29.06.07 @ 20:39:58. Archivado en , Libros

Hace un par de días que acaba de aparecer en las librerías una novela histórica que escribí hace tiempo. Su título es ahora Herodes el Grande, y trata de la fantástica e interesante vida de este personaje. Según Yaakov Shavit, de la Universidad de Tel Aviv y un gran experto en historia del judaísmo moderno, no existe prácticamente todavía novela histórica alguna sobre este personaje tan fascinante. Según me contó personalmente Shavit, y a una pregunta mía al respecto, sólo existen dos novelas, y antiguas sobre el gran Herodes, y fueron escritas en el ambiente de los judíos rusos del siglo XIX. Pero se compusieron en ruso, no tuvieron difusión y su memoria se ha perdido totalmente.
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26.06.07 @ 11:02:40. Archivado en Jesús histórico
Hoy escribe Fernando Bermejo
En nuestro anterior post iniciamos una reflexión sobre un fenómeno curioso, a saber, el hecho de que la investigación crítica en torno a los orígenes cristianos –efectuada no importa con cuánta erudición, con cuánta voluntad de verdad, con cuánta serenidad, con cuánta racionalidad y sensatez– suscita en determinados círculos la acusación de odio o resentimiento. Esta acusación, por consiguiente, no es un fenómeno extraordinario de la que se hagan merecedores únicamente sujetos especialmente beligerantes o furibundos, sino que tiene lugar con inusitada frecuencia, constituyendo en realidad una reacción rayana en el automatismo de un tic. Es éste un fenómeno que, como señalé, da qué pensar, y que exige esclarecimiento.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hemos visto en días pasados cómo los HchAp son testigos de la tradición cristiana y de las prácticas habituales en el momento histórico en que surgen. Un aspecto importante en los hábitos de la comunidad de los fieles es el uso espontáneo de la Sagrada Escritura, considerada como autoridad doctrinal y punto obligado de referencia. Una lectura cursiva de los HchAp delata la presencia de la Biblia en forma de acontecimientos, personajes, alusiones, términos y conceptos. Pero llaman, y muy poderosamente, la atención las numerosas citas textuales, introducidas muchas veces con las consabidas fórmulas gégraptai (está escrito) o éiretai (se ha dicho). Y es interesante notar que las únicas citas textuales recogidas en estas obras son precisamente de la Biblia.
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Interrumpimos durante una semana la explicación general de la gnosis. Hoy continuamos con la explicación del Evangelio que interrumpiremos a su vez en el momento que sea necesario seguir explicando ideas de la gnosis..., por ejemplo, su teoría sobre los Primeros principios o la Plenitud de la divinidad, sin la cual no hay modo de entender este escrito.
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20.06.07 @ 09:43:48. Archivado en
Hoy escribe Fernando Bermejo
Para Hermann Samuel Reimarus (1694-1768), in memoriam
El ruido y la furia que caracterizan al mundo no dejan de afectar, como muchos lectores habrán percibido, a lo que atañe a la investigación sobre la figura del personaje judío que constituye el referente al que se remiten los fenómenos cristianos. Es fácil comprobar el grado de implicación emocional que suscitan en numerosas personas los temas que abordamos, hasta el punto de que en ocasiones afirmaciones que en otros contextos sonarían normales e inocuas son registradas por muchos como una suerte de ataque frontal a sus convicciones. Cuando hace un par de semanas facilité una bibliografía básica de autores independientes de toda adscripción confesional, el hecho de haber escrito con claridad que dejaba al margen la faceta de polemista de Gonzalo Puente Ojea y que lo que me interesaba eran los argumentos de varios de sus libros no fue óbice para que varios lectores (ninguno de los cuales entró en el análisis de argumentos) reaccionaran expresando su hondo disgusto con respecto al tono empleado en sus polémicas por el citado autor, y uno de ellos llegó a afirmar que en su opinión Puente Ojea –cito– “padece un fuerte problema psicológico de resentimiento no asumido contra la iglesia y la religión”. Aunque respondí a los lectores y también a este último, este asunto resulta lo bastante significativo como para merecer algún que otro post, que creo pueden dar qué pensar a aquellos más proclives a la reflexión.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Los Hechos Apócrifos de los Apóstoles, como obras literarias, delatan situaciones y actitudes de la sociedad en la que se producen. Los personajes no son entes de razón, independientes de un contexto histórico real. Si, como ocurre en los Hechos de Felipe, un leopardo y un cabrito solicitan participar de la eucaristía, el elemento novelesco va situado dentro del marco de las prácticas comunes en la piedad cristiana del momento (s. IV/V). Los Hechos de Tomás (HchTom), los más tardíos de los cinco primitivos, reflejan una evolución del pensamiento cristiano sensiblemente avanzado frente a los otros cuatro.
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Para entender bien qué pretendía transmitir a sus lectores el autor del Evangelio de Judas es absolutamente necesario entender el marco gnóstico de este evangelio. Para ello necesitamos detenernos primero en una descripción breve de cómo era la gnosis y el gnosticismo en los ambientes cristianos del siglo II, momento de la composición de este Evangelio. Esta explicación nos parece indispensable pues el gnosticismo del siglo II está muy alejado de la mentalidad del siglo XXI.
¿Qué es la gnosis?
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13.06.07 @ 20:40:30. Archivado en Jesús histórico,
Hoy escribe Fernando Bermejo
La autocomplacencia es un fenómeno en el que los seres humanos, comprensible pero lamentablemente, tendemos a incurrir. Las religiones pueden dar pábulo a esta tendencia, o bien contrarrestarla; a menudo, sirven para hacer las dos cosas, en sentidos y dosis diferentes. Una de las formas de manifestarse la autocomplacencia religiosa es en la creencia o el sentimiento de que la pertenencia a una determinada comunidad de creencias le hace a uno automáticamente superior al resto de los mortales, sea en lo que respecta a su moralidad y dignidad, sea en lo que respecta al destino que le aguarda tras su muerte o al final de los tiempos. Al igual que otras muchas religiones –entre las que, desde luego, se encuentra el cristianismo–, el judaísmo conoció también el fenómeno de la autocomplacencia y el triunfalismo.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Hago con este comentario un sensible cambio de perspectiva con relación a mis anteriores comunicaciones. Hasta aquí veníamos hablando de los Hechos Apócrifos en la tradición, en ella reflejados y recordados. Ahora vamos a poner el enfoque en la tradición para comprobar cómo aparece testificada de manera cierta en los Hechos Apócrifos. Con ello encontramos en los Hechos reflejos de la doctrina y de las prácticas de la sociedad cristiana contemporánea. Todos los autores dejan en sus obras abundantes testimonios de su personalidad, de sus criterios y hasta de sus obsesiones. Pero a través de su pluma se deslizan visiones claras de la realidad de su tiempo.
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Con este “post” iniciamos una pequeña serie que se concentrará en la aclaración y breve comentario al texto del Evangelio de Judas, cuyo texto conservado es bastante breve (páginas 33 a 58 del manuscrito, pero con abundantes lagunas). Voy a ofrecer -a trozos, según el sentido y la necesidad de la explicación- una traducción del copto muy ajustada y literal (realizada por Sofía Torallas y revisada entre los dos), que se atiene a las líneas y divisiones del manuscrito. A continuación irá lo que considero pertinente para que se entienda el pasaje traducido. Me basaré en mi comentario, editado por Vector Libros, pero que conoce, según creo, muy poca gente.
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06.06.07 @ 21:23:14. Archivado en Jesús histórico,
Hoy escribe Fernando Bermejo
Esta semana vuelvo a permitirme una digresión en el tratamiento de la relación entre Jesús y Juan con el objeto de responder a la expectativa de algunos lectores, que en varias ocasiones han expresado su deseo de que los bloggers facilitemos bibliografía. Por lo demás, a nuestro post de la semana pasada uno de nuestros apreciados lectores comenta: “Saliendo del terreno exegético, pero permaneciendo en el cercano de la reflexión teológico-filosófica, la cosa es asombrosa: Casi ningún crítico de las posiciones cristianas desde el agnosticismo o la increencia cita jamás autores (teólogos o filósofos) cristianos; y no los citan porque evidentemente no los han leido”. Ignoro a qué críticos se refiere nuestro amigo, pero dado que aquí lo que nos interesa por el momento es la exégesis y la investigación histórico-crítica, a continuación ofrezco una selección bibliográfica de autores independientes en la que iré señalando si éstos han leído o no a los autores confesionales. Es mi intención dedicar más adelante una serie de posts a comentar diversas obras señeras, sean confesionales o no, en el estudio de los orígenes del cristianismo.
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Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Entre los más primitivos Hechos Apócrifos de los Apóstoles (HchAp), llamados también “mayores”, figura, y de forma destacada, el libro que cuenta las actividades ministeriales del apóstol Santo Tomás. Un apócrifo con señaladas particularidades. De los cinco principales y antiguos es el único que se ha conservado en su integridad. Sirve por lo tanto como ejemplar o modelo que traza un esquema posible de lo que debieron ser los demás Hechos. Empieza, por ejemplo, con la escena de la distribución por sorteo de los territorios de misión entre los Apóstoles. Recordamos que R. A. Lipsius defendía la tesis de que todos los Hechos Apócrifos empezaban probablemente por la escena del sorteo. Una opinión forzosamente imposible de demostrar desde el momento en que el principio de todos los HchAp se ha perdido, excepción hecha del caso de los HchTom.
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Hoy escribe Antonio Piñero
En torno al siglo IV, o quizás más tarde, un autor desconocido, denominado el Pseudo Tertuliano, nos completa esta información de Ireneo. En su obra, titulada Adversus Omnes Haereses, dice así (nº 2):
Los que tal afirman defienden también a Judas el traidor, describiéndolo como admirable y grande a causa de los beneficios que acarreó al género humano. Algunos creen que se debe dar las gracias a Judas por este motivo. Judas, advirtiendo que Cristo quería destruir la Verdad, lo entregó para evitar la destrucción de aquélla. Otros opinan de diverso modo: las potestades de este mundo no querían que el Cristo sufriera la pasión, para que al género humano no se le ofreciera la salvación por medio de su muerte. Entonces, velando por la salvación del género humano, Judas entregó a Cristo. Así la salvación, obstaculizada por las potencias que interferían para que Cristo no sufriera pasión, no pudo ya impedirse en absoluto.
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