Pepenador de libros
10.07.06 @ 09:40:08. Archivado en Cultura
Cuando tengo la oportunidad ejerzo de pepenador de libros, una afición que recomiendo a mis lectores y que les puede dar muchas satisfacciones.
Con frecuencia muchos escritores ven sus obras relegadas al montón del olvido y a la indiferencia del lector-consumidor de best-seller. Muchas historias duermen en los brazos de Morfeo, hasta que unos grandes almacenes o algún osado mercadillo de libros los ubica estratégicamente apilados, para que el escudriñador de libros los encuentre. Son obras que inexplicablemente se convierten en breve tiempo en basura intelectual, aunque limpia y, por ello, los que tenemos ese entretenimiento de rebuscar, o de ejercer el oficio de pepenador de literatura, nos encontramos con alguna que otra estimable obra cuando rebuscamos atraídos por la llamada de las Letras.
Y ahora que andamos en la época estival, es bueno pertrecharnos con unas cuantas novelas para pasar nuestro tiempo de vacaciones lo más agradablemente posible y por un tiempo dejar a un lado lo cotidiano.
No hace más de quince días me topé con uno de esos cúmulos de libros, que colocan los grandes almacenes en las secciones de librería con el reclamo de oferta y de dos por tres (también una vez escribir sobre la oferta literaria de comprar libros al peso), cuando me dispuse a ejercer mi oficio de pepenador: allí encontré obras como las de Goffredo Parise “Salibario”, o la de Eliseo Alberto “Informe sobre mi mismo” o un tercero de Manuel Mújica “Bormazo”. Todos desconocidos para mí, sin embargo tienen muy buenas vibraciones, puesto que lo leído hasta ahora no entiendo como los tiene los tiene Morfeo en su regazo. Estos solo son unos cuantos ejemplos, podría exponer algunos más.
Así, que el tema tan manido de que los libros son caros y por eso poco se lee, o solo se lee aquellos que tienen mucho marketing y poca literatura (también los hay y muchos, ejemplo lo tenemos en el “Código Da Vinci” y toda su literatura satélite), no debe ser excusa alguna, pues tan solo con ejercer periódicamente el bello oficio de pepenador de libros, se tiene solucionada la opción de una lectura reconfortante.
Que bella palabra la de pepenar, que tiene el significado de rebuscar, derivada de la acción de penar. De tal modo, que les recomiendo pepenar o rebuscar un libro que les haga olvidar la cara decepcionante de nuestra España cotidiana
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Antonio Gázquez
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