El nuevo Estatuto de Cataluña, fin de ciclo
01.10.05 @ 01:58:39. Archivado en Autonomías
En 1978 todas las fuerzas políticas representadas en las Cortes Constituyentes suscribieron un gran pacto civil y político destinado a instaurar en España una democracia parlamentaria, liberal, pluralista e integradora, que permitiese cerrar de manera definitiva los contenciosos históricos que la dictadura había mantenido silenciados mediante la coacción autoritaria. Este acuerdo, fruto del concurso general, se materializó en la vigente Constitución.
La Iglesia, los militares, los sindicatos, las organizaciones empresariales, la Corona, los partidos nacionales de izquierda, de centro y de derecha, se comprometieron a respetar las reglas de juego entonces establecidas y lo han hecho hasta hoy.
Los nacionalistas nunca aceptaron el marco legislativo e institucional surgido de la transición y no han cejado a lo largo de los últimos veintisiete años en su empeño de desbordarlo.
Pero la firmeza del compromiso con la Constitución de las dos principales formaciones de centro-izquierda y de centro-derecha, PSOE y PP, ha conseguido mantener cohesionada la Nación a pesar de los embates de ETA y del permanente tironeo centrífugo de los firmantes de la Declaración de Barcelona, PNV, CDC, UDC y BNG. Hasta hoy.
Esta firmeza se ha quebrado con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa y el resultado es el nuevo Estatuto catalán, que pulveriza sin recato el ordenamiento constitucional.
El Estado de las Autonomías se transforma en un Estado confederal en el que la relación de Cataluña con España es similar a la de Canadá o Nueva Zelanda con la monarquía británica. Hemos llegado al fin de un ciclo y ahora cada Diputado y cada Diputada del Grupo Socialista en el Congreso se encontrará muy pronto frente a su propia responsabilidad individual, como español y como socialista.
Si el Estatuto es rechazado antes de entrar al debate de su articulado, España seguirá existiendo como proyecto colectivo democrático, moderno y solidario. Si el Estatuto es aprobado por una mayoría socialista-nacionalista, se habrá producido un quebranto constitucional, un golpe de Estado incruento -de momento- y se iniciará una etapa de incertidumbre e inestabilidad preñada de amenazas.
Estamos en una encrucijada decisiva. Ningún ciudadano responsable puede permanecer pasivo y ha de estar dispuesto a movilizarse en defensa de los principios y valores que definen a la sociedad abierta, esa forma excelsa de convivencia que los nacionalistas nos quieren arrebatar.
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Alejo Vidal-Quadras



