Juan y Jesús, predicadores judíos
25.04.07 @ 21:18:04. Archivado en Jesús histórico

Hoy escribe Fernando Bermejo
El hecho de que, según argumentamos en su momento, pueda hablarse de Juan el Bautista y de Jesús como de judíos marginales no implica que estos personajes hayan sido –étnica y religiosamente– menos judíos que el resto de sus correligionarios. Esta afirmación sería perogrullesca si no fuera por la desjudaización que de ellos una larga tradición exegética ha efectuado, y que ha convertido a Jesús en el “fundador” del cristianismo y a Juan Bautista en un santo cristiano. Antes de continuar exponiendo las semejanzas entre Juan y Jesús (y de intentar comprender la noción de “Reino de Dios”), convendrá hacer algunas consideraciones elementales sobre un aspecto cuyo descuido resulta tan funesto para una reconstrucción plausible de la Historia.
En efecto, el punto de partida insoslayable para entender a Jesús y su mensaje se halla en su hebraicidad, en su judeidad. La lectura crítica de los evangelios permite deducir que –tanto étnica como religiosamente– Jesús fue un judío hasta la médula. La imagen derivable de los Sinópticos (en lo que sigue me referiré, por comodidad, especialmente a Mateo) es la de un Jesús que no sólo mantiene las creencias judías, sino que se atiene a las principales prácticas religiosas de su pueblo: frecuenta las sinagogas (v. gr. Mt 4, 23; 9, 35; 12, 9; 13, 54), porta las filacterias como un judío piadoso (Mt 9, 20; 14, 36; cf. Num 15, 38-40; Dt 22, 12), se suma a los peregrinos de Jerusalén con ocasión de las fiestas (Mt 20, 17), va al Templo (21, 23; 24, 1; 26, 55), celebra la Pascua (Mt 26, 2.17-19.30), acepta las ofrendas y ritos sacrificiales (Mt 5, 23-24; en Mt 8, 4/Mc 1, 44) y las prácticas veterotestamentarias como el ayuno (Mt 6, 16-18), la oración (Mt 6, 5-15; cf. 14, 23) y la limosna (Mt 6, 2-4)...
Detengámonos en un solo aspecto, el de los ritos sacrificiales. Las implicaciones de Mc 1, 44 o Mt 5, 23-24 son obvias: Jesús no sólo no tenía nada contra los sacrificios, sino que reconoce la legítima autoridad de los sacerdotes, mandando a un leproso curado ir al Templo y hacer todo lo ordenado en la Ley, es decir, efectuar los sacrificios prescritos en el capítulo 14 del Levítico. Resulta muy elocuente que incluso en Jn 4, 21-24 (donde por primera vez cabe ver implícito el rechazo del culto sacrificial), la afirmación relativa al fin del culto en el Templo se pone en boca de Jesús como algo que se verificará en el futuro, lo que implica la conciencia de que durante su vida Jesús no combatió en modo alguno el culto sacrificial. Como ya hemos comentado en otra ocasión, textos como Mc 1, 44 ó Mt 5, 23-24 indican que para Jesús, el culto queda postergado ante el ethos, pero de ningún modo abolido. Ahora bien, ésta es exactamente la enseñanza y actitud que se encuentra en multitud de textos proféticos y sapienciales de la Tanak judía (Os 6, 6; Prov 15, 8; 21, 3.27; Eclo 31, 21-24; 35, 1-3, etc). Y también en el judaísmo rabínico se manifiesta esta idea, por ejemplo, en el conocido principio de que la fiesta de la reconciliación sólo deja sin perdonar las faltas contra los semejantes.
Que Jesús fue nada más y nada menos que un predicador judío es es una idea elementalísima, puesta de relieve ya por Reimarus en el s. XVIII, y desde hace algunas décadas enfatizada en la investigación, tanto por estudiosos judíos como no judíos. Para algunos ejemplos, cf. S. Ben-Chorin, Bruder Jesus. Der Nazarener in jüdischer Sicht, 1967 (traducción castellana en Riopiedras); G. Vermes, Jesus the Jew, 1970 (trad. cast. en Muchnik); G. Vermes, The Religion of Jesus the Jew (trad. cast. en Muchnik); E. P. Sanders, Jesus and Judaism, 1985 (trad. cast. en Trotta).
Sin embargo, por elemental que sea, el hecho de la judeidad de Jesús es difícil de digerir de forma consecuente para todos aquellos formados en una tradición (que comienza ya en esos textos de naturaleza híbrida que son los evangelios) en la cual Jesús ha sido paulatinamente desjudaizado e incluso opuesto frontalmente al judaísmo. Ciertamente, la exégesis confesional cristiana ha tendido a soslayar y reprimir cuanto ha podido la judeidad de Jesús, como lo demuestran todavía hoy los malabarismos de tantos. Como es sabido, en los años 30 y 40 del s. XX en Alemania algunos ilustres exegetas como Walter Grundmann mantuvieron que Jesús no era judío sino... ario. Hoy en día, la desvergüenza no es tan atrevida, y los modos de intentar amortiguar la judeidad de Jesús siguen derroteros mucho más sinuosos y sutiles. Sin ir más lejos, se siguen repitiendo (y creyendo) las peregrinas ideas según las cuales el judío galileo Jesús de Nazaret fue un “destructor”, o al menos un “superador” del judaísmo, alguien que hizo “temblar los fundamentos” de la religión judía. Esta creencia, que hace un daño irreparable a la verdad histórica, sólo produce la incomprensión más absoluta y los contrasentidos más flagrantes (que podrían resultar incluso divertidos, si no fuera porque tal incomprensión ha generado el antijudaísmo y el antisemitismo de corte cristiano, con las horrendas consecuencias de todos conocidas).
Lo cierto es que no puede entenderse rectamente nada acerca del Jesús histórico si no se toma en cuenta de modo cabal su judeidad. La información que respalda este dato es la única históricamente plausible, tanto más cuanto que no es consistente con la tendencia de la tradición cristiana a desjudaizar y universalizar la figura de Jesús, y en tanto que sí lo es con la práctica de la comunidad nazarena jerosolimitana, para la cual el Templo siguió siendo el foco primario de piedad y actividad ritual (cf. Lc 24, 53; Hch 2, 46; 3, 1; 5, 12.21-25; 21, 26; 22, 17, etc). No es casual que la Iglesia primitiva no apelase a la práctica de Jesús para defender su libertad frente a la observancia de la Ley. De todos modos, sigue habiendo quien prefiere imaginar que los discípulos directos del nazareno no entendieron a su maestro...
[Post-data, sólo parcialmente extraacadémica:
La idea de que los discípulos de Jesús no le entendieron es una de las más rocambolescas –y también, por qué no decirlo, más graciosas– que quepa imaginar. Esta idea, como es sabido, está ya sugerida en los propios evangelios (en textos cuyo carácter tardío y apologético no es difícil de deducir, excepto para algunos dotados de idiosincrásica perspicacia), y dada su utilidad ha sido durante un tiempo utilizada de modo no infrecuente por la exégesis confesional y la teología. Hoy en día, sin embargo, no hay exegetas –a no ser los más cerrilmente ultramontanos– que le concedan el más mínimo crédito. Las razones no son difíciles de entender:
Es posible (incluso, muy probable) que el coeficiente intelectual de los discípulos del galileo no pudiera competir con el de los miembros de MENSA, pero de ahí a mantener que no eran capaces de entender el mensaje de su maestro hay un abismo al que sólo alguien muy desesperado querría saltar. Por otra parte, aceptar que Jesús no sólo eligió a alguien que eventualmente le traicionaría, sino también a otros once discípulos que no estaban capacitados para captar lo que tenía que transmitirles dejaría al galileo en un lugar realmente patético: un maestro que se equivoca al elegir a todos sus discípulos es una calamidad difícilmente concebible (mientras que un maestro convencido de tener la verdad que eligiese a sabiendas a discípulos incapaces de entenderle sería un egregio chiflado). Por lo demás, esto podría tener en todo caso un mínimo rastro de verosimilitud si el contenido del mensaje de Jesús hubiera tenido la complejidad de, digamos, la electrodinámica cuántica o la teoría de cuerdas, cosa que –según las noticias de que disponemos– no parece ser el caso: el mensaje religiosomoral del galileo puede resultar más o menos atrayente y más o menos sensato, pero en lo relativo a su comprensión teórica no parece exigir un despliegue de acumen fuera de lo común.
En suma, la idea de que los discípulos no entendieron el mensaje de su maestro es una ficción que no tiene ni pies ni cabeza, aunque una vez más resulte muy útil para cortocircuitar la extracción de perturbadores corolarios (sirve, por ejemplo, para eliminar de un plumazo todo aquello que en los evangelios canónicos uno encuentra pero no acaba de encajar con su precomprensión teológica de lo que Jesús/incomparable héroe moral/Hijo de Dios debería haber sido). Lo cierto es que el sentido común y la verosimilitud histórica hablan a favor de que los discípulos inmediatos de Jesús entendieron bastante bien –por no decir: perfectamente– lo que éste tuvo a bien manifestarles].
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
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LOS ESENOS USABAN ESTO EN SU ASTROLOGIA...
JUDAS ESCARIOTE MATA AL SOL PORKE EL ESCORPION PARECE COMO UN BESO CUANDO TE PICA DE AHI...
EL BESO DE LA MUERTE ...ES UNA REPRESENTACION DEL ESCORPION..
UN CUENTO MUY ANTIGUO
EN COPTICO ESCORPION TIENE 30 DIAS DE VIDA HASTA 33 CUANDO MUERE EL SOL IGUAL KE EL SOL MUERE EN LA CONTELACION DE ESCORPIO O JUDAS ESCARIOTE= JUNO O JANEUS EL ESCORPION...
PARA CONOCER ESTOS EVANGELIOS NO NECESITAS SER CATEDRATICO NECESITAS SABER DE ASTRONOMIA ASTROLOGIA Y DEL CULTO A LAS SETAS O9 PLANTAS SICOTROPICAS ENTONCES ENTENDERAS KE LOS ESENOS DESCENDIENTES DE LOS SACERDOTES DE EGIPTO ESCRIBIERON LOS TEXTOS...
LOS DESCENDIENTES DE LOS FARAONES SON LOS ROMANOS Y GRIEGOS - DE AHI LA DISPUTA ENTRE EL CLERO Y LOS POLITICOS LOS ROMANOS Y LOS ESENOS...
EL LAVARSE LAS MA...
Mi hipótesis es simple y bastante obvia, con los datos históricos que tenemos: lo que fascina a los primeros cristianos es la tumba vacía y los relatos de apariciones. Es sobre esos sucesos extraordinarios (para el grupo de supersticiosos incultos que formaban la primera comunidad, claro) sobre los que se construye la religión cristiana.
A partir de ahí se revisan y se ven con nuevos ojos los "hechos" de Jesús, considerados ya no como acciones terapéuticas sorprendentes o enseñanzas iluminador...
Primero. La pregunta era improcedente en este momento ("mear fuera de tiesto").
Segundo. Ya tenías la respuesta dada en otra ocasión.
Tercero. Cualquier persona puede intervenir con sus comentarios en cualquier blog, mientras lo haga sinceramente. Nadie ha considerado a nadie "analfaburra". En los blogs entramos para recibir. A veces también para aportar nuestra vivencia y/o conocimientos.
Cuarto. Por supuesto, no me has molestado; nunca lo has hecho. Y no sólo, sino que, a veces, incluso has sido "cómplice".
Y a ver si terminas de leer el dichoso artículo. Lo que puedas hacer no lo dejes para mañana.
Bihar arte.
Gero arte.
Pienso que en esta ocasión has meado fuera del tiesto. Se te nota un poco despistadilla en este post. No lees, comentas; lees en parte, sigues sin centrarte; lees comentarios, haces preguntas intempestivas (no digo “inoportunas”, dada tu fisgona curiosidad).
Pues mira, te recuerdo (y ahí tienes mi respuesta) que, creo que fue a finales de agosto o primeros de setiembre del año pasado lógicamente, en el blog de “Humanismo”, comenté a una tal Asun precisamente ese proceso que tú me pides y que “ella” me solicitó entonces. De modo que puedes repasar aquellos post; yo no recuerdo ahora en qué día ni en qué editorial. Haz memoria, que la mía ya está enmohecida.
Y así, por concretar algo ahora (por tu sinuosa insinuación de “creído”) pienso que parece que te sorprendes de que “ciertas personas” tengamos adecuados conocimiento...
Respuesta de Fernando Bermejo
Estimado amigo:
Agradezco de veras su comentario. Tiene Vd. razón en que la insistencia en la judeidad de Jesús puede dar la impresión de que se convierte a éste en una especie de clon y se le niega toda originalidad. Pero esto es sólo una tentación o una apariencia, no un corolario necesario. En mi análisis (que no ha hecho sino comenzar) yo ciertamente tiendo a insistir en lo que mancomuna a Jesús con sus correligionarios: lo hago así porque la idea predominante es la de la “radical novedad” del mensaje del galileo, una idea que en perspectiva histórica carece de fundamento. Sin embargo, creo que Jesús posee una cierta idiosincrasia (como la poseen Juan el Bautista, Hillel o Honi “el trazador de círculos”). Aunque la hipótesis propuesta por otro lector (Jaume) no es imposible, yo tiendo a pensar que es más probable que Jesús tuviera una personalidad atrayente y dotada de cierta originalidad: un visionario religioso dotado de carisma no es un tipo del montón. Y, desde luego, el judaísmo de tiempos de Jesús era muy variado: ¡había judíos que consideraban irrelevante la práctica de la circuncisión, según nos revelan los textos de Filón de Alejandría!
En relación a Klausner –cuya obra original, aunque de 1922, sigue siendo digna de lectura– hay que decir que es en efecto una obra excelente, de la que personalmente comparto casi todo. Y digo “casi”, porque es de notar que la ideología sionista de Klausner le hizo incurrir en algunos juicios de valor distorsionadores: aunque insiste sin cesar en el carácter judío de Jesús, al hacer del sionismo nacionalista el criterio para el “verdadero judaísmo”, llega a escribir en alguna de sus páginas que la posición de Jesús aboca a una suerte de “no-judaísmo”. Esto implica una visión demasiado estrecha del variado judaísmo existente en el s. I, y esa visión no ha resistido el paso del tiempo.
Saludos cordiales de Fernando Bermejo
En cuanto a los discípulos... es obvio, pertenece a la "mala prensa": los judeocristianos (la familia -Santiago- y los discípulos -Pedro- fueron sus líderes) frente a los cristianos helenistas y paulinos. El judeocristianismo se hundió con el Templo y Pablo ganó la batalla. Por eso la familia y los discípulos eran torpes,incrédulos y hasta menospreciables. Es una vieja técnica política y religiosa.
Lo irónico del asunto es que la realidad posiblemente fue la inversa, los judeocristianos guardaron más fielmente las ideas de Jesús, pero ya se sabe, la historia la escriben los vencedores.
Por otra parte, tampoco cabe descartar la posibilidad de que la elección de los discípulos fuese realmente calamitosa (como por otra parte quedaría demostrado con los sucesos de Jerusalén), ya que la negación de esa posibilidad presupone que Jesús de Nazaret era realmente ese "maestro de sabiduría/hijo de Dios" (en minúscula) del que nos hablan algunos. Pero, ¿y si no lo era? ¿Y si realmente era un profeta peripatético de segunda división y lo que tenemos hoy es una construcción literaria, apologética y fantasiosa de unos discípulos ignorantes e impresionables?
Knohl creía haber encontrado "el eslabón perdido" (así lo llamaba)para el mesianismo del NT en un antecedente histórico de una generación antes de Jesús.Se remitía a dos himnos 'heréticos' que aparecían en el Rollo de Acción de Gracias de Qumrán. También hablaba de que la idea de un 'mesianismo de fracaso' aparece en esa literatura.Luego lanzaba su hipótesis:ese antecesor de Jesús era un tal Menahén, excomulgado por Hillel, aludido en el Talmud de Jerusalén y condenado a muerte. Su mesianismo y el de Jesús presentaban -decía- grandes similitudes.
Ignoro el valor que tiene la hipótesis de Knohl.
Respuesta de Fernando Bermejo
Estimada amiga:
La tesis de Knohl -cuyo libro fue traducido al castellano por Antonio Piñero- es osada y apasionante, pero también problemática. La teoría se basa en dos himnos qumránicos, cada uno de los cuales se ha conservado en dos versiones fragmentarias encontradas en varios manuscritos del “Rollo de acción de gracias y en un fragmento adicional. Tres de estas versiones se descubrieron en la cueva 4 de Qumrán y uno en la cueva 1. El primer himno habla en primera persona una figura que se sienta en el cielo, y que por otra es máximamente despreciada (en términos del “siervo sufriente” de Isaías 53). El segundo menciona “el cuerno de su mesías” y contiene algunas descripciones escatológicas.
El libro de Knohl está constituido por una concatenación de afirmaciones (en ocasiones, suposiciones), no todas las cuales son igualmente relevantes. Por ejemplo, el propio Knohl sostiene que la identificación del Mesías postulado con Menahem el esenio es secundaria, y que su rechazo no equivale al de su hipótesis principal, la existencia de un mesianismo que conjuga exaltación y rechazo ya en época precristiana.
Una dificultad principal en lo que respecta a la tesis de Knohl concierne a la identificación del sujeto al que se refieren los fragmentos: ¿es una figura histórica o sólo una figura literaria? Esto último es lo que piensan la mayor parte de estudiosos, a diferencia de Knohl.
Otro problema reside en si los dos himnos están mutuamente conectados (como piensa Knohl) o en si no lo están, en cuyo caso el hecho de haber sido copiados de modo sucesivo sería accidental, y no estaría justificado extraer conclusiones de largo alcance de ese hecho.
Ahora bien, incluso en el caso de que hubiera existido a finales del s. I a.C. la combinación de estatus divino y sufrimiento, eso no implica necesariamente que haya tenido influencia en el cristianismo. Una cosa es precedencia cronológica, y otra distinta influencia. Además, habría que probar que Jesús conoció esta idea, y que la aceptó: una cosa es que Jesús haya conocido la idea, y otra que la haya asumido para elaborar la concepción de su propia personalidad. Además, una cosa es suponer la influencia de la idea sobre la figura de Jesús (como Knohl se limita a suponer) y otra influencia en el cristianismo naciente.
Para no extenderme: en mi opinión, las ideas de Knohl -un especialista reconocido en los textos de Qumrán- merecen atenta consideración, pero el carácter hipotético de varios de los eslabones de su construcción imponen muchas reservas. De hecho, no ha suscitado un mínimo consenso entre los especialistas.
Cordiales saludos de Fernando Bermejo
Sobre la judeidad de Jesús. El apelativo de 'Nazareno' ¿era realmente un gentilicio o podría venir de 'nazir', el judío que había hecho el voto (temporal o permanente) de la 'nezirut'?
Respuesta de Fernando Bermejo:
Estimada amiga:
Gracias a Vd. por sus amables preguntas (que tienen tela). Hoy contesto a la primera.
Nazareno traduce tanto “nazoraios” (en Mt, Jn y Lc/Hch) como “nazarenós” (en Mc y Lc). El significado y origen del término es -como su pregunta evidencia ya- muy discutido entre los exegetas. Las posibilidades barajadas en realidad no son dos, sino al menos tres: 1) Aunque según algunos autores la derivación con respecto a “Nazaret” está, desde un punto de vista filológico, erizada de dificultades, no es imposible, en especial si se tiene en cuenta la fonología dialectal del arameo galileo. En todo caso, Mt lo consideró como gentilicio. 2) Aunque Jesús no parece haber seguido el modo de vida atribuido al nazir o nazireo, pudo ser tomado como tal en el sentido de que, en perspectiva cristiana, estuvo consagrado al servicio de Dios ya desde el vientre de su madre; además, Samuel fue considerado nazir, y hay paralelos en el relato lucano de la infancia entre la infancia de Jesús y la infancia de Samuel); 3) Se ha propuesto también la derivación de "nazareno" con respecto al término neser (“vástago”: cf. Is 11, 1), un término que en los targumes arameos y en la literatura rabínica sería aplicado al Mesías.
El hecho de que eminentes semitistas hayan propuesto cada una de estas posibilidades impone la prudencia, y yo opto aquí por suspender el juicio. En lo que respecta a su significado en los textos, es muy posible que los autores cristianos jugaran con todos estos significados a la hora de aplicar el término a Jesús.
Saludos de Fernando Bermejo
Respecto a que los discípulos no le entendían, pues qué vamos a decir. O sea, que hablaba para la gente del pueblo, sencilla, sin conocimientos "teológicos" y le entendían. Y van los discípulos y ¡nada!
Pues ¿qué predicaron después? ¡Ah! ¡Que lo entendieron el día de Pentecostés...!
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Antonio Piñero
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