Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

VI Domingo de Pascua: La Iglesia

30.04.16 | 14:18. Archivado en Pascua

VI DOMINGO DE PASCUA
(Act 15, 1-2. 22-29; Sal 66; Ap 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29)

LA IGLESIA

Estamos llegando al final de la cuarentena pascual, y las palabras de Jesús en el Evangelio suenan a despedida, pero a la vez nos ofrecen una clave que es transfiguradora en todo tiempo. “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo” (Jn 14, 28-29).

En principio parece que el despojo de la visión de la persona de Jesús es motivo de tristeza, pero si creemos que el Resucitado permanece entre nosotros, su marcha nos posibilita una relación más inmediata que si se apareciera visiblemente. Es la presencia que nos promete en la Iglesia, en la Palabra, en la Eucaristía, en la asamblea reunida en su nombre, en el prójimo, y hasta en los mismos acontecimientos.

La nueva Jerusalén ha comenzado, y la visión del Apocalipsis tiene su mejor concreción en la Iglesia. Ella es la esposa, la revestida como una novia, la nueva Jerusalén: “El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios” (Ap 21, 10).

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V Domingo de Pascua. La señal de los cristianos

23.04.16 | 14:14. Archivado en Pascua

V DOMINGO DE PASCUA
(Act 14, 21b-27; Sal 144; Ap 21, 1-5ª; Jn 13, 31-33a. 34-35)

LA SEÑAL DE LOS CRISTIANOS

No somos tan ingenuos como para pensar que por ser cristianos tenemos un solo corazón y una sola alma, ni mitificamos la debilidad humana, como si no supiéramos que, a pesar del mandamiento nuevo, que nos dejó Jesús en la noche de Última Cena, el amor mutuo sigue siendo en muchos cristianos un proyecto, un deseo y un combate.

Sin embargo, a pesar de la debilidad personal, del egoísmo innato, de la percepción íntima de la conciencia, en la que aparecen la envidia, los celos, la rivalidad, las palabras de Jesús son para muchos motivo de entrega y horizonte de sentido.

El mandamiento del amor mutuo, que nos dio Jesús, sigue siendo nuevo: “La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros” (Jn 13, 35). Hay muchos cristianos que en medio de una cultura del descarte son signos luminosos. En medio de la corrupción, de la guerra, entre los deportados, y entre todos los marginados, quizá de manera silenciosa y anónima, como fermento en la masa, permanece el amor, que supera ideologías, razas y religiones…

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IV Domingo de Pascua: El Buena Pastor

16.04.16 | 11:06. Archivado en Pascua

IV DOMINGO DE PASCUA: EL BUEN PASTOR
JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

(Act 13, 14. 43-52; Sal 99; Apc 7, 9. 14b-17; Jn 10, 27-30

EL PASTOR BUENO

Tengo muy reciente el impacto de las imágenes de primavera en la Tierra de Jesús. Casi siempre he hecho la peregrinación en verano o en otoño, pero esta vez al haber sido en la semana de Pascua, he podido contemplar un paisaje inédito para mí, al ver los montes verdes, cubiertos de hierba, y las reses pastando por los prados, circunstancia que hace más fácil poner imágenes al salmo que canta al Pastor bueno que conduce a sus ovejas a verdes praderas y a fuentes tranquilas.

Si ubicamos el signo de la multiplicación de los panes en una pradera, junto a siete fuentes, podemos interpretar dónde y cómo cuida y alimenta el Buen Pastor a quienes le siguen, con la donación total de sí mismo, hecho alimento y bebida.

Una imagen que representa a Jesús en el arte paleocristiano es precisamente la del Buen Pastor; así lo hemos contemplado a la entrada del teatro de Cesarea Marítima, donde se expone el hallazgo de una escultura de mármol blanco, algo deteriorada, pero que permite apreciar muy bien la figura del pastor que lleva sobre los hombros una oveja.

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III Domingo de Pascua; Galilea

08.04.16 | 21:48. Archivado en Pascua

III DOMINGO DE PASCUA
(Act 5, 27b-32. 40b-41; Sal 29; Apc 5, 11-14; Jn 21, 1-19)

GALILEA

Debo confesar que, al celebrar el encuentro de Pascua en Buenafuente, junto a casi 250 amigos que se habían desplazado desde los lugares más remotos hasta el Sistal para vivir los días santos junto a la Comunidad Cisterciense, días intensísimos de trabajo y de sentimientos, se me presentaba muy costosa la peregrinación diocesana de Sigüenza-Guadalajara, que he estado acompañando durante la octava de Pascua. Y sin embargo, cómo no agradecer de nuevo haber tenido el privilegio de estar en los días pascuales junto al Lago de Galilea.

Este año me resuena de manera especial la indicación de Jesús resucitado a las mujeres: “Decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”, a la vez que, tan recientemente, mis ojos se han quedado reflejados en las aguas de Tiberiades. El clima, la humedad, el horizonte, la flora, la brisa, la bóveda celeste, la ribera del mar en Galilea muestran el escenario donde tuvo lugar el acontecimiento más restaurador de aquellos pescadores desalentados. Y llega hasta nosotros el eco evangélico de esas escenas luminosas, cuando leemos estos días los pasajes que tuvieron lugar en Tiberiades.

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Octava de Pascua: Divina Misericordia

02.04.16 | 19:10. Archivado en Pascua

II Domingo de Pascua

Acto 5, 12-16; Sal 117; Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-21

EL DÍA OCTAVO

En la Biblia no son indiferentes las citas numéricas, y al igual que hemos vivido la referencia “a los tres días”, “al tercer día”, cifra que contiene un significado pascual de muerte y resurrección; al igual que nos resuena todavía la expresión “el primer día de la semana”, que coincide con nuestro domingo, para señalar el día de la resurrección de Cristo; el octavo día, no solo significa la reiteración del ciclo semanal, sino el día más pleno.

En la noche de Pascua se proclamaba el relato de la creación, y en él se iban desgranando los siete días en los que Dios hizo su obra magnífica, por la que exultó satisfecho, al ver que todo había sido hecho bueno, ¡muy bueno! Los que nos ayudan a comprender las Escrituras, nos enseñan que el día de la resurrección es el octavo día, el día definitivo, con el que Dios ha consumado no solo la creación, sino también la redención, por lo que todo vuelve a ser bueno y amado.

Celebrar el octavo día es celebrar el último día, el día que no acabará hasta que se consume la tierra, mientras dure la representación de este mundo. En este día, celebrar la octava de Pascua nos permite gustar hasta qué extremo se realiza la plenitud en nuestra vida, gracias a la misericordia divina.

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Volved a Galilea

01.04.16 | 21:38. Archivado en Pascua

TRAVESÍA DEL LAGO DE GALILEA

Quisiera, Señor, apresar el instante de luz amable, el beso de la brisa suave, el frescor de la mañana, al alba, el reflejo de mis ojos en las aguas de este mar bendecido de presencia.

Quisiera, Señor, detener la travesía, y permanecer sintiendo el eco de la llamada, la resonancia de la confesión de Pedro, la experiencia de tu pan partido, el abrazo cálido de tu Palabra.

Pero será mejor acallar el deseo, y escuchar lo que Tú quieres de mí. Será mejor esperar la indicación de tu enseñanza, esperar a escuchar la pregunta que cambia por entero la vida: “¿Me amas?”

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Domingo, 24 de junio

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