Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Carta de Adviento

30.11.18 | 09:24. Archivado en Adviento

CARTA DE ADVIENTO
VOCABULARIO DE ADVIENTO

ADVIENTO
La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano, se refiere a la venida de Jesucristo. La Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor. Tiempo de espera, de expectación.

ALEGRÍA
Es la actitud que brota del corazón cuando se presiente la cercanía de la llegada de Aquel que se ama y nos ama. La Liturgia nos invita a manifestar el gozo interior porque se aproxima el nacimiento de Nuestro Salvador. La sociedad se expresa con luces y canciones, el alma del creyente, con profundo regocijo.

AMOR
El tiempo que precede a la Navidad es propicio para intercambiar gestos de amistad, de amor, como expresión del don que supone la venida de Dios al mundo, regalo supremo que el Creador hace a su criatura. La generosidad, el compartir los bienes, la solidaridad con los más menesterosos surge al experimentar la bondad divina.

CONFIANZA
En el tiempo previo a la Navidad se nos invita a confiar en las promesas divinas, que tienen su cumplimiento con la venida de Dios al mundo, cuando se encarna en la Nazarena, y nace en Belén el Hijo de Dios y de María.

ESPERANZA
Es la actitud más adecuada en el tiempo de preparación para la Navidad. Es virtud teologal, que se experimenta por la gracia, fruto del don de la fe, pues no se funda en el deseo de que acontezca nuestra voluntad, sino la voluntad de Dios.

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XXXIV Domingo T.O. Cristo Rey

24.11.18 | 16:34. Archivado en Comentarios Dominicales

XXXIV DOMINGO DEL T.O. “B”. CRISTO REY
(Daniel 7, 13-14; Sal 92; Ap 1, 54-8; Juan 18, 33b-37)

COMENTARIO
Según la cultura de cada tiempo, así se comprenden ciertas expresiones sociales y familiares. En una hora en la que se diluye la figura del padre, e incluso desaparece el padre reconocido, hay quien siente dificultad de presentar a Dios como Padre, si la referencia biológica y familiar está tan afectada por la ausencia paternal.

Si invocar la paternidad de Dios puede resultar contracultural, ¡qué no diremos de las expresiones sobre Jesucristo, que nos ofrecen las lecturas de hoy, cuando se nos presenta con poder, dominio, señorío, en majestad, como príncipe y como rey!
Podría parecer que el lenguaje bíblico es en verdad contracultural y que choca con la sensibilidad social de este momento. Y, sin embargo, no cabe subterfugio. Jesús invoca a Dios como Padre, y nos enseña a orar como hijos de Dios. Pilato pregunta directamente a Jesús sobre su identidad real, y Jesús le contesta: -«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Si contemplamos atentamente las lecturas, no solo se nos revela la identidad real de Jesucristo, sino también la nuestra: “Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre.” Somos de estirpe real, y convertidos en hijos de Dios.

Nuestra naturaleza reclama la dimensión vertical, conocer nuestro propio origen. Es un derecho de toda persona, y cuando no lo encuentra siente una orfandad dramática. La antropología cristiana nos inserta en las manos de un Creador, que es Padre y Madre, con amor entrañable, quien se nos ha revelado en su Hijo Jesucristo por quien todo ha sido creado. Él es el principio y el fin de todo, el alfa y la omega de la historia.

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XXXIII Domingo del T. O. "B"

17.11.18 | 09:51. Archivado en Comentarios Dominicales

XXXIII DOMINGO, T.O. “B”(Dn 12, 1-3; Sal 15; Hbr 10, 11-14.18; Mc 13, 24-32)

COMENTARIO
Para comprender la selección de los textos que nos propone hoy la Iglesia, debemos situarnos en el calendario litúrgico. Los matices apocalípticos que se perciben en las diferentes lecturas se deben a que se está culminando el Año Litúrgico, y al ser final de ciclo, se alude también al final de los tiempos.

Nos ha podido extrañar la llamada del papa Francisco a invocar la protección del arcángel san Miguel como defensor de la Iglesia. Las Escrituras nos revelan la fuerza del ser celeste en la lucha que se entabla contra los poderes del mal: “Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo”.

No se nos oculta el momento que vivimos, tiempo que puede presentirse difícil. Sin embargo, nunca la Iglesia tiene miedo de perecer; sabe que el Señor es su valedor y sus ángeles, sus defensores. Francisco cree en la fuerza de la oración y en la mediación favorable de los ángeles, de los santos, y sobre todo de la Virgen María.

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XXXII Domingo del T.O. "B"

10.11.18 | 09:48. Archivado en Comentarios Dominicales

XXXII DOMINGO DEL T.O. “B”(1Re 17, 10-16; Sal 145; Hbr 9, 24-28; Mc 12, 38-44)

COMENTARIO
Debo reconocer que el texto del profeta Isaías que se nos ofrece hoy en la liturgia de la Palabra ha sido uno de los que más han afectado mi historia personal e incluso mi acompañamiento a la comunidad de monjas de Buenafuente en los primeros años de mi ministerio como capellán, en el que he cumplido ya 49 años.

Cuando muchos veían que la única salida del Monasterio de Buenafuente y de sus monjas era cerrar la comunidad, el pasaje bíblico de la viuda de Sarepta se convirtió en luz y en esperanza. Hace medio siglo al Sistal no le quedaba más que elegir entre cerrar sus puertas o fiarse de Dios, como lo hizo a viuda con el profeta, y arriesgarse, a través de la hospitalidad, a emprender una opción de acogida para quienes deseaban fortalecer su fe; serenar su espíritu, alimentar su esperanza, gustar el desierto, adentrarse en la contemplación… Y esto supuso a las monjas dejar hasta sus colchones para que descansaran los huéspedes, mientras ellas dormían sobre jergones rellenos de hierba seca.

Este ejemplo sigue siendo referencia personal; lo tengo como llamada permanente en las distintas encrucijadas y dificultades. La fe da motivos de esperanza. El que cree no se arriesga de manera pretenciosa, fiado en sus fuerzas, sino que se abandona en las manos de Dios, de quien sabe que es providente, aunque en el presente sienta el despojo, como condición y prueba que acrisola y consolida la fe.

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XXXI Domingo T.O. "B"

03.11.18 | 18:38. Archivado en Adviento, Comentarios Dominicales

XXXI DOMINGO DEL T. O. “B”(Dt 6, 2-6; Sal 17; Hbr7, 23-28; Mc 12, 28b-34)

COMENTARIO

Al escuchar el texto del Deuteronomio que se proclama en la liturgia de este domingo, es posible que lo interpretemos en clave moralista, al tratarse del precepto principal, que nos exige la respuesta ética de cumplir la ley. Ante esta interpretación puede surgirnos cierta resistencia, como cuando se nos obliga a algo, sobre todo si percibimos exigencia.

Si observamos la selección de los textos que escoge la Iglesia para este domingo, podemos constatar que hay un verbo que se repite en la primera lectura, en el salmo, en la antífona del Aleluya y en el Evangelio, y es el verbo amar.

En griego hay tres verbos diferentes para expresar la relación afectiva, que normalmente en castellano traducimos de la misma manera con el verbo amar. En las lecturas de este domingo, el evangelista san Marcos usa el verbo “agapao”, “άγαπάω”, que es la forma más noble, gratuita y teologal de relacionarnos, tanto con Dios como con el prójimo. Es importante observar que el Maestro emplea el mismo verbo, tanto para la relación con Dios, como para la que mantenemos con nuestros semejantes.

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