La milonga verde de ZP y lo que nos cuesta al bolsillo a los españoles
17.12.07 @ 09:25:11. Archivado en Personajes
Cada vez que el presidente del gobierno se coloca la chaqueta verde contra el cambio climático y adopta una pose "algoriana" hay que echarse a temblar.
Zapatero ha encontrado en la lucha contra los gases contaminantes que amenazan, según su referente y apóstol Al Gore, con sumir al planeta en un "invierno infernal" y poner en peligro la supervivencia de los mortales terrícolas, la razón prioritaria de su quehacer político en el ultimo suspiro de la legislatura.
La anunciada promesa de emplear unos cuantos miles de millones de euros para que unos 500.000 hogares dejen de emitir cada año un insignificante 0,025% de CO2 del total que produce España, se antoja demasiado arroz extraído de las arcas públicas para tan escuálido pollo.
Ningún ejecutivo del mundo podría abandonar la reunión del consejo de administración de la compañía con su trasero indemne, después de presentar un ambicioso plan de inversiones como el detallado por Zapatero en su cruzada climática, cuyos beneficios, raquíticos, provocarían asombro e hilaridad.
Tampoco un presidente de Gobierno merece ser tomado en serio cuando se empeña en dilapidar la pólvora del rey matando moscas a cañonazos. El pretencioso "nuevo contrato del hombre con el planeta" que Zapatero vende está sobrado de marchamo electoralista y ayuno de proyectos y reflexiones serias sobre el modelo energético que debe adoptar España.
Ese y no otro es el gran debate pendiente e imprescindible que debe afrontarse con decisión y claridad.
Si Zapatero y por tanto el PSOE consideran que "España debe mantener una política razonable, progresiva, de reducción de la energía nuclear" a la que desdeñan porque no la ven como alternativa a las necesidades energéticas de nuestro país, el presidente y su partido están obligados, antes de las elecciones, a presentarnos un programa energético realista que sea capaz de responder a esas necesidades de consumo, cada vez mayores, sin que se incrementen los niveles de contaminación con CO2 y sin que ello repercuta escandalosamente en el bolsillo de los ciudadanos cuando paguen la factura de la luz y sus correspondientes trampas, ya sea por las subvenciones a las energías renovables o por el cierre de las centrales nucleares.
Zapatero no puede acabar, con una pincelada dialéctica de fácil digestión para ignorantes y convencidos de carné, con el debate nuclear. Este es un asunto que compete sobre todo, además de al Gobierno y al sector eléctrico, a los ciudadanos que deben saber con qué opciones energéticas se cuenta y cuales son sus correspondientes costes de producción y contaminación para después elegir las que más les convenga.
En ese sentido las cosas están lo suficientemente claras como para que después nadie se llame a engaño, por más que Zapatero se empeñe en confundirnos tirando de chequera verde: la producción hidroeléctrica es la mas barata y poco contaminante; el coste de un kilovatio por agua es de 1 peseta –permítanme que emplee la anterior moneda– mientras el producido por una central nuclear también es barato, unas 3 pesetas por kilovatio, y asimismo es energía limpia. No más cara, aunque puede llegar a las 5 pesetas, pero sí muy contaminante, es la generada por carbón.
A partir de aquí las opciones se encarecen notablemente. Si se emplea gas o petróleo en la producción energética, aumenta el nivel de contaminación y el kilovatio hasta las 9 pesetas; la eólica, sumamente limpia aunque de indudable impacto en el paisaje, alcanza las 14 pesetas y la fotovoltaica , asimismo nada contaminante, llega a las 70 por kilovatio.
Como solía decir el anterior presidente de Endesa, Manuel Pizarro, esas son las opciones y una vez conocidas, que sean los ciudadanos quienes decidan mientras se tientan los bolsillos y apelan a su conciencia medioambiental, qué tipo de energía quieren pagar.
Todo lo demás son milongas electoralistas como la algarabía con la que el Ministerio de Medio Ambiente anunciaba que en la mañana del pasado domingo 9 de diciembre los molinillos eólicos abastecieron un 33 % de la demanda energética de España.
El dato habría resultado trascendente si no fuera porque era un domingo por la mañana tras el largo puente de la Constitución y la Purísima, con la industria parada, la mitad de España encamada y la otra subida a un coche regresando a casa. Y además corrió el viento.
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Antonio Jiménez



