Hace cinco años, precisamente un día como hoy -festividad de los Santos Inocentes- el Congreso de los Diputados aprobaba por unanimidad de todos los grupos parlamentarios la denominada «Ley Integral contra la Violencia de Género»
Hace cinco años, precisamente un día como hoy -¿premonición tal vez?- en que los cristianos recordamos la matanza hace 20 siglos de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y en sus alrededores, ordenada por Herodes para así asegurarse la eliminación de un recién nacido llamado Jesús, el Congreso de los Diputados parió una de las leyes más regresivas, más injustas, más arbitrarias, más discriminatorias y más inconstitucionales de nuestro reciente periodo democrático.
Vivimos bajo la dictadura de lo políticamente correcto. Con gloriosas excepciones como la de Francisco Serrano, titular del Juzgado de Familia nº 7 de Sevilla o María Sanahuja, ex decana de los juzgados de Barcelona.
Rebaños de personas pastoreadas por cualquier mercachifle/a se agolpan en el redil, zarandeadas de un lado al otro de la valla al albur del perro del pastor que las somete a su antojo.
¿Hasta cuando la tiranía? ¿Hasta cuándo seguiremos soportando inermes las dentelladas del perro/a de turno? ¿Hasta cuándo habremos de aguantar la prepotencia, el desmán, la desvergüenza, la osadía, la insolencia y la carcundia de tanta asociación feminista radical, grotesca y amenazante, compulsiva y violenta, totalitaria y fascista enfrentada a la mitad de la humanidad por razón de su sexo?

Vivimos en la era de la ciencia y la tecnología. La velocidad, la informática y las telecomunicaciones condicionan nuestra vida. La medicina, apoyada en la ciencia, avanza al ritmo vertiginoso que le impone la tecnología y hasta de la clonación humana ya solo nos separa una frágil barrera ética, que el tiempo acabará por derribar. Todo aparenta estar a nuestro alcance y nada, por difícil que parezca, resulta inalcanzable. ¡Por fin estamos en los albores de un mundo feliz!

En estos días de euforia consumista es cuando más quedan con el culo al aire ciertos hipermercados -o grandes superficies- según denominan algunos a estos centros comerciales, como si fueran las estepas rusas o los llanos de La Mancha.
Albert-Akenatón, Albert-Akenatón-Ra o Albert-Ajenatón-Ra, también conocido como Ruiz-Gallartón I, faraón del Alto, Medio y Bajo Manzanares nace en la capital del imperio el año 1958 (D.C.)
Lamentablemente, el estado actual de la investigación histórica nos impide ofrecer una visión, siquiera parcial, de la doctrina de Albert-Akenatón porque a fecha de hoy sigue siendo un misterio filosófico insondable. Nadie sabe donde se ubica realmente su filosofía política, lo que constituye uno de los arcanos más profundos de la politología hispana.

Trabajo y vivo en Madrid, aunque tenemos casa en Hoyo de toda la vida. Durante el otoño-invierno, salvo excepciones, venimos muy poco. Mi mujer se queja de que en Hoyo no tiene vida social y los chicos de que se aburren.
Estaban eufóricos. La campaña de emponzoñamiento de la opinión pública que les llevó al poder tras la terrible masacre del 11-M, había sido un rotundo éxito. Ahora había que diseñar el exterminio del adversario político. Por eso admitieron de mala gana la comisión de investigación. Las responsabilidades políticas ya las habían depurado los españoles en las urnas, y las penales eran cosa de los tribunales de justicia, repetía sin pudor Rasputín Rubalcaba a los medios polanquistas, y a las radios y a las televisiones públicas de la camarada Caffarel.
No conozco quién se esconde tras el seudónimo de Tarquino. No sé si es vecino -o vecina-, de Torrelodones. O si lo es de Hoyo de Manzanares. Tampoco sé si es un veraneante más, si ha estado alguna vez en estos municipios, o si tan siquiera me conoce, pero por su lamentable epístola, publicada en LA VOZ del pasado mes de noviembre, imagino la torpeza del personaje y la catadura moral con que se adorna.
Puedo prometer y prometo que no soy el autor de este chascarrillo sobre Hoyo de Manzanares. No sé su origen, pero quizás se deba a las muchas y muy singulares peculiaridades de su Ayuntamiento que, tristemente, han convertido a este noble municipio en un cortijo sin precedentes en todo el noroeste de la Comunidad de Madrid.
Por paradójico que parezca, el esplendor de las tecnologías de la información y del conocimiento ha alumbrado enormes agujeros
negros en los derechos de millones de personas. En la era rutilante de la sociedad del bienestar, el imperio de la ley y los derechos civiles, millones de ciudadanos son víctimas de la explotación meticulosamente planificada de los nuevos esclavistas del siglo XXI.
Argumenta Fernando Díaz-Plaja en su magnífico, y sin embargo divertido ensayo,
«El español y los siete pecados capitales” que es la envidia el mayor de nuestros defectos. Una multitud abigarrada de filósofos, pintores y poetas; políticos, novelistas y toreros desfila por sus páginas para demostrarnos bien a las claras porqué somos el país más envidioso del mundo. Y el más generoso también. Paradojas del alma española.
Ya advierte el refrán que no se debe desnudar a un santo para vestir a otro. Y mucho menos si éste no está desnudo, y al que se despoja de sus ropas es el más humilde, el más indefenso y el más tonto de los dos. Si además el encargado del guardarropa -el párroco del refrán- no actúa guiado por beatíficos intereses litúrgicos y de su feligresía, sino con ánimo de lucro o promoción personal, el striptease de los santos se convierte en un expolio de tomo y lomo.
Cuando se ha cumplido el trigésimo aniversario de la Constitución urge, paradójicamente, democratizar la vida municipal. Esa es, en mi opinión, la gran asignatura pendiente de nuestra democracia. Sobre todo en pequeños y medianos municipios que, por su naturaleza, carecen de instrumentos eficaces para articular un efectivo control del apabullante poder municipal.
Aún son muy numerosos los alcaldes sátrapas -verdaderos mandarines-, en nuestros ayuntamientos. Vestigios medievales de un poder omnímodo, establecido con la excusa de hacer frente al carácter "montaraz" o "anárquico" del español, en aras de la gobernabilidad de sus municipios.

Esas fueron las primeras palabras que fray Luis de León dirigió a sus alumnos al reanudar sus clases en la universidad de Salamanca, tras cinco años de prisión en las cárceles de Valladolid acusado por la Inquisición como sospechoso en materia de fe.
Viernes, 25 de mayo
Antonio Cabrera
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos