntomas y deseos de llenar este hueco que muestran sus creencias -que comentábamos en el post anterior-, tan apegadas a la acción correcta según Dios, pero sólo en el mundo presente. Había que encontrar una solución al sonoro fracaso de uno de los dogmas de la religión judía preexílica, a saber, la creencia en la universalidad y suficiencia de la retribución terrenal, aquí abajo, por parte de Dios, hasta el punto de que se había creído firmemente que la felicidad podía considerarse como el premio divino a la buena conducta y la piedad, y que de la desgracia podía inferirse que el desgraciado había cometido algún pecado.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Félix de Urgel (III)
La Confessio fidei es el único testimonio directo de Félix que se nos ha conservado. Fue escrito después del debate de Aquisgrán cuando el urgelitano ya había sido depuesto. En efecto, el documento empieza con las palabras: "En el nombre de Dios, Félix, en otro tiempo (olim) obispo indigno". Los editores de la Patrología Latina de Migne anteponen el siguiente aviso: "Félix de Urgel, condenado por Leidrado y otros prelados reunidos en Urgel, recibió de ellos un salvoconducto para ir a defender su causa en presencia del rey. Ello se hizo poco después del concilio de Aquisgrán. Alcuino narra que el rey Carlomagno, con el fin de expugnar la herejía feliciana, reunió en el palacio de Aquisgrán un gran sínodo de obispos, y que en él debatieron él (Alcuino) y Félix por mandato del rey durante algunos días. Al final, Félix testificó con voces y lágrimas que había sido vencido. En consecuencia, oído razonablemente en presencia de los sacerdotes y de los grandes del imperio, y convencido verazmente, dando gloria a Dios y habiendo confesado la fe verdadera, volvió a la paz de la unanimidad católica con sus discípulos que entonces estaban allí presentes, el año 799 de Cristo" (Monitum de los editores previo a la Confesión de Félix en PL 96, col. 881).
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el tema: ¿era el de Jesús un mesianismo guerrero y predominantemente político? Atención: estoy ofreciendo en primer lugar las razones por las que algunos investigadores ven en Jesús y las gentes de su entorno –y por tanto en la conciencia mesiánica de éste- la prueba de que eran un grupo armado. Luego discutiremos estas ideas y ofreceremos nuestro punto de vista. Por ello, deseo que no se me atribuyan, sin más, las ideas expuestas en esta primera parte. Hoy iniciamos los argumentos de la parte contraria: los que no ven en Jesús y su grupo un conjunto de gentes armadas, por lo que se debe precisar con cuidado qué se entiende por repercusiones políticas del mensaje religioso de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Otro rasgo típico del pensamiento religioso judío de esta época es la concepción dualista del universo y de la existencia humana. El cielo y la tierra, Dios y el Diablo (Belial, Satanás, Beelzebub o Mastema, como quiera llamarse) están enfrentados; hay ángeles buenos y malos, hombres buenos y malos (los que se salvan y los que se condenan), inclinaciones buenas o malas en el hombre. El ser humano deja de ser una unidad prácticamente indivisible.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como anunciábamos, empezamos con los argumentos en pro y en contra de interpretar a Jesús como un mesías “guerrero” o lo contrario.
I. Las razones positivas para defender una imagen de Jesús como mesías con un componente fuerte guerrero, es decir un “Galileo amado” o al menos como favorecedor de la lucha armada contra los romanos como programa y acción explícita por parte de sus grupo para ayudar a la implantación del reino de Dios, pueden ser los siguientes:
Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos en el post anterior que la figura de Dios se trascendentaliza en extremo en época helenística. Los teólogos huyen de los antropomorfismos ingenuos de las narraciones del Génesis y otras, y expanden una concepción de Dios mucho más intelectual, más al estilo del pensamiento abstracto helénico.
I. Angelología
El vacío dejado por la lejanía de Dios se llena en la teología judía helenística con miríadas de ángeles, que hacen de intermediarios entre Dios y el hombre.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En mi post anterior mostré que varios de los criterios utilizados para distinguir una supuesta “Nueva búsqueda” de la figura histórica de Jesús, de una supuesta “Tercera búsqueda” no se sostienen. Hoy haré lo mismo con el resto de los criterios que se han propuesto. El obvio resultado será que el intento de efectuar una distinción entre la investigación anterior y posterior a 1980 carece de todo fundamento.
Hoy escribe Antonio Piñero
Acaba de volver a Madrid después de vivir una experiencia interesante en el monasterio de Montserrat, a unos 60 kilómetros de Barcelona, como sabe la mayoría de los lectores de ese blog. Lo imponente y majestuoso del lugar –la montaña como lugar de encuentro de lo sagrado, en muchas culturas- ayudó para que se celebrara el evento que a continuación describo.
Se trataba de la celebración de uno de los seminarios de estudio bíblico que “Biblia”, “Asociación laica (italiana) de cultura bíblica” organiza cada año. Éste, en concreto estaba dedicado al estudio específico de los Evangelios gnósticos, y ha durado tres día y medio. El resto del tiempo –dos días y medio más- se ha dedicado a actividades culturales: visita de la ciudad de Barcelona (una tarde) y dos días a una excursión por una parte de la Cataluña románica y medieval: Vic, San Juan de las Abadesas, Ripoll, Girona y Besalú.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Félix de Urgel (II)
De todos modos, un libelo de retractación escrito in uinculis no es el mejor medio para que un hombre como Félix exprese con libertad sus verdaderos pensamientos y sentimientos. Félix tuvo que repetir su abjuración en la basílica de san Juan de Letrán y en la tumba de san Pedro de Roma. El aparato con que se celebraron y festejaron estos acontecimientos demuestra la importancia que tenía la personalidad de Félix a los ojos del papa. Por desgracia, se ha perdido este escrito de retractación, pero como podemos ver en las Actas del concilio del 798, Félix prometía con juramento no volver a llamar "adoptivo" al Hijo de Dios, sino que confesaba que lo consideraría en adelante como Hijo "propio y verdadero".
Hoy escribe Antonio Piñero
Es bien conocido el aspecto político y guerrero que tenía el mesianismo del Israel de la época para la inmensa mayoría de los judíos. Voy a poner como ejemplo dos textos. Uno que refleja una teología elevada, quizá del estamento sacerdotal, es el Salmo 17 de la colección llamada “Salmos de Salomón”, compuesta unos 40 años antes del nacimiento de Jesús.
Para el autor del Salmo 17 no hay otro mesías que un personaje excepcional de la línea de David. Dios suscitará su Ungido (17,21), como cumplimiento de su Alianza y Promesa (17,4), que vendrá a poner orden en el caos pecaminoso que es la tierra de Israel dominada por impíos extranjeros.
Hoy escribe Antonio Piñero
Ha llegado el momento, después de tantos preliminares, pero necesarios de describir las mutaciones principales que podemos percibir en la religión judía de época helenística
1. La figura de Dios se concibe como más trascendente. Ello afecta a su nombre, sus hipóstasis, su universalidad
La primera mutación concierne, pues, a la idea misma de Dios. La teología judía helenística desarrolla unaa tendencia del judaísmo tras el Exilio a trascendentalizar a Dios, a distanciarlo de la esfera terrenal.
Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos en el post anterior que hay razones serias para contradecir la interpretación judeocristiana –que no judía- de que Jesús instauró un concepto nuevo de mesianismo. Lo vamos a denominar, con Israel Knohl “mesianismo de la catástrofe” (El mesías antes de Jesús, Editorial Trotta, Madrid, 2004).
En primer lugar el hecho de que Jesús jamás explicara exactamente lo que era el núcleo de su pensamiento, el Reino de Dios, sino que sólo hiciera algunas precisiones sobre sus circunstancias en algunas de sus parábolas, las llamadas “parábolas del Reino”.
Hoy escribe Antonio Piñero
A pesar de la fortaleza general de un núcleo de ideas religiosas tradicionales -como hemos explicitado en el post anterior de esta miniserie-, las creencias judías se trans¬formaron más o menos perceptiblemente en época helenística temprana.
Pero antes de analizar brevemente este proceso, permítasenos una cuestión de método: ¿Cómo conocemos estos cambios? La respuesta es relativamente simple:
Hoy escribe Fernando Bermejo
Aunque no hemos hecho apenas sino empezar nuestro análisis, cualquier lector dotado de capacidad argumentativa puede comprobar fácilmente que, a una mirada detenida, el modelo historiográfico de las “tres búsquedas” tiene una consistencia comparable a la de un castillo de naipes. Si la noción de “New Quest” no resiste el escrutinio, es fácil deducir que tampoco lo hace la de “Third Quest” o “tercera búsqueda”. Si no hay razones suficientes para distinguir una “primera búsqueda” de una “nueva” o “segunda búsqueda”, entonces automáticamente pasa lo mismo con una supuesta “tercera búsqueda”.
Hoy escribe Antonio Piñero
Indicábamos en el post anterior que hay tres hechos hacia el final de la vida pública de Jesús que parecen apuntar que al menos en esos momentos finales, éste se consideraba el mesías de Israel. Son los siguientes:
1. En primer lugar la entrada en Jerusalén, descrita por Marcos en el capítulo 11 con tintes claramente mesiánicos. Los conciudadanos galileos introducen a Jesús en la ciudad santa en el entorno de la fiesta de la Pascua

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
3. Fidel
El tercero de los escritos de Elipando, que figura entre sus obras, es una carta (incompleta) dirigida al abad Fidel el año 785. Era Fidel, al parecer, abad en una abadía distinta de la de Liébana. Al menos, así lo cree la mayoría de los autores, contra los que É. Amann y R. Collins opinan que este Fidel era el abad de Santo Toribio de Liébana y por lo tanto superior jerárquico del monje Beato. El hecho es que tenía para Elipando la suficiente autoridad como para contrarrestar el peso de las doctrinas de Beato y Eterio con quienes mantenía una estrecha amistad. Por eso, le ruega que a imitación de los que desarraigaron de la Bética la herejía migeciana, procure arrancar de raíz de las tierras astures la “herejía” de Beato. Le pide igualmente que "instruya de verdad la adolescencia" de Eterio que sigue alimentándose todavía con leche como los niños (1 Pe 2, 2), porque hasta el momento se ha alimentado más bien de maestros ignorantes y cismáticos como son los antifrásicos Félix y Beato. Si, como parece verosímil, se trata de Félix de Urgel, podría pensarse en alguno de los períodos de ortodoxia que atravesó este hamletiano obispo. Esta circunstancia nos hace pensar en la relativa juventud y bisoñez de este obispo y en la autoridad doctrinal, y quizá jerárquica, que el abad Fidel tenía sobre Eterio.
Hoy escribe Antonio Piñero
Antes de pasar a considerar los cambios debemos reseñar brevemente aquellos elementos de la religión judía que no mudaron, que se mantuvieron firmemente durante el Helenismo y que habían cuajado ya sólidamente desde los tiempos del Exilio. En parte serán también aspectos básicos del cristianismo.
Elementos tradicionales de la religión judía que no cambian o apenas
1. El judío piadoso de esta época había recibido de siglos anteriores la firmísima creencia en un Dios único y personal: el monoteísmo era un bien ya sólidamente adquirido, sin las sombras y nubes de antaño, hasta más o menos la época del Exilio de la que hay todavía trazas de un cierto politeísmo en Israel. Durante el Helenismo no hay ya problemas con el politeísmo, tan combatido y denostado por los antiguos profetas, por ejemplo por Elías (1 Reyes 17 hasta 2 Reyes 2).
Hoy escribe Antonio Piñero
La llamada de discípulos por parte de Jesús, la vida itinerante predicando, o proclamando, la venida del Reino de Dios tuvo como resultado el que tarde o temprano los seguidores más íntimos del Nazareno comenzaran a pensar que él era realmente el mesías de Israel. Pienso que esto pudo ocurrir ya por cuenta propia es decir de los discípulos, ya por ciertos impulsos que recibían sobre lo que su Maestro pensaba de sí mismo. Opino aquí que los seguidores más íntimos de Jesús comprendían bastante bien al Maestro, en contra de lo que la misma tradición evangélica nos pretende mostrar, a saber: que los discípulos nada entendieron del verdadero mesianismo de Jesús. Esta idea parece muy poco probable en un ambiente de continuo contacto y diálogo dentro del grupo en orno a Jesús y parece ser sin duda una construcción teológica posterior a la muerte del Maestro.
Hoy escribe Antonio Piñero
Por nuestro imaginario cultural nos cuesta pensar que una fe revelada como la judía haya sufrido importantes mutaciones a lo largo de la historia. Sin embargo es así, como afirmamos en el post anterior. Para comprobarlo basta con leer seguidos dos pasajes bíblicos que muestran ideas radicalmente opuestas respecto a algo tan básico en una religión como las concepciones de la vida futura. Son textos que distan entre unos 200 años.
El primero es del Eclesiastés:
Y yo, por mí alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el sol, si no es comer, beber y divertirse” (8,15). “¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el hálito de vida de la bestia des¬ciende hacia abajo, a la tierra? Veo que no hay para el hombre otra cosa que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pues, ¿quién lo guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él? (3,21-22).
Hoy escribe Antonio Piñero
Lo importante de esta procedencia del grupo de Jesús respecto al del Bautista radica en caer en la cuenta de que el movimiento de Juan -y consecuentemente el de Jesús- tenía caracteres mesiánicos, y que como tal fue percibido por los discípulos de ambos líderes y por el pueblo en general. Recordemos un testimonio fundamental de Flavio Josefo que nos indica el peligro que para los gobernantes del Israel del momento suponía la actividad, vista como mesiánica, del Bautista:
Hoy escribe Fernando Bermejo
Tras mostrar en anteriores posts el carácter ilegítimo de la noción de “Old Quest” y el carácter manifiestamente falso de la noción de “No Quest” (incluyendo su variante más reciente, que habla sin fundamento de una “disminución general” intentando ocultar el absurdo de la “No Quest”), hoy explicaré por qué la noción de “New Quest” o “Nueva búsqueda” carece de todo fundamento, y por tanto también de toda utilidad, para una comprensión lúcida de la historia de la investigación sobre Jesús de Nazaret.
Hoy escribe Antonio Piñero
La religión judía, cuando Jesús se lanza a predicar el Reino de Dios, era bastante distinta de la que un judío normal y piadoso podía cultivar hacía sólo unos doscientos años. La pregunta de esta miniserie que hoy inauguramos es: ¿cómo era la religión judía que encontraba un judío adulto en la época en que nació Jesús? ¿Difería en mucho, o en poco, a la de sus antepasados inmediatos?
Conocer cómo era esta religión judía, y su correspondiente religiosidad, me parece muy importante para afinar los rasgos de la figura religiosa de Jesús y, naturalmente, para ver los cambios que el cristianismo introduce en esa religión tras la muerte de éste.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Migecio
En el umbral de la controversia adopcionista, aparece un extraño personaje que merece los honores de una larga carta de Elipando. Dos frases de la carta han sido consideradas como la chispa que alarmó a la ortodoxia con la sorpresa de una nueva -o renacida- herejía. Se encuentran al principio de los párrafos 4 y 7 de la carta dentro del tratamiento del tema trinitario, el más importante de los cuatro que la componen. Éstos son los textos: "De la persona del Hijo dices que es la segunda persona de la Trinidad, la que nació de la semilla de David según la carne y no la que fue engendrada por el Padre" (Carta a Migecio I & 4, 1-3). "La persona del Hijo no es la que tú afirmas que es igual al Padre y al Espíritu Santo y que nació en los últimos tiempos de la semilla de David según la carne, sino la que fue engendrada por Dios Padre sin principio de tiempo" (Ibid., cap. 7, 1-4).
Hoy escribe Antonio Piñero
El tema de esta miniserie, que hoy iniciamos, la autoconciencia de Jesús en cuanto mesías, es decir, qué pensaba Jesús de sí mismo y de su misión, es verdaderamente difícil, pues no existe consenso entre los estudiosos del Nuevo Testamento ni siquiera sobre el punto central de la cuestión, a saber si Jesús llegó realmente en algún momento de su vida a considerarse a sí mismo el mesías esperado de Israel.
Hoy escribe Antonio Piñero
El texto de Flavio Josefo de Antigüedades 18,63-64, es discutidísimo en el debate sobre la existencia histórica o no de Jesús. Y es aquí donde tras presentar la opinión común deseo añadir un punto de vista que se ha considerado muy poco. El pasaje dice así:
Por esta época vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre. Fue autor de obras sorprendentes y maestro de los hombres que acogen la verdad con placer y atrajo no solamente a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Él era el Cristo. Y, aunque Pilato, instigado por las autoridades de nuestro pueblo, lo condenó a morir en cruz, sus anteriores adeptos no dejaron de amarlo. Al tercer día se les apareció vivo, como lo habían anunciado los profetas de Dios, así como habían anunciado estas y otras innumerables maravillas sobre él. Y hasta el día de hoy existe la estirpe de los cristianos, que se denomina así en referencia a él.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy concluimos la presentación del libro "Jesús y las mujeres", exponiendo brevemente un apunte de la problemática contenida en la “Conclusión”.
En este libro no se hace –como ocurre en otros usualmente- un resumen amplio de las aportaciones de la argumentación del libro, porque mantenemos que el lector “habrá ido generando sus propias conclusiones, ayudado por las síntesis de resultados que se van desgranando al final de casi cada capítulo y que no parece oportuno volver a repetir aquí” (p. 273). Sí se presenta un esquema breve de las aportaciones del estudio presente y se confrontan con las de otros investigadores (pp. 277-278).
Creo que este libro discute a fondo ideas que se oyen entre las gentes más o menos interesadas en estos temas, y llega a conclusiones razonables aunque sin darles el tono de afirmaciones rotundas y apodícticas, como suele también ocurrir en esas gentes muy interesadas en destacar la singularidad de Jesús. En este blog se ha hablado recientemente de este tema de la especificidad de Jesús de Nazaret
Hoy escribe Antonio Piñero
Creo que será conocida por la mayoría de los lectores de este blog la discusión científica en torno a dos pasajes de las e los judíos (18,63-4 y 20,200) del historiador Flavio Josefo (muerto en torno al año 100 d.C.) que menciona directamente a Jesús y la enorme discusión que existe al respecto entre los investigadores si el testimonio del historiador judío es válido o no para probar la existencia histórica de Jesús.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En un post anterior llamé la atención sobre el carácter ilegítimo de la noción de “Old Quest”. Pero esto no es, ni mucho menos, lo más grave (y divertido) que uno encuentra en el modelo (pseudo)historiográfico prevaleciente hoy para explicar la historia de la investigación sobre Jesús. En efecto, el segundo postulado dice que entre la obra de Schweitzer de 1906 y la denominada “New Quest” (cuyo inicio se fecha en 1953) no hubo investigación histórica reseñable sobre Jesús, hasta el punto de que la primera mitad del s. XX es definido con todo desparpajo como un período de “No Quest” o “ausencia de búsqueda”.
Jesús y las mujeres (VI)
Hoy escribe Antonio Piñero
En un libro como éste no podía faltar el tratamiento extenso de la cuestión “Jesús y sus presuntas relaciones con María Magdalena” no sólo por la importancia del tema en sí, sino por la relevancia otorgada por tantos escritos y medios de comunicación. He contado alguna vez que tras una conferencia sobre este asunto en Lanzarote, y en el que había varias chicas muy jóvenes como oyentes, recuerdo que una de ellas me esperó a la salida de la sala. Me abordó y me preguntó casi a bocajarro por qué era yo tan escéptico sobre las posibilidades de probar esta relación teniendo los textos que tenemos. Le volví a repetir brevemente mis razones, pero la chica –de unos 17 años- me espetó convencida: “No me creo ninguna de sus razones porque … esas relaciones de Jesús con María Magdalena… ¡son algo tan bonito…!”.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Los personajes del conflicto
En un debate como el del Adopcionismo con apologías y acusaciones, los actores hablan más de sus ideas y creencias que de sus vidas. Los datos históricos tenemos que sacarlos o deducirlos de los escritos de sus adversarios con el riesgo lógico de desviaciones más o menos intencionadas. Además, lo mismo que sucedió en otros conflictos históricos, se adivinan intenciones de mayor calado y lejanía que las de un mero debate teológico. La animosidad manifiesta entre Elipando y Beato delata actitudes irreconciliables, ante las que nada pueden las llamadas y los recursos a la caridad cristiana y a la convivencia pacífica en la práctica de la verdad. La preocupación de Carlomagno parece ir igualmente más allá de los intereses doctrinales. No ha faltado quien ha pensado en intereses expansionistas del emperador, para los cuales los adopcionistas podían representar un freno y una limitación. No podemos olvidar que la invasión del ejército del emperador, que acabó en el desastre de Roncesvalles, fue considerada como expansionista, lo que no podían permitir los hispano-mozárabes, entre ellos, Elipando que era la cabeza visible de la iglesia española. Es una de las tres hipótesis apuntadas por J. F. Rivera como "reacción hispano-mozárabe contra la política expansionista absorbente de Carlomagno”. Es igualmente la tesis de Abadal y Vignals.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy nuestra miniserie sobre algunos aspectos de las relaciones entre judíos y cristianos a finales del siglo I.
Medidas disciplinarias
El judaísmo ortodoxo se defendió también contra aquellos de sus hijos que se atrevieran a mantener relaciones con los cristianos aplicando medidas disciplinarias. Había que marcar las distancias de modo que no ocurriera que algún ingenuo judío fuera captado para la fe del falso mesías Jesús.
Al ser los judeocristianos peor aún que los gentiles, estaba condenado y penado a los judíos acercarse o acudir a ellos, incluso en caso de enfermedad. Y aunque constase que un médico cristiano fuese bueno, estaba rigurosamente prohibido acudir a su consulta. Y la razón era que curaban en nombre de Jesús, lo que era blasfemo (b. Sanedrín 14; Talmud de Jerusalén, Abodah Zarah, 40d). De hecho -se opinaba- mejor era morirse que ser tocado por uno de esos impuros que invocaban el nombre de Jesús.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos presentando los temas del libro "Jesús y las mujeres" (V)
Como saben los lectores de este blog, es recurrente la discusión en libros, artículos, foros, etc., acerca del estatus personal, civil, de Jesús. ¿Era éste un judío casado? ¿Viudo? ¿Célibe? El tratamiento del tema se complica cuando no sólo abordamos estos asuntos desde el punto de vista de los Evangelios canónicos, sino de la tradición contenida en los Apócrifos. Muchas veces se acusa a los investigadores eclesiásticos de no hacer caso a estas fuentes de las que se afirma que, al menos algunas, son tan dignas de crédito como las canónicas. Se aducen textos del Evangelio de Tomás y del Evangelio de Felipe sobre todo. Teniendo en cuenta estas quejas no eludimos su estudio en el libro que presentamos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Reformas litúrgicas
Ésa fue la tercera medida antiherética que adoptaron los judíos a finales del siglo I sobre todo con la vista puesta en los cristianos: se puede apreciar en ello una cierta reacción rabínica en el campo litúrgico contra el judeocristianismo. Según la Misná (tratado Tamid, “Ofrendas sagradas”, 5,1), el Decálogo era leído por los judíos observantes junto con la oración diaria llamada la "Shemá" (que empezaba: "Escucha Israel, no hay más que un Dios" = Deuteronomio 6,4-9 + 11,13-21 + Núm 15,37-41 debidamente fundidos y abreviados). En el evangelio de Marcos hay una alusión que parece confirmar que esto era así (12,29: Ante la pregunta del escriba: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?, Jesús le contestó: "Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor...", texto del que se deduce que la Shemá estaba unida a la recitación del Decálogo.
Hoy escribe Antonio Piñero
En los capítulos VII al X de "Jesús y las mujeres" abordo el estudio, breve pero prácticamente completo, de todos los pasaje evangélicos que nos muestran a Jesús en su trato con mujeres antes de su crucifixión.
Aquí hay temas cuya discusión es de candente actualidad, como el estatus de las mujeres que seguían a Jesús. El estudio de Lc 8,1-3 y Mc 15,40-41 me parece fundamental porque de esos dos pasajes evangélicos, más los que tratamos el día anterior en donde aparentemente Jesús critica la familia de estructura patriarcal, se han deducido muchas consecuencias, quizá no tan bien fundadas como se piensan sobre que Jesús fundó un movimiento “feminista” e "igualitario". Estas palabras significan sociológicamente algo muy concreto hoy, por lo que se debe investigar si en la vida de Jesús hay hechos reales que justifiquen tales calificativos a sus accciones y propósitos.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Según señalé la semana pasada, de acuerdo con los sedicentes historiógrafos de la historia de la investigación sobre Jesús, las obras compuestas en los siglos XVIII y XIX –hasta A. Schweitzer–presentan una unidad suficiente, que justifica englobarlas a todas bajo la categorización “Old Quest” o “vieja búsqueda”. Además, en lo relativo a su valoración, lo realizado en esa “vieja búsqueda” estaría esencialmente obsoleto.
De entrada, resulta sospechosa la idea de que, a diferencia de los otros períodos –que habrían durado sólo algunas décadas– la primera búsqueda abarque nada menos que siglo y medio, desde mediados del s. XVIII hasta comienzos del s. XX: en un período tan amplio caben muchas (demasiadas) cosas. Pero esto representa una sospecha genérica, y es necesario hilar más fino.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos la presentación de "Jesús y las mujeres" según sus diversos temas y cuestiones.
Los capítulos 3 al 6 del libro abordan los temas siguientes: relaciones de Jesús con su madre, primero en su infancia y luego fuera de ella, en su ministerio público; la cuestión de cómo debe entenderse las hermanas de Jesús y su relación con ellas, y finalmente los contactos y relaciones globales de Jesús con su familia física durante su vida pública, antes y durante su pasión. En esta sección se presentan y discuten los textos de los Evangelios de Mateo-Lucas, Juan y Marcos y también del Evangelio de los hebreos.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Cuadro histórico de la Controversia
El debate sobre el Adopcionismo se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII y tuvo dos focos donde su virulencia alcanzó sus límites extremos. Uno se situó en la España ocupada entonces por los musulmanes. El mentor de las ideas adopcionistas fue Elipando, arzobispo de Toledo. Su personalidad independiente debió no poco de su independencia a la complacencia de sus soberanos políticos. No tuvo esa oportunidad el obispo Félix de Urgel, diócesis situada junto a los Pirineos de Lérida. Por la circunstancia de ser súbdito de Carlomagno, Félix hubo de sufrir acusaciones, condenas, deposiciones y destierros. Los teólogos del Imperio, dirigidos por el papa Adriano I (772-795) y protegidos por el emperador, tenían las manos libres para actuar en nombre de ambas autoridades contra un miembro de la cristiandad.
Seguimos con el tema "Judíos y cristianos en la época de la composición de los Evangelios" (V)
Hoy escribe Antonio Piñero
La segunda medida contra los cristianos fue el cuidado puesto en una interpretación diferente de la Escritura
Éste fue un buen sistema de defensa del judaísmo contra los herejes, en especial cristianos. Desde el primer momento el judeocristianismo se apoyó en las Escrituras (las únicas que tenía, es decir el Antiguo Testamento, todavía no existía el Nuevo Testamento) para fundamentar teológicamente su pretensión de que Jesús era el auténtico mesías. En realidad la teología del cristianismo se iba formando como una actividad exegética, es decir interpretando de nuevo, con las armas ideológicas del momento y con un nuevo sesgo, pasajes antiguos de la Escritura –considerados como predicciones mesiánicas- en los que se veía una confirmación de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Hoy escribe Antonio Piñero
Los dos primeros capítulos de este libro son introductorios, pero me parecieron muy necesarios para abordar el tema “Jesús-mujeres” convenientemente.
El primero “¿De qué Jesús se trata?” es una descripción de lo que creo que fue el Jesús de la historia. La indagación y sus resultados se justifica por lo siguiente:
Pienso que los Evangelios aceptados como canónicos en el Nuevo Testamento, los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son obras que contienen muchos datos históricos, pero que ante todo son testimonios de la fe en Jesús resucitado, según la cual éste no ya el mesías sólo de Israel, sino el salvador del mundo entero.
Hoy escribe Antonio Piñero
Para no cansar a los lectores del blog con la continuación durante días de un mismo tema, voy a probar a intercalar dos series entre sí. De este modo, y como lunes y miércoles tienen su turno Gonzalo del Cerro y Fernando Bermejo, tendremos cuatro temas variados a la semana. Hoy seguimos con "judíos y cristianos a finales del siglo I".
Unión en torno a lo que quedaba en pie
Entre los años 70-80 de este siglo, en el ambiente de fracaso nacional y de opresión general por los enemigos del pueblo, los odiados romanos, todos los fariseos y rabinos con numerosos colegas y estudiantes dedicaron su esfuerzo a potenciar lo que les quedaba: el estudio de la Ley, y la costumbre de reunirse los sábados en las sinagogas para leer la Biblia y para fomentar la oración en común. Si ya antes la Ley era como el alma del pueblo judío, el colapso político había provocado una mayor concentración de las fuerzas vivas de la nación en torno a esa Ley como punto de reunión del pueblo…, pues fuera de ella, ¿qué distinguía ya a los judíos de las naciones de alrededor?

Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo ahora presentarles un nuevo libro que acaba de salir a la luz y que espero sea de algún interés, sobre todo para muchas lectoras. Su ficha es la siguiente:
Antonio Piñero, Jesús y las mujeres, Editorial Aguilar, Madrid, 2008, 285 pp. con bibliografía e imágenes. ISBN: 978-84-03-09901-2.
Desde siempre, pero sobre todo desde finales del siglo XVIII la figura de Jesús ha estado rodeada de polémica. El tema de su relación con las mujeres, sin embargo, es más bien moderno y se ha planteado de una manera viva a partir tanto de la novelísticacomo del cine. Ya a principios del siglo XIX la novela comienza a interesarse por Jesús. Así en torno a su figura humana escribió Karl Heinrich Venturini una obra que llevaba el título Natürliche Geschichte des grossen Propheten von Nazareth = “Historia natural del gran profeta de Nazaret” de 1802. Venturini con cierto regusto de novela gótica y por la influencia del interés hacia las sociedades secretas (masones, rosacruces e iluminados) retrató a Jesús como un esenio, y a éstos como una hermandad secreta. Naturalmente abordó el tema del trato de Jesús con las mujeres.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En anteriores posts hemos señalado algunos de los aspectos en los que la figura de Jesús de Nazaret ha sido y sigue siendo tergiversada en la exégesis mayoritaria, mediante una lectura sesgada de los datos disponibles. Sin embargo, la mistificación de la figura de Jesús de Nazaret en ámbitos presuntamente serios y “científicos” es de tal alcance, que no se limita a diversos elementos de la reconstrucción histórica del personaje, sino que afecta incluso a la historiografía. Es decir, la mismísima historia de la investigación sobre el personaje ha sido reescrita de una determinada manera, aparentemente objetiva e inocente, pero que, a una mirada más detenida, resulta de nuevo no ser más que una distorsión de la verdad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Para comprender bien la reacción de los judíos ante el emergente cristianismo es preciso caer en la cuenta de lo que cambiaron las circunstancias después de la derrota judía ante los romanos en el 70 d.C. Dos cosas importantes sucedieron: la desaparición del Sanedrín por antonomasia y la suspensión del culto en el Templo
Desaparición del Sanedrín
A. La nación judía tenía muchos “sanedrines” (o “sinedrios”, es decir, reunión de ancianos para gobernar o dictar normas) repartidos por las distintas ciudades importantes. Pero el de Jerusalén era especial, puesto que este tribunal encarnaba el último vestigio de la independencia del poder político y legal judíos. Con su desaparición el judaísmo no tenía ya jueces, no había ley viviente.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La herejía española del Adopcionismo
Sin abandonar a las mujeres de los Hechos Apócrifos, hago un receso para dedicar la atención a otro tema que considero interesante. Me refiero al problema teológico del Adopcionismo, que ocupó las mentes de gran parte de los españoles y de otros cristianos europeos. Un debate que se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes. La convivencia entre las dos religiones y sus correspondientes culturas atravesó períodos de especial virulencia. Los pactos iniciales firmados entre los conquistadores y los visigodos permitieron una cierta autonomía religiosa. Pero la situación fue cambiando a contextos de incomprensión y franco enfrentamiento. La comunidad cristiana se mantuvo fiel a la fe de sus mayores, lo que suponía una incomodidad para las creencias de los nuevos titulares del poder político en la península.
Hoy escribe Antonio Piñero
La destrucción de Jerusalén en la primera guerra judía (año 70 d.C.), sus consecuencias militares con la toma de la fortaleza de Masada (tres años después) como último reducto de la resistencia antirromana (al estilo de Numancia) y la aniquilación, por el momento, de cualquier foco de rebelión contra el poder de Roma, dieron como resultado una violenta conmoción de la vida interior del pueblo judío.
No hay revueltas serias hasta Trajano
Y decimos interior porque parece que hasta la época del emperador Trajano y Adriano no hubo revueltas judías dignas de este nombre. En los últimos años de Trajano, sin embargo (115-117) y en época de Adriano (132-135) hubo acontecimientos de gran amplitud y guerras terriblemente violentas: la Segunda guerra judía…, catastrófica en su destrucción de los judíos, de modo que de hecho no reconstruyeron su estado hasta inicios del siglo XX, con diversas instituciones y lo confirmaron en 1947-48. Parece que el Imperio Romano se mantuvo vigilante respecto a los judíos pero sin perseguirlos especialmente.
Hoy escribe Antonio Piñero
El tema, indicado por el título, afecta a los orígenes mismos del cristianismo en el momento en el que se está separando de la religión madre, el judaísmo, momento que se ve reflejado bastante bien en el Evangelio de Mateo y en el de Juan cuando los dos textos presentan a Jesús en una pugna tremenda con los fariseos, escribas y doctores de la Ley (Mateo), o sencillamente contra “los judíos”, principales adversarios de Jesús en el Evangelio de Juan.
Tal como se ha señalado en la Guía para entender el Nuevo Testamento (p. 403), la evolución de las doctrinas en líneas generales, hasta estos momentos, del primer cuerpo de escritos cristianos se rigió por una triple impulso:

Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos hoy, fundamentalmente con palabras de la Introducción, la presentación de este libro.
En sendas intervenciones, tanto Gregorio del Olmo como Damià Roure describen los procesos de conservación de las bibliotecas y archivos de textos antiguos, precisando las características de estos hallazgos y poniendo de relieve su importancia, sobre todo en relación con la Biblia. Ambos determinan, además, cómo estos documentos han llegado hasta nuestros días. Estos dos capítulos tratan de la Piedra de Rosetta, la Biblioteca de Nínive, los textos de Qumrán, los de Nag Hammadi, y de las fuentes y hallazgos importantes para el conocimiento de los apócrifos.

Hoy escribe Antonio Piñero
Hoy voy a comentar las Actas de las V Jornadas Universitarias de cultura humanista en Montserrat, celebradas el 23-24 de marzo de 2007. Su ficha bibliográfica es la siguiente:
Evangelios apócrifos. Origen- Carácter – Valor, Editor literario Pius Ramón Tragán, Editorial Verbo Divino, Estella, 2008, rústica, 303 pp. ISBN: 978-84-8169-805-3.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La interrelación de los conceptos “religión” y “represión” puede ser expresada de muchas maneras. Hoy, alejándome excepcionalmente de lo que han sido hasta ahora mis temas habituales en este blog, quisiera llamar la atención de los lectores sobre un modo en que esa relación se manifiesta en el mundo contemporáneo. No me referiré a la represión infligida por autoridades religiosas –que sigue existiendo–, sino a la represión sufrida por algunas religiones por parte del gobierno del país organizador de los Juegos Olímpicos 2008, la República Popular China. En efecto, el país que alberga casi a una quinta parte de la humanidad y que muchos miran sólo como una cultura milenaria, un emergente gigante económico o un fascinante destino turístico (estos días, lamentablemente, también como un país víctima de un mortífero terremoto), lleva años infligiendo persecución –una persecución que a menudo adquiere métodos repulsivamente despiadados– no sólo a disidentes políticos, a personas que se atreven a elevar reivindicaciones ante las autoridades, o a defensores de los Derechos Humanos, sino también a colectivos religiosos.

Hoy escribe Antonio Piñero
Decíamos en el post de antes de ayer que las ideas principales del importante libro que estamos presentando, las auténticas intuiciones de base, son
A) la voluntad divina de ofrecer la máxima revelación posible
y B) la revelación como una “partera”, es decir, como “mayéutica” que actúa en la historia.
La primera presenta a la divinidad como un sol irradiante que está presionando en todas partes el espíritu de la humanidad para hacerse percibir. Esta presión no supone en absoluto una suerte de necesidad interna divina que hiciera perder a Dios su libertad, sino una manifestación de amor a sus criaturas. Naturalmente es la Biblia para Torres Queiruga, como buen cristiano, el medio privilegiado de la revelación. Si una lectura positivista de la Biblia encontrará siempre argumentos para oponerse a esta concepción, una lectura atenta y alertada “por el amor total de Dios manifestado en Cristo descubre fácilmente que ésta es la tendencia que marca el dinamismo más profundo de toda la revelación bíblica”.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Las mujeres en los HchTom. El caso de Migdonia (IV)
El proceso contra Tomás
Cuando el rey tuvo a Tomás ante su presencia, le preguntó quién era y qué enseñaba. Tomás no respondió ni una sola palabra. El rey ordenó entonces azotarle, atarle y meterle en prisión. Entretanto él y Carisio reflexionaban sobre la forma de hacerle perecer. Las acusaciones fundamentales eran dos: que había ultrajado al rey y que era un mago. Era la manera de dar apariencia de legalidad a un proceso sobre una situación nueva, de la que no habría jurisprudencia. El verdadero motivo, según el relato del Apócrifo, era la situación de continencia creada por la predicación de Tomás. Sin embargo, Tomás, como los apóstoles de Hch 5, 41, daba gracias a Jesús y estaba gozoso por haber sufrido a causa de su fe. Es en este contexto donde el Apóstol pronuncia el Himno de la Perla, composición en griego de elevado sabor gnóstico.

Hoy escribe Antonio Piñero
Acabo de terminar la lectura de un libro que me ha impresionado vivamente. Primero por el inmenso esfuerzo de ofrecer al lector un tratamiento profundo, sistemático y claro de un tema amplio y espinoso como es pensar y repensar cómo puede entenderse hoy, en pleno siglo XXI dominado por un pensamiento por un lado racionalista y científico, y por otro practicista y hedonista, la posibilidad de la revelación divina al ser humano. Nada menos que pensar cómo Dios se puede comunicar con la humanidad, su posibilidad, sus modos y maneras, cómo se ha entendido hasta ahora, cómo debe entenderse en estos momentos, qué perspectivas hay de futuro, etc. Y, en segundo lugar, por la enorme erudición asimilativa que despliega el autor a lo largo del libro en la utilización sabia de la bibliografía importante para el tema.
Hoy escribe Antonio Piñero
Ayer terminamos la serie sobre la novela de José Y Asenet probablemente de una manera sorprendente para algunos lectores debido a que mi hipótesis sobre una, o quizá la principal, motivación del autor es bastante novedosa. Otros, cuando la ininuado antes de exponerla aquí, en el blog, la han calificado de aventurada… Ya algún lector había manifestado al principio de la serie que -tras leer el artículo Junkal Guevara también mencionado en este post- “Habría que retorcer bastante el texto de José y Asenet para poderlo comparar con el Nuevo Testamento”. Espero que la serie haya demostrado al menos que sí puede haber algún que otro motivo…
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Cuándo, quién, por qué, con que intención se compuso la novela José y Asenet?
Responder a estas es difícil en sí, porque no hay testimonios externos en los que apoyarse: la novela no es citada por ningún otro autor en los siglos inmediatamente antes o después del cambio de era. Hay que obtener los argumentos de la crítica interna del libro mismo. Para lo que sigue a continuación el lector de este post ha de tener muy en cuenta los textos de la novela citados in extenso en los posts de los días anteriores.
¿Dónde?
Parece que es muy claro que la tierra que vio nacer la novela de José y Asenet fue Egipto. El autor parece ser egipcio porque el ambiente de la novela refleja un ámbito propio de Egipto, bien conocido: los personajes, la geografía en la que actúan, la casa y los vestidos de Asenet confeccionados con productos típicos del país, la acción y el desarrollo de la trama toda ella ambientada en Egipto. El argumento no es conclusivo, pero de alta probabilidad.
Hoy escribe Antonio Piñero
Nos preguntábamos en el último post cómo podía entender el autor de la novela que José, el patriarca judío, fuera “hijo de Dios”. En nuestra opinión, son dos las corrientes ideológicas que pudieron confluir en la mente del desconocido autor de JyA, y que sirvieron, complementándose, para transmitir un mensaje a sus lectores al aplicar esta fórmula a José, el patriarca judío, en la novela.
En primer lugar la mentalidad religiosa acerca de los hijos de los dioses del entorno romano-helenístico del Egipto natal del autor, y el deseo de aprovecharla para dar el empujoncito a los posibles lectores paganos de su obra para que finalmente se atrevieran a abrazar el judaísmo… Estos posibles lectores serían ante todo los griegos llamados los “temerosos de Dios”, los casi eternos aspirantes a convertirse al judaísmo, que andaban dando vueltas los sábados por las sinagogas, pero que nunca se decidían a dar el paso de la conversión con todas sus consecuencias.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Aunque he escrito repetidamente que Jesús de Nazaret parece haber poseído cierta especificidad en el judaísmo del s. I, algunos de nuestros lectores pretenden atribuirme la idea de que ese personaje fue “un judío del montón”, suponemos queriendo decir que fue un individuo del todo indiscernible de cualquier otro judío, sin nota característica alguna. Dado que nunca he aseverado tal cosa y sin embargo sí he afirmado en diversas ocasiones la contraria, éste es un buen ejemplo del fenómeno de ridiculización de una posición mediante su caricaturización: al parecer, entre afirmar que Jesús es una singularidad incomparable y un sujeto indiscernible de cualquier otro no cabe para muchos un término medio. El problema de tales personas parece consistir en la imposibilidad de aceptar que Jesús careciera del tipo de especificidad que ellos quieren (¿necesitan?) que esa figura tenga.
Hoy escribe Antonio Piñero
Hablábamos en otro post de la representación del patriarca José como mesías en la novela de JyA, tema que parece también interesante por sus concomitancias con el Nuevo Testamento.
José aparece como un auténtico benefactor del país de Egipto, al que trae la paz y el bienestar materiales…, ideas tan típicas del mesías judío, que es un personaje terrestre, humano, cuya misión es restaurar la paz, conciliar al pueblo con Dios y traer abundantes bienes materiales.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El apóstol Tomás, perseguido como responsable
Carisio, el amaigo del rey, tuvo un acceso de ira contra su esposa Migdonia, pero comprendió que toda la responsabilidad recaía sobre Tomás, que había imbuido en ella ideas en exceso peregrinas. Sin embargo, no se atrevió a tomar ninguna decisión porque tenía miedo de su mujer. Como pasara en el contencioso paralelo habido entre el procónsul Egeates y Maximila en los Hechos de Andrés, Migdonia era superior a Carisio "en riqueza, alcurnia e inteligencia". Carisio se retiró a comer mientras ella se refugiaba en su dormitorio. Ordenó a sus esclavos que llamaran a su esposa, pero ella, sencillamente, no quiso acudir.
Hoy escribe Antonio Piñero
A efectos de comparación con el Nuevo Testamento conviene primero ver cómo se puede interpretar la comida ritual de la novela. Se ha hecho de muy diversas maneras por los investigadores. Siguiendo el resumen propuesto por Ch. Burchard, pueden sintetizarse así:
1. Una comida cultual, especial de un grupo o secta particular judía, o que refleja lo que podían practicar ciertas sectas judías como la de los esenios o la de los “terapeutas” (versión monástica egipcia de los esenios).
Hoy escribe Antonio Piñero
Terminamos con la transcripción de los textos que anunciamos en el post anterior:
JyA 19,11:
José besó a Asenet y le dio el espíritu de vida;
la besó por segunda vez y le dio el espíritu de sabiduría;
la besó por tercer vez y el dio el espíritu de verdad.
21,13-14.21 (texto largo):
He pecado, Señor, he pecado…
He dado culto a dioses extraños, innumerables
Y he ingerido el pan de sus sacrificios…
He comido carne de animales estrangulados
Y he bebido una copa insidiosa de una mesa que lleva a la muerte”.
José me humilló desde mi altiva posición
Me hizo humilde tras mi arrogancia.
Por su belleza me cautivó,
Por su sabiduría me pescó con un pez por el anzuelo
Y por su espíritu me sedujo…
Me dio a comer pan de vida
Y a beber la copa de la sabiduría,
Y me hizo su esposa para siempre.
Hoy escribe Antonio Piñero
Las concomitancias más interesante nos lo proporcionan las similitudes entre el rito y banquete cultual de los capítulos 8,15 y 16 de JyA y el banquete eucarístico cristiano descrito en Pablo, 1 Corintios 10,20-22; 11,23ss más la narración sinóptica, por ejemplo en Lc 22,15-20 y sus paralelos.
Desde hace muchos años, pero en especial desde los estudios de G. D. Kilpatrick, J. Jeremias, Ch. Burchard, R. Schnackenburg, D. Sänger, J. J. Klauck, etc., estos pasajes han despertado un enorme interés y se ha discutido mucho sobre todo la relación entre lo que se describe en la novela y la eucaristía cristiana. Alguno de estos investigadores es católico (Schnackenburg) y los demás son o bien anglicano uno (Kilpatrick) o bien protestantes alemanes muy respetuosos con la tradición católica. Espero que –ante las dudas de algunos de los lectores- al menos ahora quede vindicado el título de esta serie puesto que no hace falta “retorcer el texto de la novela” para compararlo con el Nuevo Testamento.
Hoy escribe Antonio Piñero
Abordamos en este post directamente la comparación entre el Nuevo Testamento y la novela de José y Asenet (JyA).
Prescindimos de meras concomitancias de vocabulario, aun estrechas. Hemos contado unas 27: el interesado puede comparar las siguientes: JyA 1,9 con Mt 9,26; 3,4 con Mt 2,10; 4,2 con Ap 21,2; 4,9 con Lc 2,40; 8,7 con Lc 16,15; 9,1 con Sant 5,10; 12,2 con 2 Cor 4,4; 12,12 con 2 Cor 4,18; 15,10 con Lc 15,22; 21,3 con Lc 1,32; 27,8 con Jn 6,58, etc., confrontado siempre el texto griego.
Los concomitancias importantes de JyA y el Nuevo Testamento son unos 80. Al final de este post, y como mero apéndice para aquel que tenga interés, damos la lista. Estos contactos son en su mayoría frases en griego muy similares o iguales, con un trasfondo seguro en la utilización de la Biblia griega (los LXX).
Hoy escribe Fernando Bermejo
Antes de comenzar una nueva serie en este blog (algo que haremos próximamente), vale la pena abordar alguna cuestión que quedó pendiente en el tratamiento de los últimos posts. Al indicar en varias ocasiones que muchos estudiosos independientes y judíos han insistido en que Jesús es susceptible de ser integrado en el judaísmo de su tiempo, uno de nuestros amables lectores afirmó en uno de sus comentarios que el estudioso judío Joseph Klausner mantuvo una posición distinta.
Hoy escribe Antonio Piñero
Concluimos la presentación de los pasajes de la novela que más interesan para nuestro propósito comparativo con el Nuevo Testamento
Epifanía de un ángel a Asenet, ya convertida
14,1-8
1 Cuando concluyó Asenet su confesión ante el Señor, se alzó
del cielo, por el oriente, el lucero matutino. Asenet lo vio, se regocijó
y exclamó:
2 —En verdad me ha escuchado el Señor, Dios, ya que esa estrella
es mensajero y heraldo de la luz del gran día.
3 Entonces, cerca del lucero del alba, se rasgó el cielo, y apareció
una luz inexpresable.4 Cayó Asenet sobre su rostro en la ceniza, y se
llegó a ella un hombre del cielo. Se quedó junto a su cabeza y la llamó:

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Migdonia, mujer de alta posición social
Migdonia es, ante todo, una mujer importante en la escala social. Esposa, dice el texto, de Carisio, pariente cercano del rey. Por lo pronto, se presentó a escuchar a Tomás llevada por sus criados sobre una litera. Como el lugar era estrecho y la muchedumbre grande, recurrió al poder de su marido para que le facilitara el acceso al lugar donde se hallaba el Apóstol. Los servidores de Carisio cumplieron con poca delicadeza el deseo de Migdonia y las ordenes de su marido. Tomás aludió al gesto con palabras claras y contundentes. Como si dijera: Ya estás cerca de mí, según parece; pero en realidad sigues muy alejada. Por la insistencia de los soldados, Migdonia había conseguido acercarse materialmente a Tomás; pero seguía lejos de su espíritu. Aquel detalle proporcionó al Apóstol materia para un discurso en el que propugnaba la igualdad de todos los hombres, la inutilidad de las riquezas o de la pobreza en el día del Juicio.
Hoy escribe Antonio Piñero
Presento en el post de hoy los pasajes más importantes de la novela "José y Asenet", ordenados por temas, de modo que a la hora de efectuar la comparación y contrste con el Nuevo Testamento, el lector tenga ante sus ojos los textos.
Están tomadas de la versión castellana, con introducción y notas, de Ramón Martínez Fernández-Antonio Piñero, del volumen III de la colección "Apócrifos del Antiguo Testamento" Editorial Cristiandad, Madrid, 2002 (2ªed.), pp. 257-327.
El próximo día terminaremos con el resto de los textos. Espero que sólo su lectura suscite a los lectores el recuerdo de temas parecidos en el Nuevo Testamento.
Hoy escribe Antonio Piñero
Como apuntamos en el post anterior existe, además, una interpretación radicalmente diferente de la novela de José y Asenet, diversa a todo lo que hemos dicho hasta aquí: la de Gideon Bohak, en su obra Joseph and Aseneth and the Jewish Temple in Heliopolis (“José y Asenet en el templo judío de Heliópolis), Atlanta, 1996.
Hasta la publicación de esta tesis doctoral, los orígenes de la novela se buscaban, como hemos visto, en la reacción literaria de algún personaje judío culto preocupado por el hecho de que de que el patriarca José hubiese desposado a una mujer egipcia idólatra (Gn 41,45), o bien se veía en la obra el deseo de un autor judío desconocido de escribir un panfleto con más o menos intenciones misioneras, es decir, un alegato en pro del proselitismo judío, o bien una defensa del judaísmo en general.
Hoy escribe Antonio Piñero
Simbolismo
Muy interesante dentro del contenido teológico de la novela “José y Asenet” es el rico simbolismo –a veces difícil de interpretar- que encierra, pues todo el texto parece claramente simbólico… ¡y no tenemos ningún manual de claves! Presentaremos al lector en otro post una interpretación de los símbolos de la novela totalmente distinta a la que en primer lugar expondremos.
La torre en la que vive Asenet como en una suerte de prisión podría significar el cuerpo humano, en el que reside el alma entregada vanamente a la idolatría -más tarde contrapondrá gráficamene Asenet su servicio a los ídolos con la adoración al verdadero Dios: cambio de mesa, de pan y de bebida por otra mesa, pan y bebida diferentes y superiores- y a los placeres mundanos.
Hoy escribe Antonio Piñero
Deseo presentar un poco más la problemática en torno al posible rito de iniciación en “José y Asenet”, porque éste contiene una comida cultual. Y ahí nos adentramos ya en temas que podemos comparar y contrastar con los del Nuevo Testamento. Ahora trataremos del rito globalmente considerado. Más tarde nos concentraremos en la comida ritual en sí.
Sobre si la novela de José y Asenet es o no algo parecido a un “rito de iniciación” o ceremonia de entrada en el judaísmo que acoge a un prosélito, como dije en el post anterior y hacia lo que me inclino con algunas dudas, hay diversas opiniones entre los estudiosos. Enumeraré no todas, ni mucho menos, sino las que creo más conocidas y tengo a mano.
Hoy escribe Fernando Bermejo
La idea de la absoluta singularidad de Jesús de Nazaret, sostenida en la exégesis al uso, parece una idea inocente. Sin duda, esta idea es mantenida de manera inocente por muchos individuos en el ámbito de la creencia, en el que expresa la rendida admiración de tantos por una figura que ha sido secularmente presentada como el summum de la sensibilidad religiosa, el afán de justicia y la compasión. Sería probablemente injusto sugerir siquiera que hay algo moralmente reprobable en tal pretensión, habida cuenta de que para la conciencia sencilla y espontánea tal idea refleja el anhelo –noble donde los haya– por la existencia de una personalidad espiritual y moral liberada de las miserias, la mezquindad, la soberbia, la hipocresía y el cinismo que campan por sus respetos y hacen estragos entre los humanos. A la mente sencilla le basta este anhelo, y en su complacencia en él le es posible mantener su buena conciencia.
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el interesante contenido teológico de la novela antigua, "José y Asenet", que estamos comentando.
C. Un rito de iniciación
En la novela, varios indicios dejan entrever cómo los que finalmente dan el paso, deciden ser prosélitos, y finalmente que se convertían al judaísmo -al menos los que se integraban en el grupo místico al que debía pertenecer nuestro desconocido autor- se sometían a una especie de rito, o al menos de ceremonia solemne, de iniciación.
Un esquema de este rito se trasluce en las palabras de la bendición de José sobre Asenet cuando ésta ha iniciado ya el proceso de su conversión. Con la mano derecha sobre la cabeza del iniciando, el oficiante invoca en primer lugar a Dios:
Señor Dios de Israel,
el altísimo, el Fuerte,
el que todo lo vivifica,
y llamas de las tinieblas a la luz,
del error a la verdad,
y de la muerte a la vida.
Tú mismo, Señor, vivifica y bendice a esta doncella.
Renuévala con tu soplo,
remodélala con tu mano
y revivifícala con tu vida.
Que coma el pan de la vida
y beba la copa de tu bendición,
ella, a la que [escogiste] antes de ser alumbrada,
y que penetre en el descanso
que has preparado para tus elegidos
(8,10-11: palabras pronunciadas por José)

Escribe Gonzalo del Cerro
El episodio de los onagros (Hecho VIII: HchTom 68-81)
La relación del Apócrifo introduce a continuación el Hecho VIII, donde se cuenta el episodio de los asnos salvajes obedientes a la voz de Tomás y con un portavoz parlante en uno de ellos. A la vez se da fin a la historia de las dos mujeres atormentadas por los demonios. Tomás subió al carro del general para dirigirse al lugar donde se encontraban las posesas. El general mencionado es Sifor, general del ejército del rey y que era el esposo y padre de las mujeres posesas. Los caballos de tiro se cansaron, lo que provocó en el general un serio apuro. Tomás le ordenó que se dirigiera a un grupo de onagros que estaban pastando a la vera del camino y les dijera: "Así os dice Judas Tomás, el apóstol de Cristo, el Dios nuevo: venid cuatro de vosotros pues os necesitamos" (HchTom 69, 3).
Hoy escribe Antonio Piñero:
Como hemos podido observar por el resumen de la trama, que presentamos en el post anterior, la novela de “José y Asenté” se inspira claramente en el libro del Génesis de la Biblia judía, los personajes centrales de la narración son una pareja, como en otras narraciones novelescas de la época, en cuyas relaciones apreciamos una serie de tópicos literarios. Tales son la belleza física de ambos, su virginidad, el enamoramiento a primera vista, el sufrimiento causado por el amor, la separación transitoria y hasta la presencia de un rival sin escrúpulos, cuya actuación provoca una serie de aventuras que mantienen el interés del lector.
Hoy escribe Antonio Piñero:
La trama novelesca
El texto presupone la historia narrada en el Génesis, capítulo 37-41, sobre los hijos de Jacob en Egipto, y nos presenta a José en uno de sus viajes por ese país, que le lleva a la ciudad donde es sacerdote el padre de Asenet. Es ésta una doncella muy hermosa de la que están prendados numerosos pretendientes (cap. l). Asenet lleva una vida de comodidad y lujo, al tiempo que se nos muestra como un alma profundamente religiosa que no quiere saber nada de casamientos (cap. 2). Recibe Asenet a sus padres, que regresan del campo (cap. 3). Éstos, ante la próxima visita de José, señalan a su hija la posibilidad de convertirse en esposa del Virrey e intentan convencerla de que le acepte como marido, a lo que ella se niega (cap. 4).
Hoy escribe Antonio Piñero:
El título de este post “José y Asenet” hace referencia a una novela erótica, de aventuras y teológica judía, que creemos que se compuso quizá durante el siglo I de nuestra era. Sería, por tanto más o menos coetánea de la composición de los Evangelios. Si fuere así, y como veremos y discutiremos, el material que contiene sería precioso para una comparación con ideas del Nuevo Testamento.
Hoy escribe Antonio Piñero:
Aristóteles es otro de los casos en los que la tradición interpretativa ha podido obscurecer el verdadero pensamiento del filósofo respecto al tema de esta miniserie. A ello ha contribuido Aristóteles mismo, pues en su obra menciona muchas veces a “dios” o “la divinidad”, bien por costumbre, o bien como un modo vulgar de entenderse.
Centrémonos en lo esencial para ser breves. Aristóteles aclara la relaidad de todo lo existente, desde lo más material hasta los astros como entidades epsirituales, el Primer principio incluido, con un sistema explicativo –su filosofía- que es en el fondo un platonismo corregido. A partir de la concepción común a los griegos de una materia eterna, todo el universo se aclara, según el filósofo, por la conjunción de cuatro causas: material, eficiente, formal y final.
Hoy escribe Fernando Bermejo
Esta semana, mi intención era aclarar de una vez lo que quise decir al hablar de la idea de la incomparable unicidad de Jesús de Nazaret (en perspectiva histórica) como algo moralmente perverso. Sin embargo, es posible que algunos de nuestros lectores no conozcan lo suficiente la literatura sobre Jesús, y por ello no sean conscientes del alcance de las cosas que sobre éste se afirman. Así pues, antes de proceder a la aclaración mencionada –que efectuaré en un próximo post–, ofrezco a los lectores un mínimo florilegio de citas extraídas de la literatura de las últimas décadas. Intencionadamente omito obras de mediados y finales del s. XIX y principios del s. XX como las de E. Renan, W. Bousset, M. Dibelius, R. Bultmann, etc., para que ningún lector crea que me estoy refiriendo a obras que podrían considerarse obsoletas.
Hoy escribe Antonio Piñero:
Considerado en su conjunto, el movimiento de los Sofistas en Grecia estaba también sustentado por una filosofía que prescindía totalmente de la divinidad en la práctica. Aunque más que ateísmo habría que definir la posición de estos personajes como “agnosticismo”.
El sofista de más impacto fue Protágoras, contemporáneo de Socrates (siglo V a.C.). Del tratado de Protágoras sobre La naturaleza (de los dioses) o "Sobre la verdad", también llamado por algunos "Discursos demoledores", nos ha quedado entre otrs fragmentos un famoso inicio: “En cuanto a los dioses no soy capaz de decir si existen o no existen”, y el famosísimo apotegma "El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de las que son y del no-ser de las que no son".

Escribe Gonzalo del Cerro
La joven muerta a manos de su amante (HchTom 51-61)
Muerte de la joven a manos de su enamorado
El Hecho VI de este Apócrifo trae la historia singular de una joven cuyo destino se cruzó con la misión de Tomás. El episodio es una vez más un renglón torcido de Dios en el que expresa la rectitud de sus planes salvíficos. Celebraba el Apóstol la Eucaristía. Y se repitió un acontecimiento paralelo al caso de Rufina en los HchPe 2. Allí una mujer había tenido la osadía de acercarse a recibir el pan eucarístico cuando acababa de levantarse de un lecho adúltero. El consiguiente castigo le llegó en forma de una hemiplejía que la dejó paralizada del lado izquierdo. Aquí es un joven que, tomando en sus manos el pan sagrado, quedó igualmente paralizado hasta el punto de no poder llevarse el pan a la boca. Tomás razona acertadamente: Este pan causa vida y salud; si produce un efecto contrario, como la parálisis de las manos, es porque existe alguna grave irregularidad por parte del comulgante. En consecuencia, interpela al interesado exigiéndole una explicación.
Hoy escribe Antonio Piñero:
El primer indicio de un ateísmo práctico se halla en el origen mismo de la filosofía en Jonia. El gran esfuerzo de los primeros filósofos griegos no consistió en otra cosa que sustituir en su explicación del mundo las causas divinas, míticas, del universo, propugnadas en las muchas teogonías y cosmogonías al uso en aquellos momentos, por causas totalmente naturales entre las que la divinidad quedaba expresamente excluida.
Aparentemente, sin embargo, el primero filósofo jonio, Tales de Mileto, afirmó expresamente que el mundo “estaba lleno de dioses”. Con ello quería decir, sin embargo, que todo el universo tenía como principio único y absoluto el agua y que todo nace del movimiento que es propio e ínsito en la naturaleza de ese elemento. Este movimiento perpetuo explica incluso el cambio de cualidades. Con el “todo está lleno de dioses”, en el fondo lo que pretendía decir es el agua o primer principio es dios; todo el universo es una evolución de la divinidad. Esto se llama “hilozoísmo”: unidad de naturaleza/vida + divinidad.
Hoy escribe Antonio Piñero:
En clases sobre cristianismo primitivo en la Facultad me han formulado alguna que otra vez esta pregunta. He pensado que quizá las breves notas que escribí sobre el tema y que expuse alguna vez a mis alumnos puedan ser de interés o curiosidad para los lectores de este blog. Quiero precisar que entiendo por “Antigüedad” particularmente la grecorromana y la israelita, pues son las que afectan más directamente a la cuestión cuando se habla del entorno del nacimiento del cristianismo.
Usualmente, en la Historia de la Filosofía, es casi un axioma la afirmación de que no existe el ateísmo en la Antigüedad. Si consultamos los índices de grandes tratados clásicos de la historia de la filosofía antigua, como los de Zeller, Guthrie, Gomperz, Mondolfo, Chevalier, etc., observaremos cómo el lema "ateísmo" brilla por su total ausencia. Igual sucede si se hojean los artículos correspondientes de las grandes enciclopedias de Filosofía o de Religión.

Hoy escribe Antonio Piñero:
Comento hoy un libro de Gerard P. Luttikhuizen, con cuyas tesis me siento muy concorde en líneas generales, lo que es bien comprensible puesto que el lector caerá fácilmente en la cuenta de que ésta es la tesis que defiendo en el libro “Los cristianismo derrotados”, de Edaf.
La ficha es:
.La pluriformidad del cristianismo primitivo, Editorial El Almendro, Córdoba, 2007, 175 pp. ISBN: 978-84-8005-104-0. Traducción del holandés de Lautaro Roig Lanzillotta

Hoy escribe Antonio Piñero:
El segundo volumen dedicado al concepto de “filiación” (Editorial Trotta, 2007; ficha del I en el “post” del martes 8 abril 2008) me parece más interesante aún que el primero, pues contiene estudios que afectan más directamente a la comprensión del concepto de “hijo” en el Nuevo Testamento y en el cristianismo primitivo. El libro recoge las actas de las “Jornadas III y IV de Estudio” sobre el tema de la "filiación" que el Instituto Diocesano de Filología Clásica y Oriental San Justino, de Madrid, organizó en 2005 y 2006.
Hoy escribe Fernando Bermejo
En mi último post, extraje conclusiones de la comparación llevada a cabo en este blog entre los predicadores Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Hoy explicitaré algo más lo que dije, dejando para un posterior post el tratamiento de un punto que quedó pendiente de explicación. Una vez más, es posible que estas observaciones sean útiles para los lectores más reflexivos (aunque probablemente para nuestros lectores más reflexivos las siguientes aclaraciones resulten superfluas).

Hoy escribe Antonio Piñero:
Deseo en esta ocasión presentar a los lectores un libro, en dos volúmenes, que aborda un tema trascendental en la teología del cristianismo: el de la “filiación”. La cuestión abordada es doble: ¿Cómo concibió el cristianismo primitivo que Jesús era Hijo de Dios? ¿Cómo puede concebir, y ser, el cristiano –puesto que Jesús es “el primogénito entre muchos hermanos” también él hijo de Dios y en qué sentido?
He aquí la ficha del libro:
J.J, Ayán Calvo – P. de Navascués – M. Aroztegui, Filiación. Cultura pagana, religión de Israel, orígenes del cristianismo. Vol. I. Editorial Trotta, Madrid, 2005, 385 pp. ISBN: 84-8164-800-0.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro
La mujer amada por el diablo (HchTom 30-38)
Otra forma de posesión diabólica
El Hecho III del Apócrifo trata del suceso de un joven hermoso muerto por la mordedura de una serpiente negra. Tomás se encuentra con el cadáver junto al camino por el que el Señor le dirigía. Comprendió en seguida que algún misterio se encerraba tras el penoso acontecimiento. Oró pidiendo a Dios explicaciones, que obtuvo a plena satisfacción, tanto suya como de sus numerosos oyentes.
Como obligada por la intimación del Apóstol, surgió de su guarida una gran serpiente negra que, recibiendo el don de la palabra, habló de esta manera: "Hay una hermosa mujer en ese pueblo de enfrente. Pasó un día cerca de mí, la vi y me enamoré de ella. La seguí y me mantuve al acecho. Pero, al mirar, observé a este joven que la estaba besando; y no sólo eso, sino que mantuvo relaciones con ella; realizó también otras cosas nada hermosas con ella. Sin embargo, no me atrevo a contártelas porque sé que eres gemelo de Cristo, y eres causa de ruina para nuestra raza..." (HchTom 31, 2-3).
Hoy escribe Antonio Piñero:
Otra contribución del Egipto antiguo a la consolidación del cristianismo naciente –que vamos a considerar en nuestra serie- se centra también en la ciudad de Alejandría, como si el resto del país, en los dos primeros siglos de existencia del cristianismo apenas hubiera tenido importancia. Dentro de la gran ciudad del Delta queremos fijarnos en lo que supuso para la cristiandad naciente la creación de la primera “Escuela de Teología”, con Panteno hacia el 180 d.C.
Como diremos a continuación, de este personaje apenas sabemos nada, porque al parecer no dejó obra alguna escrita, a pesar de su notable fama como maestro. Hay quienes le atribuyen la autoría de la Epístola a Diogneto, pero esta hipótesis no tiene muchos seguidores.
Hoy escribe Antonio Piñero:
Finalizamos hoy con el tema de las obras de Filón de Alejandría, tratando de el propósito de la obra de este personaje.
La intención de la obra del Alejandrino es clara y meridiana: por un lado, ofrecer a sus connacionales judíos un fundamento filosófico serio y al día de su religión y confirmarles en su orgullo de ser nación elegida, pues sólo en ella se había desarrollado el auténtico culto al Dios verdadero y la riqueza moral y religiosa inherente a ese culto. Ellos, los judíos, era el único pueblo al que se le había confiado plenamente la palabra de Dios. Era entonces tradición en el judaísmo que la ley divina había sido ofrecida por Dios a todos los pueblos, pero que sólo Israel la había aceptado. Este hecho confirmaba su carác