Argumenta Fernando Díaz-Plaja en su magnífico, y sin embargo divertido ensayo,
«El español y los siete pecados capitales” que es la envidia el mayor de nuestros defectos. Una multitud abigarrada de filósofos, pintores y poetas; políticos, novelistas y toreros desfila por sus páginas para demostrarnos bien a las claras porqué somos el país más envidioso del mundo. Y el más generoso también. Paradojas del alma española.
Ya advierte el refrán que no se debe desnudar a un santo para vestir a otro. Y mucho menos si éste no está desnudo, y al que se despoja de sus ropas es el más humilde, el más indefenso y el más tonto de los dos. Si además el encargado del guardarropa -el párroco del refrán- no actúa guiado por beatíficos intereses litúrgicos y de su feligresía, sino con ánimo de lucro o promoción personal, el striptease de los santos se convierte en un expolio de tomo y lomo.
Cuando se ha cumplido el trigésimo aniversario de la Constitución urge, paradójicamente, democratizar la vida municipal. Esa es, en mi opinión, la gran asignatura pendiente de nuestra democracia. Sobre todo en pequeños y medianos municipios que, por su naturaleza, carecen de instrumentos eficaces para articular un efectivo control del apabullante poder municipal.
Aún son muy numerosos los alcaldes sátrapas -verdaderos mandarines-, en nuestros ayuntamientos. Vestigios medievales de un poder omnímodo, establecido con la excusa de hacer frente al carácter "montaraz" o "anárquico" del español, en aras de la gobernabilidad de sus municipios.

Esas fueron las primeras palabras que fray Luis de León dirigió a sus alumnos al reanudar sus clases en la universidad de Salamanca, tras cinco años de prisión en las cárceles de Valladolid acusado por la Inquisición como sospechoso en materia de fe.
Jueves, 16 de febrero
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla