Hablar a estas alturas de las peripecias del caso Urdangarín parece superfluo. Sin embargo resaltar la vulneración de su derecho fundamental a la presunción de inocencia y a un juicio justo con todas las garantías procesales, valga el oxímoron, no lo es en absoluto. Sobretodo desde estas páginas donde algunos venimos clamando por esos mismos derechos fundamentales del varón pisoteados por la inicua ley contra la violencia "de género". Una vez más se pone de manifiesto la dictadura de los medios de comunicación, correa de transmisión del poder político, como herramienta insustituible para la manipulación de masas.
Bibiana Aído promovió el "Mapa de la excitación sexual del clítoris". Su digna sucesora, Ana Mato, apuesta por incrementar las medidas de "discriminación positiva" en favor de la mujer y promete elaborar un "Mapa de la Discriminación en España". Además la señora ministra, como desagravio al lobby rosa y morado -ofendidísimo por la audaz alusión de la ministra a la violencia doméstica en su toma de posesión -una referencia
El próximo 10 de febrero el feminismo radical ha convocado una «marea violeta contra los ultraconservadores», una movilización nacional «contra el retroceso de las políticas de igualdad». O sea, para entendernos, que el lobby feminista (asociaciones, federaciones, coordinadoras de toda laya, institutos y secretarías de la mujer, observatorios «de género» y sus adláteres de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales de «todo el Estado») no se resigna a perder ni un sólo euro de las suculentas subvenciones de las que viene disfrutando por su lindo morro feminista, feministo o feministe, a cambio de su apoyo a la casta política de turno.
Desgraciadamente, el denominado Síndrome de Alienación Parental (SAP) es una auténtica enfermedad mental inducida en los menores por uno de sus progenitores, que tiene como caldo de cultivo los procesos de separación y divorcio de sus padres: cuando el progenitor alienador, mediante distintas estrategias -todas perversas-, transforma la conciencia de los niños con objeto de obstaculizar primero, e impedir y destruir después, sus vínculos con el otro progenitor.
No se trata, por tanto, que con tiempo y suerte los niños maduren y que elijan libremente, etcétera. Es algo mucho más grave; a veces de una vileza insufrible, y siempre dramático y cruel. Es un trastorno mental, criminalmente provocado en el menor, que no cura el tiempo sino que lo agrava hasta destruir los vínculos afectivos con el progenitor odiado.
Viernes, 25 de mayo
Antonio Cabrera
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos