Chorriescolas, lo que no hay que hacer
02.09.07 @ 18:53:29. Archivado en León
Con los gallegos, es del dominio público, nunca se sabe. Ahora anuncian los medios que mil escolares serán educados exclusivamente en gallego, con las 'galescolas' necesarias para tal hazaña. A pesar de que me parece mucho menos grave este hecho que la enseñanza de ese idioma que habla tanta gente y que tiene tanta historia (le calculo unos 25 años, desde la creación de las autonomías que es cuando se inventó, en las mazmorras de lingüstica de la Xunta, juntando churras con merinas hasta sacar lo que les dió la gana) en la región leonesa, lo cierto es que es para alarmarse.
El estudio de idiomas en la edad escolar debería tener un sólo objetivo: la comunicación. No sólo con las personas del entorno más inmediato, sino con el mayor número de personas posible. Estudiar español (y aún más estudiar en español) proporciona un conocimiento a nivel nativo de un idioma que permite comunicarse con trescientos millones de personas, estudiar inglés proporciona otros trescientos millones sólo contabilizando los hablantes nativos de esos idiomas. Estudiar gallego proporciona comunicación con... ¿cuántos? unas pocas centenas de miles quizá y la mayoría de ellos, al menos de momento, también hispanoparlantes. Eso sin contar las más que probables divergencias entre el gallego oficial de garrafón y el que se habló toda la vida.
Por eso creo que el leonés debiera promocionarse todo lo que la sociedad leonesa demande, pero nunca robando horas a ninguna asignatura, algo que no está en la mente de nadie (quizá sólo en la de los demagogos castellanos). Debiera ser, siempre, algo cultural, apolítico y optativo y resumiendo: Que ni un solo leonés se quede sin aprender la lengua leonesa si lo desea, y al mismo tiempo que ni un solo leonés pierda un segundo de su tiempo en aprenderla si no quiere.
Y para rematar y aún a sabiendas de que mi opinión al respecto no será precisamente del gusto de muchos: me niego a la normalización del leonés, me niego a que se proscriban las palabras, los giros y las estructuras que no se incluyan en esa normalización. Me niego a seguir el modelo de vascos y gallegos, y me niego a inventar nuevas lenguas. Para que el leonés de La Cabrera se diferencie del de Riaño y el del Bierzo del de la Cepeda y la Maragatería, pero a la vez a sabiendas de que todo ello es leonés, para que no se pierda ni una sola palabra, para que a ningún abuelo de la montaña le digan que habla mal el leonés, cuando lo habló desde la niñez.
Lo contrario es sacrificar la cultura en el altar de la política.
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Mario Pérez Rodríguez
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