Interpretar la historia
07.02.06 @ 21:22:52. Archivado en Mi opinión
El conocimiento de la historia, desde la objetividad, es el horizonte que todo ser humano debe ponerse como meta para aprender de su pasado, componer el presente y prevenir el futuro, puesto que la historia somos nosotros y nuestras obras. Nadie puede decir cómo le hubiese gustado que haya sido ni cómo ha de ser, lo contrario no sería historia, sería una mera ficción a conveniencia. La historia no tiene propietario, ni color ni signo. La historia es de todos, es neutra o generalmente contiene todos los colores del arco iris y en loa que caben todas los sentidos.
Lo que no es deseable, y cuando sucede, siempre suele deberse a una cuestión torticera, es el revisionismo como premisa principal para componer la historia de un pueblo. Puesto que no es deseable sacar a pasear a los muertos ni ha la memoria histórica por una mera cuestión de revanchismo. La distancia en el tiempo histórico hace que la visión se aclare y se despejen las telarañas del odio y la incomprensión.
Existe una máxima para todo aquel que desee escribir, investigar e interpretar la historia, que debe de cumplir como una regla fundamental: tiene que existir perspectiva temporal con el hecho que se cuenta, así el escritor estadounidense John Gardner lo hace ver en esta frase: “La historia jamás parece historia cuando la estamos viviendo”, puesto que se puede parecer mas a lo que quisiéramos que fuera.
Cuando estamos tan cerca de las cosas caemos siempre en el error de no ver el bosque porque estamos más preocupados por las hojas, y precisamente más por las hojas de cada uno. Posiblemente sea lo que suceda en este tiempo que nos ha tocado vivir, que andamos mas queriendo recomponer la historia inmediata, ya que pensamos que posiblemente también los que la escribieron lo hicieron con renglones amoldados a sus plumas. Pues ni lo uno ni lo otro.
Pero en todo esto hay que hacer claramente una distinción de dos conceptos: revisar y revisionismo. El primero es propio del historiador, que continuamente está yendo a las fuentes, contrastándolas, y poniéndolas en el valor que tiene cada una de ellas en el contexto histórico. Además está obligado a ir una y otra vez, en tanto que las nuevas técnicas de investigación históricas sean más precisas. Por otro lado, está el revisionismo, que se entiende como “actitud o tendencia favorable a someter a revisión comportamientos o doctrinas a fin de actualizarlos”, como puede deducirse el mismo concepto ya no está hablando de dos comportamiento que hoy día dan la impresión que se presentan: la actitud favorable a adaptar la historia a la doctrina de cada uno, sea la historia oficial o la historia partidaria. Pues bien, ni es historia la oficial ni la partidaria. La historia es sólo historia, es la dura realidad de los hechos del hombre. Pero esto no da ni votos ni poder, ya que es lo que se busca con ese febril revisionismo que se ha puesto tan de modo dentro de las filas socialistas. Tal vez, debamos tomar distancia para analizar la verdadera realidad de nuestra sociedad y despojarla de todo acaloramiento que induce la proximidad de los hechos.
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Antonio Gázquez
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