El blog de Antonio Cabrera

Cristiano Ronaldo presidente de Gobierno (I)

13.06.17 | 20:05. Archivado en Sociedad, Familia, Internacional

Lo confieso: mi reino no es de este mundo. Pese a los numerosos precedentes de espectáculos de masas como éste –me niego a considerarlos deportivos- los prolegómenos de la final de la Champions en Cardiff me han vuelto a dejar estupefacto. Y su nudo y desenlace, ni les cuento. Me siento como un avestruz en los fiordos noruegos.

Y es que, como diría mi amigo Arturo, tiene huevos la cosa. El día de autos, la España diversa, alegre y confiada que avanza victoriosa por los caminos de la paz, amaneció merengue. Las principales emisoras de radio y cadenas de televisión de esta España de taifas, plurinacional y multiautonómica que nos hemos dado a nosotros mismos, y a nosotras mismas, habían cerrado filos y filas y, olvidando viejos agravios -y viejas agravias-, habían puesto en marcha un formidable despliegue de medios para cubrir tan magno acontecimiento. O sea, la retransmisión de la épica final de la «doceava» copa de la Champions League y las vicisitudes de las horas previas al encuentro. Y las posteriores, claro. Todos los medios querían mostrar, en vivo y en directo, el latir esperanzado y jubiloso de los aficionados españoles, y las aficionadas españolas, desplazados y desplazadas hasta las remotas tierras galesas para dejar constancia de su apoyo inquebrantable a Zinedine Zidane –futuro duque de Medina-Sidonia-, y su deslumbrante Armada Invencible. La versión 2.0 de aquella que enviara Felipe II a la pérfida Albión, allá por el año 1588 de Dios nuestro Señor.

Todos los telediarios sin excepción conectaron con sus enviados y enviadas especiales a Cardiff. Esa noble ciudad -de apenas 350.000 habitantes, insistía emocionado Matías Prats- que hasta ayer mismo muchos aficionados madridistos y madridistas pensaban que era un vodka ruso, como el Smirnoff, hoy manejaban con soltura cosmopolita los nombres de las ciudades inglesas delante de las cámaras de televisión: Cardiff, Bristol, Birmingham, Liverpool, decían. Daba gloria oírlos. Cosas de viajar. Para que luego critiquen a los hinchas, con lo cultos que son.

Un inciso. Habrán comprobado ustedes que repetir cansinamente lo del masculino y el femenino plural como hacen los políticos y las políticas, además de una patada en la ingle a la RAE y una gilipollez supina, es un coñazo insufrible, por lo que, a partir de ahora, me van a permitir que no los siga utilizando. Continuemos.

Entre todas las cadenas de televisión ha destacado Atresmedia (Antena3 TV), benéfica entidad donde las haya, firme defensora de la salud de los ciudadanos e incansable paladín -lo siento, pero no existe el sustantivo paladina- audiovisual contra la violencia machista-denúncialo y los accidentes de tráfico. Todo un ejemplo. La esforzada cadena, arrimando todas las ascuas a su sardina televisiva fue líder de audiencia, con un especial informativo que para sí hubieran querido el inventor de la penicilina o el futuro descubridor de la vacuna contra el cáncer. Alucinante. Como aperitivo, Antena 3 TV dedicó al evento nada menos que treinta y cinco minutos en su telediario de la tarde, según contabilizó mi amiga Isabel, tan metódica ella.

El show informativo -que se inició dos horas antes del partido- estuvo presentado por Matías Prats y se prolongó hasta altas horas de la madrugada. El locutor, eufórico, glosó junto a sus colaboradores la gesta del Real Madrid goleando por 4-1 a la Juventus, su correoso y nada colaborador adversario. De su mano compartimos con los aficionados curiosas anécdotas relacionadas con el desmesurado evento «deportivo». Como la de una honrada madre de familia, de mediana edad y algo entrada en carnes, contando jubilosa su viaje a Cardiff en pos de sus colores. «He venido desde Badajoz con mi marido y mis dos hijos pequeños a pasar el día en familia -explicaba risueña-; aunque veremos el partido por televisión porque no tenemos entradas». O la de un probo currante del metal contándonos sus peripecias logísticas. «Nos hemos tenido que alojar en Bristol porque en Cardiff no hay plazas hoteleras –reconocía, ecuánime-. Estamos a 300 km del estadio, pero merece la pena el esfuerzo. Todo por el Madrid y la victoria», concluía patriótico.

También pudimos conocer de primera mano los problemas de alojamiento de los hinchas españoles. Cardiff –ciudad de apenas 350.000 habitantes, insistía pedagógico Matías, sólo dispone del 5% de plazas hoteleras- O sea, menos de 10.000, pues se espera una afluencia de 200.000 visitantes entre propios y foráneos –remataba Matías, como si fuera un corner- Luego, un cambio de cámara mostraba una panorámica de la ciudad, mientras una voz en off -y sin embargo femenina- nos contaba que los aficionados más pudientes pagarían unos 1.000 € -importe del peaje revolucionario-hotelero impuesto por los cardiffenses- por dormir bajo techado. El resto -continuaba relatando la voz en off, mientras las imágenes mostraban amplias explanadas donde se apiñaban minúsculas tiendas de campaña, tipo aneto-, lo harán en estas tiendas que han habilitado las autoridades competentes, previo pago de 300 € si no quieren dormir al raso, matizaba la voz femenina. Lo que no se sabe –eso no lo decía la voz- es si esa pasta gansa era por tienda o por cabeza de aficionado. No me negarán que son historias sabrosas.

Y así, esperando impacientes el comienzo del partido, conocimos más sorprendentes anécdotas; los detalles de las medidas de seguridad para acceder al estadio o la entrañable entrevista al Rey emérito, Juan Carlos I, junto a la presidenta Cristina Cifuentes y la alcaldesa Manuela Carmena, reunidos para la ocasión ante las cámaras para comentar tan fausto acontecimiento. Mariano Rajoy, fiel a su estilo, asistió de incógnito, camuflado en la tribuna de invitados detrás de Florentino Pérez, sin que nadie dijera ni pio de su presencia. Luego vendría el éxtasis del triunfo madridista en el Bernabéu, el caluroso recibimiento de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid a los héroes y a su caudillo, Cristiano Ronaldo, así como la apabullante celebración de la victoria en la plaza de Cibeles de Madrid. Pero eso se lo contaré otro día. Los dos folios de que dispongo no dan para más.

(Continuará)


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