El blog de Antonio Cabrera

¿Habrá un "Aquarius" para el enfermo mental en España?

07.07.18 | 05:18. Archivado en Política, Sociedad, Sanidad

En estos días, todos los medios políticos y de comunicación –perdonen la redundancia- han «visibilizado» hasta la extenuación el drama de los inmigrantes del Aquarius. Que no les falte de nada, ordenó Sánchez el Solidario, flamante inquilino de la Moncloa. En consecuencia, ingentes medios técnicos y humanos se pusieron en marcha.

A tal fin, la Comunidad de Valencia, como puerto de arribada, fue la encargada del diseño de la operación cuasi militar «Esperanza del Mediterráneo». A su rebufo, Cruz Roja, Médicos sin fronteras, la Armada, Ministerio del Interior, Guardia Civil, Policía Nacional y Local, Protección Civil y un larguísimo etcétera de voluntarios y organizaciones políticamente correctas, incluida la Santa Madre Iglesia y el padre Ángel, se han sumado a la empresa de acoger en el puerto de Valencia a los 629 emigrantes del Aquarius -y sus dos buques de acompañamiento-, y proporcionarles todo lo necesario. Desde ropa y alimentos a cuidados médicos. Desde intérpretes y abogados, a psicólogos y amor fraterno. Luego vendrá todo lo demás, futuro monumento al inmigrante de Manuela Carmena incluido.

Paradójicamente, frente a este derroche de solidaridad, hay miles de seres humanos en peligro vital, españoles por más señas, que no importan a nadie. Olvidados por todos. Socialmente invisibles. Inexistentes. Me refiero a los enfermos mentales. Y ello pese a ser infinitamente más pobres que el más pobre de los inmigrantes del Aquarius –por no tener, no se tienen ni a sí mismos-, más desamparados, más dependientes, más aislados, más vulnerables, más indefensos, más necesitados que nadie. Más dolientes.

Seres humanos marginados –a veces hasta por su propia familia-, privados de su dignidad humana. Personas que sobreviven en condiciones infrahumanas, tratados peor que muchas mascotas. Apestados sociales como en otro tiempo lo fueron los leprosos o las víctimas de los campos de exterminio soviéticos y nazis.

No exagero, aunque como tantas cosas terribles pueda resultar increíble para algunos. Un ejemplo entre tantos: ala psiquiátrica del hospital Clínico San Carlos (Madrid). Segunda planta Norte. Si comparamos los recursos básicos hospitalarios del enfermo psiquiátrico frente a los que disfruta cualquier otro enfermo de este -magnífico en otros aspectos- hospital público, la diferencia es abismal.

Para empezar, las habitaciones del ala psiquiátrica son auténticas celdas. Peores que las de cualquier cárcel española. Frente a las magníficas camas anatómicas y articuladas, con control electrónico, del resto del hospital Clínico, las del área psiquiátrica son miserables catres, pequeños y destartalados. Confort cero. Todo en bien de los enfermos, claro. No vaya a ser que «el loco» toque los botones. Y eso, aunque algunos permanezcan atados al catre por la cintura, tobillos y muñecas desde el atardecer, tras la temprana cena, hasta el día siguiente. Por su bien, naturalmente.

Toda habitación del Clínico San Carlos, salvo el ala de psiquiatría, insisto, tiene dos juegos de luces en el cabecero de la cama, además de la iluminación del techo y luces de cortesía para no dejar la habitación totalmente a oscuras, todas controlables con un mando desde la cama. Por el contrario, el enfermo psiquiátrico, con frecuente pánico a la oscuridad, no tiene nada de eso. Una luz en el techo controlable únicamente desde fuera, y punto. Mejor que no se levante por la noche, si es que no está maniatado a la cama. Desorientado, tiene grandes posibilidades de caerse y que nadie lo recoja hasta el día siguiente.

Tampoco dispone en la cabecera de su cama de los habituales accesorios clínicos de cualquier otra habitación del hospital (oxígeno, aerosoles, etc.). Por su seguridad, faltaría más. Tampoco televisión, ni teléfono. Un «loco» no necesita distraerse, ni acompañar su soledad, ni hablar con su familia. Ni siquiera dispone de un timbre para comunicarse con el control de enfermería si se encuentra mal o necesita ayuda. Estaría bueno que se entretuviera en tocar el timbre y molestara al personal. Que se duerma (suele estar fuertemente medicado) y no joda. Y eso teniendo en cuenta, además, que siempre está solo, pues a él no le se permite que tenga acompañante. Sólo visitas de 16.00 a 18.00 horas, previo exhaustivo control de acceso y registro de bolsas de los visitantes por el celador de turno.

Su cuarto de baño es medieval. Ni toallero, ni portarrollos de papel higiénico, ni jabón, ni plato de ducha. El váter, un artilugio de metal, sin tapa y en forma de embudo. El lavabo, otro pequeño y extraño instrumento a juego con el váter, con un grifo con pulsador. Sólo agua fría. La ducha se reduce a una alcachofa fija cerca del techo y a un sumidero en el suelo. Eso es todo.

El resto de las «prestaciones» para el enfermo mental en el hospital Clínico San Carlos brillan a la misma altura. Su vestimenta, de calle, contrasta con la impoluta uniformidad de médicos y personal de enfermería. Del lavado de su ropa se debe ocupar la familia. Nada de
comidas en su «habitación». Para comer se le agrupa con el resto en una sala común de estar/comedor donde los enfermos, muchos ancianos, deambulan a su aire, con aspecto de muertos vivientes.

Sobre la limpieza ¿diaria? de la habitación y el cuarto de baño, así como el arreglo y cambio de ropa de cama y toallas, la realidad de los hechos, en ausencia de pruebas concluyentes, aporta perspectivas inquietantes. Como colofón, un espeso manto de silencio se extiende sobre el diagnóstico y tratamiento médico del enfermo mental cuando la familia solicita información.

Ante este trato inhumano y degradante, producto de la desidia y el abandono criminal del enfermo psiquiátrico por políticos demagogos, oportunistas y ruines -con la complicidad de las instituciones sanitarias responsables y el silencio cobarde de la mayoría de los medios de comunicación-, en España el enfermo mental necesita urgentemente un Aquarius mediático que lo salve del imperecedero infierno en el que agoniza desde siempre.

Si no reaccionamos y no lo rescatamos, todos seremos culpables. Tanto como quien ve a alguien ahogarse en el mar y mira hacia otro lado.


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por Llanos de Alba 10.09.18 | 01:48

    Socialmente invisibles. Inexistentes. Me refiero a los enfermos mentales..

    Siempre he sentido un cariño especial por los enfermos mentales, porque aunque nadie los comprendía, en sus "miedos" los comprendía yo.

    Siempre han estado muy solos, y es cierto que dependían mucho de la familia, dado que este sistema sanitario tiene el corazón duro, un pedazo de hielo que les impide empatizar con este grave problema que tenemos en nuestra sociedad, y ni una mención para ellos. Llegó un momento que creía que los enfermos eran ellos (mi hermano tenía esquizofrenia, falleció hace años)

Sábado, 22 de septiembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Julio 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031