Albert-Akenatón, Albert-Akenatón-Ra o Albert-Ajenatón-Ra, también conocido como Ruiz-Gallartón I, faraón del Alto, Medio y Bajo Manzanares nace en la capital del imperio el año 1958 (D.C.)
Lamentablemente, el estado actual de la investigación histórica nos impide ofrecer una visión, siquiera parcial, de la doctrina de Albert-Akenatón porque a fecha de hoy sigue siendo un misterio filosófico insondable. Nadie sabe donde se ubica realmente su filosofía política, lo que constituye uno de los arcanos más profundos de la politología hispana.
Lo que sí sabemos es que Ruiz-Gallartón I -perfecto conocedor de la gramática sumeria, caldea, persa, babilónica, arábiga y latina- fue el faraón apóstata y hereje que derribó de su pedestal a todos dioses populares, pasando del politeísmo centrista y popular -hasta entonces imperante- al monoteísmo progre y jeroglífico. Sólo un dios: Albert-Akenatón-Ra, el Dios Viviente. La historia de las tierras bañadas por el Manzanares puede resumirse en dos etapas: antes de Albert-Akenatón y después de Albert-Akenatón. Con Él ya nada fue igual. Bajo su égida, las estructuras políticas, económicas, sociales y artísticas del Alto, Medio y Bajo Manzanares cambiaron radicalmente.
El reinado de Albert-Akenatón, caracterizado por sus grandiosas construcciones capitalinas y sus abusivas subidas de impuestos a los madrileñitas, rompió definitivamente con el gobierno de anteriores faraones de la II Dinastía de La Gaviota, en especial con el de su predecesor, Alvarofis Ptolomeo Manzanae que, según sabemos, se caracterizó por su humildad y la moderación en el gasto público, bajo el lema “Más ladrillos con menos impuestos”.
Por el contrario, la primera medida que adoptó Ruiz-Gallartón I al ocupar el Trono fue una subida generalizada de impuestos a los madrileñitas, con el fin de recaudar mil millones de euros más que Alvarofis Ptolomeo Manzanae. Especial virulencia alcanzó la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), tributo que pagaban los siervos al faraón por tener una vivienda en propiedad, creciendo un 25% con carácter general y hasta un 50% para las viviendas presuntamente desocupadas.
Estos hechos causaron una gran conmoción entre los escribas independientes del Imperio, y una indescriptible aflicción entre sus súbditos que se sabían condenados a trabajar, de sol a sol, hasta el año 2016 (D.C) para costear las muchas y faraónicas obras con las que Ruiz-Gallartón I quería perpetuar su nombre, preparar su desembarco en el Reino del Más Allá, navegando a través de los Grandes Juegos, y rodearse de la magnificencia y el esplendor dignos de su condición divina. A tal fin, Albert-Akenatón ordenó instalar su residencia junto a la estatua de la diosa Cibeles, en el Templo de las Comunicaciones, haciéndose acompañar por más de 300 sacerdotes, consejeros áulicos y escribas de su entera confianza que, día y noche, rendían culto al Dios Viviente y cantaban sus alabanzas.
Esta decisión impresionó mucho a otros faraones de territorios vecinos, como los de Leganés, San Fernando de Henares y Alcorcón -pertenecientes al impropiamente denominado cinturón rojo de la capital del Imperio- que, de inmediato, se dispusieron a seguir su ejemplo. Sin embargo, muchos madrileñitas no pudieron resistir tanta presión fiscal y algunos, los más débiles, se cortaron las venas. Otros, la mayoría, oraban a Osiris -dios de La Gaviota y rey de La Eternidad- para que Isis, su esposa -madre de todos los dioses y gran sacerdotisa de Asuntos Sociales en la corte de Ruiz-Gallartón I, intercediera por ellos y les bajara los impuestos.
Pero sus súplicas no fueron escuchadas y, entre un llanto y crujir de dientes espantoso, los impuestos generalizados, el pavoroso caos circulatorio -fruto de la decisión del Dios Viviente de soterrar la M-30- unidos al insoportable tormento de escuchar sus continuas proclamas justificando la necesidad de tan grandiosas construcciones capitalinas diezmaron, como plagas bíblicas, a la población madrileñita.
Según las investigaciones más recientes, todo apunta a que aquellos hechos -que alcanzaron su apogeo en el año 2007 (D.C.)- fueron el origen del ocaso, y posterior desaparición, de la II Dinastía de la Gaviota.
Post Scritum:
Alex:
En relación con su comentario siento desilusionar sus afanes delatorios de presuntos plagios y desvergüenzas.
Este post es una reedición de mi artículo, de igual título, publicado hace casi cinco años (10/12/2004) en El Cortijo Digital, del que soy editor, y posteriormente reproducido por otros medios de prensa. He aquí unos cuantos:
Periodista Digital (Columnistas)
Vistazo a la Prensa (Contraportada)
Conviene contrastar los hechos antes de emitir juicios temerarios. De lo contrario se queda uno en pelota picada ¿verdad?
Sábado, 18 de febrero
Antonio Cabrera
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
José Pómez
Francisco Rubiales