Jesús en el Talmud (VII). ¿Fue Jesús un mago?

Permalink 08.12.07 @ 06:44:22. Archivado en Jesús histórico


Han sido sobre todo dos estudiosos del siglo XX, de obra relativamente reciente, los que han defendido con una cierta resonancia la tesis de que Jesús fue un mago con todas las de la ley: en líneas generales John Hull, en su trabajo Hellenistic Magic and the Synoptic Tradition, Londres, 1974, y en especial M. Smith, en Jesús el mago, versión española, Barcelona, 1988 de una obra de 1978, Jesus the Magician (Editorial Martínez Roca). J. D. Crossan, sobre todo en su obra más breve sobre El Jesús histórico, se suma también a la tesis general de Smith. D. A. Aune, “Magic in Early Christianity”, en Aufstieg und Niedrgang der römischen Welt II/23.2, 1507-1557 considera que Jesús practicó ciertos actos de magia, aunque no lo define ni caracteriza como “mago” al estilo de Morton Smith.

Otros investigadores mantienen una postura un tanto más reservada y defienden en general que no hay diferencia objetiva entre los hechos milagrosos de los Evangelios y los paralelos grecorromanos que se encuentran sobre todo en los papiros mágicos y algunas narraciones de historiadores y poetas de la época, pero se muestran cautos y no designan a Jesús como mago.

En realidad los estudiosos que definen a Jesús así no hacen más que remozar una antigua tesis de Celso, el filósofo platónico del siglo II, enemigo del cristianismo, en su obra El discurso Verdadero, tal como nos lo cuenta Orígenes en su tratado de refutación, el Contra Celso, que lo cita tan abundante y fielmente que se puede reconstruir a base de estas citas el texto perdido de Celso.

La premisa para sostener la afirmación de que Jesús fue un mago es la aparición de ciertos rasgos mágicos en los evangelios. Se han señalado como tales, en breve síntesis, los siguientes:

a) Ciertas curaciones, en especial la del ciego de Betsaida (Mc 8,22ss), al que Jesús sana echándole saliva en los ojos, lo que concuerda con la práctica de magos reales de la época (también en Mc 7,33 y Jn 9,6). Las sanaciones por medio de exorcismos y las conversiones consiguientes (cf. Lc 8,1-3: entendiendo el texto que María Magdalena es curada de una enfermedad muy grave, “siete demonios”, y curada sigue luego a Jesús) presentan notables paralelismos -se argumenta- con los encantamientos de amor descritos en los papiros mágicos griegos; otras curaciones y resurrecciones, como la curación de la hemorroísa (Mc 5,24b-34), calificada como absolutamente mágica (Hull y Aune, aunque lo refiere más a la interpretación del Evangelista: “Las ideas expresadas en el relato de la curación de la mujer no bordean la magia: pertenecen a la esencia misma de las nociones mágicas grecorromanas”: col. 1536); la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,22-43), o la curación del sordomudo (Mc 7,34) en las que Jesús emplea palabras en arameo.

b) La transformación del agua en vino (Jn 2,1-11), el apaciguamiento de la tempestad (Mc 4,39), el caminar sobre las aguas (Mc 6,45-52), la facultad de hacerse de algún modo invisible o inaprehensible (cf. Jn 10,39: "Quisieron entonces prenderle, mas él se escapó de entre sus manos"), el estáter hallado en la boca de un pez (Mt 17,24-27), la multiplicación de los panes y peces (Mc 6,30-44; 8,1-10), la abundante pesca milagrosa (Lc 5,1-11);
han sido relacionados con milagros similares de Pitágoras, Empédocles, los magos hiperbóreos -es decir, de las regiones del extremo norte de Europa- de Luciano de Samosata, Apolonio de Tiana.

c) Los dones de clarividencia y profecía (que no presentan en sí especiales connotaciones mágicas, pero que son muy del gusto de los magos) han sido inscritas en este catálogo. Un ejemplo un tanto críptico se halla al comienzo del Evangelio de Juan: “Andrés llevó (a su hermano Pedro) donde Jesús. Éste, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, “Piedra”… Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Jn 1,40-48).

d) De los milagros realizados por Jesús después de su muerte, como apariciones a sus discípulos haciéndose invisible y atravesando paredes y puertas se ha afirmado que tiene sus paralelos en el material mágico.

e) La posibilidad de dominar los espíritus a distancia (por ejemplo, la curación del siervo del centurión: Lc 7,7) ha sido relacionado con conjuros similares para asegurarse la ayuda de espíritus angélicos.

f) Los conjuros contra escorpiones y reptiles venenosos, que abundan en los papiros mágicos han sido puestos en relación con el dicho e Jesús que promete a sus discípulos la inmunidad contra semejantes alimañas ("Vosotros veis que os he dado poder para hollar serpientes y escorpiones y todo el poder del Enemigo, de suerte que nada podrá haceros daño": Lc 10,19).

g) La oración de Jesús invocando el poder del Padre ha sido relacionada repetidas veces con las peticiones a los espíritus de los magos antiguos.

h) De algunas otras historias, como la transfiguración o el bautismo, se ha sostenido que se parecen a descripciones de ritos mágicos que intentan la "divinización" o incorporación de algún modo de un ser humano a ámbito de la divino.

El argumento, como veremos, para calificar tales actos de magia es simple: se parecen a otras acciones del mundo grecorromano a las que no dudamos calificar de mágicas.

Es menos probable que estas acciones "mágicas" -comenta M: Smith- hayan sido añadidas posteriormente por la tradición que el que hayan sobrevivido como procedentes de una forma de culto más primitiva. Por consiguiente, es verosímil que los elementos mágicos que quedan en el texto procedan de los primeros días de aquel movimiento, es decir, de su fundador... Los evangelios se escribieron en un mundo hostil a las pretensiones cristianas. En consecuencia, los elementos del mismo que hubieran podido utilizarse para probar una acusación de magia serían sólo probablemente la punta del iceberg, mientras que es también probable que los elementos que favorecieran esta acusación hubieran sido suprimidos.

Según estos investigadores, el hecho de que ciertas experiencias de la vida de Jesús se asemejen notablemente a las de otros magos y a sus prácticas, cuya existencia histórica es indiscutible, a los que también se atribuyen milagros y portentos, inclina a pensar que Jesús entrara dentro del mismo grupo. Las descripciones evangélicas de ceremonias, curaciones o prodigios que pueden denominarse mágicas, con paralelos próximos en textos egipcios, griegos, e hindúes permiten confirmar los vínculos de Jesús con estas tradiciones conectadas interculturalmente.

Un caso extremo de la interpretación de M. Smith de Jesús como mago es la utilización por parte de este investigador de un supuesto fragmento del denominado Evangelio secreto de Marcos:

Y llegaron a Betania, y había allí una mujer cuyo hermano había muerto. Llegó, se postró de rodillas ante Jesús y le dijo: 'Hijo de David, ten piedad de mí'. Pero los discípulos la reprendían. Jesús se enfadó y se fue con la mujer hacia el jardín donde estaba la tumba. Y al instante se oyó desde el sepulcro una gran voz; y acercándose Jesús hizo rodar la piedra de la puerta de la tumba. Y enseguida entró donde estaba el joven, extendió su mano y lo resucitó. Y el joven mirando a Jesús sintió amor por él, y comenzó a suplicarle que se quedara con él. Y saliendo de la tumba, se fueron a la casa del joven, pues era rico. Y después de seis días le dio Jesús una orden: y cuando cayó la tarde vino el joven a Jesús, vestido con una túnica sobre el cuerpo desnudo. Y permaneció con él aquella noche, pues Jesús le enseñaba el misterio del reino de Dios. Y saliendo de allí se volvió a la otra ribera del Jordán.

Clemente de Alejandría, que según M. Smith es el que ha transmitido este fragmento en una carta suya (es éste un tema interesante que podría tratarse en otra ocasión), ciertos herejes gnósticos libertinos que él conocía, los seguidores de Carpócrates o carpocracianos, habían añadido a este texto lo siguiente:

Estando Jesús desnudo con (el otro –el joven- también) desnudo (griego: gymnòs gymnô).

Clemente de Alejandría no dice dónde efectuaban el añadido, pero el único lugar lógicamente posible es tras "y permaneció con él aquella noche", como insinuando una cierta práctica homosexual por parte de Jesús, mientras iniciaba al joven en los misterios del Reino de Dios. Clemente rechaza horrorizado semejante interpretación, que no estaba, según él, en el original que cita.

M. Smith argumenta en dos obras suyas (The Secret Gospel: the Discovery and Interpretation of the Secret Gospel according to Mark, Harper and Row, New York, 1973, p. 113, nota 12; y en Clement of Alexandria and a Secret Gospel of Mark. Harvard University Press, Cambridge MA., 1973, pp. 167-188 que estas iniciaciones a jovencitos por parte de Jesús en los misterios del reino de Dios terminaban con un bautismo del iniciado. Añade que no sería extraño que la ceremonia total de la iniciación concluyera con un acto de unión física entre el iniciador –el mago Jesús- y el iniciado y bautizado, el joven en cuestión.

B. D. Ehrmann (en su obra Cristianismos perdidos, vers. española, Ares y Mares (Editorial Crítica), Barcelona 2004, p. 126) sostiene que

Para Smith la experiencia mística del Reino (la ceremonia de iniciación que arriba hemos descrito) permitía a las personas ‘liberarse de las leyes que gobiernan el mundo inferior’. De hecho ‘el liberarse de las leyes puede haber llevado a que se completara la unión espiritual con la unión física’. En otras palabras, cuando Jesús bautizaba a un hombre su unión espiritual culminaba con una cópula física. Smith manifiesta cierta incertidumbre en relación con las ceremonias que implicaban esta unificación de Jesús y el hombre que había sido bautizado, pero señala en una de sus notas al pie (Ehrmann cita The Secret Gospel: the Discovery and Interpretation of the Secret Gospel according to Mark, Harper and Row, New York, 1973, p. 113, nota 12) que ‘probablemente también había manipulación física; los relatos sobre los milagros de Jesús nos ofrecen numerosos ejemplos del uso de sus manos. Las manos del sanador adquieren aquí un significado completamente nuevo. En el fragmento de Clemente Smith descubre que Jesús era un mago, que mantenía relaciones sexuales con los hombres que bautizaba.

Posteriormente –al final de la exposición de la opinión de la mayor parte de los investigadores que va por otras vías- daré mi opinión sobre esta espeluznante hipótesis de Smith unida a su idea de que Jesús fue un mago.

El conjunto de hechos, que mencionamos con brevedad anteriormente, interpretados de este modo, puede impresionar. Pero la realidad de la interpretación de tal conjunto es más compleja que el puro paralelismo aparente, ya que también es verdad que una valoración más exacta de él sólo puede conseguirse teniendo en cuenta las diferencias de perspectivas ideológicas, claras y contundentes, que se perciben entre la finalidad y orientación de esos relatos evangélicos y lo que se extrae de una lectura atenta de los textos recogidos en varias compilaciones de textos mágicos antiguos, como los Papyri Graeciae Magicae (Papiros de la Grecia mágica) recogidos por Preisendanz y traducidos al castellano por J. L. Calvo Martínez, o el judío Libro de los Misterios o de los Secretos (Séfer ha-Razim).

En el siguiente post -espero- pondré ejemplos de este estilo para que los lectores puedan comparar con los textos evangélicos.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

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