Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Final de la primera etapa del Tiempo Ordinario. Conversaciones en la peluquería

19.02.12 | 15:00. Archivado en Espiritualidad
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CONVERSACIÓN EN LA PELUQUERÍA

En el ir y venir a tantos lugares, hay veces que debo acudir, para resolver la necesidad de cortarme el pelo, a sitios diferentes, y presentarme como persona de paso, recomendada por algún amigo o conocido del peluquero. Así me ha sucedido la última vez, en Arenys de Mar.

En mi larga experiencia de recorrer ciudades por el ministerio de la predicación, no es frecuente encontrar una acogida franca y distendida en los establecimientos públicos. La circunstancia la propició esta vez la entrada de una tercera persona, amiga del peluquero, entre quienes se entabló una conversación entrañable. Ya nos habíamos presentado y coincidido en algún conocimiento común de mi tierra de origen.

El saludo del peluquero a la persona que entró fue directo, y tuvo como motivo la fecha. Era el 14 de febrero. Por esto, el peluquero preguntó al que era su amigo y vecino:

-“¿Habrás felicitado a tu mujer esta mañana?”
El amigo respondió
-“¿Por qué?”
“Hombre - le dijo enseguida el peluquero -, hoy es el día de los enamorados”.
A lo que el otro respondió: “Yo no estoy al tanto de esas cosas”. Era pescador de arrastre, y tenía un barco grande, en el que faenan 12 personas.

El peluquero, dirigiéndose a mí, afirmó: “En los 41 años que llevo de casado, puedo afirmar que nunca he pasado doce horas enfadado con mi mujer”. A lo que apostilló el pescador: “En los 41 años que llevo yo casado, puede asegurar, que nunca me he enfado con mi mujer”.

Puestas así las cosas, me tocaba a mi decir algo, y compartí con ellos, en un clima de sinceridad: “Somos de la misma hornada. Yo llevo 42 años de sacerdote”.

Fue un momento de verdadera admiración por mi parte, al ser testigo de la fidelidad de estas familias, y les hice comprender lo extraordinario de su experiencia en un momento social y cultural de tanta inestabilidad emocional y afectiva.

El patrón de barco, llegó a manifestar: “Jamás le he faltado al respeto a mi mujer”. Y el amigo peluquero, con voz un tanto tenue, lamentó el daño que se hacían algunas personas por no saberse respetar.

Estando en esta conversación, entró la esposa del peluquero, a la que felicité, y ella respondió espontáneamente: “Es lo primero que he oído esta mañana”. Y enseguida completó su marido, dirigiéndose al patrón: “¿Ves como es verdad lo que te he dicho?”

Sin duda que hay muchas personas anónimas que viven discretamente de la forma más noble y ejemplar, aunque no sean nunca primera noticia porque no incurren en escándalos o formas de vida extravagante.

Me despedí felicitándoles a todos, dándoles la enhorabuena, y valorando su testimonio.


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