Sobre la resurrección de Jesús

Permalink 13.04.07 @ 12:25:33. Archivado en Jesús histórico

Algunos colegas de blog, aquí en Religiondigital, han escrito ya reclamando la atención de sus lectores sobre las contradicciones que muestran los escritos evangélicos en sus relatos sobre tan magno acontecimiento para el cristianismo.

Ciertamente es así, y las contradicciones de los Evangelios al respecto es lo primero llama la atención. Pero no voy a comentar este hecho, por lo demás obvio y fácilmente comprobable con papel y lápiz, sino otros aspectos en torno a la creencia en la resurrección de Jesús, sobre todo los que afectan a la primera historia del grupo cristiano. Por ejemplo: ¿cómo es posible y por qué esos relatos pueden ser contradictorios siendo -como era- para la comunidad primitiva tan importante el hecho, o la creencia, en la resurrección del Maestro?

Algunos comentaristas han pensado que tal pregunta no tiene importancia ninguna. La resurrección es un mero fenómeno subjetivo de alucinación psicológica, sufrido bien por algunos miembros de la comunidad, bien por pequeños grupos de ella. Pero en la metodología de la historia antigua la hipótesis de la alucinación por motivos de ardiente deseo de que algo ocurra puede explicar lo ocurrido, pero lo explica sólo superficialmente. Puede ser también tarea del historiador aclarar por qué surge precisamente la creencia en la resurrección e intentar explicar por qué el pretendido hecho esté atestiguado por diversos personajes diferentes -según las narraciones- y de modos tan distintos y tan divergentes.

En mi opinión puede explicarse la creencia en la resurrección de Jesús como surgida por la intensidad del afecto hacia su persona entre las mujeres –no los varones- del grupo de seguidores de Jesús, afecto parecido al de una mujer que ha perdido a un hijo muy querido, o un esposo con el que se llevaba muy bien y que le ha sido arrebatado súbitamente. En momentos de soledad, llanto, sensación de desamparo, etc. muchas de esas mueres “hablan” con el difunto como si aún estuviese presente, o lo “sienten” cerca de sí.

Pienso que fue entre algunas de esas mujeres, con una personalidad media mucho más afectiva que las de los varones seguidores de Jesús- entre las que se suscitó la primera conciencia de que Jesús estaba vivo entre ellas. Las narraciones evangélicas tanto de los Sinópticos, como las del Evangelio de Juan implican a mujeres siempre en los relatos de la tumba vacía o en la primera aparición de Jesús (Jn 20). Así pues lo que debieron sentir al principio debió de ser algo así como que ¡Jesús continuaba vivo espiritualmente entre ellas que lo habían amado y admirado tan intensamente!

Que nadie interprete, por favor, estas afirmaciones como expresión de antifeminismo o profeminismo. En absoluto. Sólo insisto en el origen psicológico de la creencia en la resurrección de Jesús, y que en este ámbito la afectividad desempeña un papel muy importante. Y luego recalco lo que es obvio: la afectividad desempeña en momentos trascendentes de la vida un papel más preponderante entre las mujeres que entre los varones. Se trata de una simple observación fácilmente constatable en la vida ordinaria. Y, en segundo lugar, insisto en la afectividad como origen de la creencia, porque ello me ayudará luego para explicar un tanto el por qué de las tradiciones tan divergentes sobre la resurrección.

En el siglo I en Palestina una de las maneras de expresar este sentimiento era afirmar que el muerto había resucitado. En unos momentos en los que se creía en continuos milagros, viajes celestes, raptos del alma, apariciones de seres sobrenaturales, misiones de ángeles, etc., era ésta una idea perfectamente plausible. Parece claro que el sentimiento de que Jesús seguía vivo, pudo expresarse como que había resucitado, y que comenzó ciertamente en el grupo de las mujeres, pues los Evangelios indican que los varones no las creyeron y que se resistieron en general a admitir la posibilidad del hecho.

Ahora bien, si se examinan más a fondo los relatos y las explicaciones del Nuevo Testamento sobre la resurrección se observará que hay dos maneras fundamentales de “describirla”. Hay un pluralismo de interpretaciones en el nivel de los datos bíblicos.

• Una manera hace ciertamente referencia al cuerpo físico. Lo expresa con claridad el discurso de Simón Pedro en los Hechos de los apóstoles 10,39-41: “Ellos, los judíos, lo mataron colgándolo de un madero; pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo sino a nosotros, que fuimos escogidos por Dios como testigos, que comimos y bebimos con él después de que resucitara de entre los muertos”.

La metáfora que está detrás de esta concepción general de la resurrección de entre los muertos es despertar del sueño y levantarse. el significado central de este símbolo es la restauración de la vida a Jesús. El símbolo comunica que él está vivo con una nueva vida por el poder de Dios. “Este símbolo significa la completa restauración a la vida de Jesús de Nazaret en cada nivel de su ser”.

• La segunda concepción de lo que pasó a Jesús en su muerte es bastante diferente. Se expresa con los vocablos de “exaltación” o “glorificación” y esta idea se halla también en diversos textos del Nuevo Testamento. Así en 1 Tim 3,16: Jesús fue “exaltado a la gloria”, o en el himno cristológico de Filipenses 2, 6-10, muy conocido: aquí se desarrolla sólo el contraste con el descenso, la humildad y la condición terrenal de Cristo aquí abajo, y se describe el destino de Jesús como ascenso, glorificación, como un estar con Dios arriba, una exaltación. Con otras palabras a estas expresiones del segundo tipo no les preocupa la resurrección del cuerpo –no la mencionan prácticamente nunca- sino el estado de gloria de Jesús después de la acción de Dios tras su muerte: Jesús se revela entonces como exaltado a otro ámbito.

Si se comparan las dos expresiones sobre la resurrección, vemos que en lo único en lo que coinciden es que Jesús no permaneció como un ser normal en poder de la muerte. La creencia en una resurrección física hace hincapié en Jesús es restaurado a la vida con su cuerpo (puede incluso comer con ellos: Jn 21, 12). Por el contrario, la creencia en su exaltación lleva a Jesús fuera de este mundo a otro mundo, donde no se habla de cuerpo ni de apariciones.

Esta doble manera de expresar la nueva vida de Jesús me lleva a una consideración: es muy posible que la primeras creencias sobre la resurrección de Jesús no fueran precisamente creencias en la resucitación de su cuerpo, si no simplemente creencias en que Dios lo había trasladado junto a sí a otro ámbito de vida diferente. En otras palabras: al no pensarse en su resurrección corporal propiamente, sino en su vida espiritual diferente en el cielo, las expresiones y divergencias en la expresión cómo fue la resurrección de Jesús son pequeñas. Se está hablando –por un lado- de una manera sencilla: este modo simple e intelectual de interpretar la resurrección puede ser el más espontáneo aunque -por otro lado- parezca más bien teológico e intelectual. Los que así lo creyeron insistirían en el aspecto más espiritual que hemos puntado antes: el estado de exaltación y elevación de Jesús a la diestra del Padre. Es este tipo de interpretación se recoge sobre todo en textos del Nuevo Testamento fuera de los Evangelios.

Y pienso que es posible que la idea de una resucitación corporal de Jesús tuviera lugar sólo en un segundo momento. Y aquí, como entra en juego lo físico del cuerpo de Jesús resucitado, la imaginación de cada uno de los creyentes en ese tipo de resurrección permite que se exprese de maneras muy diferentes.

Este hecho explica la disparidad de tradiciones sobre este “evento”: tras un período de dudas se apoderara pronto del grupo apiñado en Jerusalén la idea de que el Maestro seguía vivo de algún modo: la vivencia era la misma en todos los que pensaban en este segundo tipo (la creencia en la resurrección corporal), pero la expresión de esa vivencia (las tradiciones que hablan de ella) se realizó por personas diferentes y en lugares diferentes, allí donde se creía haber gozado de una aparición del Resucitado… en Emaús, en Jerusalén, más tarde en Galilea….

Este hecho se explica porque la vivencia era común: ha resucitado Jesús corporalmente. Pero se generaron tradiciones muy dispares porque cada uno contaba su experiencia como le parecía, lo que dio origen a líneas diversas de tradiciones y leyendas complementarias; por ello los relatos de las apariciones son tan diferentes y contradictorios: son personales. Así surgen manifestaciones subjetivas de apariciones muy dispares. Unos afirmaban que Jesús se había presentado ante ellos como dotado de un cuerpo etéreo y casi transparente, que podía atravesar las paredes (Lc,24,36-37); otros que lo habían visto como un cuerpo real que podía comer (Jn 21,12) y ser palpado (Jn 20, 17.25). Poco a poco a estos relatos de apariciones se unieron otras historias –también provenientes de diversas personas y por tanto diferentes— acerca de la tumba vacía de Jesús.

Este tipo de tradiciones se recogen sobre todo en los Evangelios porque estos escritos insisten ante todo en los datos “biográficos” sobre Jesús. Las contradicciones en los relatos hace que muchos de los historiadores del cristianismo primitivo piensen que es imposible que la creencia en esta resurrección se generase en Jerusalén: un grupo cohesionado y pequeño no pudo dar lugar a tradiciones tan dispares y contradictorias. Pero este mismo argumento es válido para negar su nacimiento en cualquier otro lugar, Antioquía por ejemplo. Así pues, no es imposible que estas tradiciones referidas al cuerpo resucitado se generaran en el lugar donde había muerto de Jesús.

Volviendo al comienzo de nuestras reflexiones, sugiero en conclusión que la resurrección de Jesús -desde el punto de vista de las posibilidades psicológicas de reconstrucción que nos permiten los textos neotestamentarios- no fue pensada por los primeros cristianos de un modo igual:

• Unos, probablemente, no pensaron en una resucitación corporal, sino en un traslado espiritual del alma o espíritu de Jesús al ámbito de Dios.

• Otros por el contrario, y de un modo más popular y menos teológico, se imaginaron la resurrección de un modo totalmente físico: resucitó el cuerpo y alma de Jesús.

Y sostengo que fue sólo esta segunda línea de interpretación de la resurrección la recogida en los Evangelios, y la que da origen a muchas historias legendarias de apariciones… que no pueden tomarse al pie de la letra. Los antiguos sí las creían al pie de la letra. Pero hoy debemos quizá interpretarlas como símbolos de una creencia que se expresa según los patrones culturales de la psicología propia o del entorno. Los que los tenía más elevado, lo expresaba más “teológicamente”. El que los tenía menos, expresaba su creencia con patrones más populares.

Para el historiador de hoy lo único que importa es señalar que es que sin la firmísima creencia en que Jesús seguía vivo entre sus discípulos, que él había resucitado, no se explica el origen del movimiento de sus seguidores, un movimiento religioso que en pocas decenas de años iba a formar una constelación teológica que pronto podría considerarse una religión diferente a la del judaísmo.

Saludos de Antonio Piñero

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¿ Cómo se puede mezclar churros con merinas? ¿ Cómo se pretende llegar a una verdad histórica, científica desde la base de textos religiosos o teológicos?


Respuesta:

Es una hipótesis de trabajo, aceptada por casi todos los investigadores de Historia Antigua en general, que los Evangelios no sólo son libros de propaganda religiosa, sino que contienen datos históricos mezclados con esa propaganda y con proposiciones de fe. Por tanto, se cree que aplicando los métodos de la crítica histórica y con mucha cautela y prudendcia se puede llegar a rastrear al menos restos de hechos históricos que subyacen a los textos actuales.
Y eso es lo que procuramos hacer: aplicar la lupa de la crítica y por medio de los criterios de historicidad, intentar averguar lo que hay de historia tras los textos recibidos.
Se parte también del presupuesto que por mucho que se realce el papel de la fe, siempre le interesa al creyente lo que hay de histórico en lo que cree. No es lo mismo afirmar que históricamente no parece posible que Jesús instituyese la eucaristía -por poner un ejemplo- tal como se dice que la instituyó, o que la metodología de la historia antigua confirma que históricamente los textos evangélicos presentan una realidad irrefutable sobre esa institución eucarística.
Por tanto, incluso a los creyentes más convencidos les interesa la historia... lo que hay detrás. Y eso buscamos.

Saludos.
Enlace permanente Comentario por Meji 16.04.07 @ 19:35
Vale.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 16.04.07 @ 09:51
La propia manera en que expresas tu fe creo que me da la razón, pues la cita que traes de Lucas la “interpretas” bajo la LUZ del Evangelio de Juan. ¿Interpretaríamos igual los sinópticos sin Juan? Es decir, leemos los sinópticos dando por supuesto que Jesús es el Logos y esto no tenía porqué ser necesariamente así. Tiene, al menos, una explicación y es de lo que hemos estado hablando aquí: de dar una explicación a hechos pasados, no de adaptar la Historia a nuestras creencias. Hasta el día en que aparezcan nuevos códices bajo la arena del desierto y cambiemos radicalmente la concepción de los procesos históricos que habíamos tenido hasta entonces. Buenas noches y que la LUZ te ilumine.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 16.04.07 @ 02:06
Sofía, ¿me tengo que dar por aludido? Porque si es así tengo que decir que en ningún momento he escrito que tu creencia sea mitología griega. No soy historiador y, por tanto, no me invento nada, que sabios tiene la Historia. En mi comentario lo que expresé es que las ideas de la comunidad primitiva llegaron al mundo helenístico y en ese ambiente se transformaron. Y justamente de esas ideas nosotros somos los herederos, pues la comunidad primitiva de Jerusalén y, con ella, su manera de entender el mensaje de Jesús, se volatilizaron después del año 70.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 16.04.07 @ 02:05
SOFIA. ¿Y quién tiene la verdadera interpretación?
Gabon.
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 16.04.07 @ 00:57
SOFIA. Por supuesto que puede ser "tu creencia". Y no seré yo quien te la interprete. Ya lo hemos comentado en otras ocasiones. Tú puedes creer en lo que quieras y estar convencida de ello. Pero ahora no estamos hablando solamente de la "creencia", sino de su esa "creencia tiene fundamento HISTÓRICO", es decir, que "cómo se puede o debe interpetar esa doctrina". De eso trata el artículo, ¿no?: De las diversas "interpretaciones" que se le han dado o se le pueden dar a la resurrección.
Por otra parte, no olvides que toda la Biblia, y el N.T. no es una excepción, está influenciada por mitos, leyendas y tradiciones.
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 15.04.07 @ 20:30
Pienso que la versión de "hijo de dios" que da JOAQUIM es significativa y posible. En Exodo, al "pueblo" se le nombra también como "mi hijo": "Esto dice Yavé: Israel es mi "hijo primogénito"... Deja partir a "mi hijo"... (Ex. 4,22) Y Oseas: "Desde Egipto llamé a "mi hijo". Y el título de "hijo de Dios" se le aplica a David (2Sam.7,14; y en algunos salmos). También el libro de la Sab. aplica este título al "israelita fiel y justo".
Estas denominaciones no tienen nada que ver con el hijo "de la misma naturaleza que el padre". A partir de aquí, como dice JOAQUIM, los helenistas "interpretaron" la expresión según su "cultura". Y lógicamente "exaltaron" a Jesús, y lo "elevaron" a la categoría de dios.(Resurrección, ascensión y sentado a la derecha del padre).
Pienso que estas interpretaciones no son "sofisticadas".
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 15.04.07 @ 00:02
Sinceramente, o Pablo tuvo una experiencia mística muy profunda o su manera de explicar a los destinatarios de su predicación su conversión fue aquella. Este punto daría para mucho. No soy nada entendido en apariciones, pero resulta curioso que normalmente éstas lo sean de familiares o personas conocidas y de personajes relacionados con la propia religión. Difícilmente alguien relata que se le ha aparecido Confuncio, el jefe Jerónimo o Ronald Reagan. Esto se está enredando. Cierro y espero poder seguir dialogando contigo.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 14.04.07 @ 20:27
Lo hasta aquí dicho queda sólo para la elucubración netamente histórica y seguro que mucho de lo escrito es fácilmente rebatible y no tendré ningún inconveniente en aceptar un análisis mejor. Pero en el mero ámbito de lo histórico queda. En ningún caso afecta a mi fe, ámbito en el que en ningún caso me interesa discutir con nadie, sólo dialogar. Si alguien cree que a Pablo se le apareció Jesús resucitado yo no lo discutiré, pero soy incapaz de creerlo. Creo que mi fe será capaz de soportarlo, como la mayoría de creyentes que acabaron conciliando su fe con el evolucionismo darwiniano.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 14.04.07 @ 20:26
En su expansión hacia Asia Menor el cristianismo exportó sus conceptos, entre ellos el de Hijo de Dios y allí, en contacto con una cultura en la que eran muy familiares las historias de héroes semidivinos que a su fallecimiento se reunían con los dioses, el concepto Hijo de Dios dio un paso hasta identificar al uno con el otro (ahí están, con todas las matizaciones que se quiera, Pablo –que era de Tarso, Asia Menor- y el Evangelio de Juan). En cualquier caso, para no perder solera la nueva creencia mantuvo el arraigo con el AT, donde encontró explicaciones diversas para la nueva situación.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 14.04.07 @ 20:25
La verdad es que yo no tengo ninguna versión de la Resurrección. En un terreno tan resbaladizo como éste, sólo faltaría que yo tuviera la solución. En cualquier caso el concepto Hijo de Dios parece que sufrió una transformación a su llegada al ambiente helenístico. A. Piñero explica que en el judaísmo anterior y contemporáneo a Jesús, Hijo de Dios era entendido como aquel que tenía una relación especial con la divinidad, lo que yo describía en mi anterior comentario como tener hilo directo o comunicación directa con Dios. A mi modo de ver este es el concepto que se explicita en los evangelios sinópticos, donde aún no hay una identificación exacta de Jesús como Dios.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 14.04.07 @ 20:24
Helena: sinceramente no creo que lo que se ventila en la resurrección de Jesús tenga nada que ver con ese extraño fenómeno de la desmaterialización. La afirmación de la resurrección por parte de los seguidores de Jesús, se prolonga llamativamente en el tiempo, genera la consolidación de un movimiento marginal llamado a desaparecer, y nunca es objeto de estudio por parte de observadores que, aunque no fueran creyentes, lo consideraran una singularidad llamativa e inexplicable. La resurrección pasa a ser, sencillamente, objeto de fe; una fe, además, llena de capacidad transformadora de la realidad, como les gusta decir a los "liberacionistas" de nuestros días, muchos de ellos, por cierto,bastante escépticos en esta materia . Casi siempre,cuando leo o converso sobre este asunto, tengo la impresión de que las alternativas explicativas que se suelen proponer, resultan más dificilmente creibles o aceptables que las menos sofisticadas o escépticas. Saludos cordiales.
Enlace permanente Comentario por Pacomio 14.04.07 @ 17:41
En el budismo vajrayana hay un fenómeno que se conoce como "cuerpo de arco iris", culminación de las prácticas de Dzogchen. Tras la muerte física (y en un periodo de hasta 7 días en los que no hay putrefacción) el cuerpo se desmaterializa por un complejo proceso generalmente acompañado por fenoménos lumínicos. El último caso certificado de este fenómeno se produjo en el año 1952.

No sé cómo surgió la creencia en la resurrección de Jesús. Pero la posibilidad de la desmaterialización del cuerpo físico está contemplada en tradiciones que ni son teístas, ni son proféticas, ni manifiestan la menor concesión a la sentimentalidad.
Enlace permanente Comentario por Helena 14.04.07 @ 11:24
Otra posibilidad: que la idea de la resurrección física de Jesús apareciera en el ámbito helenístico, donde el apelativo Hijo de Dios pasó de significar la relación especial que tenía Jesús con el Padre (el hilo directo de sinópticos) a la identificación de uno con el otro. De este modo, al adquirir la naturaleza divina, podía Jesús ser "exaltado" como tantos otros seres mitológicos y se abría la puerta a la utilización de paralelismos veterotestamentarios para ejemplificar dicha exaltación. De aquí a la resurrección física del hombre-dios sólo había un paso.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 14.04.07 @ 01:19
Pienso que entre las interpetaciones habría que buscar el paralelismo que los evangelios hacen entre Jesús y Elías. El gran Profeta es "arrebatado al cielo". Dios no deja que "muera" como los demás hombres. Al profeta NO se le recordará como MUERTO. Ni siquiera la muerte puede vencer al quien "ardió de amor celoso por Yavé, su Dios". Recordemos también el significado del nombre "Elías". Incluso en la "esperanza" del pueblo estaba la idea de que "Elías volvería para restaurar el Reinado de Dios".
Jesús es equiparado al gran Profeta y al gran caudillo. Moisés y Elías aparecen en la Transfiguración.
En este sentido creo que habrá que entender la resurrección. Ciertamente, de ninguna manera en su versión "física", de "revivir". Jesús no puede ser "arrebatado" en vida porque muere crucificado. De ahì que se "invente" la resurrección como se inventó la "abducción" de Elías.
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 13.04.07 @ 22:03
Tema tan apasionante como polémico, tal como se ve. Totalmente de acuerdo con las dos "versiones" de la resurreccioón, pero yo no veo claro si son una sucesora de otra. Tal vez fuesen respuestas simultáneas, tras la propagación (e independencia) de los primeros grupos cristianos, de ahí las distintos relatos. Creo que el grupo del que nació la creencia primera no sabría qué tipo de "aparición" había vivido. Es un tipo de pregunta que en su momento no se hicieron.
¿Habrá artículos sobre las apariciones?¿Y sobre la ascensión? Esos pasajes son aún más divergentes que los de la resurreción. Estaría bien apuntar que se puede "sacar" de ellos, yo creo que no tienen nada en común aparte de la idea de que Jesús se apareció y (para algunos) asecendió a los cielos. Un saludo
Enlace permanente Comentario por David RV 13.04.07 @ 19:23
Por otro lado, si no estoy equivocado, los especialistas afirman que Hechos se escribió entre 40 o 50 años después de la muerte de Jesús. ¿Es por tanto el relato atribuido a Pedro una reelaboración del autor de Hechos o la plasmación de la mixtificación que sufrió en el tiempo la tradición a que hace referencia?

La cuestión que planteo es: ¿a partir de qué momento se puede afirmar que ha visto la luz la segunda concepción de la resurrección de Jesús? ¿Tuvo lugar durante la predicación de los apóstoles o en una generación posterior?
Enlace permanente Comentario por Joaquim 13.04.07 @ 18:45
Dice que la creencia en una resucitación física tuvo lugar en un momento posterior a la creencia en una resucitación de carácter más espiritual. Sin embargo recoge un texto de Hechos atribuido a Pedro en el que éste asegura haber comido con el Jesús resucitado antes de su definitiva ascensión. Es decir, el paso de la primera a la segunda fase en la creencia de una resurrección idealizada a otra de tipo físico debiera de haber ocurrido en unos cuarenta días. Por tanto, si el relato de Hch. 10,39-41 hace referencia a una tradición real que recoge unas palabras dichas tal cual por Pedro, la teoría de las dos fases perdería cierta solidez.

Enlace permanente Comentario por Joaquim 13.04.07 @ 18:45
En él, aparece una redacción de tal esquematismo y sobriedad, que se compadece muy mal, a mi juicio, con ese orígen fundamentalmente "neurótico" (en sentido técnico) a que Ud. alude. Da gusto poder hablar de estas cosas en un blog de R.D., obviando las chorradas sobre curas, obispos, parroquias presuntamente rebeldes, etc. Muchas gracias. Saludos.
Enlace permanente Comentario por Pacomio 13.04.07 @ 17:53
Buenas tardes. Teniendo en cuenta la situación social de la época, y la psicología dominante consecuencia de ella, parece poco verosímil que una creencia, aceptada en principio, sí, pero desmesurada por su propia naturaleza, fuera aceptada sin más y arraigara entre los discípulos varones, caso de haberse generado en un grupúsculo de mujeres. De hecho, contamos con una referencia explícita en las fuentes (Lucas) en el sentido de un desprecio olímpico por parte de los principales discípulos hacia los "primeros informes" de las mujeres. Otra cuestión: ¿cómo explicar el arraigo y la persistencia o, mejor, la transformación en convicción firmísima de lo que, en su origen, sería un acontecimiento de naturaleza más o menos alucinatoria? Finalmente: usted, D.Antonio, no hace referencia a la primera transmisión escrita de la resurrección que, como sabe, se da en Pablo, lo que me extraña. En él, aparece una redacción de tal esquematismo y sobriedad, que se compadece muy mal, a mi juicio, con ese...
Enlace permanente Comentario por Pacomio 13.04.07 @ 17:50
Muy buenas:

Me parece una reconstrucción hipotética del pasado, a partir del análisis de texto, muy interesante. Sin embargo, la plausibilidad de la interpretación recae en gran medida sobre la costumbre del uso de expresiones como "resucitado" o "elevado" en la época, y el constraste de relatos. En particular, ¿qué fuentes utiliza para justificar el párrafo siguiente?:

"En el siglo I en Palestina una de las maneras de expresar este sentimiento era afirmar que el muerto había resucitado. En unos momentos en los que se creía en continuos milagros, viajes celestes, raptos del alma, apariciones de seres sobrenaturales, misiones de ángeles, etc., era ésta una idea perfectamente plausible."

Saludos cordiales.
Enlace permanente Comentario por masmadera 13.04.07 @ 14:53

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