Para muestra, un botón
05.12.05 @ 23:10:24. Archivado en Autonomías
Me refería en un comentario anterior a la estrategia blanda de la actual dirección del PP de Cataluña ante el nacionalismo y ponía algunos ejemplos del pasado reciente. Hoy he leído un comentario de Josep Piqué que ilustra a la perfección el fenómeno en cuestión. El máximo responsable del PP en el Principado afirmó ayer, criticando al PSOE y al Gobierno:
"Se llenan la boca diciendo que defienden la Carta Magna y después permiten que el Parlamento catalán apruebe un texto que tendrá que ser profundamente reformado, como ha reconocido el propio Presidente"
Un examen superficial de estas declaraciones no indica nada extraño, pero si se analizan con mayor profundidad se detecta enseguida la trampa.
La tesis oficial del Partido Popular, repetida hasta la saciedad por Mariano Rajoy, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Iganacio Astarloa y Soraya Saénz de Santamaría, es que el nuevo Estatuto de Cataluña, al ser una revisión constitucional radical y no una reforma estatutaria, no tiene arreglo.
Una norma que en sus mismas bases conceptuales y fuentes de derecho rezuma anticonstitucionalidad por todos los poros no es posible limpiarla de defectos mediante enmiendas y únicamente cabe su rechazo en bloque.
En cambio, Zapatero y el PSOE defienden que la propuesta nacionalista puede ser compatible con el ordenamiento vigente si se somete a los cambios adecuados en determinados puntos de su articulado. Los enfoques del Gobierno y del primer partido de la oposición son, por tanto, contrapuestos y de imposible reconciliación.
Piqué, con su observación -"tendrá que ser profundamente reformado"- se alinea con el esquema del Gobierno y se aparta flagrantemente del de su propia formación. Bajo la apariencia de una discrepancia con su adversario, desliza hábilmente un apoyo a sus pretensiones.
Las termitas trabajan en silencio y ocasionalmente un hilillo de serrín delata su pertinaz labor destructiva. Para captar las señales de su presencia hay que subirse a una escalera e inspeccionar las vigas de cerca.
El descuido de tan necesaria vigilancia durante un tiempo lo suficientemente prolongado acaba con un gran crujido y el derrumbe del techo. Las lamentaciones que siguen a la catástrofe resultan tan inútiles como tardías.
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Alejo Vidal-Quadras






