Ante el cúmulo de disparates que José Luis Rodríguez Zapatero está cometiendo desde que llegó a la Presidencia del Gobierno, entre los que destacan la oferta de diálogo a ETA cuando la banda estaba en situación de extrema debilidad y lo que procedía era intensificar la acción policial y judicial; la anulación del Pacto Antiterrorista con el consiguiente envalentonamiento de Batasuna y el recrudecimiento de la kale borroka; la pasividad ante el regreso de los terroristas al Parlamento vasco proporcionándoles así de nuevo financiación pública, influencia política y prestigio social; la suspensión de la aplicación de la Ley de Calidad de la Educación y su sustitución por otra norma que resucita los errores de la LOGSE sometiendo al mundo de la enseñanza a la confusión, la tensión y la pérdida de rendimiento; la admisión a trámite del Plan Ibarretxe sentando un precedente peligroso al aceptar como reforma estatutaria lo que era una revisión constitucional radical, y la pretensión de que el nuevo Estatuto de Cataluña puede ser enmendado para limpiarlo de inconstitucionalidades cuando es anticonstitucional en sus mismos fundamentos, mucha gente ha puesto en duda la capacidad del jefe del Ejecutivo, que ha sido calificado de incompetente, indigente intelectual, irresponsable, frívolo, superficial, inconsciente, insolvente y otras expresiones similares.
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